Pedro contra el ciudadano Anónimo



28 de Diciembre.- Al hilo del comentario de mi amigo que tiene el mismo nombre que el autor del cantar de Mío Cid

-Anónimo, ese soy yo

pienso en Almodóvar, ¿Qué es lo que me gusta de él? Pues hay muchas cosas que sí y bastantes otras que no.
En la lista de las cosas que me gustan la principal es que Almodóvar te puede gustar, te puede no gustar, le puedes odiar incluso, pero ha construido un universo personal. O sea, que uno ve diez minutos de una película de Almodóvar y sabe que es de Almodóvar. También creo que es una persona que trabaja muy bien con lo inverosímil. O, diciéndolo como Umberto Eco: es una persona que domina las reglas de lo que puede decir y de lo que no puede decir en sus historias. Es el viejo ejemplo: si construimos un mundo en el que las reglas dicen que las princesas pueden quedarse fritas por pincharse en un dedo y que sólo pueden ser despertadas por un beso de amor verdadero, no podemos incluir a un personaje como Aznar –escojo al azar al personaje más plúmbeo que se me ocurre en este contexto-. La administración de lo inverosímil, como ya queda dicho aquí, resulta un ingrediente fundamental a la hora de juzgar la calidad de un artista. Pero, también, resulta un componente de difícil y delicadísimo manejo. Y Almodóvar a veces se pasa. Y cuando se pasa, pues le sale una película mala.

-Que son casi todas.

Que no, Anónimo, que no. Son: Kika, La flor de mi secreto –especialmente a causa de Juan Echanove, un ser con el que no puedo-,Tacones Lejanos, gran parte de Carne Trémula, quizá Matador, la aparición de Toni Cantó en Todo Sobre Mi Madre...Pero cuando Almodóvar administra bien lo inverosímil sale una obra maestra. Por ejemplo: Mujeres al Borde de un Ataque de Nervios. Que un personaje diga con acento andaluz que “el mundo árabe, Pepa, me ha tratao fatal” y que “se ha acostao con un terrorista chiíta” a mí, por lo menos, me hace reventar de risa. Que Antonio Banderas –en su única película como actor- decida secuestrar a Victoria Abril porque “está sólo en el mundo, tiene treinta y cinco mil pesetas en el banco y ella puede ser la madre de sus hijos” o la frase en que, mirando a cámara, espalda con espalda con Victoria Abril, en un primerísimo plano dice eso de: “¿Y si ahora me hago un pajote?”. Ningún director estándar, ni ningún guionista estándar hubiera hecho decir a ese personaje esa frase. Pero es perfecta. Cuadra de alguna misteriosa manera. Y eso es la Gracia de Dios. O la inspiración (lo que quiera que esa palabra signifique).

-Es una mediocridad sobrevalorada.

Quizá. Pero también hay quien dice que Alejandro Amenábar lo es (aunque yo no estoy entre ellos). Amenábar y Almodóvar son orgullos opuestos (aunque quizá no tanto como ellos piensan). Si Almodóvar es el exceso, Amenábar es la contención.

-Amenábar, este chico que no saca travestis en las películas, ¿Ve? Ya nos vamos entendiendo.

Pues no se crea, que Amenábar tiene también sus esqueletos guardados en el armario y sus secuencias olvidables. Destaca entre estas, por méritos propios, la de Penélope Cruz en “Abre los ojos” haciendo de Arlequín. Mare de Deu qué urticaria. O la voz de Najwa Nimri en “Abre los ojos” ordenándole a Noriega que haga lo propio. Y sin embargo, también tiene escenas y frases que le emparentan con el tronco más sólido de la mejor tradición de contar historias. La cara de Eduardo Noriega en Tesis cuando le pregunta a la heroina de la película “¿De qué color son mis ojos?”, por ejemplo. Amenábar consigue que Noriega –ese actor que es tan expresivo como una baldosa de corcho- te hiele la sangre. El guión de Tesis es una obra perfecta. El trabajo serio y eficiente de una mente frustrada y cruel. Una mente que también, no lo vamos a negar, es capaz de alcanzar serias cotas de ñoñez (ver varias secuencias de “Mar adentro”).

Dicen las lenguas de doble filo que Almodóvar y Amenábar se odian bastante –por todo lo que tienen en común bajo la superficie aparentemente distinta de sus obras- y que lo que más les separa es que las películas de Amenábar tengan tanto éxito en yankilandia (son del estilo de Hollywood porque han crecido a sus pechos, así que no es extraño). Parece ser que los dos tienen también una relación conflictiva con sus semejantes (de los dos he oído historias que le pondrían la carne de gallina a una dorada), pero los dos ilustran, entretienen y sirven de pretexto a posts como este...

-Eso.

¿Ve? Por una vez, estamos de acuerdo.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Hoy, aprovechando que los personajes se me rebelan y mis dedos no pueden contenerles, entraremos al trapo: ¡en garde!
Para entender mi opinión sobre el cine de Almodóvar primero debo explicar uno de mis pensamientos sobre mi país. España es una nación vacía, huera en contenido intelectual y enemiga de la reflexión y la autocrítica. Huelga decir, por eso, que excluyo a Madariaga, Pla y Marañón del dictamen. Al ser conscientes de semejantes carencias y a la vez envidiar a otras naciones que sí las poseen, los españoles necesitan llenar esa caja con algo. Las urgencias nunca son buenas consejeras y más cuando se trata de montar el armazón para sustentar algo tan importante como es el peso cultural de un pueblo. Los españoles están acomplejados por naturaleza ante el resto del mundo. A pesar de que las prisas sólo sirven para los delincuentes y los malos toreros, los españoles las utilizamos como una especie de compra compulsiva para tener algo que mostrar a los demás: «si otros tienen a Tarantino, ¿por qué no puedo tener yo algo parecido?». En lugar de ser pacientes y esperar la llegada del talento hecho carne, alabamos al oportunista que se sabe vender o al que hace de la chamba su evangelio particular. Los españoles no son proclives a la planificación, al pensamiento a medio plazo — ni menciono el largo plazo—, al sembrar para recoger o al reflexiono antes de actuar. Por ese motivo, debemos acudir a la tienda «de todo a cien cultural» para tener algún cachivache que nos permita mostrarnos orgullosos. ¿Cela Nobel de Literatura?, ¿Almodóvar buen director de cine?, ¿la selección de fútbol, la furia española?...suma y sigue. Nuestros grandes logros en todos los campos siempre se deben a la casualidad, y luego, fieles a nuestra idiosincrasia, malgastaremos los beneficios o viviremos a costa de ellos de por vida. El cine de Almodóvar adolece de una espantosa falta de originalidad; es chusco y chabacano; muestra una España ridícula y extrema; y utiliza recursos simplistas para provocar carcajadas: «En esa moto sólo sube mi coño». La reiteración de sus personajes — travestis, putas, paletos, etc.— me recuerdan los discos de Kraftwerk: nunca sabías si el LP tenía varias canciones o sólo una. Almodóvar es el producto de esa España nueva rica que siempre llega tarde a donde nunca pasa nada y encima pretende dar lecciones. ¿Por qué en España siempre basculamos entre Torrente o Almodóvar?, ¿no existe nada intermedio? Hace ya varios años que adquirí la sana costumbre de no ver películas españolas; ¿para qué?, siempre es lo mismo: León de Aranoa con sus barrios marginales, sus putas, sus parados y su existencialismo de corrala; Isabel Coixet , que será directora póstuma, ya que la gente no está preparada para comprender sus egregias obras; Trueba, que, al igual que sus ojos, mira a todos los lados pero no ve nada; Amenabar, plúmbeo y soporífero hasta la extenuación. Éste, sin embargo, acabará especializado en realizar refritos. «Los otros» era un tostón, en versión baratillo y familiar, de «El sexto sentido». Para semejante viaje no se necesitan alforjas tan pesadas. Prefiero a Paco Mtez. Soria y a Berlanga. Asimismo, el cine español tiene un gran problema que frena a los auténticos talentos: las subvenciones, que se otorgan en función del amigo de turno, la militancia política y de las que nadie después hace un seguimiento. Cuando vi «Volver», por imperativo legal y un cierto morbo por contemplar las reacciones de los austriacos en el cine, me sentí abochornado. En cuanto a los actores lo mejor es mirar para otro lado y taparse la nariz. Antonio Banderas, el que iba a ser el sucesor de Valentino; Penélope Cruz, la eterna puta hispana en los papeles que medra con el viejo truco: de cama en cama; Rossi de Parma, el cubismo hecho carne y tan estúpida como mala actríz; Carmen Maura, sin palabras; sin palabras elogiosas; Chus Lampreabe, que ya no actúa, se muestra tal y como es; Toni Cantó, un actor que desbancó a Stallone y Victor Mature del pedestal de la interpretación tipo cara de palo.
¡Cómo echo de menos los Estudio 1 de R.T.V.E.! Todavía recuerdo la versión de «Doce hombres sin piedad» de Gustavo Pérez Puig: Bódalo, Alexandre, Merlo, Casal, Rodero, Delgado, etc. ¡Menudo elenco! En ese momento, aun siendo un niño, comprendí que estaba viendo algo que marcaría un antes y un después en mi educación. Pero eran otros tiempos, y el que valía, valía, y él que no para Filosofía y Letras: no había subvenciones.
En fin, cuestión de gustos y opiniones. Las primeras películas de Almodóvar son polvo, y claro, de esos polvos llegaron estos lodos; cinematográficos, claro está.
Saludos.

APOSTILLA: Aquarius, by Raphael, es uno de mis momentos estelares. Como hago siempre que le veo, me reí; pero después sentí pena al pensar en sus hijos y en que éstos deberían acudir al colegio al día siguiente. ¡Joder!, para según qué cosas, antes prefiero ser pianista de burdel, que decía mi abuela.

Anónimo dijo...

parece que tienes un poco de resentimiento de españa no se si seras de aqui pero si es asi que te vAYA BIEN POR ESOS MUNDOS GUAPO

Paco Bernal dijo...

No creo que, a pesar de que no seamos precísamente un dechado de virtudes, los españoles seamos peores que otros países. De hecho, una de las cosas que más me sorprendió de Austria es que, si uno se sienta y deja hablar a los aborígenes, escuchará, con toda probabilidad, las mismas críticas que los españoles hacemos a nuestro sitio en en el planeta Tierra. O sea, que si somos el culo del mundo, que si vaya atraso, que si yo no quiero vivir aquí porque es un rollo...Para muestra: un botón: visitaba yo con un amigo la abadía de Melk y, como la criatura no habla la lengua vernácula, pues le contraté una visita guiada en español (en un español muy curioso, por cierto, pero bueno). La guía era una chica faldilarga con pinta de pertenecer a algún movimiento catecumenal. Juntaba mucho las manos en actitud orante y echaba a un lado la cabeza como ciertos cromos de la virgen. La guía, se acercó a mi amigo y a mí (J. se llama él) y, mientras esperábamos a los demás turistas, nos preguntó por nuestra vida. "Pues mira, J. es de España y yo me he venido a vivir aquí". La respuesta de ella vale por mil imágenes:
-¿Voluntariamente?
Ningún austríaco puede concebir cómo viviendo en ese superpaís que es España y que mola tanto, alguien haya querido venirse a este sitio que, en comparación, es un coñazo con menos movimiento que la cripta dónde están enterrados todos los káisers. Y es que, mi querido amigo, nunca nos gusta lo que tenemos. Nuestra vida aquí es exótica todos los días, aunque sólo sea porque tenemos que explicarle a la gente lo que es un polvorón. Y claro, por supuesto, para ellos España es un parque temático que tiene abierto las veinticuatro horas.
En cuanto a la decisión de no ver películas españolas, me parece mal. Porque te pierdes cosas. Por ejemplo, a mí "Familia" de León de Aranoa, me parece muy buena (aunque no pueda con Princesas por las mismas razones que tú más o menos). Y "Tesis" me parece fenomenal. Y "La niña de tus ojos" me parece divertidísima y me ha consolado mucho durante mis primeros meses aquí. Por poner algunos ejemplos. Es todo una cuestión de porcentaje. En Estados Unidos se hacen miles de películas todos los años y nosotros sólo vemos un pequeño porcentaje que se considera exportable. En España se ruedan muy pocas películas, así que, de vez en cuando, hay dos o tres que no están mal. Por cierto, "Te doy mis ojos" me parece una película muy buena, también. Muy digna. Y quien quiera aprender a contar una historia debe de ver "Amantes" de Vicente Aranda (aunque, también es cierto, Aranda no ha hecho ninguna película buena menos esta).
En cuanto a Cela...Pues escribió La Colmena, Pabellón de Reposo y Pascual Duarte (no necesariamente en ese orden) y luego se sentó a morirse en una silla prestigiosa.
En algo sí que estamos de acuerdo: en lo de la selección nacional.
Aunque, para esto, también hay argumento en contra: cuando yo trabajaba en la tele, un hombre muy sabio, sudamericano (Condorcet) decía que España es ese país en el que todos sus habitantes piensan tres cosas de sí mismos: que pueden ser el mejor presidente del gobierno, el mejor seleccionador de fútbol y el mejor director de Televisión Española.
Algo de verdad hay, creo yo.