Salvemos Telemadrid
6 de Diciembre.- Ayer hubo una huelga en Telemadrid. Los trabajadores denunciaban a) el progresivo deterioro de la situación del canal y b) la manipulación informativa en una televisión que pagan todos los madrileños con euretes de sus impuestos.
Vuelvo a incluir en esta sección la recomendación de la web www.salvemostelemadrid.es. En donde se dan ejemplos auténticos, del día a día, de lo que pasa en esa casa cuya dirección aspira a que los madrileños se enteren de que la Comunidad Autónoma es un oásis en medio de un país quebrado en todos los sentidos, con una situación económica insostenible y unos problemas como nunca los ha habido. Que en Telemadrid se ocultan y se manipulan las informaciones ya no asusta a nadie, que se hace una programación para señoras del Barrio de Salamanca es una cosa que está al alcance de todo el que tenga dos ojos. Que lo que fue una televisión joven, dinámica, y con un estilo propio, se está convirtiendo en la Real Academia de la Caspa. Pongo dos ejemplos: el Alto y Claro de Curry Valenzuela. Programa a propósito del cual no es necesario extenderse, porque sobran los comentarios. Todos los días, y de manera absolutamente gratuita (bueno, gratuita no, porque tiene un interés) Curry Valenzuela y sus tertulianos-ver Fobias de ayer- vituperan y, en muchos casos, difaman, no sólo al gobierno de la nación –al que insisten en llamar “el gobierno de Zapatero”- sino a todos aquellas personas que, de alguna manera, tienen algo que ver con él.
Naturalmente, no es un caso aislado: los informativos de Telemadrid son una máquina de propaganda sólo igualada por Federico Jimenez Losantos, mezclan información y opinión de la manera más burda. Los presentadores (estoy pensando en particular en uno con el pelo canoso) introducen comentarios personales en las noticias. Se ocultan informaciones (por ejemplo, la vinculación de familiares de Esperanza Aguirre con tramas urbanísticas) se falsean datos (los del paro, por ejemplo), se silencia otras opiniones que no sean las del PP, todo para crear un discurso único, monolítico, dominante, absolutamente carente de matices. Con el dinero de todos los ciudadanos.
Mi amigo M., que es un poco como el Paco Martínez Soria de Don Erre que Erre, llama insistentemente a las instalaciones de Telemadrid para protestar –y con muchísima razón- por el seguimiento absolutamente abusivo y machacón de actos como la visita del Papa a Valencia –reportajes con fieles en trance de haberse fumado un tampax incluidos-, de la procesión de la Almudena, y de otros actos como por ejemplo, y tratándose de estas fechas, la Vigilia de la Inmaculada para toda la familia (M. Y yo nos reimos enormemente con este acto de tan hondra raigambre).
Pero es que esta política hace que incluso los reporteros de Telemadrid caigan muchas veces en el más absoluto de los ridículos cuando intentan seguir las consignas recibidas. Recuerdo que, con motivo de la agonía de Juan Pablo dos palitos (q.e.p.d.) una reportera de TM3 dispuesta a captar los fervorosos votos que se hacían por la mejora de la salud del Pontífice, se acercó por la Almudena. Hay que comentar dos hechos: uno que, como todo el mundo sabe, las cercanías de la Almudena son el botellonódromo oficial de los niños de Colegio Mayor y dos, que la Iglesia insiste en toda su estrategia de comunicación en que es una actividad orientada a los jóvenes. Todo el mundo sabe que las iglesias en España están vacías, que la progresiva desertización de las bases de la Iglesia es alarmante, que no hay vocaciones, pero ese es un tema que, si tengo ganas, trataré en otro post. A lo que yo iba: se acercó la arrobada reportera a unos jóvenes de camisas lacoste que posaron obedientes frente a un matorral detrás del cual se veían los restos alcohólicos de su actividad. Cuando el presentador del informativo les dio paso desde plató, la periodista les dio la señal a los cinco o seis chicos que estaban en cuadro para que informasen a los televidentes de que se habían acercado a la explanada de La Almudena a rezar por la salud del pontífice (¡). Mientras la locutora decía aquello de “varios cientos de personas se han acercado a blablablá” el cámara no abría el plano ni para atrás y mostraba sólo a aquellos jóvenes contra el matorral, medio meándose a medias por la risa y a medias por el alcohol que habían procesado sus riñones y que quería salir de su cuerpo.
Y si los informativos son para echarle hilo a la cometa, ¿Qué decir de los programas? Destaca singularmente por su idiotez, por su mojigatería, por su tratamiento auténticamente plasta y su nula calidad técnica el programa, presentado por Marta Robles y Carlos García Calvo, “A la última”. Resultan particularmente bochornosas las entradillas en que estos dos dialogan de manera pretendidamente espontánea ensartando en una conversación chirriante, iluminados como en un quirófano y encuadrados como con una cámara casera, frases célebres de almanaque, de esas que decía Oscar Wilde.
¿Quién está ganando dinero con eso?
No se sabe: lo que sí se sabe es quién pierde con ello: los ciudadanos de Madrid y su provincia.