
Memorias de un hombre de acción (miscelánea)
11 de Diciembre.- Puente de la Inmaculada (también aquí en la catoliquísima Austria) o, lo que es lo mísmo Maria enfängnis no confundir con Maria Gefängnis (María Prisión). El puente y sus incidencias han fomentado en mí las siguientes reflexiones:
a)Cuando yo era pequeño, y hacía teatro, allá por la mitad de los años noventa del siglo pasado, me explicaron que la madre del cordero del tema de la actuación eran las acciones. Que nosotros, embriones de actores, no debíamos pelear por un personaje de mucho diálogo, sino que, aún teniendo poco, quedaba mucho más resultón (dónde iba a parar) si uno lo rellenaba de acciones. Citaré para ilustrar esto el caso de una compañera, hoy documentalista en la vida civil, que era una maestra en robar escenas de la manera más simple. Tenía el don de saber cuándo estarse quieta y cuándo moverse para que el público se fijase en ella. Aprovechaba los pretextos más nimios para, manteniendo su personaje, realizar acciones que lo llenasen de brillo y de verdad. Algo de eso pensaba yo el sábado pasado, por la noche, en mitad de una fiesta a la que estaba invitado por una amiga finlandesa que celebraba que ya es Frau Doktor. La mitad de la concurrencia (o más) hablaba –y lo que es peor, gastaba bromas- en una especie de jerigonza conocida por dialecto de Carintia. Esta forma de comunicarse debe de ser al alemán lo que el cordobés cerrado al castellano. Suena abruptamente y, en mi opinión, de manera no muy hermosa. Por supuesto, para un recién llegado a este país de habla extraña, como soy yo, absolutamente incomprensible. En estas situaciones, uno adopta la posición estándar, esto es: pierna graciosamente cruzada sobre la otra pierna –cambiando de vez en cuando para no padecer calambres musculares innecesarios- sonrisa relajada y paciencia, mucha paciencia. Al cabo de media hora, uno se siente como lo que no es (o sea, el hombre invisible) y sus ojos, más que nada para tener algo que hacer, deambulan por las caras y los detalles de la habitación en que uno esté mientras su cerebro repasa la tabla del tres e intenta, al mismo tiempo, ampliar la lista de números primos. En resumen: uno no tiene calambres musculares, pero empieza a padecer calambres neuronales. Para remediarlo, busca acciones: o sea, cosas que hacer. En mi caso fue una tortilla de brócoli. Me corté un cachito y me lo fui comiendo despacio despacio, para tener algo que hacer que justificase mi presencia entre aquellas personas que, con la mayor despreocupación, hacían bromas en Carintio. Termino con este punto diciendo que las acciones definen la vida interior del personaje, y también tienen la misión de servir de indicador de que, en el fondo de esa persona que come tortilla de brócoli, hay vida inteligente.
b)Algo antes, el viernes, estuve con B. y con N. Pareja de español con austriaca. Los dos son absolutamente encantadores y me obsequiaron con sendas delicias gastronómicas: el español, con tostada de pan con tomate y jamoncete y la austríaca con unas manzanas rellenas de mazapán, ron y mermelada que provocaban un delicioso estado de inconsciencia (o sea, que quitaban er sentío). Nos reíamos N. y yo de que, cuando él era pequeño, al principio de su carrera universitaria en Madrid, había frecuentado él ese experimento Okupa que se llama El Laboratorio y que, una vez aceptada la enorme miopía de los integrantes de este movimiento (en su mayoría jóvenes de familia de clase media-media y media-alta respaldados por padres de riñón bien cubierto) había encontrado materia abundante de risión en aquellas asambleas en las que todo se votaba a mano alzada y se debatía como si llamar a un fontanero para arreglar un baño atascado (sic) fuese una gesta del mismo calibre que asaltar el Palacio de Invierno. Contaba asimismo N. que la referida conversación encontraba siempre algún tipo de ramificación imprevista que la conectase, por ejemplo, con el cuestionamiento de la sacrosanta unidad de las Españas. O que una visita al palacio de La Granja se convertía facilmente en un panfleto sobre la opresión consuetudinaria del proletariado. Y la reflexión que esto me suscitó fue: ay...Qué tiempos aquellos en que aún podíamos creer en cosas.
c)Por último, quisiera hacer mención a la maldad del ser humano. Hoy, en ese prodigio de pluralidad que se llama El Círculo a Primera Hora (presentado por Ely del Valle) la invitada matinal era Ana Botella (traje de terciopelo azul y esa mirada oriental que se le queda a las mujeres pasadas de cirugías estéticas). Frente a ella, unos temibles tertulianos procedentes de esos bastiones de las izquierdas que son El Mundo y La Razón. Preguntada Mrs. Bottle a propósito de su eventual candidatura a la alcaldía de Madrid en 2009, visiblemente halagada y con cara de miss recibiendo una corona que otras merecen mucho más que ella, ha dicho esto de...
-De aquí al 2009...Cualquiera sabe, ¿Sabe usted cuánto son en política tres años? ¿Eh? Una eternidad...Tres años.
A lo que el periodista de La Razón, malevolamente ha dicho por lo bajini:
-Y tres días...
Sic transit gloria mundi.
Foto: Flickr
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