Munich

Todos los Santos.- Debido a fuertes presiones en el ámbito laboral, con fuerte viento de levante y zonas de Mar Gruesa y Muy Gruesa, me ha sido imposible actualizar este mi blog con toda la asiduidad que a mí me hubiera gustado.
Sin encambio, como dijo el clásico, aprovecho un momentito para contar que el pasado fin de semana estuve en Munich y que la ciudad y sus habitantes me parecieron una gente muy simpática. Y no lo digo a humo de pajas, sino que tuve la oportunidad de confraternizar con el paisanaje, dada la práctica costumbre muniquesa de aprovechar todos los sitios libres de bares, cafeterías y cervecerías, independientemente de si en la mesa ya hay ocupantes o no. Gracias a esto, conocí a una pareja mayor cuyo componente femenino me informó de que el Rey le caía fenomenal, pero que a Leticia no la podía ver (la región de Munich, Baviera, es muy conservadora -el papa es de ahí- y lo del divorcio no les parece muy bien). Asimismo, la señora se explayó sobre lo que le parece el hecho de que las plebeyas se casen con los maromos de sangre real (le parecía fatal, como ya habrá podido adivinarse por lo anterior). Su marido, como el Honorato de la Sardá, la escuchaba y miraba a las niñas que pasaban.
También confraternicé con varios aborígenes en la cervecería más famosa de Munich (que, como tal, está llena de turistas japoneses). Por cierto, el mismo lugar en donde el partido Nazi hizo su primer acto público, allá por la década de los veinte.
De aquellos tiempos de oscuridad, poco queda en Munich: el setenta y cuatro por ciento de la villa fue destruida por los bombardeos aliados, lo cual les sirvió de pretexto para edificar una ciudad casi totalmente nueva que supongo que era el sueño de cualquier Alfredo Landa de los sesenta.
Debido a un problema tésnico no puedo colgar fotos, pero todo llegará.

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