miércoles


La única esperanza

Triunfa el secuestro con olor de hazaña, /Que pone en haz la hez del bicho humano./ Ni el más iluso al fin la historia engaña./ El infierno al alcance de la mano.

Querida sobrina:
En Viena el otoño sigue su curso. Mientras te escribo, en este, el segundo miércoles de nuestra correspondencia recién inaugurada, veo cómo el viento se lleva las frágiles hojas de los árboles, creando unos efectos que serían la locura de un dibujante de manga.
Para mi segunda carta, he seleccionado un tema del que creo que nunca se llega a saber bastante. Por eso, quizá, es conveniente empezar a aprender lo más pronto posible.
De momento, con tus dos flamantes meses a las espaldas, y hasta dentro de unos cuantos años, uno de los pilares de tu vida será el creer que todo el mundo es bueno. O, mejor aún: que todo el mundo es bueno y que la gente está en este planeta para hacerte la vida más fácil.
Por eso, será para ti un duro sinsabor (entre otros a los que se sobrevive en la infancia) el descubrir que la gente es capaz de la maldad. Y, si eres inteligente (y basta mirarte a los ojos para saber que es así) quizá descubras también (aunque un poco más tarde) que tú misma eres capaz de actos que no podrías relatar en una sobremesa. El descubrimiento de la propia maldad, y la cura de humildad que conlleva es, en mi opinión, uno de los escalones de la sabiduría.
Los seres humanos (compañeros tuyos en esa aventura desordenada que es la vida) necesitamos creer en bellas mentiras. Las más bellas y las más falsas son las que nos contamos a nosotros mismos, retorciendo si hace falta la realidad, para defendernos de nuestros propios actos. Sólo el que es capaz de contemplarse a sí mismo y reconocer que tiene lado oscuro y esqueletos en el armario es capaz de ampliar un poco las mediocres dosis de bondad a que podemos aspirar.
Pero es que, aún con todas nuestras energías enfocadas hacia los esfuerzos positivos, es inevitable el hacer daño, con frecuencia a quienes más se quiere. Porque el mundo es complejo, y somos como pigmeos intentando abarcar la vastedad de una llanura subidos a un cubo; e incluso las buenas intenciones pueden tener resultados perniciosos.
En esto de la maldad y la bondad comprobarás también que, salvo los casos extremos (más abundantes, desgraciadamente, en el lado perverso), la mayoría de las personas nos encontramos encerrados en una enfadosa campana de Gauss. Nadie es totalmente bueno ni totalmente malo, y todos vivimos en la incómoda esquizofrenia de ser habitados por dos seres que comparten el mismo cuerpo.
A lo largo de la historia, como aprenderás en la escuela, han sido muchos los hombres y mujeres que se han preocupado de este tema tan peliagudo. Generalmente, trataban de encontrar la piedra filosofal que levantara un poco a la humanidad desde su estado animal (que conlleva necesariamente cierto afán destructor que posibilita la supervivencia) hasta un grado superior de conciencia, algo más civilizado, en el que desapareciera (o se mitigara) la innata tendencia que tenemos los humanos de escabecharnos los unos a los otros.
Hasta hoy, debo decirte, querida sobrina, que los resultados de esos esfuerzos han sido más bien ridículos. De hecho, día a día el mundo se vuelve un lugar más lóbrego, en el que saltan por los aires todas las escasas garantías que, en los últimos dos siglos, los seres humanos nos habíamos dado.
En un mundo de recursos escasos, nos robamos el agua y la comida los unos a los otros, cunde la desigualdad y, aún más dramático, aquellos que están en posición de mitigarla, son como flautistas de Hamelin perversos, que conducen a los hombres hacia nuevos abismos. La religión, que teóricamente debería unir a los seres, en realidad levanta murallas entre ellos. Durante los últimos años, un aliento helado se ha extendido sobre la tierra.
Sin embargo, querida sobrina, hay una esperanza todavía: un resorte que aún nadie ha tocado. Te contaré el secreto: es imposible destruir y odiar lo que uno conoce. El roce, ya lo dice el refrán, hace el cariño. Concéntrate en servir de puente entre los que se odian y enseña a otros a hacer lo mismo. Aprende incansablemente de los otros, intenta comprenderles, y comunica tu información a otros que no tienen la misma suerte. Viaja, conviértete en una ciudadana de este mundo. Que nada de lo humano te sea ajeno. No hay nada que convenza más que el ejemplo. Compórtate como quisieras que otros se comportaran. Vive como te gustaría que todo el mundo viviera. Ama a los demás como te gustaría que te amaran. Dales lo que a ti te gustaría tener.
Quizá provoques un Tsunami benéfico de comprensión y risa que no tenga fin. Igual que las alas de una mariposa son capaces de desencadenar la lluvia en el Amazonas.
Un beso de tu tío y hasta el próximo miércoles.

martes

Gaël García Bernal canta "Kung fu Dancing" para la banda sonora de "Sin Noticias de Dios"

Restos del naufragio dispersos por la playa

Todo mi corazón, ascua de hombre,/ inútil sin Tu amor, sin Ti vacío,/ en la noche Te busca

30 de octubre.- Uno de los efectos más curiosos de estar apartado del país en donde uno ha nacido es que, gracias a la distancia, la producción cinematográfica y literaria te llega a salto de mata y, a veces, por los conductos más imprevistos. Se borran las engañosas fronteras que impone el contexto y uno puede apreciar, si se lo propone, las cosas con más pureza de intenciones.
Por ejemplo, antes de que “El abrecartas” de Vicente Molina-Foix ganase el Premio Nacional de Narrativa, yo lo había disfrutado porque mi amigo A. me lo había regalado siguiendo la mejor corazonada: el libro le había encantado. Así, yo lo leí sin ninguna información previa y me encontré con una novela imponente, de las que hacen reir y llorar, cuya peripecia se sigue con interés. Me convertí, por así decirlo, en el agradecido lector que, sin esperar nada, lo recibe todo.
Estando en París compré varias películas en una tiendecilla del Quartier Latin.
Entre otras, “Tesis” de Alejandro Amenábar (que aquí sólo se puede conseguir doblada al alemán) y “Sin noticias de Dios”, de Agustín Díaz Yanes. Una película que, en su momento, pasó sin pena ni gloria (como todas las películas españolas) pero que mereció (como muchas películas españolas) una suerte muchísimo mejor de la que tuvo.
Ayer, la estuve viendo por segunda vez y me llamaron la atención algunas cosas que se me escaparon en un primer visionado. Por ejemplo, que Penélope Cruz es una actriz muy competente cuya imagen profesional sufre el mismo problema que la de Boris Izaguirre como escritor: ambos viven bajo el peso de esa fama en calderilla que da la tele.
(Sí: Boris Izaguirre es un señor inteligentísimo cuya pluma –explotada por él como medio de vida- es la peor enemiga de su reputación como escritor; otro día hablaré de él).
En la Penélope Cruz de “Sin noticias...” estaba ya, para quien quisiera verla, la Raimunda de “Volver” con su estremecedora humanidad.
“Sin noticias de Dios” es, no sólo una película muy entretenida, sino, además, sumamente divertida en muchos momentos. Por no hablar de que hay una tensión entre Penélope Cruz y Victoria Abril (sorprendentemente eficaz en un papel que le va bastante a contrapelo) que hace que termines de ver la película de bastante buen humor.
Mi amigo L., austríaco, que, como es lógico, no conocía este flín, se lo pasó bomba (a pesar de que, al principio, tuvo algún que otro problemilla para seguir la trama).



También volví a ver “Tesis” el domingo por la tarde; y descubrí que, aparte de ser un ejercicio de estilo más que notable, ha envejecido bastante bien. Y me sorprendí al darme cuenta de que es del año 1995 (¡).
Incluso ahora, mirando hacia atrás sin ira, se ven con cariño los fallos más evidentes de la peli, tan bien camuflados (por suerte o por pericia) que no se notan cuando uno ve “Tesis” por primera vez. Por ejemplo, la improbable edad de Ana Torrent para ser una estudiante de imagen convincente; o la absoluta incapacidad de Fele Martínez para decir sus diálogos con una cadencia realista cosa que, después de todo, hace que su papel sea más creible. Por no hablar de la falta de tridimensionalidad del malo, Eduardo Noriega que es, sin duda, el hallazgo más completo de la película.
(El momento en que le pregunta a Ana Torrent de qué color son sus ojos es una de esas secuencias que merece pasar a la historia del cine).
O, también, el modo en que los personajes se enteran de cosas importantes para que la acción avance (hay algunos momentos MUY inverosímiles).
Y, a pesar de eso, me gustó mucho “Tesis” (me volvió a gustar) porque vi en ella las sanas influencias de la inteligencia, el aliento incansable de Hitchcock, la sabrosa textura de un trabajo que, a pesar de los años, sigue divirtiendo.

lunes



Bossa nova junto a ti

Música le pidió ayer su albedrío/ A un descendiente de don Peranzules;/ Templáronle al momento dos baúles /Con más cuerdas que jarcias un navío.

29 de Octubre.- Hoy hablaré de mí.

Uno de mis fracasos más estrepitosos es que, hasta ahora, no he podido encontrar un trabajo tan interesante como mi vida personal. Sí: soy de esos ingenuos que piensan que se puede. Y no porque haya tenido trabajos especialmente penosos, sino porque, de toda la vida, mis amistades han sido un circo de tres pistas lleno de conversadores brillantes, gentes de mente tobogánica y, últimamente, súbditos de diferentes lugares del globo.
Por H o por B siempre se dan una serie de circunstancias que hacen que a mi alrededor florezcan las flores más raras (en el sentido de escasas).
Empecé a darme cuenta de que era diferente cuando, en la última empresa en que estuve en España, la gente se disputaba sentarse a comer a la misma mesa que yo para que les contara las historias de mis amigos (a falta de méritos propios, siempre he sido muy de presumir de amistades). Decían que era como poner la radio. A veces contaba cosas rigurosamente ciertas que la gente no podía creer. Esos eran los mejores momentos. La gente me decía: “Qué vida tan interesante tienes” y yo les contestaba que todas son interesantes, lo que pasa es que yo, quizá, lo que tenía era un poco más de gracia para contar mis peripecias (o, siguiendo el hilo de mi razonamiento, las peripecias de los otros). Y entonces ellos me miraban con cara de excepticismo y me decían: Pues a mí no me pasan esas cosas. Mi vida es un rollo. Y entonces yo entresacaba para ellos cuatro o cinco anécdotas a las que ellos mismos no habían prestado atención, pero que les convertían en seres distintos, especiales. Durante un minuto y medio, se sentían encantados por el milagro de verse convertidos en seres distinguidos y luminosos, pero luego se les pasaba, como si no supieran ellos mismos encontrarse méritos o aspectos divertidos con los que obrar el humilde prodigio que yo había hecho ante ellos.


Todos pensamos que somos normales sea lo que sea eso (algunas corrientes políticas, de índole fascista, de izquierda o de derecha, han pretendido que seamos piececitas en la maquinaria de una imprecisa revolución; dientecillos iguales de unas ruedas destinadas a funcionar sin ruido y en el anonimato). Pero no. No somos todos iguales. En cada uno de nosotros existe una particularidad, un gramo de locura, un ramalazo de fantasía, que nos convierte en seres únicos.
Cuando llegué aquí, fue un alivio ver que esta rareza mía, si se puede llamar así, quedaba relativamente camuflada en otra rareza mayor. O sea, en que yo era un guiri y nada de lo Komisch me era ajeno. Pero ya que voy dominando el idioma, me doy cuenta de que, cuando empiezo a contar anécdotas que, para mí son comunes y silvestres, la gente tiende a descolgar la mandíbula hasta el infinito y más allá (en el peor de los casos) o a partirse el pecho de risa en el mejor. Como en una reunión el otro día en la que hablé de mi tormentoso pasado en la teletienda.
(Sí: mi vida ha sido muy dura).



Pero qué le voy a hacer. Si es que a mí no dejan de pasarme cosas interesantes (Gracias a Dios, y que siga la fiesta muchos años).
Por ejemplo, ayer me invitaron a un brunch (breakfast+lunch, o sea, a un desayuno de resacosos) en casa de mis amigos O. y H.
Sentado a la mesa había un profesor universitario de una lengua románica que mencionó como de pasada uno de los proyectos más fascinantes que yo haya escuchado en mucho tiempo. Con algo de desapego dijo que iba a escribir un libro sobre el cine musical español desde los cuarenta hasta nuestros días.
A mí me empezó a saltar el corazón dentro del pecho e, inmediatamente, me ofrecí a ayudarle poniendo a su disposición todo el material audiovisual con el que cargo desde hace años.
¡Qué proyecto tan atractivo! La materia de la que están hechos mis sueños desde que, en el verano de1989, mis padres compraron el primer video VHS y alquilábamos una peli todos los viernes, al volver de la clase de inglés de la señorita Soraya.Ayer me pasé toda la tarde canturreando para no olvidarme de ninguna referencia, de ninguna corriente, de ningún compositor. Pero él lo dijo como si tener la suerte de tener un trabajo semejante fuera algo normal.
Y aquí quiero llegar: todos tenemos la felicidad delante de nosotros, pero a veces no sabemos verla. Todos somos únicos pero, a veces, somos miopes porque vemos nuestra vida desde demasiado cerca. Todos tenemos alrededor a personas fascinantes, sólo hay que saber mirar.
Al fin y al cabo, emocionarse hasta con una acelga es una cosa que, si se quiere, se entrena.

PS: Nacho, tu video favorito de Peret no lo he encontrao en el tutubo con una versión buena, jomío. Sigo buscando

viernes

París fotoremember

26 de Octubre.- !!!Por fin!!! Por fin he tenido tiempo de descargar las fotos de París. Aquí dejo algunas para deleite de mis lectores (aunque últimamente, no sé por qué, la audiencia me da la espalda, oyes, y ya no es la cosa lo que era). Lectores que me queríais tanto, ¿Ande estáis, eh? So ingratos. En fin, para mis fieles, aquí dejo estas instantáneas que ayudarán a apreciar mejor la France.





El escándalo total: sobre estas líneas, anorak para perro a sesenta jEur la pieza.





Placeres invernales

Hay demasiado frío/esta tarde en el mundo./Pero abro la puerta a mi perro/y con él entra en casa calor,/entra la humanidad.

26 de Octubre.- Feliz día de la Austrianidad. Hoy, sí, queridos amigos, me encuentro en mi domicilio porque es el día de la Fiesta Nacional, también conocido en lengua vernácula como National Feiertag. Aprovechando que hoy no tenía que ir a currar, ayer por la tarde me fui al cine a ver Lissi und der wilde Kaiser, que es una peli de risa parte de cuyo making of encabeza este post. La peli, bien. Lustig y eso. Graciosilla. Pero a mí me parece que el tema estaba desaprovechado. Porque los Heimatfilme dan para mucho más que para una copia de Schreck, que al fin y al cabo es a lo que se reduce este flín.

Los ideólogos de este flin son los creadores de (atención) la película más taquillera de la cinematografía europea: "Der Schuh des Manitus" (O sea, El zapato de Manitu). Parodia de los libros del famosísimo -en el ámbito de lengua alemana- Karl May. Un señor del siglo XIX que escribió cienes y cienes de novelas del Oeste para deleite de los niños autóctonos, sin haber pisado jamás la soleada California. Los libros de esta especie de precursor de Joaquín Estefanía (¿Alguien sabe aún quién es Estefanía?) formaron (y forman) parte del imaginario colectivo de los aborígenes. Y daban para mucha parodia. Yo, como nunca he leido un libro de Karl May (entre otras cosas porque las novelas del oeste me producen urticaria) pues vi la película a propósito del zapato de Manitú con una expresión petrificada. Pero bueno.

Hoy he hecho una pequeña excursión a un lugar del que hablaré con motivo del día de los difuntos. Se trata del Namenlossen Friedhoff. Cementerio cerrado en 1935, en el que reposan todos los cadáveres que el Danubio arrastraba (hasta casi quinientos) y que se quedaban sin identificar. Un lugar extraño, a la vez romántico y recoleto, junto los silos del Donau-Oder Kanal, que los nazis construyeron in illo tempore.

He podido disfrutar de una sopita caliente que nos ha compensado un tanto del frío invernal y me he dado cuenta de lo mucho que echaba de menos el frío, el otoño, la llovizna. Un invierno (o un otoño) como Dios manda.

Qué alegría, por favor.

miércoles


Cada miércoles, escríbeme una carta
Alondra de mi casa, /ríete mucho. /Es tu risa en los ojos/ la luz del mundo.
24 de Octubre.-
Querida sobrina:
El sábado pasado me pasó una cosa que me cambió la vida. Te cogí en brazos y me eché a llorar. Como siempre, tu madre y tu padre no dejaron pasar el momento de hacer un chiste, como pasa siempre que a mí se me empañan los ojos. Pero sobrina, sinceramente: ni falta que me importa.
Desde chico, he sentido detrás de mí la voz del mundo que me recordaba esa tontería de que "los hombres no lloran". Hace años que me libré del miedo a ese ridículo. Gracias a Dios.
Ahora, lloro a gusto cuando se me pone. Y punto. Y al que no le guste, que no mire.
¿Por qué llorabas, tío? Podrás preguntarte si es que algún día lees esta carta.
Es difícil de explicar. Supongo que lloraba porque tuve conciencia exacta de lo pequeña que eres, de lo vulnerable que resultas ante el mundo. Y me asusté. A los adultos nos pasan estas cosas, ¿Sabes?
También lloré porque todo niño es un enigma insondable.
¿Quién sabe cómo será tu futuro? ¿Quién conoce lo que te tocará ver? Por eso, lloré también. Y porque vi en tu cara, en tus diminutos rassgos de duende ansioso de aprender, el mapa mudo de la fisonomía de una persona a la que quise mucho y con cuyas historias, estoy seguro, crecerás, porque sigue muy presente en nuestra familia.
Mientras te tenía en brazos, empecé a pensar que vivo lejos, en un lugar en donde todas las ancianas tienen pinta de duquesa rusa en el exilio. Nuestra relación me pareció condenada a ser, desde el rincipio, un amor a distancia.
¿Cómo hacer que esta voz mía, extraña, que te asaltará desde el teléfono, esa presencia deformada por la webcam, no se convierta para tí en algo extranjero? ¿Cómo conseguir que te aproveches -si puedes- de mi inútil experiencia? (cosa difícil, porque la década de los treinta del siglo XXI poco tendrá que ver con lo que a mí me está tocando vivir).
Para responder a estas preguntas, me he impuesto la agradable obligación de escribirte cada miércoles, para intentar contarte lo que nadie me contó a mí. O quizá para contarme a mí mismo las cosas que nadie me contó. O, lo que es lo mismo: para pensar.
Calculo que, a un ritmo de 53 cartas al año, cuando llegues a los 20 tendrás un buen mazo del que tirar.
Siento haber llegado a una cita a la que acudirás algún día.
Hasta pronto entonces, sobrina.
O, mejor dicho: hasta el próximo miércoles.

lunes

Desde dentro de la bombilla (y 2)
Siendo tu voz la que el sentido arrulla/la más suave y dulce mantequilla/con que si llora Amor Venus le acalla
(Notas sin fecha tomadas en un autobús)

Acostumbrado a la eficacia austríaca, la manera española de hacer las cosas empieza a atacarme los nervios.
Supongo que los españoles tenemos un talento especial para hacernos la vida más difícil a base de no sentarnos dos minutos a pensar por qué hacemos las cosas. Curiosa sensación de verme del otro lado del espejo.
Pensamiento de que cierta exigencia propia, cierto amor por el trabajo bien hecho, nace del interior, pero también es incentivado por el cuerpo social. Como si todos formásemos parte de una malla que está más tensa en Austria que aquí.
Por otro lado, la observación de esto mismo hace que sienta súbitos accesos de ternura por mis compatriotas, como la que se siente a veces por las chicas que insisten en enamorarse del hombre que menos les conviene. Porque los españoles son impuntuales, malquedas, la pesadilla de cualquier lógico, y se adaptan fatal a cualquier patrón organizado, pero al mismo tiempo tienen la misma nobleza básica de los niños. Esa nobleza que también puede transformarse en crueldad demasiado facilmente.
TAbién demostramos gran paciencia al aceptar los sufirmientos que nos provocamos a nosotros mismos (o por interpósita persona a través de los políticos). Y quizá esta paciencia fundamental sea también otra de nuestras mejores bazas. Quizá la única que, salvo escasos paréntesis de cordura, lleva sin levantar cabeza desde el siglo XVII.
En nuestro escudo, el PLUS ULTRA debería ser sustituido por un toreno "Dejarme solo!". Y ya se sabe:cuando un hombre solo tiene éxito, lo tiene de verdad. Cuando la caga, el desastre es de proporciones bíblicas.

viernes

Desde dentro de la bombilla
(Cuaderno de notas de un viaje a Madrid, I)
Madrid, castillo famoso que al rey moro alivia el miedo, arde en fiestas en su coso

16.10.07- Seguridad. Aeropuerto de Barajas. T4. Una mujer pequeña, me pide de muy mala leche el resguardo de mi maleta. Pregunto el motivo. "Control de seguridad". La misma mujer va deteniendo, a como dé lugar, a diversas personas. A gritos. De muy mal humor.
17.10.07.- Pza de Castilla. 11 de la mañana. Un retén de seguridad privada, compuesto de siete u ocho hombres de apariencia matonesca y vestimenta paramilitar están situados detrás de los torniquetes con una evidente finalidad disuasoria (pregunta: a las once de la mañana, disuasoria, de qué?). Uno se pregunta si la obsesión por la seguridad no creará también los motivos para la inseguridad.
Diferencia evidente (afortunadamente) entre la realidad de todos los días y la que se refleja en los medios de comunicación. Entre la España política y la España de la calle hay un abismo (¿Insalvable?). Por la noche, debate en A3 acerca de la ley de la Memoria Histórica. Como siempre, opiniones extremas que buscan un combate entre gladiadores. Recuerdo a los tertulianos de la radio del taxi que me trajo del aeropuerto. Se esforzaban en envenenar (aún más) este ambiente ficticio y restringidísimo en el que se ha convertido la política del país. Ante la incapacidad real de los políticos para resolver los problemas de la gente, hay que rellenar el tiempo con horas de conversación fantasmagórica.
Todo está carísimo. Viene a visitarme un pariente y hablamos de sueldos. La flipo bastante.
Los españoles hacen economías (se nota en cómo va vestida la gente por la calle). Aunque aún guardan dinero para divertirsse.
Las amas de casa se saludan por la calle. Los vecinos me saludan en el portal. La gente se para porla calle. Hay una solidaridad en la salud y en la enfermedad que es nuestra mejor virtud, y la que más necesidad tiene de ser exportada.
Uno no puede evitar la sensación de que los políticos (algunos) se equivocan al intentar convertirnos en europeos del norte. Los españoles no somos así (y con nuestro sistema educativo menesteroso agrandamos cada vez más la brecha).
En España se siente lo que significa la expresión "capitalismo salvaje". Se intenta mantener la economía en marcha a base de venderle frigoríficos a los esquimales. CAsi se escucha el ruido que hacen los huesos al ser triturados por el dinero. Bancos. Bancos. Bancos por todas partes. Un chiringuito financiero se anuncia ofreciendo "unificación de pagos" para "casos difíciles (sic) y !.
Súbita sensación de falta de esfuerzo al entender los mensajes escritos. Las palabras. Vuelvo a ser una gota en el mar. Los tonos de las voces también son diferentes. Más cálidos.

lunes

El aeropuerto de Viena al amanecer (foto del autor)

Todo el día en el camino

París, y éste es el fósforo de la maravilla violenta. /Todo es en el relámpago y ardemos sin parar desde el principio /en el hartazgo. Amémonos estos pobres minutos.

15 de Octubre.- Fin de semana memorable en París. Después de cuatro veces de visitar esa ciudad, por fin he podido ver lo que todos los turistas ven. Ya está bien. Que si la catedral, que si los inválidos, que si la torre...Esa. Sí, hombre. La torre esa que es de hierro y de remaches, hombre. Qué cabeza la mía...También he podido comprobar que el infierno debe de ser las galerías Lafayette un sábado por la tarde, por toda la eternidad, viendo jaboneras. En Francia, ese país en el que la mariconadita es religión, había cientos de modelos de jaboneras. Con lo fácil que hubiera sido que sólo hubiera habido tres. Bien diseñadas. Prácticas. Funcionales. Punto. Nada más.
En las Galerías LF también vi el colmo de la pijada (no tengo tiempo ahora de colgar fotos por lo que luego explicaré): abrigos para perros a sesenta euros la pieza más sencilla. Un sindiós, vaya. Por ese precio comía (antes) una familia. Ahora, que la leche y el pan se han puesto al precio de la gasolina sin plomo, lo tendrían algo peor. Pero joé.
También comprobé cómo los franceses vibran, como Rocío Jurado, cuando sus colores son defendidos (aunque sea sin éxito) por los fornidos jugadores de su selección. En la explanada de la Torre esta...Ay, joé, esta tan famosa, que ahora es una antena de televisión también...Qué memoria. Bueno, pues en la explanada de la torre esta, había puestas cuatro o cinco pantallas gigantes para que los propios y los extraños (que en París son casi todos) custodiados por la poli francesa (cada día con más aspecto de batallón de asalto de una novela de Orwell) siguieran el discurrir de la gesta de la selección de rugby. Toma ya.
Perdieron, pero... La verdad es que los franceses de menos de treinta años se lo pasaron genial animando a sus jugadores favoritos que, como son modernos, por cierto, posan sin ropa en calendarios que son el deleite de las francesas (y del diez por ciento, aproximadamente, de los franceses).
Hablando de ellas: se ha puesto de moda en París (y yo lo digo aquí por si a alguna le aprovecha) la moda de llevar pantalones como de sultana de oriente, que marcan las formas y sugieren el resto. La moda para ellos en París, que es la capital de todas las modas, es ahora llevar unos ponchos, esclavinas o capitas hasta la cintura que, si bien te hacen parecer un poco el inspector Clouseau, o te prestan cierto aire de monja enfermera acompañando a un incurable a Lourdes, sustituyen con cierta ventaja al abrigo y te permiten pasear del brazo de la elegida de tu corazón (libros bajo el brazo) con toda la pinta de un estudiante de película de Sara Montiel.
En fin, queridos amigos, dejo ya este recuento de mis fazañas parisinas porque tengo que limpiar mi vivienda (así,así) y hacer la maleta porque mañana, incontestables obligaciones laborales me llevan a Madrid. Con lo cual este blog sufrirá una de sus cíclicas mutaciones y pasará a ser de VD, MD.
Hasta más leer.
PS: Y la torre...La torre...¿Cómo cogno se llamaba esa torre?

jueves

Reportaje de la ORF que cuenta la manifestación convocada para protestar por la política de asilo del gobierno austríaco

Y Arigona es su nombre

Pero los días son una red de triviales miserias,/ ¿y habrá suerte mejor que ser la ceniza,/ de que está hecho el olvido?


11 de Octubre.- el llamado deutsche raum –o sea, el ámbito de habla alemana- es el inventor y exportador de una mitología infantil, difundida en el siglo XIX, llena de princesas perseguidas por malvados cazadores que quieren arrancarles el corazón para comérselo encebollado, niños abandonados por sus padres en las cercanías de las viviendas de pérfidas viejas, madrastras malvadas con la compasión de piedra, y toda una serier de sadismos que pasan inadvertidos durante el quebradizo sueño de la infancia.
Sin embargo, todas estas historias, que las abuelas siguen contándoles a los niños, crean una manera de pensar, lo que podríamos llamar una mitología doméstica. Lo pensaba hoy mientras leía un Österreich que alguien había dejado abandonado en el metro.
No se distingue este periódico, lo he dicho ya, por su imparcialidad. Pero sí que permite ver los caminos más trillados por los que discurre el pensamiento indígena.
Hoy dedicaban tres páginas a la niña Arigona, esta chica de la que hablaba yo hace días. Para recapitular: había amenazado con suicidiarse si su familia se veía obligada a salir de Austria en cumplimiento de la ley de asilo.
El caso de Arigona ha levantado un acalorado debate en Austria.
Influenciado quizá por el sentimentalismo baratísimo con el que se ha llevado el tema en los medios de comunicación, yo me veo cada vez más inclinado a valorar también la postura más impopular que podría ser más o menos esta.
Pensemos lo siguiente:
Imaginemos un trabajador al que le hacen un contrato de tres meses en una empresa fantástica, con un sueldo fenomenal y los mejores compañeros que pueda desear. Naturalmente, esta persona se integra en la estructura de la empresa y en el entramado social y profesional que forman sus compañeros. Aparte de porque es un placer, por supuesto, también porque es su obligación. Llegados los tres meses el contrato se acaba. Imaginemos que ese trabajador desaparece y amenaza con suicidarse en el caso de que el jefe no le vuelva a contratar, aduciendo que está integradísimo y que se lleva genial con sus compañeros.
Su familia, por supuesto, podría hacer una acampada como la de los trabajadores de SINTEL, y sus amigos manifestarse y alegar que el trabajador era un tío fantástico con el que daba gusto currar porque estaba todo el día de coña. Sus compañeros, con los que se ha ido de copas después del trabajo, le ofrecerían suntuosos regalos de despedida. Podría salir incluso en “Gente viva, gente muerta” pidiendo una revisión de su situación. Pero el resto de la gente pensaría que la peña se ha vuelto majara.
Este caso es un poco igual, en mi opinión. A estas personas, a esta familia, se les concedió el asilo porque en su país las circunstancias así lo justificaban (eso es el asilo, refugio contra una persecución o similar). Y estas personas aterrizaron en un lugar que les acogió temporalmente y en el que ellos se integraron. Pero es que su obligación era integrarse, no lo olvidemos. Por otra parte, el asilo se concede por tiempo limitado. Es una circunstancia transitoria. Y las dos partes (estado acogedor y acogido) lo saben perfectamente. El asilado no es una persona a la que se le dice: hala, majete, quédate. No. Es una persona cuya estancia en un territorio está subordinada a la existencia de unas circunstancias. Una vez esas circunstancias cesan, el asilo se acaba. Para que otras personas puedan aprovechar el mismo derecho, entre otras cosas.
Ahora bien, en situaciones en las que el asilo es extremadamente largo (este caso) es cierto que resulta una injusticia que esas personas no tengan ahora derecho a quedarse en el país que les ha acogido. Con lo cual, la ley está mal hecha. Habrá que cambiarla.
Por otra parte, los periódicos, las teles, las radios, están planteando la situación como si a esta familia se la echase a un lugar inhóspito. Arrancados de una situación fantástica, al desierto. A picar piedra o a unas minas de sal. Lo cual tampoco es cierto.
El propio tratamiento de la ORF, por ejemplo. Reportero en plano general con patio trasero de una casa destartalada como fondo, que le pregunta al hijo de la familia:
-¿Dónde están vuestros sueños? –los aborígenes pueden llegar a ser muy cursis en un determinado momento.
Naturalmente, ¿Qué va a decir el chaval? La verdad: en Austria, porque es el único sitio que ha conocido.
Lo dicho: si la ley está mal hecha, habrá que cambiarla.
Mi postura es: que Arigona y su familia se queden en Austria implicaría que muchas otras personas en su misma situación (o más desesperada) que no hayan organizado este revuelo mediático, serán puestas de patitas en la frontera sin que se convoquen manifestaciones para ayudarlas. Por no hablar de que los políticos se esforzarán para que nada así pueda volver a ponerles la cara colorada, endureciendo las condiciones del asilo (y si no, al tiempo). Con lo cual se daría la situación de que, para ayudar a cuatro, estaríamos fastidiando a cuatrocientos. Porque, a veces, las buenas intenciones tienen estos espantosos daños colaterales.
Las leyes, además, están para que las personas seamos tratadas con toda la igualdad posible Ahora bien, y lo repito: si una ley está mal hecha (y esta es la demostración palpable), a cambiarla. En el caso que nos ocupa habría muchas posibilidades. Por ejemplo, instaurar la figura de un tribunal, parecido al que regula las adopciones, en el que se evaluase el grado de integración de la familia, la presencia de menores afectados, el tiempo que ha durado el asilo...Todo, menos montar pollos apelando al cuento de la princesa perseguida.

miércoles

Una de las entradas de Kloster Neuburg (foto del autor)
Gazpacho conection
Mis ojos miran montes donde sembró la historia /el dulce sueño amargo que sueñan todavía.

10 de Octubre.- En primer lugar, queridos lectores, josmíos y jasmías: gracias.
Si os tomáis el trabajo de pinchar en la estadística impertinente que tengo a mi derecha, podréis comprobar que este modestísimo espacio ha roto su record de visitas y que la barrita gris oscuro, que indica el número de Vienadictos que se han pasado por aquí durante el día de ayer, ha alcanzado un máximo a todas luces memorable. Casi setenta visitantes. Ole con ole y olá.
Tras la resaca del gazpacho (celebré en mi empresa mi cumpleaños brindando con tan refrescante manjar hispano) hablaré hoy de la Spanish Conection.
Porque, aunque hoy la relación esté regulada por los correctos procedimientos de la Unión Europea, el intercambio austro-español ha sido muy intenso a lo largo de la historia. Las casas reales austríaca y española se intercambiaron favores en forma de matrimonios y alianzas de marcado carácter familiar.
Casi siempre, los Austrias españoles desempeñaron el papel de los parientes ricos del cuento y, aún cuando ya nuestra monarquía planetaria andaba de legaña y capa caída, los austríacos no pudieron librarse del todo de ese complejo de ser monarcas menores y quisieron parecerse en todo a los nuestros, creando incluso la leyenda del Ceremonial Español y extendiendo la especie (falsa) de que su corte se regía por el rancio protocolo que reinaba en la correctísima corte de Madrid.
El más original de estos esfuerzos por copiarnos se encuentra a las afueras de Viena y es el monasterio de Kloster Neuburg.
El emplazamiento que hoy ocupa el monasterio está dedicado al mismo menester desde hace siglos. De hecho, hay una basílica medieval, que guarda un hermoso retablo. Pero, para lo que a nosotros nos interesa, su historia empieza en el siglo XVIII, momento en el cual, el padre de Maria Theresia decidió que el complemento ideal para la monarquía austríaca era tener un Escorial.
Así pues, el hombre, largo y activo (o sea, ni corto ni perezoso) envió a Madrid a su arquitecto en viaje de estudios, para que copiase el Monasterio de San Lorenzo.
El arquitecto bajó a la capital de las Españas y, con el lápiz detrás de la oreja, estudió el famoso monumento mandado construir por el segundo de los Felipes.
Luego, se volvió a Austria y diseñó un edificio de la misma traza exactamente pero cambiando el sobrio estilo de Juan de Herrera por el más flamígero barroco centroeuropeo. Las obras empezaron con la demolición de parte del antiguo complejo medieval y, bajo la atenta mirada del monarca, se empezó a construir el chalecito. Pero hete aquí que el padre de Mari Tere murió de un repente y estalló una cruel guerra civil por la sucesión al trono austríaco, lo cual dio pie a la hija del rey copiota para llamarse andana y dar largas a la obrita de marras, alegando desgaste de las arcas imperiales por el contínuo guerreo. Parece ser que sus súbditos no lo sintieron mucho y estuvieron de acuerdo con Maria Theresia, que ha pasado a la historia como una reina inteligente y muy capaz.
Asi pues, deprisa y corriendo, se cerró la construcción de este original edificio que responde exactamente a un cuarto de nuestro monasterio. O sea, a un cuarto de la parrilla en donde, según la tradición, fue asado San Lorenzo vuelta y vuelta.
Actualmente, Kloster Neuburg es famoso en Austria entera, aparte de por ser el mayor productor de vinos del país, porque el día 15 de Noviembre se celebra el día de San Leopoldo (patrón de Viena y de Niederösterreich, que sólo celebran los funcionarios, leidergottes) momento en el cual se monta un mercadillo y, en las cavas del monasterio, se instala un barril gigantesco. Dicen que, el que se mete dentro, tiene buena suerte el resto del año.
Habrá que probar.

martes

Paseantes en una zona comercial vienesa (foto del autor)
Por un puñado de jEuros

Si vives enamorado, /no tardarás en saber /que un amor puede doler/ cierto, mentido y soñado.
9 de octubre.- Tengo que confesarlo: sufro una adicción. Comenzó, como todas, en los primeros tiempos de mi estancia en esta tierra de habla extraña. Los jEuros escaseaban, mi equilibrio bancario era una postal diaria desde el filo del abismo. Así que, en algo me tenía que entretener, ¿No?
Las tiendas de sengunda mano representaban para mí la posibilidad de adquirir películas y discos a un precio relativamente apañado. Todas las semanas, pasaba un par de veces y buceaba entre cochambres y Klumpads varias tras el corazón verde de un clásico de Hollywood o sobre la pista de la penúltima obra de un ignoto realizador japonés. Hoy, que mi equilibrio financiero ya no es lo que era (afortunadamente) sigo enganchado a las tiendas de segunda mano, en las que consigo a buen precio DVDs jugosos y seminuevos que simpáticos candidatos a delincuentes juveniles roban de las bibliotecas públicas con el sano objeto de sacarse unas perrillas para el botellón sabatino.
Y dirán mis lectores indignados: ¿Pero es que los honrados comerciantes de la rama del producto seminuevo no notan la huella pegajosa del celo bibliotecario? Pues no, lectores que me leéis desde los cuatro rincones del planeta. No la notan. Y, la verdad, ni falta que les importa. No tienen escrúpulo ninguno en averiguar la procedencia de estos menudillos de la cultura que yo, como una urraca avariciosa, me llevo a mi hogar previo pago de un puñado de monedas.
Dado el conociodo espíritu ahorrativo que mueve a los aborígenes, las tiendas de segunda mano gozan de una fama aceptable. A pesar de esto, y de ser comercios límpios y pintados de bonitos colores que incitan al consumismo salvaje, las tiendas de segunda mano austríacas no pueden librarse de ese aura un poco vergonzosa que acompaña a los sex shops y a otros establecimientos relacionados con los vicios secretos y el juego de muñeca. Yo, por ejemplo, cada vez que voy, me encuentro con los mismos clientes, todos con pinta de dueños de oscuro gimnasio suburbial, todos cabizbajos, pasando los ojos culpables por las portadas de interminables pilas de cds de la Estrellita Castro austríaca. Todos con pinta de poder negar, en caso necesario, que están allí como estamos todos: por un puñado de jEuros.

lunes

Patrizio, el ragazzo que las enamora
Y yo sabré la música ardorosa/ de unas alas de Dios, de una luz rosa, /de un mar total con olas como abrazos.

8 de octubre.- En el mundo del espectáculo español (y aún diría más, en el del mundo mundial) hubo un antes y un después de este momento.



Final de la primera edición de Operación Triunfo. Bisbal, Rosa y Bustamante. Pero aunque ganó Rosa de España (merced al peso de la población de Andalucía en el total español), Bisbal fue el auténtico vencedor de aquella liza. Incluso, visto ahora, a Mihura pasado, el que Bisbal se viera condenado a dar saltitos en el coro de Tallín cantando que Europa estaba viviendo una celebración (la pobre) fue una suerte para él. Su incipiente imagen pública no se vio desgastada por el trago amargo de perder Eurovisión (no mandé mis naves a luchar contra esos elementos).
Sentado ayer en la grada de una de las salas (gigantesca) de la Stadthalle de Viena (Gran Palacio de Conciertos de esta ciudad que me acoge), me acordaba yo de estas cosas que siempre traen a la memoria el aroma inconfundible de los churros y la cantinela inmisericorde de los rifadores de perritos pilotos . Fui a ver un concierto del que, si yo no me equivoco y la suerte le sigue ayudando, será el segundo Bisbal. Por lo pronto, después del concierto de ayer, salía hoy en avión para hacer las Américas.
Se trata de Patrizio Buane, al que su casa de discos ha bautizado como “La voz del romance” En los previos, me reía yo para mis adentros pensando que Anne Igartiburu hubiera podido hacer su agosto en aquel teatro con la sección “Corazón Maduro”. Tres cuartas partes del público lo componían pimpantes damas otoñales. Mucho tinte rubio (yo tenía una jefa que decía que todas las mujeres empiezan en morenas y, conforme van cayendo las hojas del calendario, van tendiendo al aclarado y a la mecha infinita), mucha cazadora vaquera con cuello de polipiel o de bicho sintético, mucho oro, mucha lentejuela sobre el seno generoso...Aquí, como allí, el tipo es parecido.
La otra cuarta parte estaba compuesta, en su mayor parte, de fans de la canción melódica y la música palmeable (o sea, aquella cuyo ritmo se puede seguir con las palmas y cuyas tonadas pueden alegrarte la ducha). En este último grupo está incluido un servidor de usted, a quien nada de lo cantable le es ajeno.
Se apagaron las luces y, tras una obertura (Il Mondo) se presentó nuestro hombre. Cuerpo de jugador de fútbol de segunda B que denunciaba su ascendencia mediterránea (la raza aborígen es más bien patilarga). Atuendo negro a lo Raphael, corbata color petróleo y, como nota chispeante, pañuelo rojo en el bolsillo delantero de la americana. Pañuelo que, por cierto, se perdió en algún momento de la representación (quizá entre trago y trago a los tres litros de agua mineral Evian que nuestro hombre ingirió durante el concierto). En las dos primeras canciones, el diestro de Nápoles estuvo nervioso, no se paró mucho en los medios. Y el público, en correspondencia, estuvo algo frío.
Entre pieza y pieza, Buane dijo sin mucha seguridad las bromas que tenía preparadas. Tímidas risas. Pero, a la tercera canción, el volcán Buane entró en erupción y, a partir de entonces, todo el patio de butacas, a una, se convirtió en una señora gordita a la que un ragazzo que podría ser su hijo dice galanterías en la playa, al lado de un espeto de sardinas asándose a la brasa.
Como la dama obesa del cuento, nos resistimos todo lo que pudimos a los encantos del simpático camarata del chiringuito (para completar el tipo no le faltaban ni la esclava de oro ni la cadena al cuello, que la vimos todos cuando abandonó la corbata). Intentamos por todos los medios no reirle las gracias mientras el rubor nos encendía el rostro, creimos estafarnos pensando que, lo mismo que a nosotros, le había dicho las mismas galanterías mentirosas a otras damas obesas de mediana edad de la mitad del planeta. Pero no hay nada que se crea con más facilidad que lo que uno quiere oir y, a la tercera tanda de chistes, el público, entregado, coreó lo que pudo corear (dentro de los límites que impone el correcto natural austríaco) y batió palmas como una pandilla de beodos en la Oktoberfest.
A partir de ese momento en el que las resistencias saltaron por los aires, Buane se metió en ese repertorio en el que se encuentra cómodo y que atestigua miles de kilómetros que lleva en las suelas entre mesas cubiertas con manteles de cuadritos, preguntando si Hawaiana o Quatro stagioni (los padres de Buane tuvieron una de las primeras pizzerías de Viena).
Se divirtió con Elvis (ganó en su primera mocedad un concurso de imitadores), practicó el encogimiento de hombros Sinatra y nos ofreció diferentes variantes de sus tres cuartos y medio perfil sentado en un banco de bar. Gracias a él, los Rolling volvieron a ser esa cosa demasiado agresiva para triunfar (¿Jagger? ¿Pero quién es ese Jagger?); y el amo de Graceland, el rey del caderamen canalla. Rindió cortesías en el altar de su Italia natal e, incluso, tuvo algunos amagos de cantante fálico que tiraron bastante a la fantasmada adolescente..
Alto ahí: ¿Qué es eso?
Pues yo lo explico: un cantante fálico es el que, llevado en andas por la admiración de su público, necesita demostrar que “el picha es el que la tiene más larga”.
Para entendernos: un punto Camilo Sesto pero sin rotura de meniscos y sin síndrome Johny Weissmuller. Para demostrarle a las señoras asistentes lo bien dotado que estaba –vocalmente, se entiende-, cantó sin micro los dos primeros versos del “O sole mío” y decidió que, ya que estaba, se tiraba el moco y decía que había estudiado “canto clásico” (en realidad, como cantante operístico tiene serias limitaciones técnicas, pero las señoras, casi todas regalito en mano, boca abierta y ramo de flores, hicieron la vista gorda y supusieron que gritar cosas en italiano significa tener la misma voz que Plácido Domingo, un poner).
Pero lo que a este chico le falta en técnica lo compensa con dosis industriales de morro y simpatía.
Y, al fin al cabo, esa es la pasta de la que están hechos los grandes artistas.
Como Bisbal.
¿O no?.

jueves


Un año contigo
Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre/ aquel que amó, vivió, murió por dentro



4 de octubre.- Hace un año que empecé a escribir en este espacio y, desde entonces, lenta, pero firmemente, el estilo de VD ha ido cambiando al mismo tiempo que lo hacía mi percepción de Austria.
Uno de los objetivos secretos de este blog era, es obvio, no sólo contarle a los demás las cosas que me pasaban sino contarmelas a mí mismo. En ese sentido, VD me ha servido como excusa para profundizar en mi conocimiento de multitud de aspectos de un país cuya profundidad me resulta aún tan desconocida.
A través de Viena Directo me he enamorado de esta tierra que ya es la mía de adopción. He aprendido a quererla como hay que querer a las personas: principalmente, por sus defectos. Es fácil amarnos por nuestras virtudes, pero el auténtico cariño, el que nace de la profundidad del trato, sólo es el resultado de un esfuerzo de tolerancia, que es lo mismo que decir que es el resultado de la curiosidad. Austria, en ese sentido, es mi asignatura interminable, el objeto al que se dirige mi intriga. Su idioma, que empiezo a conocer, empieza a sonar agradable en mis oídos y supongo que, si alguna vez me voy, el sonido del dialecto vienés seguirá siendo la patria de mis nostalgias.
Viena Directo se parece cada vez más a mí. Con mis defectos y mis virtudes. Y quisiera, como me esfuerzo que pase conmigo mismo, que el espinazo de los textos futuros fuera el sentido del humor bendito y necesario que me esfuerzo en aplicar a cada segundo de mi vida diaria. Un sentido del humor que, en modo alguno, está reñido con el rigor y con la seriedad, sino que es parte inseparable de ellos.
Hablo de los textos futuros porque en los pasados no estoy seguro de haberlo conseguido siempre (aunque, es verdad, no siempre lo he intentado).
La risa es la única arma que quisiera manejar en mi vida. Es el lubricante de todas las relaciones, pero también tiene el reverso ácido de revelar lo artificial, la dictadura de las grandes palabras, de los conceptos vacíos. La risa es libre, no respeta nada, se interroga por todo, todo lo examina y lo cuestiona. Y, por lo mismo, ha sido la expresión de la inteligencia humana más perseguida a lo largo de la historia.
Sospecha de alguien que no te deje reirte de lo que cree.
Si tengo que sentirme algo, miembro de una clase, de un club, quisiera ofrecerme candidato a ser hermano de Groucho, sobrino de Elvira (Lindo), compañero de filas de Faemino y de Cansado, escudero de los caballeros Eduardos (Mendicutti y Mendoza), de Muñoz Seca y de Jardiel, nieto de la Lina Morgan de “El ultimo tranvía”,que me han hecho llorar de risa. A ellos les rezo todas las noches pidiéndoles que no abandonen las cuatro esquinitas que tiene mi cama.
El escritor tiene la obligación de picar la curiosidad del lector, de huir de todo lo falso y lo prefabricado. El escritor está obligado, porque su oficio así lo exige, a ofrecerse y a decir siempre la verdad. Su verdad. Cualquier texto que no esté elaborado desde esas premisas es algo condenado a caducar. A servir a un interés momentáneo, a tartajear con el paso de los años. Sólo el trabajo bien hecho permanece. Cuando leo a escritores que han muerto hace muchos años, que observaron a unos contemporáneos suyos que hoy están todos calvos en la huesa, siento que me hablan a, a Paco. Como espero que tú sientas que te estoy hablando a ti, en este momento. Porque sólo escribo para ti. Y ese es el milagro cotidiano de juntar las letras.
Cada día busco para tí un tema que a ti y a mí nos atraiga y nos interese, que nos conmueva y nos haga reir, que nos informe, que nos estimule a ser mejores, a encaminar nuestros pasos en una dirección que merezca la pena. Cada día busco un tema que a ti y a mí nos transmita la duda. El estado efervescente de encontrarnos siempre del lado más lúcido de la frontera. Sin casarnos con nadie.
Es un objetivo ambicioso, casi descabellado, pero son los únicos que merecen la pena en la vida. Los que nos espolean y nos ayudan a ser más felices.
Quisiera terminar esta entrada de aniversario, que debiera haber sido la primera de este blog por todo lo que tiene de declaración de intenciones, dándote las gracias, lector,lectora, amigo mío, amiga mía, cuya cara no veo, pero cuyas reacciones imagino cada vez que me pongo delante de un teclado.
Y sólo quisiera pedirte algo más: sigue ahí. Acompáñame. Porque, si Dios quiere, nos quedan todavía muchos días en Viena Directo. Muchas cosas que aprender. Tanto y tanto por vivir.
Con esa esperanza, te saluda como (casi) cada día,
Paco

miércoles

Franz Fuchs custodiado por la polizei después de su detención (foto: BBC News)

El extraño caso del hombre sin manos

Mira, Andrés, a los hombres, ya sentados, ya andando, / tan raros si nos miran seriamente callados, / tan raros si caminan, trabajan o se matan, / tan raros si nos odian, tan raros si perdonan / el daño inevitable,

3 de Octubre.- En su comentario de ayer, me quita Tonicito el tema del teclado. Porque parece que nuestro ya viejo conocido bosnio de las granadas se puso de acuerdo para coincidir con el décimo aniversario de los asesinatos de otro que no andaba muy cuerdo, y cuya biografía glosó ayer un estupendo documental emitido por la ORF.
Se trataba del Señor Fuchs.
En 1997, Austria estuvo conmocionada por el asunto de las cartas bomba, dirigidas a personas de gran calado público por una entidad desconocida. Las cartas en cuestión le costaron la mano izquierda al Dr. Zilk, alcalde de Viena y marido de Dagmar Koller (luego contaré cómo explicaban esto ellos en el documental); también la señora Kissbauer, la sonrisa más sólida de la ORF, recibió una (es una vieja conocida de mis lectores más atentos, porque es la presentadora de la Operación Triunfo austríaca). También tuvo su envío un sacerdote que quedó gravemente mutilado.
Las víctimas mortales más sonadas de las bombas de Fuchs fueron cuatro señores que pasaron a mejor vida como resultado de la explosión de una bomba de tubo (rohrbombe, en alemán) escondida en el soporte de un cartel de contenido racista. Al intentar apartarlo, patabúm.
Fuchs cometió un error y un paquete le explotó en las manos y debido a esto fue detenido y juzgado. Las imágenes reales del juicio mostraban a un individuo absolutamente descompuesto que, sin manos, daba vivas a la facción alemana del pueblo austríaco (es que estos aborígenes dan unos vivas de lo más raros). Un hombre con pinta de perdedor. O sea, el típico inadaptado del pueblo que, poco a poco, en la soledad de una vida vacía, va desarrollando una obsesión.
La del pobre Fuchs –no es que no nos merezcan compasión sus víctimas, pero es que la criatura estaba como una regadera- se centraba en que el gobierno austríaco estaba tomado por extranjeros de ignaros apellidos eslavos (era un amante de la onomástica alemana, este hombre). Fuchs se hacía cruces de que nadie hiciera nada por evitarlo.
Las cartas, pues, estaban dirigidas contra las personas que, en la mente enferma de Fuchs, contribuían a perpetuar este estado de cosas. Arabella Kissbauer, porque ofrecía una imagen positiva de los inmigrantes (ella es de piel más bien oscurita); el sacerdote, porque hacía esfuerzos por la integración (otra vez esa palabra tan de moda) y el doctor Zilk pues porque hablaba bien de los extranjeros.
Hablando de este último y, como decía más arriba, él y Dagmar (qué sería de nosotros sin ella) ofrecieron la nota cómica del asunto.
Contaba Zilk que, cuando recibió el paquete bomba estaba con su amada esposa (en el documental, sentada también a su lado, coqueto pañuelo naranja al cuello para disimular la pérdida de colágeno que afecta a todas las divas de cierta edad). Cuando el artefacto explotó, Zilk, con encomiable sangre fría, llamó a Koller y le dijo que le hiciera un torniquete en el muñón porque si no, iba a desangrarse, y ella, femenina hasta la muerte, tapóse los ojos y dijo:
-Ich kann das nicht, ich kann das nicht! (O sea, no puedo hacerlo, no puedo hacerlo).
A lo cual, el doctor, como en las mejores pelis de guerra, le dijo:
-Du, blöde gurken, macht es! –o similar: traducido quiere decir: tú, pedazo de idiota (pepino tonto), hazlo ya!-.
(Sí, lo sé: a ningún marido español se le ocurriría llamar a su mujer nada con tan poca gracia, pero en fin).
En el documental de ayer se vio como, tras salir del hospital, Zilk dio una rueda de prensa en la que enseñó fotos (que revolvían el estómago, pero que halagaban el gusto austríaco por lo truculento) de lo que había quedado de su mano amputada.
Desde entonces, el doctor lleva unas fundas a juego con sus discretas corbatas. Lo cual no deja de ser un hallazgo para mutilados, si bien se mira. En la rueda de prensa se quitó la que llevaba entonces (gris perla) y mostró a las cámaras la zona cero de su mano izquierda. Qué visión.
Fuchs se suicidó en la cárcel colgándose (nadie sabe cómo, sin manos) del cable de su máquina de afeitar. Y es verdad lo que dice Tonicito: salieron los platós de la ORF y nada ha cambiado desde entonces.

martes

Salón de té en el suburbio vienés de Briggitenau (foto: standard)

Radio escucha que te escucha
Vientos del pueblo me llevan, /vientos del pueblo me arrastran,


2 de octubre.- Hoy, la noticia de todas las portadas es que un bosnio que no tenía todas las tazas en el armario (manera austríaca de decir que estaba como una cabra) fue detenido por la policía ayer con una mochila llena de granadas de mano con las que tenía la intención de cargarse a la embajadora estadounidense en Austria.
Los chicos de la prensa han hecho énfasis en dos hechos: a) que el bosnio estaba desequilibrado (han utilizado para referirse a su estado mental el adjetivo lábil que, aunque poco usado, también existe en español) y b) han mencionado que el bosnio llevaba en el mochilo el libro de oraciones coránicas que forma parte del pret-a-porter de cualquier terrorista que se respete.
Nos detendremos en el aspecto b) de la cuestión, hoy que hacemos recuento de lo que ocupa los encéfalos indígenas.
Y es que, queridos lectores, en Austria, estos días, se habla mucho de integración. Los aborígenes, a través de sus telediarios , de sus programas debate, y de sus periódicos (serios, el Österreich no cuenta) han puesto sus barbas a remojar (despues de ver el brutal pelado sufrido por las de otros ciudadanos europeos) y se están haciendo esta pregunta: nosotros, que somos receptores de inmigrantes. ¿Qué podemos hacer para facilitar la integración y que no les dé por la bomba y el atentado mortal?
Por supuesto, esta pregunta obedece a ese espíritu austríaco, que a ti y a mí nos apasiona, de hacer de la necesidad, virtud. Yo creo que ahí está el secreto del éxito de este país que me acoge. Claro está que también existe una parte de la población con el cerebro más acorchado (como siempre, Strache y sus palmeros) que no están dispuestos a ceder ni un milímetro en sus posiciones y que, dispuestos a caldear el tema social para atraerse a la facción más fas...digo, conservadora del electorado, incluso convocan manifas antiárabes en lugares periféricos. Barrios extrarradiales en donde saben que van a tener una acogida más favorable. Nuestro amigo HC Strache, dentro de esta estrategia de sacar a la calle los alazanes del miedo, convocó una marcha hace unos días en el bonito suburbio de Brigittenau, marco incomparable de pureza sin igual (según él) en el que la municipalidad ha dado permiso para instalar un centro islámico. HC Strache, abandonó por unas horas su sonrisa profidént (una sonrisa helada que raras veces le sube a los ojos azules) para capitanear a una pandilla de ciudadanos tan asustados como furiosos, que decían pretender evitar que su barrio amado se convirtiese en un centro de formación de Mujhaidines.
Y es que, amigos míos, minaretes sí, minaretes no: esa es la gran pregunta.
Pero como no hay una de cal sin que haya una de arena, la sociedad austríaca se encuentra con el corazón encogido por el caso de una adolescente de origen yugoslavo cuya familia disfrutaba de asilo en Austria. Las condiciones del asilo han terminado y toda la familia debe volver a marchar a su país (según el confuso relato que yo escuché ayer en el Zeit im Bild). La muchacha se encuentra desaparecida y dice que, como su familia se tenga que ir de Austria, se suicidará para que su muerte recaiga sobre las conciencias de los patrocinadores de normativa tan cruel.
Los vecinos de la familia asilada han recogido firmas (hasta ahora, lamentablemente, sin resultado) y el alcalde de su pueblo salió ayer en la tele llevándoles cestas de fruta como regalo de despedida. Para toda la comunidad, es una injusticia que clama al cielo que estas personas, inmigrantes que están absolutamente integrados en la sociedad, tengan que salir del país, mientras –piensan ellos- hay tanto chorimangui por ahí que vive del erario público y al que las leyes tratan con papel de fumar en los dedos(esta segunda parte no se dice, pero está implícita, claro). Y es que, en este espinoso tema, los nervios están a flor de piel, y siempre parece que, del lado del inmigrante malo, el cesped crece más verde y lujurioso.
La situación es explosiva, claro. Porque ya hay otro adolescente que se ha echado al monte (un chavalín) por un caso parecido.
¡Y pensar que lo más rebelde que se les ocurría a la pandilla de Verano Azul era hablar al revés y llamarle a Barrilete Telerriba!
Vamos, con la mitad de una cosa de estas, Mercero hacía una serie que dejaba a Chanquete a la altura de Cruz y Raya.*
*(Soy consciente de que el caso es grave, pero es que los medios austríacos lo están tratando con un tono melodramático digno de la peor Nieves Herrero)

lunes

Cuando dices: nunca, /cuando dices: bueno,/ estás contando tu historia /sin saberlo.

Mujeres que ya no creen en las promesas de amor

1 de Octubre.- De vuelta a la oficina, repaso las tarjetas de los contactos que hice en Francia. Ante mí desfilan desde el ruso envuelto en rublos venido de la tundra misteriosa, hasta los pequeños artesanos que miran las máquinas con los ojos húmedos, calculando la cantidad de horas que hay que trabajar para poder pagarse un aparato de los que yo vendo (o trato de vender).
Si no fuera por ese desfile humano, la verdad es que las ferias comerciales serían acontecimientos tan condenables como las dictaduras con las que, de hecho, tienen muchas cosas en común. En las dictaduras y en las ferias reina una unanimidad forzada. También es omnipresente ese clima de alegría histérica que suele cercar a todos los gobernantes con ínfulas autoritarias, esa afirmación constante y machacona de que todo va perfectamente bien, esa sonrisa de dientes apretados, esa cortesía artificial. Para mí, observador incansable de los seres humanos, ha resultado tremendamente interesante el ver en acción a esa tribu errabunda de hombres entre los treinta y cinco y los cincuenta y cinco, que llevan pegado a la piel el aroma impersonal de las sábanas de los hoteles, y que portan invariablemente un sello de oro encajado en el dedo meñique. Una fauna a medias infantil y a medias cruel, que espía lo que hace la competencia, y que intenta desmoralizar al enemigo a base de tretas de patio de colegio.
Nuestra parcelita de moqueta limitaba al norte con una tribu de hermanas de Ofelia, la secretaria de Mortadelo y Filemón. Mujeres de muslos opulentos y tinte eléctrico, perpetuamente embutidas en minifaldas dos tallas más pequeñas de lo necesario, calzadas con botas de mosquetero hasta medio muslo. Al Oeste, limitábamos con el estand de Monsieur Sierra Mecánica. Un hombre tristón que comía durante horas y horas el mismo bocata de salchichón revenido y que intentaba colocar en Francia una sierra de carpintería vertical. Cada vez que tenía que hacer una demostración práctica, hacía temblar todo el pabellón. Y al este, limitábamos con Monsieur Conviviale, cuyo nombre se ignora hasta la fecha pero que, una vez a la hora, con la regularidad de un diapasón y acompañado por una música bakala, leía un texto en el que se explicaban las innúmeras cualidades de un armatoste de función indefinida, ante la atenta mirada del mismo grupo de curiosos que intentaba ver si , de una vez para otra, cometía algún error.
(El apodo viene de que al hablar del software que usaba su maquinita, el tipo en cuestión lo calificaba de Conviviale, pronunciando muchísimo esta palabra francesa de difícil traducción al español pero que vendría a ser algo como hospitalario. Un adjetivo que es, aún en francés, esa lengua a la que nada de lo repolludo le es ajeno, bastante rarito).
Los ejecutivos franceses se pueden clasificar en estratos. Entre los veinticinco y los treinta y cinco son de camisa blanca, pantalón negro pitillo y zapatos tipo chúpame la punta (unos zapatos cuyos ápices, en casos extremos de inseguridad a propósito de la longitud del propio pene, se curvan hacia arriba como babuchas orientales).
El segundo tramo de edad está formado por hombres con cara de obispo, gafitas de montura metálica plateada, melenas canas peinadas hacia atrás, boca de labios finos contraida en una mueca un tanto despreciativa y ausencia de corbata.
De las mujeres, apenas puedo hablar, porque nuestra feria, por ser de lo que era, estaba poblada mayoritariamente de especímenes masculinos. Las pocas que había iban todas de estricta gobernanta o de “Qué pasa: soy asexual como las amebas”, que es ese atuendo informe detrás del que se esconden feministas de segunda generación y las mujeres que hace tiempo que no creen en las promesas de amor.
Por último, una historieta: para los que no me conozcan personalmente ni en retrato: yo soy una persona de piel clara. O sea, que no respondo para nada al prototipo de español racial de ojos oscuros y piel morena (vaya, que en Sierra Morena no me hubiera comido un colín). Pues resulta que estaba yo tan campante haciendo kilómetros en mi cuadrado de moqueta con una taza de café en la mano, cuando, de pronto, se acerca a mí un gigantón procedente de Jordania y, levantando el puño en ademán de empotrármelo en la feis, me dice:
-¡Qué haces tú bebiendo! El ramadán todavía no se ha terminado.
Y es que las personas, señoras y señores, estamos muy mal de las cabezas.