La escritora belga Marguerite Yourcenar

Frau I. P.

31 de Julio.- Ayer por la tarde estuve cenando en casa de Frau I.P., una mujer, se mire por donde se mire, especial.
Mi primer contacto con ella fue a principios del verano del año pasado. Necesitaba a alguien que cuidase de los gatos durante una excursión de fin de semana a algún punto de la peninsula italiana que no consigo recordar. Un amigo de un amigo de un amigo (o sea, lo que suele sueceder en estos casos) me pasó el contacto de Frau P. (la P. viene del apellido español más corriente, por lo que luego diré). Parecía ser que esta gnedige Frau se dedicaba a cuidar los gatos de aquellas personas que se lo pedían, por gusto, como hobby de jubilada. Así las cosas, uno se la imaginaba como la señora que sale en los dibujos de la Warner Brothers, la dueña de Piolín (¿Una mujer que se dedica a cuidar gatos ajenos, cómo puede ser si no?). Nunca llegué a verla. El amigo del amigo del amigo, le pasó las llaves de mi casa y durante el fin de semana en cuestión la señora P. cuidó de Sofía y Pauli (gatos) con mimo. Incluso dejó una nota comentando tales o cuales observaciones a propósito de los animalitos. Llegada la hora, le devolvimos el favor.
La Frau P. se iba con una amiga de su misma promoción a las cercanías de algún lago situado al sur de Alemania.
Al acudir a la dirección indicada, cual fue mi sorpresa al comprobar que se trataba de un imponente bloque de casas que está a dos pasos del hotel Imperial (concretamente, detrás del local de la filarmónica desde el que se transmite todos los años el Neu Jahrs Konzert). Al subir, constaté que la señora P. vivía en un piso laberíntico de varios cientos de metros cuadrados que, por las trazas, sólo ocupaba parcialmente. Varias habitaciones cerradas contenían sólo muebles (tuve que buscar a los tres mininos de la señora P. por toda la casa). Desde el comedor se domina una panorámica imponente de la Karlsplatz. Destacaba la señora por un personalísimo concepto del orden (mucho más cerca del sur de Europa que de las frialdades del norte) y por una afición al reciclaje de objetos que me habló de un alma entregada a las economías. Aquí una silla Thonet desfondada y convertida en macetero, allí unos objetos de baratillo decorando una estantería rescatada (con seguridad) de una antigua mudanza...
La conocí por fin a su vuelta de Alemania y ahí debo confesar que me quedé perplejo. La señora P. era una jubilada de unos setenta (no sé su edad exacta) que fumaba impenitentemente Gauloises y que, como todos los serbios, y dicho con suavidad, debe de tener el hígado acorazado contra todo tipo de tóxicos (del champán de setecientos euros la botella al aguardiente español del DIA). Hacía gala además de una cultura oceánica, centrada sobre todo en las humanidades y los idiomas, y de un dominio total del difícil arte de encontrar afinidades y pautas donde todo el mundo ve caos. Este patrimonio, que he aprendido a buscar en las personas especialmente dotadas para las lenguas, hace de la conversación con Frau P. una aventura apasionante. Una especie de viaje por una maraña de toboganes. Se puede entrar por la Reina Leonor de Aquitania y salir por cualquier sitio imprevisto, como por ejemplo la moda española (bakala) de comprar Huskies para luego echarlos a la calle cuando ya no son los tiernos perros de peluche de la tienda.
La señora P. tiene una cara parecida a la de Golda Mehir, o a la de Marguerite Yourcenar anciana. Unos ojos oscuros y vivos, la boca grande y generosa, la nariz chata. Carga con alguna viudez y con algún que otro divorcio (concretamente el del señor P., turco, judío sefardita de Constantinopla –para ella la invasión turca de 1492 es un incidente sin importancia-, del que lleva el apellido y gracias al cual sabe un español arqueológico que ella va modenizando, poco a poco, en sus excursiones a Alhaurín el Grande). Como muchas personas desesperanzadas del ser humano, la señora P. es una apasionada de los animales, a los que trata como si fueran una clase superior de personas. O como a unos niños a los que hubiera que educar. Les habla con suavidad pero con contundencia.
En un país en el que el protocolo es El Unico Dios, la señora P. tiene unos modales de anfitriona agradablemente decontractés. A pesar de eso, es auténticamente hospitalaria, y tiene la generosidad del que sabe que nada merece la pena. Cuando hablas, te sientes escuchado, escudriñado con curiosidad. En sus ojos hay un brillo especial que te taladra amablemente.
Por cierto, ayer cocinó cordero al horno. Muy rico.

Qué fantástica esta fiesta

30 de Julio.- Me he pasado el fin de semana en una de las fiestas más divertidas en las que haya estado en muchísimo tiempo. Empezó (aquí es tradición) a eso de las seis de la tarde del sábado, y yo estuve bailando hasta casi las tres de la mañana.
Champán, fuegos artificiales, luces de colores, compañía inmejorable y una música servida por Lucy McEvil, que es un personaje de la noche vienesa (una drag) que nos deleitó con lo mejor que puede caber en un tocadiscos. Grandes éxitos de ayer y de siempre combinados de manera sofisticada y en versiones deliciosamente originales. Las Andrew Sisters, Nina Simone, Dalida, Mina, el Julio Iglesias más descacharrante, las Supremes, La Lupe, Lolita (qué bien me lo pasé con Sarandonga), Luz Casal, y un larguísimo etcétera que haría que este post fuera muchisimo más largo de lo que conviene.
La fiesta fue en casa de mis amigos T. y G., que la tienen en Estiria, en una parte de Austria particularmente verde (en este país en donde hay verde por todas partes) en un pueblo que se llama Oberöhr (algo así como el canal de arriba). Dormimos (algunos en coma etílico) a poca distancia en, sí, lo han adivinado los más perspicaces: Unteröhr (o sea, el canal de abajo). Ese pueblo que se pronuncia Un-terror.
El lugar en donde dormimos también tenía su gracia: en perfecto tono con la fiesta: un hotel ultrakitsch en el que el tiempo parecía haberse detenido en la nochevieja de 1975. Cromados, espejos, una foto de grupo del equipo de fútbol local de la liga 1974/75 (con sus pelos largos y sus bigotes a lo Sandokan), osos de peluche en cada esquina, terciopelos y algunos artículos de decoración que mi abuela tiró hace años pero que, en aquel contexto, formaban una especie de tierno museo de los horrores. La mañana del domingo me sugirió la meditación siguiente: el éxito de una fiesta está en relación directa a la cantidad de gafas de sol que ves al día siguiente. Efectivamente: bajo la carpa blanca colocada en el patio de la casa y bajo la soleada y blanca luz de Estiria, todos los que las tenían llevaban unas gafas de sol tipo folklórica en entierro que hurtaban un tanto a la vista los efectos de una noche que terminó al amanecer (lo cual tampoco es decir tanto, porque el amanecer aquí es, como todo el mundo sabe, a las cuatro y media).
A las once y media de la mañana, apareció un hombre alto y soñoliento, con la cabeza rapada a lo mister Proper y unos labios particularmente carnosos. Mi compañía me dijo:
-Detrás de ti está Lucy McEvil.
Y yo, que sólo entendí “Detrás” y “Lucy” (es que a mí el champán me pone la cabeza muy mala para andar traduciendo) me volví y al principio, no supe de qué me hablaban, hasta que, fijándome mejor, reconocí en el hombre mediocre, al que no le hubiera dedicado ni dos miradas en el metro, a la espléndida mujer de estatura improbable y elegantísimo vestido negro de espalda descubierta que nos había puesto música durante toda la noche anterior. Y es que a las drags, les quitas la peluca y los zapatos de tacón y se te quedan en prejubilados de empresa filial de telefónica.
Mientras el dueño de la casa se esforzaba en convertirme en un alcohólico (no hay camino más seguro que el que te sirvan champán del mejor a las doce de la mañana) observé a los invitados que, unidos por la nueva amistad de los que se divierten juntos, se intercambiaban números de teléfono o se sorprendían de saber (es mi caso) que la persona con la que han bailado la noche anterior hasta quitarse los zapatos, vive en su vecindad, a pocos bloques de distancia. Esto me pasó a mí con una parlamentaria de los verdes (una mujer que me habló maravillas de la feria de Málaga) y un funcionario de Bruselas que, tras tres años de residir en Bélgica, estaba en proceso de readaptación a la realidad vienesa. Esta observación de los invitados, como decía, me hizo pensar en una conversación que había tenido el sábado por la mañana con mi amigo X.; versó sobre el éxito y concluí que el dueño de la casa tenía mucho y del mejor. De tan buena calidad como el líquido dorado, gélido, y burbujeante que me estaba bebiendo. El éxito que consiste en estar rodeado de personas con las que echarse unas risas, y a las que acudir en esos casos de apretura que a todos nos suceden de vez en cuando y que piden la presencia de un amigo entrañable que nos escuche.
Y me dije que, cuando yo tenga cuarenta, me gustaría ser como mi amigo T.H. y poder celebrarlo igual de bien rodeado.
Vida de este hombre

26 de Julio.- Ayer se dio la noticia del fallecimiento de Ulrich Mühe. Probablemente, el nombre solo no le dirá nada a un lector español. Es una lástima que Mühe, que era un actor estupendo, sólo sea famoso en el resto del mundo por su papel en “La vida de los otros”. Hasta ayer, yo sólo había visto algunas fotos, algunas entrevistas, con motivo de la concesión de los Oscar.
Como quien guarda una exquisitez esperando el momento adecuado, había yo guardado “La vida de los otros” esperando un momento oportuno. Una tarde de invierno, con frío y nieve detrás de los cristales, por ejemplo. Ayer, sin embargo, en condiciones bien distintas, ese momento llegó.
Así que me cogí la bolsa de kikos que mi amigo T. me compró en España y que ya anda en sus finales (kikos de El Corte Inglés, kikos de lujo, que voy administrando poco a poco) y me sumergí en la trama. Y “La vida de los otros” es simplemente ESTUPENDA. Un producto con espesor, con textura, con sabor, con un volumen que se levanta en el centro de tu conciencia y te cambia la percepción de las cosas. Una película que, aunque dura, está llena de una poesía que salta de pronto, en los momentos más inesperados. Ese hombre, que no se sabe hacer el nudo de la corbata y que llama en secreto a su vecina para que se lo haga y, así, complacer a la mujer que le espera en el salón de casa para verle con la corbata puesta. Y nosotros ya sabemos que, debajo de esa acción banal hay algo más, porque la vecina...En fin.
Y qué decir de Ulrich Mühe.
Unos ojos azules y empañados. Una gesticulación pulcra y precisa. Una fragilidad que te va sorprendiendo conforme va avanzando la trama (sorpende enterarse de que Mühe era un actor que se había formado y curtido en la comedia).
Y la ropa. Uno recuerda los ochenta a través de la ropa de sus padres. Y en La Vida de los Otros la ropa es antigua (esas cazadoras de hombre con un cuello estrecho,esa gama de grises y de marrones que da la paleta de una década, esos vestidos de mujer, esas blusas a lo Ana Diosdado, con cuello cerrado y broche) pero también es moderna. El diseño de producción de la película es impecable y está siempre al servicio de la trama.
Al acabar “La vida de los otros” uno no tiene la sensación de haber visto una película, sino de haber asistido a algo más profundo: a la lectura de un libro de calidad que le sorprende, que le marca, que hace que su percepción de su vida y de la de los otros cambie. Hace que valores la suerte de estar vivo, y de tener a tu lado a la gente que te quiere.
La Vida de los Otros, según su director contó a los informativos de la ORF, se escribió en Austria, en un monasterio y, de alguna manera, es una película profunda y trascendente, en donde el bien y el mal se confunden y en donde los actos tienen una gran importancia.
Es una lástima que Mühe haya muerto tan joven (tenía cincuenta y cuatro años) porque para la profundidad de sus ojos de payaso triste hubieran sido justas y necesarias muchas más películas. Muchos más momentos de reflexión y de placer.
Dibujitos

21 de Julio.- Mientras estoy comiendo en un chiringuito de la Donau Insel, la ORF comenta el tema de la caricatura de "El Jueves" y la retirada de los ejemplares de la revista (sospecho que un poco tarde, pues hace más de cuatro días que salió). No puedo reprimir la sonrisa porque me imagino el levantamiento de cejas del locutor de radio cuando ha tenido que leer la noticia. Las noticias venían desiertas (un ingeniero austriaco muerto en Afganistán y los consabidos resultados del Rapid Wien), los términos de la noticia también han sido, siguiendo la tradición, de lo más austeros. Para describir la posición en que los príncipes han sido retratados se ha hablado de un liebes akt, expresión intraducible que, más o menos equivaldría a "acto sexual" y, por supuesto, se ha hablado de la ayudita que el gobierno de la nación va a darle a aquellos esforzados que se decidan a colaborar para echar nuevos españoles a este mundo. Dejando aparte el dudoso gusto del dibujo (el Tomate expele todos los días mierda semejante y a ningún juez le da por suspender el programa, y eso que tendrían razones) mi pregunta es: ¿Qué es lo que más peligroso le ha parecido a quien ha tenido que parecerselo, los términos sexuales empleados o la acusación de presunta vagancia del príncipe y su esposa? Porque yo creo que, como dicen los horterillas, "a nivel de calle" sigue siendo una cuestión altamente espinosa el justificar el presupuesto que sale todos los años de nuestro bolsillo para mantener a la (cada vez más amplia) familia real. En unos tiempos en que el origen divino de la monarquía es un tema tan demodé, en el que las gentes ya no creen en las instituciones "digitales" (o sea, los nombramientos a dedo, aunque este dedo sea el de Dios o el de un destino político singular, o el de un dictador, que fue el que nombró al rey) ¿Cómo explicarle a la gente que tiene que pagarle el sueldo a un muchacho cuarentón al que se le conoce sólo el oficio improbable de prepararse para relaciones públicas de lujo del Estado? (resulta una peligrosa evidencia que las repúblicas viven perfectamente y que, incluso, han encontrado a sustitutos a la hora de dar el tradicional mensaje de navidad).
Hoy ha sucedido también algo que tendrá consecuencias a medio plazo en la vida pública española. Jesús Polanco ha muerto, a los 77 "tras una larga enfermedad".
Tom y su maletín que no tiene fin (foto EL PAIS)



Operación Walkiria


20 de Julio.- Hoy se cumple el aniversario número 63 del intento de Claus von Stauffemberg de acabar con Hitler mediante una bomba. El hecho está de actualidad porque esta semana ha empezado en una zona boscosa cercana a Berlín el rodaje de la película protagonizada por Tom Cruise a propósito de este episodio (el final) de la vida de Stauffemberg.
Cómo no, el rodaje de la película ha levantado mucha polémica en toda el área germanoparlante, debido a que Tom Cruise, como todos sabemos, es miembro (y junto con John Travolta, realiza una abundante labor de proselitismo) de la iglesia de la Cienciología que, aquí, en esta civilizada Europa que nos acoge, es considerada una secta.
Sin embargo, Cruise no se ha dejado amedrentar y ya han salido en la prensa (ver El País, por ejemplo) fotos de nuestro cienciólogo favorito vestido con el uniforme gris del aguilucho y la cruz gamada (por cierto que, yo no sé si será por exigencias del guión, pero el uniforme le sienta fatal).
Von Stauffemberg fue el encargado de ejecutar un plan, llamado Operación Walkiria, que consistía en intentar matar al tito Adolfo durante una reunión en su búnker subterráneo. Este plan se frustró debido a la diabólica buena suerte de Hitler que le salvó en numerosas ocasiones. Un misterioso soplo parecía avisarle de los peligros que le acechaban y así, con esta legendaria baraka, algunas fuentes aseguran que sobrevivió a más de cuarenta y dos intentos de asesinato, que quedaron frustrados en diferentes estadios de preparación.
El que nos ocupa tuvo lugar el 20 de Julio del año 1944, momento en el cual debía celebrarse en la guarida del lobo (o cuartel general del ejército nazi) una reunión al más alto nivel, durante la cual se debía tratar la situación general de las tropas alemanas en la guerra europea.
Von Stauffemberg (herido de guerra y prestigioso soldado prusiano) llevaba dos maletines con explosivos que debían ser colocados debajo de la mesa alrededor de la cual se celebraría la reunión. Primer punto a favor del equipo de los malos: sólo consiguió activar uno. Después, debía poner el maletín al lado de Hitler, de manera que le explotase la bomba y le diese de lleno. Segundo punto: Von Stauffemberg colocó el maletín en el lugar correcto, pero al salir de la habitación, no pudo darse cuenta de que le molestaba a uno de los asistentes, que lo apartó y lo colocó cerca de una de las patas de la mesa, en el lado más alejado de Hitler (y demasiado cerca del taquígrafo que tomaba notas de la reunión, que palmó, la criatura). Como tercer punto y definitivo para la derrota de los buenos: la reunión, que originariamente debía celebrarse en un bunker subterráneo (lo cual hubiera concentrado la onda expansiva de la bomba y la hubiera hecho más mortifera) se celebró en un barracón con grandes ventanales. Resultado: la bomba explotó, pero Hitler recibió sólo un impacto lateral que le destrozó los pantalones y le produjo algunas magulladuras, amén de una lesión en el tímpano. Eso sí: el taquígrafo murió, como queda dicho. Pasada la confusión inicial, hechas las primeras curas, el führer se dirigió a recibir a Benito Mussolini que, casualmente, venía de visita.
Von Stauffemberg, que no se había enterado de que su objetivo había sobrevivido, fue detenido en Berlín y muerto. Su familia fue también detenida e internada en sendos campos de concentración hasta el final de la guerra (uno de sus cuatro hijos llegó a alto mando del ejército alemán terminada la contienda) y muchos cómplices (más de 5500 en toda Alemania, según la fuente que me informa) perecieron bajo la acusación de estar más o menos directamente implicados en el complot. Algunos, de una muerte terrible: por ejemplo, estrangulados lentamente con cuerdas de piano. Ejecuciones que fueron filmadas y fotografiadas para que Hitler se convenciera de que allí no se había salvado ni el tato.
Los restos de Von Stauffemberg fueron desenterrados en los días finales de la guerra, despojados de sus condecoraciones e incinerados. Los medios de comunicación nazis insistieron en su condición de traidor y no fue hasta después de la guerra, cuando quedó clara su implicación en toda la trama golpista, cuando fue rehabilitado como uno de los luchadores por la democracia en Alemania y tenido por el héroe que es hoy.
(Para que Tom pudiera hacer el flin)
El libro gordo te enseña, el libro gordo entretiene (o lo intenta) y el libro gordo te dice....Hasta la entrada que viene.


Una imagen de los Alpes Suizos. Una foto refrescante para variar


Alucina, voisine


20 de Julio.- Recuerdo la primera vez en que, siendo yo un cándido universitario de gafas tamaño XL, escuché hablar de internet. Parece que estoy oyendo a mi amiga M. (hoy psicóloga y consultora) alabarme las bondades de un invento que le permitía visitas virtuales a museos famosos y viajes sin moverse de la silla. Y parece que me estoy escuchando a mí mismo decirle:
-A mí es que esas cosas no me llaman la atención.
Con el tono del que dijo, allá por los años sesenta, que no había mercado para los ordenadores personales. Que quién querría tener un ordenador en su casa.
En fin.
Toda esta introducción para explicar que, debido a mi trabajo (que consiste, en esta fase, en investigar sobre temas tuttifrutti) he estado dando paseos por la red en los que me he encontrado cosillas divertidas. Verbigracia:

-Investigando la industria funeraria (sería muy complicado explicar por qué) he encontrado una empresa suiza que se llama Swiss eternity (www.swisseternity.com) que, armada de video promocional accesible desde la página misma, te ofrece una solución pacífica y natural para que tus deudos no tengan que poner el tarro con tus cenizas encima de la tele, al lado de la Gwendoline legionaria. Esta empresa recoge a tu viuda (en su caso, supongo, parientes) en limusina, en el aeropuerto de Lausanne y, después de darles un rulillo por la ciudad y de invitarles a una comida típica, los montan en un helicóptero y les obsequian con un viaje en el que tú, o lo que queda de ti, haces tu último idem. Hay varias posibilidades. Pueden esparcir tus restos sobre un picacho de los Alpes (a su juicio el más majestuoso), pueden esparcilos en las praderas como abono para flores (se muestran fotos de praderas cubiertas de lujuriante cesped) o pueden echarlo en un glaciar, patrimonio de la Humanidad. Lugar desde el cual (siempre según los responsables de esta página) tus restos podrán iniciar un lento descenso a través de arroyuelos y ríos que los llevarán hasta el lejano mar.
La señora del video promocional tiene pinta de baronesa que, por fin, y tras largos años, ha conseguido cepillarse al marido anciano. O sea: sobrio traje de chaqueta negro, gafas de sol tamaño Rocío Jurado (q.e.p.d.), y cara de estar afrontando un trámite necesario para que el saldo de su cuenta corriente tenga un crecimiento exponencial.

-Siguiendo con mis paseos, he encontrado también un sitio de urnas cinerarias que ofrecía un modelo con forma de balón de fútbol (yo, lo flipaba un poco). También me he dado cuenta de que todo el merchandaising asociado con nuestro fallecimiento es hortera que te pasas.
Una vez pasada la última frontera, como si dijéramos, se acaba el buen gusto. Esos doraos, esas palomitas, esos cristos de plástico. Dios mío. Bien es verdad que tú no te enteras (o sí, porque vete tú a saber qué pasa con esos veintiún gramos que parece ser que perdemos y que son el peso de nuestra alma). Pero hombre...no sé.

-Por último, y también debido a una consulta de carácter laboral, decir que estuve leyendo Le Monde (www.lemonde.fr) y que, en este prestigioso medio había un artículo sobre España (que viene a cuento por una conversación que el amigo T . y yo tuvimos en mi última visita a su domicilio).
Uno de los lugares comunes que más circulan en España es que “la economía va bien”. Muchos españoles lo creen. Y yo digo siempre lo mismo:

-La economía va bien, sí: pero para Botín (o sea, como siempre).

Vualá una selección de datos que aportaba el prestigioso rotativo parisino:

-Entre 1995 y 2005, el poder adquisitivo real de los salarios españoles ha bajado un cuatro por ciento, mientras que en el mismo período, en la zona euro los salarios han aumentado (en términos reales) un 1,8% (sólo el año pasado un 0,7 como media).

Así mismo, se dice que un tercio de los trabajadores españoles están contratados de forma temporal, porcentaje que sube hasta el 60 % (el sesenta por ciento,sí) para los menores de veinticinco años. Y, con no menos agorero rictus, se dice que, en un país en el que un 89% de las casas son de propiedad (en Francia, paraiso del alquiler, lo flipaban ligeramente) los españoles viven esclavos de la hipoteca y sujetos a los tempestuosos vaivenes de los tipos de interés. Para mis lectores francoparlantes (y francolectores), aquí dejo el link del artículo. Le vualá osí:

http://www.lemonde.fr/web/article/0,1-0@2-3214,36-936746@51-936860,0.html

Por último, explicar que, durante mi última visita a España, mi amigo A. –que trabaja él en contacto con el mundo financiero- me explicó que la causa que más de moda está en los embargos es la de haber pedido, durante las últimas navidades, un crédito personal de 600 jEuros para comprar una tele de plasma (¡) y no poder hacer frente al pago. O sea: perderlo todo por seiscientos jEur.
Alucina, voisine.
Calor

17 de Julio.- Sobre Viena se abate una ola de calor que ha disparado los termómetros, los niveles de ozono y los ánimos. Los periódicos, como si se tratase de los informativos de Telemadrid, echan mano de las estadísticas para certificar que este es el verano más verano de una ciudad en el centro de Europa desde que se tiene noticia científica. Yo, me alimento de ensaladitas, zumos y esas cosas; y bebo, bebo muchísimo. He descubierto también que yo, que podía soportar sin rechistar temperaturas de plomo derretido, ahora ya no puedo con la vida en cuanto el termómetro pasa de los treinta y cinco grados y sudo a chorros hasta empapar todo lo que lleve puesto.
Cosas de hacerse mayor (y de ir perdiendo cobertura en la zona capilar). En fin, nos tomaremos algo...
Cualquier tiempo pasado da mucha lástima

11 de Julio.- Aprovechando la repentina ola de frío que se ha abatido sobre Austria (hoy he visto en el Österreich, tan dado a las escandaleras, que hasta ha nevado por algunos sitios) he empezado a liquidar parte del material audiovisual que me he traido de España y que ha consistido en lo que podríamos llamar Operación Nostalgia, o sea, Tele de Barrio. Porque al final, queridos y queridas, lo que termina uniendo a las generaciones (por lo menos a aquellas que hemos crecido frente al tubo catódico) son las series de Televisión.
Así que ayer, mientras cenaba un bocata de jamoncete (que también ha sido importado desde la Madre Patria en forma de envasado al vacío) me despaché dos episodios de Remington Steele, aquella serie que hizo mis delicias cuando era un infante que no sabía lo que hacía (y, que por lo mismo, se lo tragaba todo). Ays qué dolor, queridos lectores que formáis legión. Porque el choque fue tan fuerte que estuvo a punto de destrozar el cálido y regocijante recuerdo que yo guardaba de Pierce Brosnan y de su compañera Stephanie Zimbalist, transfigurados en Remington Steele y Laura Holt. Qué ingenuidad. Volví, por obra y gracia de las nuevas tecnologías, a los Estados Unidos de la era Reagan, con su conservadurismo galopante. La verdad es que la serie, vista hoy, no tiene desperdicio. Empezando por los personajes principales que son encantadoramente falsos. Ese Pierce Brosnan que antaño nos parecía el colmo de la elegancia, y que hoy ha encogido hasta adquirir las proporciones del horterilla con pretensiones que realmente es. O esa pobre Zimbalist, cuyo papel en las tramas es tan machista que extraña que las feministas no se encadenaran a las puertas de la productora de la serie mientras llevaban los sujetadores en la boca.
Remington Steele se ha quedado como un ejemplo de un binomio que ha funcionado estupendamente bien a lo largo de la historia de la tele: o sea, personaje femenino que representa los valores maternales/sensatos, cuya actividad está condicionada por un personaje masculino con cierto tirón sexual y un pasado sinvergüenza que no llega más allá de las gamberradas que todos hacíamos en segundo de BUP. Hasta antes de ayer mismo, productos de tan indudable progresía como "Farmacia de Guardia" o "Los Serrano" han seguido explotando este lado de las relaciones humanas.
De producción, pues la verdad, Steele y Holt se pasan los episodios saltando muros de cartón piedra, visitando decorados cuya simpleza recuerda a las casas que salen en las pelis porno de serie Z, y recorriendo las calles de los suburbios de LA en una limusina con un teléfono que tiene cable. En fin, encantador todo.
Pero es que, no contento con revisitar Remington Steele también me compré una de las series que más me hicieron reir en mi infancia: Aló, aló. Qué recuerdos. Mi hermano y yo todavía lloramos de risa al recordar al Herr Flick de la Gestapo. A aquel Herr Flick. Porque ahora, vista con su doblaje neutro, la verdad es que hay pocos chistes de Aló Aló que tengan auténtica gracia. Ha pasado mucha agua bajo el puente y hemos visto series mejor escritas. Pero aquellos chistes simples, la verdad es que te hacían reir. Quizá porque entonces éramos todos más ingénuos.
Para otro día dejaré el comentario de "Fortunata y Jacinta" (yo es que entré en la FNAC en plan salvaje), que eso sí que tiene miga.
Paseos de madre
6 de Julio.- Con el sanísimo propósito de que sus amistades se chinchen y se mueran de la envidia (y también para que mi tía Carmen se anime a venirse con su family) me encarga mi madre que ponga más instantáneas de sus paseos turísticos por Viena.

Karlskirche en Karlsplatz
Vestíbulo del Belvedere, único lugar en que se puede entrar for free o sea, de gratis

Otra frente al Belvedere

Esta, aunque no salgo favorecido, también la he puesto. Documenta el momento histórico en que mi madre, esperando que el avión despegase, casi me arranca el brazo derecho.
¿A que por la cara casi ni se me nota?



Impresiones de una madre
5 de Julio.- Sobre estas líneas, sendas instantáneas de mi señora madre posando (mientras su hijo curraba para ganarse el sustento) arriba, en el tranvía, y abajo en Belvedere. Mientras escribo, la tengo aquí al lado, para que me apunte las cosas que más le han llamado la atención. He aquí lo que me dice:
a) En Viena, hay mucha menos luz que en Madrid, particularmente de noche (se refiere al alumbrado público y al alumbrado de los locales)
b)En Viena, los edificios son muy bonitos y muy diferentes de España. No hay balcones, por ejemplo. Ni cuerdas de tender la ropa.
c) Los tranvías (sin más comentarios)
d) Los perros entran en todas partes (restaurantes y tiendas de ropa incluidos)
e) A pesar de que las cosas no están clavadas, la gente no se las lleva (esto lo dice mi madre porque, cuando el año pasado, en mi pueblo, adornaron una calle con macetas, al día siguiente no quedaba ninguna, porque todas las viejas rapaces se las habían llevado)
f) Hay muchos españoles en Viena, particularmente en el centro.
g) A las tumbas regias de la Kapuziner Kirche les podían pasar un plumerito. Porque son cosas que son antiguas, y de mérito y tienen más porquería que la funda de un jamón.
La patria del requiebro y del chotís
1 de Julio.- Algunas imágenes de mi Madrid

Antiguo patio de mi colegio, hoy parque público. Las ventanas que se ven a la izquierda, eran las de mi clase de tercero de EGB
Falleció mi suegro, me operé del quiste, ¿No me ves más triste?...

Parada del autobús, uno de los centros neurálgicos del Mundo Bakala

Metro de Madrid...Vuela (aunque no tanto)