World Trade Center

10 de Octubre .- Efectivamente, vivo con dos días de adelanto. Sería una premonición por lo que fui a ver ayer. World Trade Center. La verdad: buena gana de pagar por sufrir. Cinco euros y medio por pasarlo mal durante dos horas. Y lo peor es que lo sabía. Hay que agradecer, de todas maneras, que Oliver Stone no haya insistido demasiado en las escenas más escabrosas (por ejemplo, es una maravilla no del todo conseguida que todos sepamos lo que pasa, sin que se vea ningún avión estrellándose contra las torres). La cosa se acaba reduciendo a un diálogo entre dos personas semisepultadas bajo los escombros del pasadizo que había entre la Torre 1 y la Torre 2 (Nicolas Cage y un actor sudamericano). En cualquier caso, yo es que soy como la tía de Gila, que empezaba a llorar en los títulos de crédito de la película por si la cosa era una comedia. Y yo, ayer, me inflé. No llegó el tema a lo de “Dioses y Monstruos” (que eso ya fue un exceso) pero sí que lo pasé fatal. Y lo malo es que, conforme me hago viejo, el tema se va haciendo peor y peor. Así que, en diez años, creo que sólo seré apto para ver películas de Disney. En fin: una catástrofe.
En cuanto al tema técnico, hay que reconocer que, aunque la película no es buena (yo creo que la peripecia de estos dos bomberos semisepultados no daba para mucho en realidad) técnicamente es fenomenal. Por ejemplo, es casi perfecto cómo están recreadas las dos torres. Hasta el punto de que uno no puede distinguir el metraje real del digital. Yo sólo lo noté una vez: hay un plano general en el que se ve una de las dos torres humeando. El humo canta a sintético. No mucho, pero canta. De algo tenía que servir que George Lucas se tomara tanto trabajo en hacer la horterada esa de las tres películas nuevas de la guerra de las galaxias que, ni de lejos, tienen el encanto (y sobre todo la belleza) de las primeras y que sólo están para vender cacharritos en los Mc Donalds.
Como le peli era de sufrir, Martin se lo pasó bomba y yo, ya digo, con el clínex en la mano cuando no tenía los ojos tapados. En fin...
En Viena ya huele a calefacción de leña y hace frío (9 grados esta mañana cuando venía a trabajar)...

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