22 de Noviembre.- Aparece en la prensa una de esas noticias que te alegran el día.
Si ayer hablábamos de las tendencias que los analistas de diarios nocturnos ven en cada encuesta que parece darle al PP un respirín, hoy vemos que La Esfera de los Libros publica un libro a la mayor gloria de Esperanza Aguirre, esa mujer que no sabía quién era Santiago Segura o que preguntaba por la filiación de Sara Mago. Paso de largo sobre la afirmación de Aguirre de que con el millón y medio largo de pesetas que gana al mes “no le llega”. Primero y principal, porque si hablamos de necesidades, Esperanza Aguirre no necesitaría trabajar. El solar familiar y los diferentes pelotazos urbanísticos (AVE) ya le tienen el riñón bien cubierto. A veces, en la política, se dan estos contrasentidos: como el de repartirle a Ana Botella el papel de concejala de asuntos sociales y servicios al ciudadano. A ella: que piensa por sus convicciones religiosas que la mitad de las personas a las que debería de servir están ahí porque se lo merecen por pecadores.
En fin.
Pero lo que más me ha alegrado la mañana es que, debajo de la sonrisa beatífica y los ojillos picarones de Aguirre se esconde una ambición. Cuál sea el límite de esa ambición no queda nada claro, pero lo que a EA le parece meridiano es que uno de los obstáculos que tiene que saltar es Alberto Ruíz Gallardón. Un hombre peligrosamente popular y, por lo tanto, sospechoso en estos tiempos en que el PP debe aparentar que es una piña alrededor de un Mariano Rajoy que tiene las duquitas morás, como cantaba la flamenca. Los populares sueñan con alquien que les devuelva al centro, y las dos caras exitosas de la noticia son Aguirre y Gallardón. Pero, por desgracia, los dos representan dos ramas absolutamente diferentes y no estoy seguro si muy compatibles. De todas maneras, por las citas que se han podido leer, queda claro que Aguirre (también llamada La Cólera de Dios) aprendió en el colegio de monjas a decir picardías sin que la profesora se diera cuenta, y a dar pellizquines retorcidos sin que se le despeinara la sonrisa. Todo divertidísimo, la verdad. El libro tiene el morbo asegurado, porque Gallardón –en buena lógica- se ha negado a ser parte del cortejo de la protagonista en el acto de presentación (no me extraña, encima de pilingui pon el catre) pero lo que a uno no le queda demasiado claro es por qué La Cólera de Dios ha cedido, tras tantos años de batalla soterrada y pellizcos de monja, a decir lo que piensa de Gallardón.
Los sectores más oscuros del PP, los que quieren hostigamiento incesante, víctimas del terrorismo y pistolas etarras, no pueden ver a un Gallardón que representa una política de autopistas monstruo y actos culturales. Tienen que ser curiosas las reuniones de maitines en esa calle Génova, de un lado de la mesa, Gallardón y del otro, Gomina Furiosa y Rayos UVA calcinadores.
Y en medio, Alvarez Cascos recién llegado de pescar un salmón.
En fin.
Pero lo que más me ha alegrado la mañana es que, debajo de la sonrisa beatífica y los ojillos picarones de Aguirre se esconde una ambición. Cuál sea el límite de esa ambición no queda nada claro, pero lo que a EA le parece meridiano es que uno de los obstáculos que tiene que saltar es Alberto Ruíz Gallardón. Un hombre peligrosamente popular y, por lo tanto, sospechoso en estos tiempos en que el PP debe aparentar que es una piña alrededor de un Mariano Rajoy que tiene las duquitas morás, como cantaba la flamenca. Los populares sueñan con alquien que les devuelva al centro, y las dos caras exitosas de la noticia son Aguirre y Gallardón. Pero, por desgracia, los dos representan dos ramas absolutamente diferentes y no estoy seguro si muy compatibles. De todas maneras, por las citas que se han podido leer, queda claro que Aguirre (también llamada La Cólera de Dios) aprendió en el colegio de monjas a decir picardías sin que la profesora se diera cuenta, y a dar pellizquines retorcidos sin que se le despeinara la sonrisa. Todo divertidísimo, la verdad. El libro tiene el morbo asegurado, porque Gallardón –en buena lógica- se ha negado a ser parte del cortejo de la protagonista en el acto de presentación (no me extraña, encima de pilingui pon el catre) pero lo que a uno no le queda demasiado claro es por qué La Cólera de Dios ha cedido, tras tantos años de batalla soterrada y pellizcos de monja, a decir lo que piensa de Gallardón.
Los sectores más oscuros del PP, los que quieren hostigamiento incesante, víctimas del terrorismo y pistolas etarras, no pueden ver a un Gallardón que representa una política de autopistas monstruo y actos culturales. Tienen que ser curiosas las reuniones de maitines en esa calle Génova, de un lado de la mesa, Gallardón y del otro, Gomina Furiosa y Rayos UVA calcinadores.
Y en medio, Alvarez Cascos recién llegado de pescar un salmón.

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