jueves

Pedazo de la España en que nací

28 de Junio.- Lo sé, lo sé. Estáis todos deseando saber qué me ha parecido Madrid después de más de un año de ausencia. Exactamente un año y casi un mes. La última vez que estuve aquí, acababa de fallecer LMG (La mah grandeh).
Pues bien: en primer lugar, y comparando con mi recuerdo, debo decir que he encontrado Madrid hecho un mosaico multicultural y colorido, muy colorido. Por la calle se oyen todos los idiomas. También tengo que decir que España está hecha un bosque de grúas. Que en un año, han crecido los barrios de una manera insostenible y que ahora, entre Madrid y mi pueblo -antaño un desierto- una ardilla podría ir de balcón en balcón -o de cosa raquítica enrejada a cosa raquítica enrejada- sin tocar jamás el suelo (podría encaramarse también en algunos arbolitos esquemáticos, recién llegados, como si dijeramos, al mundo vegetal).
También he encontrado entrañable el hecho de que los españoles (nuevos y antiguos) somos de tamaño más recogidito que la media europea. Por consiguiente, aquí, todo, desde los cuartos de baño a la altura de los escaparates de las tiendas, es más bajito. O sea, como para hobbits. Los autobuses también me han parecido modernísimos y, en general, todo lo que sirve para ganar elecciones (y aquí las ha habido recientes) es de una insultante y cromada novedad (por cierto, casi todo pintado en azul PP, o por lo menos en lo que antes era su azul distintivo). Asimismo, he empezado a darme cuenta de que estaba en España cuando el conductor del autobús ha sido brusco conmigo, cuando he visto pintadas en todas las superficies expuestas a la intemperie graffitera (algunas, extrañas, como una que decía "Castilla entona canciones de guerra"), cuando, al pasar, chicas jóvenes de aspecto hosco y vestidas en Bershka de profesionales del sexo de pago, me han echado el humo de los cigarros a la cara. Ays, cómo me ha emocionado esa proverbial hospitalidad del pueblo soberano. Esos piercings en todas las ternillas susceptibles de ser taladradas. Esos tía, macha, etcétera, que me ponen la carne de gallina, porque son parte de mi infancia. Ese "Pronto", en una de cuyas portadas se afirma, sin temor a equivocación posible, que Rocío Jurado ahora descansa más tranquila puesto que se ha hecho justicia con su herencia.
Mañana quizá, si me acuerdo de traerme el cable USB a la vera de este compiuter que me sirve de hilo con el mundo, pondré fotos, que he hecho y muchas, siguiendo mi costumbre. Hoy de momento, quiero que os quedéis con esta imagen de la fealdad entrañable de Madrid, del suburbio en el que cada día multitudes de Juanis y de Borjas, y de Yonathans, luchan por su vida, para luego, gastarse los novecientos euros mensuales en uno de los enormes centros comerciales.
Ays....

miércoles

Tenía que llegar el día...

...Y al final ha llegado. A partir de hoy, y durante casi una semana (hasta el próximo martes) VD pasará a ser MD (Madrid Directo). Me marcho a ver a mi familia y a tomar por asalto librerías y otros chiringuitos dedicados a la difusión del material intelectual. También, cómo no, veré con gusto a mis amigos, y renovaré las viejas amistades, que son las mejores. También me estresaré, porque yo soy asín, y querré hacer muchas cosas en muy poco tiempo. De todas maneras, si tengo un ratito y una conexión de Internet a mano, hablaré también para Madrid Directo.
Cuidarse y no os mováis mucho que, a la vuelta, os recontaré para ver si estáis tod@s.

domingo

Miscelanea

24 de Junio.- Hoy, por falta de tiempo -ando liado con mis planes de mi próximo viaje a España- haremos un post miscelanea con las cosas que han ido pasando últimamente.
Por ejemplo, esta: la tarde del jueves Viena y toda la zona de la Baja Austria fue azotada por una tormenta huracanada que llenó los periódicos de Terror (aquí, para modificar el significado de un sustantivo, los periodistas, perezosos como en todas partes, le añaden otro, es como la neolengua de 1984; por ejemplo una Hochzeit a secas, es una boda, pero si se le añade Traum (sueño), formando Traum-Hochzeit, se convierte en una boda de ensueño; lo mismo con Horror, Terror, y sus derivados, que no hace falta traducir).
En cosa de media hora el caos se adueñó de una ciudad que no está preparada para esto y hubo tres muertos. Uno, en el lugar que sale en la foto; conocido ya de mis lectores porque está en el primer distrito. Y es la plaza Am Hoff. Aquí, se cayó una grúa contra un cuartel del ejército -un bonito edificio recién rehabilitado, por cierto- y el conductor de la grúa murióse. Asimismo, una señora que iba tranquilamente conduciendo su coche murió aplastada por un árbol. Yo viví la tormenta en la calle y en un breve trayecto (del metro a mi casa) llegué ensopado. La foto es de ayer. Aún continuaban los trabajos de retirada de la grúa y de los bloques de hormigón que le servían de contrapeso.

Esta chica, disfrazada de falsa boliviana, estaba ayer en el Graben bailando danzas típicas de un país que seguro que nunca ha visitado, dentro de la campaña de Médicos sin Fronteras que se desarrollaba ayer.
Asimismo estos chicos, que pertenecen a un grupo de bailes típicos de la zona levantina del Mediterráneo.

Por último, continuando un poco con la temática de hace dos posts, decir que esta foto está tomada en el lugar en donde estuvo el Hotel Metropol; el cuartel general de la Gestapo en Viena. Ayer, mientras tomaba la foto, por cierto, un padre judío ortodoxo con sus chiquillos se dirigía a una sinagoga cercana. Los niños, con sus gorrillos, sus ricitos colgantes y sus pantalones subidos hasta los sobacos, los pobres, se subían a las escaleras del monumento sin tener ni idea de lo que significaba....En fin, uno no pudo dejar de encontrar simbólico el tema. Asimismo, decir que, por casualidad, descubrí que esa zona está copada por comercios hebreos; hice una compra en uno de ellos y mi compañía, al salir, se sorprendió de que, estando donde habíamos estado, no hubiera regateado para lograr un mejor precio.



martes

Mi gata Sofía haciendo de las suyas en el armario de los jerseys




Retorno al pasado



19 de Junio.- Los austríacos son un pueblo muy juguetón.

Me cuentan mis alumnos C. y S. que, de unos años a esta parte, se han puesto muy de moda los juegos de mesa, que sirven de pasatiempo durante las largas tardes invernales de domingo. El más famoso es un juego que se llama Siedler, inventado por un alemán, pero también hay otros como el Carcasonne, que tiene su variante española, llamada Alhambra, y cuyo objetivo (parece ser) es ir construyendo una ciudad medieval.

Por supuesto, los austríacos también se pirran por los naipes, y juegan con ellos (una baraja muy parecida a la del póker) partidas interminables que siguen complicadas reglas que yo he intentado aprender sin éxito. El más popular de estos juegos de cartas es el schnapsen.

Tirando del hilo, sin embargo, nuestra conversación, que trataba de desentrañar los misterios del Pretérito Imperfecto, ha aterrizado en el mullido territorio de los juegos infantiles. Para nuestra sorpresa, hemos descubierto que, aún separados por miles de kilómetros, los niños austríacos y sus contemporáneos peninsulares jugaban a las mismas cosas. Por ejemplo, las niñas austríacas jugaban a la goma (ya no se sabe si juegan, porque también en esta zona de las tradiciones se ha hecho la transición a lo digital) y al balón prisionero, cuya versión austríaca se llama Völkerball. Compartían con nosotros la misma afición por el escondite, cuya modalidad más tradicional se llamaba, en su pueblo, Abbrandeln (pronunciado Obbrandln). Aquí, se han visto obligados a hacer un paréntesis de carácter filológico, y me han contado que era la primera vez que escribían la palabra, perteneciente a la lengua secreta de los niños. No estaban seguros que el dialecto de los niños de Amstetten fuera igual que el de los niños vieneses. Por supuesto, S. jugaba a Policías y Ladrones, llamado aquí Räuber und Gendarme; incluso me han explicado una variante que se llama "Wer fürchtet sich vorm schwarzen Mann?" o lo que es lo mismo "¿Quién huye del negro?". Consiste en que un grupo de niños es perseguido por uno que hace de negro y, como siempre, el juego está introducido por un preámbulo en el que entre el perseguidor y los perseguidos se establece el siguiente diálogo que transcribo en lengua vernácula:

Perseguidor: Wer fürchtet sich vorm schwarzen Mann?

Perseguidos: Niemand (nadie)

Perseguidor: Und wenn er aber kommt? (Y si, a pesar de todo, viene?)

Perseguidos: Dann laufen wir davon (entonces, echamos a correr)

Y así empieza el juego.

Terminada la clase y mientras, siguiendo la tradición local, comíamos dulces, también hemos hablado de Himmel und Hölle (Cielo e infierno) o sea, el juego este que se juega con un papel doblado en forma de una flor de cuatro pétalos, y de Tümpel springen (literalmente, saltar los charcos) que en español recibía el castizo nombre de pídola. Y por último, de la más entrañable de las variantes del escondite, el inglés (que sirve de práctica para tantas situaciones de la vida adulta) que en la verde Austria se llama Zimmer, Küche, Kabinet (Algo así como Habitación, Baño y Servicio (?).

!Quién nos iba a haber dicho que hablar del parchís (Mensch, ärger dich nicht/ hombre, no te enfades) y de Uno (un juego de cartas divertidísimo, por cierto) nos iba a llevar tan lejos!

domingo

Anverso
Reverso

Díptico

17 de Junio.- Estas fotos pertenecen a un díptico -en realidad, las dos caras de un mismo cuadro- del que es autor mi amigo Pereque Pinto, un pintor brasileño que, de nuevo lo repetimos, busca mecenas. Esta obra pertenece a una exposición colectiva que ha sido inaugurada hoy en el ayuntamiento de Korneuburg, a donde me he desplazado para hacer la foto y saludar a mi amigo, al que, como siempre, he encontrado muy lúcido, observando la realidad que nos rodea en Austria.
Una de las características de Perequé, como persona y como artista, es que siempre se las arregla para que sus conversaciones y sus obras tengan un contenido. Lo cual, en estos tiempos convulsos, es una cualidad muy apreciable. El anverso de este díptico representa imágenes de los indígenas brasileños durante y después del proceso que llevó a su exterminio, y el reverso, la filosofía que llevó al barrido físico de su cultura y de su propia existencia física.
Pereque es un optimista bien informado -puede leer la prensa en seis idiomas, que yo sepa- y me ha corregido una cosa que yo he dicho, y que está muy ben trovata. Decía yo que el mundo cada vez va peor y él, agitando una jarrilla de cerveza que nos estábamos bebiendo, me ha dicho que no tenía razón porque eso era aceptar que, alguna vez, había ido bien. También hemos hablado de que, en el juego que hemos inventado los humanos siempre, se llame como se llame la partida, terminan ganando los mismos; los seres humanos somos esclavos de un atavismo: el de la necesidad de encontrar un Gran Hermano, la necesidad de fundar una casta dominante a la que disfrazamos de las maneras más diversas. A veces, con nombres sutilmente perversos.
En fin, ha sido muy agradable tomarse unas cervezas con Pereque hablando del poder y sus formas, y espero que se vuelva a repetir antes de que pase mucho tiempo.
Compañero, tenemos pendiente ese bacalao.

La plaza del ayuntamiento de Viena, conocida entonces como Plaza de Adolf Hitler, en una postal de la época nazi.

El oscuro encanto de la cruz gamada

17 de Junio.- La semana pasada, a los 88 años de su edad, murió Kurt Waldheim, sin duda uno de los políticos austríacos más determinantes de la postguerra mundial. Waldheim acumuló en su persona dos de los cargos más importantes a los que puede aspirar un político: fue secretario general de las Naciones Unidas durante uno de los períodos más tórridos de la Guerra Fría y, después, entre 1987 y 1992, fue Presidente de la República Austríaca. Fue precisamente durante este último período cuando salieron a la luz algunos hechos que, en este país, y en muchos otros del mundo, fueron considerados muy escandalosos. Se supo que Waldheim, nacido en 1918, había hecho su servicio militar en las Organizaciones Universitarias vinculadas al nacionalsocialismo, como voluntario, además; y que, durante la guerra, había pertenecido a la Wehrmacht o ejército alemán. Ante estos dos hechos, Waldheim alegó una inoportuna amnesia que sus enemigos políticos utilizaron para refrescarle la memoria publicando fotos en las que se veía al joven Waldheim vestido con el nada honroso uniforme de un ejército que en Austria se consideraba invasor.

El escándalo fue monumental, y el mandato de Waldheim quedó marcado por un aislamiento diplomático internacional que a punto estuvo de convertirle en un cadáver político.

Waldheim pasó con éxito la prueba de una comisión de historiadores que, con la documentación disponible, conluyó que el presidente de la República Austríaca no había sido nunca un nazi sanguinario. Todo lo que salió a la luz fue una hoja de servicios militar con un oscuro cargo burocrático en la Grecia ocupada por el eje y algunas fotografías que sólo acreditaban que Waldheim había sido un soldado más, una pieza más de la maquinaria militar de uno de los contendientes de la Segunda Guerra Mundial y que, por lo que podía saberse, no había tenido relación con ninguno de los horripilantes crímenes que caracterizaron al nazismo y su reinado del terror.

Pero el daño estaba hecho y la duda sembrada. Cuando Waldheim terminó su mandato, se retiró a disfrutar de sus dos jugosas jubilaciones. Su última aparición pública fue en el mes de mayo último, un hombre mayor, de gigantesca nariz y ojos desiguales, que contempló desde un palco, junto al presidente actual, un acto en memoria de los caidos en los campos de concentración.

Todas las sociedades tienen sus tabúes y, en Austria, si se quiere desacreditar a alguien, basta con llamarle nazi. El nazismo y la oscura participación de algunos austríacos en aquel régimen sigue siendo un tema de escándalo y repulsa nacionales. Y, por lo tanto, instrumento potencial de descrédito del adversario político, como ya dijimos con ocasión del post dedicado al pasado nazi de nuestro amigo Hans Cristian Strache.

(Se abre paréntesis: en el Österreich de hoy sale una foto de mi amigo Strache, el de la sonrisa profident, capitaneando una marcha en Colonia en contra de las mezquitas y los musulmanes, marcha durante la cual arengó a la multitud y les instó a luchar contra la musulmanización de Colonia. Se cierra paréntesis).

En general, como digo, la actitud austríaca hacia el período que va desde 1938 (fecha de la anexión) hasta el final de la guerra mundial, es de profunda repulsa. Porque si bien la antschluss fue recibida por amplias capas de la población (sobre todo rural) con cierto alivio, también es cierto que, en cuanto el régimen nazi empezó a mostrar su cara auténtica, se organizó rapidamente (aún antes de la guerra mundial) un movimiento de resistencia que, cosas de la vida, empezó con Méjico. El único país que protestó por algo que, a todas luces, era un claro intento de torcer la legalidad internacional. Pronto, miles de austríacos, de todas las tendencias políticas no tardaron en empezar a luchar por una Austria libre.

Desde el principio, las relaciones entre Hitler y la pequeña Austria fueron tensas. El tito Adolfo intentó, desde el principio, machacar todas las señas de identidad del que era su heimat (palabra alemana que significa el lugar en donde uno ha nacido). Primeramente, le cambió el nombre. Dejó de llamarse Österreich para llamarla Ostmark, e incluso después, se apropió del himno nacional austríaco, al que cambió la letra -algo así como la versión Habsburgo del God save the King- y que hoy es el himno nacional alemán.

(Por cierto que, después de la guerra, se eligió el himno austríaco actual, que es, si no me equivoco, un fragmento de cuarteto de cuerda de Mozart).

Aún así, como digo, amplias capas de la población austríaca de preguerra saludaron la anexión como un hecho positivo. La primera república austríaca se encontraba en un callejón sin salida, con una situación económica angustiosa. Hitler fue percibido por la población como un garante de un cierto concepto de orden pero, sobre todo, como el artífice del milagro económico que había reflotado a la minada República de Weimar.

Tras la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial, tuvo lugar un exhaustivo proceso de adoctrinamiento de la población, en el que se hacía especial énfasis, por si hubiera quedado alguna duda, en los espantosos crímenes de los de la cruz gamada. La palabra nazi se convirtió en sinónimo de lo más execrable del ser humano, y pasó a ser un tabú. Los españoles, en realidad, la utilizamos con bastante ligereza.

Basta con que alguien se declare partidario de algún locutor vocinglero y bocazas para que, instantaneamente, sea calificado de "nazi de cojones" (el locutor y la persona). En cambio aquí, un calificativo semejante te puede costar, en el mejor de los casos, la amistad de una persona. Mi amigo I. tuvo ocasión de comprobarlo. Trabajando con un jefe alemán especialmente pejigueras, hizo una broma con la frase "Arbeit macht frei". Por supuesto, el alemán, no la pilló.

jueves


Dame meme(no) que quiero morir, dame meme(noooooo)


14 de Junio.- Ocho momentos memorables de mi vida que, por falta de tiempo, hoy serán sólo cuatro.

Ahí van:


MOMENTO 1

El 8 de Octubre de 1975, en la ciudad sanitaria La Paz , en un ínterin entre dos enfermedades del dictador, vino al mundo un hermoso niño. Bajo el signo de libra y con ascendente sagitario. De los primeros tiene el gusto por la comunicación (y, por qué no, una cierta tendencia a no tomarse en serio lo que la gente se toma en serio normalmente). De los segundos, las estrellas le han obsequiado con una inquietud natural, que le lleva a intentar destripar el mecanismo de todas las cabezas y de todas las coas.

A los dos o tres días de nacer, su padre, asustado por lo pacífica que es la criatura, le hace a la enfermera una petición insólita:

-¿Podría pegarle en el culito? Es que todavía no sé cómo llora.


MOMENTO 2


El niño ha crecido un poco. Se ha convertido en una criatura de cinco años que estudia en un colegio en el que la calefacción está siempre demasiado alta. La profesora, la señorita Maria Josefa Gómez Baile, le ha mandado, a él y a sus condiscípulos, una redacción con el poco imaginativo tema de "La Primavera".

El niño escribe en un cuaderno de mal papel, con las tapas naranjas. De vez en cuando, muerde un lápiz ya de por sí bastante mutilado por el abuso del sacapuntas de manivela. Con letra torpe va dibujando una frase: "!Volad, golondrinas!Dejad que la primavera estalle en vuestros cuerpos". La lee para sí, suena bien. Cuando la profesora pide voluntarios para leer la redacción, siente por primera vez un vértigo exhibicionista que le lleva a levantar la mano. Cuando lee la frase, la profesora se pone pálida y se la hace repetir. El niño se asusta por un momento, pensando que ha hecho algo malo. La profesora le coge el cuaderno y, con un súbito respeto, le pregunta de dónde ha sacado la frase. Como el niño no sabe mentir, dice la verdad: se la ha inventado. La profesora -que entonces era más joven de lo que yo soy ahora- llama a sus compañeras. La señorita Bene (Benedicta Tejero, se llama) que hoy tendrá unos cincuenta y tantos años, se acuclilla y, mirando a los ojos del niño, le pregunta:

-Cuando escribas tu primer libro, ¿Se lo dedicarás a tus profesoras del colegio Castilla?

Aunque contesté que sí, escribí ese libro y no se lo dediqué.


MOMENTO 3


El niño ha dado otro estirón. Miralo. Está en el cine. Es una de las pocas veces que ha ido al cine de verdad. El adulto puede contar con los dedos de las manos las veces en que el niño pisó un cine. Esos locales lujosos, llenos de espejos y siempre medio vacíos. Casi podría recitar los títulos de las películas, cuyas copias en DVD ha conseguido, ya de mayor. La primera fue un infame melodrama mejicano con una niña travestida, la Raulito, que, milagrosamente, no le machacó ipsofactamente el amor por el cine.

Pero el niño está viendo ahora otra cosa, probablemente la segunda película de Indiana Jones que, oh milagro, empieza con un número musical de Cole Porter. Se aúnan así sus dos placeres: una buena canción y unabuena historia. Su hermano y él se maravillan de la mala puntería de los malos, que nunca le aciertan a Indi, pero no pierden la fe de que, en algún momento, pueden darle y terminar con la alegría. Y ese peligro presentido y habilmente manejado, les tiene pegados a la butaca, con los ojos fijos en el lienzo sobre el que se proyectan las imágenes.


MOMENTO 4


Verano. El niño está devorando un libro. No es uno de los que las vecinas le prestan para calmar su voracidad incontenible, su hambre canina de letras. Es El Señor de los Anillos, cuyos tres tomos se cepilla en tres días. El niño lee sin discriminar (así le va al adulto). De la Biblia a Agatha Christie, de las adaptaciones de clásicos populares de la editorial Susaeta al Pronto, en donde, en ese momento, se habla de las dietas asesinas de Lady Di, o Linda Evans posa acongojada porque en uno de los últimos episodios de Dinastía Rock Hudson, ya muy enfermo, la ha besado y no sabe si le habrá contagiado el SIDA. Hudson muere y Linda sigue vivita y coleando....


(Continuará)

domingo

Angelote meditabundo en la cripta de la Schottenkirche

Ante lo inevitable, entusiasmo

10 de Junio.- En la vida se producen extrañas constelaciones de personas alrededor de uno. Y si, en Madrid, viví mucho tiempo rodeado de la curiosa jerga de los psicólogos, desde que vivo en Viena la profesión mayoritaria entre mis amistades es la medicina.
Asi, a mi alrededor tengo a un famoso internista, un médico de familia, una doctora que trabaja en un laboratorio, y un ayudante de quirófano.
Otros vieneses, como H., están en contacto con la enfermedad -en esta ocasión la mental- aunque no ejerzan la medicina directamente. Todo lo cual, me ha dado la oportunidad de ver cómo los austríacos se enfrentan a la enfermedad y a la muerte.
Hay que decir que, desde antiguo, los habitantes de esta zona del mundo han tenido una relación peculiar con la dama de la guadaña. Los austríacos ven la muerte como algo inevitable, un hecho que debe digerirse con toneladas de humor (negro) y como algo que está irremediablemente engastado en el devenir social de un ser humano.
La muerte, propia y de otros, es tema normal de conversación y fuente de todo tipo de fascinaciones. Se pirran los aborígenes por los detalles más morbosos del fallecimiento de sus amistades y, como los monjes eremitas, parecen vivir siempre en las cercanías de una calavera para recordarse así que polvo somos y que nuestra vida es una chispa de luz entre dos oscuridades insondables.
A los austríacos, sobre todo cuanto más ancianos son, les gusta coquetear con la idea del propio fallecimiento y es común la práctica de comprar un espacio en el cementerio en cuya lápida el dueño graba su nombre y fecha de nacimiento dejando en blanco la del previsible desenlace.
Ahora bien: si los austráicos hacen strip-tease funerario con tanta despreocupación, su actitud ante la enfermedad es muy otra.
Por ejemplo: al objeto de que alucinen, M. cuenta siempre a sus amistades que, en los hospitales españoles, siempre hay lugar en la habitación del enfermo para que pueda descansar un acompañante. Inmediatamente después de soltar esta bomba informativa, y ante la incredulidad de los otros, siempre busca mi confirmación. Y entonces yo relato que, el protocolo de una enfermedad española, entra irremediablemente la figura del pariente abnegado que cuida del enfermo atento a sus más mínimos caprichos. Esa madre que, entre ojeada y ojeada al diez minutos le pone la cuña a la hija, ese visitante perpétuo sin domicilio fijo aparente, que da conversación al doliente y echa monedillas en la tele de pago a fin de que pueda ver el partido de fútbol en la cadena autonómica. Llegados a este punto, M. también me pide siempre que cuente la historia de esa madre y de esa hija que llevan un buen tiempo peleadas porque la hija no se quedó a dormir la preceptiva noche con la madre, convaleciente en un lujosísimo hospital privado de una cirugía menor.
Aquí los austríacos se echan las manos a la caja craneana incapaces de contener la incredulidad y la risa. Preguntan:
-¿Pero a las enfermeras españolas, para qué les pagan entonces?
(Uno tiene que abstenerse de contestar que para que pastoreen a la caravana persa de parientes que hace picnic en los hospitales todos los domingos).
-¿Es que los españoles son tan flojos que no pueden soportar su enfermedad en solitario?
Es aquí en donde hay que explicarles a estos descastados que, cuando uno necesita más respaldo social, es en la hora de la aflicción y del gotero; poco importa que uno tenga una operación de padrastros o una conmoción cerebral. En España la visita, el ofrecimiento, el pasar por el hospital y darle palique al convaleciente (aunque sea al precio de darle porsaco a su compañero de cuarto) son actos a los que obliga la nobleza.
Los españoles vamos al médico en pandilla. Los austríacos, si pueden, solos y rodeados con más medidas de seguridad que Fidel Castro. Con los austríacos no se queda nadie a dormir (sólo con los niños, lo contrario es cosa de Gastarbeiters y de otros colectivos ignorantes de las formas).
Es como si los habitantes de este país tuvieran pudor de ser vistos en un estado vulnerable. Como si sólo quisieran ser recordados en la airosa actitud de bailar un vals eterno.

lunes

Dos mujeres turcas paseando esta tarde cerca de Millenium Tower


Relaciones Austro-turcas

4 de Junio.- Mi nuevo compañero H. es turco y, aunque él no lo sabe (aún) también es el vivo retrato de un amigo mío español.
H. es un buen musulmán sonriente que, mediada la veintena, lleva ya un par de años casado con una chica que tiene un bonito nombre árabe.
Tras unos días de mutuo tanteo, y animados por nuestras similares circunstancias (el engorroso empeño de descifrar una máquina dificilmente descifrable), hemos llegado a tener una relación cordial que yo he aprovecharlo parar saber más cosas de cómo los turcos ven la vida y, más concretamente, de como la ven los turcos que viven en Austria.
Antes de decir lo que H. piensa sobre el tema, diré que la cuestión turca preocupa mucho a la sociedad austríaca (particularmente a los partidarios de Strache y sus boys). También decir que los austríacos piensan que los turcos no tienen excesivo interés en integrarse, porque conservan una pertinaz impermeabilidad a los modos de vida occidentales. Las mujeres turcas se visten a la musulmana y, sobre todo las más mayores, ofrecen un perfil que les hubiera encantado a nuestras abuelas y no parecen tener muchas oportunidades en el aspecto laboral.
En el curso de nuestra conversación, surge uno de esos eufemismos algo crueles con los que los austríacos tapan aquellas realidades que no les gustan. Se trata de gastarbeiter, es decir, algo así como trabajador invitado. Los invitados (ya desde la palabra se deduce que su situación es transitoria) son la fuerza de trabajo que Austria importa para cubrir aquellos puestos que los nacionales rehúsan.
El prototipo de gastarbeiter es un indivíduo de maneras algo toscas que, a pesar de haber vivido años y años en Austria, es incapaz de decir dos palabras de alemán y (siempre según el imaginario colectivo austríaco) se dedica a colapsar el sistema de bienestar a base de hacer pertinaces esfuerzos por no integrarse.
Dado todo lo que antecede, es fácil suponer que a mí me interesaba mucho la opinión de H., al objeto de completar un cuadro que, como todas las generalizaciones, me parecía parcial. Así se lo dije a él que me ofreció, de antemano, toda la ayuda que yo pudiese necesitar para llevar a buen término mi propósito.
Una vez fijado el marco, le pregunté directamente si pensaba que los austríacos eran racistas. Tras ponerse serio, me dijo que él pensaba que sí. A pesar de no tener aspecto de turco al uso (en Valencia sería un valenciano más) me cuenta que ha tenido que sufrir algunos incidentes. Por ejemplo, que una mujer abordó a su novia anterior (una austríaca) en un medio de transporte público y le conminó a dejarle. O también el caso de una profesora que le llamó en la escuela "conductor de camellos". Yo le contesto que idiotas hay en todas partes y le pregunto, con cuidado, por otras cuestiones candentes. Por ejemplo, por la situación de las mujeres, o por la negativa de ciertos padres de enseñar alemán a sus hijos pequeños. Me dice que entre los turcos, como en todas partes, hay de todo. Extremistas que tapan a sus mujeres en contra de su voluntad (él está de acuerdo con el uso de las vestimentas pudorosas, pero no de los velos y otros artilugios y, para demostrármelo, me cita el Corán) y musulmanes que se toman la religión demasiado en serio. Él me dice que no come cerdo, pero que, sin embargo, bebe alcohol.
-También hay vegetarianos -le digo yo. Y a él esta contestación le satisface.
Me dice sin embargo cosas sorprendentes y que desmienten, a mi modo de ver, esta imagen de apertura y flexibilidad y convivencia pacífica que quiere dejarme. Por ejemplo, que él a pesar de haber nacido en Austria, crecido aquí, y estudiado aquí, se siente más turco que austríaco. Cosa que me deja perplejo. Me comenta que en Turquía se siente como en casa, y que Austria es para él un país extraño, un territorio ajeno y, por qué no decirlo, un tanto hostil.También me dice que la tercera ciudad de Turquía por población es Berlín. Millón y medio. Y yo la flipo cuando me da la lista de primos y tíos que viven en diferentes paises europeos.
Jopelines. No me extraña que queden siempre tan bien en el festival de Eurovisión.

domingo



Metrópolis


Una ciudad con dos ríos
chinos, negros y judíos
con idénticos anhelos
y millones de habitantes
pequeños como guisantes
vistos desde un rascacielos.
En invierno, un cruel frío
que hace llorar. En estío,
un calor abrasador
que mata al gobernador
(que es siempre un señor con lentes)
y a los doce o trece agentes
que lleva a su alrededor.
Soledad entre las gentes.
Comerciantes y clientes.
Un templo junto a un teatro.
Veintitrés o veinticuatro
religiones diferentes.
Agitación. Disparate.
Un anuncio en cada esquina.
Jazz-band. Jugo de tomate.
Chicle. Whisky.Gasolina.

...

Radio. Brigadas de asalto.
Sed. Coca-cola. Sudor.
Cemento. Acero. Basalto.
Limpiabotas de color.
Garajes con ascensor.
Prisa. Bolsa. Sobresalto.
Y dólares. Y dolor;
un infinito dolor
corriendo por el asfalto
entre un Chevrolet y un Ford.
Suciedad junto a limpieza.
Miseria junto a riqueza.
Junto al lujo, mal olor.
Dicho y no va más, senor.

Enrique Jardiel Poncela

sábado


Mírala cara a cara que es la 200

(Acto de contricción)


2 de Junio.- Pues sí: parece que fue ayer, y resulta que ya llevo doscientas entradas en este diario cibernético (últimamente, casi semanario). Quería, en primer lugar, agradecer a todas las personas que me leen su paciencia y su atención, y después, hacer propósito de enmienda, porque soy consciente de que algunas de las cosas que escribo aquí en lengua vernácula (de Austria, se entiende) no están transcritas con toda la pureza necesaria.

Así pues, hago el propósito dicho y, en tanto que mi alemán mejora, empiezo mi penitencia con una fe de erratas. En el blog dedicado al lenguaje vienés dije que sucio, guarro, etc, se decía Trekkig. Pues no, queridos amigos, no. Se dice Dreckig y suciedad, Dreck. Mi amigo el turco lo dice siempre, Scheisse und Dreck. Hecho esto, y dedicando esta entrada especialmente a mi amiga y señora Doña U., que me afeó con razón esta incuria que demuestro por el idioma alemán (besotes, corazón, espero que estéis bien), termino por hoy y me dedico a las labores propias del mantenimiento de mi vivienda.

La larga noche

2 de Junio.- Una vez al año se celebra en Viena la larga noche de las iglesias (lange nacht der Kirchen). Consiste la cosa, como la larga noche de los museos, y otras largas noches, en que todas las iglesias de Viena se engalanan y celebran diferentes actividades como conciertos y coloquios.
En las más antiguas, sobre todo en el distrito uno, también se realizan visitas guiadas a lugares que están cerrados normalmente. Ayer, durante mi primera larga noche de las iglesias, peregriné sólo por las del primer distrito, y aún así me quedé sin ver algunas cosas como, por ejemplo, un concierto que la filarmónica de Viena y los famosos niños cantores daban en la Hoffburgkapelle, al que no pude pasar porque, a pesar de llegar una hora antes del principio, ya había una cola (fila, Concha, fila) que daba la vuelta al patio de la Schatzkammer. Aún así, vi las criptas de la Franziskaner Kirche –con luz natural- y de la Schottenkirche –a la luz de las velas- lo cual resultaba doblemente tenebroso porque las llamas vacilantes dibujaban sombras chinescas en las calaveras y en los angelotes de caras desconchadas.
La cripta de la Franziskaner Kirche, en su parte más burguesa, contiene una espléndida colección de ataúdes del siglo XVIII, de adultos y de niños, primorosamente decorados, algunos con los lienzos originales saliéndoles por entre las comisuras. Viéndola, uno se acordó de aquellas palabras de la liturgia, cuando el sacerdote pide por “aquellos hermanos nuestros que durmieron en la esperanza de la resurrección”, porque no puedes dejar de pensar que aquella fila ordenada de catafalcos está llena de larvas de unas misteriosas mariposas que están esperando a que se den las condiciones adecuadas para despertar lentamente y desplegar las alas. Aquellos humildes despojos de los burgueses del dieciocho, contemporáneos de Mozart, que experimentaban ya las tensiones que darían lugar a la revolución francesa, parecían estar esperando un ordenado turno de preguntas.
Mientras hacía piernas esperando mi turno para visitar las catacumbas de la catedral, también me entretuve en espiar las conversaciones de la gente que había a mi alrededor, con resultados curiosos. Por ejemplo, que los austríacos tienen una relación con las iglesias en tanto que edificios muy afectuosa (no parecen tenerla de otra manera con la Iglesia como institución, porque pagan “religiosamente” el impuesto que contribuye a sostenerla). Por ejemplo, una mujer se lamentaba de que no había podido, como yo, entrar en el concierto de la Hoffburgkapelle, y decía que no era tanto su lamento por la música (al fin y al cabo, te compras un cd y lo escuchas en tu casa tan ricamente) sino porque se había casado en aquella iglesia y siempre que podía, pues iba. También tengo que decir que, entre los asistentes a las actividades (particularmente en el Stephansdom) no había mucha gente de la que en España esperarías ver en una iglesia. De hecho, yo no sé si era por la música de órgano o por la especial decoración, en la catedral vi siniestros y siniestras, jóvenes y jóvenas, turistas catalanes un poco despistados (debieron fliparla, al comparar con la imagen carca que tiene la iglesia española), personas que iban con niños, todos armados con su guía (impresa a todo color gracias al dinerete de su Kirchensteuer) y disfrutando de las actividades. Aunque, también es verdad que, como en todo, siempre hay barrios. En la Minoriterkirche, en la que se celebraba un coloquio con el cardenal de Austria bajo el título “todo lo que siempre quiso preguntarle al cardenal” la concurrencia era más o menos pija –las señoras arrugaban la boca como cierres de bolso cuando les tiraba fotos- y la iglesia de los caballeros de Malta –preciosa, y precioso el uniforme de los miembros y las miembras de la orden, un punto ciencia ficción- estaba llena de cristianos digamos del ala dura del Concilio de Trento.
Como siempre, uno piensa que otro gallo le cantara a la Iglesia española (tome nota la Conferencia Episcopal) si se dejara de monsergas que a nadie le interesan y demostrase de lo que es capaz. Si de verdad la iglesia se quiere acercar a los fieles y que los fieles pongan su crucecita en la declaración de la renta, debería pensarse organizar, una vez al año, una de estas jornadas de puertas abiertas. Lo hicieron con aquello de Las Edades del Hombre, y les fue fenomenal.
No sé, siempre es una idea.
Para muestra de cómo fue la cosa, aquí dejo algunas fotos.


Catacumbas de la catedral.- en esta habitación en particular, se encuentran las vísceras de los cáiseres en unas latas con la forma de sombrereras. Los corazones están en otra iglesia y el resto de la casquería en la Kapuziner Kirche, como todo el mundo sabe (chico, qué despiece)
Cripta de la Franziskanerkirche con sus ataúdes ordenaditos

Idem- Memento Mori

Espectáculo de música y luces en la Schottenkirche. No cabía un alfiler.

Personas humanas (pijas) esperando a lo que tuviera que decirles el cardenal en la Minoriterkirche

Interior de la catedral de San Esteban, con la decoración regonita. Requiem de Brahms, luces y escenografía. Como puede verse, hasta la bandera. Parecía aquello Pachá.