Como el agua


30 de Noviembre.- Leo por aquí y por allá que se ha puesto de moda un anuncio de Bruce Lee en que anima a los conductores de cierta marca de coche a ser como el agua. Mas no como la que cantaba Camarón (límpia va el agua del río, como la estrella de la mañana, limpio va el cariño mío, del manantial de tu fuente clara) sino adaptable a los acontecimientos cambiantes de la vida. Me dispongo a ello: tenía yo preparado ya un post a propósito de lo variopinto que es el sentido del humor (a cuenta de un sketch del homozapping a propósito de ETA) pero hete aquí que en mitad de su redacción, aparece una compañera y nos comenta cariacontecida que han despedido a 12 personas de la empresa. Como por este cuerpo ya ha pasado todo lo que ha tenido que pasar (incluyendo los cascos caballares de un ERE, carga policial incluida) pues yo, la verdad, acojo la noticia con el lógico sentimiento, pero sin ningún tipo de escándalo. Antes bien, anoto que el sábado tengo que comprar el periódico para ver qué se cuece en este país laboralmente hablando. Porque, como decía Marlene Dietrich:
-Nunca se sabe, dijo la viuda poniéndose las bragas de encaje negro...
Lo cierto es que, como la otra vez en que sufrí un proceso de adelgazamiento empresarial, parecece ser que los jefes han decidido poner a dieta a la compañía a base de echar a la calle a) a los de salario mayor y b) a aquellos con los que tenían alguna que otra cuenta personal. Mi experiencia me indica que, en estos casos, la humanidad en su conjunto (que es mala y torticera, no olvidemos) adopta para el acto de despedir la misma lógica que llevaba a quemar por brujas a las ancianas solitarias que vivían en las afueras de la aldea y no salían mucho de casa. Y si tenían un gato, pues peor: porque significaba que consumaban con él el acto sexual e incluso había almas caritativas que, preguntadas, juraban y perjuraban que el animalito olía a azufre.
De momento, la Sociedad –así se la conoce pomposamente en sus condiciones generales- ha decidido establecerse en Malta y cepillarse a un 25 % de su plantilla. Nos acercamos a las navidades (fiestas peligrosas porque, al mismo tiempo que se desinhibe uno bebiendo champán, también tiene la oportunidad de ver las cuentas anuales) y todo indica que deberemos afrontar las fiestas con el ánimo de quien tiene que ahorrar ante la incertidumbre del mañana.
Para terminar hoy, me gustaría relatar un descubrimiento sumamente hilarante y lleno de posibilidades:
El periódito gratuito 20 minutos (http://www.20minutos.es/) cuenta en su espacio virtual con un blog absolutamente descacharrante y lleno de cultura de la buena (o sea, la que sin renunciar al rigor, se abalanza sobre la realidad de la calle y la devora). Se llama boppop. He pasado un rato completamente delicioso leyendo las ocurrencias de este señor que no deja títere con cabeza ni piedra sin remover.
Guonderful (y balsámico)
Por cierto, y no menos hilarante, la sección de documentos de la página www.salvemostelemadrid.es.
(para no dar crédito)

Alegrarse bajo


29 de Noviembre.- Si dice el refrán que donde hay pelo hay alegría, también es verdad que allí donde algo es gratis la gente (aquí y allí) se dan de tortas. Ayer estuve con mi amigo O. Tomándonos unos ponches en un local hipermegaultraglamuroso que se llama Kunsthalle. Es un paralelepípedo de cristal que sirve a la vez como café (a medio camino entre el mundo ikea y el chic nórdico) y como sala de exposiciones. Pues bien: el dueño de la Kunsthalle, que aspira, por lo que yo he oido, a monopolizar los cafeses modernos, daba Punsch gratis (una especie de mezcla tumbadora de alcohol y zumo de naranja con terrones de azúcar flambeados) y castañas asadas y aquello era un hervidero de jóvenes y jóvenas en flor universitaria y de alcohólicos que se relamían ante la perspectiva de la droga gratis. Mediado el reparto de líquidos inflamables, el dueño de la Kunsthalle sacó un atril bien mono y se acodó en él, con la misma pinta que un alcaldable de Nueva York a la hora de hacer un speech. Habló del arte y de la comunicación que se establecía entre la caja de cristal de su propiedad y el proceloso mundo exterior. Nada nuevo. Nada del otro mundo. Pero a él le apetecía, y para asegurarse un público agradecido y poco exigente, no dudó en proporcionar alcohol gratis.
Hoy por la mañana, he venido en el tranvía con un grupo de párvulos que iban de excursión acompañados por una maestra que tenía pinta de estar en pleno proceso de divorcio. Una mujer muy triste. Pero a eso no quiero ir: como mi infancia no son precisamente recuerdos de un patio de Sevilla en donde madura un limonero, tengo especial cariño por los niños. Me gusta observarlos y como mi abuela, que tenía una compasión muy honda por los militares (vaya usted a saber por qué) yo no puedo ver un niño sin que se me haga cierto nudo en la garganta. Quizá recordando el niño que fui. Me he fijado, como siempre hago, en que los niños son maquetas de las personas mayores que serán. Como no han aprendido aún la ciencia adulta del disimulo, se muestran tal y como son. Y los hay líderes, simpáticos, tocados por una luz especial. Y los hay oscuros y serios. Hay niños que te miran y se abre en ti un abismo. Hay niños que están predestinados a la felicidad, y niños que no la conocerán nunca. Los psicólogos hablan de que todos tenemos una especie de estilo personal, incluso hablan de la capacidad de disfrutar de la vida cuya diferente graduación, dependiendo de las personas, es el auténtico factor que nos separa de los otros. Todo eso está ya presente, con escalofriante crudeza, en los niños. En el grupo. En los que miran y en los que aman ser mirados. En los que ríen y en los que observan cómo otros se ríen como si estuvieran en el zoo delante de la jaula de algún animal exótico e inaccesible.
Quisiera terminar con una anécdota.
Uno de los niños: brillante, gracioso, que poseía el arte de entretener a sus compañeros, ha visto algo atractivo por las ventanas del tranvía y ha empezado a llamar a los otros para compartir con ellos su descubrimiento.
La profesora le ha llamado la atención y el niño ha contestado, muy sorprendido, que había visto algo interesante y se había alegrado. Tras una pequeña pausa, la profesora le ha mirado desde el fondo de sus gafas y le ha dicho:
-También puede uno alegrarse más bajo.
Esa es la filosofía de este país.

Foto flickr.com

Ministerios de Propaganda


27 de Noviembre.- Un paso más. Los dos principales partidos se tiran a la cabeza sendos videos que se hacen circular por internet. Digo un paso más porque la sociedad española, cuya cabeza visible son los políticos, se está descomponiendo a ojos vista. O mejor, y más desesperanzador: se está realineando peligrosamente. A principios del verano hablaba yo en Segorbe, en el curso de una mesa redonda sobre “Nacionalismo y política” (peliagudo tema) de la “Tomatización” de la política nacional. Lancé allí la siguiente idea que los demás ponentes (en su mayoría más o menos afectos a algún partido nacionalista) dudaban si tomar en serio. Decía yo que, ante la incapacidad manifiesta de los políticos españoles para mejorar los problemas reales de la gente (léase: cómo llegar a fin de mes sin que te estrangule la hipoteca) los políticos habían optado por hacer ruido, echando gasolina en todos los fuegos. Cada uno por su lado, los de Mariano agitando el brazo incorrupto del terrorismo etarra, severo trauma nacional que siempre produce abundantes réditos electorales. Los otros, agitando la bandera del franquismo y su leyenda en blanco y negro. Y si uno sale en un medio afecto diciendo equis, el de enfrente saldrá en otro medio afecto (y no menos sordo que el anterior) diciendo y. Disputas promocionales dignas de un Dolce Vita. Sólo que el problema radica en que el DV lo están haciendo con el país, y las disputas son cada vez más enconadas y las tonterías cada vez más serias, y las macarradas de uno y otro lado más profundas. Las voces moderadas perecen en un contínuo gallinero que se parece cada vez más a un agit-prop que recuerda a tiempos anteriores de pólvora y sangre.
Me confirman esta impresión general dos visitantes españoles de mi amigo C.; hablamos de política con cansancio y, aparte de hacer bromas sobre lo agradable que es vivir en un país que no sabe que existe una persona que se llama Eduardo Zaplana, no dejamos de reconocer que en España las circunstancias se están volviendo especialmente peligrosas y que los políticos no cesan de caminar inconscientemente por el borde mismo del embudo.
Resulta curioso comprobar como se pueden trazar líneas paralelas entre los fenómenos a gran escala y las cosas que pasan en las vidas de gente que tengo cerca (por lo menos afectivamente). Desde que el día 11 de Marzo volaron unos cuantos trenes nada ha vuelto a ser lo mismo. Al principio, de una manera imperceptible, pero hoy es una realidad palpable. Una grieta se ha abierto y un clima propicio se ha cerrado. Y ciertamente da un poco de lástima. Estas últimas palabras están dirigidas a unas personas que espero que las entiendan y que intenten poner remedio. Si es que aún lo hay.
El que tenga oidos para oir, que oiga.
(Me he dado cuenta de que, salvando las distancias, me voy pareciendo cada vez más a Peñafiel)
Foto: Lucien Freud, Unusual people


Color Esperanza

22 de Noviembre.- Aparece en la prensa una de esas noticias que te alegran el día.
Si ayer hablábamos de las tendencias que los analistas de diarios nocturnos ven en cada encuesta que parece darle al PP un respirín, hoy vemos que La Esfera de los Libros publica un libro a la mayor gloria de Esperanza Aguirre, esa mujer que no sabía quién era Santiago Segura o que preguntaba por la filiación de Sara Mago. Paso de largo sobre la afirmación de Aguirre de que con el millón y medio largo de pesetas que gana al mes “no le llega”. Primero y principal, porque si hablamos de necesidades, Esperanza Aguirre no necesitaría trabajar. El solar familiar y los diferentes pelotazos urbanísticos (AVE) ya le tienen el riñón bien cubierto. A veces, en la política, se dan estos contrasentidos: como el de repartirle a Ana Botella el papel de concejala de asuntos sociales y servicios al ciudadano. A ella: que piensa por sus convicciones religiosas que la mitad de las personas a las que debería de servir están ahí porque se lo merecen por pecadores.
En fin.
Pero lo que más me ha alegrado la mañana es que, debajo de la sonrisa beatífica y los ojillos picarones de Aguirre se esconde una ambición. Cuál sea el límite de esa ambición no queda nada claro, pero lo que a EA le parece meridiano es que uno de los obstáculos que tiene que saltar es Alberto Ruíz Gallardón. Un hombre peligrosamente popular y, por lo tanto, sospechoso en estos tiempos en que el PP debe aparentar que es una piña alrededor de un Mariano Rajoy que tiene las duquitas morás, como cantaba la flamenca. Los populares sueñan con alquien que les devuelva al centro, y las dos caras exitosas de la noticia son Aguirre y Gallardón. Pero, por desgracia, los dos representan dos ramas absolutamente diferentes y no estoy seguro si muy compatibles. De todas maneras, por las citas que se han podido leer, queda claro que Aguirre (también llamada La Cólera de Dios) aprendió en el colegio de monjas a decir picardías sin que la profesora se diera cuenta, y a dar pellizquines retorcidos sin que se le despeinara la sonrisa. Todo divertidísimo, la verdad. El libro tiene el morbo asegurado, porque Gallardón –en buena lógica- se ha negado a ser parte del cortejo de la protagonista en el acto de presentación (no me extraña, encima de pilingui pon el catre) pero lo que a uno no le queda demasiado claro es por qué La Cólera de Dios ha cedido, tras tantos años de batalla soterrada y pellizcos de monja, a decir lo que piensa de Gallardón.
Los sectores más oscuros del PP, los que quieren hostigamiento incesante, víctimas del terrorismo y pistolas etarras, no pueden ver a un Gallardón que representa una política de autopistas monstruo y actos culturales. Tienen que ser curiosas las reuniones de maitines en esa calle Génova, de un lado de la mesa, Gallardón y del otro, Gomina Furiosa y Rayos UVA calcinadores.
Y en medio, Alvarez Cascos recién llegado de pescar un salmón.

Tendencias


21 de Noviembre.- Ayer, entrada la noche (madrugada aquí) sintociné Diario de la Noche, para comprobar que los partidarios de Rajoy y su alternativa de gobierno tenían alegres las pajarillas por la última encuesta del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas). Ese instituto tan ameno que, cada cierto tiempo, les ahorra trabajo a los periodistas dejándoles el titular hecho. En este caso, el último dato del CIS decía que el PP ha recortado distancias con el PSOE, a pesar de que el pobre Mariano (decíamos no hace mucho) sigue siendo el líder peor valorado. En la curiosa –e interesada- moda de mezclar información con opinión, el sufrido presentador de este noticiario le preguntaba a los tertulianos de guardia qué les parecía este dato (el del recorte, que el de la valoración no interesaba para sus fines). Los tertulianos de guardia, cual profetas bíblicos, insistían en que lo importante no era el dato, sino que marcaba una tendencia. O sea, que indicaba el camino que seguirían las hipotéticas informaciones del futuro. Según su interpretación, que siempre es la misma, tras una debacle absoluta que produciría una versión mini del Apocalipsis –batalla de las huestes de Mariano contra las fuerzas del mal incluida- llegaría un caballero blanco que, como Gandalf el Gris, reorientaría las fuerzas de la patria hacia el paradisíaco universo de la neoliberalidad.
Obviamente, en el informativo –el más desvergonzadamente parcial de la televisión española- no se hacía ni media mención al escandaloso vídeo en el que el PP pregonaba que España es un país cada día más inseguro utilizando amedrentadoras imágenes directamente facturadas desde sus tiempos en el gobierno o desde la misma Medellín (Colombia). Sí que se hablaba, en cambio, de las famosas pistolas que ETA robó de un almacén francés –no es por ser frívolo, otros hablarán de la importancia de este asunto, pero hay que ver qué mal pronuncia el francés el locutor de Telemadrid- y de los presuntos escándalos urbanísticos patrocinados por el gobierno socialista (como si cuando el PP enladrilló el país no hubiera habido convolutos y trincaciones varias).
En fin, datos, noticias. En definitiva, tendencias.

Foto: Lucien Freud, Reflections

El sonido de la música

21 de Noviembre.- Sigo disfrutando con “The Sound of music”(“Sonrisas y lágrimas” en español). Una película que grabé –lo recuerdo bien- de pura casualidad en un ciclo de la 2 en una hora intempestiva. El ciclo se llamaba “El musical americano” y debió ser como alrededor del año noventa. La VHS todavía está en mi casa, y está tan gastada que hubo que ponerle celo en las tapas de plástico porque se caían. Recuerdo especialmente aquel verano porque mi hermano y yo vimos la película tantas veces que nos sabemos las canciones de memoria y han pasado a ser parte de ese nivel profundo de coñas que los dos compartimos.
Pero es que, además, SyL puede llegar a ser también un placer adulto. Sólo cuando eres mayor y has visto mucho cine te das cuenta de la enorme calidad que hay en la película. De la cantidad enorme de pequeños detalles que el director, el guionista y los actores han incorporado a una trama absolutamente banal para darle cierta profundidad. Empezando por el gran mérito de la película, Julie Andrews. Una actriz muy completa e injustamente valorada que, años después, ha demostrado que es algo más que una soprano empalagosa. Ya en SyL le da a su personaje una profundidad que no está en los diálogos y un sentido muy ácido de autorionía que la arrancan de la virginidad blanca de todo el filme sin que los espectadores menos avisados se den cuenta.
Si volvéis a ver “The sound of music” fijaos con atención en un par de secuencias mudas en las que Julie Andrews brilla con luz propia. En las que se ve que, ante todo, Andrews es una actriz de teatro que es capaz de rellenar el subtexto de una escena con una mirada, con la actitud el cuerpo. Mantiene el personaje y le da una amplia gama de emociones. Por ejemplo, en la escena en la que nos damos cuenta de que está enamorada del capitán Von Trapp. Es una escena exquisita. La música entra desde lejos, traida desde un salón de baile cercano. Está rodada con una enorme economía de medios. En plano general. Sólo hay dos o tres momentos en que hay primeros planos de Julie Andrews. Unos primeros planos que culminan en una larga pausa en la que Andrews mira a los ojos de Plummer –en realidad, si uno se fija se ve que no le mira a los ojos sino a algún lugar en el puente de la nariz- y ya sabemos, tras esa larga pausa, que Julie Andrews está en el bote. Que se ha enamorado del capitán con todo el equipo. La película se desinfla un tanto a partir de que la tensión sexual se resuelve (pasa siemrpe) y no hay quien se crea a Julie Andrews señora de la casa, porque lo que movía el grueso de la película era el cuento de cenicienta, habilidosamente versionado en los dos tercios anteriores.
La película sigue transmitiendo la misma alegría de vivir que en los sesenta, la misma gracia sensata de antes. Y, si no fuera porque los niños son demasiado inocentes para lo que hoy se estila, podría decirse que la película se hizo antes de ayer por la tarde.
Los austríacos no le tienen especial aprecio a la película (porque alguien de fuera hizo la mejor película existente sobre Austria) pero un extranjero como yo sí que se da cuenta de que Austria está en esa película en muchos detalles. En todos, menos en el vestuario. Sólo de vez en cuando en los trajes de los niños se ve la manera auténtica de vestir de los austríacos: un pueblo pobre, en un clima inhóspito. Muy austeros.
Eso no se ve en la película. El capitán viste un traje gris de franela de Hollywood (nada de los elegantes lodens austriacos) y de Julie Andrews...Qué decir.
Hablando de niños y de inocencia. Copio de un titular de la web de Gran Hermano que, por motivos profesionales tengo que leer:

¿Ha masturbado Dani Rubio a Laura delante de sus compañeros?

Alucina. Vecina.

No copio el textillo siguiente en el que se explica la hazaña porque es absolutamente... Conmovedor.
Disfruta del silencio


20 de Noviembre.- Compruebo alarmado que los periodistas, como buenos hombres de letras, no saben contar (aunque deberían).
En una web que visito con cierta asiduidad (uno de esos periódicos digitales que tanto contribuyen al agit-prop reinante) dicen que desde la muerte de cierto personaje histórico que murió en 1975 han pasado ¡32 años! En fin...Uno, que fue contemporáneo, por poco, de este difunto, sólo ha cumplido 31. El lapsus ha sido lo único que ha llamado la atención de este aniversario particular. Esto y que haya sido la única noticia que se ha podido leer al respecto. Y es que el recuerdo del anciano general ya no suscita ninguna adhesión salvo en aquellos pocos que le conocieron (por ejemplo, el simpar Utrera Molina, ministro del único Movimiento que aspiraba a permanecer eternamente inmóvil y suegro de Ruíz Gallardón, si yo no me equivoco). Este señor resultaba bastante cómico en la serie La Transición de Victoria Prego porque cada vez que le sacaban retrataba a Franco como él estaba seguro que había sido: un centinela de occidente con un poco de voz de pito, pero centinela al fin y al cabo. Encarnación de todas las Esencias Patrias. Todas sus anécdotas empezaban igual. “Y entonces, el Caudillo, me llevó aparte y me dijo: Utrera...”, etcétera. Incluso cuando el pobre Caudillo estaba hecho unos zorros, con Parkinson, Flevitis y un largo etcétera médico, en la memoria de Molina improvisaba unos discursos en los que el temblor y las décadas no se le notaban nada. Igual igual que en la película de Mercero “Espérame en el cielo”. Pero el pobre Utrera ya no es más que un señor un poco apolillado que vive entre sus recuerdos de batallas de cartón piedra, imperios que tendían a Dios y al infinito y retórica florida para engañar al tedio. España, gracias a Dios, ya no recuerda al viejo que la tuvo sujeta durante cuarenta años en uno de los reinados más mediocres que se recuerdan en la historia. Un reinado en el que se hizo de la grisura y la mediocridad una bandera. “Tú, hijo mío, no te signifiques” era su lema.
Un espeso manto de silencio ha caido sobre el anciano y su memoria. Para bien, por supuesto, pero también para mal. Porque los pueblos que olvidan su historia (o no aprenden de ella) están condenados a que vuelva en el río del tiempo. Con otro nombre, con otros medios, pero más o menos igual...
Teléfono de emergencias


17 de Noviembre.- Tras pasearme por las vidas y milagros de los Danieles, las Lorenas, los Kiranes y demás gentecilla, no puedo con mi vida. Necesito desintoxicarme. Y lo malo no son ellos y sus vidas (que, al fin y al cabo, perfecto derecho tienen de buscarse las habichuelas vendiendo su talento) lo malo son los foros. He tenido que leerme cienes y cienes de mensajes scrts d sta frma x opinr d ls insnsat@s que están encerrados en las casas y las academias. Lo más bonito que les han llamado a ellas es GUARRAAAAAAA y lo más caritativo para con ellos ha sido MARIKN. Que uno ya ni sabe cómo se escribe. Qué empacho. Por cierto y hablando de maricns, resulta que hay una criatura que lanza gorgoritos que, por lo visto, es hijo de churrera (Churrero debe de ser una de las profesiones más españolas que existen) y al que quieren sacar a leches del armario –si el pobre no ha salido, por algo será-; P. –del que, por cierto, hace días que no tengo noticias- me dio mucho la chapa con aquello de la bondad humana y la capacidad de la humanidad para progresar. Pues le daría yo que se leyese lo que la gente, amparada en el anonimato, escribe.
Como para creer en el prójimo.

Tristes destinos

16 de Noviembre.- Mientras desayuno pan con mantequilla y mermelada veo en la tele catalana que, el presentador que vale pa tó en esa santa casa, entrevista a Mariano Rajoy.
Como el presentador sabe que juega en casa, juega a una cosa que, definitivamente, no sabe hacer: el poli malo. Por el tono y las largas pausas que el presentador deja después de cada pregunta, se diría que se trata de un policía entrevistando a un sospechoso de un crimen depravado y aún impune. Mariano Rajoy se defiende como puede y, la mayor parte de las veces, sale airoso.
Mariano es un buen cristiano y está acostumbrado a lidiar con cosas que no se pueden explicar con palabras y para las que hay que acudir a la fe de nuestros mayores. Porque es que Mariano que, por cierto, me cae muy bien por lo que luego diré, es un señor que se ve contra las cuerdas a la hora de explicar que a él le encantan las autonomías, pero que no le gusta que cambien; que es progresista, pero que no está de acuerdo con la nueva política familiar del gobierno; que es el amigo del marroquí que curra en la obra y al que se le cae el encofrado en la cabeza (M30), pero que le parece que ya hay demasiados inmigrantes en España. Que es un demócrata, pero que no le ha importado nada reunirse con Teodoro Obiang que es, como sabemos todos, un dictador.
El presentador carece de calado mental para hacerle preguntas inteligentes y, como siempre en estos casos, acude a los tópicos más sobados, intentando hacer aparecer a Mariano Rajoy como lo que, definitivamente, no es: un ser anticuado, carpetovetónico, y con unas ideas igual de profundas que los perfiles de los concursantes de Gran Hermano (decíamos ayer). Y Mariano Rajoy no es eso, definitivamente.
Ese papel de augures de lo malo y lo peor ya lo cubren con creces Zaplana y Acebes, cada uno en su versión (variante gomina rebelde y variante rayos UVA calcinadores). Mariano Rajoy es un político correcto con cierto problema de frenillo y una cabeza muy bien amueblada (a pesar de que tenga una insistente manía por el término liberal y sus derivados).
Me cae bien Mariano Rajoy a pesar de no estar de acuerdo con él, porque es un hombre del que podría decirse lo mismo que de aquella reina. MR es el político de los tristes destinos. Hubiera sido un buen presidente del gobierno de haber sido elegido aquel 14 de Marzo en el que las heridas aún sangraban y hubiera llevado una administración correcta, gris, eficiente. Como Aznar deseaba, pensando que los españoles le recordaríamos a él como el caudillo que había hecho regresar a España al concierto de las naciones (Azores) y a Rajoy como el honrado hortelano de esta victoria. Pero no fue así. Y a Mariano, un político hecho para otras lídes, le tocó lo que siempre le ha tocado en esta vida: de sufrir y de sufrir y nada más que de sufrir.
Porque yo estoy seguro de que Mariano, ese hombre tan entero, ha debido ser el niño más vapuleado del colegio (su dicción) y apostaría los dedos con los que estoy escribiendo este texto a que sólo con esfuerzos mayúsculos sacaba las mejores notas en el colegio de curas. Y aún diría más: diría que MR es un hombre inteligente, pero lamentablemente, listo, no.
MR es un político para tiempos de paz y de honradez, pero tiene que enfrentarse a una banda de tiburones que intentan demostrar que es un Dead Man Walking. Empezando por los propios de su casa. Gomina Rebelde porque sueña con un poder que le permita disfrutar de su codicia, Rayos UVA calcinador porque sueña con un poder que le rehabilite y le restaure el honor perdido, Esperanza porque sueña con inaugurar por fin la línea de metro que una su casa noble con el Palacio de la Moncloa y así convertirse en la Hilaria Clinton española....Y todo por ahí.
Y mientras tanto Mariano dando mandobles y aguantando a cretinos que no le llegan a la suela del zapato: como el individuo que le ha entrevistado hoy.

Por las entrañas

15 de Noviembre.- Debido a un curioso encargo laboral, me veo en la obligación de bucear por las entrañas (y nunca mejor dicho) de la subcultura pop española. Toda colgando de la web de telecinco. Operaciones Triunfos, Tomates, Programas de Ana Rosa...Y, lo que es peor, por los mecanismos que la emisora ha arbitrado para que el pueblo soberano se exprese y haga sustanciosos comentarios sobre las personas que cada día pueblan su universo cotidiano. No deja uno de asombrarse ante el calado que adquieren las noticias del Tomate.
(Por azares de la vida, tuve ocasión de conocer a uno de sus creadores y, en aquella época, cuando él y yo éramos apenas ruedecitas del engranaje de la televisión, me pareció una buena persona).
Entre las noticias que el Tomate guarda en su página web, entresaco al azar las elucubraciones de un indivíduo que ha escrito un libro con el gongorino título de “Yo soy puta” en el que asegura lo que todo el mundo sabe desde el principio de la humanidad: y es que los poderosos y los ricos de esta tierra se sirven del supermercado de la belleza las mejores piezas. Famosas presentadoras de televisión (de las que sólo, por pudor, se explicitan las iniciales) actuaban al parecer de presuntas señoritas de compañía de ejecutivos ingleses de alto standing (es importante subrayar lo del standing, que ya por sí mismo evoca un lujo aséptico y vagamente perverso).
En esta web, básica para conocer la multifacética realidad que nos rodea, también está colgado un vídeo en el que Paquirrín, nuestro inmortal pequeño del alma, demuestra que es un adulto que ha alcanzado la madurez sexual (lo cual, a falta de que se demuestre que ha alcanzado algún tipo de madurez intelectual ya es algo). Dicho vídeo lleva por título una frase tan sutil como sugerente “Que viene el tiburón” y muestra a Paquirrín, en la playa, en compañía de bellezas que, según las maliciosas lenguas de la web del Tomate, llevaban el taxímetro puesto.
(Quizá no haya que aclarar que el vídeo en cuestión, el pequeño del alma de Paquirrín se alegraba con el contacto de una de las bellezas)
Pero no se vayan todavía,que aún hay más. Porque me adentro en las profundidades de Gran Hermano y leo los perfiles de los concursantes y, de una de ellas, se dice que tiene diecinueve años y que es “Hija de la Movida”, que sus padres tienen un grupo Punk (hay pecados de juventud que se convierten en directamente en baba mental cuando se prolongan hacia la madurez y, que conste, que yo no tengo nada contra el punk). En fin, la hija de la movida, como no podía ser de otra manera y, por continuar con la tradición familiar, está en paro y sueña con ser una gran actriz (sic). Confía en que Gran Hermano le ayude a darle un nuevo giro a su vida.
Y qué decir de A tu lado. Confirma la teoría que todos teníamos: Sodoma y Gomorra eran las dos provincias desaparecidas de Castilla León.
No cambies nunca, Maripili

14 de Noviembre.- Me gusta la tele catalana, entre otras cosas, porque no machacan al personal con lo bien que se vive en Cataluña (aunque parezca mentira) y porque no sale Esperanza Aguirre cada cinco minutos inaugurando cosas. Sólo por esto, ya valdría la pena.

Pero es que, además, ponen buenos documentales, programas imaginativos (uno de libros que es fenomenal, mucho mejor que el de Dragó) y alguna que otra película (Prospero´s Books, hace poco, por ejemplo). Creo, hasta donde yo sé, que el corazón y otras vísceras están ausentes de su parrilla y que rara vez ceden al sensacionalismo. A pesar de esto, creo que la gente de Cataluña ve esta televisión con cierta asiduidad y que la disfrutan bastante, aunque se tomen las series un poco a coña (me consta por mis contactos catalanes).
Dicho esto, hay un programa nuevo, que se llama Entre Línies (O sea, entre líneas) que amarillea un poquito. Está presentado por el conductor del magazin de tarde de la cadena y, en todo momento, aparece en pantalla un triangulito rojo que anuncia claramente que la cosa es para mayores. Ayer, ponían un reportaje sobre el Festival de Cine Porno (digo Erótico) que todos los años se celebra en Barcelona. Era un poquito en la línea de los 24 horas que en tiempos hacía Canal + (aquellos programas de grato recuerdo). Consistía en seguir la trayectoria de unos aspirantes (jóvenes y jóvenas) que se presentaban cual triunfitos a un casting para actor porno. Curiosamente (o no tanto) en su mayoría eran hombres y era muy curiosa la cara de descoloque que se les ponía cuando una señora vestida de rojo, rubia teñida y, a juzgar por su apariencia, con un largo currículum carnal, les indicaba sin muchos miramientos que se tenían que despojar de todos los productos textiles que llevaran e iniciar manipulaciones para consumar el amor propio delante de una cámara de fotos. El que tenía más pinta de avispado no pudo consumar dicho acto, pero otro chico que, indudablemente, se encontraba en la raya de lo que los especialistas consideran vida inteligente, no tuvo ningún tipo de problema para hacerlo.
El cámara se cebó en las mujeres, en particular en una (de nombre caribeño que no logro recordar) que aseguró en un total que:
-Me he presentado porque quiero estar segura de que realmente valgo para esto, porque la gente me lo dice. Yo voy a muchos clubes liberales y eso, ¿Sabes?
(Desde que la tele llegó a nuestra vida se resolvió el antiguo dilema: no hay duda de que la naturaleza imita al arte).
La muchacha se lo montó en alegre retozo con otras dos mas que ya eran profesionales. El cámara evolucionaba entre ellas como una libélula curiosa y los objetivos recogían diversas instantáneas de amor gimnástico.
Por abreviar el cuento: la final, consistió en realizar todas las proezas amatorias posibles ante un público entregado que debia andar por el millar de personas.
Momento backstage, total del inteligente:
-Yo al gatillazo no le temo, porque eso a mí no me pasa...
Total de la chica caribeña de nombre impronunciable:
-Yo, no tengo miedo de mis rivales. Voy a salir a follar y a ser la mejor...
La mujer de rojo (la del historial largo) iba anunciando a los aspirantes a estrellas con un decidido ímpetu circense. Consumado el amor, subrayó lo animado de la liturgia con frases tan delicadas como “Se merecen un aplauso, porque han follao como leones” y, tras esto, entregó los premios a los sufridos concursantes (que, aunque intentaban disimularlo, miraban a la pequeña multitud un poquito asustados y buscaban la proximidad de la piel ajena).
Backstage de nuevo de la chica caribeña una vez recibido su merecido premio. Abrazada a una de las profesionales, emocionada, comenta en la mejor tradición de Chenoa:
-Voy a ser la mejor, y no voy a cambiar. Esto no me va a cambiar...
Y la profesional, madrina de la neófita, la mira y dice:
-Sí, Maripili, porque ahora viene lo duro (preferimos no tomar esta frase en su doble sentido) –la profesional mira a cámara y repite, totalmente en serio y con cara de estar anunciando una verdad trascendente: porque el porno también tiene escenas muy duras, ¿Eh? Ahora, ella se tendrá que enfrentar a orgías, dobles penetraciones...Uf...Cosas difíciles de verdad.
Esperemos que, estas experiencias no la cambien.
Amen.
Hola Raffaella!

A continuación, y para nostálgicos, algunos links.

Raffaella Carrá cantando "Fiesta" en un programa de la RAI1. No perderse la coreografía de los bailarines que tiene su punto. Dan ganas de ponerse los maillots y los calentadores ipsofactamente.

http://www.youtube.com/watch?v=In4ZwcuKuW8

Y para quien se haya quedado con ganas una curiosidad: un auténtico tesoro escondido en los archivos ignotos que este blog ha rescatado del recuerdo. La misma canción, pero...¡En francés!

http://www.youtube.com/watch?v=8D6hnS7ke5U

Y, por supuesto, no podía faltar la única y la inefable, Carmen Sevilla, dueña de uno de los mejores pares de piernas de la historia europea, como se demuestra en este anuncio añejo perteneciente a la prehistoria del Marketing.

http://www.youtube.com/watch?v=HS2LOz3VkAQ

Cat Astaire


Queremos un hijo tuyo


10 de Noviembre .- Cantaba Blades que la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida. Y no sólo la vida: uno mismo, también. Para muestra un botón: debido a cierto cortocircuito cerebral que tiene que ver con mi extraña percepción de lo kitsch, desde que estoy en Viena he desarrollado un gusto insano por Julio Iglesias. Es más, reivindico para Julio y su primera etapa (tan hermosa, tan alejada de la música para ascensores que hace ahora) un lugar en el parnaso de los ídolos. Y qué decir de la (absolutamente desconocida) etapa Iglesias en la que hizo las delicias de los melómanos germanoparlantes. ¿Eh? Qué decir. Sólo ahora, en el momento en que he aprendido un poco de la lengua de Goethe y de Schiller, soy capaz de calibrar el acento infame con el que perpetraba canciones como “Ich schicke dir eine weisse wolke” (Te envío una nube blanca) cuyos arreglos, he de decirlo, me enternecen al mismo tiempo que conmueven mi diafragma en francas carcajadas. Me encanta Julio y durante las largas noches del invierno, he deseado (y hasta he llegado a creerlo) que el mundo fuese tan profundo como la letra de “Me olvidé de vivir” y los amores tan intensos como los de “Gwendoline” (por cierto, Lola Flores tiene una versión impagable de esta canción en la que, en el verso final, y a ritmo de rumba desgarrada, llama a la muñeca de Julio guandalí, un nombre selvático que me parece un hallazgo, francamente).
Julio Iglesias, ese hombre que tiene la cara como un mapa físico de Europa a fuerza de darle al bisturí, que reconoce que no ha leido un libro en su vida (tampoco le hacía falta, las cosas como son) y que saca a pasear al parque a su hermano de un añito de edad.
Julio. Ese hombre.
Recuerdo todavía a mi abuela, que en paz descanse, cuando Julio Iglesias golpeó los tímpanos patrios con aquel hit de “Fuiste mía, sólo mía, mía, mía”, versionado después de manera no menos eficaz por el siempre jocundo Bertín Osborne. Mi abuela (enlutada, escandalizada por la separación del dúo Iglesias-Preysler) mientras Julio se ponía la mano en el pecho para cantar aquello de que, hasta que llegó él, el vientre de la Preysler había sido una colina cerrada, movía la cabeza y decía:
-No quiere decir ná la canción esta...
Qué elegancia, cantarle a la propia que ya no lo es, que le ha dejado a uno por un porvenir más suculento y más baños, y decir que su vientre era una colina cerrada...
En los países de habla extraña (o sea, este en que me encuentro, por ejemplo) Julio Iglesias es un ídolo y aún las señoras de cincuenta se estremecen cuando le escuchan entonar con voz melosa sus baladas y sus canciones que evocan noches de playa y la versión del easy listening del nunca suficientemente valorado trío lalalá.
Hoy, Julio vende sus casas, y pasea el principio de su ancianidad por costas tropicales en las que rumia que las compañías de discos se preocupen más de apoyar a su hijo Enrique (esa persona tan lúcida y tan inteligente, y no es coña) que a él, que tanto dinero les ha dado a ganar. De vez en cuando tiene algún que otro alegrón (el número uno del año pasado en Francia perpetrando en lengua gala) pero ya no es lo mismo...Ay, si Shakespeare viviera, que otro Rey Lear haría...Con este Julio.

Nieve en Schonbrunn


8 de Noviembre.- Para intentar dejar un recuerdo agradable del día de hoy, ahí mando una foto de Viena desde el aire. Los que hayáis estado aquí, podréis reconocer sin mucho esfuerzo La Gloriette (en el centro de la imágen) y las fuentes de los jardines de Schonbrunn.
Noches tristes


8 de Noviembre.- Ayer, mientras yo estaba cenando un conocido decidió que era mejor para él dejar este mundo.
No puedo decir que fuera mi amigo porque, fuera de una invitación social (lo que hubiera podido ser una visita de buena vecindad) y alguna que otra coincidencia en cumpleaños de amigos comunes, no puedo decir que le traté mucho. Quizá lo que puedo tener hoy es una idea superficial de cómo era. Ese esbozo que todos nos hacemos de los otros, basándonos en experiencias anteriores, en otros especímenes estudiados de nuestra misma clase.
Sin embargo, la noticia, recibida en el frío de la mañana de manera imprevista, me ha afectado muchísimo. Aún estoy intentando sobreponerme a lo que me han contado. Y a los detalles terribles que siguen brotando del teléfono sin que yo pueda hacer nada por evitarlo. Intento pensar en qué le ha podido pasar por la cabeza, utilizando lo que tengo más a mano: mi propia cabeza. Y no encuentro ninguna respuesta. Este hombre joven (no había cumplido los cuarenta) es el primer fragmento de mi vida aquí que se rompe, que falla, que desaparece. La primera tesela de un mosaico que ha dejado un hueco. Ante mi derrota, ante mi profunda tristeza por lo sucedido, M. Intenta consolarme diciéndome que yo no tengo nada que ver; que, en realidad, el asunto me afecta muy tangencialmente...

(Y yo no puedo evitar pensar, ¿De verdad no tengo nada que ver? ¿La muerte solitaria de un ser humano que conocimos puede dejar de afectarnos?)

...Y quizá, racionalmente, sea verdad. Pero sigue ahí, y no me puedo quitar de la cabeza la crueldad inconsciente de este mundo que se ha despertado con un pasajero menos y que ha seguido avanzando como si nada...
(en realidad se ha despertado con miles de pasajeros menos, lo sé, pero no puedo dejar de pensar en este en particular, con el que tuve cierto trato).

...La rareza de la naturaleza de los seres humanos –imprescindible para que la vida siga- que se apresura a cerrar la herida del ser que nos deja como las plaquetas se apresuran a taponar una hemorragia cuando nos cortamos un dedo pelando patatas.
Me asalta la idea de que quizá sea necesario este convenio social que condena a la muerte de los que conocemos a no invadir la vida de los vivos. Todos guardamos ese tigre en el armario. Me asalta la idea de que es injusta la idea de la muerte como mancha, como vergüenza. Sobre todo para los que se quedan. Me asalta la idea de todos los objetos que pertenecieron al que ya no está y que le miran, aunque él ya no pueda mirarlos.
Intento reconstruir el espacio de mi calma, convencerme de que cosas así tienen objeto en el orden del mundo. Por lo menos en ese orden del mundo imperfecto en el que yo necesito creer. Y la verdad es que no lo consigo.
Y vuelvo a reafirmarme en que nada, o casi nada de lo que nos preocupa, merece la pena. Pienso cada vez más que ante la eterna pregunta, ante la posibilidad de que, en un momento dado, dejemos este mundo, casi nada de lo demás tiene importancia. Que todo se convierte, ante esto, en toreo de salón para entretener el tiempo que pasa, las horas que, inevitablemente, se escurren.
Y me reafirmo en que hay que esforzarse cada día en querer no sólo a los que nos quieren (que no tiene ningún mérito) sino a aquellos seres anónimos con los que nos topamos todos los días o que, como esta persona, rozamos un instante que es como una chispa entre dos oscuridades. Aprender a quererlos como todos nos merecemos que nos quieran, atendiendo a nuestros detalles, a nuestras particularidades, observando los defectos y las pequeñas mezquindades con sentido del humor.
Quizá ese, después de todo, sea el fin de todas las cosas.

Visita al dentista


7 de Noviembre.- No termino de acostumbrarme a este país. Hoy he ido a un dentista, semipúblico o semiprivado (depende de cómo se mire).
La señora (era una mujer) me ha pedido mi tarjeta sanitaria y ha iniciado el reconocimiento palpando aquí, presionando allá, haciéndome saltar de la silla en ese otro punto...Hasta que su asistente le ha dicho que la dichosa tarjetita no iba. Que no funcionaba. En este punto, la dentista se ha despojado de sus útiles y me ha dicho que sin tarjeta nasti. O bien que, en el caso en que yo estuviera dispuesto a no hacer el viaje en balde, podía hacerme el empaste cobrándome allí mismo los cincuenta euros. Ha sido una consulta con cierto regusto a porno del plus. Aquellos previos en que una señora con coleta caballar le ponía los dientes largos a la gente para luego, en el momento más interesante, darle al botón que convertía la pantalla en el montón de rayas con más audiencia de la noche de los viernes.
Sigo conmigo: vístete de nuevo (en Viena hace frío) corre hacia el cajero (varias manzanas de distancia), recupera los dineros y vuelve. Interponte entre una tía lista que llevaba esperando cinco minutos y ya quería pasar y la dentista que te mira como un bulto sospechoso porque tu tarjeta no funciona. En fin...Una vez convencida la facultativa de que me tenía que hacer el empaste de premolar para que yo recuperase la alegría (cómo sería la cosa que yo llevo día y medio sin comer) la mujer se ha puesto manos a la obra. Callada como una muerta. Sólo de vez en cuando decía algo que debía ser “Aspirador, bitte”.
Tras pulirme el premolar, me ha dicho:
-Mire usted, lo que sigue, se lo puedo hacer sin anestesia, pero le va a doler. Con anestesia son quince euros más (marchando otra de porno del plus)
Y a ver, qué le dices a una señora de aspecto dulce que lleva en la mano ese instrumento de tortura que se llama torno de dentista. Pues te rascas el bolsillo y mutis.
-Señora, estoy en ihre hände (o sea, Fraulein, estoy en sus manos).
Leve inclinación de cabeza y la asistente ha llegado con una jeringuilla en donde borboritaba un liquidillo verde.
-Abra la boca, abra la boca...
Dado que el PH de mi saliva es muy básico y anima a las bacterias a crecer y a multiplicarse en alegre proliferación, he tenido que sufrir a los dentistas desde mi adolescencia (momento en que se conoce que me cambió el PH como a otras les viene el período). Los dentistas españoles (mi dentista Lourdes, de grato recuerdo porque no se planteaba lo de la anestesia, apuntaba treinta euros más y en paz) charlan por los codos, generalmente de cosas interesantes –yo, a veces, me tenía que sacar el aspirador porque Lourdes y sus ayudantes especialmente entrenadas me hacían mear de la risa- pero chica, los austríacos...Más sosos...Educados, eso sí. Respetuosos con tu pasta, eso también. Pero chiquilla, que uno no es un trozo de carne. Que le gusta un trato humano, un algo...
Mientras, entre tortura y tortura, me hacía efecto la anestesia, yo he intentado romper el hielo con aquella señora que me estaba machacando con el torno. Que si mire, que si soy español...(eso suele funcionar siempre). Y ella, con la misma cara de señora constipada que ponen las reinas del hola cuando tienen alguna afección intestinal. Y unos discretos asentimientos y un ah? Sí? De verdad? Y nada de nada. Qué desilusión.
Por cierto y hablando del hola. En estos dentistas de aquí no hay ni un famoseo que llevarse a la retina. Nada ¡Revistas de teatro y de cultura! Uno que va allí retorciéndose y le salen con que la vida es una náusea...
En fin: lo importante es que, por lo menos, el diente ya no me duele.
Hasta los próximos cincuenta eurazos.

Para morir nacemos

7 de Noviembre.- Es curioso el grado de civilización que hemos alcanzado. Ayer, despidieron a mi jefe después de la vuelta de su viaje de novios (sé, por otros cauces que tal viaje no existió o que existió en una versión económica). Nadie, salvo él, dijo nada. Y al decirlo, la única señal de que le habían hecho lo que le habían hecho era que le ardían las orejas, como si la culpa fuese suya.
Uno ya lleva mucho mundo corrido y cuanto más mundo ve, peor. Porque la fe se le acaba. O sea, que el optimismo que anima a P. y a otros como P. para seguir luchando por unos amaneceres dorados de postal, a uno, la verdad, le abandonó hace muchísimo tiempo.
Si tuviera que identificarme con algún personaje literario, lo haría sin duda con el burro de Rebelión en la Granja. Ese burro que no cree en el progreso, ni en las bondades de la revolución animal. Un burro que no cree ya en los vendedores de sueños, porque todos los sueños, más tarde o más temprano, terminan en trampa, en letra pequeña, en esto no te lo dije pero también era importante, en ampolla de cianuro escondida dentro del merengue del pastel.
He presenciado la caida (dolorosa, larga) de la empresa en que he trabajado. Durante aquellos casi dos años tuve ocasión de comprobar hasta qué punto es rastrera la condición humana. El clima de enfermedad moral que se extiende en época de despido. La secreta alegría (que yo he sentido) cuando le toca a un compañero y no a ti mismo dirigirse cabizbajo hacia la cola del paro. Los absurdos rituales para atraer la suerte y que tú no seas el próximo, la absurda creencia del “yo hago mi trabajo bien, a mí no me pueden despedir”. La constante certeza de que uno es un trabajador imprescindible para el funcionamiento de la empresa. Una certeza que se quiebra con la misma consstancia cuando suena ese teléfono de tu mesa que te conecta con el proveedor que odiaste, pero que se convierte en un teléfono amado porque te ata a la seguridad de tu puesto de trabajo.
Primero fuimos cien, luego setenta, luego cincuenta. Cuando llegamos a los cuarenta, el director general nos reunió y nos dijo que había que ponerse a trabajar, que los despidos se habían terminado, que la empresa había alcanzado su dimensionamiento óptimo. Cuando éramos doce, fue la última cena de navidad. Me acuerdo que, uno al que despidieron antes que a mí, me pidió que cantara “El novio de la muerte” y que, como yo ya llevaba un par de copas (imprescindibles para cenar con el tío que te va a echar el día menos pensado) accedí. Y que se rieron mucho cuando entoné aquello de “Nadie en el tercio sabía, quién era aquel legionario/ tan audaz y temerario, que se alistó en la legión...”
Ayer, cuando mi jefe nos contó, mientras le ardían las orejas, que le echaban por Dios sabe qué motivos (siempre piensas que “algo habrá hecho” intentando encontrarle una lógica a la cosa, pero es mentira, no hace falta hacer nada) algo se revolvió dentro de mí. Aquellos casi dos años de agonía lenta resucitaron en un sólo instante. Pero también me di cuenta del nuevo paradigma que ha acercado el trabajo a la vida misma: en el momento de nacer a todos nos regalan otra fecha más oscura, en el momento de contratarnos, a todos nos dicen también: no te aferres demasiado, no cojas demasiado cariño a tu silla, a tu sueldo y las posibilidades que representa, porque algún día, lo perderás todo.
Para morir nacemos. Amén.
Munich

Todos los Santos.- Debido a fuertes presiones en el ámbito laboral, con fuerte viento de levante y zonas de Mar Gruesa y Muy Gruesa, me ha sido imposible actualizar este mi blog con toda la asiduidad que a mí me hubiera gustado.
Sin encambio, como dijo el clásico, aprovecho un momentito para contar que el pasado fin de semana estuve en Munich y que la ciudad y sus habitantes me parecieron una gente muy simpática. Y no lo digo a humo de pajas, sino que tuve la oportunidad de confraternizar con el paisanaje, dada la práctica costumbre muniquesa de aprovechar todos los sitios libres de bares, cafeterías y cervecerías, independientemente de si en la mesa ya hay ocupantes o no. Gracias a esto, conocí a una pareja mayor cuyo componente femenino me informó de que el Rey le caía fenomenal, pero que a Leticia no la podía ver (la región de Munich, Baviera, es muy conservadora -el papa es de ahí- y lo del divorcio no les parece muy bien). Asimismo, la señora se explayó sobre lo que le parece el hecho de que las plebeyas se casen con los maromos de sangre real (le parecía fatal, como ya habrá podido adivinarse por lo anterior). Su marido, como el Honorato de la Sardá, la escuchaba y miraba a las niñas que pasaban.
También confraternicé con varios aborígenes en la cervecería más famosa de Munich (que, como tal, está llena de turistas japoneses). Por cierto, el mismo lugar en donde el partido Nazi hizo su primer acto público, allá por la década de los veinte.
De aquellos tiempos de oscuridad, poco queda en Munich: el setenta y cuatro por ciento de la villa fue destruida por los bombardeos aliados, lo cual les sirvió de pretexto para edificar una ciudad casi totalmente nueva que supongo que era el sueño de cualquier Alfredo Landa de los sesenta.
Debido a un problema tésnico no puedo colgar fotos, pero todo llegará.