Natacha después


Natacha antes


Para Volver a Volver
4 de Enero.- G. ya se ha ido y con su partida, llegó la plancha. Ayer, me enfrenté a una crisis humanitaria de tamañas dimensiones cuando, al abrir el armario en donde está la ropa lavada, casi quedo sepultado por una montaña de materia textil. Para aliviar un poco las pocas ganas que tenía, decidí ponerme un DVD molón para ilustrarme mientras trabajaba (esto ya lo hacía el industrioso pueblo cubano: en las fábricas de puros había –y hay- lectores que leen en alto durante la jornada laboral).
Elegí el disco de extras que trae mi flamante edición de Volver. Lo mejor es una entrevista que le hace Pedro Almodóvar a sus actrices. Por las miradas, se nota que las nuevas están encantadas con nuestro manchego más galáctico (conozco esa sensación: el actor queda unido a veces a quien le dirige por una relación extraña que, a la larga, puede ser destructiva). Carmen Maura, sin embargo, no. Ya se sabe todos los trucos. Y aunque cumple ofreciendo las oportunas dosis de entusiasmo, un observador sutil puede ver que mientras Pedro Almodóvar está hablando, en su mirada de señora mayor hay una enorme dosis de amargura.
El resto de los extras son un poco chapuceros, en mi opinión. Un making of mudo (el tipo de imágenes que grabaría un becario) y aproximadamente media hora de imágenes –prácticamente brutos sin montar- de Cannes. Es muy curioso que nosotros, en Corazón, Corazón de Primavera, normalmente, vemos las imágenes “locutadas” –un feo verbo que, en el argot de la profesión, quiere decir que hay alguien que las comenta-; esto significa que sólo vemos la imagen de Penélope Cruz, por ejemplo, posando glamurosa y con cara de ser la sucesora in pectore de Lady Di –o sea, sonrisa constipada, caiditas de ojos, etc- pero en el DVD se ve la algarabía, incluso los insultos, de los cientos de fotógrafos que se pegan por conseguir una imagen más hermosa o un ángulo más espectacular. Resulta un sonido inquietante y, a ratos, agresivo.
M., que andaba trasteando pro la casa, llegó y se sentó con Sofía en las rodillas –la gata- dirigió una mirada a la tele, otra al que planchaba, otra a la tele y luego dijo en alemán:
-Y esto, ¿A quién le interesa?
Y yo, herido en mi amor propio dije:
-A mí, coño. Que soy fan. Qué pasa.
Pero, aún cegado de amor por las estrellas del cinema, no pude por menos que sentirme un poco mal cuando abordé el último trozo del DVD en cuestión que se llama “Penélope canta Volver”. Lo cual es una rigurosa trola. Porque quien canta “Volver” en “Volver” –y muy bien, by the way- es Estrella Morente. Mi Pene López –así la llama mi abuela- sólo es la boca muda que pronuncia las palabras de la ley. En el DVD por supuesto, no se hace ninguna mención de este pequeño gran fraude. Y la Cruz queda como una cantante que te cagas.
Terminado el DVD decidí contentar al público alemán y puse en la tele la ORF 2 que estaba echando una entrevista con la Natacha Kampusch –esa mujer a la que la libertad le engorda-; por desgracia ha abandonado los hábiles estilismos de sus primeras apariciones – esa melenita recogida en un pañuelo que la hacía parecer la fugitiva de un malvado Koljós- , también la ha abandonado un cierto estado de alerta que exhibió en sus primeras entrevistas y que le prestaba a su cara una expresión de inteligencia que hizo que muchos malpensados creyeran que lo de NK era un montaje de los de marca mayor.
Mientras planchaba, me miré en un espejo cercano y me noté un no sé qué parecido a la Kampusch. Como la melena no puede ser –me corté el pelo el otro día- deduje que era que me estoy poniendo orondo.
“Esto hay que arreglarlo”, me dije.
Desenchufé la plancha y me fui a correr.

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