El Polvorón


20 de Diciembre.- Que nadie se crea que esto es un post porno. Lo del polvorón viene porque hoy, de manera fortuita, los vieneses han entrado en contacto con el mantecado típico de Estepa, y la verdad es que las reacciones han sido para filmarlas. A medio camino entre 2001 y un anuncio de Ariel. Generalmente, les ha parecido el tema demasiado dulce (cuando comerse una Sacher Torte, que es la modalidad de aquí para reventar todas las costuras, es peor que comerse dos kilos de polvorones con pan) y miraban con un poquito de prevención que el temita se desmigajaba con facilidad. No habían descubierto aún que, para comerse un polvorón en condiciones, antes hay que entrar en la Operación Prensado, que consiste, como todo el mundo sabe, en estrujar el mantecado hasta que se queda hecho un gurruño sólido que no pierde nada ni de su aroma ni de su sabor.
Lo más divertido de vivir en un país extranjero es eso: que tienes que explicarselo todo a la gente. Hasta lo más evidente. Yo ya estaba preparado para esto del mantecado, porque el año pasado enfrenté a toda la familia de M. al turrón duro (Yo no había caido en que el turrón duro no tiene por qué gustarle a todo el mundo) y resultó muy curioso el grado de cortesía que pueden alcanzar los austríacos. Ellos se comían aquello mientras pensaban que, de aquella, se iban a partir los premolares.
Yo, a veces, juego a tirar una piedra al fondo del lago de su calma y a ver qué pasa: por ejemplo: les explico que en España tenemos personas con las que nadie quiere relacionarse porque traen mala suerte (como cierto cantante, cuyo nombre incluso está vetado, que se hizo famoso entonando las aventuras rimadas de un caballo que él no quería que se acercase a su yegua). Se ha probado fehacientemente que todas las personas que se acercan a él, cataplás, tienen una desgracia (una fractura ósea, un golpe con el coche...etc). A estas personas se las llama gafes. Los austriacos levantan las cejas, y te piden más detalles porque el concepto no existe en alemán. Aunque, curiosamente, hay cosas que sí: por ejemplo, el mal de ojo, que es un fenómeno conocido en todas las culturas. Aunque aún no he conseguido saber cómo lo evitan. En España, hay que colgar del niño alguna imagen o, para más eficacia, la cruz de Caravaca
Otro ejemplo: con ocasión del lamentable deceso de LMG –o sea, la Jurado- me embarqué en la difícil tarea de explicarles por qué las multitudes se habían echado a la calle, lo cual me llevó a explicar quién era Lola Flores, Lolita, Rosario, Antonio, El Pescaílla y demás miembros del star system patrio. A-lu-ci-na-ban. Porque aquí no tienen ese mismo grado de amor por sus ídolos y, por supuesto, no los conocen con tanta intensidad como nosotros. Por cierto, y hablando de LMG: curiosamente, a los austríacos, lo que más les pone de la música española (dejando aparte la rumba, que les pone mucho) es La Jurado en su faceta Como Yo Te Amo (Olvídate, nadie te amará) y (oh, sorpresa) María Dolores Pradera. Es que es ponérsela y empezar esa mujer a entonar lo del Rosario de su Madre y la Flor de la Canela y ya te piden que cometas un acto de piratería discográfica.
Y es que ellos tienen unas estrellas muy sosas. Vamos, tienen a Udo Jurdgens que ganó el festival de Eurovisión pero que, a diferencia de Massiel, no va por ahí emborrachándose de mostrador en mostrador, sino que sigue cantando con muy buena salud y es un abuelito de los de Rayos UVA y pelo teñido con Grecian 2000. Por cierto, que ahora me le ha amenazado una fan (o fana) y se temen los periódicos austriacos (particularmente el Kronen Zeitung, que es muy desmelenao) que la cosa acabe en un magnicidio como el de John Lennon.
Para terminar hoy, diré que amigo T. ayer invitó en su casa a una paella a la que no pude asistir, pero de la que tengo documento gráfico. Asimismo, T. me ha explicado esta mañana que ayer se produjo en su humilde molada un encuentro en la Tercera Fase: Austria descubrió el All i oli.
(Y le gustó muchísimo)

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