
Dagmar y yo
11 de Octubre.- Hoy sí. Ayer recibí de Berto una sugerencia que me propongo aplicar (aunque quizá no hoy, quién sabe). Me decía nuestro amigo del norte (de España) que si quiero que este blog no aburra a las mismísimas ovejas debería hablar de sexo. Que el sexo vende mucho. Así: sin paños calientes. A calzón quitao (con perdón). Y lo tenía pensado, esto de hablar de sexo, pero es que hoy, la verdad me ha sucedido una cosa en el tranvía que sólo te puede suceder en Viena (y en algunas partes de Madrid). Y es que me he encontrado con una famosa.
Con una famosa de aquí, claro. ¿Y quién es? Os preguntaréis todos, con toda la razón del mundo.
Pues lo habéis adivinado: la señora que hace contorsiones en la foto de la derecha: Dagmar Koller. La entrañable Daggi, que es una especie de versión austríaca de Ana Obregón, sólo que con más años, sin tanta silicona y con un pasado sexual más acorde con este país Romano, Católico y Apostólico. No os digo más que la página oficial de ella misma está llenita de fotos con su madre y con toda clase de artistas de América y el Mundo Entero (Lizz Taylor y Frank Sinatra incluidos) con los que Daggi afirma haberse codeado y mantener una entrañable amistad (con los que no están aún difuntos o amojamados, claro).
Koller es hoy una señora septuagenaria que se niega a aceptar la edad y que a mí personalmente, me hace mogollón de gracia, porque desde que ella (bien niña) descubrió la existencia de unos aparejos que se llaman cámaras fotográficas, decidió bombardear al mundo con su sonrisa de escayola que no se quita ni para dormir, sospecho, y con una energía dulzona y cursi a prueba de bombas que la llevó a hacer el papel de Audrey Hepburn en My Fair Lady bien entrados los cincuenta.
¿Y por qué le tengo yo tanto cariño a esta dama a la que media Austria aborrece por falsa y la otra media adora porque representa las esencias de este país?
Pues porque durante mucho tiempo, para mí, Dagmar Koller era Austria. Y una grabación suya me despertaba en Madrid preguntándose (con bonita voz de soprano) qué pasaba que el tranvía 38 estaba lleno y adónde iba tanta gente, y era porque los ángeles estaban de vacaciones en Viena (ay, esa canción entrañable).
Dagmar está casada con el Doktor Helmut Zilk, ex alcalde de la ciudad regada por el Danubio Azul. Por las declaraciones últimas de este señor, se deduce que su última (y gravísima) afección cardíaca se produjo por el agotamiento que le causó el bombardeo insistente de alegría de vivir de su mujer Daggi. Dijo Zilk durante su convalecencia que “Nadie que viva con Dagmar puede estar triste” y todo el país se rió por lo bajini porque se imaginaban a la rubia (es rubia falsa como Rafaella Carrá) ordenando las flores de la UVI mientras cantaba vestida de rosa aquello de los ángeles que vienen a Viena y los pajaritos se le posaban en las manos.
En fin, que si en Viena hay un ángel de vacaciones, ese ángel es Dagmar...
Foto: web oficial de Dagmar Koller
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