Recuerdos del Futuro


12 de Octubre.- Día tranquilo, supongo. Fiesta nacional.
Mi trabajo tiene muchos tiempos muertos, durante los cuales, a veces, me vienen a la cabeza imágenes de tiempos pasados.
Lo que podríamos calificar, utilizando el título de una película muy mala, como imágenes de “la antigua vida mía”. Y no sólo de mi vida, sino de las vidas de otros, como luego diré.
Me pasa mucho, desde que estoy aquí.
De pronto me asaltan recuerdos, imágenes sueltas del rompecabezas de mi pasado, y empiezo a jugar con ellas, a darles la vuelta y a mirarlas y remirarlas como si fueran trozos de la vida de otra persona. Hoy por ejemplo, me ha venido a la cabeza un restaurante en el que comí cuando una de las empresas en las que trabajé agonizaba. Se trataba de hacer el inventario de un almacén polvoriento que estaba situado en un polígono industrial perdido en ningún sitio. Un polígono con la misma vida que un cementerio nuclear.
Recuerdo aquel lugar poblado por trabajadores que arrastraban los pies y se emborrachaban. El vino malo, la bocanada de frío polvoriento entrando por la puerta del local –fui el último en llegar y me dieron la peor mesa- las ráfagas del telediario de la primera cadena mientras comía una lechuga que un grillo hubiera rechazado regada con aceite malo y vinagre del peor. Recuerdo la capa de polvo plateado que recubría todas las superficies visibles, el menú garabateado con una letra escolar. Y me recuerdo a mí, de traje, incongruente en todo aquel universo que se dirigía a la deriva hacia una noche que no acababa de llegar.
Recuerdo otro día en el que, mientras trabajaba en el hotel, una música empezó a sonar en mi cabeza. Y no me la pude despegar en una semana. Era la sintonía de las Mama Chicho. Una especie de código secreto del pasado llamando a mi puerta. Y una y otra vez, como un sinfín de supermercado, pasaba por mi cabeza.
También a veces me vienen a la cabeza recuerdos de otras vidas. Porque pienso que los que estamos aquí formamos parte de una cadena.
Por ejemplo de mi abuelo sordo, que aún así hizo dos guerras (la de Marruecos y la civil) o aquel bisabuelo que cruzó el mar para defender lo que quedaba de nuestro absurdo imperio colonial, y que contaba su experiencia sin la capacidad de ver lo que había pasado ni por qué, tan sólo como una manera de revivir el espanto y el sufrimiento.
A veces, me imagino conversaciones largas con estos y otros antepasados, durante las cuales les pregunto y ellos me preguntan a mí. Y resulta una experiencia curiosa, poblar el universo de uno de personas que fueron y ya no están. Personas que sólo son imágenes. Algunas, sobre todo las del siglo XIX, imágenes presas en cartones frágiles, recubiertos de un nitrato de plata que se oxida y se ennegrece poco a poco, llevándoles a la noche del tiempo...
Imagen: Plaza de la Iglesia de Fuente de Cantos (Badajoz)

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