viernes
no me dejes perder lo que he ganado
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Paco Bernal
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Etiquetas: Poesía
Vamos a ver si consigo decirla: si la blogosfera existe, si en todas partes del planeta, los seres humanos (tan poco originales) hemos decidido abrir ventanas a nuestra vida y nos dedicamos a contar con una impudicia nunca vista nuestras idas y nuestras venidas (incluso, y perdón por el chiste, nuestras corridas), ¿Para qué sirve la literatura? ¿Cuál es el nuevo papel de la ficción? ¿Qué se puede escribir que supere la vida real? Quizá “superar” no sea la palabra más adecuada para explicar lo que quiero decir...En otras palabras: ¿Qué puede ofrecer la literatura que no esté en un blog bien escrito? ¿Qué argumentos se les puede dar a las personas más jóvenes, para quienes los libros están pasando a ser un objeto tan poco atractivo, para que aborden la lectura de algo que, sin duda, sólo es un pálido reflejo de la realidad? En otras palabras ¿Para qué leches quiero yo escribir una novela como las de antes, si las novelas como las de antes ya son material muerto? ¿Merece la pena consagrar tanto esfuerzo a una forma de comunicación, de selección y muestra de la realidad que, en pocos años, será pasto de eruditos o envoltorio para pescado –si es que el pescado no se extingue antes-? Es más, ¿Será verdad que, en pocos años, la literatura en papel será pasto de los eruditos o envoltorio de pescados?
Soy consciente de que las personas de más de treinta años pertenecemos a la última generación que fue educada con el libro como fuente primaria de saber, como depositario prestigioso de la cultura. Recuerdo el diccionario enciclopédico Salvat, de rojos lomos, de letras doradas y pastas de polipiel, de donde copié todos los trabajos que hice para mis maestros del colegio. Ellos eran unas personas que hacían una letra de palo impecable y cuyos totems tecnológicos eran las máquinas de escribir Olivetti (esas entrañables antiguayas) y las plumas Parker (fetiche de la generación de los escribientes de postguerra). Y los recuerdo con nostalgia, pero porque pertenecen a un tiempo que, soy consciente, muere deprisa. Cuando todos los libros estén en la red, ¿Qué serán las bibliotecas sino grandes cementerios de elefantes? Los chavales de ahora ya llevan colgados del cuello dispositivos electrónicos que les alejan del libro, de una cultura de la palabra que se muere sin que nadie lo lamente demasiado. Actualmente, los dispositivos electrónicos que permiten leer son rudimentarios, toscos, grandes y pesados, pero cada vez es más frecuente ver a gente comiéndose un bocadillo con el ordenador portátil sobre las rodillas, mientras leen los periódicos del día gracias a la internet sin cables. Es sintomático que tantas publicaciones prestigiosas –Life es la última- estén muriendo ya en el mundo físico de papel y se estén pasando a Internet, a esa Second Life en la que, poco a poco, estamos entrando todos. Un medio sin duda mucho más ecológico, pero que nos quita a los románticos la posibilidad de practicar el fetichismo de la novela sobada. Páginas que constituyen un instrumento de conexión potente, que se enlazan con otras, que nos ayudan a obtener información más rápida y más comodamente sobre los temas que más nos interesan. Que nos abren un mundo infinito de posibilidades, una nueva manera de pensar, de relacionarnos con el mundo.
Y más aún, aunque no quiero aburrir: si todos somos escritores, si cualquiera puede contar en una web más o menos sofisticada las andanzas de su vecina Maripuri para deleite de sus amigos, si el mercado de lectores y escritores se atomiza tanto que el escritor deja de ser ese ser que impulsó el romanticismo, tocado por la musa, ¿Qué papel tiene el escritor en la sociedad? ¿Para qué escribir?
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Etiquetas: Otras hierbas venenosas
jueves
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Etiquetas: Viena Directo
-Una señora en Graz ha tenido un hijo a los sesenta y seis años de su edad mediante técnicas de reproducción asistida. Debate consiguiente. Que si sí, que si no debería, que si todo lo contrario. O sea, todas las preguntas que saltaron a las bocas con ocasión de la paternidad casi póstuma de Papuchi (q.e.p.d.). Como en esto de la prensa, como en todo, siempre ha habido clases, esta es la noticia con la que abre mi fiel Österreich (digo que es fiel porque sus repartidores, literalmente, me persiguen a la salida del metro para darme mi ejemplar gratuito; ejemplar que, no hace falta que lo diga, tengo cero ganas de poseer). La portada del Österreich, digo, está organizada como la del Hola. Bajo la cabecera en rojo, una enorme foto de una señora anciana que sostiene un bebé (no es aquella a la que se alude en la noticia, sino que es una reconstrucción de los hechos). El titular en grandes letras negras y dos puntos que el lector debe tener en mente a la hora de juzgar a la recién parida: a) por el tratamiento de fertilidad, pagó 10.000 Euretes de vellón y b) un punto que no entiendo pero que me parece sugerente; textualmente, en alemán: ERSTES RETORTEN-BABY MIT 61 JAHREN. O sea, traduzco lo que entiendo: Primer RETORTEN bebé a los 61 años. ¿Retorten? ¿Retorta? ¿Qué c*ño es un niño retorta? Y entonces recuerdo que una retorta, además de ser una expresión de amilagramiento (o sea: esto es la retorta, esto es la p*lla) también es un trasto o Klumperd mediante el que los científicos se ayudan para realizar los descubrimientos que constituyen su oficio. Ergo, ¿Estará refiriéndose el periódico a un niño probeta? Los caminos del lenguaje son inescrutables. Amén.
Debajo de esta noticia, dos llamadas: una en la que un señor de rostro severo y pinta de puente seguro hacia su jubilación, que atiende por Böhler, expresa su entrecomillada negativa a la compra de una empresa cien por cien austríaca (pata negra) por parte de un consorcio internacional. Llamada número dos: subida criminal de las tasas de aparcamiento en Viena (*) y de los transportes públicos (más concretamente, un viaje de metro pasará a cosar de 1,50 Euros a 1,70, omaigod)
(*) En Viena no hay parquímetros. En los estancos se compran unos cuadernillos de papeletas de colorines que valen por media hora o una hora de aparcamiento. Cuando un conductor se coloca en una zona de estacionamiento de pago, tiene que coger la papelina de acuerdo con sus necesidades de tiempo, rellenarla con sus datos, y ponerla en lugar visible. Si un vigilante le pilla fuera de sus horas, le casca una multa y aquí frieden y después gloria.
-El Österreich lleva a sus páginas interiores el caso de una fulanita cuya gracia es Erika Rumpold que es lo que en los países mediterráneos se llama una conseguidora (o sea, una persona que tiene una agenda de contactos, dinero para invitar a champán a las personas necesarias y desparpajo para hacer peticiones que le son concedidas a cambio de jugosa comisión). La Rumpold ha declarado estos días (lo vi ayer en el Zeit im Bild o telediario) a propósito de un quítame allá esos gastos sin justificar que llevaron a Austria (vía el ex-ministro Grasser, recuérdese: el de los abdominales más pétreos de la UE) a hacer un negocio un poquitín ruinoso a cuenta de la compra de unos cazas aéreos (Eurofighter que se llaman). El gobierno conservador saliente luchó como gato panza arriba para defender esta inversión siguiendo la línea Aznar (ese ser cuya existencia desconocen también la mayoría de los austríacos medios) argumentando que los 16 cazas militares le hacían falta a la armada austríaca para recuperar su prestigio y meterla de rondón en el concierto de las naciones belicosas. A las preguntas de la correspondiente comisión, Rumpold contesta que “no se acuerda”, que “me llamo Andana” o “pregúnteselo a mi Steuerberater –asesor fiscal- que yo no me paro a mirar los tickets de las minucias que me compro o les compro a los demás”. O sea, que el Maestro Armero va a tener mucho trabajo estos días.
-Die Presse habla de todos estos temas (con más seriedad, menos fotos y más texto) y además, se explaya sobre la revolución copernicana que está a punto de producirse en la ORF. La Österreichische RundFunkt (que eso significan las siglas, si yo no estoy engañado) ha decidido, como parte de un ambicioso plan de reestructuración, cepillarse aquellos programas que la hacen primera opción en las residencias de la tercera edad del país todo. Esto es: se va a cargar el telediario de las siete y media (O Zeit Im Bild) que lleva en ese sitio desde los años cincuenta, y lo va a sustituir por una teleserie del estilo de Coronation Street (o sea, lo que en el lenguaje profesional se llama una tira diaria). El Zeit Im Bild pasará a la segunda cadena, y se renovarán las caras que lo presenten sustituyéndo las actuales por una presentadora pizpireta y un presentador (viejo conocido de los telespectadores) que se parece peligrosamente a aquel presentador de telediario que salía en El Príncipe de Bel-Air y que era el novio de Hillary (esa mujer que era el trasunto oscurecido de Esperanza Aguirre). El nuevo director de la ORF ha decidido rejuvenecer un poco la cadena austríaca y se ha inventado nuevos infoshows que la acerquen más al ciudadano medio y más joven que para qué quiere noticias. Aún estamos lejos del Tomate (ayer se lo explicaba yo a mis alumnos y lo flipaban) pero como los austríacos no anden vigilantes no respondo yo de su futuro.
Por último: la sonda Cassini ha descubierto en el polo norte de Saturno un hexágono perfecto en el que cabrían tres planetas tierras.
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Etiquetas: Vida viení
miércoles
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Etiquetas: Poesía
28 de Marzo.- No voy a hablar del café. Porque, la verdad, me parece un insulto a la inteligencia de quien tenga la paciencia de leerme.
Cada periodista que esta mañana ha cogido el boli para hacer la O con un canuto, ha hablado de los céntimos que al presidente del gobierno le cuesta tomarse un cafelillo todas las mañanas en el bar del Congreso (alguno, suponemos, que se tomará también por las tardes, para sacudirse el sueño que a buen seguro le produce la oposición coñazo que le ha tocado en suerte). No: hablemos de otras cosas.
Por ejemplo, del gráfico que precede a estas líneas. Está extraido del periódico El Mundo, el cual, en uno de los apartadillos de su edición onláin, le pregunta al sufrido paisanaje lo que le pareció la actuación del presidente del gobierno. El pueblo soberano, a golpe de click, dibuja un panorama de lo que son las dos Españas, y las maneras que nos gastamos los celtíberos, tan dado a los extremos.
Así, al 33 por ciento de los participantes, les parece que Zapatero le gana en méritos a José Tomás, y que debería ser sacado por la puerta grande de cualquier coso político. Mientras que al 35 por ciento les sucede lo contrario y ven al señor Rodríguez (así le llaman los de la cuerda de Losantos con la intención de denigrarle) como un trasunto de Antoñete cuando tenía una tarde mala.
Yo no tuve la suerte de ver el programa en cuestión (obviamente, la ORF no lo transmitió) y me he tenido que calmar el gusanillo de la curiosidad con los refritos que las diferentes cabeceras han colgado de la red. A la vista de estos refritos quisiera decir que
a) la idea me parece fenomenal, y que quiero ya, pero ya, ver a Mariano Rajoy fuera de su vocabulario habitual (¿Qué hará él pudiendo usar sólo a tiempo parcial las palabras “rendición”,”Juana”,”desafío”,”batasuna” y el etcétera demasiado largo que últimamente forma el grueso de su vocabulario?)
b) Qué lejos esta entrevista y este formato de las que concedían –se utilizaba aún este verbo principesco- hasta ahora los políticos, incluido (sobre todo) el anterior presidente del gobierno. Recuerdo la última con la que nos castigó. Entre cornucopias y otros artefactos del siglo XIX almacenados en el Palacio de la Moncloa, el entonces jefe de gabinete desgranó su política contradictoria de mesa camilla y alianzas otánicas, de chalet adosado y maneras chulescas de policía internacional.
Estas entrevistas tenían un referente semiótico claro: los mensajes anuales que el Rey Don Juan Carlos dirige a la nación con motivo de las fiestas navideñas. También el presidente se expresaba en frases pronunciadas lentamente para que le entendieran hasta los ancianos más derrotados por el Alzheimer, dejando oceánicas pausas entre las palabras y moviendo las manos sólo lo imprescindible para subrayar tal o cual concepto importante. Eran entrevistas (estas de antes) hechas para que el entrevistado se explayara y para condenar la biodramina al sueño de los justos. Nadie podrá marearse jamás por la realización sincopada de los mensajes navideños del rey.
c)Hablando ya de la pura circunstancia visual: qué astuto el decorador, qué original, al remedar un hemiciclo como el de la carrera de San Jerónimo. Qué sesudos, qué conspicuos aparecían todos los ciudadanos sentados en sus bancos tapizados de azul.
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Paco Bernal
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Etiquetas: Otras hierbas venenosas
martes
Cada libro encierra parte de nuestra historia. La mía es esta: cuando tenía diez años, debido a la enfermedad grave de un familiar, pasé unas semanas (eternas) en casa de unos parientes que no tienen más que diez libros en su casa. Cinco son una enciclopedia general, otros cuatro son un recetario de cocina por tomos, y el último, la joya de la corona, era una edición de Corazón con las empalagosas ilustraciones tan habituales en las Ediciones Susaeta (editorial que no sé si existe aún o ha sido comida por otra mayor). Durante dos o tres días, alivié mi soledad y mi congoja invernal leyendo aquel libro que me llevó a un país luminoso, extrañamente afín a mis propios sentimientos.
Corazón es un compendio moral al estilo de otros de su tiempo y abarca un año de escuela de un niño burgués –Enrique- ideal de la Italia de mediados del siglo XIX. Un niño que es perfecto sin ser repelente, un niño sensible (probable trasunto del propio D´Amicis). Teniendo todas las probabilidades de convertirse en un libro cursi, D´Amicis las vadea dándole a las emociones de sus personajes una sinceridad que, cuando yo leí el libro, casi cien años después de que se escribiera, continuó conmoviendo mi corazón infantil, lo mismo que nos conmueve una foto antigua encontrada entre las páginas de un libro, o el sabor de una fruta que hacía mucho tiempo que no probábamos.
D´Amicis fue soldado y viajero incansable, miembro destacado del partido socialista italiano y le cabe el honor de que con “Corazón” y con otros libros suyos, intentó siempre fundar una ética laica. Siempre trató de orientar a sus lectores (sobre todo a los más jóvenes) hacia el bien. Entendido este, sobre todo, como respeto por los otros, amor al trabajo bien hecho y empatía hacia quienes sufren.
Probablemente hoy, en un tiempo de consolas y entretenimientos luminosos, la suave incandescencia de “Corazón” haya quedado un poco trasnochada. Pero a mí me sigue provocando la fascinación que le provocaba, por ejemplo, a Manuel Vázquez-Montalbán, que lo cita en varias de sus novelas como ejemplo de los materiales humildes que dan buena literatura.
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Paco Bernal
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Etiquetas: Qué me gusta
Dicha sentencia me da pie para hablar de este locutor, al que sigo desde lejos con una curiosidad que no dudo en calificar de malsana, como fuera de la salud está cualquier curiosidad que nos lleve a interesarnos por aquello que nos aleja del justo medio.
Creo que el secreto del éxito de este locutor (los medios afines le llaman “líder de opinión”) estriba, en gran medida, en las lealtades que produce un medio como la radio. Fidelidades que están a años luz de la televisión, que es un medio chismorrero, ruidoso y de colorines; y con las que tampoco puede competir la prensa, más en un país que, como España, tiene una aversión que viene de antiguo por la lectura y las letras debido al esfuerzo de abstracción que conllevan.
Los locutores de radio son unas personas hechas de una pasta especial porque parece que le hablan a uno mismo sin intermediarios. Y yo creo que ahí está la clave de su éxito en un mundo en el que todos necesitamos sentirnos especiales, aunque sólo sea por un rato. Federico, lo mismo que, antes que él, Encarna, o Iñaki, o Luis (todo el mundo conoce los apellidos que corresponden a estos famosísimos nombres de pila) es un perfecto maestro en el arte de hacer creer a sus oyentes que les habla a ellos solos, al oído. Les hace creer que son parte de una falange de personas especiales, miembros de una academia propicia de privilegiados despiertos en un mundo de dormidos o de tontos. Domina el platónico arte de hacer que el oyente llegue a sus propias conclusiones poniendole delante un dos y otro dos, para que el resultado final sea siempre el cinco que a él le interesa.
Losantos capitaliza, además, el descontento que amplios sectores de la clase media sienten hacia una idea de la democracia que está en contínua crisis debido a los diferentes casos de corrupción y al crónico empate que existe en España entre los dos grandes partidos. Estas circunstancias motivan que la actividad política normal del país sea un contínuo sucederse de escaramuzas sin esperanza de victoria final. Así las cosas, hay muchos ciudadanos que necesitan saber de la existencia de una tercera vía para arreglar el mundo: un mensaje simple que no exija las tediosas discusiones que un sistema parlamentario conlleva necesariamente. Y ahí está Federico para suministrarles lo que ellos desean: un sistema de eslóganes que representan al mundo dividido en dos frentes contrapuestos: el de los miembros de la asamblea que Federico pastorea y los otros, a los que apedrea con epítetos como “salvajes” o “miserables” sin que le tiemble la voz.
Al igual que Chávez no sería Chávez sin el barril de petróleo al precio que está (y en ese sentido, habría que decir que Chávez y otros como él, son los hijos previsibles de la política exterior de la administración Bush), Federico Jiménez Losantos no hubiera podido existir sin unas circunstancias tan especiales como las de la última victoria del Partido Socialista en las elecciones. Con un presidente del gobierno (ya lo hemos dicho) de bajísimo perfil y una oposición sujeta a las pasiones más inconfesables, liderada por un político que no deja contenta a ninguna de las familias que componen el Partido Popular (demasiado blando para algunos, y demasiado vinculado al gobierno de Aznar para otros) y en un contexto en el que la estrategia parece ser una radicalización de los postulados de la oposición al objeto de hacer pasar al gobierno por algo que no es ni lejanamente: un gabinete izquierdista radical.
De hecho, el irresistible ascenso de Federico (que ahora se codea con el gratin gratiné de la comunicación y es objeto de toda clase de micrófonos de oro) comenzó en 2004.
“Lo del 34 será el día en que pierdan –se refiere, obviamente, al PSOE- las elecciones”.
Quisiera terminar, sin embargo, diciendo que, dado que Federico nació para gurú, pero que lo hizo en un país como España, resulta inevitable la correspondiente nota esperpéntica. Así, sus oyentes le piden que opine sobre los temas más variados como por ejemplo, que recite de corrido “las cuatro novelas policíacas que más le han apasionado” o le piden que exprese sus complacencias sobre quién sería mejor entrenador del Real Madrid “Benítez, Mourinho o Schuster”. Preguntas a las que el simpar Federico no duda en contestar con la repelencia que le es característica.
Soy consciente de que este largo post, sin embargo, no ha contestado la pregunta que lo ha motivado:
¿Cómo es posible que ofreciendo una mercancía tan previsible, tenga Federico Jiménez Losantos tantos seguidores?
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Paco Bernal
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Etiquetas: Otras hierbas venenosas
lunes
por qué se secará tan lenta la ropa por qué persisten
por qué la aspereza de las prendas la sequedad de su tacto
preguntas tristes tristes como todos los anuncios de detergente
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Paco Bernal
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Etiquetas: Poesía
Y el Paco se pregunta: "¿Me estaré haciendo viejo?"
De cualquier manera, Florencia ha suscitado en mí las siguientes reflexiones:
-¿Hacia dónde va el sistema educativo español? Florencia, más que otras ciudades, me ha parecido superpoblada de seres subhumanos de entre dieciseis y dieciocho años que han hecho mi vida más incómoda, que apestaban como mulos y que eran desconsiderados y maleducados. Y no me refiero ya a la encantadora ordinariez que impulsaba a una adolescente gaditana a gritarle a quien quisiera oirla: “Ay, tía, dise que me suba loh vaqueroh que se me ve er tanga; si tengo to el shosho recocío con loh putoh pantaloneh esto”. No.
Ilustraré a lo que me refiero contando una historia real.
Tal que el sábado por la tarde, armado con mi cámara, decidí patearme la ciudad y empaparme de sus calles y su idiosincrasia. Tarea en la cual me cepillé una tarjeta de 256 megas en fotos y parte de una de un giga que me había comprado para la ocasión. Tras varias horas de pateo, decidí sentarme en las escalinatas de la catedral a contemplar al variado paisanaje (formado por una proporción variable de italianos, japoneses y subhumanos). A un metro de mí, había un grupo de los últimos, chicos y chicas. Ellas, con la mecha rabiosa que se ha puesto de moda en Cádiz, ellos, en chandal. Se les acercó una gitana rumana (Florencia está infestada de rumanos pedigüeños) con un vaso de starbucks en la mano, pidéndoles cinco céntimos. Los angelitos rehusaron darle nada. Insistió la rumana con el ahínco de quien sabe que quien insiste tiene más probabilidades de ganar. Volvieron a negarse. Cuando la gitana ya se iba, el chico que parecía ser el jefecillo del grupo sacó del bolsillo una moneda de cinco céntimos y, con aire chulesco, se la enseñó a la rumana, que extendió la mano. Amagó el subhumano el movimiento de depositar la moneda en la palma de la mujer y cuando ya rozaba su piel, levantó la mano y le lanzó la moneda a un metro con una refinada crueldad. Ni que decir tiene que el resto del grupo se meó de risa y a mí se me encogió el estómago al pensar que semejante bicho votará algún día a algún político sin duda con peor nivel educativo que él (todavía, porque todo siempre puede ser peor y más hortera). Me quedé con las ganas de darle dos hostias bien dadas al mocoso, francamente. Porque vale que los mendigos sean pesados (está en su misión serlo) pero también son personas. E infligirle una humillación gratuita de ese estilo a cualquiera me parece una cosa que revela una profundísima pobreza intelectual y ética.
Típico ejemplar de subhumanos contemplando los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa, o sea: lo que pasa por la calle.


-Otra reflexión: los italianos son una versión saturada de los españoles, como si dijéramos. Esto se manifiesta en estos rasgos nacionales de Italia:
a) los italianos son increiblemente superficiales. Les fascina el continente de las cosas y las personas, y no se paran a pensar demasiado en el fondo de las cuestiones. En ninguna parte como en Italia se ven chabolas de dos metros de fondo con fachadas más fastuosas, o personas mejor vestidas con sueldos de quinientos euros
b) Los italianos son, como los españoles, seres relacionales. O sea, que necesitan hablar, porque si no, revientan. Todo el mundo sabe el ambiente cuasi eclesiástico que reina en todos los museos de este mundo (cuanto más antiguos sean los trastos que están almacenados, más eclesiástico es el ambiente). Pues bien: en Italia, los guardianes de los museos (del Palazzo Pitti hablo) peregrinan de sala en sala a la búsqueda de sus compañeros, desatendiendo sus obligaciones, nada más que para rajar y criticar a los otros. Que yo lo flipaba. M. no, porque no entendía qué decían y se suponía (ingenuote) que l@s vigilantes se traían conversaciones cultas del tipo: “Pues mira, yo creo que el fleco de este visillo es barroco arcaizante”. Pero nasti. Que no, que no. Que estaban hablando del programa que había hecho la Valeria Marini la noche anterior. Esto, los austríacos, no lo harían nunca. Aquí, las cajeras, así te pisotean antes que dirigirte la palabra.
c) Los italianos se tocan cuando hablan. O sea, que tienen que tener, como los españoles, un contacto visual y táctil con su interlocutor. Las personas juegan por la calle, se ríen, saltan.
Son espontáneas. Aquí, desgraciadamente, no.
Y a mí me vino a la cabeza que Austria tiene una enorme calidad de vida, pero quizá sea al precio de tener que renunciar un poco a ese sentido lúdico de la vida que tenemos en el sur. Y también pensé que el combiar la responsabilidad cívica con un poco de cachondeo quizá sea culminar la cuadratura del círculo...¿O no?
Galería de los Ufizzi
Palazzo Pitti
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Paco Bernal
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Etiquetas: Especiales
jueves
En el capítulo de Erfindungen (o sea, inventos) cabría citar:
-Los Mozart Kugeln (o bolas de Mozart, o cojones de Mozart, que así los llaman los castellanoparlantes que no han ido a colegios de pago). Estos bombones tan característicos (y un tanto empachosos) se inventaron en la dorada Salzburgo en el siglo XIX y están compuestos de chocolate Nougat, Mazapán de pistacho y chocolate con leche en capas concéntricas. Los Mozart Kugeln son el souvenir por excelencia para llevar a España cuando uno viene de visita. Una recomendación muy práctica a este respecto es no dejarse engañar como un chino (o como un japonés, más certeramente) y comprar los MK en cualquier supermercado y no en las tiendas para turistas (particularmente alrededor de la Opera y el Albertina) en donde te sa-jan por una cajita de huevecillos de Mozart. De todas maneras ya digo: aunque un poco empachosos, están muy ricos.
-La máquina de coser: ese invento un tanto en desuso, pero que tantas horas de solaz dio a nuestras abuelas. Fue inventado por el señor Joseph Madersperger en 1818. Como anécdota, decir que, después de la guerra civil, la iglesia pretendió restringir (si no prohibir) el uso de la máquina de coser en las fábricas porque decían que el constante movimiento de las piernas de las mujeres a la hora de accionar el pedal que movía la aguja, podía inducirlas a cometer actos impuros y lúbricos (en fin).
-La máquina de escribir, que fue inventada por el señor Peter Mitterhoffer en 1864. Según la Wikipedia (ese pozo de saber), la invención de Mitterhoffer, a pesar de ser patentada, nunca fue comercializada. Aún así, haciendo gala de una muy austríaca cabezonería, el señor Mitterhoffer continuó incansable produciendo modelos de máquina de escribir cada vez más mejorados hasta culminar con el modelo de 1868 que se considera el más perfecto de su producción.
-El algoritmo que ha permitido la comunicación por teléfonos móviles. Esta sí que es una historia curiosa: este algoritmo fue inventado por Hedy Lamarr. Probablemente, a mis lectores más jóvenes (y aún a los mayores), este nombre no les dirá mucho. Pero Hedy Lamarr (también conocida como Lamarrvellous) fue una actriz austríaca muy famosa en su época que, cuando fue a Hollywood, se especializó en papeles de odalisca de harén al lado de los simpares Abbot y Costello. Era una mujer tremendamente lista, además, y durante la segunda guerra mundial quiso ayudar al esfuerzo bélico inventando un sistema de codificación cuya patente cedió al ejército y que es la base del algoritmo que, actualmente, utilizan los teléfonos móviles. De hecho, cuando Hedy inventó el mencionado algoritmo, ningún científico de la época pudo ponerlo en marcha por demasiado avanzado y la patente durmió el sueño de los justos hasta los años sesenta, en que empezaron a desarrollarse los teléfonos móviles. Durante muchos años, Hedy Lamarr fue conocida por ser la primera mujer que se había desnudado totalmente en una película. Fue en un film checo que se llamó Extasis. Cuando Hedy se casó, su marido (muy rico y con mucha paciencia) se encargó de secuestrar y destruir todas las copias de Extasis (afortunadamente no lo consiguió) lo cual hizo que corriesen todo tipo de leyendas a propósito de lo que Hedy hacía o dejaba de hacer durante el metraje de la película. Hasta el punto que Lamarr, con un sentido del humor que la honra, tituló sus memorias “Extasis y yo”
-La hélice de los barcos, que fue inventada por un austríaco, el señor Kepler (no confundir con el famoso astrónomo)
Dejo para el final el invento sin el cual los días de año nuevo no serían los días de año nuevo: el esquí alpino. Si bien la idea de deslizarse sobre la nieve con dos tablas en los pies sólo puede atribuirse a los noruegos, es austríaca la invención del esquí alpino: ese deporte coñazo que sólo es apto para la resaca de después de la nochevieja. Fue inventado por un señor llamado Starsky que descubrió el gusanillo de tirarse ladera abajo esquivando obstáculos.
Lo que antecede son sólo algunos de los inventos que Austria ha dado al mundo. Pero, asimismo, este es un país que ha dado grandes científicos, como Doppler –descubridor del efecto que lleva su nombre, o el mismísimo Sigmund Freud, padre del psicoanálisis. Por no hablar del bueno de Ferdinand Porsche, inventor del simpático Volkswagen escarabajo.
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Etiquetas: Otras hierbas venenosas
miércoles
Foto: la abadía de Melk en el WachauNi un día sin poesía
EL MUNDO QUE YO NO VIVA
de Agustín García Calvo
El mundo que yo no viva
lo pensé como cosa extraña,
como arca de maravilla.
Ay de mi vida
Allí ¿sonará la lluvia
junto al fuego las noches frías?
¿Tendrá Agosto en el río barcas?
Y tú ¿la gentil sonrisa?
¿Durará en el papel que siembro
la negra flor de la tinta?
Ay de mi vida
¿Será posible que vengan
los amigos y que "Era" digan
"un hombre, y te quiso mucho"
y "Mucho" llorando digas?
Es el mundo que no conozco,
Atlántida sumergida.
Ay de mi vida.
Allí las palmeras echan
esmeraldas. Allí las crías
del delfín esmeraldas pacen.
Allí no hay noche ni día:
cuando ordeñan a los rebaños,
de púrpura el mar se agría,
Ay de mi vida.
Más limpio que agua de oro
es el mundo que yo no viva:
no hay naves de arar espumas
ni arado para las viñas;
el gran árbol le da su fruto
al que el nombre del fruto diga.
Ay de mi vida.
Ese mundo no es el mío:
es el tuyo: el que en tus pupilas
hundido está desde siempre
y no lo alcanza mi vista.
A ese mundo quisiera entrar,
antes que suene la hora
- ay - de mi vida.
PS: Hay una versión musical de esta poesía cantada por Maria Dolores Pradera que es tan bonita como la letra sola
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Paco Bernal
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Etiquetas: Poesía
Foto flickr: usuario an limaM. hace cada día la gran novela: la novela de su vida. Escribe auténticas obras de arte de folio y medio con un lenguaje personal, creado a golpe de cultura pop, de humor, de melancolía a veces. Y titula como nadie. Para muestra algunos de los títulos de sus e-mails cogidos al azar: “Non stop Drinking”, “Motivos de fritura”, “Incorrects al pil pil”, “Versace en un Mitsubishi”, “Las hijas del calvario”. Títulos que te hacen querer enterarte inmediatamente del contenido de esos correos en los que M. desgrana sus experiencias con un gracejo, un desparpajo y una ternura que son sus mejores activos como narrador. Durante años, cada mañana (y durante largas temporadas, varias veces a lo largo del día) han estado ahí los correos de M. como una fuente de risas que no se agota nunca, como una lección constante de cómo retorcer la realidad para hacerla interesante. Porque un correo que empieza: “Hola, buenos días: pues sí, hijo: ya tienes que cantar bien para llamarte Mari Trini y vender discos” es toda una promesa.
Ayer, enganchado a la droga corrosiva del aburrimiento, me puse a leer correos de Manuel del año 2003 en adelante (los tengo guardados todos y no desespero de publicarlos algún día) y terminé llorando de risa. No importa el tema: de Perlita de Huelva a las estaciones de metro de París, de nuestras desventuras sentimentales a los bares de copas que frecuentábamos juntos. Las reflexiones de M. son siempre interesantes, frescas, y contagiadas de su estilo personal.
Como nos escribíamos a la dirección del trabajo (entonces no había blogs) decidimos inventar una clave para evitar las miradas indiscretas y de ahí salió un lenguaje barroco y delirante que, andando el tiempo, terminó en un valenciano de pega (porque a los dos, misteriosamente, Valencia y sus fallas nos hacían mucha gracia). Como ejemplo de alguna de esas claves que usábamos, nuestros compañeros de trabajo eran los Ninots, nuestro jefe era, en cada caso, Fallera Mayor y, con ocasión del despido de un jefe se le bautizó como Fallera Fallecida y aún hoy, sigo llorando de risa cada vez que escucho a ABBA cantar en español.
El indicio más profundo y duradero de la inteligencia es el sentido del humor. Hay que conservar como oro en paño a aquellas personas que, haciéndonos reir, nos ensanchan, nos humanizan, y nos enseñan zonas de la vida que no conocíamos o que ni siquiera habíamos sospechado. Mi amigo M. es enormemente inteligente –yo sólo tengo amigos especiales- y existe entre nosotros una relación de hermandad y solidaridad que trasciende los kilómetros, los empleos, los amores y que, espero, para mi bien, dure muchos años.
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Paco Bernal
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martes
-Chico, es como tener una mujer secuestrada. Llegas y aquí está, te vas, y sigue aquí. Estás hablando por teléfono y tienes esos dos ojos que te siguen por el salón. En fin...
Esta declaración impactante motivó mi siguiente pregunta:
-Pero hermano, ¿La tienes en el sótano? ¿Está por ventura mi cuñada aprendiendo a hacer punto de manera autodidacta? ¿Habéis contratado ya la exclusiva para cuando decidas liberarla? Y aún más importante: ¿Habéis comprado ya el pañuelito rosa que ella se deberá poner por la cabeza?
A lo cual, mi cuñada contestó de fondo:
-No hijo, en el sótano no me tiene, pero en la planta baja hay rejas, así que viene a ser más o menos igual –y siguió hablando con el perro, que se llama Gauss (porque mi hermano admira mucho a este matemático en particular y él es fiel a sus afectos).
En fin, que para aliviarles un poco de su estrés prenatal, les pregunté si habían elegido ya nombre para el churumbel o churumbela y entonces mi hermano me dijo que no, que bastante tenía con aprender lo que era un arrullo o una maxicosi.
-Oye, ¿Y habéis pensado en nombres alemanes? Hay nombres alemanes que son superbonitos.
Mi cuñada de nuevo:
-Es que yo quiero nombres que se puedan pronunciar.
Y aquí ya entré yo con la defensa de la lengua alemana y les propuse algunas posibilidades. A saber.
-Gundula (con acento en la primera u): que a mí es un nombre que me gusta mucho, pero que M. dice que para un niño no pega, porque él tuvo un meerschweinchen (o sea, un conejillo de indias, si yo no estoy mal informado) que se llamó así. Concretamente conejilla. Mi hermano, más musical, se acordó de una canción de Chispita y sus gorilas que se llamaba “La vuelta al mundo en góndola(gúndula)” y la versiónó a su modo.
-Valltraut (otro nombre que a M. le parece terrible) pero que tiene un diminutivo muy bonito: Valli (o sea, Vali)
-Valpurger (este sí que me parece cruel) , que es un nombre que sí: viene de la famosa noche de Valpurgis en donde las brujas salían a cabalgar en sus escobas nuevas. Pero este es más cruel si cabe, porque el diminutivo es Purgui. Yo tengo una hija, y la llamo Purgui, y le doy permiso a esa hija para que se me cepille con un cuchillo jamonero, las cosas como son.
-Ursula (ya sé, que este también existe en España) pero lo bonito de este es el diminutivo: Uschi (o sea Ushi)
-Ulrike (cuyo diminutivo es Uli) y que es un nombre sonoro a la par que nórdico.
-Hanelore (aspirando la h, Janelore): este es un nombre que a mi corresponsal de Ciudad Real y a mí nos hacía morir de risa porque nos imaginábamos al gitanito del cuento teniendo tres hijos: la Jésica, el Heino (jaino) y la Janelores.
Si el churumbel es chico, me permití sugerirles:
-Wolfgang: como el más ilustre de los músicos austríacos.
-Günther, que es un nombre bastante corriente en el ámbito de lengua alemana.
-Hermann (¿Será nuestro Germán?Omaigod, llamarse como Yanke)
-Reinhard (pronunciado Ráinjard)
-Almuth (Almut)
-Harald
O Kurt.
De todas maneras, los españoles también somos finos a la hora de poner nombres, en particular, los de chica. Todavía recuerdo el repentino encanecimiento de un profesor mío de inglés (el Bill, qué majete aquel hombre) cuando, después de intentar que probara el pulpo (su religión le prohibía comerse cualquier forma de vida con tentáculos) le dimos una conferencia sobre los nombres que llevaban algunas de las hembras españolas de más poderío. Empezando por Dolores, Lolita, Lola (Pain) y siguiendo por las innumerables Angustias (Sorrows) o Soledades (Loneliness) que pueblan la península ibérica. De todas maneras, también tenemos los españoles un manantial infinito de nombres en las vírgenes de nuestra geografía (me refiero a las advocaciones de María, naturalmente) y asi, hay prodigios tan bonitos como Henar, o Rocío, o superjipis como llamarse Piedra (por la Virgen de la Piedra Escrita, por ejemplo). O Juncal, que es un nombre que a mí, personalmente, me retrotrae cuando consigo olvidarme de Juncal Rivero (esa muerta andante).
Terminaré este post sobre nombres con una particularidad: no hay ningún alemán o austríaco que se llame Jesús (les suena semiblasfemo) pero sí que hay chicas que se llaman Christa, que es un nombre que a mí se me olvidó incluir en la lista anterior.
De todas maneras, yo sigo votando por Gúndula. Gúndula Bernal. ¿A que suena bien?
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Paco Bernal
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lunes
19 de Marzo.- Fotos de la ciudad más famosa para los melómanos y sus alrededores.
Iglesia de Wolfgangsee: esta iglesia tiene un valor cinéfilo, porque en ella se casa Julie Andrews con Christopher Plummer en "Sonrisas y lágrimas"
Otra casa con valor cinéfilo al lado del lago. Hoy en día es un hotel de lujo (varios Rolls que había aparcados a la puerta) pero en los años 50, esta casa fue la de los padres de Sissi en Posenhoffen. O sea, que, en la película o flín, esta casa hizo de Baviera aunque no esté en Baviera. Aprovechando la oportunidad, los avispados dueños del hotel han montado un museo sisí liliputiense en donde uno puede darse el (enésimo) baño de mito disfrutando de las nunca divulgadas anécdotas de la leididí del siglo diecinueve.
Un cerrojo típico de Salzburgo.
Señores ancianos salzburgueses jugando al ajedrez en la plaza de la catedral
Una farmacia de Salzburgo en la calle principal.
La casa natal de Wolfgang Amadeus. Hay que decir que la familia Mozart, debido a su relación con el mundo del artisteo, no tuvo una residencia fija en Austria e incluso el mismo Mozart, en Viena, cambió varias veces de casa. Lo cual hizo la fortuna, andando los siglos, de varios comerciantes ardillas que han montado sendas casas museo. En esta, puedo decir que los japoneses (y muchos europeos) hacían cola para fotografiarse en la puerta:
La calle principal de Salzburgo. Al fondo, la montaña sobre la que se asienta el castillo.
Esta bonita fuente también sale en "Sonrisas y lágrimas"
El castillo de Salzburgo, desde el auditorio de música en donde se celebra, cada año, el festival de música.
Panorama de Salzburgo desde la montaña.
Aprovechando el tiempo primaveral (que hoy se ha escachifollao debido a un frente frío procedente de Escandinavia) varios indígenas devoraban su pitanza al solecillo.
Mercadillo típico

Jardines de Mirabel. Estos jardines también salen en "The sound of music" y es donde termina la famosa canción de "Do, es trato de varón..." etcétera. Al natural, hay que decir que los jardines quedaban mucho mejor en el cine. Son un parquecito normal y hasta bastante canijo. Hace ilusión hacerse la foto en la escalera en donde Julie Andrews hacía gorgoritos, pero ya. Tampoco es una cosa de tirar cohetes.
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sábado
Los indígenas llevan esto con bastante paciencia y buen humor y se mean de risa cuando recuerdan, por ejemplo, que la película “Muttertag” (hablada toda en dialecto vienés) fue exhibida con subtítulos en Alemania porque, allí, no había un dios que la entendiera.
De esta forma, las palabras del dialecto vienés han venido a formar parte de la banda sonora de mi vida. Pondré algunos ejemplos:
-Piefke (pronunciado pifque): alemán. Digamos que es un poco más suave que nuestro “sudaca” pero que tampoco es una cosa que los alemanes se mueran de ganas por oir. De hecho, hace años hubo un cierto escándalo porque la ORF emitió una miniserie que se llamó “Die Piefke Saga” en la que se hablaba de las aventuras de una familia de alemanes idiotas en una estacion de esquí. Lo que no mucha gente sabe es que la palabra Piefke viene de un personaje de tira cómica que nació en Berlín en la década de 1850. Otra palabra que tiene un origen parecido es el estilo Biedermaier. Los austríacos, que son un pueblo con espíritu arqueológico (ya sabes: cuanto más viejo eres más interesante te encontrarán) conocen como Biedermaier al estilo burgués y confortable que barrió Europa justo después de la caida de Napoleón. En pintura, este estilo es abierta e inmisericordemente cursi, y en mobiliario, ya digo: confortable. La palabra vino de un personaje, el profesor Biedermaier, que aparecía en una tira cómica alemana de la primera mitad del siglo XIX. Por cierto, el equivalente alemán para referirse a los austríacos es Ösi.
-Trekkig: esta palabra no tiene nada que ver con el señor Spock y sus secuaces en la conquista del espacio, y quiere decir asqueroso, guarro, sucio, etcétera. Útil en frases como: “limpia eso ahí, cacho guarro, que está muy trekkig” o “estos pantalones se tienen de pie solos de trekkig que están”.
-Depperd (pronúnciese “Tepad”): tonto. Uno se puede imaginar a dos adolescentes en pleno pavo furioso espetándose: “Bist du Teped?” (Eres tonto?); también, en estratos lumpen (un austríaco con educación universitaria no diría esto nunca, sobrio, se entiende) se puede escuchar la palabra “Tepad” acompañada de la no menos castiza “Behinderte” (retrasado) pronunciada Behíiiindete.
-Pinkeln: mear. Una de las cosas que me ha llamado mucho la atención de este bendito país es la cantidad de palabras que los austríacos (sobre todo en el campo) tienen para expresar el simple hecho de expulsar líquido de la vejiga a través de la uretra. Pinkeln es la más general, pero para los niños se dice “Lulu machen” (o sea, hacer lulú), otros vocablos no menos significativos son Schiffen (shifen, lo dicen los niños, sobre todo de clase más baja), Soachen (sojen), Brunzen (brundsen, un poco ordinario, por cierto) –los tres un tanto anticuados- y Wischerln (bisherln) que utilizan las abuelas.
Saliendo del terreno fisiológico, podrían citarse:
-Bankomat: o cajero automático (los vecinos del norte lo llaman Geldautomat)
-Klumperd (Clumpad): chatarra, cachivache o cualquier cosa de la que no se tiene demasiado clara la utilidad. Es una palabra a mi juicio, de sonoridad muy graciosa.
-Brot / Brötchen (Bocadillo/Sandwich, respectivamente); hay que puntualizar que aquí, los bocadillos tradicionales no consisten en algo entre pan y pan, como en España (entre otras cosas porque el pan tradicional de aquí, del que ya he hablado, si lo cortas en rodajas no es muy apto para este uso. Los bocadillos de aquí son tipo canapé enorme y te los sirven (por ejemplo en los Centimeter, que son una cadena de bares especializada) con cuchillo y tenedor lo cual, a mi juicio, le quita toda la gracia al asunto. De todas maneras, queridos amigos que me leéis desde la madre patria, una de las poquísimas cosas que yo sigo echando de menos aquí (a pesar de que haya de todo) es un buen bocata de tortilla de patatas con pimientos. Esto, junto al marisco, será lo primero que coma cuando vaya a Madrid.
(Sí, ya sé que la tortilla la podría hacer yo, pero es que es mala la pereza y la molicie, queridos lectores).
Terminaré por hoy diciendo que esta selección (que, como otras que he hecho, se ampliará) es de todo punto subjetiva y no tiene nada que ver con la importancia real de estas palabras. Lo explicaré con una anécdota: el cerebro del extranjero es un objeto misterioso (el de los españoles también) en el que las palabras entran y salen obedeciendo a leyes ignotas con menos explicación que el misterio de la enorme audiencia de Ana y los Siete. Por ejemplo, M. ha aprendido ahora la palabra “Puticlub” y no hace más que repetirla (debí de decirla yo comentando el vestuario de alguna ciudadana autóctona o la apariencia de algún bar). Pero recuerdo que a mí me entró en la cabeza, recién llegado, la palabra “Palatschinken” (Crepe, como los Crepes Suzette) y no había forma de quitármela de la cabeza.
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jueves


15 de Marzo.- Dado que lo del soneto no ha colado, vamos a ver si hacemos un post cortito.
La película es muy interesante, porque la señora Junge pasó las tres últimas décadas de su vida purgando aquellos pecados que ella consideraba que había cometido por omisión. Lo hizo leyéndole a ciegos y cuidando enfermos. Durante muchos años, la certeza de haber estado al lado de un monstruo sin haber tenido conciencia de ello, la hizo sentirse ensuciada por la garra inmunda de la bestia, y caer en una hondísima depresión que la apartó de su vida laboral. Un personaje complejo, la señora, y una gran película hecha con una cámara y un foco. No hace falta más.
La segunda película austríaca que he visto se llama Silentium, y está basada en la novela de igual nombre del escritor austríaco Woolf Haas. Silentium es divertidísima. Es una historia de detectives (Krimis, las llaman aquí) protagonizada por el comisario Brenner (el actorazo Josef Hader). Hader es un señor al que yo no conocía pero que, parece ser, es enormemente popular en Austria como actor de cabaret –un género en desuso en la península pero que aquí goza de mucho predicamento-; no tengo más que cosas buenas que decir de él. Es un actor enormemente divertido a base de ser inexpresivo y creo que es la encarnación del humor vienés: macabro, ácido, negro negrísimo. Brenner es un perdedor que investiga un suicidio en Salzburgo.
Tanto me gustó Silentium que me compré su antecedente “Komm, süsser Tod” (Ven, dulce muerte). También está basada en una obra de Woolf Haas (lamentablemente Haas no está traducido al español, que yo sepa). Esta película habla de una guerra entre dos compañías rivales de ambulancias. Como ejemplo del humor vienés, citaré una parte del diálogo que, en español pierde mucho sentido, pero que en alemán (y sobre todo, dicha por Hader) tiene mucha gracia.
Un hombre (Brenner/Hader) y su ex novia se encuentran en una ambulancia después de muchos años sin verse. Ella le dice:
-Entonces no tenías el pelo gris.
Y él dice, socarrón:
-Eh! Qué pasa. No es gris. Es la nueva moda: rubio cementerio.
Humor Vienés cien por cien.
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Etiquetas: Polvo de estrellas
me tienen al potro atado.
Por esta causa estoy mudo
y mi blog no he actualizado.
Disculpa, lector amado,
si ha días que no construyo
Los cuatro tropos diarios
con los que la vida busco.
Tan pronto como esté libre
(pues la impaciencia ya siento)
el dedo que en tecla escribe
volverá a andar sus senderos.
Y no será uno, y sí ciento
El número de mis textos.
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Etiquetas: Otras hierbas venenosas
lunes
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Etiquetas: Especiales
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Etiquetas: Imagenes
Recuerdo que mi madre me despertó temprano y me preguntó si tenía que ir a Madrid aquel día. Curiosamente, había anulado una cita en la ciudad de la imagen el día anterior, con lo cual tenía todo el día libre. Después me dijo que había habido varias bombas en Atocha y que había diecisiete muertos. Me levanté inmediatamente, y me puse delante del televisor. Desayuné dos horas después. Por las imágenes que emitía Televisión Española ya era más que evidente la magnitud de la tragedia. Las cifras de muertos y heridos empezaron una escalada terriblemente asombrosa. Empecé a llamar por teléfono a todos mis amigos para confirmar que estaban bien. A. y N. residentes en Azuqueca de Henares, tenían que pasar necesariamente por la estación para ir a sus trabajos. M., de Móstoles, pasó diez minutos ante


























