Maneras de leer

4 de Octubre.- Le he dado muchas vueltas a lo que debía escribir en este blog.

¿Qué tono debe tener? ¿Cómo encontrar ese equilibrio que permita decir sin decir demasiado? No hay que olvidarse que, de alguna forma, un blog es un espacio semipúblico, como el habitáculo de un coche. Y todos hemos tenido la experiencia de ver a alguien en un semáforo buscandose petróleo en la nariz...

Entre pitos y flautas, también me viene a la cabeza el grupo de chavales ante los que hablé este verano en Segorbe. Se trataba, como siempre, de intentar que leyeran. Sin embargo, mientras mi compañero de fatigas lo intentó de la manera más habitual (hay una insistencia casi malsana en proponerles a los tiernos infantes que lean El Quijote) yo intenté convencerles de que ellos van a ser los protagonistas de una revolución. Nosotros, desengañémonos, somos los últimos ejemplares de una especie en extinción: los habitantes del Planeta Gutemberg.

Las personas que tenemos alrededor de los treinta años formamos la última generación educada en el prestigio del libro como elemento primordial transmisor de saber.
Los libros morirán con nosotros. Ya se ven los primeros indicios: vastos proyectos de digitalización de bibliotecas (leo que, desde hace poco, la Biblioteca de la Universidad Complutense se puede consultar on-line). Muchas veces recordamos mi hermano y yo nuestra tierna infancia y los arcaicos modos en que aprendíamos (el anciano Diccionario Enciclopédico Salvat encuadernado en falso cuero rojo, las largas tardes frente a una máquina de escribir Olivetti Lettera 46).

Por eso es inútil insistirle a los chavales en que lean como nosotros leíamos (dejando aparte de que el Quijote es un libro como la vida misma: viejo y cruel; un libro que hay que leer con una cierta edad); ya nadie leerá como nosotros leíamos.

Aunque, si Dios quiere, y la tecnología nos ayuda, seguirá produciéndose el milagro cotidiano de que las palabras de alguien que está lejos, o de alguien que murió hace siglos, sigan resonando en tu cabeza como las mías suenan , ahora mismo, con tu voz...

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