Tristes destinos

16 de Noviembre.- Mientras desayuno pan con mantequilla y mermelada veo en la tele catalana que, el presentador que vale pa tó en esa santa casa, entrevista a Mariano Rajoy.
Como el presentador sabe que juega en casa, juega a una cosa que, definitivamente, no sabe hacer: el poli malo. Por el tono y las largas pausas que el presentador deja después de cada pregunta, se diría que se trata de un policía entrevistando a un sospechoso de un crimen depravado y aún impune. Mariano Rajoy se defiende como puede y, la mayor parte de las veces, sale airoso.
Mariano es un buen cristiano y está acostumbrado a lidiar con cosas que no se pueden explicar con palabras y para las que hay que acudir a la fe de nuestros mayores. Porque es que Mariano que, por cierto, me cae muy bien por lo que luego diré, es un señor que se ve contra las cuerdas a la hora de explicar que a él le encantan las autonomías, pero que no le gusta que cambien; que es progresista, pero que no está de acuerdo con la nueva política familiar del gobierno; que es el amigo del marroquí que curra en la obra y al que se le cae el encofrado en la cabeza (M30), pero que le parece que ya hay demasiados inmigrantes en España. Que es un demócrata, pero que no le ha importado nada reunirse con Teodoro Obiang que es, como sabemos todos, un dictador.
El presentador carece de calado mental para hacerle preguntas inteligentes y, como siempre en estos casos, acude a los tópicos más sobados, intentando hacer aparecer a Mariano Rajoy como lo que, definitivamente, no es: un ser anticuado, carpetovetónico, y con unas ideas igual de profundas que los perfiles de los concursantes de Gran Hermano (decíamos ayer). Y Mariano Rajoy no es eso, definitivamente.
Ese papel de augures de lo malo y lo peor ya lo cubren con creces Zaplana y Acebes, cada uno en su versión (variante gomina rebelde y variante rayos UVA calcinadores). Mariano Rajoy es un político correcto con cierto problema de frenillo y una cabeza muy bien amueblada (a pesar de que tenga una insistente manía por el término liberal y sus derivados).
Me cae bien Mariano Rajoy a pesar de no estar de acuerdo con él, porque es un hombre del que podría decirse lo mismo que de aquella reina. MR es el político de los tristes destinos. Hubiera sido un buen presidente del gobierno de haber sido elegido aquel 14 de Marzo en el que las heridas aún sangraban y hubiera llevado una administración correcta, gris, eficiente. Como Aznar deseaba, pensando que los españoles le recordaríamos a él como el caudillo que había hecho regresar a España al concierto de las naciones (Azores) y a Rajoy como el honrado hortelano de esta victoria. Pero no fue así. Y a Mariano, un político hecho para otras lídes, le tocó lo que siempre le ha tocado en esta vida: de sufrir y de sufrir y nada más que de sufrir.
Porque yo estoy seguro de que Mariano, ese hombre tan entero, ha debido ser el niño más vapuleado del colegio (su dicción) y apostaría los dedos con los que estoy escribiendo este texto a que sólo con esfuerzos mayúsculos sacaba las mejores notas en el colegio de curas. Y aún diría más: diría que MR es un hombre inteligente, pero lamentablemente, listo, no.
MR es un político para tiempos de paz y de honradez, pero tiene que enfrentarse a una banda de tiburones que intentan demostrar que es un Dead Man Walking. Empezando por los propios de su casa. Gomina Rebelde porque sueña con un poder que le permita disfrutar de su codicia, Rayos UVA calcinador porque sueña con un poder que le rehabilite y le restaure el honor perdido, Esperanza porque sueña con inaugurar por fin la línea de metro que una su casa noble con el Palacio de la Moncloa y así convertirse en la Hilaria Clinton española....Y todo por ahí.
Y mientras tanto Mariano dando mandobles y aguantando a cretinos que no le llegan a la suela del zapato: como el individuo que le ha entrevistado hoy.

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