Ivan Rebroff (fallecido hoy) cantando el Ave María en un programa del inefable Hansi Hinterseer (el angelico que sale al principio del vídeo). Este hombre, por lo que era famoso de verdad era por Kalinka, pero es que no lo he encontrado en el tubo. ´Vamos a hacer.

ÚLTIMAS NOTICIAS: Según fuentes de la ORF -o sea, el Zeit im Bild, que acabo de ver- ya han pillado al envenenador del Wachau, el que intentó cepillarse al burgermeister a base de Mon Cheris: era el dueño de un heuriger que quería vengarse de que no le hubieran dado la licencia para construir un hotel. De enfermos está el mundo lleno, vaya. En fin, ahora el post:

Tankes y Manifas

28 de Febrero.- Este fin de semana pasado ha habido graves disturbios en Viena, protagonizados por partidarios y detractores de la independencia de Kosovo.


Hay que aclarar que, en las calles de Viena, las manifestaciones son un hecho insólito. En los tres años que va a hacer que llevo aquí, yo sólo he visto dos. Y las dos, la verdad, daban un poco de penilla en comparación con las manifestaciones españolas. Y es que, señoras y señores, aceptémoslo: puestos a organizar protestas populares, como los españoles, nadie en este mundo.


Curiosamente, las dos manifestaciones que he visto no han sido organizadas por los nacionales, sino por extranjeros. Lo cual, también da un poco que pensar. Recién llegado aquí, vi en la Heldenplatz a unos pocos cientos de personas protestando por algo relacionado con las escuelas (creo que pedían clases en turco en los colegios). Y con ocasión de la cumbre iberoamericana, vi a un puñadito de personas manifestarse en la Maria Hilfestrasse a favor de Chavez y de la unión de los proletarios del mundo. Sudamericanos, en su mayoría; el resto, de talante abiertamente gafapasta pero austriacos. Todo muy pachanga. Comparada, ya digo, con la efervescencia del pueblo madrileño (que lo mismo te reivindica una familia tradicional que se te echa a la calle para protestar contra la guerra de Irak) los austriacos son de lo más reposado.


Por esta falta de costumbre, las imágenes de esos tipos de razas no homologadas y religiones sospechosas rompiendo escaparates y peleandose con la polizei han puesto la carne de pollo a más de uno y a más de dos. Incluso, el otro día, recibí un correo colectivo en el que se apelaba a la yihad, pero a la inversa. O sea, casi a una cruzada.


Junto a imágenes de unos manifestantes musulmanes radicales, frases en freoces letras azules en las que se alababa la actitud de Bush de ir contra la morisma y, con lenguaje inflamado, se nos conminaba a los occidentales a convertirnos en azote de los árabes al grito de ¡Santiago y cierra Austria!

Un horror.


A mí, la verdad es que el correito de marras me dio un bastante miedo porque, obviamente, no sería capaz de ser racista ni xenófogo (ni siquiera ignífugo). Y porque también pienso que el racismo siempre es una pistola cargada que puede volverse contra quienes la disparan. Porque, en este mundo de hoy, ya no hay más razas puras que las de los reyes y las reinas, que saben que tienen cola de cochinito porque sus abuelos se casaron entre primos para conservar los reinos unidos. Los demás...Vaya usted a saber. Y más en Austria, en donde, por situación geográfica, todo el mundo tiene un ciudadano de raza no homologada o religión sin identificar en el árbol genealógico. Húngaros, checos, croatas, serbios, ucranianos, franceses, alemanes, ortodoxos, católicos, musulmanes, pero no del todo, etcétera. El que esté libre de mestizaje, que tire la primera stein, amén.

OTRAS NOTICIAS:

-El austriaco Arnold Schwarzenegger ha recuperado el tanque que usó cuando hizo la mili en el ejército de su país. Según declaraciones de un representante suyo, "quiere disfrutarlo en un sitio privado" (A mí me ha sonado a fetichismo raro ¿No?)

-Javier Bardem, con el que guardo un considerable parecido, como todo el mundo sabe, ha declarado al diario alemán Berliner Zeitung: "Paco Bernal y yo nos parecemos en algo más: a los dos nos da miedo conducir, y bañarnos en el mar". Javier, hijo, hay informaciones sobre mí que casi mejor que no dieras, rey.


Odio los Uniformes
27 de Febrero.- Querida Ainara: es curioso comprobar cómo, con las semanas, estas cartas que te escribo se han convertido en una de las señas de identidad de este blog. Creo que es porque, desde el principio, pensé que la única manera de podernos comunicar a través de este medio tan artificial era decirte la verdad. Ser sincero en todo lo posible.
De cualquier manera, me siguen sorprendiendo las reacciones que mis conocidos y nuestros familiares tienen a propósito de estas cartas. Unos (tu abuela, por ejemplo) me reprochan a veces que son demasiado negras. Otros (un buen amigo, el otro día) que, más de una vez, se me pasa la mano con el almíbar. Posiblemente, los dos tienen razón.
La verdad, Ainara, es que, en todo en esta vida, pero más en esto de las letras, es bueno tener en cuenta las opiniones ajenas. También para relativizarlas. Lo que sostiene cualquier cosa artesanal (y un texto lo es) es la fe (acertada o no) que ha tenido el artesano a lo largo del proceso de su creación. La determinación de convertir lo que se escribe en algo propio. En una seña de identidad. En una expresión de lo que se considera más o menos cierto. Cualquier obra de esta clase es una afirmación del yo frente a la masa. Frente al impreciso y engañosamente homogéneo mundo de los otros.
Por eso para mí, Ainara, la escritura ha sido siempre un camino natural. Porque si hay algo que odio en esta vida es la uniformidad. Cualquier uniformidad. Los demás nos oponen un falso frente gris que nos hace pensar que nuestros compañeros de viaje son seres agrupables. En casos extremos de miopía, hay personas que son capaces de pensar que esa masa gris que constituyen “los otros” es recortable, incluso eliminable en alguna de sus partes. Como decía Harry Lime en El Tercer Hombre, piensan que los otros son solamente “puntitos que se mueven”.
Yo tenía un profesor que decía que “El hombre es un animal vago por naturaleza”. Y esta tendencia a cepillarse los matices, Ainara, a dividir el mundo en “nosotros” y “ellos”, no es más que una manifestación más de la pereza humana. También resulta cómoda para el poder, porque el ser humano es un bicho social que tiende a querer integrarse en estructuras más grandes que él. Cuando uno viste un uniforme (sea el que sea, y los hay para todos los gustos) se diluye su parte de responsabilidad individual. Amparado por la masa uno se siente valiente. También listo para obedecer.
La integración ciega en el grupo, Ainara, anula la conciencia, y perturba gravemente la percepción del valor ético de nuestras acciones. Con lo cual nuestra humanidad se vuelve de una calidad peor. El uniforme, físico o ideológico es, para el que es consciente de su insignificancia, el signo de su pertenencia a un grupo que puede sojuzgar a otros (o que aspira a hacerlo).
Soy consciente de ir en contra del signo de los tiempos, que piden polarización y tomas de partido, pero nada me espanta más que las militancias. Quizá porque para mí resulta antinatural comer en el pesebre ideológico de cualquier pirámide de mando, en la medida en que eso implica que, a cambio de tener el cerebro lleno de cómodas consignas, uno tiene que sacrificar la libertad de examinar con espíritu crítico lo que le proponen. Y también implica aceptar que, algún día, puede uno hacerse merecedor del castigo que implica la disidencia. El ejercicio de la legítima libertad del ser humano para pensar de los líderes y de sus acciones lo que le salga de la entrepierna. Llámense esos líderes como quieran. Sean del color que sean. Y aunque esos líderes nos sean simpáticos.
Me aterran los paraísos futuros con que las organizaciones políticas drogan a sus voceros. Lo mismo los que propone el paradigma neoliberal, que los de los nuevos socialismos emergentes. Sus representaciones me parecen groseras, ofensivas para mi inteligencia, inhumanas, acríticas en la mayoría de los casos. Servidoras del ansia de poder de estos o de aquellos.
Nuestro país, Ainara, es muy proclive a estas divisiones en bandos. Incluso, hemos acuñado un concepto que justifica nuestra guerra civil cíclica: las dos Españas. Una de ellas, Ainara, ha de helarte el corazón. Ya lo dijo un poeta nuestro que murió en el exilio. Aunque, si examinas cuidadosamente los mensajes que te mandan, te darás cuenta de que, en el fondo, las dos Españas no son tan diferentes. Es más: te darás cuenta de que, pese a las motos que intenten venderte, las dos Españas, los dos paradigmas (siempre hay dos) son uno y el mismo.
Besos de tu tío.

Como el artículo va de lo que va, aquí dejo una publicidad de Hermann Meier (Herminnator) en la que incluso habla castellano (!) ¿Quién habrá sido el traidor que se ha prestado a hacer de Sancho Panza?

¿Candidato A o Candidato B?

(El debate desde Austria)

Canta. Es el tiempo. Haremos danzar /al fino verso de rítmicos pies.

26 de Febrero.- Haciendo de tripas Herz me decido a ver El Debate. Me juran los presentadores de Telemadrid Internacional que será una Ocasión como los Siglos no vieron otra. Así pues, recojo la cocina, me pongo el pijama, me lavo los dientes como Casimiro (con mucha pastita y agua corriente) y me tumbo delante del televisor a ver lo que tienen que ofrecerme los dos candidatos, a ninguno de los cuales, lo adelanto ya, voy a votar por carecer de los medios burocráticos para ello.
Entra la señal única. Campo Vidal (qué mayor está este hombre) nos hace un guiño a los españoles residentes en el extranjero y nombra (tachán) a los que estamos “en Austria” (viva tu madre, Manuel Campo). Luego, con la fluidez y la dicción de quien ha conocido otros tiempos en televisión (unos tiempos sin “ejque” ,quiero decir) nos explica la mecánica del debate y le pide a los candidatos que “no hagan alusiones personales”. O sea, que no se llamen tonto, inútil, o gilipichis.
Suena el gong y empieza la cosa. Abre el candidato A.
Sus asesores le han dicho que tiene que mirar a cámara, y él lo hace muy disciplinadamente. Se ve a la legua que está como un flan. Se siente vendido y se le nota. A un lado de la cámara, o debajo, posiblemente, debe de haber un cronómetro, porque habla (se sabe de memoria lo que está diciendo) y mira constantemente a la periferia del trasto para averiguar el tiempo que le queda para soltar su discurso. Efecto: las pupilas le tiemblan. Da la impresión de que está muerto de miedo, el pobre mío. Y desde aquí lo digo: Candidato A, guapete, esto es la tele. Te está viendo España en primer plano. La gente está acostumbrada a ver a Patricia (la del diario de Patricia) o a Jorge Javier Vazquez. A Matias Prats. Incluso a ese viejecito tan simpático de “Saber vivir”. Gente que lee un teleprompter y nadie se da cuenta.
Manuel Campo Vidal corta al Candidato A antes del fin de su fervorín. Se siente un reproche mudo desde las filas de sus correligionarios.
Entra el Candidato B. Muchisimo más suelto (nada relaja más que el olor del miedo ajeno). Probablemente está mejor asesorado, por gente que ha visto programas de television más modernos que “Galas del sábado” con Laurita Valenzuela y Joaquín Prats.
Sabe ( El candidato A parece no saberlo) que da igual que tengas gráficos si, cuando los enseñas, nadie los ve. Por eso tiene mucho cuidado de apuntar el folio a la cámara. Para que la cámara (nosotros) lo veamos. Sabe que hay que ser muy buen actor para aprenderse un texto de memoria y que no parezca que eres la boca muda que pronuncia las palabras de la ley. Alguien listo también ha rebajado su forma de hablar. El candidato B no es hoy(sorprendentemente) el metrónomo que hace que escucharle pueda llegar a ser tan doloroso (Tatá Tatá Tatá más un sustantivo terminado en “daz”, suele ser la fórmula de sus frases). Su discurso es menos robótico, más fluido (de lo habitual, quiero decir, porque la cabra siempre tira al monte).
Por lo demás: contenido: cero. En ese aspecto el dizque debate es indignante. Llega un momento en el que los dos se parecen a esa historia que cuenta mi padre. Dos tarascas de su pueblo se peleaban un día. La hija de una, le dice a su madre:


-Madre, madre, llámele usted puta antes de que ella se lo llame a usted.


A mí, como persona humana, me desconcierta que los turnos estén regulados al segundo. Entonces,¿Para qué quieren un moderador? ¿Porque un programa sin presentador es demasiado moderno? ¿Por qué no se hablan? ¿Por qué sueltan su rollo por turnos? ¿Por qué no se rebaten los argumentos? Un debate, en mis tiempos, era un diálogo de personas que discutían. Aquí, en contandos momentos, hay intercambios. Los dos están hablando para su parroquia (o su trinchera). O sea, es como hacer el amor con un cronómetro.
Descorazonado, decido irme a la cama. Me acuerdo de Kiko Veneno:
“Entre nosotros, un muro de metacrilato/no nos deja olernos, ni saborearnos”

(NOTA: Tras escribir este texto y al objeto de contrastar un poco mis opiniones, me he dado una vuelta por los periódicos nacionales onláin. Me han divertido sobremanera los ditirámbicos elogios a cada uno de los candidatos, dependiendo de quién paga la rotativa en cada caso; de estos elogios he sacado la conclusión de que a mí Telemadrid me engañó y me puso un programa con dos imitadores; leyendo los textos uno se imaginaba graciosas fintas dialécticas, inteligentes réplicas, en vez del páramo desolador y machacón que hubo ayer: dos monólogos. Dos Españas. Un mismo aburrimiento: un mismo peligro)

La familia Bardem (Javier, Pilar y Carlos) anoche, en la alfombra roja.
Wir haben gewonnen

25 de febrero.- La noche de los Oscar ha tenido un indudable sabor hispano-austriaco. Javier Bardem se ha llevado el Oscar al mejor actor por "No es país para viejos"(No country for old men), confirmando así lo que ya todos sabíamos: que es un actor a la altura de los más grandes. Y Penélope Cruz ha entregado el premio a la mejor película de habla no inglesa que ha ganado la peli austriaca Los Falsificadores. Una noche redonda. Lástima que Almodóvar no compitiese con nada, joé.


Bardem con su Oscar (Foto: EL MUNDO/EFE)

Laxemburg

24 de febrero.- Algunas fotos del parque de Laxemburg en donde he estado hoy. Las hojas verdes son las primeras de Bärlauch que he visto este año !La primavera está aquí!

Girasoles (foto del A.)
Ocho cosas que hacer antes de mo...de pal...digoooo: ocho cosas que hacer, vaya
viviendo en esta humana sepultura /engañar el pesar es mi contento

23 de Febrero.- A sugerencia de Rafa Barceló, el mexicano audaz, me meto en el berenjenal de intentar apuntar ocho cosas que quisiera hacer antes de que ocurra el lamentable suceso de mi fallecimiento (toquemos madera).
La verdad es que tengo que decir que el tema me ha dado que pensar. Me ha costado mucho encontrar 8 deseos. Porque me he dado cuenta, señoras y señores, de que tengo pocos deseos que no haya cumplido. No sé si es buena o mala señal, la verdad. ¿Seré un muermo?
He aquí mis conclusiones, de todas maneras. Antes de palmar, y no necesariamente por este orden, me gustaría:

1.- Volver a hacer teatro, volver a hacer teatro y volver a hacer teatro: recuerdo haber hecho pocas cosas tan gratificantes como ponerme delante de un público.

2.- Me gustaría dar un(os) concierto(s): O sea, me gustaría ponerme en el proceso de elegir una serie de canciones que me gusten, encontrar un pianista que me quisiera acompañar, ensayar y cantarlas delante de un público que hubiera pagado por escucharme (bueno, esto no es una condición sine qua non). Aunque no tengo muy claro que esto no se encuadre en el punto 1, pero bueno. Hasta ahora me he quitado el gusanillo cantando delante de la familia y de los amigos, pero queda siempre la duda de si te dicen que lo haces bien porque no pueden decirte “Anda, majo,ya te llamaremos: vete por la sombrita, chaval”.

3.-Me gustaría viajar a Moscú o, en cualquier caso, a una ciudad en la que haga mucho frío. Desde que vivo aquí el hielo y los países escandinavos me producen enorme curiosidad.

4.- Aprender a coser. El hecho de que haya gente capaz de coger una superficie, cortarla, unir los trozos y hacer camisas, me ha parecido siempre milagroso.

5.- Comprarme una cámara réflex (si hay algún alma generosa que está leyendo esto y no puede contener su admiración, ya sabe lo que más me haría feliz). Ah, y trabajar usándola haciendo retratos. Me fascina fotografiar a los seres humanos.

6.- Esta estaría que te cagas: estudiar como estudiaba antes de la universidad: por placer. Una cosa que me gustase de verdad. Odié mi carrera con todas mis fuerzas (entre otras cosas, porque la elegí con la cabeza y el corazón no tuvo nada que ver) y me gustaría estudiar cosas para las que, de verdad, creo que estoy capacitado: una filología, psicología, ciencias de la información...No descarto hacerlo próximamente.

7.- Me gustaría formar a mi alrededor una comunidad de personas con intereses parecidos a los míos. Gente creativa y, sobre todo, con mucho sentido del humor. Me gustaría crear con ellos una fundación, lo que los americanos llaman un Think Tank Pero no de politica. Con ideas que, de verdad, hagan la vida más agradable. Este creo que es mi deseo más imposible.

8.- Me gustaría aprender algún arte marcial. Por ejemplo, judo.

¡Uf! Ya está.
Invito a todos los que lean este post a hacer el mismo ejercicio.

PS: Añado el punto 8.1. Me gustaría conseguir que todos los lectores de este blog me dejen comentarios al pasar. Me mola el feedback. Este es un deseo fácil de conseguir. ¿O no?

Vista desde el tren (foto del autor)
Pegada de Carteles
23 de Febrero.- En España, ha empezado la campaña electoral. En principio, discutir la política española cae fuera de los objetivos de este blog. Sin embargo, este artículo, aparecido antes de ayer en Le Monde, me ha parecido suficientemente interesante como para proponerlo como materia de reflexión. Este artículo ejemplifica cómo nos ven desde fuera, y cómo la política española de los últimos 15 años ha fracasado en resolver de una manera eficiente los problemas de la gente. Se titula "La vida sin red de una familia española de "nivel medio" en un estado social débil" y, en mi opinión, podría subtitularse "Desventuras de unos pijos"(Porque, seamos realistas, la mayoría de las familias españolas no viven con tresmil y pico euros). La familia escogida por el articulista no es, precisamente, una familia media española pero da una idea de cómo se vive en España y de cómo les escandaliza a nuestros vecinos europeos esa manera de vida.
La traducción es mía, por cierto.
LA VIDA SIN RED DE UNA FAMILIA ESPAÑOLA DE « NIVEL MEDIO” EN UN ESTADO DE BIENESTAR DÉBIL

MADRID CORRESPONSAL

Una tasa de recaudación débil (37% del producto interior bruto), los gastos sociales más modestos de la zona euro (20,3% del PIB) a excepción de Irlanda –seis puntos por detrás de la media de la Unión Europea (26,2%), salarios bajos: casi insensible a los cambios de gobierno, el modelo español hace caso omiso del fuerte crecimiento de los últimos quince años.
Rosa Márquez y Jorge Heras, 41 años, tres hijos de 10,8 y 5 años, se encuadran dentro de las clases medias, “Nivel Medio”, afirma Jorge. Son, respectivamente, médico y abogado. “En los Estados Unidos, seríamos millonarios”, bromea Rosa. Pero no en España. Y a pesar de los nubarrones actuales sobre el crecimiento, y a pesar de la proximidad de las elecciones del 9 de marzo, nadie cuestiona el modelo.
Los ingresos de Jorge han aumentado más de una cuarta parte desde que, hace un año, dejó el bufete de abogados en donde trabajaba como asociado especializado en contenciosos relacionados con la construcción, para incorporarse a la cámara profesional de los arquitectos técnicos. Percibe 2475 euros netos, en catorce pagas, mas 3000 euros al mes de “prima de productividad”. De sus 3200 euros brutos mensuales, su empleador retiene 579 euros de IRPF y 190 euros de cargas sociales. Los hijos no dan derecho a deducciones sobre el IRPF, pero dan derecho a una deducción sobre la base imponible.
Como muchos médicos españoles, Rosa es asalariada de una compañía privada de seguros médicos. Trabaja en un servicio de urgencias a domicilio. Su media jornada le aporta 1100 euros netos al mes -182 euros le son retenidos en concepto de IRPF- en catorce pagas, como es el caso general en España. Recibe también una prima de 3000 euros al año.
Los ingresos de la pareja están por encima de la media en España, en donde los salarios inferiores a mil euros están muy extendidos. Según los cálculos del Instituto Nacional de Estadística, el salario medio es de 1608,06 euros brutos al mes, de 1909,08 euros en la región de madrid, con una red social poco generosa.
La compañía de seguros para la que trabaja Rosa, como otras, ofrece servicios que sustituyen a los de la seguridad social para aquellos que tienen los medios de pagar una prima suplementaria. “Las listas de espera para las consultas y las pruebas son bastante inferiores a los del sistema público, el acceso a los especialistas no está condicionado por el paso a través del médico de familia. Prácticamente todos los miembros de la clase media tienen un seguro privado”, explica Rosa.
Asalariada de la compañía, paga por ella y por sus hijos (Jorge tiene su seguro propio) una prima reducida a la mitad, que se eleva a 100 euros al mes. No mucho más que por la seguridad social, la mutua sólo cubre los gastos del dentista y de la óptica.
Los tres hijos van a una escuela pública, como a penas la mitad de los alumnos de la región de Madrid, en donde las escuelas privadas concertadas escolarizan a la cuarta parte de los niños españoles ,y privadas (de pago, un 7%) son más demandadas que en otros lugares.
No hay problemas sociales en este barrio. Los dos hemos ido a esta escuela”, explica Rosa.
Los libros y el material escolar están a cargo de las familias. Desde la primaria, libros y cuadernos obligatorios cuestan entre 80 y 100 euros. Los padres menos favorecidos tienen derecho a becas.
Incluso con tres hijos, la familia no tiene derecho a ayudas estatales. Estas ayudas no existen más que para los hogares donde los ingresos son inferiores a 11000 euros al año. La prestación asciende a 24,25 euros por mes e hijo. La seguridad social da también 100 euros al mes a las madres de hijos menores de tres años, si trabajan. “Como es reciente, no hemos tenido derecho más que a un año de ayudas, por nuestro hijo pequeño”, cuenta Rosa. En España, las mujeres tienen 1,37 hijos de media.
Las guarderías públicas son raras y reservadas a las familias más desfavorecidas. Para tener acceso a un jardín de infancia privado en Madrid hay que contar con 450 euros por mes y niño, más unos derechos de inscripción de 200 euros. No existe ninguna ayuda para el cuidado de niños a domicilio. La mayor parte de las familias que pueden hacerlo, acuden a los abuelos.
La familia desempeña un gran papel de protección social en España”, resume Jorge. La suya ha contribuido de manera decisiva a su bienestar: regalo inestimable en un país donde el pago de las hipotecas estructura la economía doméstica –el 85% de las familias son propietarias de su vivienda-; los padres de Jorge les han dado un piso de 100 metros cuadrados en donde viven, en un barrio tranquilo de la periferia de Madrid. Pagan 200 euros al año de impuestos.
foto: blog hoy cinema
Solución al concursete mensual & Consejos para extranjeros
Cada poema un pájaro que huye/del sitio señalado por la plaga

21.- Queridos amigos: muchas gracias por la enorme participación en este concursete. Esta vez el premio vuela hasta el sur de Madrid, en donde C., como todos los participantes, ha averiguado que los textos propuestos son los estribillos de “Como una ola”, de Manuel Alejandro y Ana Magdalena (que popularizó Rocío Jurado) y “Corazón Contento” de Palito Ortega, que Marisol hizo conocida.
Su sagacidad le ha hecho merecedor de un bonito obsequio de la ciudad de los valses.
Con este concursete he querido ilustrar un poco cómo se siente una persona que llega a estos países de habla extraña. Mientras vas enterándote un pelín de lo que se cuece, tienes que apañarte uniendo los puntos. O sea, de cada frase entiendes dos o tres palabras (a veces no las más importantes) y, sobre eso, tienes que reconstruir el significado de lo que te están diciendo.
Esto convierte cada conversación en una ruleta rusa de imprevisibles consecuencias, y más si se trata de una conversación del ámbito laboral, en la que el lenguaje es especializado y muy preciso.
De todas formas, para cualquiera que se encuentre en la situación en la que yo me encontré a partir de Octubre de 2005, quisiera dar algunas pautas:

a) Sonríe siempre: la comunicación no verbal es clave cuando la otra falla.

b) Apúntate a un curso de alemán. Aunque sólo sea por tu salud mental. Yo lo intenté por las bravas confiando en que tengo cierto oído para los idiomas. Y, aunque gracias a Dios, el oido no me ha fallado, como decía la flamenca: pa´mí se quedan los primeros seis meses que yo pasé aquí. Apuntarse a un curso: reconocer que uno no puede solo, pero con amigos sí, es el primer paso para ahorrarse meses de estar papando moscas, con la frustración que eso conlleva.

c) Si puedes, búscate amistades aborígenes. Todo son ventajas.

d) Aunque, como decía aquel, la lengua alemana te parezca “Molto bruta per cantare” y cada vez que alguien levante la voz te venga a la memoria un célebre dictador de infausto recuerdo, aprende a amar este idioma, que es el de tu nueva casa, porque es el vehículo que las madres utilizan para comunicarse con sus hijos, y el medio por el que los aborígenes se dirigen palabras de amor. Sí: aunque sólo sea por estos argumentos tan cursis. Además: el alemán puede ser bello y sonoro, y la exacta arquitectura de su gramática lo hace uno de los patrimonios de la Humanidad. Y aunque haya hablantes autóctonos que insistan en enguarrinarlo embutiendo en las frases hororosas palabras en inglés, tú trata por todos los medios de conocer nuevas expresiones cada día, de mejorar en tu pronunciación, empéñate en comprender el sentido del humor y el genio de la lengua. En serio: el amor por las palabras es el camino de tu supervivencia en este país.

e) A lo largo del proceso tendrás momentos en que estarás hasta las pelotas de la puta jerigonza esta que no hay un Dios que entienda. Sobre todo, cuando te topes con algún aborígen imbécil (que, aunque pocos, los hay) que te hable sin considerar tu minusvalía lingüistica. Qué te voy a decir: procura desoír esos cantos de sirena que sólo conducen a la frustración. Intenta acordarte de todas las personas que te hablan despacio, intentando pronunciar en hoch deutsch para que les entiendas. Te hará la vida más fácil y quizá te salve de una molesta úlcera estomacal.

f) Pasa de la vergüenza, ese equipaje inútil. Y aunque para decir que hace bochorno (Schwül) aludas a los gays (Schwul) a ti, plín, ni falta que te importa. Aprende a reirte de tí mismo y a recordarte que eres un extranjero (y, además, procura explicárselo a la gente con naturalidad para que sepan a qué atenerse desde el primer momento).

g) Huye del inglés como de la peste. No porque la lengua de Shakespeare, Churchill y Lord Byron tenga nada de malo, sino porque te impedirá aprender alemán. Incluso, puedes llegar a hacerte la composición de lugar (como les ha pasado a muchos) de que hablando sólo en inglés puedes manejarte. It´s an ilusion, beibe. Aunque sólo sea porque, si te critican te enteres, y si alguien intenta engañarte, te cosques, aprende alemán. Por instinto de protección. Sin hablar el idioma vivirás siempre en una isla artificial, en un gheto reservado para los que, estando en condiciones de adquirir el producto original, se han conformado con la imitación.

h) Y sobre todo, recuerda siempre tus orígenes. Los aborígenes te lo agradecerán y te abrirán sus puertas. El aire del sur es un patrimonio que resplandece dentro de ti. Tienes caderas y las moverás con la música cuando bailes. Te importará tres pitos reirte y expresar tus sentimientos espontáneamente. Cantarás mientras haces las cosas de casa sin necesidad de estar borracho como una cuba. Serás feurig y temperamental y ellos te mirarán con envidia.

O sea: tendrás lo mejor de los dos mundos.
Cuidado con los perros

20 de Febrero.- Mi querida niña: a veces, releo estas cartas y, tras hacerlo, me entran dudas a propósito de la conveniencia de escribirlas ¿No estaremos, tú y yo, haciendo trampas? O, lo que es peor: ¿No estaré haciéndote mal cuando lo que pretendo es hacerte un favor?
Porque, Ainara, ¿Qué es una persona que no ha cometido errores? ¿Qué recursos puede tener alguien que siempre ha ido por el camino derecho, ha cogido mesuradamente lo que pensaba que le correspondía, o lo que le daban, no ha traspasado ningún límite, no ha cometido actos absurdos? En otras palabras: hacer trastadas de vez en cuando, darse tortazos, rasparse las rodillas y los codos contra el cemento de la vida, ¿No es un componente fundamental de la felicidad?
Yo, Ainara, fui un niño demasiado bueno y, a veces, me arrepiento. Supongo que dentro de mí estaba cierto cariño innato por la justicia y la equidad, cierta conciencia de la propia debilidad ante la irracionalidad ajena y, por qué no, un nada despreciable deseo de agradar. Sólo una persona que se siente vulnerable comprende la enorme importancia de que se respeten los convenios, los códigos, los honrados límites que hacen posible la convivencia. El fuerte da un puñetazo encima de la mesa, rompe los papeles, provoca miedo, demuestra su poder a través del dolor que es capaz de causar en los otros. No necesita convencer.
El débil se las tiene que arreglar con lo que Dios le ha puesto en el cráneo.
Hay cosas, Ainara, que se aprenden indefectiblemente en la infancia, o no se aprenden nunca más en la vida. Y yo dejé de aprender a saltarme los límites. Esto ha hecho que sea un adulto minusválido frente a algunas situaciones pero, sobre todo, frente a algunas personas. No me importa reconocerlo, aunque no esté orgulloso de que sea así. Son las cartas con las que juego y, supongo que, aunque soy joven aún, no está ya en mi mano cambiarlas.
Con el tiempo, he aprendido a reconocer a esas personas ante las que estoy indefenso, lo mismo que ellas han aguzado su instinto para conocer entre la multitud a los tipos como yo. Se trata de indivíduos que son capaces de oler la necesidad que tenemos de aferrarnos a unas pautas que aseguren que nadie saldrá herido de un conflicto de intereses. Personas que saben que, una vez dadas esas reglas, nunca nos saldremos de ellas porque no podemos, y convierten esa situación en una ventaja a su favor. Son personas que transforman sus relaciones con los demás en una superficie resbaladiza, ambigua y grasienta en la que siempre hay un boxeador que pelea con las manos atadas a la espalda (y nunca son ellos).
Desde mi primera adolescencia mi actitud ante este tipo de personas ha ido cambiando. Al principio, intentaba demostrarme a mí mismo que mi sentido común me engañaba, y me dejaba atrapar sin lucha. Repelido y fascinado a la vez por los pegajosos tentáculos de aquellas personas, como el astrofísico que se enfrenta a una anomalía gravitatoria cuya existencia había creido imposible. Después, los golpes, el conocimiento de mi propia ceguera y de mi propia incapacidad de luchar con sus armas, me forzaron a establecer determinados límites defensivos que, aún hoy, siento como cosas ajenas a mí, como prótesis adquiridas para suplir un miembro que me falta de nacimiento.
Espero, Ainara, que leas esta carta cuando tengas la edad suficiente, y que no la interpretes como una invitación a pasearte a lo loco por el lado salvaje de la vida. No lo es. Pero sí es una advertencia para que tengas presente el ejemplo de tu tío. Procura hacer alguna insensatez de vez en cuando, permítete ser imprevisible, que en tu vida haya un ramalazo de locura que te permita huir del objetivo inalcanzable de querer agradar a todo el mundo. Y sobre todo guárdate, Ainara, aprende a estar alerta ante los individuos untuosos y sonrientes que intenten atarte una mano a la espalda para que te veas forzada a luchar en inferioridad de condiciones.
Sé lista, Ainara. Corre. Quiérete. Protégete.
Mil besos de tu tío,

Johannes Hesters en 1930, el día de su primera boda
Un señor muy viejo con una pajarita muy grande

19 de Febrero.- En un país tan alérgico a las novedades como es este que me acoge, resulta de lo más natural que siga en activo el que sin duda es el cantante más viejo del mundo.
Me estoy refiriendo a Johannes (Jopie) Hesters quien, a los 104 años de su edad, sigue cantando (o intentando que, al hacerlo, no le salga disparada la dentadura postiza).
Johannes Hesters nació en Holanda en 1903, vástago de una familia en la que la longevidad es un atributo que se da por supuesto igual que el color del pelo (Hesters presume de haber tenido un abuelo que llegó a la matusalénica edad de 108 años). Hizo su debut en los escenarios vieneses a principios de los años treinta, cuando más o menos tenía la misma edad que el siglo. En la convulsa Europa de aquel tiempo, Jopie Hesters no tardó en llamar la atención de los estudios UFA que, bajo el control del nazismo, aspiraban a construir un starsystem alternativo al hollywoodiense fichando para ello a quien hiciera falta (no sin antes mirarles el libro de familia, no fuera a ser que tuvieran antepasados hebreos).
Hesters siguió así el camino de Marika Rökk (Polaca, creo) y de Zarah Leander, la misteriosa diva nórdica que, gracias a su belleza y a su voz gutural (tan del gusto de los nacionales) fue catapultada al olimpo de las estrellas del cinema nazi (a pesar de no serlo ella misma).
Nuestro amigo se convirtió pronto en un nombre conocido del mundo del espectáculo nacionalsocialista pero tuvo el tacto de protagonizar películas lo suficientemente intrascendentes (tontainas) como para que no le implicasen políticamente (le ayudaba a esto, también, que las operetas no se suelen meter en profundidades, las cosas como son). También hizo musicales de precisión militar capitaneados por la gimnástica Marika Rökk –a la que dicen las malas lenguas que no le faltaba más que la escoba-.
Como otras estrellas del espectáculo germanoparlante, el insumergible Hesters atravesó la aduana de la victoria aliada con su sonrisa profident y sus melífluos gorgoritos y, para principios de los cincuenta, ya estaba haciendo nuevas películas que se desarrollaban bajo almendros en flor (a pesar de que, según dicen las mismas lenguas que ponen a escurrir a Marika Rökk, Hesters fue de estrella invitada al campo de Dachau).
En los sesenta (a los sesenta y tantos o sea, en su juventud,como quien dice) decidió retirarse del cine y se entregó a la naciente televisión y a sus apariciones en persona. Fue un habitual en programas de sábado noche como el de Peter Alexander, con quien compartió varias veces escenario (una de ellas con la indespeinable Anne Liese Rothemberger, diva a su vez de la opereta y cliente de Lacas Nelly hasta unos extremos patológicos).
Tras enviudar de su primera esposa, Hesters se volvió a casar con una mujer mucho más joven que él y hoy le viven dos hijas ancianas que no se sabe si habrán heredado la fortaleza de su padre.
A finales del año pasado, Hesters se dio un trastazo en su residencia y se rompió dos costillas, de resultas de lo cual cogió una infección. Pensando que perdían a su recordman mundial de la opereta, los austriacos siguieron con atención las novedades a propósito de la evolución del cantante favorito de la edad madura. Incluso el médico que le trataba se vio en la obligación de dar una rueda de prensa para admitir, perplejo, que:

-Salvo el tema de las costillas, Herr Hesters está como una rosa.

Todos pensábamos ya que Hesters había inicidado la cuesta abajo definitiva cuando hete aquí que ayer leí en el Heute y en el español 20 Minutos (!) que Hesters estaba dando un concierto en su país natal envuelto en fuertes medidas de seguridad porque sus compatriotas no le perdonaban haber tenido su momento de esplendor bajo la bota hitleriana.
El 20 Minutos le llamaba “Cabaretero nazi” con una falta de solvencia total y porque, supongo, querían evocar el dudoso universo del Salón Kitty. Pero no hay tal. Johannes Hesters ha sido siempre un hombre dado a lo superficial y lo postizo (y no lo digo por sus piños). A esa variedad casi bárbara del autocontrol que consiste en mantener la sonrisa cueste lo que cueste. Aunque sea falsa.
Johannes Hesters antes de ayer



Al final del resplandor(*)


Tengo miedo, Señor, pero no de la noche,/ tampoco de la sombra, menos de la tiniebla


18 de Febrero.- ATENCIÓN: ESTE POST CONTIENE SPOILERS DE LA PELÍCULA “EL ORFANATO”.
Como uno es un ciudadano responsable, y la economía nacional es lo primero, ayer hice de tripas corazón y me fui a ver El Orfanato. Una peli que, en condiciones normales, yo no hubiera ido a ver. A pesar de la presencia de Belén Rueda y de Geraldine Chaplin, dos actrices (particularmente la segunda) que me caen bien además como personas.
La sala estaba a medio llenar. Público adolescente de dialecto y rayos UVA abrasadores (esto, para quien haya transitado por estas calles, ya indica un medio socio-cultural cercano al de aquel Yoyas que se encerró en una casa para que le grabaran twentyfourseven). Tráileres de pelis de serie B en plan “El ataque de las langostas gigantes asesinas” y por ese palo.
Empieza la película. Primer pensamiento, una vez vencida la extrañeza de ver a la presentadora del VIP guay hablando en alemán:
-¿Esta chica ha tenido tanto pecho siempre? ¿Las dos morcillas esas que tiene por labios son suyas?
Belén Rueda se pasa toda la película vistiendo un modelo pantalón de estar por casa marca Carrefour a juego con camiseta de tirantes blanca modelo “ya que me he gastado en tunearme la personalidad tengo que amortizar la inversión” . O sea, como para un anuncio de Puleva. En momentos en los que hace fresco en la peli, estos básicos están combinados con una chaqueta larga de punto canalé MangoZara que ayuda a disimular que, incluso para los traseros de las presentadoras pizpiretas, el tiempo no pasa en balde.
Seguimos. Aspecto visual del flín raro. Porque se pretende que no parezca “ español “(o sea, no hay la acostumbrada iluminación de quirófano tan querida para Garci, por ejemplo) pero tampoco se consigue del todo que el tema aparente ser americano. Para mis lectores españoles, la cosa termina asemejándose un poco a aquellas pelis de Dario Argento que Tele 5 ponía en sus principios para amortizar el catálogo de flines europeos.
Belén va de persona torturada y nos enseña sus ojeras, que es lo que hacen todas las actrices que pretenden que nos olvidemos de que tienen un físico televisivo y, por lo tanto, pop. Belén es visitada por una señora que le entrega un expediente de su hijo (¿Cómo ha conseguido el expediente? ¿De dónde viene esa señora?). Belén y su hijo tienen una conversación sobre Wendy y los niños perdidos.


-¿Y tú qué edad tienes mamá? –pregunta el niño.
-Treinta y siete –contesta Belén.


“En canal” (piensa el público que ha visto, porque el director se las ha enseñado, las manos de Belén tocando un piano, y parecen las de un estibador del puerto de Pasajes).
La peli tarda en arrancar. Uno de los nudos de la trama, ATENCIÓN ESPOILER la desaparición del niño, pasa en una fiesta llena de gente. Esta gente ve a Belén rueda corriendo como una loca detrás de niños con síndrome de Down y no reacciona. Esta gente ve que Belén Rueda sale con un dedo machacado goteando sangre y piensan que es lo más normal del mundo. O sea, que siguen comiendo sandwiches de paté La Piara como si tal cosa. El niño desaparece, la Guardia Civil hace su aparición. Belén y su marido (uno de esos actores que podría salir de extra en las matrimoniadas de Moreno, insulsito) se apuntan a un grupo de terapia. Por casualidad, encuentran a la señora anciana del expediente. Casualmente, ATENCIÓN ESPOILER la mata una ambulancia antes de que pueda hablar (Lo cual le evita dar al guionista chapucero alguna que otra explicación). Aparecen pelícuas de superocho de manera muy oportuna. Viene una Medium (Geraldine Chaplin) que contacta con unos niños que hacen de las suyas...Aparece un niño fantasma en un pasillo. No dice nada.
¿Influencias? ¿Plagios? Todos. “Al final de la escalera” de Peter Medak (secuencias copiadas plano por plano), “El resplandor” de Stanley Kubrick.
¿Cabos sueltos? ¿Chapuzas? Todas también. ATENCIÓN ESPOILER La más grave: Belén Rueda encuentra una puerta empapelada a través de la cual su hijo ha pasado casi un año antes. ¿Cómo lo hizo? ¿El chaval tenía superpoderes? ¿Le ayudaron sus amiguitos fantasmas?
Aún así, venga, vamos a decir cosas buenas: Geraldine Chaplin, aunque lo que tiene que decir no tenga ni pies ni cabeza, salva la situación con las tablas que tiene y a base de ruidos tenebrosos (es una señora superluminosa, como su padre: capacidad de dar miedo por sí misma, cero patatero). Belén Rueda, aunque lo que tiene que decir (y lo que tiene que hacer), no tenga ni pies ni cabeza, salva la situación a base de sinceridad (yo pienso que es una actriz muy competente a la que su pasado televisivo y sus instencia en recauchutarse le ha perjudicado más que le ha ayudado); el aspecto técnico (aunque nadie pueda creerse que una casa como la que sale en la película esté en algún lugar de España, sobre todo teniendo en cuenta esos interiores victorianos que la aproximan peligrosamente al gótico californiano de Psicosis). Otro aspecto bueno: por fin el cine español ha conseguido producir películas de videoclub. Eso, da un nivel. En fin, un buen intento que estaba pidiendo a gritos un guionista competente.
Seguiremos buscando.

(*)Por cierto, el trailer americano es mucho mejor que el español

Almodovariana
17 de Febrero.- A veces, en los recovecos de las conversaciones, surgen recuerdos, frases, cosas que uno piensa que había perdido, pero que encuentra de pronto, como ese Euro que aparece de repente en un bolsillo y que te alegra el día. Ayer, durante una conversación, empezaron a salir escenas de Almodóvar de la chistera del recuerdo. Como hoy es domingo y toca vídeos, y coincidiendo con que Almodóvar rueda una película, aquí dejo algunos de tus momentos favoritos de la filmografía del machego más universal (con permiso de Sara Montiel, of course)
El monólogo de la Agrado en todo sobre mi madre:




Chus lampreave en "La Flor de mi secreto"



El modelito de la señora



Volver, a volver:

Jetz im Kino

16 de Febrero.- Pues ha sido hoy abrir el Kurier (periódico) buscando un flin para ver por la tarde y....


Hasta la misma Belén Rueda....
Una escena de la obra "Rey y Rey" (Foto: EL PAIS)
Cuando un príncipe, de repente, le regala flores (a otro príncipe)
Sangre vertió tu boca soberana, /porque, roja victoria, amaneciese /llanto al clavel y risa a la mañana.

15 de Febrero.- La noticia: según el periódico español El País, la sociedad vienesa se encuentra escandalizada por el estreno de una obra para niños que se llama Rey y Rey. Para los que comprendan la lengua vernácula, aquí pueden ver la página oficial del teatro. Esta obra trata de un príncipe que se enamora de otro chico. Como el amor es recíproco, los dos contraen matrimonio y viven felices y comen perdices.
La obra ha sido producida con capital público por la municipalidad de Viena a través de un organismo antidiscriminación y pretende, según la concejala competente, enseñar a los chiquillos que lo de discriminar a las personas por su orientación sexual está feo.
Hasta ahí fenomenal.
Sin embargo, en estas cosas no siempre llueve a gusto de todos, claro. Y como siempre, desde el lado más salvaje de la política austriaca se han oido las voces que claman al cielo. El señor Eduard Schok, delegado del ultraconservador FPÖ (el partido de nuestro entretenidísimo Heinz Christian Strache) ha dicho que el estreno de la obra, con capital público, supone (y cito de El País) “entrar por la puerta trasera para hacer apetecible la homosexualidad”(!) . Y, sudoroso, aún ha dicho más:

-Los socialdemócratas intentan destruir la familia como base de la sociedad.

Quién hubiera dicho que una obra para niños pueda ser tan peligrosa. Toma jeroma.
Así pues, ¿Cual es la postura de los austriacos con respecto a la homosexualidad?
Como la cosa va de cuentos, también contaremos nosotros uno.

Érase una vez que se era un pequeño país llamado Austria, gobernado por un partido muy conservador llamado ÖVP, capitaneado por un señor bastante soso llamado Wolfgang Schüssel. En la oposición había un partido que, cada vez que podía, le decía al señor soso:

-Tiene usted que permitir que los homosexuales se casen. La Unión Europea ha recomendado a todos los estados que igualen los derechos de los gays y de los heteros.

Al escuchar esto, el señor Schüssel se ponía un poco más pálido que de costumbre, miraba al suelo y se entretenía en contarle a los señores de la oposición cierta teoría hortofrutícola a propósito de peras y manzanas y de mezclar peras y manzanas y tal. Mientras lo hacía, pensaba:

-¡Omeingot! ¿Cómo lo hará Ana Botellen, que le sale tan bien? Yo siempre me lío...Joé.

A todo esto, llegaron las elecciones al pequeño reino. Y los chicos de la oposición dijeron:

-Ciudadanos (gays, sobre todo) si nos votáis, pondremos a Austria en la vanguardia de los derechos civiles. Austria, vuestro pequeño país, entrará en el exclusivo club de los países avanzados, como Holanda, como la España de ese...de cómo se llama...de...

Schumacher! –gritaba alguien entre el público.

-Eso quería decir yo exactamente: Zapatero. Ese chico tan majo que ha hecho que España, ese sitio a donde todos vamos de vacaciones, por fin salga en los periódicos por algo más que por sus playas y su paela.

-¡Se dice Paella, joé, con Yot!

Y contestaba el político:

-Ya nos salió un purista, leches.

En fin.
Llegó el día de la votación, y todos los gays de Austria acudieron con sus parejas a votar (algunos, también con sus niños, que habían adoptado en secreto o tenido de sus relaciones heterosexuales). Y (casi) todos votaron a los chicos de la socialdemocracia (o sea, a los defensores de la igualación de derechos).
Pero hete aquí que, al salir los resultados de las elecciones, se publicó que había sucedido un hecho lamentable: a pesar de todos los esfuerzos de los chicos de la izquierda, a pesar de las esperanzas y de los cruces de dedos de todos los gays de Austria, se había producido un empate técnico. El país debería ser gobernado por una gran coalición. El señor soso y pálido del principio ya no gobernaba, pero casi daba igual: todas las medidas que la socialdemocracia quisiera tomar, tendrían que pasar por el cuello de botella de los conservadores. Que ya se sabe lo apegados que estaban a las frutas y las verduras. A pesar de lo cual, los gays no perdieron las esperanzas. Durante los primeros tiempos de la gran coalición, los socialdemócratas intentaron cumplir su promesa, es verdad. Incluso, empezaron a aparecer, tímidamente, programas en la televisión en los que salían parejas homosexuales con niños. Unas parejas de chicos majísimos y de chicas majísimas a los que sus vecinos idolatraban. Incluso señoras mayores que decían a cámara:

-Pues mis vecinos los mariquit...Digo los gays, son unos padres fantásticos. Nadie diría que son gays ni nada, oyes.

A pesar de lo cual, los conservadores no se ablandaron. Incluso le mandaron a la señora del reportaje una caja de Mon Cherís.
(Tranquilos que ella los tiró a la basura, porque nunca se sabe lo que hay dentro de los bombones si no los compras tú mismo).
Pero claro, si los señores del FPÖ tienen razón, quién sabe. A lo mejor, después del estreno de esta obra para niños, el cuento va y cambia.
Cosas más raras se han visto.
Concursete mensual: el retonno

14 de Febrero.- Uno de los propósitos de este blog es contar a lo que se tiene que enfrentar una persona que aterriza en un sitio del que no sabe el idioma.
El reto de este mes será reconstruir un poco esta sensación. Para ello, mis sagaces lectores tendrán ante sí una semana dos textos en alemán, traducción (con las mínimas libertades para no ofender a la gramática alemana) de dos textos españoles muy famosos. Como siempre, la primera persona que averigüe de qué dos textos se trata, recibirán un bonito (aunque, como siempre, modesto) obsequio.
Helos:

TEXTO NUMMER 1
Wie eineWelle
Deine Liebe kam in mein Leben
Wie eine Welle
Aus Feuer und Zärtlichkeit
Aus weißer Gischt und mit dem
Rauschen von Muscheltrompeten
Wie eine welle
Und ich bin mit dir ins Meer geeilt
Ohne die Stimmen im Wind zu hören
Wie eine Welle
Dein Liebe erwacht
Wie eine Welle
TEXTO NUMMER 2
Ich habe ein glückliches Herz
Ein glückliches herz
Voll mit Freude
Ich habe ein glückliches herz
Seit den Augenblick
Als du zu mir gekommen bist
und ich danke dem Leben
und ich bitte Gott
dass du mir niemals fehlst
Ich möchte dass du weißt
(Para papá)
Dass ich habe noch nie so geliebt
Dass mein leben hat neu begonnen
Als ich dich kennen gelernt habe

Victoria Principal antes de necesitar el Age Breiker
Huyendo de los tópicos


Cada minuto de este oro /¿no es toda la eternidad?


14 de Febrero.- Hoy es el día del timbre (San Valentín-tontín, lo siento, no me he podido resistir) aunque también es el día de la obviedad. ¿De qué van a escribir hoy millones de articulistas y autores de posts de todos los pelajes? Del enamoramiento y sus peligros. De las rosas rojas, de las cajas de bombones Mon Cheri (envenenados o vírgenes de estrictinia) y de todas esas cosas que, desde que los trovadores provenzales inventaron el ritual amoroso, han formado parte inseparable del espinazo de la cultura occidental.
Hoy ha amanecido un día nuboso en Austria, neblinoso, gris. Se echa de menos la luz del sol, que ya tarda demasiado en reaparecer, y se buscan sustitutos que produzcan más o menos la misma alegría de vivir. Por ejemplo, el deporte.
Ayer, estuve en el gimnasio, como todos los días. Esta semana, como me ha pillado con el paso cambiado y un nuevo colchón, no he tenido ánimos para levantarme a las seis (como viene siendo mi costumbre) e ir a machacarme un poco antes del curro. Así que he ido por las tardes (hoy es ruhetag y me quedaré en casa).
Es curioso como el gimnasio, esa instalación diseñada para un uso intensivo, se transforma por las tardes.
Del lugar silencioso y limpio que me recibe por las mañanas, al ajetreo vespertino .
Por las tardes, echo de menos al japonés que, todas las mañanas, me saluda con una silenciosa inclinación de cabeza y coloca pulcramente los zapatos sobre un trozo de toalla de papel. Es un hombre anciano que se mueve muy despacio. Nunca le he visto hacer ejercicio, porque siempre viene cuando yo me voy (las ocho y veinticinco, puntuales los dos como un reloj). Pero creo que lleva unos pantalones cortos de pana marrón, camiseta rosa, y unos calcetines negros. Hablando de ellos, también hay una señora que hace ejercicio por las mañanas que también los lleva (quizá a juego con un tinte azabache que trata de disimular que lleva casi siete décadas rodando por este mundo).
Resulta bastante tranquilizador correr en la cinta viendo teletiendas y con el cardado/teñido de esta señora en el rabillo del ojo. La dama teñida y yo vemos todos los días el mismo anuncio eterno en el que Victoria Principal (la mujer de Bobby, en Dallas, o sea Pamela) anuncia un producto que se llama Age Breiker. Mientras corro, yo me divierto doblando mentalmente a las marujas que salen con Victoria Principal (esa mujer que tiene la misma cara de garbancito gracioso desde mediados de los ochenta).
Mientras tanto, la Principal les toma el pelo a sus compañeras: intenta hacerles creer que la ausencia de arrugas en su cara no tiene nada que ver con las operaciones que le han puesto la misma mirada oriental que tiene Parada, sino que es producto de la acción de Age Breiker. De vez en cuando, para darle empaque al embuste, sacan a una que pasaba por allí con una bata blanca y cara seria, y la hacen pasar por una doctora que glosa las incontables ventajas del producto.
Por las mañanas, los vestuarios de mi gimnasio son ese sitio en donde reina un profundo e higiénico silencio, a pesar de escucharse tenuemente Radio Arabella (o el CD crónico de grandes éxitos en donde están Dolly Parton y los Beach Boys). Por las tardes son un resumen del desnudo masculino en todas las épocas del arte y en todos los estados de degradación producidos por la edad. De los atletas renacentistas con los que Miguel Angel poblaba los techos, a los profetas asténicos pintados por Leonardo, todo piel y huesos, que salen de las duchas cubriendo púdicamente sus vergüenzas y arrastrando los pies, como extras de una película sobre los campos de concentración. De la vergüenza de los administrativos mostrando sus carnes fofas y blancas, a la impudicia casi insultante de esos tipos que parece que están estudiando un máster para modelo de Tom de Finlandia.
Como mi gimnasio es barato, popular y proletario (un adjetivo que en alemán tiene malísima reputación, por cierto) sobre la algarabía de las ropas puestas y quitadas, y de las taquillas que se abren y se cierran, también se oye mucho dialecto. Mucho “I vas e net”, corrupción de “Ich weiss es nicht” y a su vez, versión alemana de “No lo sé”. Ayer, incluso, dos hombres de mediana edad, discutían de política en calzoncillos, con ese rencor reconcentrado que sólo se puede tener si se han rebasado los cuarenta y cinco.
Lo curioso es que este fresco humano me produce una extraña relajación. Es una de las cosas que más echaré de menos si algún día tengo que marcharme: la sensación de ser un desconocido. Una gota de agua en el mar. Una persona a la que ya nadie mira.
Quizá sea eso dejar de ser un extranjero.

Ainara clarividente

13 de febrero.- Mi querida niña: quizá cuando despiertes descubras que algunos miembros de tu familia son especiales. Según una creencia bastante extendida en nuestra tribu, cuentan con algún poder especial. Los más dotados, incluso ven imágenes del futuro, escuchan voces que les advierten de los peligros y pueden encontrar a personas desaparecidas; en tanto que los otros, aquellos cuyo don no adquiere proporciones espectaculares, son expertos en toda clase de sabidurías domésticas, entre las cuales está el averiguar el sexo de los niños en el vientre de su madre o, incluso, el estampado de los calzoncillos de los incrédulos.
Los poseedores del don deben usarlo bien, para ayudar, y siempre gratis. En nuestra familia nunca se ha recibido un precio por un consejo.
Lo que podríamos llamar “el código deontológico del don” indica infaliblemente que lo que se ha recibido gratis debe darse gratis. Quizá porque se considera que la persona que posee “la gracia” no es más que el intermediario de otro poder superior o, paralelo, pero oculto. O sea, que el vidente no es más que un cable por el cual circula una información o una energía que conecta este mundo con el otro (si es que el otro existe).
A lo largo de mi vida, mi actitud hacia estas “gracias” y lo que representan ha ido variando. De la incredulidad más profunda (el pedante adolescente que me habitó un día pensaba que no eran más que manifestaciones de un folklore analfabeto) a un tranquilo escepticismo y, por fin, a un cierto respeto. Hoy en día pienso que estas gracias son quizá una manera de estar alerta peculiar de nuestra familia. Una forma de atención a los indicios más sutiles que ofrece el comportamiento humano. Quizá una cualidad doméstica, parecida a lo que los psicólogos conocen como sinestesia. Ese rasgo que permite a quien lo posee asignar a números y letras (en principio abstractos) características físicas como textura y color.
Los poseedores más aventajados del don tienen una información de la que carecemos sus espectadores. Ellos conocen las reglas por las cuales se transmite y conocen, por ejemplo, la cantidad de información que deben dar y lo que deben callar para no hacer más daño que bien. Creen también que dialogan con “nuestros hermanos que viven en una existencia distinta” en la que no hay infierno, sólo un purgatorio (este mundo) al que las almas venimos a que nos den estopa para perfeccionarnos. No sé si tienen razón, Ainara. Aunque me gustaría creer que sí. Que una vez nos vamos, una vez abandonamos este cuerpo que nos sirve durante un número de años, que se deteriora, que sufre, del cual somos esclavos de alguna forma, renacemos a una realidad diferente, en la que podemos ver con otros ojos, pensar con otra mente (¿Dónde estará esa mente si no tiene un sustento físico?) y, en defnitiva, cuidar de los que nos quisieron o de los que, por azar, fueron nuestros compañeros de existencia en el trasegar infinito de las almas por las sucesivas reencarnaciones.
Pensándolo bien, todo este tipo de creencias ya estaban en la iglesia primitiva (ninguno de los videntes de tu familia ha sentido ninguna incompatibilidad entre sus “habilidades” y el catolicismo). Ya en aquellos entonces del siglo primero, había en las comunidades cristianas profetas y profetisas, y personas que se comunicaban con el más allá en donde los muertos, según el propio San Pablo, permanecían alerta y no se habían ido del todo. No lo sé. A mí me gusta pensar que personas que se me han ido siguen a mi lado de alguna forma, como espíritus familiares, y hablo con ellos y les pido consejo. Interpreto sus respuestas por los delicados indicios que me van dejando por el camino.
Y no sé si es verdad o mentira y, si te digo la verdad, hace mucho tiempo que he dejado de planteármelo. Y quizá, quién sabe, andando el tiempo descubras que tú también, por esas carambolas del Karma, has heredado una gracia también. Quizá mi Ainara tenga también la fuerza suficiente para parlamentar con el mundo de lo desconocido. Quizá algún don te ayude a vivir. Aunque no creas necesariamente en él.
Viele bussis aus Wien.
El escritor austriaco Wolf Haas
El misterio de la muerte dulce

Dulce arroyuelo de la nieve fría/ Bajaba mudamente desatado,/ Y del silencio que guardaba helado /En labios de claveles se reía.

12 de Febrero.- Wolf Haas es un escritor austriaco al que tengo la desgracia de no poder leer fluidamente. Conozco su obra por las adaptaciones cinematográficas (Silentium y Kommt, süsser Tod, principalmente) y tengo en casa algún libro suyo que deletreo golosamente pasando los dedos por las líneas, como el semianalfabeto que soy en esta lengua que me acoge.
Haas es el inventor de un personaje, Brenner, que es el protagonista de sus novelas (todas historias de detectives, lo que aquí se conoce como Krimis). Brenner es un pobre desgraciao que se mueve por los bajos fondos de la sociedad austriaca. Un tipo gafe, sin suerte, al que siempre otro le levanta la chica, que vive de trabajillos de poca monta. Que en una novela es policía, y en otra conductor de ambulancias o, simplemente, un parado que hace chapucillas.
Todas las novelas de Haas empiezan con la misma frase, que se ha convertido ya en una especie de gag para iniciados: Schon wieder es ist was pasiert. O sea: una especie de “ya estamos otra vez”.
Hablo de Wolf Haas porque parece como si una de sus tramas hubiera saltado al mundo real. Y, si uno se descuida, no sería nada extraño ver a Brenner rondando por una pequeña localidad del Wachau (Spitz) en donde ha habido un curioso caso de envenenamiento que trae de cabeza a la policía austriaca.
El domingo, el alcalde de la pequeña localidad de Spitz encontró en el parabrisas de su Mercedes una nota anónima (cariñosa, se supone) y una caja de Mon Cheris (para quien no los conozca, son unos bombones rellenos de licor). El alcalde de Spitz que, como buen austriaco, es de suponer que es muy goloso, no pudo resistirse a probar uno de los dulces, y el capricho estuvo a punto de costarle la vida. El Mon Cheri estaba relleno de estricnina procedente de un potente raticida.




Joseph Hader como Brenner en Silentium

Ahora mismo, el alcalde de Spitz está en coma inducido, y todo indica que se salvará. Pero parece ser que otro político ha recibido dulces envenenados y la policía, acordándose del caso de los paquetes bomba que le costaron la mano, por ejemplo, al Doktor Zilk (ver el post “El misterioso caso del hombre sin manos”) ha alertado a todos los políticos austriacos con la misma advertencia que, de pequeños, nos hacían nuestras madres: no aceptar caramelos de desconocidos, ni descuidar nunca la coca-cola en el bar. Quién sabe qué aspirinas traidoras te pueden echar para darte el último beso.
La señora esposa del alcalde está en un ay, y espera que el autor/la autora del intento de envenenamiento no pertenezca al grupo de los votantes de su esposo. O sea, no quisiera que el criminal fuera un paisano suyo. Porque Spitz es pequeño y eso supondría que lo conocería de toda la vida.
Mientras tanto, estoy seguro que Wolf Haas sigue atentamente el caso. Porque es una idea fenomenal para una novela de misterio.

El actor Miroslav Táborský, del que se habla más abajo
Alf en Ruanda

A este que admiramos en luciente, /Émulo del diamante, limpio acero,/ Igual nos le dio España caballero /Que de la guerra Flandes rayo ardiente.


11 de Febrero.- Una de las cosas que más me gusta en esta vida es conocer gente nueva.
Por eso, este fin de semana me lo he pasado muy bien.
Antes de seguir quisiera decir que, últimamente, y debido en parte a este blog, me he interesado mucho por la estructura de las redes sociales. Existen constelaciones de personas, unidas por intereses o circunstancias comunes, que forman una red. Estas redes, a las que todos pertenecemos, siempre tienen una ventana al exterior, que suele ser un indivíduo en particular, que es capaz de servir de puente entre constelaciones de personas muy diferentes. Mi amigo A. es uno de esos conectores.
Pues bien: A. decidió que uno de sus propósitos de año nuevo sería cuidar más a sus amistades. Y su método de hacerlo ha sido organizar una reunión semanal, los viernes, e invitar a parte de sus amigos a tomar cafelete y bollos (eso al principio: porque al final terminamos todos en champán).
El viernes pasado, estuvimos, aparte de mí mismo, un periodista sagaz, una fisioterapeuta berlinesa enamorada de las situaciones límite (voluntaria en Ruanda, próxima parada Irán) y una soprano checa especializada en papeles Wagnerianos. Sólo tenías que tirar una piedra cualquiera al pequeño estanque de la conversación para disfrutar con las ondas que producías (si se me permite la metáfora).
En estas reuniones siempre salen anécdotas que ilustran cómo es este mundo en que vivimos. Una de ellas fue la siguiente.
Contaba la fisioperapeuta que, durante su voluntariado en Ruanda, un habitante de ese país le pidió ver un casette de video que ella llevaba como material educativo o vete tú a saber. El caso es que en el casette había grabados cuatro o cinco episodios de Alf. El ruandés se sentó disciplinadamente enfrente del renqueante equipo de video y, durante más de una hora, asistió a las idas y venidas de la familia americana que tenía al extraterrestre en régimen de acogida.
Al final, su impresión fue esta:

-Es curioso que en las casas americanas la gente no solo puede hablar, sino que, además, comen.

Ayer por la tarde, también invitado en casa de mi amigo L. topé con M., que había estado viviendo en España debido a sus estudios. Una hombre de rostro simpático, sonriente, que hablaba muy rápido en alemán con acento del este. Recordaba un poco, en más guapo, a un personaje de ficción al que yo le tengo mucho cariño: Vaslav, el traductor de “La niña de tus ojos”, para quien haya visto la película el actor checo Miroslav Táborský,( y para quien no, he aquí la foto).
Como la impresión de los extranjeros sobre mi país me interesa mucho le hice varias preguntas. Reproduzco aquí, condensadas, las respuestas.

-¿Por qué te fuiste a España?

-Porque estaba de Erasmus. Terminé en España mis estudios universitarios.

-¿Por qué te fuiste de España?

-Acabé mis estudios y...Bueno.

-¿Volverías? ¿Dirías que en España se vive bien?

-Volvería, pero no para vivir. La calidad de vida tiene muchas facetas. Por un lado, en España hay calidad de vida porque para la gente es muy importante la familia y los amigos. En ese aspecto, la calidad de vida es buena. Aquí en Austria, los aspectos sociales no son muy perfectos. Pero también la calidad de vida es la cosa económica. En Austria se gana más y los precios son más baratos. Esto es muy importante para una persona como yo, que soy solo. En Austria somos muy individuales. Una persona sola en Austria puede sobrevivir porque la estructura del estado es muy buena. Para alquileres, pisos, el sistema sanitario...Pero en España, eso no es así.

Y sobre la estructura de la familia:

-En España los hijos son lo más importante del mundo y los padres les ayudan mucho. Aquí eso no es tanto así. Por ejemplo, si yo quiero comprar un piso en España, pero mis padres no firman por mí...

Además de llamarme la atención el uso del verbo ser mas el adjetivo solo era curioso como M. cambiaba al hablar en español, de la persona burbujeante y risueña que es en alemán, a un tono de voz cuidadoso, bastante bajo, los sonidos “zeta” y las “ct” (como en “estructura”) cuidadosamente remarcados.
Como Vaslav, vaya.
Japi music: Walt Disney aprende suajili

10 de febrero.- Los domingos toca una cosa ligerita. Así pues, hoy vamos a jugar a un jueguecito. Se llama "Así lo vimos nosotros..."



Y así te lo enseña Viena Directo...



Este primer corte era de La Sirenita, de Walt Disney. También de Walt Disney, esta versión alemana de La Bella y la Bestia. Con la ventaja de que viene subtitulada.



Pero también Aladdin



Y también de la sirenita, mi canción preferida "Poor unfortunate souls" en la lengua de Goethe.



Nosotros la vimos así, en un estupendo doblaje sudamericano que no desmerece en nada el original...



que es esta




Sombras del pasado

Sombra, trémula sombra de las voces./ Negra escala de lirios llameantes.

9 de Febrero.- El otro día encontré, debido a una casualidad, un sobre verde, antiguo y descolorido. En él, estaban estas y otras fotos pertenecientes a miembros de una misma familia. Alguien se había deshecho de estos trozos del pasado que flotan ahora, por toda la eternidad, en el río del tiempo. Creo que las fotos, originalmente, pertenecían a la mujer que posa junto al soldado. Quizá murió sin hijos, o nadie creyó que mereciera la pena conservar estos trozos de cartulina, con parientes checos (la mayoría de las fotos antiguas son de un fotógrafo americano de Praga) a los que nadie se molesta ya en recordar.