La fiesta de Blas


12 de Diciembre.- Odio las navidades. Que quede claro. No sólo me ponen muy triste, sino que además atentan contra mis más elementales instintos estéticos. Me parecen la elevación de lo hortera a la categoría de cosa imprescindible. Y, si odio las navidades, aún odio más el momento en que se acaban, con todos los adornos polvorientos volviendo a las cajas, las luces retiradas, los suelos enguarrinados de champán reseco y dulzón. Tenía la esperanza de que aquí, en este país en el que las formas son tan importantes, el trago sería un poco menos vulgar, pero ayer asistí a la fiesta de mi empresa y la verdad: poco más o menos como en España: o sea, que esta mañana, la romería hacia la máquina del café ha sido un no parar.
La famosa fiesta se celebró en un bar detrás del Museums Quartier.
(Antes de seguir explico lo que es el MQ: un avispado alcalde de Viena –la mayoría de los alcaldes de esta ciudad lo han sido mucho- decidió salvar de la demolición las antiguas caballerizas del Hoffburg a base de convertirlas en un espacio museístico de primer orden que, para más inri, está en el arranque de Maria Hilfe Strasse. La solución combinaba las dos pasiones más austríacas: el amor por el arte –bueno, por el Arte- y el amor, tan propio de este país, por el beneficio comercial. Los hay que dicen por esto que los austríacos son tacaños (aunque yo lo que creo es que tienen terror a despilfarrar ni un céntimo) pero yo creo que lo que son es un pueblo muy práctico).
Punto y seguido y sigo con la fiesta: el bar era pequeñito, molón y estaba bastante escondido tras varios tramos de escaleras de hierro enroscadas a los edificios antiguos. Nuestras mesas estaban en un discreto reservado acristalado decorado para la ocasión con un enorme Adventkrantz (o sea, una corona de abeto en la cual se pinchan cuatro velas que se van prendiendo al ritmo que caen del calendario los cuatro domingos del Adviento). Sobre las mesas, en el puesto de cada comensal, sendos regalitos. Y, como en todas estas cosas, los iguales se sentaron con los iguales, los altos con los altos, los bajos con los bajos, los chicos con los chicos y los grandes con los grandes. Sólo alguna criatura trepadora (de la que no diremos el sexo para que no nos acusen de carpetovetónicos) se situó estratégicamente cerca de los jefes y les dedicó, citando a Estopa, un cierto número de esas “frases zalameras que parecen especiales”. Más carnaza: un compañero mío, polaco él, más bueno que el pan, se equivocó de evento y así le fue: Él pensaba que había acudido a una competición de ingestión de alcoholes y a la decimotercera cerveza (acompañada por varios vasos de vodka por en medio) sufrió un ligero desvanecimiento acompañado de la expulsión un tanto abrupta de toda la materia alimenticia que el angelito almacenaba en el estómago. Lo cual, dicho sea de paso, no se produjo en el salón donde comíamos, sino en el vestíbulo de los servicios (gracias a Dios) y provocó un auténtico problema logístico en los empleados del selecto establecimiento en el que estábamos. Aducían los dichos que ellos no eran empleados de ningún bar de Costa Polvoranca. Señalando el regalito, expresaban en alemán su más enérgico deseo de que la señora madre del angelito inconsciente acudiese desde la lejana Polonia a recoger la vomitona.
Este que escribe se despidió de la concurrencia a las 23,30 y enfiló (a temperaturas bajo cero) el camino de su cama. Poco he dormido, sin embargo, el vino me desvela.
Para no dejar que este post caiga en el saco roto de la información ociosa, termino con una recomendación cultural: en ese nido de tesoros que es la Biblioteca del Insituto Cervantes encontré el otro día el Curso Sobre el Quijote de Vladimir Nabokov, en la misma edición, por cierto, que yo tengo en España y que compré en un VIP´s por quinientas pesetillas. Literatura de la buena: una pluma ácida y directa, una adjetivación impecable. Un disfrute para todos los sentidos.
Espero que me ayude a olvidarme de que, otra vez, es navidad.

Foto: Vladimir Nabokov por Horst Tape

1 comentario:

Anónimo dijo...

...todo el mundo salía con unas cuantas copas de más.