viernes

"La naranja mecánica" de Kubrick (no se me ocurría ninguna foto para ilustrar este post)

El blog de Serge

31 de Agosto.- Los lectores atentos de este blog –que los hay, pese a la impertinente estadística que tengo al lado- se habrán dado cuenta de que he añadido una recomendación. Se trata del blog de Serge, que descubrí ayer por casualidad a través del blog de Dalia, al que está enlazado. Un gran descubrimiento, by the way.
En el cine existe la expresión “verdad a 24 fotogramas por segundo”, aunque, como la palabra no tiene esa cadencia, habría que decir que el blog de Serge es exactamente eso, pero por escrito. Es fresco, divertido, decente y con personalidad. Los textos trasudan una inmediatez que ya quisiera yo para los domingos. Aparecen personajes definidos de un plumazo y con una economía absolutamente sofisticada. Uno tiene el placer del voyeur porque se asoma a la vida de este hombre pero, al mismo tiempo, hay una pose ante la vida, el ingrediente último de cualquier escritor de raza: la mirada. Una mirada personal sobre el mundo que lo recrea. Una mirada que, en el caso de Serge, también es moral.
Leer a Serge supone para mí una lección. Las personas que escribimos desde hace años terminamos viciándonos. Yo mismo, a veces, tengo la sensación de que, entre la realidad y yo, se interpone un muro de palabras. A veces, caemos en la tentación de, como se dice en Andalucía, “gustarnos”; y “gustándonos” perdemos el contacto con el suelo, amamos la fórmula, lo convencional. Perdemos la urgencia de contar para sucumbir a la urgencia de recrearnos. Y haciéndolo, perdemos de vista lo que tiene que ser la literatura sobre todas las cosas: comunicación, calor. Lector.
Cuando un escritor escribe para sí mismo y no para los que le leen, malo. En cualquier escritor debe de estar el espíritu del primitivo contador de cuentos que hacía las noches más cortas contando historias junto al fuego.

jueves

Un vicio inconfesable

30 de Agosto.- Me acabo de enterar que ha muerto Jose Luis de Vilallonga. Una de mis pasiones literarias inconfesables. Uno de los pocos autores vivos (salvo Marsé) que sigo releyendo con gusto (ahora que ha muerto seguiré haciéndolo). Y digo bien: con gusto. Sus tomos de memorias -particularmente el tercero- son un placer para el lector. Uno de esos libros que se pueden abrir por cualquier página y disfrutar. Unos libros que no mienten, que no juegan a ser ninguna cosa que no son. Que están escritos con pericia, con justeza, con clase, con seducción. Con el mínimo de picardía que hace falta para que uno se dé cuenta de que todo es mentira pero que hubiera sido una gozada que fuera verdad.
Cada vez me cuesta más encontrar libros así, patrias a las que volver. Modelos que me gustaría imitar.
Del JLV persona opino como de mucha gente cuya obra artística admiro (Picasso, Lola Flores, Victoria Abril...). O sea, como decía Alejandro Sanz (Vaaaale, que a lo mejor me lo merezco, bueeeeno). La calidad artística no tiene por qué ir emparejada con la calidad humana. Supongo que el mundo pierde un gran conversador. Y, en estos tiempos, veloces como un Cadillac sin frenos, la conversación (la buena) es un lujo cada vez más infrecuente.

La madre Teresa y la princesa de Gales, poco antes de sus muertes

Función social del crimen

30 de Agosto.- Agosto lleva camino de quitarle el puesto a Abril en el ranking de meses crueles. Nunca como en este mes el llamado “periodismo del corazón”, variante masculina (fútbol) y variante femenina (pormenores ginecológicos), manifiesta su verdadera naturaleza. Los ancianos de la tribu, María Patiño y Julio César Iglesias, se dedican a materializar el eterno retorno del filósofo. Los españoles medimos el transcurso del tiempo por los años que hace que se murió la princesa de Gales o la Madre Teresa, e incorporamos constantemente nuevos hitos a estas efemérides. ¿Se muere un futbolista? Se le entierra por todo lo alto asegurándose de que quede “la imagen para el recuerdo” (abrazo de Lopera y el otro, como en el medievo), ¿La palma un escritor? Acuden a la incineración todos los políticos de perfil. Como Dios manda.
La cultura española se está convirtiendo en una cultura oral. Todos los días nuestros recuerdos sufren una reelaboración, al ser contados y vueltos a contar. Todos los días hay un programa del corazón en que el exchófer desvela un minúsculo detalle que, hasta entonces, se le había pasado. Todos los días la asistenta se acerca al fuego sagrado y cuenta una historia que había permanecido oculta. Todos los días se vuelven a montar las imágenes de siempre en otro orden para alejarse un paso más de la verdad, como en un caleidoscopio.
Aquí en Austria, los periódicos de la mañana iban dejando en el metro su rastro de sangre. El alemán que antes de ayer le comió el coco a un indigente y eso. Declaraciones de la madre en las que habla de que, ya a los doce años, era un niño intratable (el asesino, no el indigente). Declaraciones de los psicólogos que comentan el significado subconsciente de merendarse al prójimo con ketchup y pimienta. Declaraciones de los vecinos de la casa que quieren cancelar sus alquileres y pirarse del lugar en el que está justificado tenerle miedo al lobo feroz. Comparado con España, Austria es un país en el que no hay demasiados crímenes de menudeo. Aquí, la especialidad es el crimen Tarantino. El perfil es el del tipo aparentemente normal que comente cualquier fechoría y luego, después de lavarse las manos con cuidadín para quitarse los restos de sangre, se va tan tranquilo a trabajar. Ellos matan y secuestran, ellas entierran niños en tiestos. Cuando la barbaridad se descubre (siempre hay un macabro hallazgo) los vecinos se hacen lenguas de que, el hombre que tenía nombre de medicamento contra el estreñimiento (Prokopil) había tenido escondida a la niña en el sótano durante diez años y nadie había notado nada en las reuniones de la comunidad de vecinos.
Aquí y allí sin embargo, el crimen tiene una función social. La misma que, durante el franquismo, tenían los crímenes de El Caso (El Caso, o sea, sólo un caso por semana). La de recordarle a la ciudadanía lo amorosos que son los brazos adormecedores de la normalidad. El criminal rompe por un momento el concierto de la paz social. Ese runrún de abejitas obreras que es la vida de cualquier rebaño vista desde fuera. En España, sin embargo, esta función social del crimen está dejando de existir. Nos estamos acostumbrando (gracias a programas como Gente viva, Gente muerta) a una presencia constante del suceso espeluznante, de la niña retenida, de la mujer rociada con gasolina, del hombre que se encontró con la guadaña mientras esperaba el autobús de las tres. En España disfrutamos con la expansión emocional posterior al hecho. Con el grito y con el moco, con los ayes y el suspiro. Y sobre todo, con el recuerdo.
Porque a los españoles nos encanta que nos cuenten cuentos. Cuando más atroces, mejor.

miércoles

Asesino y víctima (Fuente: Kronen Zeitung)
Revista de prensa
29 de Agosto.- Poco a poco el verano se acaba dejando detrás de nosotros una estela un poco menos dorada que otras veces, porque el calor, este año, ha sido menos. Los sufridos repartidores del Österreich se afanan en darnos a los viandantes un ejemplar gratuito –que muchos rechazamos- bajo las copas de unos árboles que ya empiezan a estar color café con leche.
En el metro, uno coge un ejemplar del periódico abandonado junto a un viajante de comercio que acarrea su muestrario, y se desayuna con una doble portada de las de no dejes que la realidad te estropee una buena noticia. Porque el Österreich es un periódico que ha nacido para revolucionar el infierno. Para que los austríacos se enteren de qué va la cosa. Para darle leña al mono, que es de goma.
Es, como decía mi abuela María, q.e.p.d. de la COPE, “El único que dice la verdad”. Pretenden sus responsables que los austríacos se enteren de que, desde que el actual gobierno llegó al poder, las ministras actúan con ánimo vesánico –aquí y allí qué manía con las pobres ministras-, y de que en la dulce Viena, a pesar de las apariencias, las comisarías bullen de sanguinarios criminales, casi siempre de alguna raza no homologada y de lengua bárbara. Hoy, sin ir más lejos, la noticia de portada (excepción hecha del ataque hecho a la ministra de sanidad) era que un ciudadano alemán se había merendado el contenido de la caja craneana de un ciudadano vienés. Dios me perdone pero, a pesar de que está feo hablar de los muertos, yo diría que, por la foto, el ciudadano vienés mutilado no utilizaba muy a menudo el contenido de su caja craneana.
Esta noticia que, en otro periódico, hubiera dado para un articulillo, en el Österreich da para todo tipo de detalles gore, incluyendo foto de Anibal Lecter con una máscara de cuero y alambre, y alusiones a otros casos de canibalismo pangermánico, como el de aquel señor que quedó con otro fulano por internet y se lo merendó convenientemente condimentado.
Sin embargo, creo que me estoy perdiendo: yo quería hablar de dos noticias gozosas también aparecidas en el Österreich. Una de ellas, que ya sospechaba: según los últimos estudios, y los penúltimos, este que os escribe vive en la mejor ciudad de Europa (toma ya). Los indicadores de calidad de vida dicen que Viena, Wien, Vienna, Vienne, es la ciudad que los ángeles elegirían para pasar sus vacaciones (Dagmar Koller dixit). Calidad del aire y del agua del grifo, tasas de criminalidad, funcionamiento de la sanidad, etcétera, hacen que le ganemos por goleada a otras ciudades del mundo, y, por supuesto, a mi idolatrada Madrid, a pesar de la insistente propaganda oficial.
Otra noticia güena: en el Zoo de Schönbrunn nació, hace una semana, una cría de panda gigante. La primera en cautividad desde hace muchos años. Y es que los pandas son unos bichos bonitos, innegablemente, pero perezosos para estas cosas de la procreación. Las hembras panda ovulan nada más que una vez al año y, una vez conseguido el embarazo (que dura cuatro meses, si no me falla la memoria) el cachorrito que nace es muy frágil y tiene muy pocas probabilidades de sobrevivir. Por cierto, y para terminar como empecé, el Österreich ilustró la noticia del feliz alumbramiento con un recuadrito en el que decía (aproximadamente):
Lo que nadie le ha contado todavía: así es el sexo entre los pandas.

martes

Foto: Javier Campano, EL MUNDO

Umbraliana

28 de Agosto.- Esta noche pasada se ha muerto Francisco Umbral del que todo ha sido ya dicho, pero que era, en mi opinión, el prototipo de escritor contrario a Borges. De hecho, Borges y él formaban una especie de Jano de dos caras, porque Borges es el escritor sin biografía, o, mejor dicho, cuya única biografía son una serie de textos ensartados en una línea de tiempo como las cuentas de cristal en un collar. Borges era un hombre que no tuvo vida más allá de su escritorio. Umbral, sin encambio, como dijo el castizo, era el escritor personaje, que intentaba compensar la falta de amor que sin duda padeció en su vida personal, inventando cada día al monstruo Umbral. Un monstruo que rugía como ese vecino amargao que sale en mocasines y chandal a comprar el periódico los domingos, con una gotilla de pis en el pantalón. Una parte de la producción literaria (ingente) de Umbral pasará, seguramente, a la historia de la literatura española; otra gran parte (sus novelas, que no hay un Dios que las lea) se pudrirá lentamente en los sótanos de los almacenes y en las librerías de viejo. La putrefacción dorada del ácido que va devorando poco a poco el papel, hasta convertir los libros en países de letras que se resquebrajan al menor soplo de tiempo.
Cuando eso suceda, el Umbral persona habrá desaparecido hace mucho tiempo de las mentes de los viandantes. Será, si acaso, ese señor maleducado y gritón que fue al plató de Mercedes Milá para hablar de su libro, y la gente (ironía salvaje de la vida) le recordará por eso. Igual que a Fernán-Gómez, otro anciano de próstata salvaje, se le recordará en su fallecimiento por haber mandado a la mierda a un periodista que le estaba tocando las gónadas. Nadie hablará de nosotros cuando hayamos muerto.
Cuando yo era chico, Umbral fue a darnos una conferencia al instituto. Ignoro lo que le costó al director aquella pluma en su gorro (da igual, pagaba el erario público). Las niñas del centro, adolescentes por las que Umbral decía sentir una oscura atracción, decidieron boicotear el acto so pretexto de que Umbral era un machista (lo era, aunque también un poco por pose). Yo asistí a aquello. Umbral leyó su papel –la conferencia que daba siempre, supongo- y luego, aguantó impertérrito las preguntas idiotas de aquel grupo de adolescentes que no sabíamos de la misa la media. Adolescentes destinados por entorno y por contexto vital a oficios menestrales, al abandono temprano de las tranquilizadoras vías del sistema educativo. Umbral cobró sus lechugas, y se fue. Yo no pregunté nada, pero le observé desde lejos y me pareció un hombre solo y triste, ya entonces muy gastado. Nada impresionante. No recuerdo si lo que dijo fue demasiado inteligente. Era, simplemente, Umbral. Y así, este hombre, al que nada de lo humano le fue ajeno (fue pelota, arribista, mala persona, trepador, y un largo etcétera de pecados capitales) pasó a la pequeña historia de mi vida como un trozo de madera medio podrida que flota hoy en el río de mis recuerdos.
A mí me gustaba leerle las columnas, aún sabiendome el truco: eran toboganes de palabras, siempre diferentes y siempre iguales, como los de mi infancia. Champán literario que se te subía a la cabeza un momento y luego se iba en el torrente de la orina, sin dejarte nada en el cuerpo, sin enriquecerte.Mero artificio. Pero bendito artificio.
Umbral se ha ido y hoy, quedan menos razones (aún) para leer los periódicos.

Golondrina

21 de Agosto.- Esta noche, a las cinco de la madrugada, ha nacido mi primera sobrina (Ainara de nombre,que significa golondrina en vascuence). Como su padre, la niña nos ha salido noctámbula e impaciente. No se ha esperado al parto programado que le tenía preparado su doctora. Este ha sido relativamente rápido (aunque seguro que la madre de la criatura y yo no estamos de acuerdo). Empezó a las 21:00 más o menos y acabó a las cinco de la mañana. En cuanto disponga de documentos gráficos, le enseñaré al mundo y a los cibernautas lo bonita que es mi sobrina.

lunes

Heimat, dulce heimat


20 de Agosto.- La palabra Heimat tiene una difícil traducción al español. Porque participa de los campos de significado de varias palabras de nuestro idioma. Grosso modo, podría decirse que Heimat (equivalente inglés de Homeland por construcción) podría ser “Patria”, pero sin parte de la alharaca épico festiva con que los generales utilizan ese término antes de darle estopa al enemigo. También podría ser “Terruño” o “Mi pueblo” siempre que se utilice ese binomio con el punto lírico de Juan Ramón en Platero y yo. En cualquier caso Heimat se utiliza para hablar de ese sitio en donde están las raíces de uno y, al utilizar esta palabra, a los indígenas siempre se les pone cara de estar contemplando un dorado reflejo de su niñez. Heimat es una palabra que habla de la nostalgia, y del recuerdo deformado para mejor.
Ayer estuve viendo en ARTE –esa cadena que nos alivia del aburrimiento de existir- un bonito documental en el que se hablaba de los Heimatfilme, o género cinematográfico específicamente teutón que se dedica a cantar las excelencias de una arcadia feliz y campestre situada en algún punto vago de la segunda mitad del siglo XIX.
Este género estaría sumamente emparentado con el lado más fetén de nuestras españoladas más folklóricas (“Pan, amor y andalucía” y por ese lado de nuestro cine de castañuela y brazo en alto) sólo que, sustituyendo la alegría, el arsa,salero y olé, estaría determinado componente lírico-boscoso que hace de estas películas parte de una mitología kitsch particular.
Los críticos alemanes que salían glosando las características de este género de cervatillo y mushasha con trenzas rubias en medio de un prado forrado de gladiolos, decían –criaturicas- que era un género reciamente alemán, sin darse cuenta de que en cada país, durante los tenebrosos momentos de la posguerra mundial, la industria de la evasión se dedicó a recrear unos mundos cristalinos en los que no existía el hambre ni la pobreza.
¿No es verdad, angel de amor, que en este apartado bosque hasta el sombrero horrible te sienta mejor? Típica estampa de heimatfilm en la que un lechuguino de capital intenta camelarse a la ingenua campesina.
En España, ya digo, había gitanas que estaban contentas de ser mastuerzas pero grasiosas, y que se dedicaban a corromper a payos que representaban el orden más fas...digo, conservador (esa “Morena Clara” con Fernando Fernán-Gómez y Lola Flores que fue nuestro antecedente más racial de “My Fair Lady”) y había Marisoles que, sin vivir en el campo (Marisol es un mito esencialmente urbano) hacían surfing sobre las carencias del desarrollismo cantando que la vida es una tómbola (de luz y de color).
(Paréntesis: hay un diálogo absolutamente surrealista de “Marisol Rumbo a Río” en el que Isabel Garcés y Marisol pasean en un taxi por la populosa ciudad brasileña. Señalando un monte, pregunta Marisol:
-¿Y esas casas, qué son?
A lo que el personaje de Isabel Garcés, contesta:
-Son Favelas, Marisol. La gente que vive en ellas es muy pobre pero vive muy feliz.
Tócate un pie. Es un diálogo como para tirarse en plancha, kalashnikov en mano, a la barricada más cercana. Se cierra paréntesis)
Por razones de incompatibilidad de imaginario, han llegado a España pocas películas de este género tan particular (bastante teníamos nosotros con Paquita Rico, Lola de España y Carmen Sevilla). Ahora, que tuvimos ocasión de ver la primera peli de Sisí (vamos y las otras) que representan a la perfección este mundo rosa y almibarado de las montañas de Baviera y del Tirol. En él, no puede faltar un alcaldón iracundo de levita, ni un conflicto matrimonial, ni un grupo de damas que van a la iglesia con su delantalito de flores y su sombrerito graciosamente ladeado sobre una ceja; también son imprescindibles el grupo de vagabundos que tocan el acordeón y entonan peculiares cantos de la tierra.


Sissí y Franz Joseph en plenos Alpes después de haberse hecho un porrito de Edelweiss (si no, ¿De qué tanta alegría? ¿Eh? De qué)
Una cosa curiosa que decían ayer los críticos de la cosa es que en los heimatfilme no hay malo. No hay conflicto más allá del de los amores no correspondidos que, al final, siempre terminan encontrando una correspondencia. Es un mundo sin historia, ni pasado, ni futuro, una realidad con la brillante e infinita superficie de un disco que girase de manera indefinida.
Desde que estoy aquí, me dedico a ver de vez en cuando estos flines que la ORF programa los sábados por la mañana (hora de comer) para disfrute de su audiencia más madura. Poco a poco, han empezado a formar también parte de mi mitología personal. Por ejemplo, “Geierwally” (historia de una chica aguerrida y medio marimacho cuya principal hazaña en el flin es robar un polluelo de buitre por razones ignotas para un espectador español, por lo menos para este espectador español).
Los lugareños se extrañan mucho de este interés mío por la cultura pop local –más que nada porque, como la tercera emisora de radio de la ORF ,es para viejos- pero para entender el presente es necesario también saber algo del pasado ¿O no?

domingo







Instantánias

19 de Agosto.- Para resarcirnos un tanto de la llegada del otoño (que ha venido en forma de luz cansada y chubascos intermitentes) haremos trabajar a la memoria. Fotos de una representación de "El Murciélago" de Strauss (creo que Juan) que tuvo lugar este martes por la tarde en el teatr(ill)o de Schonbrunn. Un sitio muy austríaco -o sea, muy dorao-; los intérpretes estuvieron correctos, la dirección simpática y el público -particularmente dos alemanes que tenía yo detrás- absolutamente asesinable. El par de alemanes en cuestión no hacía más que hablar durante el transcurso de la representación. Vaya: que les faltó salir a bailar alguno de los valses.
Luego, cuando el público se fue -y gracias a los contactos con los que uno cuenta- estuvimos cenando con los actores y cantantes -o por lo menos, en el mismo sitio- y uno se acordó de aquellos tiempos suyos en los que se dedicaba a la farándula...Ays....

jueves


16 de Agosto.- Sin él, probablemente la historia de la música moderna del siglo XX no hubiera sido la misma. Era algo más que el fraseo perfecto y la elegancia de Frank Sinatra, era una voz con cuerpo, absolutamente reconocible. Una voz hecha para derretir, para calentar, una voz soplete hecha para taladrar cualquier tímpano como un destornillador caliente taladra un lingote de mantequilla. Era un cantante que nunca hizo una gira mundial, que sólo salió de su país para servir en el ejército pero que, a pesar de todo, sigue siendo el segundo artista más vendido. Después de muerto, genera cada año millones en Royalties. Nadie se acuerda de sus últimos cuatro años, en los que el gigante, el mito (fragil, como todos los auténticos) fue devorado por diferentes adicciones que terminaron llevándolo a la muerte. Para la historia quedan sus etapas, definitivas como las de una escuela artística. La primera, tan cercana al gospel y a la negritud. La siguiente, econvertido ya en un ídolo de masas, la imagen de su pelvis prohibida en las televisiones ultraconservadoras de Estados Unidos. La última, con sus lentejuelas y sus excesos. Hoy hace treinta años que murió Elvis Presley, y sus discos se resisten a envejecer.

viernes

Los ochenta, aquellos años en los que todos los chicos teníamos rozaduras en las axilas debido a la altura de la cinturilla de los pantalones (Olé Olé y Marta Sanchez posando gracilmente en las jierbas después de haber tenido una pelea atroz con su peluquero)

Cómo se me va la pinza
(este artículo debió publicarse ayer, pero debido a problemas informáticos ajenos a mi voluntade, sale con un día de retraso)
9 de Agosto.- Hoy, por segunda vez en tres días, me han revisado mi fahrschein (o sea, mi monatskarte, o sea, mi tarjeta que vale para un mes de transporte público).
Una pareja de revisores camuflados de manera peculiar se ha subido al vagón de metro y, cuando las puertas se han cerrado, con voz educada pero firme, han empezado a pedirle a todo el mundo su billete. A mí, en esas ocasiones, siempre se me pone cara de haber robado un kilo de azúcar en SIMAGO (ahora Champion) y siempre me alivio mucho al encontrar en mi cartera la tarjetita salvadora.
Pero no iba yo a eso: de resultas de las pintas del pica y su compañera, me ha venido a la cabeza una cosa que hablaba yo un día con mi amigo I. (por cierto, cómo me reí ayer con él) y es que Viena es una especie de cápsula del tiempo en las cosas relativas a lo estético.
Por ejemplo, en Viena, en este siglo XXI del bakalao, las pastis y las luces progresivas, sigue habiendo punkis. Misteriosamente. Y campean a sus anchas como cuando Nina Hagen triunfaba sobre los escenarios y hacía giras por Soria (forrándose). También ocurre que, gracias a la inestimable ayuda de las tiendas Kik diskount y otras de ropa a bajo coste, la moda de los vieneses de cierta clase social (aquellos que no van turrados por los rayos UVA y usan trajes italianos) se ha quedado en aquellos limbos ochenteros de los pantalones llenos de bolsillos y las camisas de estampados imposibles.
¿Dónde, si no en Viena, se pueden encontrar chandals de tactel en pleno uso fuera de los supermercados de la droga? Esa prenda, reservada en los países mediterráneos a los yonkis en estado terminal, cobra una nueva actualidad en Viena combinada con las sandalias con calcetines blancos.
De vez en cuando, se ve alguna niña vestida como en Malasaña (una golondrina expulsada por un huracán de su hábitat normal) pero, en general, se puede decir que la moda en Viena se ha quedado estancada en el agradable estadio provincial que va, para ellos, de las bermudas estampadas a media pantorrilla (que a mí antaño me parecían patrimonio de culturistas en guerra sin cuartel contra la elegancia) a las sendas más agrestes del look abertzale (esos pendientes de aro, esos cortes de pelo a lo canalla que garantizan un uso erróneo del condicional). Ellas se conforman con las faldas acampanadas y las blusas sin mangas tapando los hombros, con botones queen size en los lugares más inverosímiles. Algunas, hasta llevan sombrero flexible de hombre como Madonna cuando era pequeña y cantaba que se sentía como una virgen tocada por primera vez.


Madonna (Como diría mi abuela: "es que no parece ni la misma, oyes")

Qué tiempos aquellos. Recuerdo que, cuando yo también era pequeño y leía el PRONTO y la TELEINDISCRETA para estar informado (nunca después lo he estado mejor), Madonna era lo más escandaloso entre lo escandaloso (ya ves tú) después de la escandalosa y misteriosa muerte de Rock Hudson poco después de rodar un episodio de Dinastía en que besaba a Linda Evans (luego se supo que el pobre hombre había palmado de SIDA, pero claro, entonces el SIDA era una afección desconocida para el gran público).
Y es que yo, aparte de que la mujer esta –Madonna- salía mucho en la portada de NUEVO VALE (o Diez cosas que tienes que hacer para volver loco a tu chico tía jaté) que era la revista que se compraba mi tía Paqui para luchar contra su adolescencia y que tenía cierto tufillo picantón, no le veía yo a Madonna nada escandaloso (era mucho más escandalosa Alaska cantando que quería ser santa, seamos serios). Y me dejaba las pestañas cuando el vídeo de "Like a Virgin" salía en Tocata (con Beatriz Pecker) o en Rockopop, intentando averiguar qué cosa era lo que hacía a Madonna mercancía tan peligrosa (¿Sería el león? ¿Sería la góndola? ¿Serían los abalorios que ella llevaba por encima como un árbol de navidad? ¿Sería el chicle que mascaba con la boca abierta? Oh, misterio)
Seguí sin ver por qué era Madonna tan mala para el Vaticano cuando hizo aquel vídeo de las cruces en llamas (Al fin y al cabo el KKK lleva quemando cruces toda la vida y el Vaticano no ha dicho ni media) y ya, me despiporré totalmente de risa cuando el mencionado PRONTO (esa Biblia en donde aprendí de las pasiones humanas a base de leer memorias de folklóricas) anunció a bombo y platillo que, shit yourself little parrot, “La isla bonita” estaba dedicada a España (¡).
Recuerdo, inocente de mí, haberme preguntado mientras pasaba mi infantil dedo índice por las líneas del artículo, desde cuando España era una isla y haber pensado “será por las Canarias o algo”.
De vez en cuando, para limpiar, me pongo “The inmaculate collection” (osea, los greintes jís de Madonna) que me trae recuerdos de esas épocas de mi vida en las que todo (aún) era un misterio tan insondable y, sin embargo, tan aceptado, como la hispanidad de la diva incombustible y, con la bayeta en una mano y el limpiacristales en otra, sigo muriéndome de risa cada vez que la Ciccone (que así se llama la virgen tocada por primera vez ) dice aquello de “el te diho que ti ama” (con ese acento de ser una inglesa en la costa del sol hasta las orejas de chopitos). Y no puedo dejar de imaginármela en el vídeo, con aquella bata de cola imposible, roja, a topos negros, retorciéndose entre las llamas dramáticas de su españolidad (vamos, que parecía mayormente que estaba hasta las trancas de carajillos o poseida por algún espíritu maligno, la pobre mujer).
En fin, cómo se me va la cabeza. Y todo porque hoy el revisor me ha mirado la monatskarte por segunda vez en tres días.

domingo

5 de Agosto.- Atención, pregunta: ¿En qué ciudad de centroeuropa puede verse este letrero tan racial como hispánico? (no anuncia ningún evento taurino, tan sólo un bar).

!Premio! En Bratislava, capital de Eslovaquia.
Ayer, tras una larga lucha, conseguí ir a Bratislava por gentileza de los ferrocarriles austríacos a la ida y de los eslovacos a la vuelta. La diferencia de trenes da la medida de la diferencia entre los dos países. Los austríacos son azules, climatizados, nada ruidosos. Los eslovacos !ay! -que diría Antonio Gala- una tartana. Cruzamos las fértiles campiñas de lo que antaño fue el imperio Austro-Húngaro (entre otros) para ver la antigua ciudad de Pressburg. Si a mí me interesaba, no era, por supuesto, por las elegantes (y algo ajadas) herencias de los predecesores de Franz Joseph, sino por lo que pudiera quedar de la dictadura comunista (desde que vivo aquí, mi hobby es el totalitarismo). Y lo que queda es un país auténticamente pobre que lucha por resurgir de un período oscuro a base de echarle a la vida buen humor.
Mientras me acercaba a Bratislava (precisamente por el lado del barrio comunista), se veían al lado de las vías unas chabolas que recordaban a las que Quino dibuja en las tiras de Mafalda. Apenas cuatro cartones, un neumático y poco más. Y uno pensaba que, en contra de lo que algunos intelectuales más o menos izquierdosos han pensado siempre, la miseria no es bonita. Ni es romántica. Ni engendra ningún tipo de enriquecimiento en el ser humano. La miseria empobrece al hombre no sólo fisicamente, sino de manera espiritual. Durante mucho tiempo, en la Europa de posguerra, fue fácil para muchos intelectuales progresistas escribir sobre las bondades de los regímenes amamantados por el PCUS. Pero lo cierto es que la gente de la calle pasaba mucha necesidad a pesar (o quizá a causa de) los planes quinquenales. No hay más que ver cómo están (aún hoy) esos países.
En fin, que me pierdo. Pasemos a la siguiente diapositiva.
El centro de Bratislava es ahora un lugar restaurado con fondos de la UE, pero aún quedan, por aquí y por allá, algunos restos de ese Art-decó tieso-épico-lírico- festivo y muy pesado, que caracterizó el llamado Realismo Socialista. En Bratislava están en lo que, supongo, fue la sede del partido Comunista, en el Museo Municipal, y en la estación de ferrocarriles (que se cae a cachos, por cierto). En ella, hay un mural en el que, si uno se fija bien, puede verse, taladrando los espacios siderales en nombre del proletariado, una coqueta representación del Sputnik.

Esta es la plaza mayor de Bratislava. Muy bonita. Y llena de españoles que se dedicaban a competir con los italianos por ver quién gritaba más.

Una de las calles principales del centro. Con sus cúpulas de bulbo y sus torres y sus cosas que recuerdan a cualquier ciudad austríaca.

El teatro nacional eslovaco. Un edificio muy bonito en las cercanías del hotel Hilton.
Por cierto, y para terminar, una recomendación cinematográfica. Ayer, en un cine de verano vi "El último rey de Escocia". Fenomenal.

viernes


Alegría de mi hogar
3 de Agosto.- Este de las fotos es Pauli. Publico estas imágenes a petición de Dalia, que quería conocer a mi segundo gato (tanto monta). Pauli tiene nueve años, y es la maldición de cualquier alfombra (sobre todo ahora, en verano, época en la que el angelico pierde mucho pelo). Es independiente y elegante. Le gusta dormir a mis pies, pero sin tocarme (al contrario que Sofía, que, a nada que me descuido, se me sube para otear el paisaje desde mi chepa). Pauli es muy distinguido y, cuando quiere atención, maulla un poco. Le gustan (curiosamente) los cachorros humanos, ante los que toma una actitud muy protectora. Al contrario que a Sofía, que no puede ver a los niños.

Frau I.P. (Addenda)

Foto tomada el lunes por la tarde desde el comedor de Frau I.P. en la que se puede apreciar parte de la panorámica de Karlsplatz que tiene el piso de la señora, así como un bonito y otoñal cielo de julio.