Visita al dentista


7 de Noviembre.- No termino de acostumbrarme a este país. Hoy he ido a un dentista, semipúblico o semiprivado (depende de cómo se mire).
La señora (era una mujer) me ha pedido mi tarjeta sanitaria y ha iniciado el reconocimiento palpando aquí, presionando allá, haciéndome saltar de la silla en ese otro punto...Hasta que su asistente le ha dicho que la dichosa tarjetita no iba. Que no funcionaba. En este punto, la dentista se ha despojado de sus útiles y me ha dicho que sin tarjeta nasti. O bien que, en el caso en que yo estuviera dispuesto a no hacer el viaje en balde, podía hacerme el empaste cobrándome allí mismo los cincuenta euros. Ha sido una consulta con cierto regusto a porno del plus. Aquellos previos en que una señora con coleta caballar le ponía los dientes largos a la gente para luego, en el momento más interesante, darle al botón que convertía la pantalla en el montón de rayas con más audiencia de la noche de los viernes.
Sigo conmigo: vístete de nuevo (en Viena hace frío) corre hacia el cajero (varias manzanas de distancia), recupera los dineros y vuelve. Interponte entre una tía lista que llevaba esperando cinco minutos y ya quería pasar y la dentista que te mira como un bulto sospechoso porque tu tarjeta no funciona. En fin...Una vez convencida la facultativa de que me tenía que hacer el empaste de premolar para que yo recuperase la alegría (cómo sería la cosa que yo llevo día y medio sin comer) la mujer se ha puesto manos a la obra. Callada como una muerta. Sólo de vez en cuando decía algo que debía ser “Aspirador, bitte”.
Tras pulirme el premolar, me ha dicho:
-Mire usted, lo que sigue, se lo puedo hacer sin anestesia, pero le va a doler. Con anestesia son quince euros más (marchando otra de porno del plus)
Y a ver, qué le dices a una señora de aspecto dulce que lleva en la mano ese instrumento de tortura que se llama torno de dentista. Pues te rascas el bolsillo y mutis.
-Señora, estoy en ihre hände (o sea, Fraulein, estoy en sus manos).
Leve inclinación de cabeza y la asistente ha llegado con una jeringuilla en donde borboritaba un liquidillo verde.
-Abra la boca, abra la boca...
Dado que el PH de mi saliva es muy básico y anima a las bacterias a crecer y a multiplicarse en alegre proliferación, he tenido que sufrir a los dentistas desde mi adolescencia (momento en que se conoce que me cambió el PH como a otras les viene el período). Los dentistas españoles (mi dentista Lourdes, de grato recuerdo porque no se planteaba lo de la anestesia, apuntaba treinta euros más y en paz) charlan por los codos, generalmente de cosas interesantes –yo, a veces, me tenía que sacar el aspirador porque Lourdes y sus ayudantes especialmente entrenadas me hacían mear de la risa- pero chica, los austríacos...Más sosos...Educados, eso sí. Respetuosos con tu pasta, eso también. Pero chiquilla, que uno no es un trozo de carne. Que le gusta un trato humano, un algo...
Mientras, entre tortura y tortura, me hacía efecto la anestesia, yo he intentado romper el hielo con aquella señora que me estaba machacando con el torno. Que si mire, que si soy español...(eso suele funcionar siempre). Y ella, con la misma cara de señora constipada que ponen las reinas del hola cuando tienen alguna afección intestinal. Y unos discretos asentimientos y un ah? Sí? De verdad? Y nada de nada. Qué desilusión.
Por cierto y hablando del hola. En estos dentistas de aquí no hay ni un famoseo que llevarse a la retina. Nada ¡Revistas de teatro y de cultura! Uno que va allí retorciéndose y le salen con que la vida es una náusea...
En fin: lo importante es que, por lo menos, el diente ya no me duele.
Hasta los próximos cincuenta eurazos.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Vaya... siempre había oído decir que los austríacos eran más sosos que el pan sin sal. Cierto es que, cuando uno va al dentista, no espera que este se enzarce en un debate digno del corrillo del programa de Ana Rosa; pero, como mínimo, un poco de humanidad y calorcillo humano. Me pregunto si el hecho de ser español habrá tenido algo que ver en tan gélido comportamiento (dicen que dicen que los hispanos no somos muy bienvenidos ahí). En fin, que me alegro por tu muela :P
PS: Lo de las revistas me ha dejado pasmá ;D