Entre hoy y mañana



17 de Diciembre.- Se termina este fin de semana y yo sólo tengo un minuto para bailar este vals (tengo que terminar este post en menos de media hora para irme a correr). Fin de semana dedicado a pelear contra la marea humana que abarrotaba las tiendas (todas las tiendas, sin excepción). Misión cumplida: he comprado todos los regalos de navidad que debía comprar, incluyendo los autorregalos que pondré debajo del árbol. Ropa, particularmente, y diferentes productos audiovisuales que siempre he deseado tener (o que otros tengan) y sin los que, misteriosamente, he sido capaz de vivir hasta ahora.
Entre las cosas que he comprado ha estado “Los pájaros” con Tippi Heddren (en mi opinión, una de las peores actrices que ha asomado la jeta a una pantalla). Resulta curioso con esta película que no es nada de lo que yo había esperado de ella y, aún más, que confirma esta teoría que yo exponía días atrás a propósito de los coqueteos de los genios de verdad con lo inverosímil. Si alguien coge el guión de Los Pájaros y lo analiza, verá que no se sostiene por ninguna parte. Y esa insostenibilidad lo eleva a la categoría de obra maestra. En ese sentido, “Los Pájaros” resulta enormemente parecida a otra película con la que, a primera vista, no tiene nada que ver: “El ángel exterminador” de Luis Buñuel. En esta película, vemos cómo un grupo de riquísimos invitados a una cena, quedan encerrados en una mansión y son incapaces de salir. En ningún momento se nos explica por qué no pueden salir, ni qué los retiene. Ellos mismos no lo saben. Pero ahí está: es una realidad que nadie analiza. Que el espectador acaba por aceptar también y que añade otro punto de interés morboso a la historia. En “Los Pájaros” asimismo, Tippi Heddren y todos los habitantes de Bodega Bay están también presos en las fronteras territoriales de un pueblo y, además, indefensos completamente frente al ataque de los pájaros asesinos. No se explica por qué los animalitos atacan a la gente y, lo que es más, la película está tan bien llevada que a mí, como expectador, me la refanfinfla absolutamente. Pero otra muestra de lo bien hecha que está es que, aunque a primera vista, Los Pájaros es una película absolutamente pop (una iluminación de anuncio, una fotografía industrial cuidadísima, una producción de alto presupuesto, nula preocupación política perceptible) se convierte en una obra completamente personal porque es una película auténticamente opuesta a lo que sería el pop: por decirlo abiertamente: Los Pájaros es un film auténticamente desagradable y con un sentido del humor oscurísimo.
En ese sentido AH se parece cada vez más también a Steven Spielberg. No sé si alguien más se ha fijado, pero las películas de Spielberg se hacen más negras cada vez. Más oscuras. Como “La guerra de los mundos” que es una película de una enorme crueldad de la que quizá algún día hable.
Hablando de oscuridad: a las tantas de la noche, veo en Telemadrid un programa con fines científico/docentes que nos predice las apocalípticas consecuencias del cambio climático. El presentador, un periodista con pasado de cadena generalista, parece un muerto al que el enterrador hubiese dado permiso para darse un garbeo. Los ojos hundidos, la piel pálida y abotargada, los dientes separados...Pobre. En la cadena de televisión en donde yo trabajaba había gente que se quedaba para ver el informativo de aquellos primeros tiempos de Tele 5 (“Entre hoy y mañana”, se llamaba aquello). Las lenguas vespertinas aseguraban que este hombre presentaba dicho informativo en avanzado estado de embriaguez. Mis excompañeros se divertían contando las cabezadas y los tropezones verbales del periodista cuando daba las noticias. Mundo y humanidad cruel.
Como “Los Pájaros”.

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