
Explicación para Nicholas (Josephplatz)
19 de Diciembre.-
Estimado Nicolás:
En primer lugar, muchísimas gracias por seguirme. Es un placer, y se lo digo sinceramente, contar con un lector que se expresa tan bien en castellano.
En segundo lugar, si me ha leido con atención -y creo que lo ha hecho-, y entrando en el tema que nos ocupa, espero que se note que, cuando escribo, trato de ser lo más imparcial posible. Tengo la firme creencia de que, si alguna ventaja tenemos los que estamos fuera, es que, como ya dije, creo que podemos tener una cierta perspectiva. Ignoro sus circunstancias -de hecho, ahora me pasaré por su blog para echar un vistazo- pero mi opinión sobre las víctimas del terrorismo, igual que mi opinión sobre las víctimas de la guerra civil, no obedece a ningún posicionamiento político determinado (de hecho, habrá notado que en este blog intento tratar con igual cachondeo a los dos bloques que se han formado en la sociedad española) sino a un convencimiento personal que ilustraré con el siguiente ejemplo: verá: hace dos años un familiar mío muy cercano sufrió un cáncer. Gracias a Dios, este cáncer fue detenido a tiempo. Pero mi familiar pagó un precio: veinte centímetros de su intestino grueso. Un precio barato, dadas las circunstancias. Asimismo, los médicos le indicaron que debería pasar por varios controles médicos porque el cáncer es algo que tiende a reproducirse. Al contar yo mismo con parte del material genético de ese familiar, también me veo obligado a realizarme, cada cierto tiempo, controles médicos. Pues bien: nuestra política (en mi familia somos muy positivos) ha sido tratar de vivir con el cáncer, de olvidarlo en lo posible, de reirnos de él, y de hacerlo parte de nuestra vida. Como un hecho que pasó y que ha tenido una serie de consecuencias que perduran en el tiempo pero ya. Punto. En bien de nuestra salud mental familiar, hemos decidido (creo que para bien) que nuestra vida no es el cáncer. De hecho, la mayor parte del tiempo tratamos de no recordar que alguna vez alguien de nosotros ha tenido cáncer.
Creo que no es sano estar recordando constantemente las desgracias que nos pasan sino tratar de superarlas y disfrutar de esta vida, que es cortísima.
Lo que se aplica al cáncer se puede aplicar a la famosa ley de la Memoria Histórica, que me parece fatal. Pero no por que me parezca mal recordar las cosas que pasaron (para eso no hacen falta leyes) sino porque, en este momento, me parece absolutamente innecesaria. Y boba. Y torpe. Y creo que obedece a una estrategia estúpida propiciada por una absoluta falta de ideas: identificar al PP con el franquismo. Algo con lo que, gracias a Dios, y salvo por algún que otro elemento, no tiene nada que ver. Si usted me ha leido con atención –y creo que lo ha hecho- habrá notado que, en alguna parte, he escrito que la situación española actual obedece a la combinación letal de una de las generaciones más mediocres de políticos que los españoles hemos tenido que sufrir en muchos años, con la absoluta incapacidad de estos para resolver los auténticos problemas de la gente (esto es, el cómo llegar a fin de mes sin que la hipoteca te estrangule, el cómo encontrar un trabajo que dure más de dos meses, etc...). Debido a esta incapacidad, los políticos españoles se ven obligados, para justificar su sueldo, a charlar en el parlamento sobre cosas que no nos resuelven la vida ni a usted, ni a mí, ni a nuestros paisanos que se comen los mazapanes en España.
En cuanto a las víctimas del terrorismo, le reitero mi absoluto respeto por ellas (igual que el que siento por los enfermos de cáncer). Parte de mi familia es militar. De hecho, un familiar cercano estuvo destinado en el País Vasco en la siniestra temporada 80/81 durante la cual caía un miembro de los cuerpos de seguridad al día (sobre poco más o menos). Ahora bien: estoy en contra de que a estas personas no se les pueda decir lo que yo ya le he dicho: que la vida sigue y que los muertos no van a volver. Lamento que este pensamiento, que a mí me parece la clave de la supervivencia, le haya molestado, pero me parece que, al margen de cualquier posición política, los seres humanos estamos en esta tierra para disfrutar en lo posible de todas las cosas buenas que la vida tiene. Y no creo que sea hacer nada malo recordárselo a personas que lo están pasando mal.
Asimismo, le agradecería que me explicase en qué ha notado usted la mala intención al hablar de Loyola de Palacio. Una mujer que, personalmente, me parece un auténtico ejemplo de entereza y de valor ante la enfermedad y ante la vida. Si tengo una regla a la hora de escribir en este blog, y en la vida, es la de no decir nunca nada que no le hubiera dicho al interesado.
Le reitero de nuevo mi agradecimiento más sincero, no sólo por leerme sino por haberse tomado el trabajo de escribirme un comentario (en estos tiempos que corren poca gente se toma tiempo para escribir, con la meditación previa que eso supone). Me hará muy feliz contar con su amistad y, desde aquí, me pongo a su disposición para cualquier cosa que pueda usted necesitar de mí. Si algún día (que sea pronto) le apetece comunicarse conmigo, recibiré sus noticias con el mayor de los placeres.
3 comentarios:
Pues haces muy bien, yo también sigo esa corriente de tratar de llevar todo lo mejor posible y dejar de mirar las desgracias pasadas y vivir en el presente lo más alegremente posible.
Muchas gracias por tu comentario. Y hay que vivir el presente, di que sí. Por cierto, cómo me he reido con lo del doctor Jaus este. Y con lo de Chuck Norris. No podía con mi vida. Mú güeno :-)
Muchas gracias por tu comentario. Y hay que vivir el presente, di que sí. Por cierto, cómo me he reido con lo del doctor Jaus este. Y con lo de Chuck Norris. No podía con mi vida. Mú güeno :-)
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