Martillo de Herejes



29 de Diciembre.- Llegó G. y trajo la nieve con ella. Trajo también otras cosas, claro. Alimentos para el cuerpo y para el alma (Volver, decíamos ayer). Item más: también trajo un estupendo pack de DVDs de cine mudo que da gloria verlo. Todos los clásicos de aquí y de allá. Lon Chaney, Eisenstein...Vamos que, en cuanto duerma un poco (ayer, contándonos la vida, nos acostamos a las tres de la mañana) empezaré a devorarlo.

Leo en la prensa digital que Chávez ha decidido que, puesto que Radio Caracas Televisión habla mal de él, qué mejor remedio que cerrarla. Y muy bien que me parece la medida, hombre. Hace unos meses discutía yo con un amigo mío que le tiene cariño a Chávez sobre las libertades que reinan en esos países sudamericanos en donde no he estado (no puedo pues, juzgar por propia experiencia, como la porquería de Londres que sí que han visto estos ojos que se tienen que comer los gusanitos).
Mi amigo, supongo que llevado por el fragor de la batalla, me defendía las ventajas de la “libertad limitada” (sic) que, como todo el mundo sabe, quiere decir esto mismo que Chávez ha hecho: hablan mal de mí, luego hablan mal de Venezuela. Así que, para qué escuchar cosas desagradables: apagas la radio y sanseacabó. La ventaja de Chávez sobre un político de estilo más ortodoxo (o sea, menos patazas) es que los políticos ortodoxos se cepillan los medios de comunicación a base de asfixiarlos financieramente, por ejemplo. Chávez, como tiene el págüer, pues les quita la licencia y a vivir que son dos días. Así los ciudadanos sólo ven Aló, Presidente y se enteran de lo que la revolución bolivariana está haciendo por las masas de Venezuela (que uno no duda que la revolución bolivariana esté haciendo cosas, pero también sostiene que la crítica siempre ayuda a mejorar).

A mi amigo, el defensor de la libertad limitada, trataba yo de convencerlo como siempre hago, o sea, tratando de llevar la situación a un contexto europeo. Lo más parecido que hemos tenido nosotros al curioso modelo Chávez para la Libertad, es el modelo Berlusconi (otro, que tampoco tenía desperdicio). Berlusconi, sin embargo, a pesar de haberse atrevido a casi todo –esos pañuelos pirata a lo Espartaco Santoni, esas exhibiciones de forzudo en horas bajas, esas serenatas rodeado de niñas en bikini-. Berlusconi ,digo, y aunque se moría de ganas, nunca tuvo un programa semanal. Aunque hubiera podido, porque todas las teles –prácticamente- eran suyas. Le decía yo a mi amigo que se imaginase qué hubiera pasado si en España, o en Francia, o en Inglaterra, o en Islandia, un señor presidente del gobierno hubiera hecho un programa semanal los jueves la nuit con alguno de los siguientes regocijantes títulos: “Hola, Presidente”; “Hello, Mr. President”, o “Bonsoir, le President”. Dejando aparte la descojonación internacional, no es difícil imaginar las consecuencias.

Chávez, como todos los dictadores –Chávez llegará a serlo, aunque ahora, oficialmente, no lo sea- necesita amor. Resulta curiosa la apelación de los dictadores –muy parecida, por otra parte a la de muchos maridos maltratadores- al amor de sus pueblos. Estoy aquí porque me quieren ustedes, esto más que amor es frenesí, el día que ustedes dejen de quererme, masas, adiós con el corazón que con el alma no puedo. Lo mismo unos que otros, porque es que resulta que también a Pinochet no se le ocurrió otra cosa mejor para demostrarle a su pueblo que lo amaba con locura que coger a parte de él y, tras dormirlo y atarlo de pies y manos, echarlo al Cauca para demostrar la flotabilidad del cuerpo humano en condiciones extremas.

Y es que, compañeros y compañeras, hay maneras muy curiosas de demostrar el amor. Y amores que matan.

Pedro contra el ciudadano Anónimo



28 de Diciembre.- Al hilo del comentario de mi amigo que tiene el mismo nombre que el autor del cantar de Mío Cid

-Anónimo, ese soy yo

pienso en Almodóvar, ¿Qué es lo que me gusta de él? Pues hay muchas cosas que sí y bastantes otras que no.
En la lista de las cosas que me gustan la principal es que Almodóvar te puede gustar, te puede no gustar, le puedes odiar incluso, pero ha construido un universo personal. O sea, que uno ve diez minutos de una película de Almodóvar y sabe que es de Almodóvar. También creo que es una persona que trabaja muy bien con lo inverosímil. O, diciéndolo como Umberto Eco: es una persona que domina las reglas de lo que puede decir y de lo que no puede decir en sus historias. Es el viejo ejemplo: si construimos un mundo en el que las reglas dicen que las princesas pueden quedarse fritas por pincharse en un dedo y que sólo pueden ser despertadas por un beso de amor verdadero, no podemos incluir a un personaje como Aznar –escojo al azar al personaje más plúmbeo que se me ocurre en este contexto-. La administración de lo inverosímil, como ya queda dicho aquí, resulta un ingrediente fundamental a la hora de juzgar la calidad de un artista. Pero, también, resulta un componente de difícil y delicadísimo manejo. Y Almodóvar a veces se pasa. Y cuando se pasa, pues le sale una película mala.

-Que son casi todas.

Que no, Anónimo, que no. Son: Kika, La flor de mi secreto –especialmente a causa de Juan Echanove, un ser con el que no puedo-,Tacones Lejanos, gran parte de Carne Trémula, quizá Matador, la aparición de Toni Cantó en Todo Sobre Mi Madre...Pero cuando Almodóvar administra bien lo inverosímil sale una obra maestra. Por ejemplo: Mujeres al Borde de un Ataque de Nervios. Que un personaje diga con acento andaluz que “el mundo árabe, Pepa, me ha tratao fatal” y que “se ha acostao con un terrorista chiíta” a mí, por lo menos, me hace reventar de risa. Que Antonio Banderas –en su única película como actor- decida secuestrar a Victoria Abril porque “está sólo en el mundo, tiene treinta y cinco mil pesetas en el banco y ella puede ser la madre de sus hijos” o la frase en que, mirando a cámara, espalda con espalda con Victoria Abril, en un primerísimo plano dice eso de: “¿Y si ahora me hago un pajote?”. Ningún director estándar, ni ningún guionista estándar hubiera hecho decir a ese personaje esa frase. Pero es perfecta. Cuadra de alguna misteriosa manera. Y eso es la Gracia de Dios. O la inspiración (lo que quiera que esa palabra signifique).

-Es una mediocridad sobrevalorada.

Quizá. Pero también hay quien dice que Alejandro Amenábar lo es (aunque yo no estoy entre ellos). Amenábar y Almodóvar son orgullos opuestos (aunque quizá no tanto como ellos piensan). Si Almodóvar es el exceso, Amenábar es la contención.

-Amenábar, este chico que no saca travestis en las películas, ¿Ve? Ya nos vamos entendiendo.

Pues no se crea, que Amenábar tiene también sus esqueletos guardados en el armario y sus secuencias olvidables. Destaca entre estas, por méritos propios, la de Penélope Cruz en “Abre los ojos” haciendo de Arlequín. Mare de Deu qué urticaria. O la voz de Najwa Nimri en “Abre los ojos” ordenándole a Noriega que haga lo propio. Y sin embargo, también tiene escenas y frases que le emparentan con el tronco más sólido de la mejor tradición de contar historias. La cara de Eduardo Noriega en Tesis cuando le pregunta a la heroina de la película “¿De qué color son mis ojos?”, por ejemplo. Amenábar consigue que Noriega –ese actor que es tan expresivo como una baldosa de corcho- te hiele la sangre. El guión de Tesis es una obra perfecta. El trabajo serio y eficiente de una mente frustrada y cruel. Una mente que también, no lo vamos a negar, es capaz de alcanzar serias cotas de ñoñez (ver varias secuencias de “Mar adentro”).

Dicen las lenguas de doble filo que Almodóvar y Amenábar se odian bastante –por todo lo que tienen en común bajo la superficie aparentemente distinta de sus obras- y que lo que más les separa es que las películas de Amenábar tengan tanto éxito en yankilandia (son del estilo de Hollywood porque han crecido a sus pechos, así que no es extraño). Parece ser que los dos tienen también una relación conflictiva con sus semejantes (de los dos he oído historias que le pondrían la carne de gallina a una dorada), pero los dos ilustran, entretienen y sirven de pretexto a posts como este...

-Eso.

¿Ve? Por una vez, estamos de acuerdo.
Viaje a Londinium


28 de Diciembre.- Y parecía una inocentada propia del día, pero se confirma: Fernándo Sánchez Dragó presentará el Telediario de la Noche que abandonó nuestro amigo Yanke. Bien considerado, no deja de ser una decisión lógica e, incluso, con su poco de morbo. Aunque FSD presentando el telediario va a ser como cuando Almodóvar sacaba a su señora madre presentando las noticias y contando que Madrid estaba trufadita de terroristas chiitas. Pasará al catálogo de esas imágenes que valen el precio que uno paga por el satélite ese ver a FSD renunciando al teleprompter y leyendo las noticias sobre las negociaciones entre sindicatos y patronal directamente de su atrilillo de madera, como en el siglo XII. Uno se pregunta si el señor Dragó –escritor cultísimo, aunque de ideario un tanto distraido- se ha dado cuenta de lo que significa ser la cara de un telediario y más en Telemadrid.
Ayer, cenaba yo viendo el informativo de esa santa casa cuando casi me atraganto al escuchar al presentador, que puso boquita de cierre de bolso de señora de las de antes, comentando la siguiente noticia: los menores delinquen a edad cada vez más temprana. Tras leer el campanudo titular en el que se incluían combinaciones silábicas como “respeto a ninguna autoridad” y otras del estilo, el presentador añadió, con la boquita que yo mencionaba antes, y tras una pausa teatral acompañada de un achicamiento de ojos expresivo, que los pérfidos infantes, conocedores de que su tierna edad hacía imposible su imputación penal “no pagaban sus delitos del modo en que deberían”. Juro que la frase es textual y que me produjo cierto sobresalto al pensar en el presentador persiguiendo menores por la calle Alcalá armado de una red cazamariposas y un saco. Tengo que confesar que era el primer informativo de Telemadrid que veía yo en mucho tiempo, porque la navidad aumenta el uso de la sal de fruta y del Almax y Telemadrid puede conducirte fácilmente a través de los penosos paisajes de la indigestión.
Por supuesto, constituía un titular de primer orden el hecho de que Esperanza Aguirre hubiera visitado un asilo de ancianos –noticia sin la cual la mayor parte de los madrileños hubieran sido incapaces de sobrevivir hasta el día de hoy- así como las delicias gastronómicas que, según el presentador y una espídica redactora, eran uno de los ganchos más importantes para la atracción del turismo hacia la capital del reino.
Por cierto, que M. me recriminó como suele que yo, en vez de estar viendo el Zeit Im Bild (o sea, las noticias de la ORF) me estuviera entreteniendo en unas noticias de Madrid que deberían traerme al fresh. Pero es que ¿A quién le interesan las noticias de este país en el que nunca pasa nada? (gracias a Dios). Además, yo ya había leido Die Presse y estaba informadísimo de la actualidad austríaca.
El amigo que me escribió ayer, y que, por lo que veo, desea permanecer en el economato, me reprochaba que hablara yo del frío en son de queja. No me quejo, querido amigo. Lo del año pasado fue inhumano (excepto para los aborígenes, que ya están acostumbrados). El Danubio no se helaba desde 1954 –ya parezco yo también de Telemadrid-; este año, hasta la fecha, está resultando mucho más llevadero. Aunque hoy haya caído también una buena helada que ha llenado de escarcha los árbolitos raquíticos de mi calle.
Espero que mi amiga G. –que viene hoy- venga preparada de la suficiente ropa de abrigo. G. es una mujer Leo con todas las de la ley –o sea, que ama el sol y el calor- que dejó Londres entre otras cosas porque, el día que no está nublado, va, se pone, y hace niebla. Siguiendo con el comentario de las ciudades europeas, a mí Londres me pareció bonito, pero para vivir, como que no. Primeramente porque es grande -demasiado-, y segundamente porque es sucio –tanto la ciudad, como sus habitantes, que no se lavan, digámoslo claramente-. Aún así, conservo algunos buenos recuerdos de Londres. Por ejemplo que, como fui en plena ola de calor sahariano, había gente bañándose en todas las fuentes públicas –baño que yo también hice con gran alivio de mis pies cansados de tanto trajinar- y que dichas fuentes, a falta de piscinas públicas, están todas enlosadas para que la gente pueda bañarse sin ningún peligro –aunque también sin ninguna higiente, porque las fuentes no tienen depuradoras, hasta donde se puede ver-. Esto aportaba un agradable punto de algarabía pública que me retrotrajo.
Recuerdo la National Gallery como un museo anticuado y canijo –tienen sólo un par de Velazquez, puag- y que me hizo ilusión pasar por la Academy de Saint Martin in the Fields porque he disfrutado muchas veces de las grabaciones de Vivaldi de sir Neville Marrimer. Y también recuerdo que me hizo mucha ilusión en el Victoria and Albert Museum la división dedicada al traje (ese museo es fenomenal, es el trastero de la humanidad). También vi los mármoles que mangó Lord Elguin del Partenón y me sorprendió mucho la belleza de las mujeres indias que veía por la calle. También recuerdo que en Londres se come de puta pena y carísimo, además. Por un sandwich de cebolla y mahonesa te cobran un dineral en paunds...No pude comprar muchas cosas –y las que compré se han ido perdiendo en los traslados- aunque compré un libro de fotos sobre el pop inglés que se llama “The end of the innocence” que, si Dios quiere, algún día me traeré.
Esos días en Londres...La ciudad en que, cuando en Nueva York son las nueve, ellos están en 1938.
(La frase no es mía, que ya quisiera yo, es de Dolly Parton)

No puedo con mi vida (Resumen del 2006)


27 de Diciembre.- Acostumbrado a irme a dormir a las tantas debido a estas entrañables fiestas, y a levantarme a una hora proporcional (las doce y pico) hoy, levantarme a las nueve me ha supuesto un trauma. Gordo. No puedo con mi misma vida. Y es que yo quería aprovechar estas fechas para hacer, como se suele en esta época del año, un balance de lo que ha sido este 2006. Pero en estas condiciones, no sé cómo me va a salir. Intentémoslo.

Este 2006 ha sido el año en que más frío he pasado, durante más tiempo, de toda mi vida. Si yo tuviera anillos, como los árboles, y alguien me cortara el tronco, se podría ver perfectamente que el último frío invierno me ha dejado huella, oyes. Mi vida ya no volverá a ser la misma porque ya sé lo que es tener un metro de nieve en la terraza y que no puedas abrir la puerta y que, al respirar, los dientes se te calen.

También ha sido el año de Venecia. Que me pareció muy bonita y tal, pero la verdad es que me decepcionó un poco. Mal comparado, como si toda la ciudad hubiera estado hecha de fibra de vidrio sólo para uso y disfrute de los japoneses (que, por cierto, abarrotaban cada una de esas encantadoras callejuelas llenas de sabor local). De ese viaje a Italia, me quedo con una dorada a la plancha que me comí en Udine (esa ciudad supermercado) y que constituye uno de mis recuerdos gastronómicos más gratos si nos alejamos de la región CMM (Comidas de Mi Madre).

Por supuesto, ha sido también el año de Valencia (gracias, Fundación). Año en el que quedé finalista del prestigioso premio que me permitió ponerme ciego y disfrutar de la maravillosa hospitalidad de la Tierra de las Flores, de la Paz y del Amor. Y por supuesto, volver a ver a mi amigo X. Antes de irse a esas selvas amazónicas a rodar los documentales que tan bien le salen y tanto ilustran a la población.

También ha sido el año del Trabajo. Bueno, del trabajo y del Trabajo. O sea, de un trabajo en condiciones infrahumanas (sueldo y cometidos) y de un Trabajo como Dios manda (o sea, con sueldo y cometidos a la medida de mis capacidades, que tampoco es que sean extraordinarias, pero tienen un pasar).

Ha sido el año de la muerte de Rocío Jurado, de James Brown, y de Lauren Postigo. El año de la muerte de Loyola de Palacio. Y todavía quedan días, pero yo apostaría a que también puede ser el año de la muerte de cierto escritor español, articulista para más señas, que atiende por las siglas P.U. Yo no quiero ser gafe, pero me parece que el compañero este, como dice mi amigo M, ya está pidiendo pista o, para ser más gráfico, que le quedan ya cien metros para la meta. Y ha sido el año de Volver (deliciosa, creo que vendrá de España con el próximo paquete de ayuda humanitaria) y de algunos libros hermosos y fascinantes (Una palabra tuya, de Elvira Lindo, que no sé si me gustará tanto la segunda vez que lo vuelva a leer). Y el año de Match Point (la película más delicadamente subversiva que yo haya visto en mucho tiempo, una bomba de relojería moral). Y el año de la enferemedad de Fidel (otro que pide pista) y la toma de tierra de Pinochet (a Dios gracias, hay gente que tarda demasiado en palmar).

Y ha sido el año de los inmigrantes que no cesan de llegar, los pobres. Y el año de las personas maltratadas, y de los niños solos. Y de la televisión basura (más basura, si cabe, veanse los asuntos como el especial del Pescaílla).

Ha sido un año, en resumen, lleno de incidentes. Un año en el que hemos vivido aunque hoy, por causas ajenas a la programación, no podamos con la vida.
Bendito seas, Elton John


25 de Diciembre.- Vengo de una fiesta de post-navidad en la que he constatado varias cosas:

a) Que cada vez tengo más cara de señor en las fotos
b) Que las patatas fritas son una mercancía peligrosa cuando uno quiere pasar desapercibido (porque siempre se caen, o se rompen, o eligen el momento más intempestivo para desmigajarse sobre la alfombra del anfitrión)
c) Que el infierno debe de ser estar escuchando villancicos a un volumen superior al de la resistencia humana. A la media hora de estar escuchando que por fin es navidad y letras a propósito de renos que tienen complejos porque tienen la nariz demasiado roja, uno tiene ganas de liarse a martillazos con la cadena de música
d) Que no me gustan las casas museo ¿Y qué es una casa museo? Pues yo te lo explico en menos que canta un gallo: son esas casas –como en la que yo he estado hoy- en la que todo pega con todo. Que, más que casas, parecen el decorado de una telecomedia protagonizada por Emilio Aragón. El cojín pega con el color de la pared que, por supuesto es superfashion y hace referencia velada a la estantería curva que sirve para colocar los libros. En la que la vajilla tiene la misma gama de color que los calzoncillos del dueño de la casa y, si uno mira el dormitorio, resulta que puede seleccionar al azar cualquier elemento de cualquiera de las otras habitaciones y encontrar que, misteriosamente, pega. Uno, en esas condiciones –no olvidemos la presión psicológica que supone estar condenado, además, a escuchar villancicos sobre los temas más peregrinos- uno, decía, tiene ganas de hacerse satánico y de entregarse al culto luciferino más profundo.
e) He alcanzado el suficiente nivel de manejo del idioma para ser falso en alemán (te cagas). Que eso ya tiene mérito, creo yo. Ser falso en un idioma que uno apenas controla.
f) Que lo de los regalos es una ruleta rusa: o sea, que tú puedes estar rompiéndote la cornamenta buscando ese regalo caro pero no del todo, glamuroso pero no rebuscado, y resulta que lo que más ilusión le hace a la persona a la que le regalas es un cd de gasolinera que te ha costado tres euros. Es que hay que joderse, compañeros y compañeras.

Pero en fin, queda un consuelo: gracias a Dios navidad es sólo una vez al año. Quisiera terminar relatando una escena hermosa. La hermana de M. Ha tenido el detalle de invitarme a pasar las navidades en su casa (particularmente la entrega de regalos). Se desarrolló como sigue: los niños estaban en una habitación separada. Los adultos en el comedor. En él, se encontraba el árbol de navidad. A sus pies, los regalos. Cuando la música empezó a sonar, los niños corrieron en tropel hacia la habitación del árbol. El mayor, leyó entonces el trozo del evangelio que habla de la navidad y tras esto, la madre dijo unas palabras. Les dijo que, aunque pudiera parecerlo, la navidad no era algo que debía darse por supuesto. Que en el mundo hay personas que sufren y que hay que dar siempre gracias a Dios porque uno no está en esa nómina de sufrientes. Terminó diciéndoles algo a cada uno de sus hijos. Y uno, como es más tierno que el día de la madre, pues acabó como era previsible: enjugándose con el dorso de la mano unos lagrimones gordos como monedas de dos euros. Tras el momento emotivo, los chavales se lanzaron sobre los paquetes igual que en todas partes de esta Europa que nos cobija: o sea, como buitres leonados. En los adultos, quedó una ilusión que en cada uno era diferente pero que, en mi caso, no costará nada adivinar.

PS: No, no me he olvidado. Ahora explico el título: aquí, en Austria es tradición que durante la última semana del adviento, por la radio sólo suenen villancicos –entre ellos, y sorprendentemente, Hijo de la Luna, de Mecano, tócate los pies si no tienes nada mejor a mano- pues bien: uno supo ayer que el ciclón navidad se iba alejando porque, al poner la radio sonó una de las peores canciones de Elton John: Nikita. Y uno pensó: Gracias a Dios. Y como Carlos Jesús dijo: bendito seai, sir Elton.


Feliz Navidad

22 de diciembre.- Viernes. Tradicional día de la salud. Si estás leyendo esto, te deseo que pases una navidad maravillosa en compañía de los que quieres. Que la luz de la fantasía te ilumine, que regreses a esa infancia que sólo se reconquista cuando lo ves todo con ojos de niño. Todo nuevo por primera vez. Todo por estrenar. Esta vida es preciosa y hay que aprovecharla en todas sus posibilidades. Cada día es un regalo.

Problemas


22 de diciembre.- al hilo del correo de un amigo que no termina de encontrar su sitio, me encuentro con la siguiente reflexión: una de las cosas que nos caracteriza a los ex-jóvenes (personas que ya hemos rebasado la treintena) es que empezamos a tener problemas. Me refiero, naturalmente, a problemas de verdad. Adultos. Nos empiezan a suceder cosas que realmente te cambian la vida, o que te la destrozan. Nos sentimos desnudos como si el rayo del destino fuera más libre de fulminarnos ahora de lo que lo era en nuestra veintena, aquellos tiempos de gloria y sudor. Y tirando del hilo, me doy cuenta también de que una de las cosas que más define a las personas es su actitud ante estos incidentes que son inseparables de la vida. Los menos, se acogen a la frase de Churchill que creo que ya he usado aquí más de una vez (ante lo inevitable, entusiasmo). Los más, tratan de ignorar lo que les sucede y, cuando no tienen más remedio, lloran y se autocompadecen. Pero sin duda lo más curioso es que, cada vez más, me encuentro con personas que viven en un mundo propio en el que los problemas también son de fabricación casera. Me doy cuenta de que, con respecto a estos últimos, mi actitud ha cambiado. En aquellos verdores de mi última adolescencia, yo intentaba convencerles de que se estaban preocupando por gilipolleces. Después, y especialmente debido a mi relación personal con una persona que era toda ella un problema, decidí que no tenía derecho a bombardear a nadie con mi optimismo y que, si esta persona, como otras muchas, se quejaba, sería porque algo le dolía. Sin embargo, en estos últimos tiempos (particularmente desde que vivo aquí) he llegado al convencimiento de que, lo mejor con esta gente que tiene problemas de corcho y poriespán es, simplemente, desconectar. No te escuchan, querido lector que me lees. Tú tratas de darles consejos que les abran los ojos ante este espectáculo tan maravilloso como inquietante que es la realidad de todos los días. Pero no te hacen caso. Porque están sordos. Viven en su monólogo interior. Algo les dice que este monólogo no tiene ningún tipo de valor si no hay alguien que les escuche y que les dé palmaditas en la espalda. Y por eso no desperdician ninguna ocasión ni ninguna oreja abierta a la hora de dar la chapa. Porque el sentido de su vida es su problema artificial. Porque necesitan el cariño enfermizo que nace de cierto tipo de compasión de baja intensidad. Sé que decir esto es duro pero cada vez me encuentro con más gente que moriría de aburrimiento sin estos problemas que son tan intrascendentes como los incidentes de Gran Hermano pero que ellos airean con titulares tan dramáticos como los del MARCA anunciando la enésima crisis del Madrid.
Y lo peor de todo: este fenómeno no es exclusivo de los treintañeros sino que, como una epidemia oscura, afecta a individuos/as de todas las edades. Incluso a organizaciones enteras que ven en el victimismo su única baza (aunque esto sería hablar ya de política y no quiero en estas fechas).
Quizá la raíz del problema es que vivimos en un mundo en el que, cada vez más, las sensaciones que no son placenteras están cada vez más proscritas. Un mundo en el que no cabe la muerte, por ejemplo. El duelo tras la desaparición de un ser querido. Porque quien está doliente (de ahí y no de otro sitio viene el duelo) no realiza gasto, no contribuye a la maquinaria de la economía, al consumo conspícuo del que Perequé y yo hablamos de vez en cuando. Vivimos en un mundo en el que la gente sólo disfruta de la superficie de los días, que no trabaja en conocer y en conocerse. Un mundo en el que las personas viven con el terrible drama de no tener ni idea de quién son. En esas condiciones grandes masas de seres humanos flotan como el krill sobre el agua del océano, al capricho de cualquier corriente. Sólo con ocasión de la caida de un rayo del destino, alguien abre los ojos dolorosamente y se pregunta. Aunque la mayoría de las veces, los vuelve a cerrar a la misma velocidad.
Foto: Tete Calvache, flickr

El Polvorón


20 de Diciembre.- Que nadie se crea que esto es un post porno. Lo del polvorón viene porque hoy, de manera fortuita, los vieneses han entrado en contacto con el mantecado típico de Estepa, y la verdad es que las reacciones han sido para filmarlas. A medio camino entre 2001 y un anuncio de Ariel. Generalmente, les ha parecido el tema demasiado dulce (cuando comerse una Sacher Torte, que es la modalidad de aquí para reventar todas las costuras, es peor que comerse dos kilos de polvorones con pan) y miraban con un poquito de prevención que el temita se desmigajaba con facilidad. No habían descubierto aún que, para comerse un polvorón en condiciones, antes hay que entrar en la Operación Prensado, que consiste, como todo el mundo sabe, en estrujar el mantecado hasta que se queda hecho un gurruño sólido que no pierde nada ni de su aroma ni de su sabor.
Lo más divertido de vivir en un país extranjero es eso: que tienes que explicarselo todo a la gente. Hasta lo más evidente. Yo ya estaba preparado para esto del mantecado, porque el año pasado enfrenté a toda la familia de M. al turrón duro (Yo no había caido en que el turrón duro no tiene por qué gustarle a todo el mundo) y resultó muy curioso el grado de cortesía que pueden alcanzar los austríacos. Ellos se comían aquello mientras pensaban que, de aquella, se iban a partir los premolares.
Yo, a veces, juego a tirar una piedra al fondo del lago de su calma y a ver qué pasa: por ejemplo: les explico que en España tenemos personas con las que nadie quiere relacionarse porque traen mala suerte (como cierto cantante, cuyo nombre incluso está vetado, que se hizo famoso entonando las aventuras rimadas de un caballo que él no quería que se acercase a su yegua). Se ha probado fehacientemente que todas las personas que se acercan a él, cataplás, tienen una desgracia (una fractura ósea, un golpe con el coche...etc). A estas personas se las llama gafes. Los austriacos levantan las cejas, y te piden más detalles porque el concepto no existe en alemán. Aunque, curiosamente, hay cosas que sí: por ejemplo, el mal de ojo, que es un fenómeno conocido en todas las culturas. Aunque aún no he conseguido saber cómo lo evitan. En España, hay que colgar del niño alguna imagen o, para más eficacia, la cruz de Caravaca
Otro ejemplo: con ocasión del lamentable deceso de LMG –o sea, la Jurado- me embarqué en la difícil tarea de explicarles por qué las multitudes se habían echado a la calle, lo cual me llevó a explicar quién era Lola Flores, Lolita, Rosario, Antonio, El Pescaílla y demás miembros del star system patrio. A-lu-ci-na-ban. Porque aquí no tienen ese mismo grado de amor por sus ídolos y, por supuesto, no los conocen con tanta intensidad como nosotros. Por cierto, y hablando de LMG: curiosamente, a los austríacos, lo que más les pone de la música española (dejando aparte la rumba, que les pone mucho) es La Jurado en su faceta Como Yo Te Amo (Olvídate, nadie te amará) y (oh, sorpresa) María Dolores Pradera. Es que es ponérsela y empezar esa mujer a entonar lo del Rosario de su Madre y la Flor de la Canela y ya te piden que cometas un acto de piratería discográfica.
Y es que ellos tienen unas estrellas muy sosas. Vamos, tienen a Udo Jurdgens que ganó el festival de Eurovisión pero que, a diferencia de Massiel, no va por ahí emborrachándose de mostrador en mostrador, sino que sigue cantando con muy buena salud y es un abuelito de los de Rayos UVA y pelo teñido con Grecian 2000. Por cierto, que ahora me le ha amenazado una fan (o fana) y se temen los periódicos austriacos (particularmente el Kronen Zeitung, que es muy desmelenao) que la cosa acabe en un magnicidio como el de John Lennon.
Para terminar hoy, diré que amigo T. ayer invitó en su casa a una paella a la que no pude asistir, pero de la que tengo documento gráfico. Asimismo, T. me ha explicado esta mañana que ayer se produjo en su humilde molada un encuentro en la Tercera Fase: Austria descubrió el All i oli.
(Y le gustó muchísimo)

Explicación para Nicholas (Josephplatz)
19 de Diciembre.-
Estimado Nicolás:
En primer lugar, muchísimas gracias por seguirme. Es un placer, y se lo digo sinceramente, contar con un lector que se expresa tan bien en castellano.
En segundo lugar, si me ha leido con atención -y creo que lo ha hecho-, y entrando en el tema que nos ocupa, espero que se note que, cuando escribo, trato de ser lo más imparcial posible. Tengo la firme creencia de que, si alguna ventaja tenemos los que estamos fuera, es que, como ya dije, creo que podemos tener una cierta perspectiva. Ignoro sus circunstancias -de hecho, ahora me pasaré por su blog para echar un vistazo- pero mi opinión sobre las víctimas del terrorismo, igual que mi opinión sobre las víctimas de la guerra civil, no obedece a ningún posicionamiento político determinado (de hecho, habrá notado que en este blog intento tratar con igual cachondeo a los dos bloques que se han formado en la sociedad española) sino a un convencimiento personal que ilustraré con el siguiente ejemplo: verá: hace dos años un familiar mío muy cercano sufrió un cáncer. Gracias a Dios, este cáncer fue detenido a tiempo. Pero mi familiar pagó un precio: veinte centímetros de su intestino grueso. Un precio barato, dadas las circunstancias. Asimismo, los médicos le indicaron que debería pasar por varios controles médicos porque el cáncer es algo que tiende a reproducirse. Al contar yo mismo con parte del material genético de ese familiar, también me veo obligado a realizarme, cada cierto tiempo, controles médicos. Pues bien: nuestra política (en mi familia somos muy positivos) ha sido tratar de vivir con el cáncer, de olvidarlo en lo posible, de reirnos de él, y de hacerlo parte de nuestra vida. Como un hecho que pasó y que ha tenido una serie de consecuencias que perduran en el tiempo pero ya. Punto. En bien de nuestra salud mental familiar, hemos decidido (creo que para bien) que nuestra vida no es el cáncer. De hecho, la mayor parte del tiempo tratamos de no recordar que alguna vez alguien de nosotros ha tenido cáncer.
Creo que no es sano estar recordando constantemente las desgracias que nos pasan sino tratar de superarlas y disfrutar de esta vida, que es cortísima.
Lo que se aplica al cáncer se puede aplicar a la famosa ley de la Memoria Histórica, que me parece fatal. Pero no por que me parezca mal recordar las cosas que pasaron (para eso no hacen falta leyes) sino porque, en este momento, me parece absolutamente innecesaria. Y boba. Y torpe. Y creo que obedece a una estrategia estúpida propiciada por una absoluta falta de ideas: identificar al PP con el franquismo. Algo con lo que, gracias a Dios, y salvo por algún que otro elemento, no tiene nada que ver. Si usted me ha leido con atención –y creo que lo ha hecho- habrá notado que, en alguna parte, he escrito que la situación española actual obedece a la combinación letal de una de las generaciones más mediocres de políticos que los españoles hemos tenido que sufrir en muchos años, con la absoluta incapacidad de estos para resolver los auténticos problemas de la gente (esto es, el cómo llegar a fin de mes sin que la hipoteca te estrangule, el cómo encontrar un trabajo que dure más de dos meses, etc...). Debido a esta incapacidad, los políticos españoles se ven obligados, para justificar su sueldo, a charlar en el parlamento sobre cosas que no nos resuelven la vida ni a usted, ni a mí, ni a nuestros paisanos que se comen los mazapanes en España.
En cuanto a las víctimas del terrorismo, le reitero mi absoluto respeto por ellas (igual que el que siento por los enfermos de cáncer). Parte de mi familia es militar. De hecho, un familiar cercano estuvo destinado en el País Vasco en la siniestra temporada 80/81 durante la cual caía un miembro de los cuerpos de seguridad al día (sobre poco más o menos). Ahora bien: estoy en contra de que a estas personas no se les pueda decir lo que yo ya le he dicho: que la vida sigue y que los muertos no van a volver. Lamento que este pensamiento, que a mí me parece la clave de la supervivencia, le haya molestado, pero me parece que, al margen de cualquier posición política, los seres humanos estamos en esta tierra para disfrutar en lo posible de todas las cosas buenas que la vida tiene. Y no creo que sea hacer nada malo recordárselo a personas que lo están pasando mal.
Asimismo, le agradecería que me explicase en qué ha notado usted la mala intención al hablar de Loyola de Palacio. Una mujer que, personalmente, me parece un auténtico ejemplo de entereza y de valor ante la enfermedad y ante la vida. Si tengo una regla a la hora de escribir en este blog, y en la vida, es la de no decir nunca nada que no le hubiera dicho al interesado.
Le reitero de nuevo mi agradecimiento más sincero, no sólo por leerme sino por haberse tomado el trabajo de escribirme un comentario (en estos tiempos que corren poca gente se toma tiempo para escribir, con la meditación previa que eso supone). Me hará muy feliz contar con su amistad y, desde aquí, me pongo a su disposición para cualquier cosa que pueda usted necesitar de mí. Si algún día (que sea pronto) le apetece comunicarse conmigo, recibiré sus noticias con el mayor de los placeres.

Duelo a muletazos


18 de Diciembre.- Tradicionalmente, las personas minusválidas han sido fuente de compasión pero, últimamente, también son fuente de polémica. El alicaído informativo de Cuatro ha decidido que nada mejor para remontar audiencias que utilizar a un señor en silla de ruedas para crear un culebrón. Dicho señor en silla de ruedas, poliomielítico parece ser, figuraba en lugar destacado en la última manifestación de las Víctimas del Terrorismo. Cuatro ha destapado la noticia: la minusvalía de este caballero no había sido producida por bomba ni acto criminal ninguno, sino por una poliomielitis trágica, es cierto, pero común y silvestre. Los señores de Cuatro, parece ser, han acusado a la AVT (y por ende al PP, jaté tú que cosas) de falsaria por presentar a este señor en silla de ruedas en lugar destacado en la manifestación. Nunca, desde el cojo mantecas (aquel excaballero legionario que se dedicaba a destrozar mobiliario urbano a muletazos durante las huelgas de estudiantes) había sido un minusválido tan polémico.
La AVT se ha apresurado a emitir el correspondiente comunicado y FJL ha lanzado la correspondiente soflama desde su columna de El Mundo.
Las víctimas de cualquier tipo de acto criminal deben de ser tratadas con el máximo respeto. El Estado tiene el deber de ayudarlas y de compensar, en lo posible, los efectos de unos hechos que, en muchos casos, truncan para siempre unas vidas inocentes. La justicia debe ser taxativa con los criminales y se deben arbitrar las medidas necesarias para que los afectados lleven una existencia lo más normal posible. Ahora bien: me parece que, en este caso, las víctimas (las pertenecientes a la AVT, porque hay otras asociaciones) están tomando una actitud incorrecta que, a la larga, o a la media, o a la corta, les va a perjudicar más que beneficiarles. Los que están en desgracia caen facilmente en los cantos de sirena de quien les dice lo que quieren oír y el ser humano es débil. En primer lugar, no me parece sano que exista una asociación como la AVT. Una asociación cerrada (a la que es de desear, naturalmente, que no se sumen más miembros) que funciona como un recordatorio constante de hechos que, a veces, tienen tres décadas de antigüedad. Como enemigo que soy de cualquier actitud quejosa, me parece que, ante la desgracia, hay que tener la presencia de ánimo suficiente para seguir adelante e integrar lo que a uno le pasa. Lo contrario me parece una actitud improductiva. Comprensible, pero completamente estéril. No me parecen sanas estas manifestaciones del Orgullo/Víctima, en las que se exhiben las secuelas como si fueran heridas frescas, yagas condenadas a no sanar nunca.
Me parece que las Víctimas del Terrorismo están siendo manipuladas por personas que tienen un interés muy ajeno a su bien. Y confío en que haya, entre esas víctimas, personas inteligentes que se den cuenta. También pienso que todo mejorará el día en que alguna voz sensata se imponga sobre los gritos y les indique amablemente que son más que las secuelas de un hecho que, probablemente, cambió su vida, pero que no tiene vuelta atrás.
Espero que esto sea así en esto como en otras tantas cosas. De otro modo, vamos a terminar todos apaleando al contrario con las muletas. O sea: a hostias.
Entre hoy y mañana



17 de Diciembre.- Se termina este fin de semana y yo sólo tengo un minuto para bailar este vals (tengo que terminar este post en menos de media hora para irme a correr). Fin de semana dedicado a pelear contra la marea humana que abarrotaba las tiendas (todas las tiendas, sin excepción). Misión cumplida: he comprado todos los regalos de navidad que debía comprar, incluyendo los autorregalos que pondré debajo del árbol. Ropa, particularmente, y diferentes productos audiovisuales que siempre he deseado tener (o que otros tengan) y sin los que, misteriosamente, he sido capaz de vivir hasta ahora.
Entre las cosas que he comprado ha estado “Los pájaros” con Tippi Heddren (en mi opinión, una de las peores actrices que ha asomado la jeta a una pantalla). Resulta curioso con esta película que no es nada de lo que yo había esperado de ella y, aún más, que confirma esta teoría que yo exponía días atrás a propósito de los coqueteos de los genios de verdad con lo inverosímil. Si alguien coge el guión de Los Pájaros y lo analiza, verá que no se sostiene por ninguna parte. Y esa insostenibilidad lo eleva a la categoría de obra maestra. En ese sentido, “Los Pájaros” resulta enormemente parecida a otra película con la que, a primera vista, no tiene nada que ver: “El ángel exterminador” de Luis Buñuel. En esta película, vemos cómo un grupo de riquísimos invitados a una cena, quedan encerrados en una mansión y son incapaces de salir. En ningún momento se nos explica por qué no pueden salir, ni qué los retiene. Ellos mismos no lo saben. Pero ahí está: es una realidad que nadie analiza. Que el espectador acaba por aceptar también y que añade otro punto de interés morboso a la historia. En “Los Pájaros” asimismo, Tippi Heddren y todos los habitantes de Bodega Bay están también presos en las fronteras territoriales de un pueblo y, además, indefensos completamente frente al ataque de los pájaros asesinos. No se explica por qué los animalitos atacan a la gente y, lo que es más, la película está tan bien llevada que a mí, como expectador, me la refanfinfla absolutamente. Pero otra muestra de lo bien hecha que está es que, aunque a primera vista, Los Pájaros es una película absolutamente pop (una iluminación de anuncio, una fotografía industrial cuidadísima, una producción de alto presupuesto, nula preocupación política perceptible) se convierte en una obra completamente personal porque es una película auténticamente opuesta a lo que sería el pop: por decirlo abiertamente: Los Pájaros es un film auténticamente desagradable y con un sentido del humor oscurísimo.
En ese sentido AH se parece cada vez más también a Steven Spielberg. No sé si alguien más se ha fijado, pero las películas de Spielberg se hacen más negras cada vez. Más oscuras. Como “La guerra de los mundos” que es una película de una enorme crueldad de la que quizá algún día hable.
Hablando de oscuridad: a las tantas de la noche, veo en Telemadrid un programa con fines científico/docentes que nos predice las apocalípticas consecuencias del cambio climático. El presentador, un periodista con pasado de cadena generalista, parece un muerto al que el enterrador hubiese dado permiso para darse un garbeo. Los ojos hundidos, la piel pálida y abotargada, los dientes separados...Pobre. En la cadena de televisión en donde yo trabajaba había gente que se quedaba para ver el informativo de aquellos primeros tiempos de Tele 5 (“Entre hoy y mañana”, se llamaba aquello). Las lenguas vespertinas aseguraban que este hombre presentaba dicho informativo en avanzado estado de embriaguez. Mis excompañeros se divertían contando las cabezadas y los tropezones verbales del periodista cuando daba las noticias. Mundo y humanidad cruel.
Como “Los Pájaros”.
Uich! Aún no se puede...

15 de Diciembre.- Las votaciones empiezan el año que viene. Pero aún así, votarme, hombre, votarme...
Vótame, paaaayo

15 de Diciembre -Este blog está inscrito en la web www.20minutos.es en el concurso para el mejor blog. Votarme, hombre, votarme :-)

Mi pescado no está pocho


15 de Diciembre.- Las palabras son muy importantes. No sólo cuando se ponen una detrás de otra formando frases (con resultados a veces pavorosos, como aquella de “La caridad empieza por uno mismo” o “el trabajo os hará libres” o aquella otra de “Pinochet quizá cometió algunos excesos pero dejó un Chile mejor que el se encontró”) sino por sí mismas, como bombas de relojería que se sueltan solas, aisladas, sin ningún contexto. Palabras que irrumpen en la conciencia, que son repetidas sin ninguna consideración y que, como una canción de los cuarenta principales, se acaban imponiendo casi por cansancio.
Nos referimos por ejemplo a palabras como “Conspiración” o “Verdad”.
FJL, se locutor incendiario que otrora amenizaba mis mañanas camino del trabajo (ver posts anteriores) y la cadena de radio que utiliza como tribuna o desaguadero, han decidido escudarse tras la palabra “Verdad” y repetirla machaconamente con el indudable objetivo de que el gentío asuma que lo que ellos cuentan es la descripción más fiel de la realidad que se encuentra disponible en estos momentos. La ünica, la monolítica, la que todos debemos comprar. FJL y las personas que le secundan, en su mayoría trabajadores en el sector del transporte urbano de personas y otros gremios afectos a la carcundia más cafre, han decidido apropiarse del argumento que utilizó el PSOE para dar el último tirón que derribó a los chicos del PP: el gobierno nos miente. Se transforma así el mercado de la noticia en la competencia entre dos pescaderías que, aún reconociendo sin sonrojo que venden pescado pocho, intentan convencer al dubitativo comprador de que su pescado está menos pocho que el de la competencia. Asimismo, se crea otro efecto secundario: el comprador de un pescado pocho trabaja sin descanso para convencerse de que ha hecho la elección correcta. En el caso de los oyentes de determinado programa de radio o los compradores de un periódico (pongamos aquel fundado por Luis María Ansón) esto se concreta en que estos se sientan miembros de una fraternidad propicia, último vestigio de una atlántida perdida de buscadores de la verdad, o sea, de un pescado menos pocho que el que compran otros consumidores menos avisados. Esta estrategia juega con una de las características más acusadas del ser humano, y más del ser humano celtibérico, tan adicto a la información como a la maledicencia: ir en contra del poder establecido. Poner en duda la versión oficial, que es tanto como tachar de incompetentes a los gobernantes. Y le dio muy buenos resultados no sólo al gobierno presente en su lucha por el poder (aunque era más que evidente que los del equipo del bigote intentaron ocultar hasta el último momento que las bombas las habían puesto unos fulanos con turbante) sino, por ejemplo, a los informativos de Tele 5 cuando nos contaron sobre los famosos hilillos de alquitrán que, según nuestro amigo Mariano, eran lo único que salían de la barriga del Prestige. Los informativos de Tele 5 después de pasar casi por ser algo tan antisistema como el Movimiento Okupa, hoy van tan a la deriva como la barca de Remedios Amaya (la pobre) y del gobierno presente...Bastante tienen las criaturas con estar como están, tampoco es cosa de hacer leña del árbol caido.
Releyendo lo escrito, pienso en lo siguiente: a nadie se le escapa que este debate entre pescaderos avispados tiene otro efecto capcioso: el de transmitir a los compradores de periódicos o a los espectadores de televisión o a los oyentes de radio que los lugares en donde se deberían debatir determinadas cuestiones de gran importancia, no son ya válidos y que el debate güeno, el de verdad, el que no es de madera, ni falso, se realiza en otros lugares. O, lo que es lo mismo, perdido definitivamente el antiguo prestigio de los parlamentos, las personas dirán (ya dicen): ¿Para qué voy a darle dinero yo a estos señores para que debatan sin descanso ni objeto sobre la Ley de la Memoria Histórica si me puedo comprar el coleccionable de mi periódico “Crímenes que cometieron los otros durante la guerra civil” y enterarme de la verdad? Aunque esto también se puede ver de otra manera mucho más constructiva: si las cosas han cambiado tanto desde el siglo XIX (tenemos teléfono, ordenador, cultura de masas) ¿Por qué la política se sigue haciendo como en el siglo XIX?...
PS: Prometo que el siguiente post será más ligerito


















La fiesta de Blas (en imágenes)



15 de diciembre.- Para alegría de madres y regocijo de curiosos en general, voilá unas cuantas imágenes de lo que fue La Fiesta de Blas (sin haberlo meditado me ha salido un pareado)...











Pereque Pinto
14 de diciembre.- el departamento transoceánico de esta empresa, formado por un servidor y el señor Pereque Pinto, rebosa arte por todas partes. Para muestra, cuelgo aquí tres obras de mi amigo, una de las cuales ha sido expuesta en la Bienal de San Remo.
Breve semblanza del artista: Pereque nació en Brasilia y ha vivido en diversas partes de este mundo que, según los científicos, se aproxima hacia una gran ola de calor. Inglaterra, Francia, Italia...Ha trabajado en organizaciones no gubernamentales que luchan por los derechos de los pueblos indígenas y en diferentes negocios de importación/exportación. Habla varios idiomas con una fluidez que envidio y estas tres muestras indican, asimismo, que es un pintor muy interesante. Si hay algún mecenas entre el público, que levante la mano.





Muerte de Dama

14 de Diciembre.- Leo con bastante lástima que ayer murió Loyola de Palacio. Me viene a la cabeza que ella y su hermana Ana, por múltiples razones, constituían una especie de metáfora ambulante de lo que fue el gobierno de Aznar. Efectivamente, el gobierno de Aznar empezó en Loyola, llevando una política de matrona casta y modesta. Una política de zapatito plano y falda por debajo de la rodilla. De traje de chaqueta de poca elegancia y mucho vestir. Loyola era esa mujer trabajadora que soporta estoicamente las malas notas de los niños, que hace equilibrios para llegar a fin de mes, que es, en definitiva, una madre nutricia que no critica a las vecinas y que se acuesta temprano para llevar la casa.
Sospecho que, por convicción, Loyola de Palacio encontró en la política el marido que no le dio la vida. Y se entregó a él como era la obligación programática de una esposa de las de antes. Con celo, con resignación, con una humildad no exenta de obstinación ni de delicadeza. Sin embargo, fue irse Loyola (debido a un quítame allá ese escándalo del lino del que ella, estoy seguro, nunca supo) y Aznar empezó con las amistades peligrosas. Y de ahí, pues se termina en el país de Zaplana que es la Terra Mítica de todas las conspiraciones. Como la vírgen prudente de la Biblia, Loyola de Palacio era la creadora, la que mantiene encendida la llama del hogar para cuando viene el esposo. Ana en cambio era (y es) la virgen loca, que nos llevó a los sangrientos delirios de grandeza, a las fotos en islas perdidas del Atlántico, a los ranchos grandes de señores que tienen hermanos que piensan que España es una República. Recuerdo a Ana de Palacio en una entrevista en la dos (esa cadena que quieren revitalizar tras el ERE, que no nos pase ná) hablando con la presentadora. Esa melena partida de menina sin suerte, ese gran collar de bolas diseñado expresamente para producir hernia cervical, esa carita de gallina asustada que se le pone a los políticos cuando tienen que decir cosas y no se les ocurre nada, o se aturullan, o les sale mal (como en la ONU, qué papelón) o cuando tienen que venderle a la ciudadanía un muerto con el que no están de acuerdo. Recuerdo cuando nos manifestábamos todos por la Gran Vía con un solo argumento: no a la guerra injusta que lleva ya más de cien mil muertos civiles a sus sangrietas espaldas. Todo por Ana. Nada por Loyola.
Ignacia de Loyola de Palacio (nombre de señora mayor) fue enviada a Europa a defendernos de los que nos querían robar el aceite. Y, a falta de la cara de boquerón de Emma Bonino (esa mujer que cogió a un niño ruandés en brazos y se echó a llorar) Loyola tenía tesón para defender las causas perdidas hasta que las ganaba. El mismo tesón que tienen las marujas de España cuando tienen que cambiarle el horario de la clase de piano al niño, porque el chavalito tiene judo o taekuondo a la misma hora, y no le da tiempo al angelito. Y tuvo éxito. Un éxito gris, también de faldita tableada y zapatito plano. Y ahora, la pobre, se ha muerto.
Ejemplar la agonía de Loyola de Palacio, que no ha tenido la mala suerte de Rocío Jurado, cuyas últimas tristezas fueron transmitidas en directo (claro que ella no tuvo que sufrir a David Bisbal en sus últimos estertores, como la más grande). Supongo que hay que tener muchos contactos para que no hagan Tomate con tus quimios.
Leo con lástima que Loyola se ha muerto de cáncer ayer por la tarde. Pobre mujer.

Consejos de dietética (consideraciones generales sobre el oficio de escritor)


13 de Diciembre.- decía Alfred Hitchcock que, a la hora de elaborar las tramas de sus películas él perseguía el objetivo de reducir al mínimo lo que él llamaba los puntos oscuros del tapiz. Esto es: todas aquellas partes de las que el autor se vale para sujetar el edificio de la trama pero que al lector/espectador no le aportan nada. Lo ideal sería que todos estos elementos funcionales sirviesen para “dar contento” transformados en graciosas piruetas que informasen de elementos necesarios pero sin dar el coñazo al personal. No siempre se consigue y supongo que cosas como estas son las que distinguen a Corín Tellado de Vladimir Nabokov. El escritor es, en sí mismo, un instrumento que termina en la punta de su bolígrafo (o dedos, en el caso de este que esto escribe); una criatura integral a la que, citando a Capote, Dios le entregó un látigo junto con su don. Un látigo dulce (los hay peores) pero que obliga a estar constantemente intentando afinar, transferir más vida, más gracia, elegancia, más profundidad, más tensión, a las cosas que produce. Sin que por eso tenga que notarse el esfuerzo. Un escritor, utilizando una parábola más, debe ser un Nijinsky que salta en el aire intentando cada vez el más difícil todavía, pero sin que la sonrisa se le borre de la pluma.
En mi opinión, lo que distingue a un escritor de un artesano y a este, de un escritor cojonudo (también conocido como EDPM –Escritor de Puta Madre-) es que el escritor cuenta una historia, el artesano intenta hacer, dentro de una corrección, las florituras que su talento le permite –que no suelen ser muchas- y el EDPM cuenta una historia, hace florituras y encima se permite salir y entrar de la verosimilitud a base de mantenerse alerta todo el día, de estar mirando constantemente lo que sucede a su alrededor, a base de aprovechar para sus fines desde los ejercicios espirituales de Ignacio de Loyola hasta el Pronto. Todo debe de ser materia para que un escritor mire, y sepa, y vea, porque nada de lo humano le tiene que ser ajeno.
Dicho esto, voy al título de este post que me está quedando un poco oscuro: si de un ser humano se puede decir que es lo que come, un escritor debe de tener mucho cuidado: porque un escritor es, fundamentalmente, lo que lee. Y si quien come mal termina escuchimizado, con la piel apergaminada, anémico y hecho unos churrascos, un plumífero cuya dieta se base en bestsellers y traducciones acabará escribiendo con un traductor entre él y quien le lea. Un escritor debe seleccionar cuidadosamente dónde pone los ojos porque la mediocridad se contagia y, si no tiene cuidado, puede terminar diciendo aquello de “las antiguas pesetas” o “la ilegalizada batasuna” o “a punta de pistola” o “un billón –con b- de pesetas” o “sangrar profusamente” o “dijo fulanito con los dientes apretados” o “los efectivos” (cuando lo que quería decir era soldados) o “ciudadanos y ciudadanas” (lo cual, aunque igualitario, resulta incorrecto en español) y tantas y tantas atrocidades que alejan a quien es de ese ser que es tan bueno como él podría ser.

(Hago estas reflexiones mientras releo algunos párrafos –espantosos- que he escrito hace unos días y los comparo con otros párrafos de obras que me hubiera gustado escribir como "Un día volveré" de Juan Marsé)


I love to love


13 de Diciembre.- Volviendo a Nabokov, que es este señor mayor que mira con cara de pocos amigos desde más abajo de esta columna, decir que tiene un libro maravilloso (que también sigue en Madrid junto con el de Alberto Manguel) que se llama “Habla, memoria”. En este libro, el bueno de Vladimir desmenuza con su habitual perspicacia sus recuerdos de infancia y consigue el milagro que debe ser el principal empeño del trabajo de cualquier buen escritor que se respete: que al abrir las páginas de sus libros los personajes permanezcan para siempre, tan frescos como plantas recién puestas a prensar.
Cuando una persona desaparece, desaparece su patrimonio más precioso: su memoria. Cada día somos testigos de una realidad móvil, que sólo nosotros podemos fijar. Cuando muere un hombre, es como si se quemara una biblioteca. Destruidas sus redes neuronales, no sólo se marchita lo que él fue, sino también todas las personas a las que conoció, a las que amó, con las que vivió y compartió momentos. Somos lo que recordamos.
En la fiesta de la que hablaba ayer, nos regalaron a todos una cucarachita electrónica de color naranja. El aparatico (aparejo, como dice mi compañero Perequé) resultó ser un reproductor de mp3. Anoche lo cargué con varias decenas de canciones. Y entre ellas, saltando de los sistemas analógicos en que fue grabada al sistema digital en que será preservada del tiempo (por lo menos durante unos años más), estaba la primera canción que yo recuerdo que debe de ser muy contemporánea de mi primera capacidad de tener memoria de las cosas. Estaba grabada en una cinta de casette color naranja, en sistema monoaural (aunque yo la tenga en stéreo) y formaba parte de una cinta grabada de la radio (probablemente de los cuarenta principales) en un radiocasette que mi tío Pepe se trajo de Ceuta y que fue uno de los juguetes preferidos de mi hermano y mío. Tiempo después. En el momento en que la memoria me devuelve la canción, fijada para mí con la excitante novedad que sólo se siente en la infancia y que perseguimos durante toda nuestra vida, el radiocasette era nuevo y ni mi hermano ni yo sabíamos manejar los controles que me resultan hoy de una encantadora rudimentariedad. Soy consciente de que mi madre grabó en esa cinta esas canciones con el mismo objeto con el que yo hoy hago muchos CDs: era música para limpiar. Recuerdo perfectamente que tras mi canción, estaba “You´re the one that I want” (incompleta, escuché la cinta muchas veces) pero la que a mi me gustaba era “I love to love” de Tina Charles. Una canción que salió en 1977, por lo cual, mi recuerdo debe de ser de principios de 1978. En esa fecha, abrí los ojos (y los oídos).
La cinta se perdió –cualquiera sabe a dónde van a parar tantos objetos que nos acompañan y que no volvemos a ver- pero la ingenua melodía siguió rondando por mi mente durante un par de décadas. Hace unos años, una discográfica (Arcade) sacó una recopilación de música Disco. La vi en la tienda de El Corte Inglés de Sol (la estatua de Carlos III, entonces, era nueva), localicé la canción, y “Blame it on boogie” de los Jackson 5 y no dudé en gastarme tresmil pesetazas en aquellos cuatro discos que concentraban mi primera niñez en aquellas dos canciones.
Mi amigo P. que volvió a dar señales de vida ayer (le impide hacerlo más a menudo su intensa actividad política) me reprochaba ayer que en el anterior post dijera que no me gustan las navidades por horteras y que hubiera dicho, días atrás, que me encanta Julio Iglesias (no todo, sólo aquella parte que está suficientementemente lejos en el tiempo como para resultar deliciosamente cómica). Con “I love to love” reivindico lo kitsch, la música que el tiempo ha alejado de sus fuentes y que ahora es, tan sólo, un fragmento del pasado que nos trae un perfume antiguo de un tiempo no necesariamente mejor, pero sí familiar.
Cambiando de tema: leo que Alejandro Sanz ha publicado un comunicado para aceptar que tiene un hijo secreto que se llama Alexander (a lo cual el mundo ha dicho que vale, que y qué, y se ha puesto a desmenuzar otros trozos de carnaza más jugosa) y asimismo, leo que Jose Luis Moreno, al que un día dedicaré un post completo, tras irse a Tele 5 se ha llevado al equipo completo de “Aquí no hay quien viva” y lo ha embarcado en un nuevo proyecto que se llama “La que se avecina” pero que probablemente podría haberse llamado también “Se van a hostiar”. Este nuevo proyecto confirma la tragedia de JLM: lo tiene todo menos prestigio (demasiados años haciendo Noches de Fiesta Entre Amigos) y lo compensa a golpe de talonario. Se habla de decorados monstruosos (cuando lo que a la gente le gustaba de Aquí No hay quien viva era que era más simple que el mecanismo de un cubo) pero dudo que quede nada de imaginación en el nuevo proyecto.
Creo que JLM llorará su triste destino en ese paraíso de pianos blancos y tapizados de piel de leopardo que es su mansión de La Moraleja.
Ays.
Foto: Tina Charles en aquellos entonces

La fiesta de Blas


12 de Diciembre.- Odio las navidades. Que quede claro. No sólo me ponen muy triste, sino que además atentan contra mis más elementales instintos estéticos. Me parecen la elevación de lo hortera a la categoría de cosa imprescindible. Y, si odio las navidades, aún odio más el momento en que se acaban, con todos los adornos polvorientos volviendo a las cajas, las luces retiradas, los suelos enguarrinados de champán reseco y dulzón. Tenía la esperanza de que aquí, en este país en el que las formas son tan importantes, el trago sería un poco menos vulgar, pero ayer asistí a la fiesta de mi empresa y la verdad: poco más o menos como en España: o sea, que esta mañana, la romería hacia la máquina del café ha sido un no parar.
La famosa fiesta se celebró en un bar detrás del Museums Quartier.
(Antes de seguir explico lo que es el MQ: un avispado alcalde de Viena –la mayoría de los alcaldes de esta ciudad lo han sido mucho- decidió salvar de la demolición las antiguas caballerizas del Hoffburg a base de convertirlas en un espacio museístico de primer orden que, para más inri, está en el arranque de Maria Hilfe Strasse. La solución combinaba las dos pasiones más austríacas: el amor por el arte –bueno, por el Arte- y el amor, tan propio de este país, por el beneficio comercial. Los hay que dicen por esto que los austríacos son tacaños (aunque yo lo que creo es que tienen terror a despilfarrar ni un céntimo) pero yo creo que lo que son es un pueblo muy práctico).
Punto y seguido y sigo con la fiesta: el bar era pequeñito, molón y estaba bastante escondido tras varios tramos de escaleras de hierro enroscadas a los edificios antiguos. Nuestras mesas estaban en un discreto reservado acristalado decorado para la ocasión con un enorme Adventkrantz (o sea, una corona de abeto en la cual se pinchan cuatro velas que se van prendiendo al ritmo que caen del calendario los cuatro domingos del Adviento). Sobre las mesas, en el puesto de cada comensal, sendos regalitos. Y, como en todas estas cosas, los iguales se sentaron con los iguales, los altos con los altos, los bajos con los bajos, los chicos con los chicos y los grandes con los grandes. Sólo alguna criatura trepadora (de la que no diremos el sexo para que no nos acusen de carpetovetónicos) se situó estratégicamente cerca de los jefes y les dedicó, citando a Estopa, un cierto número de esas “frases zalameras que parecen especiales”. Más carnaza: un compañero mío, polaco él, más bueno que el pan, se equivocó de evento y así le fue: Él pensaba que había acudido a una competición de ingestión de alcoholes y a la decimotercera cerveza (acompañada por varios vasos de vodka por en medio) sufrió un ligero desvanecimiento acompañado de la expulsión un tanto abrupta de toda la materia alimenticia que el angelito almacenaba en el estómago. Lo cual, dicho sea de paso, no se produjo en el salón donde comíamos, sino en el vestíbulo de los servicios (gracias a Dios) y provocó un auténtico problema logístico en los empleados del selecto establecimiento en el que estábamos. Aducían los dichos que ellos no eran empleados de ningún bar de Costa Polvoranca. Señalando el regalito, expresaban en alemán su más enérgico deseo de que la señora madre del angelito inconsciente acudiese desde la lejana Polonia a recoger la vomitona.
Este que escribe se despidió de la concurrencia a las 23,30 y enfiló (a temperaturas bajo cero) el camino de su cama. Poco he dormido, sin embargo, el vino me desvela.
Para no dejar que este post caiga en el saco roto de la información ociosa, termino con una recomendación cultural: en ese nido de tesoros que es la Biblioteca del Insituto Cervantes encontré el otro día el Curso Sobre el Quijote de Vladimir Nabokov, en la misma edición, por cierto, que yo tengo en España y que compré en un VIP´s por quinientas pesetillas. Literatura de la buena: una pluma ácida y directa, una adjetivación impecable. Un disfrute para todos los sentidos.
Espero que me ayude a olvidarme de que, otra vez, es navidad.

Foto: Vladimir Nabokov por Horst Tape

Memorias de un hombre de acción (miscelánea)


11 de Diciembre.- Puente de la Inmaculada (también aquí en la catoliquísima Austria) o, lo que es lo mísmo Maria enfängnis no confundir con Maria Gefängnis (María Prisión). El puente y sus incidencias han fomentado en mí las siguientes reflexiones:

a)Cuando yo era pequeño, y hacía teatro, allá por la mitad de los años noventa del siglo pasado, me explicaron que la madre del cordero del tema de la actuación eran las acciones. Que nosotros, embriones de actores, no debíamos pelear por un personaje de mucho diálogo, sino que, aún teniendo poco, quedaba mucho más resultón (dónde iba a parar) si uno lo rellenaba de acciones. Citaré para ilustrar esto el caso de una compañera, hoy documentalista en la vida civil, que era una maestra en robar escenas de la manera más simple. Tenía el don de saber cuándo estarse quieta y cuándo moverse para que el público se fijase en ella. Aprovechaba los pretextos más nimios para, manteniendo su personaje, realizar acciones que lo llenasen de brillo y de verdad. Algo de eso pensaba yo el sábado pasado, por la noche, en mitad de una fiesta a la que estaba invitado por una amiga finlandesa que celebraba que ya es Frau Doktor. La mitad de la concurrencia (o más) hablaba –y lo que es peor, gastaba bromas- en una especie de jerigonza conocida por dialecto de Carintia. Esta forma de comunicarse debe de ser al alemán lo que el cordobés cerrado al castellano. Suena abruptamente y, en mi opinión, de manera no muy hermosa. Por supuesto, para un recién llegado a este país de habla extraña, como soy yo, absolutamente incomprensible. En estas situaciones, uno adopta la posición estándar, esto es: pierna graciosamente cruzada sobre la otra pierna –cambiando de vez en cuando para no padecer calambres musculares innecesarios- sonrisa relajada y paciencia, mucha paciencia. Al cabo de media hora, uno se siente como lo que no es (o sea, el hombre invisible) y sus ojos, más que nada para tener algo que hacer, deambulan por las caras y los detalles de la habitación en que uno esté mientras su cerebro repasa la tabla del tres e intenta, al mismo tiempo, ampliar la lista de números primos. En resumen: uno no tiene calambres musculares, pero empieza a padecer calambres neuronales. Para remediarlo, busca acciones: o sea, cosas que hacer. En mi caso fue una tortilla de brócoli. Me corté un cachito y me lo fui comiendo despacio despacio, para tener algo que hacer que justificase mi presencia entre aquellas personas que, con la mayor despreocupación, hacían bromas en Carintio. Termino con este punto diciendo que las acciones definen la vida interior del personaje, y también tienen la misión de servir de indicador de que, en el fondo de esa persona que come tortilla de brócoli, hay vida inteligente.

b)Algo antes, el viernes, estuve con B. y con N. Pareja de español con austriaca. Los dos son absolutamente encantadores y me obsequiaron con sendas delicias gastronómicas: el español, con tostada de pan con tomate y jamoncete y la austríaca con unas manzanas rellenas de mazapán, ron y mermelada que provocaban un delicioso estado de inconsciencia (o sea, que quitaban er sentío). Nos reíamos N. y yo de que, cuando él era pequeño, al principio de su carrera universitaria en Madrid, había frecuentado él ese experimento Okupa que se llama El Laboratorio y que, una vez aceptada la enorme miopía de los integrantes de este movimiento (en su mayoría jóvenes de familia de clase media-media y media-alta respaldados por padres de riñón bien cubierto) había encontrado materia abundante de risión en aquellas asambleas en las que todo se votaba a mano alzada y se debatía como si llamar a un fontanero para arreglar un baño atascado (sic) fuese una gesta del mismo calibre que asaltar el Palacio de Invierno. Contaba asimismo N. que la referida conversación encontraba siempre algún tipo de ramificación imprevista que la conectase, por ejemplo, con el cuestionamiento de la sacrosanta unidad de las Españas. O que una visita al palacio de La Granja se convertía facilmente en un panfleto sobre la opresión consuetudinaria del proletariado. Y la reflexión que esto me suscitó fue: ay...Qué tiempos aquellos en que aún podíamos creer en cosas.
c)Por último, quisiera hacer mención a la maldad del ser humano. Hoy, en ese prodigio de pluralidad que se llama El Círculo a Primera Hora (presentado por Ely del Valle) la invitada matinal era Ana Botella (traje de terciopelo azul y esa mirada oriental que se le queda a las mujeres pasadas de cirugías estéticas). Frente a ella, unos temibles tertulianos procedentes de esos bastiones de las izquierdas que son El Mundo y La Razón. Preguntada Mrs. Bottle a propósito de su eventual candidatura a la alcaldía de Madrid en 2009, visiblemente halagada y con cara de miss recibiendo una corona que otras merecen mucho más que ella, ha dicho esto de...
-De aquí al 2009...Cualquiera sabe, ¿Sabe usted cuánto son en política tres años? ¿Eh? Una eternidad...Tres años.
A lo que el periodista de La Razón, malevolamente ha dicho por lo bajini:
-Y tres días...
Sic transit gloria mundi.

Foto: Flickr
Droga Dura


07 de Diciembre.- Alucina Vecina. Agudeza lectora: adivine en menos de 10 segundos quién ha respondido en la web a todas estas jugosísimas preguntas:

¿Tendría alguna trascendencia política que el presidente del gobierno fuera masón?
Temo que la tenga. Esencialmente, que hay un circuito paralelo al democrático y unos fines inconfesados que el electorado desconoce. En España, además, la masonería ha sido siempre anticatólica y muchas veces afrancesada y poco nacional. Lea El gran Oriente de Galdós. O la película Bienvenido Míster Chance, de Peter Sellers, que en la novela es una epopeya ridículo-masónica.
¿Usted cómo se come que en la Universidad Catolica de Valencia haya un curso de historia contemporánea de España donde la bibliografía es marxista? ¿Me tengo que tragar todas las mentiras para aprobar, porque desde luego prefiero suspender a venderme?
Ni se le ocurra suspender. Tiene que llegar cuanto antes a catedrático y echar a esos petardos progres o carquiprogres.
Me asombra que solo hoy, después de muchos días tenga usted noticias de Irak en Libertad Digital, sobre todo con lo mucho que esta pasando allí. ¿Por qué es así?
Yo me entero, querida irlandesa, lo mismo que usted, cuando leo Libertad Digital. Bastante tengo con dirigir La Mañana.
¿Cómo cree usted que intentará el PSOE mantenerse en el poder en las siguientes elecciones? Un golpe de estado no se da para irse a los cuatro años.
Nunca ha perdido deportivamente. Y ahora está más chequista que nunca. En el 93 temía las consecuencias del GAL. Ahora, debería temer las del 11-M y sus fechorías encubridoras o tergiversadoras. El caso es no coincidir nunca con el Estado de Derecho. Que castigo.
¿Cree usted que el FC Barcelona está tan politizado como nos hacen ver? ¿Cree usted que está el todopoderoso Polanko detras de todo eso también? ¿Será capaz también de manipular el mundo deportivo? Muchas gracias.
Hombre, recuerde el numerito reivindicativo de los Països Catalans, con mapa incluido de Baleares y Valencia, ocupando el centro del Nou Camp. Laporta es un nacionalista radical, o un separatista redomado, que se burla de las muchísimas peñas barcelonistas en toda España. Y Polanco, por supuesto, si no apoya el mal, nunca lo criticará. Si está detrás de lo de Mediapro, no lo sé.

(PS: No he tocado ni una coma, sólo he eliminado el nombre del personaje, aunque no las pistas que conducen a su identidad...)

La revue des deux mondes

7 de Diciembre.- Cuando era niño, leí en un libro del siglo XIX –no recuerdo en cual- un nombre: La revue des deux mondes. Con el poco francés que entonces sabía –y que hoy ya casi he olvidado- conseguí montar trabajosamente un concepto que me dejó perplejo y fascinado al mismo tiempo: “La revista de los dos mundos”. Aunque parezca mentira, no caí en la cuenta de a qué dos mundos podía referirse el título hasta muy entrada la veintena. Y aún entonces, el título quedó ahí, en el fondo de mi mente, como una de esas cosas que de tan sencillas nunca pierden su rigor y su equilibrio y, por lo tanto, su extraña belleza.
¿Por qué traigo esto a colación? Ayer, quedé, entre otras personas con T.G., escritor español que ha establecido aquí su solar y sus pucheros (es un cocinero empedernido) con el que sostuve cierta conversación relacionada con este blog.
Leyendo los posts, T. había sacado la conclusión de que yo me encontraba algo alicaido y no muy cómodo en esta ciudad de la que estoy enamorado (lo digo ya desde el principio). A T. le sorprendía que hablase mucho de España y muy poco de Viena, ciudad en la que vivo y que me ha adoptado. Le contesté que, principalmente, este blog tenía como lectores personas que viven en España y que, más secretamente, una parte de mi corazón sigue viviendo en el sitio que me ha visto nacer y que sólo echo de menos ya muy espaciadamente. Me indicó T.que la estrategia fundamental para no convertirse en estatua de sal es no mirar atrás y yo le dije que me parece que los que estamos aquí gozamos de la ventaja de la distancia que no tienen los que están allí y que creía (y creo por lo que diré) que podemos colaborar en la mejora de España desde esa distancia, aportando opiniones y puntos de vista que sólo da la perspectiva. A T.este negocio de la distancia le dejó un tanto sorprendido, y no veía la ventaja por ninguna parte. También hablamos de mi pesimismo (que a mucha gente que me conoce, siendo yo alegre como soy, le parece sorprendente).
El caso es que, cuando aquella concentración se disolvió, yo me fui andando a casa dando un paseito. Flotando como cubitos de hielo en la fresca noche vienesa, vinieron a mi mente las palabras de T. . Y pensé también que los que vivimos aquí tenemos una ventaja más que no tienen los que viven allí: nosotros podemos decidir qué es España para nosotros. Inconscientemente, los emigrantes creamos una versión apetecible de la Itaca a la que quisieramos volver. El mismo T. sin ir más lejos, me suministró ayer valiosísimas informaciones a propósito de lugares en donde localizar, por ejemplo, Callos (ese producto de primera necesidad cuando uno tiene resaca) o bacalao en salazón. Detalle a detalle vamos construyendo aquí un pequeño lugar mixto con la suficiente proporción de ingredientes conocidos como para sentirnos cómodos. Los residentes en el territorio nacional tienen que apechugar con todo lo que la realidad diaria les da. Bueno, malo, o regular. No cuentan con la ventaja de desconectar, como hacemos nosotros.
Asimismo, hablo de España, y también se lo explicaba a T. porque tengo muchísimo mono de actualidad . Y está claro que la actualidad española la entiendo mejor que la actualidad austriaca –que me es casi completamente ajena-; los grupos de poder, incluso las maneras peculiares de reaccionar de la sociedad española, me resultan cómodamente familiares; y de ellas extraigo enseñanzas que no puedo extraer de las de aquí.
Asimismo, me parece oscuramente apasionante el proceso de degradación que ha sufrido la vida pública del país desde el día 11 de Marzo. Este clima general que se ha instalado de “O follamos todos o la puta al río” y que ha degenerado en una antipatía de carácter personal entre los encargados de gobernarnos (ver noticias relacionadas con la recepción de ayer del día de la constitución).
Me parece extremadamente digna de análisis la política de comunicación de los entes políticos del país, el concienzudo proceso de borrado de cualquier atisbo de sentido común o de reflexión constructiva de los medios de comunicación de masas, la hondísima crisis en la que han caido unos políticos empantanados en la más honda de las mediocridades. En estos momentos, hay personajes haciendo política profesional que no hubieran tenido la más mínima oportunidad hace veinte años (aunque quizá el recuerdo, en esto como en todo, embellezca los tiempos pasados, también Solana dijo “catorceavo”).
Dependiendo de las simpatías de unos y de otros, uno puede encontrar en todas las filas a tipos que hacen que uno esté encantado de haber conocido a su perro. Se echa tierra sin cesar sobre temas que son de verdad importantes y de los que depende, auténticamente, el futuro del país. Por poner un ejemplo de esto: sería mucho más provechoso que los periódicos que, en este momento, cantan el devórame otra vez destripando los detalles del 11-M hasta el absurdo, pusiesen de relieve el desastroso nivel de la instrucción nacional. Hay un altísimo porcentaje de españoles que son incapaces de escribir en su propio idioma con un mínimo de corrección. Y eso incide directamente sobre la competitividad de un país. Si Europa –y España dentro de ella- quiere ser una isla de conocimiento y de I+D para hacer frente a la infinita capacidad de producción de los países orientales emergentes, y contrarrestar los efectos de una globalización inevitable, resulta importantísimo invertir en formar a los habitantes de España. Porque es lo único que va a darles de comer en el futuro.
La esterilidad de las páginas de opinión de los periódicos es tal, en lo tocante a este tema, que descorazona.
Siempre ha habido y habrá personas más y menos dotadas. Pero lo que no se puede tolerar es que, independiente de su grado de inteligencia o capacidades, las personas se enfrenten a un sistema educativo absolutamente obsoleto y entorpecedor como el nuestro. Que funciona (o funcionaba en mis tiempos) en los niveles primarios y secundarios de la escalera educativa, pero que fracasaba de la manera más sangrante al llegar a la universidad. A una universidad que incentiva y recompensa la repetición incesante de unos contenidos que no tienen nada que ver con el mundo real. Por poner un ejemplo: yo estudié ciencias empresariales en una Universidad Pública y nunca, nunca en toda la carrera, me enseñaron lo que era un TC –documento imprescindible para hacer las liquidaciones de la cuota empresarial de la Seguridad social-. Estudié una hoja de cálculo que, ya con el Excel plenamente implantado en todos los ordenadores que se respetaban un poco, tardaba dos minutos de reloj en sumar dos números. Por normativa universitaria tuve que presentarme a un examen de legislación laboral cuyos contenidos evaluables eran leyes que llevaban ya seis meses derogadas.
Por no hablar de que el clima intelectual de tomatización de la vida pública o, si se prefiere, de DiariodePatriciación, desincentiva completamente cualquier esfuerzo educativo mínimamente serio, ¿Para qué van a estudiar los adolescentes y los jóvenes si hay personas que, encerrándose en una casa y masturbando a otras enfrente de una cámara reciben no sólo recompensa económica, sino crédito social? ¿Qué clase de modelos estamos ofreciendo? Tampoco se trata de volver a “Corazón”, esa delicia de Edmundo de Amicis, pero sí de intentar darle una pensadita a lo que vamos a hacer con nuestra vida como sociedad.
Por eso, y por otras cosas más, escribo casi siempre sobre España.
Aunque, pesimista como soy, no tenga mucha fe en los resultados.

Foto: Portada de un número reciente de La Revue des Deux Mondes