Peret, año 1974 en el festival de Eurovisión (Señor, no mires nuestras letras sino el ritmo de nuestras rumbas). En fin...

Canta y sé feliz

31 de Diciembre.- Querida sobrina: hoy es el último día del año 2009 y, sin duda, la fecha que más aborrezco. Quizá porque es una celebración programada y quizá también por cierto supersticioso temor que no sabría explicar. Sólo me lo he pasado bien en nochevieja un par de veces. La que marcó el paso de 1995 a 1996 fue una de ellas. Mi única macrofiesta, por cierto. Pero sabía que estaba poniendo el pie en un año mágico. Son certezas que a veces te da el corazón. Bailé (literalmente) hasta el amanecer. Y, cuando los primeros rayos del azulado sol de enero se colaron por los ventanales del polideportivo en donde estaba, hubiera deseado unas persianas que “corrigieran la aurora” (Sabina dixit) para prolongar eternamente aquella noche a ritmo de rumba.
También lo pasé bien el año pasado, a pesar de que la fiesta no terminó tan tarde (o tan pronto, según se mire) porque aquella nochevieja fue, para mí, la celebración de cierta seguridad en Austria –sobre todo idiomática-.
Por lo demás, conforme la medianoche se va acercando empiezo a sentir una angustia tremenda, como si lo inevitable que es el paso del tiempo se hiciese más presente que otras veces. Y me entra una avaricia enorme de los días que, inexorablemente, queda tras de mí. Todo Ainara, se vuelve quebradizo a mi alrededor y los “Feliz año”, en el idioma que sean (y hablo una modesta cantidad) me suenan todos, pero todos, a despedida.
Si fuera más valiente (o no tuviera más compromisos), apagaría la televisión y la radio, guardaría el ordenador en el cajón en que duerme cuando vienen visitas a casa y me pondría una película que no tuviera que ver nada con las fiestas bulliciosas que hay a mi alrededor. Si fuera posible, dormiría hasta el día dos, tan tranquilamente, y me despertaría otra vez en la normalidad, con el cambio de fecha como único recordatorio fastidioso de que un año más, joven, tierno aún, ha llegado por fin.
Los antiguos creían que, durante este tiempo, se despertaba en los hombres la capacidad de predecir el porvenir (un rastro de esa creencia es que, durante estas fechas, todavía regalamos calendarios y agendas). Durante muchos años, yo he jugado a predecir qué me pasaría durante los siguientes trescientos sesenta y cinco días. Lo apuntaba en un papel (en mi diario, generalmente) y luego, al llegar junio, comprobaba los aciertos. Eran bastantes. Este año (aún) no me ha llegado la información por la vía que solía. La intuición, durante 2008, ha ido durmiéndose lentamente.
Será pues un año para las sorpresas. Esperamos que todas ellas buenas. El año de tu segundo cumpleaños, Ainara. Un año en el que aprenderás tantas cosas importantes. El 2008, que empezaste reconociendo tus manos (esos apéndices extraños e ingobernables al final de los brazos) te ha enseñado a andar ¿Qué nuevas maravillas traerá el nuevo?
Te deseo desde la distancia, corazón mío, lo mejor. Ríete mucho.
Besos de tu tío.


Cerdo a gogó

30 de Diciembre.- Mañana se acaba el año y, con este motivo, las calles del distrito uno se llenan de puestos en los que se venden cerditos de todos los tamaños. Ellos y los deshollinadores (vaya usted a saber por qué) simbolizan la buena suerte que todo el mundo desea para el año entrante. Reparando ayer en esto me di cuenta de que el cerdo tiene en este país mucha importancia simbólica. La palabra (schwein o sau) se utiliza como aumentativo, diciéndose por ejemplo de algo que es “Schweine Teuer” (o sea, “cerdo de caro”) o, en días como hoy, se dice que “hace un frío del gorrino” (es ist sau kalt).
Por lo demás, va el país a medio gas porque estas fechas tontas son de semivacaciones. Mis alumnos están surcando las nieves alpinas y mis amigos (los muy pudientes) se tuestan al sol de Asia o, más verosimilmente, se asfixian debido a la humedad camboyana. Este que escribe se entretiene leyendo las tonterías que dicen los periódicos, particularmente los españoles que son los que uno entiende menos mal.
El de mis paisanos está siendo un duro despertar despues de los años de vacas gordas. Aún así, no es excusa para cierta obscenidad (involuntaria) que se cuela por entre los titulares. Una pareja de hipotecados al borde del colapso (nervioso y financiero) declara a un diario nacional:

-Esto es culpa de los bancos, que nos tenían que haber avisado de que el dinero podía subir.

(Angelico ¿Y tú no tenías ojos en la cara cuando firmaste? “Prepárate para lo peor”, dice siempre mi padre que, como mis lectores saben, es un hombre mazo de sabio).
Nadie obliga a nadie a meterse en una hipoteca a cuarenta años y, quien lo hace, debería ser consciente de las consecuencias. Aunque, como me decía el otro día un amigo español al que felicité las navidades:

-Es tan difícil salirse de la rueda...

(Yo a este amigo lo quiero con el alma pero, ¿De qué rueda? ¿De verdad es tan difícil? ¿Es tan poderosa la fuerza de la corriente?)
El Banco de España ha publicado hoy un informe en el que afirma “no esperar milagros” para 2009. Está visto que lo único que nos queda es pedirle al cielo cerdo. Mucho cerdo.
Viena, fin de año

(No suelo publicar textos de otros en este blog, pero mi primo N. me ha mandado este texto de Hermann Tertsch que ha salido publicado hoy y, a pesar de que su autor me cae como una patada en la zona escrotal, y a pesar de lo enrevesado de la prosa -los hay que revuelven el charco para que parezca más profundo- he decidido colgarlo porque dice muchas cosas sobre la importancia de las formas que yo ayer intentaba explicar con poco éxito, por lo visto; además el texto habla de una de las ciudades que más quiero. Con lo cual, nos sobran los motivos. Gracias, primo).

HERMANN TERTSCH

HACÍA muchos años que no pasaba una Nochevieja fuera de Viena. Este año no ha podido ser porque la familia llama por otras latitudes. Ha sido, mi Nochevieja vienesa, una costumbre alimentada por mi amor a esa mi ciudad y por la absoluta correspondencia con mi padre, un austriaco nacido en Trieste pero tan profundamente vienés como el más aguerrido y vitriólico Karl Kraus, como los más melancólicos Peter Altenberg y Joseph Roth o como el pausado y sarcástico Friedrich Torberg. Cuando aun, hace décadas, celebraba la Nochevieja con mi padre, que hoy reposa en el Cementerio Británico de Carabanchel, nuestra Navidad era profundamente vienesa, en ese meandro cuasiserrano de Madrid que era Chamartín. Ahora sé que la música de Mozart, los dulces de la Pastelería Húngara, aquel maravilloso árbol de Navidad con manzanas naturales pulidas sobre las que ardían las velas, y las inmensas bolas de rojo y dorado intenso que tan fácilmente se rompían, no eran algo más. Eran las formas. Eran liturgia.
Los niños y los adolescentes nos reíamos mucho de ello. Pasamos años riéndonos de los esfuerzos litúrgicos de los mayores. Hasta que, por defunción, no pudimos contarles a quienes nos habían hecho aquel regalo lo importante que para nosotros había sido. Después, tras haber visto muchas desgracias y muchísimos muertos en morgues no sólo tercermundistas sino también centroeuropeas, muy cercanas a la Catedral vienesa de San Esteban, retorné a la Nochevieja vienesa. A la mañana siguiente siempre sentía el ánimo que me daba la Marcha de Radetzky del Musikverein, para mí inseparable de mi querido e inolvidable Paco Eguiagaray. Volví también, por supuesto, por toda la familia y amigos que allí sé que me quieren y que celebran unas Navidades y un Fin de Año con solemnidad y formas muy diferentes a lo que aquí por desgracia se ha impuesto.
Cada año que pasa creo más en los símbolos y en los gestos. Quizás alguien podría adivinar que es a la liturgia. Cada día valoro más a quienes aprecian y respetan las formas. Cada vez venero más a las formas mismas. Hubo tiempos en los que personajes que se presumían indestructibles, una especie de ícaros chulescos, planeábamos sobre los acontecimientos y la historia con la arrogancia shakespeariana de quienes, sin límites ni Dios, tocábamos todas las teclas del sentir humano con el desprecio definitivo al escrúpulo y al trato. Hoy me acuerdo una vez más de Viena y soy feliz porque un amigo, Carlos Herrera, está recorriendo mis veredas entre el Bräunerhof de Thomas Bernhard y el Landtmann de Altenberg. Entre el martini seco del Bar Azul del Sacher y el aguardiente de pera del Hawelka. Y pienso en el amor a las formas de mi padre, su perseverancia en la solemnidad que sus hijos se tomaban a broma y en la contundencia de las costumbres en la articulación de las formas de la amistad y del amor. En que la vida buena es en gran parte liturgia. Viena es mi prueba.

El frío purificador
29 de Diciembre.- La noticia es el frío. En el momento en que escribo esto los termómetros de las esquinas marcan cuatro grados bajo cero. Es probable que, en las afueras, andemos por los seis. Ayer por la tarde, aprovechando que hacía solecito, estuve dándome una vuelta por el lago Neusiedl. Dos unánimes cisnes surcaban la superficie, que ya empezaba a tomar esa textura semisólida de los granizados. Como esto siga así (y promete) en dos días el lago se habrá convertido en una espejeante extensión helada. Quizá, incluso podamos empezar el año patinando (no yo, los que saben hacerlo).
Mientras paseaban por entre las cabañuelas del club náutico (edificaciones hechas para la pereza del verano, cañas y tablas de resistente madera de teca) no podía dejar de pensar que hace solo un par de meses nadábamos allí, corríamos allí; al sol estival reían los niños, yo mismo caminaba descalzo por el suelo de tablas, ahora cubierto de escarcha. Bajo fundas de plástico azul, los patines a vela esperaban cubiertos a que se dieran las condciones propicias para surcar el extraño azul en que se convierte el lago cuando bajan las temperaturas. Sobre helados soportes de hierro, los esbeltos barcos de vela parecían los cascarones vacíos de moluscos prehistóricos extintos.
En Austria he aprendido a amar el frío y a respetar el invierno, porque sin él la primavera no sería posible. Me gusta el silencio mineral que queda cuando la nieve cae, y la pureza aguda de los cielos estrellados en las noches de helada.
Hay una frase hecha que habla del “fuego purificador” cuando, en realidad, es el blancor del frío el que hace que todo se vuelva de nuevo limpio y virginal.
El papa Benedicto XVI
Grüß Gott

28 de Diciembre.- Día de los Inocentes. Mientras escribo estas líneas, se celebra en la madrileña Plaza de Colón una cosa que se ha dado en llamar la Eucaristía de las Familias. Los organizadores esperan que, en Madrid, se congregen más de un millón de personas y se ufanan en proclamar que han llegado a la capital de España más de mil autobuses reventones de fieles.
Mientras veía las fotos me he acordado de un comentario, inocente por lo demás, que hace dos semanas hizo uno de mis visitantes españoles.
En Austria hay dos maneras de saludar: se dice “Grüß Gott” (algo como “Con Dios”, sería literalmente) y se dice “Grüß dich” (¿”Te saludo”?) también. La primera opción es apropiada para contextos formales y, la segunda, para saludos entre amigos o familia.
Al notar la diferencia (aunque no la causa) uno de mis visitantes preguntó si la primera opción es la católica (por aquello de meter a Dios en el ajo) y la segunda la opción laica. Y yo, que afortunadamente, vivo lejos del sorprendente modo de ver las cosas que ha empapado todas las capas de la sociedad española, sufrí un cortocircuito mental.
Comentando el hecho con otro español residente en Viena, cuyo nombre mantendremos en el economato, coincidimos en la sorpresa de constatar que, a pesar de que el hecho religioso (católico, particularmente) está muchísimo más presente en Austria que en España, aquí la iglesia no se siente en la necesidad de organizar actos como el de la Plaza de Colón.
Viena está llena de iconos religiosos (no hablemos del campo) la misma columna de la peste en el Graben, las hornacinas con vírgenes que hay en cada cruce de calles, o las innúmeras imágenes de San Juan Nepomuceno que hay en cada puente (una de ellas en el Museums Quartier) y a nadie se le ocurriría pedir la desaparición de estos símbolos porque ofenden a los no creyentes.
¿Qué está pasando? Lanzo la siguiente reflexión: en primer lugar, yo creo que la Iglesia está siendo víctima de una serie de fuerzas que nada tienen que ver con el hecho religioso. No hablo ya de las luchas (en último término comerciales) de la emisora de radio que poseen los obispos. El hecho es que el deterioro que padecen las instituciones tradicionales ha salpicado de lleno a la iglesia católica española que ve como sus áreas de influencia se van reduciendo peligrosamente (influencia significa también financiación).
Por otro lado, las opiniones que el papa actual sostiene (y que, por tanto, sus representantes en España se ven obligados a sostener) están a años luz de lo que la gente de la calle piensa y de lo que los mismos católicos, salvo los de alas más conservadoras, observamos en nuestras vidas. Hoy por hoy, por ejemplo, dudo muchísimo que los católicos controlen el número de niños que traen al mundo por un método tan engorroso como los que nos enseñaban a nosotros (ya sin fe) en las clases de religión del insituto.
Esto, además, está haciendo que los cuadros de la iglesia católica (de la cúspide para abajo) estén envejeciendo hasta un punto que está haciendo difícil encontrar reemplazos para los sacerdotes que, por ley natural, se van muriendo empapados de nostalgia de tiempos pasados (no necesariamente mejores).
Por último, aunque no menos importante, la lucha entre los dos partidos políticos principales en España, empeñados de convencer a todo el mundo de que son diferentes cuando, en realidad son lo mismo, ha pillado en medio a la iglesia católica que, incapaz de reaccionar, ve resignada cómo se airean sus trapos sucios de aquellos tiempos en los que, olvidando la muy evangélica máxima de la otra mejilla, apoyaba a gobiernos peligrosamente totalitarios que no dudaban en cepillarse al prójimo de la manera menos caritativa.
Un colectivo acorralado, sea el que sea, y hoy la iglesia católica española lo es, se ve en la necesidad de organizar manifestaciones en las que sus componentes descubran que no están aislados. Nada enardece más. Sin embargo, si la iglesia no rectifica en algunas de sus posiciones y se acerca más a la sociedad (aunque es incuestionable lo que la iglesia hace en términos de atención a pobres y a enfermos) está condenada a desaparecer.
Benedicto XVI no se da cuenta de que la religión de los faraones era mucho más antigua que la nuestra cuando cerraron los templos. Hoy sus imágenes son piezas de museo.



Paquete de ayuda humanitaria
26 de Diciembre.- San Esteban, patrón de Viena. Uno de los temas de este blog es la solidaridad entre la gente. Y, naturalmente, cuando uno es objeto de esa solidaridad hay que agradecerlo cumplidamente. Este post va dedicado especialmente a mi vecina Tere. El día 23 me llegó un paquete con mis regalos de España. Mi hermano y mis padres me mandaron cosas con las que he disfrutado como un gorrino en una charca y que les agradezco desde el fondo del corazón (ya se lo he agradecido también por teléfono), pero creo que no se enfadarán y estarán de acuerdo en que le dé las gracias especialmente a mi vecina Tere, que me mandó turrones, peladillas y garrapiñadas para endulzarme esta navidad en Viena. Un detallazo.
En Viena, cuando lo he contado, la gente no se creía que las vecinas de España pudieran ser así de majas, porque aquí los vecinos se conocen poco y se tratan menos (vamos, de mis vecinas de aquí sé yo que existen como sé que existe el átomo de Helio: una certeza intelectual, no porque las haya visto). Y muchas familias hay que no tienen los unos con los otros estos gestos de generosidad.
En fin, que como esto lo leen de Méjico a Japón y de Groenlandia al Cabo de Hornos, he querido poner unas fotos de las cosas ricas que he recibido para que quede testimonio de mi gratitud.
Misión cumplida, Christkind: ya lo tengo en mis manos
Karaoke en el Hogar del Jubilado

25 de Diciembre.- Para despelote de mis amistades, particularmente de mi primo N., soy un fan de Raphael, Marqués consorte de Santo Phloro.
Es como el tocinillo del jamón. Recuerdo que, cuando era pequeño, lo que menos me gustaba era esa cintilla blanca de grasa que queda en los márgenes de las lonchas de jamón serrano. Pero ha sido ir haciéndome un adúltero, y ahora, en mi modesta opinión, una loncha de jamón sin tocinillo es cual un jardín sin flores (para que luego digan que yo, desde este blog, fomento la anorexia).
Pues Raphael es igual. Cuando eramos más jóvenes (Rapha y yo) no podía con él pero, desde que estoy aquí, la voz de Raphael es para mí uno de mis orgullos nacionales. Como si dijéramos, la esencia de la españolidad.
Así que yo le pedí al Christkind que me trajera el disco nuevo de Raphael, que se llama 50 Años Después, en el que el diestro de Linares canta a dúo canciones de otros artistas con los cantantes que las popularizaron.
El disco, a pesar de que el amor que le profeso al de Martos es absolutamente ciego, tiene algunos momentos que hubieran jusitificado que se llamase como este post. Particularmente, el primer corte, en el que un Serrat gotoso y un Raphael galloso hacen una versión de latilla y organillo Casio del vibrante clásico Cantares. A mi Rapha, le salen unos gallos un poquito sonrojantes, la verdad.
Sin embargo, hay otros dos momentos en los que se ve justificada la fama de Raphael. Uno se tiene que quitar el sombrero ante:
A) El dúo con Rocío Jurado. La voz de LMG (La mah Grandeh) está enlatada, pero Raphael hace una segunda voz en el estribillo de la canción que es un prodigio de inteligencia y de dominio de la voz.
B) El dúo con Bisbal. Cantan, naturalmente, Escándalo. Bisbal cambió la historia del pop español en la final de la primera Operación Triunfo. Tiene talento, tiene voz y, sobre todo, es un jornalero de los escenarios que se traga lo que le echen. Rapha y él hacen una versión de Escándalo que mola, porque lo que el viejo aporta en experiencia el joven lo resuelve en ímpetu.
Todavía no he visto el making of del disco –DVD con 105 minutos que viene adjunto- pero el libro es una delicia.

Viena desde el tranvía que cojo para ir a trabajar

Reflexiones tras el día de la salud

23 de Diciembre.- Yo ayer se lo dije a mi jefe:


-Christian, si mañana no vengo, no me busques por los hospitales, que ya sabréis lo que ha pasado.


Él se tomó tiempo para descifrar lo que yo había dicho, y luego se echó a reir con la misma cara que Ana Botella cuando le preguntaron si Aznar estaba liado con Cayetana (Guillén Cuervo) como diciendo “sí, hombre: las ganas que tú tienes”. Y ciertamente, me he quedado con ellas. Aquí estoy, una mañana más, camino del trabajo.
Se nota, eso sí, que la gente se ha cogido vacaciones para redondear ese orgasmo consumista del que ayer se ufanaba el señor presidente de la Cámara de Comercio Austriaca. Decia el caballero con voz trémula, casi conteniendo los pucheros de felicidad, que los comerciantes habían pensado, allá por octubre, que sería difícil alcanzar las cifras de 2007 pero que, gracias a nuestros bolsillos, no sólo lashabían igualado, sino que las habían superado.
Para mí, esto demuestra que, para el pueblo soberano, ese que se atonta con las X-Box y se queda pasmado ante el milagro repetido de las Nespresso (guat els?) no ha llegado la crisis.
Vamos, que piensan que es un infundio yanqui para asustar a los niños. Incluso yo diría que se alegran un poco de que, por esta vez, sean los americanos los que pasen estrecheces. De momento, hoy vísperas de navidad, sólo trabajamos los pobres. Los tranvías van medio vacíos y sólo hay algomeraciones la puerta de los centros comerciales (siempre hay enfermos mentales que intentan comprar algo a ultimísima hora). También “se registran” tumultos en los aeropuertos de toda la nación, porque hay austriacos que aprovechan la llegada masiva de los “Spaghettifresser” (cariñoso apelativo con el que se conoce a los paisanos de Sofía Loren) para poner pies en polvorosa con destino a algún país tropical o del sudeste asiático (porque, quien pasa frío en estas fechas, es porque le da la gana o es pobre).
El niño Dios, de todas formas, va a ser generoso con quienes nos quedamos: a falta de playa, un frente polar va a hacer que nuestras navidades sean blancas.


Isabel y Manuel, dos modelos estéticos: dos formas de entender la mesa
En Viena, comemos como Isabel
22 de Diciembre.- Siguiendo los consejos de Isabel Preysler y de mi amigo H. (internista vienés de fama internacional) he decidido que los lunes van a ser, a partir de ahora, “el día de la fruta”.
Según la autorizada opinión de mi amigo, el consumir un día a la semana sólo fruta y verduras (en las cantidades que se quiera, que tampoco es cosa de ponerse anoréxico) ayuda a prevenir una serie de enfermedades relacionadas con el páncreas como la diabetes, la hipertensión y una larga serie de molestísimas (y graves) afecciones.
Yo lo hago por eso, claro. Naturalmente me gustará conservarme sano de cara al siglo XXI. Pero también me doy a la fruta porque estas navidades están siendo devastadoras para mi figura.
Es lo que tiene la vida del modelo: que tienes que cuidar tu cuerpo quetecagas.
Esta preocupación no es algo nuevo en mí, naturalmente. Recuerdo perfectamente ese momento en que, estando mi amigo B. y yo en los vestuarios del gimnasio, recién duchadicos, nos miramos al espejo y, al observar yo ciertos cambios en mis apolíneas hechuras, le dije:

-B., se nos está poniendo cuerpo de padre.

Él me miró con esa suficiencia que, aunque no se lo propongan, tienen los tipos atléticos:

-Será a ti –me dijo él. Y efectivamente, comparé su tableta de chocolate con mi mullida tripilla y tuve que admitir que tenía razón.

Es lo que yo llamo “la alarma de la gomilla de los gayumbos”.
Compañeros: cuando al ponerte los calzoncillos tienes que elegir entre que se te vea el ombligo o te queden como a Fraga en Palomares, ha sonado la primera trompeta del Apocalipsis.
Porque claro, tras notar yo que se me estaba poniendo cuerpo de padre vino el torbellino de la emigración, la sabrosa dieta austriaca (una aberración, en la opinión de mi amigo el internista, pero es que si le haces caso a los médicos estos no comes nada ¡Mira que llamarle a la panceta grasa subcutánea!), las galletitas navideñas, el pin y el pan. Total, que me he dicho:

-Paco, como no te cuides, vas a terminar haciéndote los trajes en la misma sastrería que Falete.

Suerte, como lo siento lo digo, que también están ahí las madres (y las vecinas) de España. Cada vez que voy al sur, la señora Carmen, que me conoce desde mi más tierna infancia, me dice pellizcándome un moflete:

-¡Ay, pero qué guapo que te has puesto desde que vives en Austria! ¿Ves, hombre? Si con unos kilitos estás mejor.

Y es que las madres (y las vecinas) de España sólo te ven bien cuando estás rollizo, como si te fueran a vender al peso.
Así que nada, a partir de hoy, todos los lunes, frutilla.

Feliz Navidad

21 de Diciembre.- Hoy es el cuarto domingo de adviento y la nochebuena está a la vuelta de la esquina. Por eso, quiero desear a mis lectores de los cuatro rincones del planeta unas navidades estupendas y un año 2009 en el que las promesas se cumplan, los sueños se hagan realidad y el sentido común avance, como una ola gozosa, por el mundo.
Un año 2009 en el que por fin nos demos cuenta de que, en realidad, hay pocas cosas que son importantes y que las que lo son de verdad se pueden contar con los dedos de una mano: la sonrisa de los niños, la tibieza de otra piel, la capacidad de provocar una sonrisa cuando parece que todo está perdido. Todas esas cosas no tienen precio y no sufren los vaivenes de ninguna crisis.
Nos podrán quitar casi todo, menos la alegría de vivir. Que ella, y la buena voluntad que la sostiene os acompañen durante los próximos 365 días (y aún más allá).
Gracias por estar ahí.


Contra el libro de las caras

20 de Diciembre.- Queridos (y fieles) lectores de VD: durante esta última semana el blog ha estado en piloto automático, a punto incluso de ser traspasado “por no poder atender”. Si el eslogan austriaco dice que Schenken macht Freude (o sea, que regalar da contento), tengo que dar fe de que, durante los últimos diez días los ciudadanos todos del continente europeo se han entregado con ahínco a la tarea de hacerse felices los unos a los otros. Hasta que llegó el jueves no se extendió una paz celestial por la oficina. Los teléfonos, como por ensalmo, dejaron de sonar de pronto, los clientes pedorros dejaron de escribir correos poniendo pegas peregrinas, y yo, pude por fin decir:

-Voy a ver si escribo algo.

Y aquí estoy.
No voy a negar que, durante este periodo, también he aprovechado para tomarme unas vacaciones. He atendido a unos amigos (T. y A.) que visitaron Viena y, por raro que parezca, he tenido algún tiempo (entre resaca y resaca) para reflexionar sobre algunas cosas.
Una de ellas ha sido el dichoso (por no decir puto) Facebook.
Tengo que reconocer que lo odio. No ya porque me vea demasiado viejo para hacerme con los mandos del artilugio sino porque, además, me dan inmenso perezón una serie de cosas que he observado. Por ejemplo: si las redes “sociales” nacen para estar informado sobre la vida de la gente que se da de alta en ellas, una de dos: o yo soy demasiado cotilla (esto es, necesito informaciones con sustancia a las que poder hincar el incisivo) o bien Facebook es la mejor manera de mantenerse cuidadosamente desinformado de la vida que hacen tus amigos.
Las notitas de Facebook se parecen a esas que pone el periódico el mundo junto un cuadrito rojo: URGENTE. “El fiscal general de los Estados Unidos se abstiene en el caso Madoff”. Pos vale. Guay. Chachi. Y eso qué significa. Qué consecuencias tiene ¿Dará el chorizo con sus huesos en la trena o le pone un paso de hacer la de Roldán? Chicha, señores, es lo que queremos.
La información sin contexto es desinformación de la peor.
Traduciendo a Facebook. Tomemos un ejemplo al azar: alguien deja una nota (yo lo he hecho) contando lo que está haciendo en ese momento. Quitando el hecho obvio de que nuestras actividades cotidianas tienen, por lo general, poquísimo interés, yo me pregunto: ¿A mí qué leches me aporta saber que, a dosmil kilómetros, alguien está haciendo el sofrito de unas judías pintas?

-Para cosas de más fuste –me dirá alguien- la gente se escribe correos, se llama por teléfono...

Y yo contestaré:

-¿Entonces, para qué diantres se gastan el tiempo en Facebook?

Otra: el famoso chisme es americano. Se nota. De pronto, mi cuenta se ha llenado de cosas como peticiones para que adopte a los Rolling Stones de Valdeajosporros o para que le dé de comer a un panda virtual ¡Por Dios y por la Virgen! ¿Tantos veranos estudiando, un proceso educativo tan largo y trabajoso para terminar dándole de comer a un Tamagochi? Lo siento: no le veo la gracia.
Aunque quizá, lo que en realidad me ha dolido más es que, con nocturnidad, alevosía e internet, alguien haya publicado fotos de aquel pasado mío en el que todos éramos tan felices y las cámaras aún tenían carrete.
Quizá esta última puñalada haya hecho que no pueda con mi vida del puñetero Facebook.
Por cierto, ¿Dónde estoy en la foto? Está tirao.
Bregenz en la última peli de James Bond
No lo alargo más: Un año para recordar (y 5)

1 de Octubre.- Gran caida de las bolsas internacionales. La crisis se hace presente de un modo inesperado, súbito y parece que terrible.
10 de Octubre.- Con motivo del día de la Hispanidad, recepción en la embajada Española de la Argentinierstrasse. Mucho chorizo de vela del DIA, mucho vino de garrafón y mucho zumo de tetrabrick. Miré los muros de la patria mía y...En fin.
11 de Octubre.- ¡Jörg Haider se mata en un accidente de coche! ¡Extra! ¡Extra! Mi audiencia vuelve a subir.
12 de Octubre.- Mientras los periódicos españoles se hacen eco de la peculiar ideología del muerto, los políticos austriacos comentan el patinazo de Mariano Rajoy al referirse al desfile anual del ejército español como “un coñazo”. En fin, en todas partes cuecen habas.
13 de Octubre.- Stephan Petzner, sucesor de Haider, empieza a dar muestras de inestabilidad tras la muerte de su Lebensmensch (lo que quiera que eso sea). Se oyen las primeras voces pidiendo su salida ipsofacta del ámbito público.
16 de Octubre.- Mi madre decide abrir su blog para contarle al mundo y a sus amistades lo que piensa de la vida (ole por mi madre).
19 de Octubre.- Toni y Mar, mis primos de Salzburgo, me hacen una visita. Lo pasamos chupi.
24 de Octubre.- Muere el Herr Doktor Helmut Zilk, exalcalde de Viena y marido de la Ikone y Legende, de la Operettendiva Dagmar Koller.
31 de Octubre.- La Reina de España, Doña Sofía, decide despacharse con la periodista Pilar Urbano (bueno, lo había hecho antes, pero se publica en este momento). Polémica a propósito de sus opiniones, que reflejan su avanzada edad y lo conservador de su educación.
3 de Noviembre.- Dejo tras de mí este periodo de paro atroz y empiezo a trabajar, felizmente, en una nueva empresa.
5 de Noviembre.- Barack Obama (negro, pero menos) es elegido presidente de los Estados (Hundidos) Unidos de América. A las bolsas y a la economía, ni plin.
14 de Noviembre.- Lufthansa compra la Austrian Airlines. Los que queremos a la pequeña compañía austriaca, nos lamentamos del fin de los menús de Do&Co y saludamos con cierto pesar la llegada de nuevas posibilidades de gastroenteritis.
15 de Noviembre.- Inauguración del primer mercadillo oficial navideño de Viena con el encendido del abeto de la plaza del Ayuntamiento. Los comentarios son unánimes: si parece que fue ayer cuando fueron las últimas navidades.
17 de Noviembre.- James Bond se declara “maestro del año sabático” y yo soy el único que me río en el cine. Decididamente: hacer bromas sólo para uno mismo no tiene maldita la gracia.
20 de Noviembre.- Se llevan el cadáver de Flick de su tumba.
22 de Noviembre.- Primeras nieves.
23 de Noviembre.- Por casualidad descubro que un amigo mío vive en un casoplón enorme. Me chupa un pie este hecho y me lo paso fenomenal en la fiesta que da por su cumpleaños. Bailo hasta altas horas de la madrugada.
24 de Noviembre.- Nuevo gobierno austriaco. Coalición OVP-SPO
28 de Noviembre.- Durante su primera (y hasta la fecha única) visita a Viena, K. y su santo, M., tienen una experiencia policial que no nos resistimos a calificar de curiosa.
1 de Diciembre.- Viaje a Munich. Pérdida del conocimiento tras ingestión masiva de alcoholes destilados. Recuperación del conocimiento. Turismo.
6 de Diciembre.- Miedito con el Krampus.
Un año para recordar (Cuarta parte)

5 de Agosto.- Bratislava, qué bella eres.
6 de Agosto.- Volksfest en Neusiedl am See. Baño de madrugada. Paco se convierte en aperitivo de mosquitos trompeteros. Lo soporta con estoicismo.
10 de Agosto.- Visita al Zentralfriedhoff (tramo judío).
12 de Agosto.- A requerimientos de la administración austriaca, Paco acude a una charla orientativa del AMS (Servicio de Empleo Público).
16 de Agosto.- Madonna cumple 50 años.
21 de Agosto.- Ainara cumple un año. Las vecinas sospechan que mi madre planea fundar una peña taurina. Los chinos vendedores de vasos y platos de plástico se alegran.
22 de Agosto.- A pesar de la alarmante experiencia del accidente aéreo de Spanair, cojo un vuelo para personarme en España con motivo del bautizo-cumpleaños de Ainara. Como esto es la prueba viviente, llego sano y salvo.
25 de Agosto.- Vuelta a Austria. Expreso mi pesimismo a propósito del futuro de la patria que me vio nacer.
2 de Septiembre.- Empiezo un curso del AMS que tiene el loable objetivo de que yo consiga un curro. Empiezan a escucharse rumores insistentes de una crisis económica mundial.
7 de Septiembre.- Excursión de un día a Murau al objeto de probar su cerveza conocida en toda Austria. Schnaps a las diez de la mañana. Comisaría al terminar el día (no por nada, sino porque, quizá influido por el jocoso ambiente reinante, me dejo la cartera en una gasolinera).
9 de Septiembre.- Mientras plancho, Pauli y Sofía se meriendan a un pobre pajarito imprudente. Esto me motiva profundas reflexiones a propósito del instinto asesino de mis animales de compañía. Duermo con la puerta del dormitorio cerrada (por si las moscas).
16 de Septiembre.- El (aún) ministro de economía, Herr Molterer, me escribe una emotiva carta en la que, después de agradecerme lo mucho y bueno que hago por este país (ya era tiempo de que se reconociese) me indica que debo recoger el dinero que me corresponde como devolución de hacienda (Totó, me parece que no estamos en Kansas, pienso). Y me froto las manos.
27 de Septiembre.- Muere Paul Newman.
28 de Septiembre.- Terremoto electoral en Austria. La derecha populista asciende vertiginosamente. Haider y Strache comparecen ante los medios (cada uno por su lado) sonrientes. De cualquier manera, los socialistas ganan (pero menos) y los conservadores ponen una sonrisa de circunstancias. Las estadísticas de mi blog vuelven a bailar el Chiki-chiki.
30 de Septiembre.- Al objeto de combatir mis carencias idiomáticas, empiezo con mucha ilusión un curso de alemán que se llama Perfektes Schreiben y algo más. Lo hago inconsciente de lo que se me viene encima.


Un año para recordar (tercera parte)

3 de Mayo.- ¡Qué bien se lo pasa Paco en la Stadtfest! Ole con ole y Olá. El redactor jefe (y único) de Viena Directo, se trasiega spritzers y bebe Schildcher (un vino tinto que está muy rico) y baila al ritmo de la música aborígen. Un genuss, vaya.
6 de Mayo.- Debido a unas molestias, visita al urólogo. A pesar de no tener nada de riñones, me veo obligado a dejarles una muestra de mi orina (que creo que aún guardan).
12 de Mayo.- Tunick fotografía en bolas a un grupo de gente en el estado de fútbol de Viena. Absurdos pudores, me impiden ir. Me hubiera gustado que mi apolíneo cuerpo fuera inmortalizado en traje de Adán. Sin embargo, paso palabra.
19 de Mayo.- Vacaciones en Valencia. Encuentro con mi amigo X. Playa de la Malvarrosa. Felicidad.
24 de Mayo.- Madrid: Festival de Eurovisión. Una vez más se comprueban las catastróficas consecuencias que las guerras de Yugoslavia tuvieron sobre los estilismos balcánicos. Ainara baila el Chiki-chiki.
3 de Junio.- Dimes y diretes a propósito de los austriacos y los hospitales.
5 de Junio.- Empieza la Copa de la Vida (más conocida como Campeonao Europeo de Fúmbol). Sin mucha convicción apuesto por España, el equipillo ese.
10 de Junio.- Tras la victoria de España contra Rusia (4-1) recupero de pronto la fe en nuestros colores y clavo un pedazo de bandera rojigualda en la terraza de mi casa. El barrio entero la mira con perplejidad.
14 de Junio.- España-Finlandia en la Fanzone. Salto, boto, disfruto con los goles. Me preocupo (¿Me estará empezando a gustar el fúmbol?)
22 de Junio.- La selección española, imparable, vuelve a ganar.
26 de Junio.- Encuentro de titanes: en la estación de metro de Stephansplatz se encuentran, frente a frente, Paco, y Manolo del del Bombo, with his boina and his pitorrillo in his boina.
29 de Junio.- Domingo. Oé oé oé oeeeeeee. Sobran las palabras. Paco se queda afónico al celebrar el gol de la victoria.
3 de Julio.- Un señor de un suburbio vienés se carga a sus cuñados por la tela de una herencia. Ola de calor.
7 de Julio.- Bebiendo champán en el barco de unos amigos. Felicidad y Ouzo. Pa qué queremos más.
8 de Julio.- Adiós grosse koalition, adiós. Gussembauer convoca nuevas elecciones.
12 de Julio.- Regenbogenparade 2008 (Orgullo Gay). Los aborígenes se quedan alucinados con mis vellos supérfluos. Yo, disfruto fotografiando al personal. Mi primo N. y B. Ya han vuelto a Viena.
15 de Julio.- Se termina mi trabajo en la empresa en la que llevaba currando un año. Paso al triste estado de parado.
18 de Julio- Me voy a Croacia cinco días. Qué felicidad. En el hotel, me encuentro con un misterioso personaje turco que parece estar en el ajo de todos los complots. Le evito porque es un plasta.
30 de Julio.- O. y A. aterrizan en Viena. Aprovechamos para disfrutar de la vida.
Un año para recordar (Segunda parte)

7 de Marzo.- Viaje a Stuttgart. Flipo con Alemania (en todos los sentidos). Tras las ferias, la afición alemana a la cerveza propicia una serie de conversaciones interesantísimas entre mi compañero W, un servidor, y un ex combatiente de las guerras de Irak y de la antigua Yugoslavia. Me abstengo de transcribir su contenido.
9 de Marzo.- El Partido Socialista Obrero Español gana las elecciones en España.
12 de Marzo.- Me echo unas lágrimas a cuenta del discurso de una superviviente del holocausto que hace un emotivo discurso para intentar que algo como el nazismo no vuelva a repetirse. Escribo PAZ con unas velas en la Helden Platz. Mola.
15 de Marzo.- R. cumple cuarenta años y monta una fiesta antológica en la que corren todo tipo de licores. Casi completamente sobrio, presencio el espectáculo (que hubiera debido ser filmado, porque parece una peli de Fellini). Maldición: me sucede otra cosa que no podré contar en la oficina.
16 de Marzo.- Los avispados de National Geographic me sablan casi cuatromil pelas por entrar en la exposición de Tut-Ank-Amon. Me acuerdo de su familia al comprobar que la exposición aparte de mucha luz y mucho misterio tiene, en realidad, cuatro cacharritos.
20 de Marzo.- Se cumplen cinco años del comienzo de las guerras de oriente próximo. Estados Unidos, dirigido por Bush continúa en su táctica de sostenella y no enmendalla. Me duelo con santa (y resignada) indignación.
24 de Marzo.- Pascua en Italia: nieve y compras. Adquiero la que, en la actualidad, es mi camisa favorita –que me sienta fenomenal, por cierto- al módico precio de veinte euros. Disfruto de las ensaladas aliñadas con aceite de oliva y con el pescado al ajillo. Italia es un país que, definitivamente, me abre el apetito.
25 de Marzo.- Cae en Viena una nevada que pa qué las prisas. La fotografío.
31 de Marzo.- Baile de la Rosa en Mónaco, dedicado a La Movida Madrileña. Qué feliz me siento de que Almodóvar sea el invitado especial. En las imágenes, Carolina de Mónaco departe con nuestro manchego más universal con cara de estar cumpliendo con un deber burocrático. En esa familia no son serios.
1 de Abril.- Tras el crudo invierno, reaparece el sol en Centroeuropa. Día de los Inocentes en Austria.
6 de Abril.- Muere Charlton Heston.
10 de Abril.- Lloro de risa: según fuentes de la ORF los integrantes de la Selección Española de Balompié andan acojonados perdidos debido a la amenaza de las terribles garrapatas asesinas. Se dan consejos de lo más delirante para evitar su peligrosa mordedura. Austria entera estalla en una carcajada.
14 de Abril.- Estalla la alegría: Viena cuenta con su propia tribu urbana:los Kracher. Sentimos que se nos ha quitado un poco el provincianismo, que se nos ha caido de pronto el pelo de la Dehesa. La modernidad nos ha situado más cerca del politono y del sonitono. Loado sea Dios. Esta noticia queda oscurecida por el fallecimiento del actor que daba vida a Chema en Barrio Sésamo. Me reafirmo (Joé, pobre hombre).
15 de Abril.- Rompo una lanza a favor de Telma Ortiz. Mis lectores aprovechan para montar una polémica de la que salgo con el teclado entre las piernas (¡Qué dura es a veces la vida del escritor de Blogs!).
27 de Abril.- Un día primaveral y hermoso: stadtmarathon de Viena. Me cojo la cámara y me voy a fotografiar a los corredores y al público asistente. Me lo paso pipa.
28 de Abril.- Tenía que llegar este momento y ha llegado: estalla el caso Fritzl. Primer record de visitas del año. Primera vez que paso de las cien. Segunda advertencia para que huya de este país desquiciado (vuelvo a ignorarla).
30 de Abril.- Ante la curiosidad de propios y extraños, me veo obligado a explicar que los austriacos son gente circunspecta, pero que en su ADN no está el andar metiendo a la gente en sótanos ni nada. Que es una excepción. El mundo me mira con escepticismo.


Un año para recordar (Primera Parte)

15 de Diciembre.- Durante estos días he estado releyendo los posts del último año para preparar esta recopilación de artículos. Y, la verdad, me lo he pasado muy bien (aunque me ha dado un poco de vértigo). Han pasado tantas cosas...¿Me acompañas?
2 de Enero.- En España: mi sobrina Ainara descubre sus manos.
3 de Enero.- Tras el fastidio inicial, redescubrimiento de los encantos de mi país. Alivio, oyes.
5 de enero.- Vuelta a Viena.
8 de Enero.- Descubro que Paul Newman es tío mío, puesto que es, lejanamente, primo de mi madre. Es lo que tienen los ojos azules.
11 de Enero.- Se adopta una letra para el Himno Nacional (Español) escrita por un desempleado. Tras la presión de diferentes grupos, que critican su escasa calidad literaria, la letra se desecha (otra oportunidad perdida).
23 de Enero.- Muere Heath Ledger, lo cual motiva un sentido homenaje por mi parte (snif). Se dan a conocer las nominaciones a los Oscar: mi corazón se divide, por suerte en dos partes reconciliables: Die Falscher, austriaca, y el español Javier Bardem resultan candidatos a dos chismes de la Academia de Cine de los Estados Unidos.
28 de Enero.- Austria es barrida por vientos hipohuracanados (Paula): para combatir el umwetter, yo me meto en el cine, veo "Elisabeth, los años dorados" en compañía de tres amigos. En el distrito uno y ante la perpleja mirada de los transeúntes, jugamos a “Soy capitán de un barco inglés” (y en cada puerto, tengo una mujer). Risas.
30 de Enero.- We will Rock You (de hecho, they rock me)
4 de Febrero.- Durante un fin de semana algo surrealista, consigo montar mi primer armario de IKEA. Me acuerdo varias veces de la progenitora del diseñador de dicho mueble (la pobre, tan tranquila en Suecia). Descarto titular el post “La mierda´l Ikea” y encuentro un título más moderado. Me golpeo el pecho con los puños cual gorila después de su primer rito de iniciación. Caigo derrengado.
12 de Febrero.- Primer caso criminal sonado del año: el alcalde de una idílica localidad del Wachau sufre un intento de asesinato mediante unos bombones Mon Cheri rellenos de estricnina. Primera señal de alarma para largarme por patas de este país (la ignoro).
15 de Febrero.- Austria sale en EL PAÍS (Albricias) debido a que la parte más conservadora de la municipalidad vienesa anda escandalizadísima porque se ha estrenado una obra infantil de temática gay, financiada con dinero público. En Austria ningún medio se hace eco de la noticia.
18 de Febrero.- Barruntándome la crisis futura y al objeto de contribuir (modestamente) a mejorar la balanza de pagos española, pago la friolera de 9 Euros por ver el truño de El Orfanato. Me cebo con la silicona que Belén Rueda se ha puesto en mamas y labios. A pesar de lo cual, tengo que confesar que paso miedito con la peli.
24 de Febrero.- Visita a Laxemburg en compañía de mi primo N. de B., su mujer, y de M. Entonces ninguno de los cuatro lo sabíamos, pero, por razones ajenas a la programación (felizmente subsanadas en la actualidad) íbamos a pasar unos meses sin vernos.
25 de Febrero.- ¡Wir Haben Gewonnen! Austria gana el Oscar a la mejor película extranjera (lo entrega mi Penélope Cruz) y Bardem gana el Oscar al mejor actor (ole con ole y olá). Me siento henchido de orgullo por partida doble.
28 de Febrero.- Pillan al presunto envenenador del Wachau. El país (y los fabricantes de los Mon Cheris) respiran tranquilos.



Continuará...

Casharrito

14 de Diciembre.- Como si no hubiera crisis. Los temerosos comerciantes respiran aliviados porque las ventas navideñas no han descendido. Los locutores, alborozados, se hacen eco de los atascos que hay para entrar en todas las zonas comerciales vienesas, y la alegre multitud se pelea cordialmente por conseguir la ganga, el gorro, ese presente que, cuando llegue el día 27 –fecha en la que aquí se terminan las navidades oficialmente- no habrá más remedio que cambiar.
Durante este fin de semana se ha dado también el pistoletazo de salida para otra actividad centroeuropea especialmente navideña: la compra del árbol de navidad. Cuanto más grande es tu casa, más grande puede ser tu árbol (yo los he conocido de más de dos metros de altura y circunferencia proporcional). Los vendedores de árboles de navidad, que cultivan sus abetos durante todo el año, se ponen cerca de las iglesias o en las plazas, con un chisme característico, en forma de cono truncado, mediante el cual se pueden introducir las rebeldes ramas del abeto en una malla para hacerlo transportable.
Por supuesto, de los sótanos austriacos (esa institución tan entrañable en este país) salen los cacharritos para colgar en el árbol: no solo las bolas, sino todo tipo de objetos imaginables: en el Museums Quartier venden unas sirenas y unos tritones navideños la mar de monos para aquellos que quieren hacer su navidad moderna y sexi, por qué no. En los árboles austriacos se cuelgan también, aparte de las lucecitas características, velas que se encienden en la noche de paz (por cierto, este villancico sólo suena en Austria el día 24 de Diciembre), así como unas roscas especiales –quebradizas y puñeteras, por cierto- hechas de clara de huevo y de azúcar, que se comen cuando el árbol se retira (como máximo el 2 de febrero, fiesta de la Candelaria).
Me detendré un poco más en este tema de los cacharritos: los frágiles adornos de vidrio son muy apreciados por los coleccionistas (un subgrupo especial de los felices frikis navideños que pueblan estas calles) y existe un mercado de moviditas navideñas de segunda mano que, en Viena, tiene su centro en la plaza Am Hoff.
Quiero terminar con una iniciativa que he encontrado ejemplificadora para la iglesia española. Con motivo de estas fiestas, Viena se ha llenado de vallas publicitarias en las que sólo pone (en un texto neutro, negro sobre blanco): el día 24 de Diciembre se celebra el nacimiento de Jesús.
Ni más más, ni más menos. De buen rollito.

Lebensmensch

12 de Diciembre.- Lo primero es lo primero. Felicitar a mi hermano, lector de este blog, por su trigésimo primer cumpleaños. Que cumplas muchos, campeón.
Después: en esta época del año, además de los villancicos, florecen las valoraciones retrospectivas. La gente busca, compara, y da su opinión sobre lo que más ha marcado estos últimos trescientos cincuenta días. Sale Obama, sale el ocaso económico (Grecia, en un futuro no muy lejano, puede estar en España) y salen los muertos ilustres, cómo no.
En Austria, se ha hecho una encuesta y ha salido que la palabra del año ha sido “Lebensmensch”. Un término (algo así como persona vital) de muy difícil traducción, puesto que no creo que se usase mucho antes de la rueda de prensa que dio Petzner, el sucesor de Haider, tras la piña mortal. Así describió él, lloroso, a quien se le había ido, diciendo que había perdido a su Lebensmensch.
Un término que desató todo tipo de rumores carentes de piedad (en opinión de Claudia Haider que, en vida de su esposo, tampoco es que hiciera gala de mucha, la verdad). Todos los austriacos con conexión a internet se lanzaron a google para averiguar qué quería decir exactamente la dichosa palabreja. Al no encontrar nada y ver que los sollozos del pobre Petzner se volvían menos ocultables cada día (ver post Princesas vs. Personas), habló la voz del pueblo.
Y ya sabemos lo que dijo.
Otra historia que yo había dejado colgando es la de Flick, el famoso muchimillonario cuyo cadáver fue robado del panteón familiar. Pues bien: también ha dado que hablar este muerto durante estos últimos días. Después de personarse en diferentes domicilios particulares de Burgenland (guiada por una cantidad de llamadas anónimas) la Bundespolizei ha recibido por fin noticias fehacientes de los ladrones de tumbas. Los avispados chantajistas piden un cerro de euros –una obscenidad- a cambio de la devolución de los restos del malogrado ricachón. Se dice que la razón del robo podría estribar en el ADN del difunto, una mercancía valiosísima en estos tiempos que corren de pruebas de paternidad y cosas de esas. En malas manos, un mechón de pelo, un diente o una uña, pueden ser deletéreos para un fortunón como el de los Flick.
Lo que sí está claro es que el hombre, en su estado actual, resulta ideal como rehén: ni come, ni bebe y es muy dudoso que pudiera escapar por sus propios medios. En resumen: un chollo.

U-Bahn

(Notas tomadas en el metro, entre el gimnasio y mi trabajo)

11 de Diciembre.- Una mujer con un caniche metido en una cesta afelpada con estampado de ositos de peluche. La abraza con temor, como si estuviera rodeada de gente que amenazase con robarle al perro. Tendrá cuarenta años. Es guapa (bonitos ojos castaños, melena lacia). De clase alta.
Una madre turca, con ese aspecto de pastoras de algún animal absurdo que tienen muchas madres mediterráneas, lleva al colegio a un niño de unos siete años al que toda la ropa (barata, de C&A) le viene pequeña. Toda, menos las playeras Adidas, negras, como las de todos los pandilleros balcánicos de cancha deportiva que baten las calles en busca de aventuras.
Un hombre mayor, de zapatos marrones impolutos, vuelve a casa del gimnasio con la bolsa sobre las rodillas. Tendrá como sesenta años y mira al frente, inexpresivo, con una actitud de firmes que despide un vago aroma militar.
La madre turca conduce a su retoño hacia la puerta del vagón, con la misma actitud firme que se utiliza con los borrachos pesados. Una actitud que siempre está a un paso del pescozón entre las orejas.
La rica la sigue con la mirada, mientras acaricia suavemente la barriga del caniche, que se deja querer.
Dos amigas, quizá compañeras de trabajo, ocupan el sitio del hombre del gimnasio. Van vestidas de negro, demasiado maquilladas (un maquillaje espeso, dos tonos más oscuro de lo necesario, que quiere tapar las cicatrices de un acné mal curado). Mechas rubias, acento agreste. Se sientan juntas y guardan una actitud sincrónica de rodillas apretadas y boquitas fruncidas. La del caniche ni las mira.
La grabación anuncia una parada. Se oye un revoloteo de periódicos (el sonido crujiente e inconfundible del papel barato). El Österreich muestra la cara de la viuda de Haider, que ha concedido una entrevista a dos meses exactos de la muerte del político.
“Encuentro los rumores sobre la homosexualidad de mi marido carentes de piedad” (Pietätlos).
El Heute se decanta en cambio por el miedo: la crisis ha hecho subir la criminalidad: en Viena hay 13 robos al día.
En una de las paradas, un hombre viejo, vestido con una americana marengo deformada y unas playeras blancas, juega a subir y a bajar del vagón como si no estuviese seguro de la ruta que tiene que seguir. Una cara ósea, en la que destacan unos pómulos sobre los que la piel se tensa y brilla, adquiriendo el mismo color y textura que la madera gastada de los reclinatorios de una iglesia de pueblo); unos ojos huidizos, el pelo gris cortado al uno.
Las puertas del vagón se cierran delante de su cara y el hombre se queda parado en el andén, viendo la vida pasar, mientras abraza una bolsa de deporte limpia, pero sin asas.

Cuando era pequeño esta secuencia me fascinaba. En Youtube está todo.

La segunda oportunidad

10 de diciembre.- Hola Schatz: en esta vida hay dos tipos de certezas: las que son verdad y aquellas que merecerían serlo. A las primeras pertenecen hechos tan indiscutibles como el teorema de Pitágoras y la ley de la gravitación universal. De una de las segundas verdades quisiera hablarte hoy.
Pensar que “todo tiene arreglo menos la muerte”, aparte de ser una de esas verdades que es necesario hacer como que se creen, exige un grado de ceguera voluntaria. El mismo que se necesita para sostener una serie de cosas que nos liberan del lado más polvoriento de la vida. Sin esa renuncia voluntaria a la crítica resulta imposible suponer una buena intención constante en nuestros interlocutores (una actitud imprudente, sin duda, pero seguramente la más educada) o hacer oidos sordos a determinados cantos de sirena contra los que se rebela la razón.
Pensar sin embargo que todo tiene arreglo en esta vida te traerá un rayo de esperanza cuando pinten bastos. Esas palabras, además, encierran otra verdad mucho más contundente: no hay crisis tan profunda de la que no se pueda salir si se tiene la voluntad decidida de hacerlo. Esa patada que hay que dar en el fondo de la piscina para terminar sacando la cabeza del agua, vaya.
Todo el mundo está asistido por el único derecho que nos queda cuando no queda nada más: el derecho a rectificar. Y es un alivio pensar que, aunque algo salga mal, siempre se tiene una segunda oportunidad.
A través de los años, de todas mis crisis, del rosario numeroso de mis errores, siempre me he aferrado a esa esperanza: por mucho que hayas metido la pata, nunca es tarde para iniciar un camino nuevo. El error se paga en tiempo (desgraciadamente, nuestro recurso más limitado) y quizá, cuando uno cambia de rumbo, hay alguna gente que no entiende la jugada y que se enfuruña. Pero la fe en que uno está haciendo lo correcto y esa esperanza última de que “más vale tarde que nunca” (otra frase genial) le da fuerzas.
Una vez se elige el camino nuevo, eso sí, hay que tener la disciplina para que la planta verde y flexible se convierta en árbol ( no sé si me sigues). Aunque la disciplina se hace fácil de mantener cuando se transforma en costumbre.
Me cuenta tu abuela que tus afectos de niña, tan volubles, han abandonado a Emilio Aragón y se han ido con la cabra de Movistar, que te hace reir. Ays...Qué juventud (jajaja).
Besos de tu tío.

El mismo Mundl que viste y calza
Melones en invierno

9 de Diciembre.- En los años 70 hubo una serie muy famosa en la tele austriaca. Se llamaba “Ein echter wiener geht nicht unter” (sobre poco más o menos, perdónenme mis lectores austriacos si hay alguna irregularidad ortográfica). La traducción viene a ser “Un vienés auténtico nunca se viene abajo”.
Hace unos meses, impulsado por las opiniones aborígenes, que hablaban de la serie con el mismo arrobamiento con el que yo me refería a joyas de la tele añeja como “Los gozos y las sombras” me compré un DVD con cuatro episodios de Mundl. Y, aparte de no entender mucho (Ay, el dialecto pugnetero) la verdad es que me pareció una mezcla rara de drama y de comedia. Un punto (mis lectores españoles me entenderán) a esas películas en las que Paco Martínez Soria rehabilitaba a sus hijos yeyés a base de cortarles el pelo al uno y ponerlos a trabajar en una obra.
Cámbiese el cocido madrileño por el schnitzel y los Seat 124 por los Volkswagen, y eso es Mundl más o menos: tragicomedia de mesa camilla.
La serie estuvo en antena hasta los primeros ochenta, y el episodio de la navidad sigue despertando las risas más entrañables de los aborígenes.
Cuando la cosa feneció, la mayoría de los actores de la serie continuaron con sus carreras –en algún caso actuando en productos de no poco prestigio-. No fue una excepción, claro, el señor que encarnaba a Mundl.
Pues bien: coincidiendo con que la navidad ablanda las capas más nostálgicas de nuestra masa encefálica, llega a los cines la peli Mundl. Una especie de “La Gran Familia, 30 años después” sólo que sin Alberto Closas ni Jose Luis López Vázquez.
En un país como este, en el que la arqueología es una religión (si no que se lo digan a Jopie Hesters, que ha cumplido los 105 con las botas puestas) es probable que la peli tenga cierto éxito. Pero también es verdad que los melones no saben igual en diciembre que en las calurosas tardes de verano.
¿O es que alguien pagaría hoy por ver lo que ha sido de los chicos de Verano Azul?

La eternidad posible

8 de Diciembre.- Soy un infatigable lector de memorias y biografías. Con los años, he llegado a la conclusión de que muy pocas ficciones se pueden igualar a una vida bien contada (aunque habría que hablar mucho del componente de ficción involuntaria que tienen las memorias). Asimismo, mi inclinación natural al cotilleo tiene en esos libros una forma de satisfacción que es presentable socialmente.
De pequeño, me gustaba leer en el Pronto las memorias de las folclóricas, casi siempre publicadas por medio de interpósita persona, porque las obreras de la bata de cola solían estar en ayunas culturales. En aquellos tiempos en que la información social aún no era la jaula de fieras que es hoy, aquellas cándidas retahílas explicaban hechos tan indiscutibles como que fulanita se había casado con zutanito (siempre por la iglesia) o que el espectáculo “Coplas de España” había tenido todo el éxito de este mundo y parte del del otro en la temporada 65-66 del Teatro Colón de Buenos Aires.
El epítome de este género fue la serie Coraje de Vivir que Antena 3 produjo para Lola Flores. Mi momento favorito era ese en el que Lola, vestida como la viuda de un estraperlista rico (taconazos, vestido negro con falda por encima de la rodilla, broche de brillantes, el entrañable culillo de las mujeres Flores) decía con esa voz curtida a base de cigarrillos “Güisto”:


-Y cuando llegué a Roma, tuve mi primera “farta” de Lolita.


La lectura continuada de memorias crea una mentalidad. Uno atesora momentos por si, en algún momento del brumoso futuro, se le acerca Tico Medina con una libreta en la mano, dispuesto a que uno le cuente su vida.
La otra noche, la del Krampus, fue uno de esos momentos que, difinitivamente, guardo para recrearlo en mis memorias. No hará falta embellecerlo, porque ya de por sí fue un retal limpio y perfecto de felicidad. La otra noche, sentado en una cocina de Burgenland, me di cuenta de que, después de tres años en este país, he conseguido hacerme un sitio, y que ese sitio está habitado por las personas cariñosas que me acompañaban alrededor de aquella mesa.
Los momentos hermosos, sin embargo, hay que vivirlos con un ojo abierto, disfrutarlos con avaricia, porque no son eternos más que en el recuerdo.

El salvaje ataque de los niños mutantes

7 de Diciembre.- La oportunidad para convertir a un mormón en un alcohólico irrecuperable es que pase las navidades en Austria. Desde que empezó el dichoso adviento, no hago más que beber vinorrios, licores y cervezas, al raso y bajo techado, pero siempre en compañía. En estas fechas, resulta un tópico eso de “Oye, a ver cuando quedamos para tomarnos unos gluhwein”. Lo hacemos como si el tiempo este del adviento, en vez de tres semanas, durase un año entero y, la verdad, uno no tiene tiempo material. Menos mal que el hígado (toquemos madera) viene respondiendo.
La verdad es que estas navidades (por la ingesta alcohólica quizá) están siendo muy divertidas. Incluso, estoy empezando a soportar la villancico experience con bastante alegría (pa lo que soy yo).
Ayer, curiosamente, tuve ocasión de hacer terapia de grupo con la mujer de mi primo N., austriaca ella, que ha vivido en España durante un tiempo. Al decirle yo que a mí los villancicos me daban urticaria, me recordó el horroroso poltergeist que se desata en España cuando pasa el puente de los santos: en todos los centros comerciales, en los hilos musicales de los vestuarios de los polideportivos, en las estaciones de tren, empiezan a sonar las voces tremebundas de lo que ella llamó “los niños mutantes”. Se refería a esas cintas de villancicos horrorosos en las que se pretende que lo que cantan son niños pero que, en realidad, son mujeres poniendo voces más falsas que la niñez de Joselito. Es un poco como esos doblajes horrorosos que Garci hace a sus películas últimamente para que parezcan americanas (estoy pensando principalmente en “El abuelo” una de las películas más rechinantes que yo haya visto nunca, en la que incluso Garci hizo doblar a Enma Cohen). En mi casa teníamos dos o tres cintas de esas cuando éramos pequeños (deben andar aún por ahí porque el mal es indestructible) y en cuanto yo escuchaba esas voces arropadas por panderetas sintéticas cantar lo de:
-La nochebuena se viene, la nochebuena se va, y nosotros nos iremos y no volveremos más.
A mí me entraban ganas de cortarme las venas con la minipímer.
De ahí creo yo que viene mi trauma con los villancicos.
No tengo nada en contra de las versiones de Bing Crosby, Ella Fitzgerald o Elvis que suenan en las radios austriacas (aunque me esté empezando ya a cargar Let it Snow, porque lo ha usado una empresa para una campaña) pero hay cierta fibra en mí que se acuerda de los niños mutantes, y que se estremece cuando escucha la combinación alfabética “feliz navidad”.
Por eso también quizá, intento ahogar mis penas en alcohol.
Y de momento, funciona.

Llegada del Krampus a Neusiedl Am See

6 de Diciembre.- Una de las tradiciones más austriacas es la llegada el cinco de diciembre del Krampus -personaje malo- y el 6 de Diciembre del Nikolaus, que es San Nicolás, el personaje bueno. Como en muchos otros casos, la iglesia católica se apropió de dos tradiciones preexistentes y las cristianizó. El Krampus representa a los malos espíritus y San Nicolás es el vencedor de las tinieblas, de alguna manera, con el Krampus se representa una lucha entre las tinieblas y la luz. En Neusiedl Am See (Burgenland) donde yo lo he estado viendo hoy, los Krampus van vestidos con pieles de cordero, máscaras horrorosas y llevan a la espalda unos cencerros que hacen sonar para asustar a los nenes malos (y también a los adultos cobardicas). Las máscaras son de madera policromada y los Krampus, aunque no se vea en estas fotos, también llevan bengalas y fuegos consigo.


Un detalle de un singular lirismo es que los Krampus están atados por la espalda con cadenas a unos ángeles -generalmente chicas impúberes- que representan la virtud y que están aliadas con San Nicolás. La fiesta del Krampus cobra así ese aspecto poético que, en realidad, tienen todas las tradiciones primitivas.

Uno de los monstruos lleva a la espalda un cesto en donde, según la tradición, se pone a los ninos malos. El cesto es, originalmente, una cuba de madera de las de recoger la uva (Burgenland es una región eminentemente vinícola); la cuba en cuestión va decorada con cascabeles. Había un crampus canijo que iba pegándole al personal con un zurriago. En la foto, se ve metido en la cesta del Krampus mayor. Hay que aclarar que el disfraz pesa alrededor de los cuarenta kilos y que, en todo momento, los Krampus no paran de moverse y de acosar al público.
Cuando aparece San Nicolás las fuerzas del mal son derrotadas y las máscaras de los esforzados Krampus terminan en el suelo, como esta de la foto. Una vez más la luz ha vencido a las tinieblas y el ciclo astrolnómico (el solsticio) puede continuar.
La verdad es que mi santo (el pobre) no ha tenido mucha suerte con los pintores. Esta es la imagen más decente que he encontrado de él.
Vidas ejemplares

4 de Diciembre.- Ayer fue mi santo pero, en estos tiempos de laicidad y laicismo, de pérdida de valores, en los que la iglesia militante denuncia con razón el hecho de que el mundo esté como Sodoma y Gomera, el deterioro de las tradiciones y el desdoro de los dogmas, la verdad es que no se acordó ni el gato (*).
Miento: se acordaron mi tío el militar (que es muy puntual para estas cosas), mi tía de Almería y un compañero de trabajo polaco al que la cosa ni le iba ni le venía .
Los romanos creían que el nombre hace a la persona, igual que el hábito hace al monje; y yo creo que, en cierto modo, tenían razón. Cuando yo nací, mi padre quería que me llamase Juan de Dios pero mi madre y mi abuela se cerraron en banda y, al final, se optó, siguiendo el consenso que hizo posible la transición (1975, era la época) por Francisco Javier.
De este modo, me libré de ser conocido como “El Juande” y probablemente, según la teoría romana, también me libré de ser cliente de Las Barranquillas o de afanar ciclomotores al filo peligroso de la madrugada.
Sé poco de mi santo, pero las pocas cosas que sé hacen que me sienta cercano a él (aunque yo los únicos milagros que haya hecho hasta la fecha hayan sido los presupuestarios).
Para empezar, Francisco Javier fue emigrante y cotilla, como yo. De bien jovencito se fue a París con su colega Ignacio de Loyola para ver qué se cocía en la teología de su tiempo (y también, quiero creer, que el ambiente provinciano de la España de la época debía de asfixiarle). Cuando se convenció de que tampoco en París estaba su sitio, y empujado por un idealismo que no habla mucho de su cordura, Francisco Javier se fue a Asia a evangelizar a una gente que, aceptémoslo, había vivido hasta entonces felicísima sin estar evangelizada. Esto a él le chupó un pie y se dedicó a enseñarles los principios de la religión católica a los futuros paisanos de Isabel Preysler, los cuales (¿Quizá por paliza?) se lo cargaron.
Durante la causa de su beatificación, eso sí, un testigo declaró que ya en vida la gente le tenía por santo, porque era “el hombre que siempre sonreía” (cosa que yo intento llevar lo más a rajatabla que estos tiempos crueles me permiten y manera en la que me gustaría ser recordado cuando llegue el lejanísimo día de mi fallecimiento)
Así que ayer, para reforzar esta tendencia mía a la sonrisa, celebré mi onomástica con sendas tazas de Gluhwein en el mercadillo de la Plaza del Ayuntamiento y una de propina de Schildcher en Karlsplatz. No fui el único: aquello estaba abarrotao.

(*)ACTUALIZACIÓN: se ha acordado mucha más gente luego, e incluso ayer, que se acordaron tarde y no me llamaron. Es justo y necesario decirlo.

The killers , "Humans", una canción que me mola

El muro de silencio

3 de Diciembre.- Querida sobrina: las noticias quem e llegan de Madrid indican que tanto tus padres como tus abuelos están empezando a desearle a Emilio Aragón (padre) una muerte lenta y dolorosa. Porque has descubierto youtube y te pasas el rato pidiendo que una versión virtual de Miliki (el pobre no está para otros trotes) te hable de la incontinencia de la gallina turuleta (que pone huevos en la sala y también en la cocina, pero nunca los pone en el corral) o te diga que su barba tiene tres pelos.
Tu tío mismo, muchas veces, va canturreando por esos metros vieneses lo de “cuando te digo china china china del alma, tú me contestas chinito de amol”. Y es que tu tío tampoco es inmune al poderío del emporio Aragón.
Hoy quisiera compartir contigo una problemática que, posiblmente, y contando con que salgas un poco a tu padre (y a tu tío) sufrirás tú también. No quiero pues que te sientas sola y me gustaría ponerte en antecedentes, por si las moscas.
Como es de dominio público gracias a este blog, nuestra familia es una descojonación. Tenemos nuestros más y nuestros menos, claro, pero puede decirse que nuestro pasatiempo favorito es reirnos los unos con los otros. Atiende a esta preposición, sobrina, porque es importante. No nos reimos los unos DE los otros, sino los unos CON los otros.
Cuando empieces a salir de casa quizá te pase como a mí y, en cuando empieces a cogerle cariño a la gente, te dará por reirte con ellos. Descubirás que es una cosa que no todo el mundo entiende.
Como creo que ya he dicho aquí, los que hacemos reir a los demás también tenemos nuestra cruz. Primero, que nadie nos toma en serio. Y después que ofrecemos a los demás nuestra vida para que se rían con ella (porque de todos es sabido que las coñas sobre cosas abstractas no tienen maldita la gracia).
A mí me pasa muchas veces Ainara, después de terminar una reunión con amigos, que siento esa tristeza que se experimenta cuando se disuelve la euforia del alcohol. Y me pregunto muy desazonado si no me habré pasado y qué pensará de mí la gente. Me refiero a esa gente más normal que yo, que no hace coñas con las miserias de sus seres queridos (ni tampoco hace coñas con sus propias miserias, aceptémoslo). Y por lo tanto no entienden que es muy difícil dejar que la realidad te estropee un buen chiste. Me siento a veces, y esta no es broma, como si mi vida estuviese en un escaparate. Vulnerable, preparada para que culaquier desaprensivo pueda hacer con ella lo que quiera. Y no solo con mi vida, sino también con la de los que quiero y que, al fin y al cabo, no tienen la culpa de que yo tenga la boca tan grande. En esas ocasiones, a solas conmigo mismo, siento un gran arrepentimiento y hago propósito de enmienda (que me dura lo que tardo en tener un público, aunque sea unipersonal).
Hasta aquí las lamentaciones. Porque hace unos años descubrí que, a pesar de todo, la gente opina de tu tío que es una persona reservada. Un ser que tapa muy bien sus secretos y que nunca da puntada sin hilo. Quizá sea porque las coñas sólo las hago con cosas inofensivas. En mi vida, las cosas realmente importantes están escondidas detrás de un muro de silencio.
Besos de tu tío.