miércoles


Hotel París, Las Vegas (Nevada, USA)




28 de Febrero.- Durante los cinco días que fui huesped del Hotel París mi vida se tiñó de la irrealidad que preside toda la ciudad de Las Vegas. Recuerdo que, en el lobby (la foto de abajo) siempre había señoras mayores con unos cartuchos llenos de monedas pequeñas de cobre, jugando a las tragaperras, cualquiera que fuera la hora, y que en los ascensores, sonaba una perpetua psicofonía de Maurice Chevallier cantandole a una Francia que sólo existía en la mente del creador de aquel reducto ultrakitsch y supercamp.

Recuerdo que, mi amiga A. y yo nos sorteábamos cada noche la habitación en que íbamos a comernos el kit-kat de antes de dormir (que nadie sospeche intencionalidad erótica por parte de ninguno de los dos: es perfectamente literal que los dos nos tumbábamos cada uno en una cama King Size -las habitaciones eran dobles- y nos poníamos a mirar lo que echaran en la tele americana que, por cierto, es espantosa, mientras comíamos chocolate). Recuerdo aquellas veladas en pijama, con el jet lag pegado a los párpados, como uno de esos cuartelillos que a veces la vida nos da y que llamamos felicidad. Ella, con sus zapatillas de Lina Morgan -esas zapatillas gigantes con forma de mariquita que tienen algunas chicas- y yo, directamente, descalzo, o con unos calcetines gordos.

Y recuerdo el primer día en la piscina, durante un atardecer metálico, frente a esa gigantesca reproducción de la Torre Eiffel en fibra de vidrio que no engaña a nadie. Las tumbonas vacías, un ligero viento rizando apenas el agua de la piscina, un rotundo cielo azul sobre nuestras cabezas. Recuerdo haberle leído la palma de la mano y haber jugado un poco a recomponer un futuro que ninguno de los dos veía demasiado claro.

Y recuerdo aquel coctel de lujo, después de un largo día de trabajo viendo cachivaches en una feria. Aquel coctel de barra libre de chivas de diez años y de canapés de fuá y aquella mesa al otro lado de la piscina, y mi voz diciéndole:

-A. despacito, que no se note que nos morimos de hambre -no habíamos tenido tiempo de comer en todo el día - pero si aquí dan de beber Chivas, lo de la mesa debe de ser la leche.

Y recuerdo acercarnos los dos para mearnos de risa al encontrar que la presunta exquisitez consistía en un bol de espaghetis demasiado hervidos con un tomate fosforito que parecía fabricado en la planta nuclear de los Simpson.

Y recuerdo la primera vez que probé el sushi, en un restaurante que nos costó un ojo de la cara (cien dólares por cabeza) mientras de fondo sonaba Frank Sinatra y, al impulso de su voz, se elevaban hacia la noche de aquel verano terminal los chorros de agua de las fuentes del Hotel Bellaggio.

Lugares a los que volver. Lugares a los que he vuelto

Vamos a comer
28 de Febrero.- Esta secuencia se repite, con leves variaciones, todos los días:


1) Perequé y yo salimos de la oficina y vamos a dar con nuestros huesos a la plaza del Höher Markt. Lo que se ve en el centro es el monumento conmemorativo al compromiso de Franz Joseph y su santa, también conocida como Sissi. En estos momentos se encuentra en restauración para devolverle sus bonitas tonalidades originales al mármol y a los doraos (porque este monumento, tiene muchos). Para los aficionados al noble arte del cinema, decir que esta plaza sale en El Tercer Hombre, de Carol Reed, justo como quedó después de la guerra (o sea hecha unos zorros). El edificio que se ve al centro es el de la compañía Anker (ahora Swiss algo) y fue reconstruido tras la guerra en su bonito estilo novecentista anterior.


2) Simpáticos ejecutivos pasando frente al reloj de Anker (que está a la izquierda, según se mira, de la foto anterior). Este reloj tiene carillón y es el punto de reunión favorito para todos los turistas que, como yo, hacen fotos a las horas en punto que es cuando suena toda la maquinaria. Fue restaurado en los noventa por la panificadora Anker.




3) Plaza enfrente de la heladería Zanoni & Zanoni, con su monumento a Gutemberg (el señor barbudo de bronce) y su concesionario de Lamborghini, porque aquí, en Austria, la gente no se priva de nada. Hoy, Perequé y yo hemos paseado un poco y, a la derecha del edificio de Lamborghini, en un patio escondido, nos hemos encontrado con esta librería tan recoleta que sale en las fotos siguientes.







4) Justo cuando estábamos deleitándonos con las vistas, ha sucedido lo que suele en Viena: ha empezado a llover, con lo cual, nos hemos tenido que apresurar para llegar al Spar que está al final de esta calle.



5) Hemos comprado las viandas que necesitábamos y nos hemos vuelto a la ofi, con lo cual, se ha cerrado el círculo. Esto es el Höher Markt pero desde otro lado.

Más fotos




Sendas vistas de la calle en donde vivo. Como puede comprobarse, las calles de Viena son más oscuras que las calles españolas (la luz parte de unas lámparas blancas que están en el centro de la calle. Son muy ecológicas porque no dejan escaparse al cielo nocturno más luz que la necesaria. Esto, al principio, da cierta sensación de tristeza (sobre todo en invierno) pero en cuanto te acostumbras, al volver a España las calles te parecen una feria de Sevilla sin Sevilla.









La foto no está retocada. La luz es así de bonita en el Naschmarkt. Estos dos edificios están al principio. La foto está hecha una tarde sabatina del otoño pasado.

Winter Wonderland

28 de Febrero.-

Esto es lo que veo todos los días cuando me bajo del tranvía en Karslplatz antes de coger el metro. Ayer, la cúpula de la iglesia estaba blanqueada por la nieve. El edificio a la derecha es la antigua universidad.

Panorama del interior vacío de las Ringstrassen Galerien la pasada tarde de domingo. Lo que se ve es Interio, que es la tienda de decoración austríaca por excelencia (segmento caro).



Plaza de la catedral ayer a medio día. El edifico moderno que se ve a la izquierda, hoy por hoy es un hotel, pero en su día albergó un gran restaurante español. Hoy, las primeras tres plantas son también un poco españolas. En ellas está el ZARA más céntrico de Viena.


Manos arriba! Esto es un Bank Überfall!
Fotos: el atraco de ayer de María Hilfe Strasse; fuentes: www.kurier.at y www.kronen.at
28 de Febrero.- Hoy, todos los periódicos, en la sección de Viena, abren con el atraco que ayer hubo en la sucursal del BAWAG de María Hilfe Strasse.
Los pobres del BAWAG habrán dicho, las criaturas, que si éramos pocos, encima la abuela decidió aumentar la tasa de natalidad. Y es que dicha entidad financiera tiene la credibilidad muy minada por un escandalazo de echarle hilo a la cometa que saltó el año pasado. Una especie de roldanesca a la austríaca, con director fugado, millones que no aparecen y baipases al corazón.
A lo que yo iba: ayer, a eso de las once, un indivíduo entró en la sucursal del BAWAG en la mencionada zona céntrica y, pistola en mano, retuvo a unos cuantos rehenes al ver que no podía hacerse con la pasta que estaba en la caja fuerte. Ipsofactamente, se movilizó toda la policía vienesa (sin el bueno del perro Rex, que está en una residencia canina tomándose un merecido descanso) y acudieron los GEOS de aquí, que no sé cómo se llaman ni a qué siglas atienden. Se cortó la calle y se produjo una larga espera. Inmediatamente, se empezó a parlamentar con el atracador que, para sorpresa de todos los policías, no pidió más que alcohol y cigarrillos (me parece a mí que es una petición bastante común y es que los atracadores, sean de la nación que sean, acuden al tajo muy mal aprovisionados). Las horas se deslizaron en silencio con las idas y venidas habituales, mientras la situación iba tomando el cariz de “La estanquera de Vallecas” (tómese este símil con todas las pinzas que se quieran, pero tómese). Para demostrar que estoy en lo cierto, a eso de las once, se abrió una ventana y empezó a sonar una canción que se llama “Bank Überfall” (exactamente, “Atraco”) . La policía, naturalmente, no encontró esta brusca interrupción nada graciosa, y tuvo que darle una voz al suministrador del hilo musical para llamarle al orden y conservar la idiosincrasia Bruce Willis de toda la situación.
Finalmente, el atracador accedió a salir de la sucursal liberando a los rehenes y restablecióse el orden. En rueda de prensa, los responsables de la seguridad vienesa explicaron que el pobrecito había intentado atracar el banco él solo y con una pistola de plástico (¿Conocerá a Gila?) y que lo había hecho para demostrarle a su novia (que le acababa de dejar la noche anterior) que los tenía cuadraos para eso y para más.
Y es que la testosterona hace mucho daño en las cabezas de ciertas criaturas.
La foto que ha dado la vuelta a todas las portadas ha sido la del pobre hombre en actitud de rendición, como una especie de oso amaestrado que esperase hacer la última pirueta antes de volver a la jaula. Aparece junto a él una mujer policía gordita, vestida de oficinista, que le mira desde su cara pixelizada (obviamente, la cara está borrosa para que ni los criminales ni sus vecinos puedan reconocerla). La señora lleva la identificación al cuello, un pañuelo de seda, una chaqueta de ante marrón claro y una falda también color café con leche. Nuestro amigo el atracador (por el que no puedo dejar de sentir cierta simpatía) aparenta medir sus buenos dos metros, va rapado al uno y tiene los ojos azules. Lleva una sudadera puma, unos vaqueros, un forro polar y, curiosamente, el mismo modelo de zapatillas deportivas que yo uso para correr. No parece, en cualquier caso, demasiado peligroso, aunque tenga cierta pinta de hooligan triste. Por la tontería de intentar demostrarle a su novia que es un hombre como los de antes (sin darse cuenta de que, quizá, su novia no es una mujer a la antigua) le pueden caer diez añitos en la trena, cumpliendo condena, con la ausencia de su libertad.
Mientras escribo estas líneas, para disfrute y solaz (espero) de mis lectores, mis ojos se están empezando a inyectar en sangre. Y es que, queridos lectores que yo sé que formáis legión, yo, que no puedo ver a Torrente, que no le encuentro la maldita gracia a Santiago Segura (el ser que más daño le ha hecho a las mentes patrias desde Rody Aragón) he sido agraciado con mi propia versión balcánica del brazo tonto de la ley en la persona de mi compañero Drago –esta vez sí que escribo su nombre para que quede para la historia universal de la infamia-; Drago es una persona que es incapaz de mantener cinco minutos de silencio. Se pasa el día haciendo ruiditos como el negro de Loca Academia de Policía, o riéndose con el estómago, o silbando marchas militares, o imitando (en alemán, que ya es el acabóse) a Gollum, el de El señor de los Anillos. Yo, mientras estoy obligado a escucharle, barajo posibilidades de dejarle inconsciente durante el mayor tiempo posible (no entra en mis planes cepillármelo definitivamente, angelico) para poder disfrutar, aunque sólo sea un cuarto de hora, de un poco de calma, de unos ruidos con un poco de más sustancia que los del cojín ese de broma que se tira pedos.
Ay, por Dios, ¿No le entrarán ganas algún día de atracar un banco y de coger rehenes?

PS: Acaba de llegar a mi oficina el deshollinador que, en alemán, se llama Gluckträgger (o sea, el traedor de suerte)


martes




Ilustres visitantes
27 de Febrero.- Vamos a tener visita. Rafael Simancas, candidato socialista a la presidencia de la Comunidad de Madrid, estará en Viena con la libreta en la mano para coger ideas sobre política urbanística. Lo malo será que, cuando regrese, los mismos generales del ladrillo que compraron a los dos diputados regionales (Tamayo y la otra) se la volverán a jugar y Madrid perderá, por culpa del dinero negro, otra gran oportunidad de convertirse en esa gran ciudad europea que todos queremos que sea. Y esto no lo digo porque Simancas me caiga especialmente bien, sino porque no creo que se pueda contar con Gallardón para luchar contra la negra aristocracia de la pasta a corto plazo.
En Viena se construyen, según los datos de que dispongo, 5000 pisos al año, que son gestionados al 50% por el Estado y al otro 50% por cooperativas y otras empresas. Aquí, cuando uno puede demostrar que no tiene dinero suficiente para acceder a una vivienda de mercado libre, se dirige al organismo competente y solicita que el Estado le dé una casa de acuerdo con sus posibilidades. Dichas posibilidades suelen ser una renta reducida que en España haría llorar de alegría a más de uno y a más de dos. Pisos de setenta y ochenta metros cuadrados a 200 euros al mes. Eso sí: el Estado Austríaco tiene buen cuidado de que tu piso, esa casa en la que vives y por la que pagas ese alquiler de risa, nunca sea tuyo. En Austria es imposible que una vivienda de protección oficial pase a ser de propiedad y (con ello) objeto de especulación. También es verdad que, culturalmente, no existe la adoración por el ladrillo que existe en la cultura española. Cuando yo cuento aquí que en España la gente se empeña a cuarenta años por la falsa seguridad de un piso, la gente lo flipa, lo flipa y lo flipa. Porque aquí, una casa es una cosa utilitaria que se usa durante un tiempo y, después, cuando cumple su misión, se deja. Aún recuerdo que, cuando compré (bueno, empecé a pagar) mi piso en una localidad del extrarradio madrileño, mi abuela, casi con lágrimas en los ojos, me dijo:
-Muy bien hecho, hijo mío: de tu casita, nunca te podrán echar.
Esa es la mentalidad española. Y estaba bien cuando, en época de mis padres, alguien podía comprarse un piso tras seis años (seis! Ja! De estrecheces), sudando tinta, pagando letras como un tonto. Pero seis años. No treinta, como mi hipoteca. Y yo, todavía tengo suerte, porque la letra que pago es razonable aún. Pero hay gente que está endedeudada por el ochenta por ciento de su sueldo. Vaya: que tienen que chupar el gotelet a falta de cosa de más alimento.
Las fotos que ilustran este post son del Karl Marx Hof que es una gigantesca manzana de pisos de protección oficial construida en los años veinte (durante lo que aquí se llama la Viena Roja). A mí, los pisos que más me gustan son los de esa época. Hay otro Hof muy bonito cerca de Kardinal Nagl Platz, pero no he encontrado fotos. Recuerdan a los decorados de las películas expresionistas. Parecen castillos, con sus ojivas y sus ventanas cuadradas y la pureza de sus líneas Art Decó. Quizá esta primavera, cuando tenga tiempo, salga con la cámara y fotografíe estos edificios que son, en mi opinión, lo más bonito de Viena.
Igualitos que los que está haciendo El Pocero ese, vaya.

lunes


Descanso dominical
foto: Carnaval en Burgos; Fuente: Diario 20 minutos


26 de Febrero.- La nieve se vuelve peligrosa en dos momentos: cuando se congela –porque convierte las aceras en pistas de patinaje- y cuando se derrite, porque produce pequeñas avalanchas que aquí, en Viena, la ciudad sin balcones, caen desde la altura de los tejados hasta el nivel de la calle produciendote, en el mejor de los casos, una desagradable ducha fría, en el peor, la defunción.
En todas las ciudades hay leyendas urbanas. La de aquí es esa:
-Pues cuidado con las dachlavine –así se llama este fenómeno de caida libre de la nieve- que a mí me contaron el caso del hermano de un amigo mío que iba andando por la calle, llamó a un amigo que iba por la otra acera, le cayeron cuarenta kilos de nieve encima desde un tejado y no lo contó, el pobrecito.
En fin, todo esto para decir que en Viena hoy, ha aparecido nevado.
Comida dominical en casa de mi amiga K. La cual, a pesar de que, por edad, podría encajar en el perfil prototipo de la Internacional Abuelista que glosábamos en post anterior, por estilo de vida queda encuadrada en otra casilla mucho más atípica. Tiene alrededor de los setenta, unos ojillos orientales de dibujo animado japonés y un cuerpo que te hace pensar en la mecánica de las poleas porque es muy alta y muy delgada y cada movimiento que hace viene anunciado por una contracción muscular que se puede notar a la altura de los tendones del cuello. Es muy cariñosa. Va teñida de pelirroja y, a pesar de que a primera vista puede parecer frágil, una conversación de cinco minutos te demuestra inmediatamente que no lo es.
Con las profesoras jubiladas no se juega.
Vive en un piso cómodo cerca de mi casa, límpio, aseado y lleno de libros (al ver todas las estanterías repletas a mí se me saltaban las lágrimas) con una decoración que denuncia a las claras que su habitante es una persona que ha viajado mucho (recuerdos exóticos de lugares como el Sáhara o la selva amazónica) y que ama las cosas bellas. Pequeños detalles, por ejemplo, dos dibujos realizados por su padre y que representan sendas iglesias de la región en donde K. dió sus primeros pasos como docente. Unas vistas ejecutadas a lápiz, del natural, por una mano suelta y una mente analítica.
En total, nos sentamos a la mesa siete personas, de las cuales, sólo me detendré en M. que es un señor al que conozco de hace tiempo y que me cae fenomenal, pero con el que me impiden intimar más las limitaciones (lamentables) de mi idioma. También es profesor jubilado de quién sabe qué materia (zona letras, a juzgar por la conversación que se desarrolla durante la sobremesa). M. también tiene alrededor de los setenta, el pelo blanco cortado muy corto. Ojos azules muy afables y la sonrisa de quien contempla la vida con indulgencia y con un poco de ironía. La cara, curtida por los vientos de todos los mares, y la constitución física de haber estado, desde niño, entregado a una sana actividad física que le ha llevado a una ancianidad saludable de L-Casei imnunitas. En resumen, aspecto de puente seguro hacia su jubilación.
Nos sentamos a una mesa puesta a la antigua pero sin lujos, en la cual llaman la atención los tazones para sopa con dos asitas (en España yo no los he visto, y no sé si existen). Dentro de la tradición ahorrativa autóctona, la gente no deja nada en el cuenco de la sopa, y no está mal visto llevársela a los morretes discretamente mediante las dos asitas mencionadas. La conversación, al principio, versa sobre el tiempo y el viaje que M. tiene previsto hacer a Nueva Zelanda tal día como mañana. Todos –menos yo- parecen haber pisado estas remotas islas de Oceanía (varias veces) y charlan sobre las escalas e incidentes previsibles del viaje. La sopa es una crema de garbanzos (todos se hacen lenguas de la pasión que los españoles tenemos por esta legumbre) y hace las funciones de pan una galleta macrobiótica con frutos secos que, a pesar de ser a todas luces sanísima, es de deglución un poquito dificultosa.
Con el plato principal –pasta- llega también el grueso de la conversación cuyo tema, dada la edad de la anfitriona y la de algunos de los circunstantes, puede resumirse en: qué días gloriosos aquellos en los que ibas por la calle y la gente era educada. Se abunda en las virtudes de la buena educación y el respeto mútuo como lubricante que favorece las relaciones humanas y se ilustra el tópico con anécdotas que te hacen añorar los dorados días del ayer. Mientras escucho atentamente y con muchísimo gusto (hablan en un alemán cultísimo que está a años luz de mis posibilidades) me acuerdo del profesor Sorovsky, aquel simpático anciano que enseñaba música en Fama, allá en mi niñez. En uno de los episodios, cuando Dani Amatulo le tocaba una baladita heavy –inócua, por lo demás-, el profesor se escandalizaba al pensar que a los jóvenes les gustara aquello, aunque luego, como era hombre inteligente, pensaba en alto:
-También cuando empezaron a sonar los Beatles, yo me escandalizaba y ahora, hasta me gustan.
Y se encogía de hombros.
Una de los indicios infalibles que te indican que alguien se está haciendo viejo (yo empiezo a detectármelo también) es que uno desarrolla un amor ciego por todo lo que se sitúa en el pasado remoto y una resistencia cada vez mayor a aprender, que se disfraza, en la mayoría de los casos, de despectiva mirada por encima del hombro. Para mis compañeros de mesa, este amor se posaba sobre los modales de antaño (debían de conocer unos cuantos niños españoles, que iban a saber lo que era bueno: los chavales de aquí son amabilísimos) y sobre el modo de hablar de hace treinta años.
Expresaban su más agrio disgusto (que comparto, por cierto) ante el hecho de que la gente salpique su alemán con términos en inglés y el mal uso de los casos gramaticales (en mi caso, completamente involuntario). K. incluso sacó a colación su etapa de profesora de alemán para extranjeros (españoles e italianos en su mayoría) y las dificultades que tenemos todos con la pronunciación. Ahí sí que interviene -tocado en mi pundonor- y lancé que es bastante sospechoso que sólo se hable alemán en una reducida porción del mundo. K. se lamentó de que un idioma tan hermoso como el alemán se esté perdiendo. Se hizo un silencio un tanto melancólico. Luego, yo repuse que, si bien al principio lo odiaba, desde que oí hablar a mi conocido el Juez (que tiene una pronunciación bellísima, en mi opinión) empecé a amar el alemán como un edificio ordenado y radiante, aseado y límpio, como el piso de K.
Tras esta afirmación, que les deja a todos sonrientes, se cambia de tema: alguien se ha fijado en el mantel. Los austríacos pasan por ser consumidores bien informados. Se intercambian datos sobre las tarifas de móvil (yo no tengo ni idea de cuántos céntimos me cuesta hablar por minuto, pero aquí la gente no parece pensar en otra cosa) y, volviendo hacia el ramo textil se dice una frase que a mí me deja muerto:
-Pues aunque no os lo creáis, el mantel es de poliester. Ideal.

sábado

El filete es tuyo, ciudadano
(Reflexiones al calor del Shopping City Süd)


24 de Febrero.- Atención, queridos lectores, porque voy a sacar a la luz un hecho que hará remecerse sus conciencias: uno de los capítulos menos conocidos de la guerra de los Balcanes (y yo diría que uno de los más terribles) es la persecución que sufrieron durante dicha guerra las personas con un mínimo de buen gusto, no importa la etnia a la que pertenecieran. Dentro de la política criminal de limpieza étnica que caracterizó aquel conflicto, ellos fueron los que más sufrieron. A juzgar por cómo se visten ahora las personas procedentes de los países del este –particularmente balcánicos- se debió de hacer una exhaustiva búsqueda de aquellos indivíduos que sabían combinar los colores o que no ignoraban que no es necesario que los tintes rubios platino produzcan daños irreparables en el nervio óptico; se encomendó a estas personas misiones suicidas a las que no pudieron sobrevivir y así, los pobres habitantes de la desmembrada Yugoslavia, no sólo tuvieron que soportar a fulanos como Milosevic, sino que se hundieron de cabeza en la barbarie estética. Ellas, quedaron condenadas al tinte platino, a las mechas salvajes sobre el pelo azabache, a la ropa que, en América, llevaba Ana Nicole Smith (q.e.p.d.) y que las hace parecer lo que sin duda no son: señoritas de moral distraida rescatadas por Espartaco Santoni de cualquier whisquería de carretera de las cercanías de Ciudad Real; y ellos, que tuvieron menos suerte aún, quedaron en las manos de una mafia internacional de diseñadores entre cuyas fechorías cabe destacar los estilismos de la primera Operación Triunfo, bajo cuya influencia fue imposible pasar por la planta de Moda Joven de El Corte Inglés sin preguntarse si los diseñadores que sirven a esa Santa Casa eran adictos sin remisión al Acido Lisérgico o formaban parte de un pérfido complot en contra de la ropa ponible..
Todas estas reflexiones me asaltan mientras contemplo, en el Shopping City Sud –un centro comercial monstruo que está al sur de Viena- a una pandilla de adolescentes balkánicos con sus churris. Me pregunto qué pecado han cometido estas pobres criaturas para que alguien les haya dicho que están no ya guap@s, sino mínimamente visibles, con los atuendos que me llevan. Mención especial merecen las crestas de ellos (hechas directamente por un peluquero canalla pariente cercano de Pierre Nodoiuna) y el revocado que llevan ellas en la féis (llamarle a eso maquillaje es insultar a la industria cosmética). Tanto ellos como ellas llevan encima todo el estrás que han podido chorizarle a sus madres (pendientes de diamantitos ellos, bisutería brillosa ellas) y, mientras mascan chicle con la boca abierta, se intercambian sms con quién sabe qué ignotas malas influencias.
Al lado del grupo de delincuentes juveniles –que están esperando que alguien haga con ellos su particular West Side Story- pasan a menudo señoras mayores. Las señoras mayores de Viena, también conocidas como viejas de Viena, pertenecen a una especie particular que se parece poco a sus parientes de la Internacional Abuelista que viven en España. Para empezar, las señoras mayores vienesas se mantienen activas hasta muy avanzada edad. Y cuando digo activas, digo activas. O sea, que casi se ofenden si las tratas con el tiento que la educación manda dispensar a las personas mayores. Siempre van impecablemente vestidas. La vieja austríaca prototipo lleva un sombrero con pluma, chaqueta loden con botones plateados, falda por debajo de la rodilla, zapato plano y bastón. Al equipo se añade un bolso y una cara de determinación férrea que vale lo mismo para pasar al otro lado del paso de cebra que para comprar una botella de sirope en un Billa –el DIA de aquí- algunas, las más intrépidas, incluso se desplazan en bicicleta. Por supuesto van peinadas de peluquería. Uno puede ver en su forma de moverse y de relacionarse con el mundo dos cosas: a) una educación estrictísima basada en la represión ferrea de cualquier sentimiento: las señoras de Viena son educadísimas al antiguo estilo y b) la escasez. El grueso de la clase media austríaca tiene muy presente la escasez. Hay que tener en cuenta que aquí, después de la guerra, no se empezó a comer medio bien hasta principios de los años sesenta. Por eso –y esta hará las delicias de mis lectores españoles- aquí es muy normal que, cuando tú vas a un restaurante y te pides un schitzel –especie de filete empanado que es la comida tradicional de Austria- si no te lo acabas (cosa que es frecuente, porque aquí los filetes son de carne de brontosaurio) tú llamas al camarero o Kelner y le dices:
-Oiga usted, mein herr, que me lo envuelva para regalo.
El camarero, inexpresivo, se llevará tu plato y te traerá un paquete de papel albal con los restos de tu filete dentro. Yo, la primera vez que vi hacer esto, casi me dio un flús –en España nadie lo haría, porque le parecería cutre-; yo, poseido por la vergüenza torera que a veces nos entra a los españoles, incluso, renuncié a ir por la calle con mi paquete de papel albal con el filete dentro. Mis amigos austríacos me miraron con cara rara porque para ellos no era nada del otro mundo. Para intentar convencerme, me decían:
-Se tira muchísima comida todos los días: es una lástima. Y, además, lo has pagado. El filete es tuyo.

viernes

Piú Butano (Esto es la guerre)

23 de Febrero.- Nunca sabe uno cuánto y cuánto necesita un día libre hasta que le da por cogérselo. Bueno, a mí no me ha dado por cogérmelo, es que tenía que hacer mandaos (como se decía cuando yo era chico); he empezado la mañana en una interviú laboral. Esta vez el entrevistador era del tipo: “Anda, convénceme de que no me estás mintiendo; demuéstrame que no te has dedicado a falsificar tu currículum echándole típex a los papeles”. En fin...A su favor, tengo que decir que, una vez me ha quitado el flexo de la cara, hemos terminado la conversación casi amigablemente. Una vez fuera de la entrevista he caido en la cuenta (he realized, vaya) que estaba en el culo del mundo, así que he decidido acercarme a un lugar más céntrico –y cercano a mi vivienda- para darme un paseo y, por qué no, hacerme un regalo (hale, porque yo lo valgo). El metro me ha dejado en la parada de Stephansplatz (o sea, la de la catedral) y de ahí, me he echado a la calle a ver cómo se lo monta la peña durante una mañana de viernes soleada, aunque un poco fresca para ser primaveral. Y la verdad es que la gente se lo monta de lo más soso, las cosas como son. Cuando llego a casa, con un libro debajo del brazo (un libro gordo, de fotos, que son los que más me gustan), después de poner un poco de orden (parecía que había habido una explosión) me dispongo a leer los periódicos del día y me encuentro con que un personaje llamado Jose María García sigue dando muestras de lo que todos ya sabíamos: o sea, de que padece el síndrome Camilo José Cela. El síndrome Camilo José Cela les aqueja a los famosos que son rebasados por los tiempos y por las circunstancias de su vida. Al bueno de Don Camilo (unas gachas Don camilo? Venga) le aquejó después de ganar el nóbel. Los síntomas más evidentes consisten en un vacío existencial que te lleva a hacer lo que sea con tal de salir en los papeles. Y quien dice en los papeles, dice en los vídeos, o en las entrevistas de Quintero. En el caso de CJC aquello se explicaba perfectamente: una vez que has ganado el nóbel de lo tuyo, ¿Qué más se puede hacer en la vida? En el caso de Jose María García (conocido también por un cierto número de apodos ordinarios que no voy a reproducir aquí), cuando has tenido el poder de que cientos de taxistas españoles (el gremio más carca que existe) te sintonicen para escuchar cómo pones verde a diestro y siniestro, cuando la suerte ha querido que termines retransmitiendo el 23-F –por cierto, tal día como hoy-, cuando otros predicadores, en suma, ya han cogido tu puesto (Fedeguico, ay, Fedeguico) ¿Qué más puedes hacer? Pues contar una serie de cosas que todo el mundo sabe. O es que, a estas horas, ¿Ignoraba alguien la –evidentísima- filiación política de Sáenz de Buruaga? ¿Había alguien que no estuviera al cabo de la calle de que, desde que dejó el páguer, el expresidente del gobierno sufre de saudade? –como, por otra parte, le sucedió a Felipe González en su día-; en fin...Jose María García es un señor que tiene ya bastantes conchas y sabe cómo se fabrica un titular. Lo único que hizo ante Quintero fue hacerlo, y Quintero, que es listo, le dejó hacer. Ahora Jose María García, como Maria José Campanario, como Belén Esteban, se dedicará a hacer las televisiones y los platós contando su historia: una teoría de la conspiración para callarle a él, a la parte más conspícua del Pueblo Soberano, de los taxistas y los camioneros de España a los que tanto quería Encarna Sanchez.
Lo de menos es que Jose María García venga a estas horas con estas películas de indios y estas sombras chinescas. Lo de más, es que, JMG haga estas cosas y encima, tenga público...

jueves

Cultural Tips
Foto: la familia Flores por Gyenes, de izquierda a derecha: Antonio (padre), Lola, Lolita y Rosario. Sentado: Antonio (hijo)

22 de Febrero.- Consejos extraídos de la web de una famosa multinacional. En ellas, se dan los siguientes consejos para aquellos empleados destinados a trabajar en nuestro suelo.

1.- Un apretón de manos es el saludo usual, aunque los amigos íntimos masculinos pueden añadir a esto un abrazo o una palmadita en la espalda. Las mujeres le abrazarán suavemente y tocarán sus mejillas haciendo un movimiento de beso.

2.- El español requiere cierta cantidad de formalidad. Debería dirigirse a la gente con su título -se refiere a Don, Doña, Licenciado, Diplomado, Señor, Señora- y su apellido. Deje que sus interlocotores inicien el uso de los nombres de pila y del informal "tú"

3.- Temas adecuados de conversación son la política internacional, los deportes y los viajes. Evite tópicos como la edad, la familia (a menos que la conozca), la vida personal, religión, profesión, dinero o salarios -esto es alucinante porque aquí TODO EL MUNDO te pregunta cuánto ganas a la primera ocasión-. Puede que le interrumpan frecuentemente durante una conversación normal. Tómelo como un signo de entusiasmo y no se ofenda.

4.- La cena se sirve normalmente alrededor de las nueve o las diez p.m. Sin embargo, es una práctica común ir de tapas de 5 a 6 (!) moviéndose de bar a bar (tabernas, bares, mesones -en español en el original- y encontrarse con los amigos. Esto puede durar una hora o dos.

5.- Cuando usted sea invitado, alabe siempre a su anfitrión y anfitriona, y si es en un restaurante, asegúrese de hacerle un cumplido al camarero (otro !)

6.- Debido a que el hogar español sólo está abierto a los amigos íntimos, puede ser invitado a un restaurante. Cuando le inviten a una casa española, lleve siempre un regalo.

7.- Asegúrese de ir vestido apropiadamente. Los españoles son agudamente sensibles a la forma de vestir tanto en los negocios como en la vida diaria: el traje es un reflejo de la posición social de un individuo.
Y ahora, los equivalentes para aquellos profesores que vengan a enseñar a Austria:

1.-Empiece de una manera formal con sus conocidos austríacos. Al principio, diríjase a ellos con su título (para doctores, etc) o Señor o Señora y sus apellidos.

2.- Estreche la mano siempre con todoa la gente de un grupo cuando se los encuentre y otra vez antes de irse. Es una ofensa decir simplemente adios con la mano.

3.- Los austríacos pueden ofenderse con las bromas suaves o el sarcasmo -añado: es más: no lo entienden-

4.- Los temas adecuados de conversación incluyen la política internacional (cerciórese de saber de qué está hablando!) y los deportes, especialmente, esquí y música -la música sólo puede ser un deporte en Austria- evite temas como la edad, la religión, el divorcio o el dinero -que los austríacos ya se encargarán de tratar sin darles pie-.

5.- Si hace invitaciones, prepárese a llevarlas a efecto. Si es usted invitado, prepárese a aceptar e ir.

6.- Si usted está invitado a cenar: sea puntual! -añado: la definición de puntualidad austríaca incluye el estar en el lugar por lo menos diez minutos antes de la hora-

7.- No se sienta obligado a beber alcohol. No será presionado para beber alcohol, especialmente si usted va a conducir, porque las leyes a este respecto son muy estrictas -completamente cierto: aquí la gente, en cuanto se toma una copita, coge un taxi-

8.- Si usted bebe alcohol con un asustriaco, mírele directamente a los ojos al brindar -otro añadido: coja usted la copa del fuste y no del cuerpo, se toman muy a mal lo contrario-

9.- Nunca aparezca por una casa sin ser invitado. La hora normal de visita es alrededor de la tres de la tarde. Llame siempre para preguntar si al anfitrión le viene bien. Espere que le sirvan café y pastel. -para eso los austríacos son como los hobbits-

10.- Los austríacos no guardan cola necesariamente para los autobuses, etc. En público, puede haber muchos empujones. No reaccionan si usted dice "Perdone"; están decididos a que les sirvan y esperan que les tomen en serio cuando toman una decisión.

11.- En los restaurantes, puede ser sentado a la mesa con extraños si no hay mesas individuales libres -de hecho, es una práctica de lo más común-. El agua, normalmente, es mineral.

12.- No se tome de forma personal si, en las grandes ciudades, ls camareros son un poco bruscos con usted.

13.- Preste atención a los horarios de las tiendas. Las horas pueden variar y la definición de "Atención al cliente" puede empezar y terminar con una eficiente satisfacción de su demanda.

Aromas


22 de Febrero.- Una de las cosas que más me gusta hacer es recordar, revisitar momentos concretos de mi vida. A veces lo hago por medio de la música (me gusta cantar las canciones que asocio a las personas a las que he querido) y a veces, como hoy, lo hago por medio de los olores. Dicen los científicos que se dedican a esto que los olores tienen una enorme capacidad evocadora. La nariz, ese instrumento preciso que tenemos en mitad de la cara, no sirve sólo para llevar las gafas, sino que es un detector conectado directamente con nuestra memoria. En este post, repasaré los olores que me gustan y que me traen bonitos recuerdos. Ahora que lo pienso, son cosas que nunca le he contado a nadie...

-Chanel número cinco: es la colonia que usaba mi madre cuando yo era niño. Siempre que entro en una perfumería (sobre todo si está en un aeropuerto), me acerco disimuladamente a las estanterías de perfume de mujer y busco el más famoso de todos los tiempos. Cojo una cartulina y flusflús, y me la guardo en el bolsillo. Tengo una bufanda sintética buenísima (de lana no tiene más que la apariencia) y cuando no hay cartulina a mano, también le echo un poco de flusflús. Esta historia del Chanel número cinco es curiosa. Cuando yo era pequeño, mi padre trabajaba en los laboratorios que hacían el Chanel número cinco en España. Hay que decir que el perfume es uno de los productos más baratos (a precio de coste) que existe. Cualquier perfume lleva un alto porcentaje de agua, un alto porcentaje de alcohol, un gran porcentaje de una fragancia animal que se llama almizcle (y cuya estructura química, curiosamente, es parecidísima a la del sudor humano) y, por último, una mezcla floral variable. En aquellos tiempos de que hablo, cuando un empleado quería hacer feliz a su señora, metía una botella en la cuba del Chanel número cinco y se lo regalaba. Conservo, incluso, botellas de litro de Chanel originales, con el famoso tapón negro de las Cés entrelazadas, que en su día contuvieron Chanel Cristal, o chanel de caballero (que también lo hay). Cuando yo era pequeño, y en recompensa por los servicios prestados (yo fui un niño un poco difícil) recuerdo que mi madre le regaló a mi profesora (Josefina) una botella de dos litros de Chanel número cinco. A la pobre mujer casi le da un pasmo.

-El olor de Viena: Viena tiene muchos aromas que son distintos de los de España. Por ejemplo, el aroma del Naschmarkt. En el Naschmarkt huele a especias, huele a fruta, huele como olían las carnicerías en España antes de que se convirtieran en sucursales de los hospitales. Huele a fruta confitada. Si perdiera la vista y necesitara saber si he llegado a Viena o no, sólo tendría que pasear por el aeropuerto. Hay un rincón en especial que huele de una manera diferente y que es mi primera memoria olfativa de la ciudad. También huelen distintas las ensaladas, porque llevan, a veces, koriander (Cilantro). También huelen de una manera distintas las mañanas de primavera. Es un olor a nuevo que no podría describir y que, junto a la temperatura del aire, se puede asociar a la sensación placentera que da el estar bajo las sábanas sin frío ni calor, en esa armonía perfecta que sólo existe algunas mañanas.

-El olor del jabón de Lavanda que compraba mi abuela. Hace poco, en una mochila azul que un día estuvo en España, encontré una pastilla pequeña –sin duda de un hotel- de la marca concreta que ella usaba, y me trajo muchos recuerdos agradables. Recuerdo que, cuando era pequeño, era un placer reducir la pastilla verde a una piedrecita lisa cubierta de espuma. Aún hoy, cuando paso por algún supermercado, me paro a oler ese jabón y la colonia Nenuco. Una cosa curiosa: aquí no hay colonia de baño, como en España. Mis alumnos se ríen mucho cuando yo les explico que, en España, existe el Nenuco, o la S3, o las colonias baratas de limón para después de la ducha. Para ellos, el agua de colonia es un perfume que asocian con las señoras mayores también conocidas como viejas (de las viejas de Viena hablo en otro momento, que también hay que echarles de comer aparte). No existe la colonia fresquita que te echaban en el pelo cuando eras pequeño antes de peinarte. Otro recuerdo olfativo relacionado con mi abuela es el de un comercio en donde me llevaba –antes de ir yo al colegio- a comprar patatas y hortalizas. Recuerdo que aquel comercio olía a pienso, a alpiste. Un olor curioso que me acompaña hasta hoy.

-El olor de los teatros (vacíos) y de los estudios de televisión: ese es el perfume del aplauso. Una mezcla de olor a cableado, a madera recién cortada, a polvo. Un olor a espacio abierto. Un olor a silencio. Muchas veces, cuando trabajaba en el mundo perdido, me sentaba en algún estudio vacío y cerraba los ojos, sólo para oler...

miércoles



Un par de fotos


21 de Febrero.- Arriba, Pauli descubriendo las bondades de mi nueva cámara (por fín) y abajo, un ramo de clavellinas

Lectura recomendable

21 de Febrero.- Al hilo del post anterior y, de casualidad (lo juro) encuentro el siguiente link.

http://tremendo.com/cluetrain/

viene del blog www.merodeando.com, que también es muy interesante.


La televisión ha muerto. Viva la televisión.


21 de Febrero.- Leo en la prensa digital que los videos de la MTV van a estar colgados de manera gratuita en el servidor de Skype. Esta noticia, junto con el imparable ascenso de Youtube y otros portales de cuelgue de videos como Dailymotion, hacen presente lo que ya se veía venir desde hace unos años: la muerte de la televisión tal y como hoy la conocemos. Tiemblen los programadores, porque, por fin (aunque uno no sabe hasta qué punto) los espectadores no sólo tenemos el mando, sino que tenemos el págüer. Veremos lo que queramos, a la hora que queramos y durante los minutos que queramos. Grabaremos nuestros programas favoritos en el disco duro del ordenador –o de ese aparato mixto que venga a sustituir a la televisión actual- y los reproduciremos cuando nos salga del sursum corda. Teóricamente, en estos momentos, nos encontramos frente al caos primigenio. Esto quiere decir que, teóricamente, los espectadores tenemos ante nosotros todo el material televisivo producido hasta ahora que, otros iguales que nosotros, han procesado con su aparatito y han colgado de la red. Yo mismo, dejé aquí colgado el otro día un episodio de Murphy Brown. Los vídeos son, de momento, de mala calidad, pero el progresivo aumento de la velocidad en las conexiones hará que terminemos viendo los programas como los vemos ahora en la tele.
Ahora sólo queda un ingrediente: la tele es, ante todo, un arma política al servicio del poder establecido. El instrumento a través del cual el poder y la sociedad se piensan a sí mismos. Así pues, dentro de poco empezarán a surgir voces que clamen por que internet se regule, porque se decida qué contenidos son aptos y cuales no aptos para ser difundidos y, por lo tanto, para ser reproducidos. Aunque, naturalmente, no se dirá con estas palabras diáfanas sino que, naturalmente, se buscarán subterfugios. Las compañías que proceden del viejo mundo, de ese mundo pre-internet, y de la programación hecha como cañonazos para matar a las moscas, ya están empezando a poner el grito en el cielo. Se quejan de que los internautas, a quienes las leyes nacionales protegen a la hora de difundir copias de los archivos sin ánimo de lucro, no pagan derechos de autor y tratan de patalear inutilmente contra los portales, como Youtube que les sirven de cobijo. Los grandes dinosaurios del mundo de la comunicación, dirigidos por respetables señores de más de cincuenta años, no se dan cuenta de que el futuro les está pasando por delante de las narices sin que ellos puedan evitarlo. Sólo algunos tímidos, como el fundador de itunes, se han dado cuenta del potencial del nuevo medio que terminará, seguramente, por sustituir a todos los existentes mediante una oferta poliédrica. Y si es posible vender música por internet ofreciendo lo que el cliente quiere, también será posible vender vídeos, programas y lo que se tercie, siempre que se dé con la diana de lo que el consumidor quiere. Toda la industria de la televisión está pasando por un proceso de redefinición revolucionario. De aquí a diez años el trastito que hoy nos sirve imágenes será una cosa del pasado: un invento que sólo usarán los consumidores que no estén dentro de la corriente principal del mercado.
La tele ha muerto y el mundo que yo conocí ahora es tan solo una entidad que tiene la misma realidad que las estrellas que, después de fallecidas, siguen enviándonos su luz lejana.

martes


La escala de Rainman
foto: fachada del Apollo Kino
20 de Febrero.- Una de las tradiciones más queridas de este país que me cobija es el Kino Montag, que quiere decir, en esta lengua extraña, día del espectador. Así pues, aprovechando que no tenía nada que hacer, me dispuse ayer a ver un bonito flín que me hiciese olvidarme del agotamiento que es vivir. Mis complacencias recayeron en “Der gute hirte”, o sea, y en cristiano “El Buen pastor”. Fui a verla al Apolo Kino que es un cinema de rancio abolengo que, a principios de los noventa, fue transformado en unos multicines más laberínticos que la biografía sentimental de Ana Obregón. Me tocó la sala 11, que es la más bonita porque conserva restos del antiguo teatro, con el enorme rosetón de latón del que colgaba la araña de cristal.

Los Kino Montag son una tradición que ayuda a aprender alemán tanto o más que las canciones de Julio Iglesias o el schlagger.

El eschlagger es un género que, en España, se ha perdido para siempre (gracias a Dios) y es lo que en aquel Gente Joven de cuando yo era un infante se llamaba “Canción Ligera”. En su versión austríaca, la canción ligera se reduce a un chunda-chunda como los que ponía Luis Cobos por detrás de las piezas de música clásica y una voz, masculina o femenina, dulce, por aquello de compensar las asperezas del idioma. Las letras son igual de profundas que las de Barrio Sésamo y llevan títulos asociados al jolgorio, al alcohol y a los blaue augen de alguna moza o de algún mozo (porque la coartada sexual existe incluso para este tipo de música delictiva). Los cantantes pueden ser de dos tipos: a) los que se aferran al look agropop que viene a ser, para ellos, un cruce entre el vaquero con la cara lavada y recién peinao y ciertas formas de baja intensidad del chic abertzale –ese arito en la oreja, esa melenita molona-; para ellas el look Shanaia Twain –como quiera que se escriba- pero con esa ropa impersonal que sale de practicar el patronaje del Burda; b) los que se acogen al traje regional; en estos últimos, no suele faltar un fulano con una tuba (consustancial al sombrerito con pluma y a los pantalones de cuero). Para ellas, las consuetudinarias trenzas y el vestido de florecita alpina.

Como ejemplo paradigmático de este tipo de música, citaremos la canción: Champagne Total cuya letra, prodigio último de la lírica germana, dice así:

Champagne fus ganze lokal (champagne para todo el local)
Champagne, champagne total (Champagne champagne total)

Y eso, durante dos minutos y medio. El organismo internacional competente para casos de violación flagrante de los derechos humanos, ya está investigando sobre el autor o los autores de esta tonadilla (se sospecha, dada la similitud de los ritmos y la profundidad de la letra, que son los mismos que los de el tractor amarillo).

Como decía, gracias a los Kino Montag y al Schlagger, he conseguido, en año y medio, poder participar en las conversaciones en un grado cinco en la escala de Rainman, que tiene diez. Esto significa, más o menos, que, dependiendo de lo despejado que yo esté (aunque el alcohol me desata la lengua) tardo más o menos un minuto en el siguiente proceso:

1.- Entender lo que me dicen.
2.- Elaborar una respuesta
3.- Traducirla al alemán
4.- Reordenar la frase (porque el orden de las palabras, es distinto en español que en alemán).
5.- Intentar pronunciarlo de manera que me entiendan.

Volviendo a donde empecé (que siempre me voy por las ramas) la peli, bien. Aunque un poco larga (un señor, dos filas más atrás de mí, roncó lo suyo, y no es coña).

lunes





Recuerdos del más allá
foto: Tanz Club Jenseits

19 de Febrero.- La noche guarda rincones que se esconden detrás de puertas negras. El sábado por la noche, junto con un grupo de amigos, sin saber cómo ni por qué, me encontré delante de una de ellas. Se trataba de la del Tanzclub Janseits (Más allá), que yo no conocía. El Janseits es un lugar que sorprende antes de entrar, porque hay que llamar a la puerta. O sea, que hay que llamar a un timbre. Cuando te abren, pasas a un local no demasiado grande –tampoco pequeño- con pinta de whisquería. Ningún detalle falta para evocar los puticlubs de las películas de Clint Eastwood de los años setenta. Ni el papel plástico imitando fastuosas grecas de terciopelo falso, ni las lámparas de muro con sus casquillos en forma de vela de plástico -churretón de cera incluido-, ni los veladores de mármol, ni los asientos tapizados de cretona color cereza. El sábado por la noche, pinchaba un nostálgico de los sesenta, que aliñó la personalísima decoración del establecimiento con música cool y easy listening. Yo quise, en el acto, comprarle toda su discoteca. Por poner algunos ejemplos, puso el Pata-Pata de Miriam Makeba, una versión de Celia Cruz de I will survive que se llama “Yo Viviré”; a Julio Iglesias cantando en portugués Mañana de Carnaval, a Ray Charles cantando Hit the road, jack...Si uno cerraba los ojos podía pensar en las fiestas de Truman Capote y Diana Vreeland, en aquellos tiempos en los que el amor era un exceso y la vida una raya de cualquier sustancia estupefaciente. Desgraciadamente, todas las caras tienen su cruz. Estos austríacos, así les maten, no bailan. Así pues, yo practiqué el sienting que consiste en bailar sin levantarse de la silla –así mismo canté lo que me sabía, que era mucho-; estos deseos míos de darle alegría a mi cuerpo (Macarena) hicieron exclamar a mi amiga S. –la finesa, ver post especial nochevieja-:

-Hay que ver este Paco lo rápido que se integra.

Y es que yo, queridos lectores, soy una mente simple: todo lo que tenga ritmo me arrastra. Y allí estaba yo.

También estaba con nosotros una pareja de Tirolesa y Vienés (en este país estas cosas son muy importantes) que estaban de visita en Viena y a los cuales, la frenética actividad de una tarde sabatina en la capital de este país, les había dejado para los leones.

A la una y media, tras la protocolaria última copa, me volví a casa. Llegué sobre las dos y media –en el camino a casa hubo alguna que otra parada para sucesivas últimas copas que, en mi caso, fueron cervecitas-; al llegar a mi vivienda, con el cachondeito nocturno, no tenía sueño, así pues sintociné la tele a ver qué había. Me sorprendió un programa de Canal sur que se llama mil y una noches ( presentado por un señor encantado de haberse conocido, por cierto). Este programa viene a ser como aquel que, en aquellos días de dulce recuerdo, tenía Pedro Ruiz en la segunda cadena. O sea, que el presentador lanza una pregunta de anuncio de compresas (¿A qué huelen las cosas que no huelen?) y se queda mirando al entrevistado con pinta de intelectual y la cabecita torcida para un lado.

Esta manera de entrevistar tiene la ventaja de que no es agresiva para el espectador, pero la desventaja de que sus resultados dependen mucho del día que tenga el entrevistado (todos tenemos días de habernos fumado un tampax y días en los que estamos de lo menos ocurrente). El otro día la entrevista era especial porque el programa fue un monográfico Ortega Cano. Viéndole, me vino a la cabeza que Ortega Cano tiene que ser una persona muy sufrida y muy noble. Me pareció un hombre muy comedido y que, cualquiera que fuera la naturaleza de su relación con Rocío Jurado, no puede dudarse de que la quería. Hay cosas que no se pueden decir si uno no está realmente enamorado de otra persona. También me pareció un hombre muy digno y muy pudoroso con su dolor.

Como nota frívola, decir que, entre pregunta y pregunta, de vez en cuando, ponían actuaciones de Rocío Jurado. Y la verdad, queridos míos, hay últimos discos que nuestros ídolos no debían haberse permitido, ni atuendos que nadie les debería haber dejado llevar. Pusieron una actuación de LMG (La Más Grande) cantando “Sobreviviré” de Mónica Naranjo, enfundada en un traje pantalón negro de cintura sobaquera, que la verdad...En fin, los comentarios sobran.

Para remediar el shock me puse mi DVD de su recopilatorio (Rocío Jurado, Señora) (sí: lo tengo, qué pasa, y el de Camilo Sesto, con su famosa caída de rodillas de Jesucristo Superstar también, porque uno es muy mitómano) y me recreé en los inverosímiles estilismos de la de Chipiona allá en sus buenos tiempos. La mujer parecía una gamba (por la importancia de la cabeza con respecto al resto del cuerpo). Esos cardaos que hacen flipar a mi cuñada (más que nada por saber cómo fueron posibles), esos trajes de noche con hombreras extragigantes para disimular que dicho cardao, en determinados casos, puede ser una adicción necesitada de tratamiento. Esa dependencia patológica de la laca. Ese clavel que siempre estaba colocado estrategicamente encima del piano para el último “se nos rompió el amooooooor, de tanto usarlo”. Esas uñas como garras pintadas de fucsia. Ese dominio del silencio. Ese dominio del “Admiradores, este es mi perfil derecho” y del “Fans del mundo mundial, este es mi perfil izquierdo”...En fin, que entre unas cosas y otras, me acosté a las cuatro pensando, como muchas veces, en mi abuela, que siempre decía:
-Como las artistas de antes, ná.

viernes


Alles Waltzer!

16 de Febrero.- Cada día estoy más enamorado de esta ciudad y de las personas que la habitan (de unas más que otras, hoy hubiera matado a una secretaria, pero bueno).
Ayer, cuando salí de trabajar, al ir a casa, me planté en la parada de tranvía habitual (enfrente de la Technisches Universität) y esperé, y esperé y esperé. Tras un rato de espera (cinco minutos, mucho para Viena) me acerqué al poste donde están colocados los horarios de paso del tranvía y me encontré con un cartel que, en inglés y en alemán –aprenda el alcalde de Madrid- decía algo como:
“Es posible que, debido a las previsibles manifestaciones antisistema enfrente de la ópera con motivo del baile anual, queden cortadas algunas líneas que pasen por esa estación. Les rogamos paciencia. El cualquier caso, el servicio se restablecerá a la mayor brevedad posible”
¿Cabe mayor prodigio de sentido común? ¿Cabe cachondeito más fino? No. No cabe. Y yo, la verdad, me fui andando a casa de lo más a gusto –aunque me acordé de la señora madre de Paris Hilton, mil, las cosas como son-.
Ayer, estaba invitado a un par de fiestas, pero no fui. En primer lugar, porque el catarro me dio mucha pereza. Así pues, en pantuflas –sigo con el síndrome Bridyet- me deposité enfrente de la tele y contemplé la programación a propósito del baile de la Ópera –u Opernball-. Como dijeron mi Alfons Haider y mi Arabella Kiesbauer –una especie de Jesus Vazquez y Anne Igartiburu, respectivamente- “el baile de los bailes”. Y mi amor por el pueblo austríaco siguió subiendo como la espuma. Los previos absolutamente fenomenales. Se encargaron de ellos un tal Hohenlohe y un tal Trenkwitz, los dos actores de cabaret –aquí, el cabaret es un género con mucho predicamento, y muy bien llevado, otro día hablaré de él-; para entendernos, el programa era como “El informal”, pero con clase. Yo me reí lo que no está escrito –y eso que no entendía la mitad de los chistes-. Tras esto, el previo del baile en que se entrevistó al Bundespräsident –el equivalente al Rey, en España- y a su santa esposa. Unas personas amabilísimas, en particular la santa esposa del presidente. Tras esto, la retransmisión del baile. Los austríacos saben que el concierto de año nuevo y, en menor medida, el baile de la ópera, son sus escaparates ante el mundo. Venden glamour y lo saben. Millones de japos acuden atraídos por la suave muselina, la música de Strauss y esa cosa de “aunque no tenemos emperadores, el espíritu de Sissi sigue vivo”. El baile empezó con la entrada de los y las debutantes. Ellas, de blanco. Ellos de riguroso frac. Bailaron una polonesa. Tras esto, el ballet de la ópera de Viena ejecutó, en mitad de la sala, una “jota estudiantina” –que se parecía a la jota de verdad lo que un huevo a una castaña- y luego, el ballet infantil –comestible- una versión de la “Polka bajo truenos y relámpagos”. Volvieron a bailar los y las debutantes el Danubio Azul (versión corta) y luego dijeron el grito tradicional:
-¡Alles Waltzer! –o sea: “A bailar vals to quisqui”
Y ya fue el acabose.
Ah! Se me olvidaba. Ana Netrebko –que aspira a ser la próxima María Callas- se cantó unas cuantas arias de Manon Lescault de Massenet. Primero, enfundada en un traje que no la favorecía nada, y después, tachán! En un megatraje fucsia con cola que dejó a la concurrencia –in situ y en la intimidad de sus hogares- con la mandíbula descolgada. La tía debe de ser bastante estúpida, pero no cabe duda de que domina el arte de la puesta en escena.
A cada golpe de efecto, cuidadosamente calculado, M. Me decía:
-Y qué, en España hay eso?
Y yo:
-Pues no. En España, la verdad, desde “goles son amores” no hemos progresado mucho.
A todo esto, Paris Hilton se aburría como una seta, claro. Porque la estrella no era ella.
A las once, como soy un chico bueno, fuime al lecho.

jueves

Cién de Cién

15 de Febrero.- En Viena, se sabe que ha llegado la primavera por dos razones a) empieza a llover y b) uno echa de menos la cercanía de un arma de fuego. La primera razón no necesita de mayores explicaciones, pero la segunda sí. Al estar Viena un poquito más al este que España (unos miles de kilómetros) las horas de luz se desplazan una hora. O sea, que amanece más o menos una hora antes de lo que amanece en Madrid y anochece también una hora antes. Esto significa que aquí viene a amanecer a las seis de la mañana un día con otro y en verano, a las cuatro. Con la amanecida (o sea, como diría el clásico, cuando la aurora se desmelena sobre los campos) empiezan a cantar los pajaritos (otro motivo no menos querido por los clásicos) y este concierto de aves canoras a las seis de la mañana pues la verdad, saca de su sueño al que lo tenga más profundo.
De los pajaritos cantores quisiera yo sacar otra reflexión: querido lector: has de saber que mi gata Sofía, el más pacífico de los bichos, duerme siempre en las inmediaciones de donde lo hago yo (a veces, incluso encima de mí si espalda, si me sorprende boca abajo). Hoy, precisamente, se daba esa situación. Sofía tendida sobre mi back y yo dormido como un ceporren. A esto que ha sonado el primer trino de un pájaro cantor y Sofía, de nuevo repito, el más pacífico de los bichos, ha sentido dentro de sí la llamada de la jungla y ha dado un salto en dirección al sonido que me ha terminado de expulsar de los agradables brazos del sueño (como si el piar no hubiera sido suficiente). Eso para los que luego digan que la naturaleza es un paraíso de concordia y aprovechamiento. Vamos, que si mi Sofía le hubiera podido poner la zarpa encima, el pájaro no hubiera trinado ni una mañana más.
En fin: a los bichos por lo menos les cabe la disculpa de que son inocentes y de que matan por razones utilitarias. El hombre, desde que conquistó la dudosa bendición del pensamiento, mata incluso por deporte (como mi amigo G. el cazador, que me deja perplejo con su afición a ser un leñador de animales).
A otra cosa:
Ayer, dispuesto a liberarme un poco del cansancio del día y a distraerme del resfriado con el que no consigo parlamentar, me puse la televisión a ver lo que me echasen (me faltaba el Hagen Dazs para ser una versión masculina de Bridyet Yons). Empecé por Telemadrid. Un enlatado rancio: se llamaba “El otro lado de la realidad” y lo presentaba (en aquellos días) un fulanito con gafas y más voluntad que fuelle cultural. El tema que se ventilaba ayer era la masonería. Pero hubiera dado igual que hubiera sido la sindone o la vida de Colón. Decidí cambiar. Qué pereza.
Por orden, llegué a la tele vasca que, por suerte, no estaba emitiendo el programa con el que nos castiga a los que habitamos en el exterior de manera más asidua. Este programa se llama Triki traka trikitrón y es lo más decrépito, lo más pastoso y lo peor hecho que yo haya visto en muchos años (ni siquiera Alto y Claro, con Curry Valenzuela, se le puede comparar). Consiste TTT –no voy a escribir otra vez el nombre, para no darle publicidad- en que una serie de payasos con pretendida gracia se encargan de enseñar a los sufridos infantes (que se lo tragan todo) a hablar el vasco. En fin: que no se puede con la vida. El programa de ayer era más bonito. Se trataba de una cosa como “A vista de pájaro”. Un formato que también ha probado con éxito Telemadrid. Se coge un helicóptero, se enchufa la cámara y a grabar se ha dicho. Luego, eso sí, se retocan las imágenes convenientemente (todo está editado) para que los prados parezcan más verdes, las piedras más marrones y el cielo más azul. Una música evocadora y una locución lírico-épico-festiva y hale, ya tienes un programa en el que la cultura no está reñida con el espectáculo. Ahora bien: este tipo de programas también tiene sus peligros. Sobre todo viniendo de una tele, como la vasca, con un fuerte espinazo ideológico. Y es que te puedes pasar de épica, lírica y festividad y entonces las locuciones te quedan como cuando Matías Prats (padre) comentaba el gol de Zarra. Por ejemplo, frase extraida del programa de ayer: “Gracias al especial carácter del vasco (¡) muchos navegantes procedentes de nuestro territorio entraron en la historia con nombre propio”. Por supuesto, no se aclaraba en qué consistía el carácter especial del vasco, aunque se suponía (como el valor en la mili) que este debía consistir en una especial bizarría y amor por la aventura. Muchas reconstrucciones de época, muchos actores haciendo de general antañón con barba postiza y, en fin, mucho “carácter vasco” por todas partes. Carne para los chicos de “Vaya Semanita”.
Pero es que el destino me tenía guardada la perla: TV3, “No em ratllis!” (no me ralles) presentado por la simpar Julia Otero. Yo hacía mucho que no la veía (desde “Las cerezas” en TVE) y la verdad, Julia, desde aquí te lo digo: qué mal te ha tratado la vida. El programa no está mal (o sea, es como el eterno retorno del filósofo, para que nos entendamos: es una versión de Juego de Niños) pero mi Julia continúa con esos estilismos que intentan decir a gritos: Aquí está la Murphy Brown española. Y no lo consiguen. Ayer una chaqueta corta de piel de leopardo, unos pantalones ceñidos negros y unas botas de tacón (altísimo). Quedaba un pelín pilingui, las cosas como son. Fiel a su melenita rubia, fiel a sus mohínes (que ya no le funcionan tan bien como en el 3x4) fiel a su voz de chica quenotienelaculpadehabernacidotansexi, la Otero debería renovarse. Sigue siendo eficaz, no nos engañemos, sigue portándose bien (rodeada de niños o entrevistando a Ferrán Adriá), pero ¿Por cuánto tiempo? La Bella Otero debería empezar a pensárselo.
En fin, según los registros de este servidor que me cobija, esta es la entrada que hace ciento. Y parece que fue ayer cuando empezamos...

miércoles


Más canciones de amores
(Esta vez en Suajili)

14 de Febrero.-


For once in my life
I have someone who needs me
Someone Ive needed so long
For once, unafraid, I can go where life leads me
And somehow I know Ill be strong
For once I can touch what my heart used to dream of
Long before I knew
Someone warm like you
Would make my dreams come true (1)
I know that I can be stronger
But I don't wanna be strong tonight
And you don't need to make everything all right
Just make me feelLike I'm beautiful tonight
Just make me feelLike I'm beautiful (2)
I will be a candle in the darkness
I will be the hand of heaven above
I will be a mirror that reflects
Your endless love I will be the hope among the hopeless,
where there is conflict,
I will be peace only by the power of
Your spirit living in me (3)
Its a private emotion that fills you tonight
And a silence falls between us
As the shadows steal the light
And wherever you may find it
Wherever it may lead
Let your private emotion come to me(4)

With each word your tenderness grows,
Tearing my fear apart...
And that laugh that wrinkles your nose,
It touches my foolish heart.
Lovely ... never, ever change.
Keep that breathless charm.
Wont you please arrange it ? cause I love you ...
just the way you look tonight. (5)

(1) For once in my life. Intérprete: Stevie Wonder.
(2) Beautiful; Intérprete: Sweetbox
(3) I will be.; Intérprete: Natalie Grant
(4) Private Emotion; Intérprete: Ricky Martin
(5) The way you look tonight; Intérprete: Fred Astaire, Frank Sinatra, Harry Connick Jr….


Fragmentos de un discurso amoroso
(Especial San Tontín)
14 de Febrero.-

Hablemos del amor, una vez más
Que es toda la verdad de nuestra vida
Paremos un momento las horas y los días
Y hablemos del amor
Una vez más (1)

Por si hay una pregunta en el aire
Por si hay alguna duda sobre mí
Hoy quiero confesarme
Hoy que me sobra el tiempo
Voy a contarle a todos
Como soy (2)

Te quiero vida mía
Te quiero noche y día
No he querido nunca así
Te quiero con ternura
Con miedo, con locura
Sólo vivo para tí
Yo te seré siempre fiel
Pues para mí quiero en flor
Ese clavel de tu piel y de tu amor (3)

Ay amor, sin tí no entiendo el despertar
Ay amor, sin tí mi cama es ancha (4)

Comerte sería un placer porque
Nada me gusta más que tú (5)

Toda mi esperanza eres tú, eres tú,como lluvia fresca en mis manos,como fuerte brisa eres tú, eres tú,así , así eres tú. (6)

En la tómbola del mundo
Yo he tenido mucha suerte
Porque todo mi cariño
A tu número jugué
Yo soñaba con tu nombre
Deseaba conocerte
Y la tómbola del mundo
Me premió con tu querer (7)

Tengo el corazón contento
El corazón contento
Lleno de alegría
Tengo el corazón contento
Desde aquel momento
En que te conocí
Y doy gracias a la vida
Y le pido a Dios que no me faltes nunca.
Yo quisiera que sepas
Que nunca quise así
Que mi vida comienza
Cuando te conocí. (8)

Se vive solamente una vez
Hay que aprender a querer ya vivir
Hay que saber que esta vida
Se aleja y nos deja
Llorando quimeras
No quiero arrepentirme después
De lo que pudo haber sido y no fue
Quiero dejar esta vida
Teniendote cerca de mí
Hasta que muera (9)

(1) Hablemos del Amor. Intérprete Raphael; Letra y Música: Manuel Alejandro
(2) Hoy quiero confesar. Intérprete: Isabel Pantoja; Letra y Música: Jose Luis Perales
(3) Te quiero, Te quiero. Intérprete: Nino Bravo (en la versión más conocida); Letra: Jose Luis Armenteros; Música: Augusto Algueró.
(4) Romance de Curro el Palmo. Intérprete, Letra y Música: Joan Manuel Serrat
(5) Sabor de amor. Intérprete: Intérprete: Danza Invisible. Letra y música: Danza Invisible.
(6) Eres tú. Intérprete: Mocedades. Letra y Música: Juan Carlos Calderón
(7) Tómbola. Intérprete: Marisol (no dejar de revisar la versión etílica de María Jiménez). Letra: Guijarro. Música: Augusto Algueró.
(8) Corazón Contento. Intérprete: Marisol. Letra y Música: Palito Ortega
(9) Amar y vivir. Intérprete: Antonio Machín (entre otros). Letra y música: Consuelo Velazquez (autora también, por ejemplo, de Bésame Mucho).

Me he divertido mucho haciendo este post y se admiten sugerencias por ejemplo de canciones que no sean en español. He empezado con las españolas porque eran las que, en el metro, tenía más a mano. La gente me miraba raro mientras iba encajando las canciones cantándolas :-)

martes





Carnaval te quiero
Fotos: De arriba a abajo: Parada de metro de Laurenzgasse, que es la más cercana a mi casa; vista general de mi barrio, metro de Pilgramgasse que es el más cercano a chez moi.
13 de Febrero.- Martes. En días como hoy, en que hasta el calendario está en contra nuestra, mi abuela no salía a la calle y se pasaba el día rezándole a San Antonio; el mejor abogado, según decía ella, para estas fechas aciagas. Sin embargo, no parece que haya demasiado por lo que tener miedo hoy. O sea, no más que otros días. Leo la prensa digital y parece que en España la vida sigue igual (ay, mi querido Julio) su pokito de Kale Borroka, su cotidiano enfrentamiento entre los grandes partidos (esta es la manera que han encontrado en Telemadrid de hacerle ver a la ciudadanía que el PP también es grande y, de paso, no mencionar al PSOE para no aumentar la notoriedad de la marca), su poquito de novio de Ana Obregón, su poquito de modelos anoréxicas y lo orgullosos que estamos en España de luchar contra esta lacra terrible, su poquito de resaca de la muerte de Erika Ortiz...Por cierto, y hablando de esto último. Leo que Ana Rosa (la simpar) ha dicho otra de esas frases que, junto con su libro, “Sabor a Hiel”, la hará volar flechada al rutilante firmamento de la alta cultura. Hablando de la reacción de Letizia a la muerte de su hermana ha dicho:
-Ya no sólo es la princesa de la Casa Real; después de esto, es la princesa del pueblo...
Alucina, vecina. No, si lo de esta mujer es la originalidad.
Aquí, en la tranquila Austria, las personas se preparan para el Carnaval (vaya, están en ello) y yo me preparo para el resfriado que ayer se me manifestó y que ya empieza a dar un pelín porsaquillo. El Carnaval austriaco (que se llama fasching) consiste en que la gente se mete en unos sitios grandes cual canchas polideportivas, siguiendo el patrón Noche de Fiesta. Hay mesas y actuaciones pretendidamente graciosas. Ayer estuve viendo un programa de estos mientras planchaba y, la verdad, me tuve que contener para no tirarle la plancha al televisor (pérdida irreparable que me hubiera dejado sin la banda sonora de mi hogar). Yo no he entendido nunca los carnavales porque a mí, fuera del escenario, nunca me ha gustado disfrazarme. O sea, que no le he encontrado nunca la gracia a ir por la calle vestido de raro. En el escenario sí, porque puedes fingir ser otra persona. Y mola. Y la gracia está en que, quien está sentado en el patio de butacas se crea que tú, efectivamente, eres otra persona. Y decir un papel, y emocionar. Pero lo del matasuegras, es que no...Vaya, que no. Como no podía ser de otra manera, aquí el fasching también tiene su alegría gastronómica: los famosos faschin kuchen que consisten en un bollo suizo relleno de mermelada de marillen –naturlich-; los marillen son los albaricoques españoles que crecen a la verita del Wachau especialmente (un lugar de fertilidad legendaria habitado por nuestros antepasados neolíticos, la venus de Willendorf es de allí). Los Kuchen estos se comen calentitos y espolvoreados de azúcar glassé. Por supuesto, una excusa como otra para reventar las costuras de todas tus ropas.
Se me ha olvidado contar que las actuaciones pretendidamente graciosas consisten en que personas con disfraces comprados en el Carreful leen rimas (ripios, como los de Nacho Cano, vaya) a propósito de incidentes acaecidos en el año anterior. Generalmente, aquí, sobre Angela Merkel –el programa que yo estaba viendo era alemán de Alemania-; se bebe mucha cerveza y se cantan cosas etílicas que, por supuesto, tienen gracia porque vas bolinga, que si no, de qué.
Hablando de Faschin Kuchen. La semana pasada me sucedió una cosa curiosa. Perequé y yo salimos a comer a la una y media. De camino al restaurante donde compramos nuestro almuerzo –por lo general un oriental en el que cocinan bien, límpio y barato- pasamos por delante de una librería que se llama The Shakespeare Bookshop –inglesa-; como Perequé y yo no podemos resistirnos al encanto de la letra impresa, decididmos entrar. La librería era una habitación pequeña. Las paredes estaban cubiertas de estanterías. En el centro, una gran mesa en la que estaban expuestas las novedades. Al fo