martes



Dagmar Koller, triunfante, entra en el Lifeball (foto, aunque de mala calidad) sacada del Kurier
Princesa de 75, rubia, busca desesperadamente príncipe que la lleve de baile
(especial Lifeball)
29 de Mayo.- Todos los años, desde que el Doktor Zilk era alcalde, se celebra en Viena por estas fechas un evento con el que se pretendió concretar lo que Viena supone o quiere suponer para el mundo: la fusión entre el pasado y el presente, o entre una forma de entender el pasado y una forma de entender el presente. Este evento es el Lifeball o baile por la vida (en su traducción más de andar por casa). Se trata de camuflar un gigantesco espectáculo montado con una gran visión comercial, todo hay que decirlo, bajo la capa de un fin noble y caritativo (en este caso, la lucha contra el SIDA). Para la ocasión, cada año se elige un tema y todo el mundo se disfraza de la manera más extravagante que puede. O sea, reivindicando con ahínco el espíritu drag y la pluma de pata salvaje. Como guinda, se invita a un famoso (normalmente americano y de capa un poco caída para que su prestigio sea amortizable) y se retransmite el paquete por televisión en una gran gala que sigue todo el país.
Este año, la algo desinflada ORF –cuya gran reforma anunciada a bombo y platillo ha resultado muy desastrosa- ha tirado la ventana por la casa para retransmitir un Lifeball que tenía por tema los cuentos de hadas. El ayuntamiento de Viena–a guisa de “marco incomparable”- fue decorado con un gigantesco lazo-pasarela-mamotreto cuyo color rojo servía para que los asistentes al baile desfilaran ante las cámaras entre los ohhhhs y los ahhhhs de los miles de curiosos congregados con sus cámaras digitales a la caza de la foto movida y del autógrafo perdido. La invitada esta vez, algo desconchada, era Sharon Stone que avanzó por la pasarela del brazo de Gery Keszler icono vienés del gay comprometido y perejil de todas las salsas.

Asimismo, también honraron a Viena con su asistencia los Scissors Sisters y los diseñadores (por llamarles algo) Richie Rich y Traver Rains, que se encargaron de poner el color que cualquier acto Orgulloso –y este lo era- exige. Ellos fueron los primeros que pusieron la nota surreal en una retransmisión que resultó bastante surreal la mayor parte del tiempo. Alfons Haider, icono del gay vienés obligado a salir del armario a torta límpia, les entrevistó en su papel de maestro de baile –cumple el pobre con todos los eventos, y le da igual que le echen a Paris Hilton o a estos dos-; pues bien, los pavos estos, el Richie Rich y el otro, se presentaron al Photocall más pasados de pastis que Chimo Bayo después de haber atracado una farmacia, y empezaron a contestar a las preguntas de Haider, pretendidamente serias, de la manera más imbécil que se les ocurrió.


Asistente al baile vistiendo uno de los diseños de Richie Rich ¿Qué decir? Fresco, desenfadado...

Ayudando en la tarea de pastorear a semejante tribu de ansiosos de objetivo, estaba una barbie –me aseguran que alemana- que atiende por Miriam Weichselbraum. La fulanita en cuestión es del tipo de las tíatíatía tengo un pavo que quitamelo, tía. Le tocó entrevistar a la ganadora o ganatriz de la última Operación Triunfo (recuérdese, la Rosa de Austria, la niña aquella a la que le llevaron una logopeda cruel al programa, porque no había un dios que la entendiera). Pues entre las dos, afirmo, hicieron una de las entrevistas más tontas –de contenido y de forma- de la historia de la tele. Que fue casi casi casi superada por una entrevista que la Weichselbraum le hizo acto seguido a una actriz porno invitada para la ocasión –lo de "acto seguido" no iba con segundas esta vez - o el bueno de Alfons Haider a una fulana esquelética que decía ser supermodelo.
Pero en esto, señoras y señores, llegó ella. Weichselbraum estaba entrevistando a una fulana (sin ánimo de ofender) acompañada de un forzudo de sonrisa profidén. El coche de Dagmar Koller se paró detrás de ellos, ella bajó del coche, vestida de lentejuelas y con zapatos negros de tacón (es difícil encontrar un calzado cómodo que pegue con los trajes de lentejuelas). Vio a la barbie con el micro en la mano y dudó, se acercó al micro, pero la barbie parecía no haber notado su presencia. Koller miró a la cámara con su mejor sonrisa de jovencita burbujeante, dio dos pasos atrás, y uno adelante, como dándole tiempo a la rubia, pero Weichselbraum que nones. Y Koller ¿Me voy o no me voy? Soy Dagmar Koller, la Ikone, la Legende. Vamos, que juro por mi prótesis de cadera que yo no me voy aquí sin que esta advenediza me entreviste. Pero la barbie pasaba de ella, interesadísima como estaba, en los pectorales de su entrevistado. Y Dagmar que se cansa y se va a buscar al director de la ORF (sin perder la sonrisa, eso no, que ella es una dama). Y diez minutos después, la entrevista Alfons Haider con el que coquetea como si en vez de ser casi una octogenaria y él el gay más gay de Viena, ella fuera Britney Spears (antes de meterse a los marines) y él un trasunto o clon de Justin Timberlake. Hasta que Haider, cubierta su cuotaparte de suplicio, la despide con un “Bis später, schatzchen” (o sea, “hasta más tarde, tesorito”) cuyo vitriolo está a punto de derretir los circuitos del micrófono.
Pero la cosa no acaba ahí, los presuntos diseñadores arriba mencionados, organizan un desfile, y Dagmar, cómo no, desfila. Pero mientras las starlettes, las famosillas, los campeones de natación (Marcus Rogan con un escueto vestuario) desfilan bisoños, intimidados por la numerosa concurrencia, Koller bota por la pasarela como una pastorcilla pasada de tripis, moviendo los volantes de su vestido de manera sincopada, porque ella es una ikone, una legende, y las ikones y las legendes, en cuanto tienen la oportunidad, demuestran la pasta de la que están hechas.
Aunque reconozco que tiene una patá en la boca, tengo que reconocer también que tengo debilidad por Dagmar Koller, por esa manera que tiene de aferrarse a la vida, por esa voluntad de hierro para no dejar escapar el último tranvía que sale cada día para alguien; por esa forma que tiene de sonreir artificialmente, para que no se le caiga la dentadura postiza. Tengo debilidad por Dagmar Koller como la tengo por todas las Blanche Dubois, por todas las personas que, cada día, se echan sus penas a la espalda y salen a la calle a darle a los demás lo mejor que tienen, para no naufragar, aún cuando tienen la constancia de que nadie se lo va a agradecer.
Ellos y ellas, juguetes rotos, son la sal de esta tierra.

lunes

Riquezas naturales











domingo














Ventanas

27 de Mayo.- Hoy he sacado la cámara a pasear -bueno, a correr- y he fotografiado las ventanas de mi barrio, el distrito quinto. En tiempos -o sea, en los florecientes años anteriores a la primera gran guerra- mi barrio fue hasta distinguido. Testigo de ello son sus ventanas de aquella época, cuyos más humildes exponentes pasan por ser templetes griegos, o barrocos altares a la ostentación de sus propietarios. Mi amiga U. me contó una vez que, después de la segunda guerra mundial, muchas de estas ventanas historiadas, junto con las fachadas a las que pertenecían, desaparecieron debido a que los propietarios de los edificios decidieron picar las yeserías de que estaban hechas porque resultaba muy caro mantenerlas. Así, las casas pasaron a tener una imagen más austera, de acuerdo con los penosos tiempos que corrían. Hoy, muchas de las fachadas de mi barrio presentan un aspecto agradablemente decrépito. Sólo de vez en cuando, una vez cada veinte años, un grupo de vecinos se anima y paga la pintura de su fachada. Cerca de mi calle, en lo que va de año, ya lo han hecho dos bloques. Y las viejas fachadas, con sus angelotes rechonchos y sus remates áticos, han recuperado un esplendor feliz, aunque sólo sea hasta que el humo de los coches vuelva a manchar la pintura nueva.
En estas fotos hay ventanas de todas clases: humildes, ricas, cuidadas, sin pintar; ventanas que reflejan ventanas y ventanas que sólo están anunciadas porque sus cristales se reflejan en una fachada. Ventanas que dan a una calle y ventanas que dan a otra y que parecen no pertenecer al mismo edificio. Ventanas a la vida y ventanas, sobre todo, a la ocultación.

sábado

El Señor Súper, del inmortal Ibáñez ¿A quién me recordará a mí?
El corte de mangas
26 de Mayo.- Sábado. Escojo este momento de relativa tranquilidad, en el que Viena se ve achicharrada lentamente por un sol de justicia, para contar mis aventuras de la semana pasada en la que casi no he escrito, porque el celebro, señoras y señores, no me daba para más. Porque he empezado en un trabajo nuevo para el que mi nivel de alemán es un poco cortito aún, aunque me defienda como gato panza arriba, también es verdad. La cosa se trata de una empresa que vende productos de alta tecnología a muchas otras compañías del mundo mundial. Ayer, durante un curso de manejo de la tecnología en cuestión, por ejemplo, tuve contacto con un egipcio, un jordano, un finlandés muy simpático, un chaval de Alicante, y dos rumanos muy serios que lo hacían todo juntos con cara de estar sufriendo en silencio alguna dolorosa afección rectal.
Termino todos los días hecho migas por el constante esfuerzo de concentración, al que se añade el tener que estudiarme un montón de cosas de las que, hasta este momento, no tenía ni idea. Porque en mi anterior trabajo, relacionado con los deportes (algunos extrañísimos como una especie de balonmano balcánico) por lo menos tenía la ventaja de que, quieras que no, desde pequeño has estado siendo bombardeado subliminalmente con el Estudio Estadio pero ahora, pues a veces tengo la sensación de ser un ciego estudiándome un mapa de carreteras escrito en cirílico.
Y eso, desgasta, queridos amigos y amigas.
¿Desgasta?
Desgasta.
Así que cuando llego por las noches a la intimidad de mi hogar, de lo único que tengo ganas es de ponerme una película tonta y quedarme sobao delante de la tele como un abuelo.
Ventajas: pues ventajas tiene muchas mi trabajo. Y la principal son mis compañeros, también procedentes de los cuatro puntos cardinales de esta pelota azul que flota en el espacio sideral. Todos supermajos. Un argentino, una alemana, un croata, un turco, el españolito que esto escribe y creo que algún que otro austriaco para completar la cuota de aborígenes del país.
Las oficinas dan a un feraz arbolado y a una calle animada, están pintadas en un color vainilla claro, y en ellas reina, como es preceptivo en todos los lugares en donde se trabaja duro, un ensimismado silencio. Nada que ver con mi último entorno laboral español. Una oficina-túnel sin ventanas en la que, el director general de la empresa (sesenta años, traje azul cobalto, mocasines marrones, corbata tremolando sobre la panza: la viva imagen del éxito) se plantaba tres veces al día (cuando no más) en mitad de la oficina, y gritaba:
-¡Pero es que no va a haber en esta empresa un inútil que me sepa arreglar este motorrrr!!!!
A lo cual, todos agachábamos la cabeza. Creo que en esta empresa tampoco reina el clima de espionaje que reinaba en aquella –el producto infalible que se da en todas las sociedades en las que se aplica sin tasa un poder absoluto- y se procura, por lo que yo he visto hasta ahora, que reine un clima negociador y solidario que es lo que más me gusta cuando trabajo con personas. Es lo más parecido a hacer las cosas porque te gusta hacerlas y salen de ti, mucho más gratificante que hacerlas sólo porque un paleto energúmeno que te trata sin respeto te está pagando (y mal). En esta empresa española (cuya foto figura en los diccionarios al lado de la definición de “sociedad enferma”) era el pan nuestro de cada día que las sufridas contables salieran llorando del despacho del jefe financiero, en el comedor no había calefacción en invierno –yo he llegado a comer con el abrigo y la bufanda puestos- para que corrieses a tu sitio una vez consumida la tiesa ración de tu tupperware y se hacía una vez al año una cena de navidad a la que tenías que ir por gónadas y aparentar que te lo estabas pasando de puta madre mientras algunos superiores pasados de copas perseguían con ojos rijosos a sus subordinadas más escotadas (aunque tampoco hacía falta un escote demasiado profundo para provocar una persecución), o los animales más depredadores preparaban bromas salvajes para mortificar a los que no se prestaban a los juegos salvajes.
El día en que se acabó mi contrato, que terminó justo a tiempo para venirme a Austria, cerré los ojos para escuchar el ruido de la puerta de la calle cerrándose tras de mí y, con todo el placer del mundo, le hice un corte de mangas a la cámara de seguridad, con la esperanza de que lo estuvieran grabando y lo viera quien tuviera que verlo.
Hasta ahora, no me he arrepentido.
(Toquemos madera)

lunes










Rovinj (Croacia)
21 de Mayo.- Primer día de trabajo que me he pasado estudiando manuales de los productos que me tengo que saber. Es curioso, pero esto de los trabajos es como las reencarnaciones. Cada nuevo empleo es una nueva vida. En fin. Permanecen frescos en mi memoria estos días pasados en Rovinj, de los que dejo fotos. Han sido tres días, pero me han parecido treinta, por lo mucho que he descansado y las pilas que he repuesto. De entre las numerosas impresiones que me ha causado viajar a la antigua Yugoslavia, quiero entresacar algunas. Helas:

-El misterioso romance que une a Croacia y Eslovenia con España y que se manifiesta cuando la radio Croata o Eslovena no cesa de pinchar a cada rato grandes éxitos de ayer, de hoy y de siempre del folklore patrio ¿Quién me iba a mí a decir que, en ese lugar del mundo, iba yo a escuchar a Peret y a su borriquito como tú? ¿Quién que oiría yo en aquellas soledades chiringuiteras la voz de Juan Perro? Como decía La Señorita de Trévelez, me quedé que, si me pinchaban, no me sacaban ni un coágulo.

-La hospitalidad de ese pueblo croata que yo he visto en el amigo Mili, cuyo tío ha sido cocinero de la Guarnición Española en Móstar, cuyos legionarios le regalaron sendas botellas de viño Peñascal que Mili compartió conmigo y mi compañía (además del vino de Peñascal compartió diversos schnaps de la tierra, como uno con muérdago que hubiera podido servir de gasolina a un coche, estos eslavos no veas qué cosas beben, coleguita, hay que ser muy machote; y Mili decía que los húngaros se toman los licores por decilitros)

-La marchosería de los jubilados nórdicos. Me explico. Aunque yo no quiera contar cosas como lo del prepucio de mi blog anterior, que luego me llaman ordinario, pero es que, ciertamente, queridos lectores, la vida me lo pone a huevo (y nunca mejor dicho). Las playas de Croacia no son de arena, ni siquiera de piedrecitas. Como se ve en las fotos, son grandes planchas de roca que, a la manera de las vértebras de un dinosaurio que se hubiera muerto junto a la costa, están amontonadas junto al mar. Concentrado como andaba yo en no partirme la crisma y precipitarme a la mar océana, no había yo prestado atención a un bullicio que había en mi línea de reojo visual. Mis amigos, que saben que yo soy un español conservativo y pudoroso como hay pocos, se gozan y divierten en sacarme los colores. Como decía, estaba yo concentrado en no partirme la crisma cuando me tocan en el hombro: “Paco, Paco, miramos, miramos” –su español es un poco especial- y yo: “ a ver, el qué miramos, al suelo, coño, que me voy a matar (castigo de playas, gensanta)”. Y ellos: “Paco, miramos al hombre” y yo: “A qué hombre”; “a tu derecha, Paco” y a esto que levanto la vista de las rocas y me encuentro sentado en una hamaca a un señor nórdico con semejante costurón en el esternón –operación cardiaca reciente- que está siendo atentamente servido sexualmente hablando por otra señora de su misma edad empeñada en demostrarle sus habilidades bucales. Mis amigos muertos de risa de verme la cara y yo, mu pofesioná: “Qué pasa, las criaturas, que han tenido un apretón” y vuelta con la mochila y la toalla a intentar no partirme la crisma. Pero es que, señoras y señores, ese hombre podía haber tenido un percance. Recién operao y practicando el sexo verbal en la playa ante una asamblea de curiosos. Esto en Benidorm, no pasa, joé. Luego me explicaron que es que los jubilados nórdicos tienen ciertas zonas de la playa de Rovinj para practicar sexo comunal. La verdad es que los que estaban alrededor de los que estaban en plena acción, estos que digo, demostraban un interés bajito tirando a nulo. Igual, mal comparao, que si se hubiera tratado de los pacíficos monos del zoo. Pero ya decía el Guerra (el torero, no el político) que hay gente pa tó. Y qué verdad que es.

Quisiera terminar diciendo que los colores de las fotos no están retocados con photoshop y que Croacia es así de hermosa tora tora y tora.

jueves

Los cuerpos gloriosos (con perdón)


17 de Mayo.- Hoy, toda Austria está de Feiertag, porque se celebra la Ascensión del Señor. Sin ningún ánimo de resultar blasfemo a estas alturas (y remitiéndome a un libro estupendo y entretenidísimo del Profesor Juan Eslava Galán que se llama “El fraude de la sábana santa”) quisiera contar una historia un tanto chusca que relaciona esta fiesta católica con la no menos católica ciudad de Viena.
Jesucristo nació dentro de la comunidad judía y, por lo tanto, fue circuncidado. Durante muchos siglos, fue tema de debate en la Iglesia Católica qué había pasado con este trocito de la piel del cuerpo del Salvador que, obviamente, los sacerdotes del Templo de Jerusalem no habían podido tirar a la basura (ignoro lo que se hará en los hospitales modernos). Las teorías, expuestas en varios concilios, eran dos: a) que este trocito del cuerpo de Cristo se había desintegrado o b) que había permanecido incorrupto durante los treinta y tres años de vida terrenal de Jesucristo y había ascendido al cielo junto con el Salvador reintegrándose a su corporeidad celeste. El tema llegó a ser de tanta importancia que, parece ser, se trató incluso en el concilio de Nicea (en el mismo en que se debatió acaloradamente, si la memoria no me falla, si las mujeres tenían alma, como los hombres, o no la tenían como los animales) pero la falta de acuerdo de los teólogos hizo que se aparcase la cuestión a la espera de indicios más fidedignos. Mientras tanto, se hizo tema común de meditación para las enclaustradas aquel trocito del cuerpo de Cristo, que se les proponía a las novicias como sustituto del anillo de desposadas de su marido terrenal. Este tópico, que nos puede parecer un poquito sonrojante en el siglo XXI, parece ser que fue moneda de uso común durante muchos siglos. Hasta el XVIII, en el que se dice que una monja vienesa, al ir a comulgar, sintió en su lengua el tacto delicado de aquel trozo de piel (oye, risas no, ¿Eh? Que si no, no sigo) pues eso, que la señora esta, mantuvo en secreto esta sensación, pero al cabo, convirtiéndose esta en una obsesión, no tuvo más remedio que comunicársela a su confesor (un estricto confesor vienés) que escribió la misiva pertinente al Vaticano, cuyas autoridades declararon, tras sesudo examen de los testimonios presentados, que el sobrenatural prodigio confirmaba que el prepucio de Jesucristo había asendido junto con él durante la fiesta que hoy se conmemora y que formaba parte de su cuerpo celeste.
Para estas y otras anécdotas tan jugosas, me remito de nuevo al libro del Profesor Eslava Galán, que las cuenta con mucho más salero que yo (y probablemente, con más aporte de datos técnicos, porque yo estoy citando de memoria, porque el libro lo tengo en Madrid). Cuenta el Profesor Eslava Galán (autor también de una novela muy buena que se llama “En busca del Unicornio”) que entre la nómina de despojos que se conservan de la Sagrada Historia se encuentran algunos tan curiosos como un huevo de la paloma del Espíritu Santo, un diente de la burra que llevó a la Sagrada Familia en su huida a Egipto, plumas de las alas del Arcángel San Gabriel, un variado guardarropa de la Virgen María (parte del cual se guarda, por cierto, en la Schatzkammer, del Hoffburg de Viena), la lanza con la que el centurión Longinos atravesó el costado de Jesús en la Cruz (curioso que este personaje haya llegado a nosotros con su nombre) –dicha lanza está también en Viena- y trozos de la cruz suficientes como para formar un bosquecillo. Y no olvidemos que el Santo Grial –según las más solventes autoridades eclesiásticas- se guarda en la Catedral de Valencia.
En fin, para encarar con más alegría mi trabajo y llegar fresco al lunes (día de mi debut) me iré a Croacia viernes, sábado y domingo, para disfrutar de las playas de Rovinj en donde no he estado nunca y que, me aseguran, es una de las pel-las del mar Mediterráneo.

miércoles


Funcionarios


16 de Mayo.- Hoy escribo este blog desde la biblioteca del Instituto Cervantes. Es uno de los sitios de Viena que más me gustan. Principalmente porque las paredes, en dos pisos, están forradas de libros y películas. También resulta un lugar ideal, recóndito (sobre todo por las mañanas) para andar escribiendo los pensamientos de uno, y las historias que, de vez en cuando, le brotan por la cabeza. Como decía en el blog anterior, mis amigos M. y A. han estado visitándome, y por eso he dejado de tener tiempo de contar algunas cosas de la vida de Viena. La verdad es que, salvando el cambio de tiempo (brutal) no han pasado muchas cosas. Bueno, algunas que en España no darían ni para medio telediario sanguinolento y sensacionalista de los que ahora se estilan. Por ejemplo, el ferry que une Viena con Bratislava ha encallado. Nadie sabe cómo, pero el caso es que el barco, modernísimo, se ha empotrado contra una marisma del Danubio. Venían ayer las fotos en la portada del Kronen Zeitung (como no podía ser de otra manera, porque es un periódico de los de foto grande y titular escandaloso) y la verdad es que uno no se podía explicar, con lo ancho que es el Danubio, cómo un bicho tan grande se podía haber metido contra un árbol.
Por lo demás, pues hoy he estado en el AMS (INEM de aquí) para decirle a mi asesora personal (la Frau Friedrich) que he encontrado un bonito trabajo nuevo y que ya no necesitaré sus servicios. En Austria, cuando te apuntas al paro, el AMS te asigna un funcionario sólo para ti (y para varios cientos de personas) que es, como si dijéramos, quien lleva tu expediente y se encarga de darte un tirón de orejas cuando piensa que no estás buscando curro con suficiente diligencia.
La Frau Friedrich es una señora gordita, que tiene plantas en su escritorio y una foto de un dinosaurio. Lleva gafas, es enérgica y tiene en la cara como un herpes o manchas de nacimiento. No se detiene en tonterías aunque es respetuosa con los extranjeros como yo, y les deletrea las cosas si hace falta para luego no tener que hacer trámites innecesarios. Lo cierto es que, durante el último mes, he tenido una buenísima experiencia con los funcionarios austríacos. Por ejemplo, con los de la Seguridad Social, a los que tuve que ir el otro día porque estoy dado de alta con dos números distintos (lo cual es un coñazo a nivel burocrático). Todo vino por el taco que se hacen los aborígenes con mis apellidos. En un lado me llamo Bernal a secas y el otro Bernal mas el apellido de mi madre, con las catastróficas consecuencias a nivel archivístico que se pueden imaginar facilmente. Así que el otro día, descubierta la pifia, me personé en la Gebiets Krankenkasse y allá que me atendió una señora amabilísima que, tras admitir sonriente que no sabía nada de español, me dejó explicarme en alemán (superorgulloso que yo me puse al ver que podía hacerlo con solvencia) y arrugó la boca como la rana Gustavo cuando le mencioné a los funcionarios del AMS que, según ella, se habían sacado la plaza en una tómbola. El caso es que, reunificados mis números, todo parece que está bien (hasta la próxima).
Mi nuevo trabajo consistirá basicamente en viajar mucho. Así que, si todo va bien, a partir de la vuelta del veano, probablemente Viena Directo sea escrito desde Nueva York, Pekín o Quatar. Esos lugares de este planeta terráqueo que siempre usted quiso conocer y nadie le dio la oportunidad…

lunes

Sigo vivo

14 de Mayo.- Queridos amigos: creo que esta ha sido mi ausencia más larga. Ha estado motivada porque dos amigos míos (M. y A.) me están haciendo el honor de visitarme en este rincón del planeta y he estado mostrándoles lo mucho y bueno que esta ciudad tiene que ofrecer (no todo, porque no nos ha dado tiempo). Como los lectores de VD no van a ser menos, he aquí una serie de imágenes que dan una idea de lo hermosa que está Viena en este mes de mayo en el que ya caen chorros de plomo derretido del cielo (hace un calor atroz).

Bonita imagen de la explanada frente al palacio de Schönbrunn con su espléndida fuente en el que Neptuno y otras figuras mitológicas juegan perseguir al agua.
El maitre del café Landtman acudiendo a su trabajo ayer por la noche, de pasada. Me gusta mucho esta foto por el movimiento que tiene la figura y porque las mesas vacías le dan al sitio un aire un poco decadente.

A. y M. disfrutando de un viaje en tranvía cortesía de los transportes de Viena.


Por último, la Princesa Letizia en la portada del Kronen Zeitung, en la que la califican de la mejor madre del mundo mundial.
En próximas (espero que en todos los sentidos) entregas, indicaré novedades a propósito de mi nuevo trabajo que me va a garantizar (si todo va bien) la Vuelta al Mundo en Góndola (uó uó).
Hasta más leer.

miércoles

Gloria Fuertes

9 de Mayo.- Resulta curioso comprobar como la imagen de una persona puede hacerle tanto daño a los productos de su intelecto. Me refiero, naturalmente, al caso de Gloria Fuertes que, antes de ser esa poetisa con la que a todos nos dieron la chapa en nuestra tierna infancia, fue una muy respetable poeta para adultos. Sin embargo, la pobre Fuertes no se imaginaba que, siendo la educadora de los niños de la transición a través de TVE, conseguiría que todos asociaramos la poesía con su voz de cascajo y su sonsonete apto para dormir rorros (claro, que tampoco se imaginaba que su nombre serviría alguna vez para apadrinar cierto siniestro grupo de skinheads, pero es que las potencias de la imaginación son limitadas).
Yo descubrí a Gloria Fuertes como poeta para adultos allá por la segunda mitad de los noventa, cuando cayó en mis manos por casualidad un libro que se llama “Historias de Gloria”. Para los que estén interesados, decir que los libros de GF son muy económicos porque están publicados todos en ediciones deliciosamente anotadas de la editorial Cátedra (sí: la misma de esos libros maravillosos que te dejaban medio trabajo hecho allá en los tiempos del cole). Los poemas de Gloria Fuertes son a veces grandes lecciones de vida aunque realmente simplificadas por su trabajada ingenuidad. Recuerdo uno que se llamaba REGRESÉ DE LA MISIÓN y que es un poemilla que, cito de memoria, dice más o menos así: “Regresé de la misión/no vuelvo a intentar/ mejorar a nadie/ en contra de su voluntad”. Son como Haikus. Hay uno que a mi hermano y a mí nos hace mearnos de risa, que empieza “Garra de guerra, pena de pene...” y así. Y es que Gloria, cuando le daba a la ginebra, no tenía límites y se le iba bastante la pinza. Recuerdo aún el día en que murió Gloria Fuertes. Me enteré en una fría mañana de invierno, en un autobús (siempre iba a la universidad con la radio puesta) y lloré un poco, porque me pareció que se había ido un trozo de bondad del mundo. Un trozo de esa bondad de la que andamos tan necesitados. Me alegro de que la poesía de GF se vuelva a leer, porque eso significa que, pasados los años, la humanidad de esos poemas resplandece. Creo que ese es el futuro de ese arma llamada literatura: si, dentro de cien, de doscientos años, hay alguien que, en un mundo distinto de este, abre un libro y se siente identificado con las cosas que se dicen, entonces el esfuerzo de escribir habrá merecido la pena. Habrá trascendido ese acto de placer solitario, un tanto vergonzante, que supone ponerse delante de un teclado a juntar letras. Creo que el hecho de que la GF histórica, esa mujer gordita que en su juventud fue razonablemente bella (en las ediciones de cátedra hay fotos de los años treinta que hablan de una belleza frutal), se vaya olvidando, hará que sus poemas vayan saliendo a flote, incontaminados, independientes. O, ¿Es que alguien se acuerda ya de que Quevedo, por ejemplo, era cojo y tenía muy mala hostia?



De Heuriger
9 de Mayo.- Dejo hoy unas cuantas imágenes de una pequeña excursión que hice ayer a algún lugar entre Viena y Kloster Neuburg, y de la que, por cierto, volví ensopado debido a las inclemencias del tiempo. Fue la inauguración de mi temporada Heuriger de este año.
¿Y qué es un heuriger? Se preguntarán mis lectores españoles. Pues muy sencillo: Heuriger es una tabernilla (bueno, las hay grandes también) generalmente familiar y vinculada a una explotación vinícola (aunque no necesariamente) en la que se vende vino del año y se dan comidas sencillas. Para darlas más complicadas, necesitan un permiso especial. Generalmente, tienen un jardín con bancos corridos en los que uno se puede sentar a libar generosamente y a comerse unas viandas que son la pesadilla de cualquier nutricionista preocupado por el colesterol o, simplemente de cualquier persona mínimamente preocupada por la línea. Por ejemplo, yo ayer me comí un roastbeef con salsa tártara que me supo a gloria, pero que sé que a mi amigo H. , doctor, le hubiera hecho hacer algún comentario a propósito de la vinculación científica entre el consumo de carnes rojas y la aparición de ciertos cánceres del aparato digestivo. Pero claro, de algo hay que morirse. Dejando estos terrenos lúgubres, decir que los Heuriger (lectores austríacos que me honráis con vuestra presencia, ¿Las Heuriger, los Heuriger?) tienen también un espacio interior que, generalmente, se parece al bareto en el que el abuelo de Heidi se iba de cacharritos con los colegas. O sea, sus sillas con el respaldo recortado en forma de corazón, sus mesas de madera oscura, esa luz que recuerda tanto y tanto a los refugios para esquiadores de Baqueira Beret. Dada la vinculación vinícola de estos establecimientos, la bebida fundamental que se ofrece en ellos es el zumo fermentado de la uva. Puro (en cuyo caso se pide un achtel o cuartillo) o bien mezclado con agua mineral con gas: o sea, un spritzer. El spritzer es una especie de champán para pobres, porque es sabroso, refrescante y se sube a la cabeza debido a las burbujas. Lenguas más viperinas asocian su existencia a la manía austríaca del ahorro (el vino aguado dura más y da más beneficio al tabernero). Otras hipótesis malévolas dicen que el vino (blanco) que producen estas tierras es tan malo que, o lo rebajan con agua, o no hay un dios que se lo trague. A mí, el spritzer me gusta y, en cuanto al vino de la tierra, ya me he acostumbrado. Para ilustrar este post, ahí dejo unas fotos que hice ayer camino del heuriger perdido en el monte. A disfrutar.

domingo


EN LOS BOSQUES DE PENNSYLVANIA

Cuando un árbol gigante se suicida,
harto de estar ya seco y no dar pájaros,
sin esperar al hombre que le tale,
sin esperar al viento,
lanza su última música sin hojas
—sinfónica explosión donde hubo nidos—,
crujen todos sus huecos de madera,
caen dos gotas de savia todavía
cuando estalla su tallo por el aire,
ruedan sus toneladas por el monte,
lloran los lobos y los ciervos tiemblan,
van a su encuentro las ardillas todas,
presintiendo que es algo de belleza que muere.

Gloria Fuertes

Un escarabajo tomando el fresco en el bosque de Bruck an der Leitha
Una mariquita transportando su gota de agua

Un caracol

Ruinas de las instalaciones militares

Excursión dominical

6 de Mayo.- Aprovecho que han caido las primeras gotas de una primavera que estaba siendo seca (para no faltar a la verdad hay que decir que, más que unas gotas, han caido auténticas cataratas) para hacer una corta excursión a Bruck An der Leitha (Burgenland) y hacer algunas fotos en la fronda de algunas pequeñas joyas que esconde el bosque. La zona boscosa por la que me muevo es una zona de entrenamiento del ejército austríaco, que la armada tiene a bien abrir los domingos para recreo de los (escasos) paseantes. Tiene uno la sensación de encontrarse en un trozo de bosque virgen, sólo vulnerado por algunas casamatas abandonadas y algunas ruinas militares de principios de siglo, que semejan grandes canales de cemento escondidos bajo la hojarasca. También se puede uno encontrar con las ruinas de antiguas colmenas, cuyo descanso y lenta putrefacción sólo son perturbados por el despacioso avanzar de los caracoles, que miran al mundo con la paciencia de quien tuviera toda la eternidad por delante. Entre las hojas recién lavadas por la lluvia, encuentro un escarabajo de reflejos metálicos, tan hermoso, que no me puedo resistir a hacerle una foto, y una mariquita que carga con una gota de agua que aumenta una de sus manchas, y cientos de caracoles, y algunos hongos que brotan de entre la hojarasca. Sobre una colina, en un claro del bosque salpicado por las flores moradas de la salvia, encuentro una pequeña ermita cerrada a cal y canto y dedicada a San Carlos Borromeo. Una placa interior de mármol cuenta que la edificación original, de la que sólo quedan las escaleras de cemento, fue construida entre 1931 y 1932 por un cuerpo de oficiales especialmente pío, y destruida por las tropas soviéticas en su avance hacia Viena durante la última fase de la guerra mundial. Al dejar el bosque, se llega a una carretera, apenas una cinta de asfalto que sirve a las cuatro casas de los mandos que son espléndidos cottages a la inglesa, con tupidas enredaderas y altos árboles de lilas. La cinta de asfalto termina en el memorial a los caídos en la primera guerra mundial, un edificio de cemento que, según consta a su vez en otra placa conmemorativa, fue levantado por prisioneros de guerra. A sus pies, un estanque artificial habitado por un solo pato y un millón de renacuajos que mueven frenéticamente la cola.
Un hombre me para, y me explica en un alemán aún peor que el mío que quiere llegar a Eisenstad (capital del estado de Burgenland) pero que se ha perdido. Mi compañía le explica cómo llegar bastante rápido y el hombre (cincuentón, sonrisa afable, acento del este) dudo de que se entere mucho aunque se guarda bien de decirlo.
A la vuelta, por una carretera secundaria, me quedo sumergido en el verdor de unos campos de verdura matemática cercados por árboles que parecen haberse esponjado por las nubes recientes. A lo lejos, en dirección al aeropuerto, el sol consigue atravesar algunos manojos de nubes. La cinta plateada de la carretera discurre con una rectitud que parece no poder tener fin.

jueves


"La venganza es un plato que se come frío", dijo Paquirrín
3 de Mayo.- La actualidad internacional me reclama: esta mañana, a las siete, recién levantado y, obviamente, sin previo aviso, me he enterado de que la última superviviente representativa de ese cementerio de elefantes que es el universo folkórica (Pantoja) está inmersa en lo que parece la trama de una de esas películas que protagonizó en los noventa con José Coronado (por cierto, producidas por José Frade).
Pero no voy a hablar de ella, otros se preocuparán de la clave, de la llave, de su cuando, su cómo y porqué. Yo hoy, no quiero hablar de la madre, sino de esta foto, tomada con muy mala hostia en los primeros ochenta y que me da pie a seguir la línea de un personaje mucho más interesante: Francisco Rivera Pantoja, más conocido desde que el mundo es mundo y todos tenemos uso de razón por Paquirrín ¿Se puede tener destino más cruel que el de ese chico? Ya desde sus primeros vagidos (así se llama el ruidillo que hacen los bebés) su padre y su madre, guapos, triunfadores, le veían la cara y se partían la caja de la risa. Porque si no, ¿Qué es lo que están haciendo los ilustres progenitores mientras la Pantoja, melena recogida por una vez, tiene al niño en brazos? Después, a lo largo de su vida, su madre (superviviente de esa pareja de seres que colaboraron para traerle al mundo) se ha esforzado en ponerle en ridículo con singular persistencia. La primera que yo recuerdo es una de Paquirrín con una chaquetilla de punto con un cuello de puntillas cantando en un concierto Mi pequeño del Alma. Esa pintilla de zangolotino tierno e indefenso, que ya tenía desde chico, el pobre. Después, las fotos de comunión. El inmenso retrato pintado sobre azulejos que, según el Hola (esto lo han visto estos ojos que se van a comer los gusanos) está en Cantora al lado de la chimenea con una leyenda patria, a la par que maternal y racialísima: “Mi Quico". Y por último, esas bermudas de mercadillo que sólo tenían unas competidoras: las de Marichalar. Si yo fuera el guionista de esta trama, yo hubiera entrelazado los acontecimientos de manera que la detención de mamá Pantoja se debiese a una sutil venganza (premeditada o no) del chico. Harto de su destino mediocre, de ser siempre el blanco de las bromas crueles de los reporteros del Tomate, el payaso se rebela. Aquí estoy yo, parece decir. Y empieza a promover entre sus amistades de dudosa catadura leyendas fabulosas a propósito de los fardos de dinero que la Pantoja tiene escondidos en Cantora, de las orgías con champán Codorniú y pescaíto frito que se ha corrido con Julián Muñoz (ese hombre que, dicho sea de paso, lleva los pantalones a la austríaca, o sea, por encima del ombligo), hasta que una de las chatis con las que le sorprenden de vez en cuando, se va de la lengua con un policía corrupto o a medio corromper, un ser hambriento de gloria y rehabilitación que se va de la lengua y culmina la leyenda gafe de Isabel Pantoja, el último mito que nos queda, muerta Lola y fallecida Rocío.
¿Cuál será el último capítulo?
Aquí va una apuesta ya hablando en serio: Isabel Pantoja es un ser humano excepcional (no puede ser de otra manera para aguantar lo que ha aguantado esa mujer durante todos estos años). Saldrá del cuartelillo renacida como ave Fenix y dará un concierto multitudinario en Las Ventas a beneficio de Radio Taxi, ese público que tanto la quiere. Y olé.

miércoles

Kraftwerk Freudenau

3 de Mayo.- Andan los informativos de las teles alemanas echando toda la madera a las máquinas, para contar en su sección meteorológica que este ha sido un abril atípico en todos los sentidos. Aunque si bien dice el refrán austríaco que “April macht was er will” (o sea, que Abril hace lo que le sale de la entrepierna) ni los más viejos del lugar estaban preparados para este Abril que ha venido veraniego, con un record de horas de sol que no se registraba desde 1976 (más de trescientas cincuenta) y unas lluvias que, en algunas partes de Austria, no han llegado a alcanzar el diez por ciento de la cuota habitual en esta época del año. Aún así, uno, no ha podido dejar de alegrarse del tiempo veraniego que le ha permitido además de tomar el sol como su madre lo puso en esta tierra (quizá un poco más peludillo, las cosas como son), correr tranquilamente en pantalón corto desde su residencia hasta el palacio de Schönbrunn y zuruck, y visitar en la cálida nocturnidad la estación de producción de energía eléctrica de Freudenau (pronúnciese Froidenau) cuyo desnivel tienen que salvar los barcos que van caminito del Mar Negro.
A este respecto, decir que la regulación del Danubio a su paso por Viena era una vieja aspiración de los gobiernos austríacos (aún así, si el año viene bueno, como el pasado, se siguen produciendo abracadabrantes inundaciones a lo largo de su curso). Sin embargo, no fue hasta el siglo XIX que se reunieron los conocimientos técnicos –y, aún más importante, los dineros necesarios- para desviar el curso del río y poder no sólo defender a los vieneses de las crecidas y los estiajes, sino ganarle al agua los terrenos de marisma que actualmente forman el Lobau, que son el lugar habitual que los vieneses más amantes de la naturaleza eligen para ser succionados a sus anchas por mosquitos trompeteros y otros bichos que se alimentan de la sangre ajena, así como para correr tras la maripositas agitando aquellas partes colganderas de su cuerpo.
La kraftwerk Freudenau es muy curiosa de ver porque los barcos tienen que salvar un desnivel de casi diez metros mediante un sistema de exclusas, lo mismo para remontar el curso del Danubio hacia Alemania (el caso de las barcazas que vienen cargadas de carbón desde el sur de Europa) que en dirección contraria.
Aquí dejo unas fotos que hice la semana pasada.
Un barco de pasajeros a su paso por las exclusas (Era rumano y se llamaba Constantia)
Romántica estampa del Danubio al atardecer desde las exclusas de Freudenau. A la derecha de la imagen empiezan las marismas del Lobau y el area FKK (Frei Körper Kultur, o sea, nudista)

Didáctico dibujo mediante el cual se explica a chicos y grandes la producción de energía eléctrica aprovechando el desnivel del río

Una vista de la pasarela que cruza el río

martes



Es OTRA exclusiva de Viena Directo

1 de Mayo.- Por fin, en primicia, podemos ofrecer a nuestros lectores unas imágenes por las que paparazzis de medio mundo se están dando de tortas ¿Y dónde? Sólo aquí: en Viena Directo. Primeras imágenes de la Infanta Sofía que ha estado todo el tiempo aquí y no nos habíamos dado cuenta. Ella parece estar muy cómoda con la realeza. Y es muy sencilla, como toda la familia real. En estos, sus primeros retratos oficiales, ya se ve que apunta maneras, y que la sangre azul le sienta como un guante. Larga vida a la Infanta Sofía!

(Yo no había caido hasta ayer, viendo los informativos, en que mi gata se llama igual que la infanta...Aunque por Sofía Loren -color del pelaje- y por Sofía Petrillo -la vieja de las chicas de oro, por la voz-)