Cartel del Baile de la Rosa 2008
Una siesta de veinticinco años

31 de Marzo.- Quien me haya leido atentamente (o no tanto) sabe mi admiración por el talento de Pedro Almodóvar. Es un superviviente. Pertenece a ese grupo de dosmil escogidos que, según Hemingway, cuentan en el mundo, porque representa una visión fresca y distinta de las cosas, una inteligencia incisiva, vívida y sensata, una cálida frialdad, tan escasa en los tiempos que corren. La carrera de Almodóvar es resultado del trabajo y, estoy convencido de que, cuando salía con la bata y las medias de rejilla a cantar con McNamara eso de “Voy a ser mamá, voy a tener un bebé, le llamaré Lucifer...”, Almodóvar ya estaba soñando con ser Pedro Almodóvar, ganador de todos los premios, perejil de todas las salsas, oronda sonrisa oscarizada. Con un par.
Almodóvar es el héroe del niño raro que todos llevamos dentro. Cuando en el recreo abríamos la boca y los otros chavales nos miraban como si hubieran visto un marciano, ya entonces, decíamos para nuestros adentos: “cuando tú seas ayudante de bazar seco en Carrefour, yo seré Pedro Almodóvar”. No era verdad, claro, porque Pedro Almodóvar solo hay uno (quizás afortunadamente); pero esta mentira, rumiada con los dientes apretados, nos salvaba de caer en el desánimo.
Los tontos creen que Almodóvar es el resultado del azar, del clientelismo. Piensan, como de los cuadros de Miró, que cualquiera podría hacer una película de Almodóvar. Sin embargo, la refutación de este argumento está en toda la obra de Almodóvar, que mana como un chorro de pintura roja inagotable. Eterno pero siempre desigual a sí mismo.
Almodóvar tiene un lado oscuro, por supuesto, porque todos los supervivientes persisten a costa de alguien. El éxito siempre es culpable. Y Pedro Almodóvar lleva al cuello una ristra de cadáveres que empezaron a andar con él pero que fueron descartados por esa cosa tan arbitraria que es la vida. O que quizá se descartaron a sí mismos, deslumbrados por luces que los llevaron hacia los abismos. Sólo los que son inmunes a la fascinación de la fama, o los que tienen el mismo hambre insaciable que Almodóvar, son capaces de sobrevivir en su mundo de hombre a dieta rodeado de mujeres sabias. Como Bibiana Fernández, la mujer de España que mejor habla, con mucha diferencia, y a la que uno sueña dedicada a la política. Como Alaska, con su melena naranja, que posa siempre con infinita paciencia para todas las fotos que le piden sus admiradores. Como Chavela Vargas, otra superviviente de sí misma, que cuenta historias desternillantes con su mirada centenaria. Historias que, si son mentira, uno desearía con todas sus fuerzas que fueran verdad.
Sin embargo, no es verdad que Almodóvar haya abandonado sus raices y se haya vendido. Es que Almodóvar siempre estuvo vendido. Fue su frustración de no poder salir en el Hola lo que desencadenó el cabreo que hizo posible que el furioso Almodóvar adolescente saliera de la Mancha, entrara a trabajar en Telefónica e iniciara su asalto al poder, ciscándose en toda la cultura oficial. Han pasado treinta años, y Almodóvar por fin, ha entrado en el olimpo de los diesel. Qué más Hola que Carolina de Mónaco y su principadito inútil. Qué más Hola que Alberto II y su palacio real encanijado. Qué más Hola que la cárcel en la que se pudre Estefanía, esa mujer con cuerpo de boxeador y mente de gangster siciliano.
Este fin de semana pasado, Almodóvar asistió al Baile de la Rosa, que celebraba este año una edición dedicada a La Movida (lo que quiera que sea eso, si es que alguna vez existió). Y uno, cuando ha leido las declaraciones que todos han hecho a propósito del evento, no ha dejado de pensar que tenían un tono melancólico. El propio Almodóvar ha dicho que aquello era “como echarse una siesta y soñar con hace veinticinco años”. Como mirar en la Bola de Cristal y vernos como entonces, sentados delante de la tele viendo las aventuras de los Electroduendes.
Un fin de semana en imágenes

30 de Marzo.- Fotografías de este fin de semana. Primero en el que la primavera ha empezado a merecerse que se la llame así. Aquí, los primeros brotes de los castaños del parque que fue coto de caza privado de la emperatriz Elisabeth, en las cercanías de la Hermes Villa.

Los enormes bosques en los que crece el bärlauch y los jabalíes hozan tranquilamente.
Y hoy, el lago Neusiedl, en el que los primeros surferos han jugado hoy con el viento. Incluso, algún jabato hasta se ha bañado pese a las temperaturas (10-15 gradetes, más o menos)

Los surferos navegan a vela, como puede verse en esta foto.

Mientras la gente tomaba el sol, y otras cosas con más alcohol en el megapijo muelle del club náutico.

Una terrícola descubre el secreto de los lagartos temibles

Atrápame a ese lagarto (V)

Primera parte

La capacidad de reciclar estereotipos que tiene la televisión resulta siempre sorprendente y también el grado que alcanza su misoginia: los malos más fascinantes de la historia de la tele son mujeres (normalmente en tramas diseñadas por hombres, por supuesto).
Desde la Celestina, modelo de ausencia de escrúpulos hasta Diana (Pronúnciese Dayana, como está mandao), la jefa de los extraterrestres de V, esa serie en donde nada era lo que parecía.
La trama de una buena serie de televisión debe ser maniquea si quiere tener éxito: no hay que pararse en grises. En el mundo lucha el bien contra el mal y, si hace falta cargar las tintas para demostrarlo, pues se cargan y aquí paz y después pelea con pistola láser.
V es el vivo ejemplo de esto: punto de partida: Un día, aparecen en las ciudades del mundo (pero curiosamente más concentradamente en la parte de Estados Unidos) unos platillos volantes que emiten un mensaje de paz.

-Qué tal va eso, pípol: somos extraterrestres que no queremos haceros daño, sólo queremos la hermandad universal. Casualmente tenemos forma humana como vosotros (jaté qué coincidencia) y queremos confraternizar, ¿Nos dejáis?
Los humanos tragan, claro. Y ahí empiezan sus problemas.

(Digo esto de que, curiosamente, todas estas cosas pasan en Estados Unidos porque, hasta ahora, no se sabe de ningún OVNI que haya aterrizado en el barrio de Triana; y es inédita la actuación de los sufridos habitantes de Cuenca o de Segovia si una extraterrestre con la cremallera del uniforme abierta hasta la mitad del esternón, les hubiera propuesto relaciones interplanetarias).
Total: que hay un periodista (Mike Donovan) y una doctora de aspecto angelical (Julie)que descubren que lo que los extraterrestres quieren es merendarse a la especie humana y sus recursos pero, aún más, que los extraterrestres no son lo que parecen, sino que, bajo su piel blanca de wasp (white anglosaxon person) se esconde una repulsiva apariencia reptiliana (pregunta: ¿Cómo disimulaban los extraterrestres la lengua bífida?). En fin: el caso es que Mike Donovan consigue filmar a un visitante comiéndose una rata viva –menú peculiar- y con este hecho se pone fuera de la ley y crea una organización: La Resistencia. Cuyo símbolo es la V de la victoria. Él es el jefe y Julie es lo que en ETA se llama un “miembro legal” o sea, que ayuda a los buenos, pero sin estar fichada por la policía lagarta. Julie trabaja en una organización creada ad hoc para aprovechar la sabiduría extraterrestre. Esta organización se llama Scientific Frontiers (o sea, fronteras científicas). Ella, por supuesto, dedica sus horas de trabajo al menester de encontrar una sustancia que sea capaz de matar a los lagartos.
Los primeros trece episodios de la serie se van en desmontar las felonías interplanetarias. Poco a poco Diana, morena y peligrosa, asume el mando extraterrestre (es un poco la Angela Channing de este cotarro, en plan sexy canalla, cruzada con la madrastra de Blancanieves). Por el cetro verde rivaliza con ella Lydia, que es rubia y lleva el uniforme convenientemente abrochado y un peinado a lo Bonnie Tyler. En cualquier caso, las dos, con sus maillots rojos, tienen pinta de ir a enzarzarse en cualquier momento en una pelea de lucha en el barro.

El papa Benedicto XVI
La señal de la cruz

26 de Marzo.-Mi querida sobrina: esta semana, tus padres me han mandado fotos tuyas. Sé que no soy objetivo, pero es obvio que se ve que eres una niña inteligentísima y despierta. Hasta un grado que llama la atención.
Durante esta última pascua yo he estado en Italia, en ese país mellizo del nuestro. He aprovechado que me daban un día de fiesta para pasarlo más al sur, con la esperanza de ver un poco el sol.
Italia estaba llena de símbolos religiosos por todas partes. Unos símbolos que, por lo que he visto, van desapareciendo poco a poco de la vida diaria española. A cada paso había una cruz, o una estampa protectora para atraerse el favor del cielo en los tiempos de dificultad.
Como te dije cuando te hablé de la navidad, soy religioso, en el sentido de que pienso que hay algo por encima de nosotros que premia los buenos actos y castiga las malas acciones; católico por tradición, pero creo también, Ainara, que Dios no lo es. O que, por lo menos, que Dios se parece poco a la imagen que difunde esta iglesia católica que más que madre (Mater et Magistra, se llama a sí misma) es madrastra para muchos creyentes. Esa iglesia cuya oficialidad, insistiendo en sus peores vicios históricos, reniega de toda modernidad, vive alejada de la ciencia y de las corrientes más actuales del pensamiento y el arte, es antidemocrática, inflexible y politiquera. Una iglesia que tiene fobia al sexo y en la que tú, como mujer que serás y a pesar de todos los paños calientes, estarás discriminada si es que decides participar en ella algún día.
Es muy improbable que Jesucristo, ese rabino enigmático al que nunca se le pasó por la cabeza fundar una nueva religión, se encontrase a gusto en la bulliciosa basílica de San Pedro. Y aún mucho más improbable que, de aceptar ser el jefe de los católicos, hubiese hecho declaraciones como las que está haciendo el decimosexto de los Benedictos, claramente ofensivas contra las demás confesiones. Lo cual resulta doblemente grave y cruel si se tiene en cuenta que el mundo está pasando por un momento en el que se necesita la unión de todos sus habitantes y que, en esa causa, la religión es un pilar fundamental.
La política vaticana actual es eurocéntrica, diplomaticamente torpe, defensiva, cobardica y quejumbrosa. El anciano que dirige esta iglesia en retirada, y que tolera hacia sí mismo un culto muy alejado de la humildad que predicaba Cristo, ha rezado públicamente porque los judíos se enmienden de sus errores (lo cual ha provocado que los hebreos hayan roto relaciones con la iglesia, qué distinta esta actitud a la que tuvieron con el fraternal Juan XXIII); también ha dicho, entre otras barbaridades, que los indígenas americanos sufrieron con la conquista española pero, de resultas, obtuvieron el beneficio de ser católicos, ergo, la salvación. Por no hablar de que, desde su anterior cargo, como guardían de la ortodoxia, el papa remachó la doctrina vaticana sobre moral sexual, anticonceptivos, celibato sacerdotal y un sinnúmero de temas que hacen que parezca que la bondad o la maldad de una persona se localiza principalmente en sus gónadas y en el uso que hace de ellas. En cualquier caso, nada que mejore realmente la vida de la gente.
Si la religión, Ainara, no está para aliviar el sufrimiento del ser humano. Si no es capaz de mediar entre el fuerte y el débil. Si no está para hacer más tolerable la vida en este mundo. Si no está para enriquecer al hombre mostrándole una perspectiva superior y trascendente. Si no es balsámica y aquieta el corazón en los momentos de sufrimiento ¿Para qué está?
Quizá a tu generación le corresponda descubrirlo.
Lo que está claro es que en esta vida lo postizo se cae; lo que no sirve, desaparece. No importa que haya durado mil años, o dosmil.
Besos de tu tío.
Viena en primavera

25 de Marzo.- imágenes de la nevada que ha caido hoy por la tarde en Viena. Viva la primavera.




Italianos mancos !Uníos!
(Pascua en Italia: reflexiones)

25 de Marzo.- Como ya conté ayer, he pasado este fin de semana largo en Italia (lo cual, para quien vive en Viena, es como decir que ha hecho una excursión a Valencia, para el que vive en Madrid). Udine se llama la ciudad en donde he parado. Es una especie de enorme centro comercial al que los austriacos peregrinan aún, pensando que, de la frontera hacia Italia, los precios son más ventajosos que de la frontera hacia Austria.
Udine está al pie de los Alpes (de hecho, desde la ciudad se domina una impresionante panorámica de la muralla que separa la península itálica del resto de Europa) y normalmente su clima es más templado que en el interior (a cosa de una hora de coche está el mar, lo que también ayuda). Viajar a Udine, normalmente, supone un alivio para los fríos centroeuropeos. Esta vez, sin embargo, no ha sido así, y nos hemos enfrentado con una Italia invernal y borrascosa.
Quiero dejar aquí, sin embargo, algunas reflexiones:

-Primera, Italia es un país que me pone de muy buen humor. Como cantaba Carmen Sevilla, “No es mejor el día, ni cambió la primavera” pero es poner el pie en Berlusconilandia y me sube la bilirrubina. Será porque la gente habla alto, será porque se toca; será porque se ríe, será porque las señoras mayores llevan mechas como en España...No sé.

-A pesar de eso, quisiera decir que en Italia los camareros y camareras son muy maleducados. O sea, que pueden llegar a ser desagradables hasta el extremo de que cuanto más les conoces, más quieres a tu perro (gato, en mi caso). Y uno, francamente, ya no está acostumbrado. Porque en Austria te besan los pies si da lugar. En Italia el cliente siempre es un bulto sospechoso.

-En Italia es una desgracia nacer feo o manco ¿Y por qué? Porque los italianos tienen auténtica fobia a la fealdad y al desaliño. Salen a tirar la basura maqueados como para ir de boda. En ellos particularmente, esta afición a la moda llega a extremos patológicos. Ya no hablo de los vaqueros con el tiro diseñado para producir problemas de fertilidad, sino de las gruesas capas de maquillaje graso que algunos fulanitos llevan por la calle, o de los peinados realizados mediante los últimos adelantos de la industria peluquera. Es que ,además, la gente lleva ropas interiores con relleno (frontal,posterior o las dos cosas a la vez) y algunos otros postizos que, además de un poco ridículos, deben de ser incomodísimos. Eso sí, estilazo, tienen a chorros; uno se sentía una piltrafilla sin estudios (y eso que salió equipado con la moda de Italia adquirida en la operación shop til you drop). En cuanto a la desgracia de nacer manco, es que un italiano que no pueda hablar con las manos ni es italiano ni es nada. Y eso que Udine es el norte, que teóricamente es el País Vasco de Italia. No quiero ni pensar lo que debe de ser Sicilia.

-Las presentadoras de la tele italiana son clónicas, no importa la cadena. Para que nos entendamos: modelo Telecinco primera época. Mujeres de belleza exuberante (noblesse oblige)y estatura de equipo olímpico femenino de baloncesto. Todas parecen soñar con ser la próxima Sofía Loren (sueño imposible, porque Sofía sólo sólo hay una). Los presentadores masculinos les llegan a todas por la cintura y, generalmente, son señores cincuentones (cuando no más) que ofrecen fajos de billetes con aire de vendedor de coches de segunda mano con antecedentes penales.

-Viena, como decía ayer, alcanza el grado mausoleo en la escala Travolta para medir la vida nocturna. Y eso que Udine es un sitio provinciano al que se va a lo que se va (o sea, a shop til you drop, ya lo decía yo antes). Y, aunque generalmente las odio, la verdad es que se echan de menos esas situaciones en las que parece que, estés donde estés y en el bar en que estés, siempre parece que estás interpuesto entre alguien y la puerta del servicio más cercano. Cómo añora uno esos codos clavados en su bazo y su esternón. Esa música a todo meter. Esa obligación de saltar al ritmo de la canción de moda porque estás tan constreñido por la masa que dejas de ser dueño de tus movimientos...Ays.

(Con la ventaja de que en Italia está TOTALMENTE PROHIBIDO fumar en los locales, que es lo mejor del mundo)

-Por cierto, y ya la última y más increible: en Italia, cuando se pide un bebercio en un local cualquiera, PONEN TAPA (¡Y gratis!). La mera pretensión de lo mismo, en Viena, hubiera hecho fallecer de un síncope a más de un camarero.
Los pobres aborígenes a los que yo les hacía notar esto me indicaban que “en Viena, en los bares de cócteles ponen panchitos” (¡No te jiba!). No, si el que no se consuela es porque no quiere.
Ah, la bella Italia...
Pascua en Italia

24 de Marzo.- Acabo de llegar de pasar el largo fin de semana de Pascua en el norte de Italia, en donde he aprovechado para darme un baño (helado, eso sí) de cultura mediterránea, de gente que habla alto, se besa y se toca. Un baño, por qué no, de marcha. Porque aunque Udine sea una ciudad provinciana del norte de Italia, siendo realistas, tiene mucha más marcha que Viena.
Una ola de frío, eso sí, ha barrido el continente europeo en este principio de primavera, y el tiempo no ha sido el charco de sol que hubieramos deseado. Pero bueno. Por lo menos, nos hemos aireado.
Esta semana contaré unas cuantas cosas de este viaje que me han llamado la atención. De momento, ahí dejo las fotos.

Instantánea del camino, cruzando los Alpes
Ruinas del puerto fluvial de Aquilea, ciudad romana desde donde se cristianizó Europa

La basílica de Aquilea, patrimonio de la Humanidad

Así que pasen cinco años

20 de Marzo.- Hace cinco años, desoyendo cualquier tipo de consejo, empujado por un afán torpe de venganza y por otros motivos menos confesables, George Bush, al frente del gobierno de los Estados Unidos de América, dirigió toda la maquinaria de guerra de su país contra Irak.
Millones de personas en todo el mundo, este que escribe incluido, intentaron detener el desatino manifestándose en las calles. Intentabamos que nuestros gobiernos recapacitasen. Estaba claro para nosotros que una guerra en aquella región del mundo, a despecho de los suculentos motivos económicos que empujaban a EEUU, no haría más que empeorar una situación ya de por sí precaria. Cinco años después, se ve claramente que teníamos razón.
Quisieron vencer nuestra resistencia con todo tipo de mentiras, incluyendo fotos falsas que se exhibieron en la ONU para acreditar que Saddam Hussein –tirano antaño financiado por los Estados Unidos y adiestrado por la CIA- había fabricado armas biológicas que podían caer en malas manos en cualquier momento. George Bush, con sus compañeros de aventura Tony Blair y Jose María Aznar,incluso se reunieron en una conferencia en las islas Azores (antaño sólo famosas por el anticiclón) en la que sellaron una alianza que aún hoy los protege.
Tony Blair ya no es primer ministro británico, y Jose María Aznar goza de un dorado retiro que le compensa por los favores prestados –paradójicamente en un negocio para el que nunca estuvo muy dotado, el de la comunicación-; mientras tanto, en Irak, la guerra relámpago se ha transformado en un inagotable manantial de sangre y de dolor. Cifras terroríficas de personas inocentes han muerto ya, y el fin de la carnicería no está a la vista. Han pasado cinco años ya de aquello, y la mortandad continúa una escalada aparentemente imparable. La mayoría de los irakíes carece de agua potable, de electricidad, de medicinas. Por no tener no tienen ni policía, disuelta instantaneamente por el ejército ocupante, y cuyo recambio no estará disponible, según fuentes estadounidenses, antes del 2012, 2018 (!) si hablamos de la policía de fronteras.
Pero, por si esto fuera poco, la guerra de Irak ha traido unas consecuencias que ya todos podíamos ver cuando nos manifestábamos: el islamismo se ha radicalizado, en respuesta a la despiadada acción occidental; en Irak se ha desatado una guerra religiosa entre diferentes facciones islámicas; el petróleo, lejos de abaratarse, alcanza precios record (argumento que daba la señora de Palacio, en aquel momento ministra de asuntos exteriores, para justificar la guerra). El barril de petroleo vale ahora cuatro veces más caro que antes de la guerra. El mundo parece abocado a una imparable división religiosa y alrededor de Bush los sectores más fundamentalistas han conseguido imponer los postulados de los grupos ultraconservadores que apoyan al presidente.
Aunque claro, también hay gente que ha ganado (y sigue ganando) muchísimo dinero con esta guerra.
La industria armamentística estadounidense, en primer lugar, ha recibido miles de millones de dólares del gobierno de los Estados Unidos. Para fabricación de armas, pero también para investigación de otras nuevas. La cosa es tan simple como esto: si tienes una fábrica de sardinas en conserva, querrás que la gente coma cuantas más sardinas mejor. Si fabricas bombas, necesitarás un bombódromo para tirarlas. Las empresas fabricantes de armas han encontrado en Irak su bombódromo ideal.
El antiguo pretexto de democratizar oriente medio, salvaguardando así la seguridad de Israel, ha fracasado estrepitosamente. Por otra parte, una retirada parece, hoy por hoy, un remedio peor que la enfermedad. Provocaría un genocidio masivo que sólo conseguiría enconar el conflicto.
¿Qué hacer?
Cinco años son demasiados. Otro mundo es posible. Para eso pagamos a nuestros políticos: para que piensen la manera de hacerlo realidad.

Miedos

NOTA: Por causas ajenas a mi voluntad (pero no tan ajenas a mi mala memoria) este post no se pudo publicar ayer, a pesar de estar escrito.

19 de Marzo.- Hola:
Cuando era pequeño, sobrina, tenía miedo de dos cosas: de que estallase la tercera guerra mundial y del fin del mundo. Unos miedos muy extraños para un niño pequeño, ahora que me fijo. Los miedos de los críos suelen ser más domésticos, más apegados a su realidad diaria (que mamá y papá no estén, la oscuridad, los perros...) yo no: yo me aterrorizaba con cataclismos a escala mundial.
En mi niñez vivíamos en un ambiente milenarista. La proximidad del año 2000 hacía que la gente sintiese la fascinación de la cifra redonda. En cuanto se juntaban dos pseudocientíficos se ponían a hablar de Michel de Nostradamus, interpretando sus cuartetas de la forma más aterradora posible. En unos telediarios en los que aún se decían frases como “según fuentes de la agencia Tass” o “en la portada del diario Pravda de hoy” no se perdía oportunidad de meter imágenes de pavorosos hongos nucleares. Incluso los testigos de Jehová decidieron un día anunciar que el mundo se acabaría en tal fecha de tal mes. Recuerdo que, la semana antes, mi prima Y., entonces una niña, decía que ella no quería morir tan joven. Morir, como si los niños supieran lo que significa morirse.
También se decía que Juan Pablo II sería el último papa antes del fin del mundo, porque lo había anunciado la virgen de Fátima en el tercer secreto, y mi imaginación infantil era capaz de visualizar el fin de los tiempos con toda su parafernalia de fuego cayendo del cielo, muerte y destrucción. En cualquier caso, me lo imaginaba, curiosamente, como una cosa instantánea. Dios remangándose y diciendo:

-Hala, venga, apretarse los machos que en un momento termino con el mundo ¡Los cuatro jinetes! ¿Dónde se han metido esos hombres? Venga, venga, los muertos resucitados por aquí, las muertas por allá...Vaya chapuza de apocalipsis que nos está saliendo. Una eternidad ensayando para esto. ¿Tenemos a mano ya las estrellas para que caigan del firmamento? Pues hala: a precipitarse. Muerte, te he dicho mil veces que me lleves la guadaña en condiciones. Asi, ni miedo ni leches ¡Estoy rodeado de inútiles! El único que servía para algo, va y se me pone en contra...Qué castigo divino tengo con vosotros, madre...

La afición humana a temblar en un rincón se está colmando sobradamente por los profetas del cambio climático, sustitutos de los que nos vaticinaban una hecatombe nuclear. En vez de vastos territorios abrasados por la radioactividad ahora se profetizan buitres volando sobre reses famélicas, arados intentando marcar una tierra dura por las sequías, glaciares derretidos, polos haciendo subir el nivel de los mares y todo un catálogo de catástrofes que últimamente incluyen guerras por el agua, millones de desplazados y grandes capitales costeras convertidas en lugares en los que dar la vuelta al mundo en góndola.
Sin embargo, sobrina, mis miedos, con los años, se han hecho pequeños. O bien se puede decir que es un mismo miedo enorme e insondable que ha ido abriendo sucursales negras. Mi miedo más grande es a la muerte. Me aterra morir. Y a partir de ahí, suma y sigue. Me da miedo la enfermedad, me da miedo perder a los que quiero, me da miedo veros sufrir. Me da miedo el dolor. Mi mundo, Ainara, es pequeño, como lo será el tuyo. Cada cambio en él, casi siempre una pérdida, me duele como si me arrancaran un trozo de mí.
Te cuento esto porque no quería que mis cartas se convirtieran en un catálogo de éxitos: de cosas que he resuelto y que te ofrezco, triunfante y bobalicón, sentado en mi propia y cómoda verdad. Cuando la muerte vino a verme por primera vez, cuando desapareció delante de mis narices una persona muy querida y yo no pude hacer nada para evitarlo, salvo andar arriba y abajo por un pasillo enlosado de terrazo, entonces algo se me rompió dentro que no he podido volver a reconstruir. Simplemente estoy partido, Ainara. Desde ese día tengo un pavor absoluto del futuro y la confianza que tenía hasta ese momento, simplemente, se ha evaporado.
Sin embargo, Ainara, lucho cada día por aprender a vivir con este miedo. Lucho por integrarlo, lucho por dominarlo y que no me coma. Lucho porque me deje disfrutar de la vida, quizá un poco menos de lo que disfrutaba antes, es verdad, pero de otra manera. Estrujando el placer de cada segundo hasta que no queda ni una gota, no dejando nunca de hacer por los demás lo que puedo hacer en cada momento, no esperando nunca a mañana para decir “te quiero” o “me haces la vida más agradable” o “gracias por todo lo que me das”. En tu mano estará que, una vez te toque el dedo helado del pavor, su frío se transforme para ti en un elemento paralizante o en una espuela. Sin temor a perder lo que se tiene, el sabor de la felicidad se relativiza, Ainara. Cada segundo en esta vida es un regalo. No hay que dar nada por supuesto. Todo lo que nos hace feliz, todas las personas que nos quieren, el agua que sale del grifo cuando apretamos el pulsador, el desconocido que es amable con nosotros en una tienda, una conversación íntima con un amigo querido, todo, Ainara, todo podría no estar ahí. La vida entera es un regalo.
Besos de tu tío.




Títulos de crédito de Falcon Crest

La vida en serie
18 de Marzo.- Leo en el blog de El Mundo “Asesino en Serie” un post delicioso sobre Falcon Crest y la gran época de los culebrones americanos de lujo. Acuden a mi mente, como en el tango, recuerdos de otros tiempos, en los que Angela Channing, Chu-li, y Lorenzo Lamas en bañador speedo marcapack, nos enseñaron que siendo bueno no se llega a ninguna parte, y siendo malo se aprecian mejor las virtudes del Cabernet helado.
Yo siempre fui más de Falcon Crest y de Dallas. Dinastía me parecía (y me sigue pareciendo) una horterada monumental. Tengo clavada en la memoria la voz española de Joan Collins, chirriante, plástica, como todas las voces malas de doblaje; y Linda Evans siempre me pareció una mujer insulsa que se merecía todo lo que le pasaba por boba y por trijte, más que trijte.
Pero en cambio, Falcon Crest y Dallas...No había color. Empezando por las cabeceras. Aquellas cabeceras ya eran, por sí mismas, declaraciones programáticas. Como diciendo: “Reinas, aquí nada de todo a un euro: si la prota se bebe una copa de champán, es del bueno, pasamos del garrafón”.


Lorenzo Lamas, el rey de las camas o a los ligones de discoteca también nos gusta dormir calentitos, reley.

La cabecera de Falcon Crest era aquella limusina que pasaba por el Golden Gate, hasta llegar a una propiedad que se intuía gigantesca. Últimos planos: una gran casa blanca estilo gótico californiano (por cierto, con un parecido al Motel de Psicosis) y un halcón, con su caperuza de cuero, subido en su percha. Y luego, eso: los Channing, los Gioberti, los Agretti. Todos enzarzados en una guerra sin cuartel por controlar la producción de vino en el valle de Tuscany.



La música de Dallas era un delirio de trompetas haciendo arpegios, bajos eléctricos, frases musicales lanzadas como confetti. El sueño de un compositor de country pasado de tripis. Apenas minuto y medio de intensidad en el que se prometían tramas llenas de fuerza, petróleo corriendo a chorros, dos hermanos, modernos Caín y Abel, luchando por el poder: Jota Erre (Larry Hagman) era el malo,mujeriego y despiadado;y Bobby, el bueno, al que también, como a Linda Evans, todo le pasaba por trijte.
Ahora que lo pienso, es curioso cómo los dos hermanos se definían por sus mujeres. La mujer de Bobby (Patrick Duffy) era Pamela (Victoria Principal): esa mujer que llevaba los riñones en el bolso porque no le cabían en su cinturita de avispa y que, con el tiempo, terminó anunciado Age Breiker (decíamos ayer). Y la mujer de Jota Erre era la simpar Sue Ellen, espejo de borrachas, modelo de alcohólicas con corazón de oro, que sufrió una transformación porque el público se encariñó con ella.
En las primeras temporadas, Sue Ellen secundaba todos los planes de su malvado esposo y se reía sin pudor de la soplagaitas de Pamela, pero conforme pasaban los episodios fueprogresando hacia la bondad. Luego, estaba la madre de Jota Erre, Ellie, que era Barbara Bel Geddes, una estupenda actriz de teatro que había acompañado a James Stewart en un romance improbable y asexual en Vértigo, de Alfred Hitchcock. Por cierto que, como Bel Geddes se quedaba viuda en el primer episodio (la muerte del marido desencadenaba las tramas por la lucha de poder en la Ewing Oil Company) andando el tiempo los guionistas le buscaron un novio que interpretó Howard Keel, el protéico leñador de “Siete Novias para Siete hermanos”.
Jota Erre también tenía una hermana del modelo “mis domingas llegan diez minutos antes que yo” que se llamaba Lucy y que interpretaba una actriz pequeñaja y pechugona llamada Charlene Tilton. Esta chica siempre se las apañaba para estar calentándole el reostato a algún vaquero, o para salir en bikini en la piscina de Southfork –el rancho en donde vivía la familia Ewing en tensa promiscuidad- en unas poses diseñadas para el calendario del taller de coches más infecto de Carabanchel. Digamos que era la versión Dallas del personaje de Lorenzo Lamas –el rey de las camas- en Falcon Crest.
Tutankamón, ese Brad Pitt de la antigüedad, según una reconstrucción forense a partir de su momia.
Nada como una madre

17 de Marzo.- El pobre Tutankamón fue un faraón menor que reinó justo después de la revolución religiosa de Amenofis IV, también conocido como Akhenaton.
Hubiera sido ignorado por todo el mundo menos por los estudiosos si no hubiera sido porque las circunstancias de su muerte obligaron a un entierro precipitado y a que se perdieran los rastros de dónde había estado su tumba, lo cual impidió que la saquearan los ladrones. Tresmil años después de su deceso (por una cosa tan pedestre como una septicemia) los arqueólogos británicos Carter y Carnarvon encontraron la tumba de Tutankamón prácticamente intacta. Lo cual, en los años veinte del siglo pasado, significaba que les había tocado el premio gordo de la egiptología.
Las piezas halladas en la tumba, auténtica cápsula del tiempo, estaban en un estado de conservación inmejorable. Incluso, Carter contaba (y fotografió) que las frutas y las flores de las ofrendas habían sobrevivido varios miles de años, desecadas por el aire caliente del desierto y la inusual estabilidad térmica del enterramiento.
Carter y Carnarvon empaquetaron todo lo que habían encontrado y se lo llevaron a Londres en donde palmaron secuencialmente para darle cuerpo a la teoría de la maldición.
Los cachivaches del antiguo faraón (o parte de ellos) hacen ahora un alto en Viena, en el museo etnográfico que está en el Hoffburg y, por medio de la National Geographic Society, los vieneses hemos podido verlos en una exposición anunciada con toda la parafernalia de estos casos.
Como escasean los eventos culturales importantes en esta ciudad que presume de culta, uno no podía perderse esta exposición, así que se sacó la entrada, a dieciocho eurazos, previa cita, y fue a verla ayer. Para comprobar que sí, que la exposición era mona, montada a la americana, pero de precio desorbitado. Comentándolo hoy con un compañero de trabajo, me explicaba que la exposición en cuestión le ha costado a la municipalidad de Viena 40 millones de Euros (es probable que los seguros hayan sido los responsables de este precio) pero uno ha contestado que si le sajan en impuestos es para que los museos y otros almacenes de trastos artísticos pertenecientes al Estado, le salgan, si no gratis, a un precio simbólico.
Batalla perdida, claro.
La exposición estaba bien, pero comparada con los tesoros del Kunsthistorisches Museum, pues la verdad es que palidecía, y ni Tutankamón ni leches.
Por suerte, estaba la siempre socorrida parte del público asistente. Mucho americano que tocaba las paredes del Museo en plan “toctoc, estou nou ser de resina como Las Veigas” (Y es que es maravillosa la ingenuidad de estos yankis) y, en mi caso, la inestimable ayuda de una señora sudamericana, parecida a esta tipa pequeñaja de Mujeres Desesperadas (¿Longoria? ¿Puede ser que se llame Longoria? ¿Hay algún médico en la sala para este Alzheimer mío?). La mujer, encaramada en unas sandalias de brillante cuero rojo y taconazo agudo, le iba explicando a su hija pequeña, de la manera más dulce, los ritos de la momificación.
Y es que, nada como una madre, señoras y señores, para hacerle dulce a un niño hasta el tema de sacarle a alguien el cerebro por la nariz con una pajita, o meter las tripas en canopos de alabastro. Yo la estaba oyendo (más que nada para pisparme de lo que ponían los letreritos explicativos) y la verdad una lágrima me rodó por la mejilla.
Los domingos, bacanal

16 de Marzo.- Ayer estuve en una de esas fiestas en las que acabo por no saber decir que no.
Llamémosle R. es un hombre de dos metros en el que cabe toda la inocencia de un niño de doce años y toda la capacidad de hacer amigos de un emigrante en terreno enemigo.
Vino al mundo en algún lugar de la antigua Yugoslavia y es fisioterapeuta.
Sabe de cada idioma dos palabras suficientes para ser simpático y romper el hielo, y el aire de la calle no parece haberle corrompido su inquebrantable fe en el ser humano. Dice unos holas estentóreos mientras te abraza con su envergadura de boxeador. Pero también habla un alemán sabroso con acento guerrillero y un portugués de pirata caribeño que exhibe junto con unos conocimientos autodidactas de samba.
Llamémosle R. cumplió cuarenta años la semana pasada y ayer montó en un bar una fiesta al estilo de su tierra (mucha música, mucho alcohol) a la que yo llegué por un amigo común. Eran más o menos las once de la noche, y todos los asistentes hubieran reventado ya los aparatos más resistentes de medir alcoholemia. Un hombre borroso acompañaba al teclado a un cantante improvisado que remedaba una versión Karaoke de La Vie en Rose y, en la minúscula pista, varias impúdicas damas yugoslavas (Serbias, Montenegrinas, qué sé yo) enseñaban sin pudor los michelines sobre los vaqueros de cadera baja, encaramadas en unos taconazos de vértigo. Llamémosle R. reinaba sobre aquella corte de los milagros como el príncipe de los piratas, riéndose alto, invitando a diestro y siniestro a chupitos de Lemoncello, escuchando con aire serio confidencias de borracho de media noche, prometiendo favores, palmeando espaldas, gastando bromas sexuales a los hombres y enterrando la nariz en las prominentes pechugas de las hembras. A una tanda de canciones francesas (“Parole, parole” pedía el rendido público) siguió una tanda de vertiginosas melodías yugoslavas entonadas por el hombre borroso con una contundente voz de niña. El limoncello corría a mares, el champán adquiría los tintes dorados de una bebida helada y mortal. Algunos asistentes, olvidadas todas las maneras, se lanzaban sobre la tarta de chocolate, que cogían con las manos a grandes puñados.
En esto, a la una, entró al local una fila de ordenados travestis yugoslavos, debo decir que de increible fealdad (todos parecidos a Julia Caba Alba). Atravesaron el local en silencio, con un contoneo provocador y, en fila, le dieron un besito a R. en la mejilla. En disciplinada formación, volvieron a salir del local. Sólo un travesti se quedó (el que llevaba más postizos) y las damas le rodearon para tocarle las curvas y preguntarle secretos de belleza.
A aquellas horas, yo me preguntaba qué leches estaba haciendo en aquella fiesta y me maldecía a mí mismo por terminar siempre en sitios que el lunes no puedo contar en el trabajo (¿Qué pensarían de mí? Por eso me desahogo aquí). También me preguntaba en dónde habría conocido el bueno de R. a aquellas personas, que no encajan nada con su profesión (demostrada) de masajista deportivo. Preguntados algunos asistentes, me explicaron que R. tiene un corazón de toro que no le cabe en el pecho, y que ayuda siempre a todo el mundo que lo necesita. También es generoso y en su casa siempre hay una copita de slivowitz para quien tenga penas de amor. Sea con quien sea y del sexo que sea.
A la una y pico, los bailarines ya daban traspiés y, en plena borrachera, simulaban muertos de risa estar en una bacanal. Los demás parroquianos del local (todos correctos centroeuropeos fuera de esta costumbre balcánica de beberse hasta el agua de los floreros) contemplaban las escenas de traspiés y precipitadas huidas al servicio como yo: viendo una obra de teatro extraña, brutal y lujosa en la que R. era el director de las improvisaciones.
A las dos, sólo quedaban tres bailarines en la pista, con pinta de haber hecho una maratón de baile. El amigo que me había traido a la fiesta estaba inconsciente a mi lado (con los ojos abiertos, pero era incapaz ya de decir nada coherente) y yo, más sobrio que un asceta hindú. Las flamígeras melodías de un par de horas antes ahora eran cantos melancólicos de amor a los tiempos mejores. Llamémosle R. como buen anfitrión, también estaba sobrio, y escuchaba pacientemente a alguien que le contaba su vida. Yo, decidí que ya era hora de irme. Pagué mi kleines bier, me despedí y me metí en la cama dudando si había estado soñando despierto durante las últimas tres horas.
Noche de fiesta con Carmen Nebel
15 de Marzo.- En la segunda cadena de la ORF, en estos momentos Nescafé, están echando el show de Carmen Nebel, que es una piefke o alemana que le recuerda a la tercera edad austriaca sus mitos de antañazo. Uno de estos mitos, gloria, flor y nata de ese género tan INSERSil que es el Schalgger, es la simpar Peggy March que, en estos mismos momentos, interpreta en playback uno de sus grandes jíts. Como yo sé que en la península ibérica y en el mundo mundial mis lectores se mueren de ganas de conocer a esta mujer, aquí dejo unos vidioclís de ella que harán sus delicias.
Para empezar, el gran éxito que pinchan constantemente en Radio Arabella (Kiss FM de aquí) "Fly away my pretty Flamingo" en una grabación de rancio abolengo: 1977. El estribillo es rebonito de la muerte, afirmo:



No menos glamurosa estaba la simpar Peggy en esta grabación de 1971, en la mejor tradición Valerio Lazarov. Ein mal verliebt, Immer verliebt. Una vez que te enamoras, te enamoras para siempre.
Amén.




Pero es que en el pograma de la simpar Carmen Nebel, moderatorin sin parangón en las ondas catódicas ni en las ondas por cable, también sale el ínclito y ubérrimo Hansi Hinterseer, excampeón de eskí cruzado con bote de Timotei que hace las delicias de las señoras transalpinas. Helo:



Planchando con alegría

14 de Marzo.- Los viernes son un día especial. Como salgo pronto de trabajar, generalmente me voy al gimnasio directamente y, después de castigarme, me drogo. Sí, me drogo. Porque, para la mala fortuna de mi bolsillo, debajo justamente del gimnasio está la tienda de segunda mano de mis amores. Hoy he conseguido la primera temporada de los Soprano por la ridícula cantidad de diez jEur. La caja supercuidadita, los cds como nuevos. Esta tienda me está desangrando.

Así que nada, uno se ha cogido la nueva adquisición, ha montado el tenderete de la plancha y se ha puesto la serie. Confieso que, al principio, me ha costado cogerle el punto, pero luego, la verdad es que me lo he pasado muy bien. Los Soprano, para mis lectores que lo ignoren, trata de la existencia de Toni Soprano, un capo de la mafia, y su familia disfuncional (fantastica Lorraine Braco, la signora Carmela).

Mientras repasaba las camisas (lo que más me cuesta planchar) me ha venido a la cabeza que por qué no será posible en España una serie así. Porque tenemos nuestra versión de la mafia (¿Qué es al fin y al cabo ETA, sino un grupo de criminales que extorsionan y se cargan a pobres inocentes?). Se me ha ocurrido quizá que lo que el fenómeno etarra necesita para ser solucionado no es ni negociación ni zarandajas, sino una serie de televisión, al estilo de Los Soprano (o Los Serrano, directamente). En el momento en que la gente viera que el emperador está desnudo y que los etarras son gente que tienen familias, hijos problemáticos, que ellos mismos tienen crisis de identidad, y son seres humanos, con su aspecto risible y ridículo, se acababa la cosa en un pispás. Pero claro, ¿Quién le pone el cascabel al gato?

Se me ha ocurrido también que, en América, a lo mejor no hay Asociación de Víctimas de la Mafia o que,si la hay, el clima protestante no permite que se manifiesten pidiendo la retirada de una serie en la que uno casi se alegra de que la mafia se cepille a sus víctimas que, en realidad, son pobres gentes que no pueden pagar préstamos y cosas así.

No sé, estas herejías se me ocurren mientras plancho. A lo mejor, incluso debería dejar de planchar.

¿O no?

Conmemoración en la Heldenplatz
12 de Marzo.- Para conmemorar que hoy hace setenta años de la anexión de Austria por parte de Alemania, se ha organizado una acción que consistía en encender 80.000 velas en recuerdo de las 80.000 víctimas austriacas del nazismo. Por supuesto, Viena Directo ha estado ahí:






Incluso ha intervenido la Frau Doktor Erika Weinzierl, historiadora y testigo presencial de los hechos (tenía 12 años en 1938) que ha estado explicando cómo era la vida diaria en la Austria nacionalsocialista. Ha sido auténticamente impresionante el silencio y el respeto con el que la gente la ha escuchado. Yo no he podido evitar emocionarme.


Reglas y marcos

12 de Marzo.- Querida Ainara: el miércoles pasado falté a mi cita porque me encontraba en el sur de Alemania. Mientras daba paseitos por el estand de la feria a la que asistía (sonrisita por aquí, sonrisita por allá) me preguntaba qué sería lo próximo que te escribiría.
Me acordé entonces de que no te he hablado todavía de algo que es fundamental para conseguir algo parecido a un grado razonable de felicidad.
Verás: durante tu vida, tratarás con diferentes tipos de personas, con las que tendrás relaciones de diferente intensidad. Desde las cajeras de los supermercados a tu familia (yo mismo) pasando por los sucesivos elegidos de tu corazón. Gran parte de tu éxito personal, Ainara, dependerá de cómo administres esas relaciones. En realidad las reglas son fáciles si uno consigue interiorizarlas pero la desastrosa realidad, sobrina, es que hay muy pocas personas que sean capaces de hacerlo. El resultado: proyectiles lanzados a toda leche contra el espacio emocional común, daños colaterales. En casos extremos: aumento de las ventas de clínex y helados Hagen Dazs.
El secreto del éxito de las relaciones con los demás seres humanos empieza, aunque te parezca paradójico, en ti misma. Porque no se puede querer a nadie (en el sentido más amplio de la palabra que se te ocurra) si antes no te quieres a tí misma. Con un amor cuidadoso, maduro y, si es posible, jocoso. Una estima por tí misma que incluirá siempre conocer tus propios límites, tratar de ver de manera realista tus fortalezas y tus debilidades, tratar de disculpar tus errores poniendo siempre por delante un propósito de enmienda; comportándote contigo misma como te gustaría que se comportasen los demás: con respeto, con cariño, con indulgencia, con una punta de espíritu de superación (el justo para no convertir la vida en una carrera que te tenga siempre con la lengua fuera).
Obtener esa clase de amor por uno mismo exige cierto entrenamiento (depende mucho de los condicionantes que uno traiga de fábrica, no te engaño) pero en cualquier caso no es imposible.
Tras esto, las relaciones con los demás se convertirán en una prolongación de las relaciones que tú tengas contigo misma. Si te quieres, es probable que los demás te quieran. Si te respetas, es muy posible que los demás te respeten. Si formas para tí misma un marco de reglas mínimas que garanticen una civilizada convivencia contigo, serás capaz de crear un marco parecido para tus relaciones con los demás.
Por mi experiencia, Ainara, dejando aparte los casos que he tenido ocasión de observar, la mayoría de las relaciones humanas fracasan en este punto: llega un momento en que uno de los componentes de la relación traspasa el marco y el otro, por pereza, por una deficiencia de autoestima, o por cualquier otro motivo, permite que ese marco se traspase. Y, como decía el chino aquel, lo que sucede una vez, sucede para siempre. Una vez la primera transgresión de las normas se produce, no hay niguna protección que evite la repetición de la excepción.
Si algo te hiere o te violenta, Ainara, házselo saber al responsable. Sin dudar. Esta labor docente es la única manera de que el ofensor se corrija, y la única manera también de hacerte valer. Es tu responsabilidad hacia ti misma. Actúa siempre de buena fe, pensando que la otra persona ha actuado mal sin querer, pero no dejes de actuar. Acepta también las críticas con la mejor voluntad posible de corregirte y, llegado el caso, explica tu actuación con rectitud, tratando de no hacer daño innecesariamente.
Entre tú y yo, esta es una lección que tarda años en aprenderse, pero que nunca es demasiado pronto para empezar a aprender. Tu tío, a estas horas, aún es un estudiante que aprueba raspando.
Besos mil desde Viena.
Adolf Hitler es saludado por sus paisanos en su pueblo natal, recién proclamada la anexión en Marzo de 1938

Conversaciones en el Café Atlántico

11 de Marzo.- Ayer quedé con mi amigo P. para tomar unas estupendas croquetas de bacalao en el Café Atlántico.
Delante de sendas copas de vinho verde estuvimos comentando los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa.
Es un gusto quedar con P. porque, aunque no nos veamos a menudo (la última vez fue en junio del año pasado) a los cinco minutos de estar sentados frente a frente es como si nos viéramos todos los días. Tiene una curiosidad infinita por todas las cosas, y energía suficiente como para satisfacerla. Es un lector constante y cariñoso con sus autores favoritos, y tiene la fina inteligencia de verlo todo con un sano sentido del humor. Le traigo a colación porque ayer, en los recovecos de nuestra conversación, salió la fulanita de la que yo hablaba días atrás, la de nuestro pais para nuestros hijos. La fulanita en cuestión ha sacado muchos votos en las elecciones de Niederösterreich, hasta llegar a un temible diez por ciento. Me contó P. que la mujer esta es madre de diez chiquillos, todos con nombres estrictamente germánicos (lo cual, en principio, no es ningún delito, aunque da idea de una manera de ser) y está casada con un hombre que tiene prohibida su participación en la vida política porque, a mediados de los noventa, parece ser que encabezó un grupo de los que niegan el holocausto y lo califican de patraña urdida por la judeidad internacional . Este tipo de declaraciones están penadas en Austria, como en Alemania, de la misma forma que en España está penada la apología del terrorismo. La fulanita misma también estuvo en la picota, o candelabro, porque se le ocurrió defender a su santo diciendo que aquello de negar la existencia de los campos de concentración no era más que “un problema de libertad de expresión”.
Hablando de esto, durante este mes de marzo se conmemora que sólo hace 70 años que Austria fue anexionada a la Alemania nazi, mediante un tocomocho muy característico de la forma hitleriana de hacer política.
Los austriacos modernos tienen una actitud de monolítica repulsa frente al nazismo (aunque parte de ellos voten a gente como la fulani esta de la que hablo) y han conseguido venderle al mundo eso de que “nosotros fuimos la primera víctima” (aunque, a juzgar por las imágenes de Hitler desfilando frente a la ópera de Viena,o de la peña en la Heldenplatz, uno no se lo cree mucho, más que nada porque los austriacos de entonces que salen en las fotos estaban locos de contentos). De hecho, observadores imparciales de la época le contaban al mundo que, durante su primera noche en Viena, el tito Adolfo no podía dormir debido a los vítores de la multitud apostada en el Ring con la intención de verle. Los austriacos de 1938 veían en Hitler, supongo, el milagro económico alemán, una garantía de orden (esa pasión tan germánica),y también la oportunidad de volver a contar en la política mundial (un deseo muy propio de mentalidades estrechas que también llevó a Aznar a dar conferencias de prensa como si se hubiera bebido un litro de anís).
También es cierto que Austria fue el primer lugar en el que surgió un movimiento organizado de resistencia (no hay que olvidar la fuerte polarización política de la época) y que muchos austriacos perecieron intentando combatir el nazismo. Que durante el nazismo, Austria perdió su identidad nacional (por perder, hasta perdió su nombre, que se transformó en Ostmark).
Hoy, setenta años después de aquellos hechos contra los que sólo México protestó (decíamos ayer) se suceden las conmemoraciones, cuando aún hay testigos oculares de que en el Rabenhoff, en el distrito tres, se hacía a los judíos fregar las calles o de que, la oficina donde yo me empadroné (en el distrito quinto) era la utilizada para extender los visados de los judíos.
¿Qué pasaría si pasara algo así hoy? Es más: ¿Sería posible algo así hoy?
Mariano Rajoy ayer en el balcón de la sede del PP en Madrid
Antes de declinaciones políticas, se es persona

10 de Marzo.- En principio, este blog no habla de política internacional. Sin embargo, y en razón a los acontecimientos, haremos una excepción para hablar de política española. Hablemos del mapa.
Ayer , y aún hoy, en todos los escrutinios, se enseñaba un mapa de España en el que se veía en qué lugares había vencido el Partido Socialista y en cuales había vencido el Partido Popular. Dicho mapa fue utilizado, sobre todo por los medios afines al PP, para demostrar que ni la victoria socialista había sido tan contundente ni su derrota tan amarga. Era una forma de dar las gracias por los apoyos recibidos a las amplias capas de la población que, en esta guerra de tirios contra troyanos, se han acogido al bando azul.
Ayer, mientras Rajoy recibía los vítores de la hinchada que pedía la dimisión de Zapatero (hay gente que es el rayo que no cesa), a uno le dio penilla. No por compatibilidad política, sino porque uno siempre ha sabido apreciar a un profesional serio allí donde lo ve. Y Mariano Rajoy, Don Mariano para los tertulianos de su palo, es un político aplicado, que está colocado a la cabeza de un partido que, hoy por hoy, es una piscina llena de tiburones que se están afilando los colmillos para morderle el pompis.
Ayer mismo, una comentarista vasca, más pepista que el papa, ya pedía su cabeza y le conminaba, con el estilo dominatrix que le es característico, a que organizara una sucesión lo más ordenada posible que no diera lugar a guerras fratricidas. Que las habrá a pesar de todo. Ayer, en el balcón de Génova, sonreían por última vez los últimos restos del equipo de Aznar y, aunque el ambiente parecía festivo (tanto, que hubiera podido creerse que había ganado Rajoy) estaba claro que, a pesar de las banderas de España con el toro de Osborne y la musiquilla pegadiza, allí no había más tela que cortar.
En las filas de enfrente, victoria, pero menos. Porque está claro el mensaje de las urnas: Zapatero ha ganado, pero tendrá que pactar con unos y con otros (¿Hasta con el PP?) para manejar el país durante un cuatrienio que se presenta difícil: sobre todo por una crisis económica que ya está llamando a la puerta con su mano fría, con todo lo que eso conlleva.
Pero, fuera de estas cosas que, al fin y al cabo, conllevan el devenir natural de las elecciones, los comicios de ayer tuvieron otra consecuencia, dizque perniciosa:
La abrumadora presencia mediática de “los principales partidos” (como odio esa frase) ha hecho que las opciones minoritarias se hayan desdibujado hasta quedar como una minoría multicolor en el arco parlamentario. Vamos, si Dios no lo remedia, hacia un bipartidismo macizo, que hará que la política española se empobrezca (más aún). Un bipartidismo debido, sobre todo, a que los ciudadanos han parecido inclinarse por el voto útil, concepto que cada quien entiende como puede; aunque tampoco hay que descartar que los nacionalismos han tirado de la cuerda más de lo que hubiera sido aconsejable (salvo CiU, partido formado por gentes que guardan su dinero en un calcetín debajo de una baldosa) y tampoco que IU, desde que se fue Julio Anguita, que gloria haya, no ha conseguido hilar más que un discurso átono de carriles bici. Aunque quizá también es que IU no ha conseguido tampoco agarrarse a ningún grupo de medios que le sirva de correa de transmisión (porque, siendo realistas, Second Life no está al alcance de la mayoría de los votantes de la coalición rojiverde).
Y la pregunta es, dado todo esto: ¿Se prolongará el sopor de los últimos cuatro años, el atontolinamiento, la tomatización, el grito, el rechinar de dientes? ¿Habrán aprendido los políticos que se empeñan en gobernar a los españoles y tratarán de hacer su trabajo con un poco más de decencia? ¿Gastarán mejor nuestro dinero? ¿Remediarán mejor a los que necesitan remedio? ¿Se reirán más? ¿Asistirá a los parlamentarios –particularmente a los más gritones- un equipo de terapeutas que les recomendará hacer un uso más frecuente de sus matrimonios (hetero u homo)? ¿Se extenderá una ola de placidez por las cámaras alta y baja cuando todos nuestros diputados hayan comprendido que “all they need is love”?
Cuatro años, cuatro, tenemos aún para averiguarlo.
Los nueve candidatos que se presentan a las elecciones de la Baja Austria (foto:Kurier)
Batacazo socialista, victoria conservadora (en la Baja Austria)

9 de Marzo.- Una nota breve para comentar, en esta jornad intensa, que en Austria también ha habido elecciones. Concretamente en Niederösterreich (Baja Austria), que es la región limítrofe con Viena que, por sí misma, forma una región.
Estas elecciones son importantes porque son las primeras después de la llamada “Gran Coalición” social-conservadora que gobierna el país (dándose guantazos, la mayor parte del tiempo, por los más variados temas). Según los analistas, servirá para pulsar el estado de la opinión pública frente a las actuaciones del primer ministro Gusembauer. También son importantes porque en estas elecciones se prueba por primera vez una medida un tanto insólita: se ha rebajado la edad de voto a los dieciseis años. Con lo cual, adolescentes y adolescentas con acné y problemas de identidad tendrán la misma capacidad de decidir sobre los problemas de su región que sus señores padres.
De momento, los resultados han sido desastrosos para el partido socialista austriaco (SPÖ) que ha caido a un mínimo histórico, con un 26 por ciento de los sufragios; el Partido Popular mantendría la mayoría absoluta que tenía hasta ahora en la región. De los demás, me tendré que informar mañana. Incluyendo a propósito de los resultados cosechados por esa fulanita que ha empapelado la región con unos lemas que hubieran hecho sentirse orgulloso al tito Adolfo: tipo “Unser Land für unsere Kinder” (Nuestro país para nuestros hijos).
En las primeras reacciones que ya he escuchado por radio viniendo hacia casa, ya decían los socialistas que el batacazo tendría sus consecuencias (rodarán cabezas, vaya). También se producirá, a buen seguro, un paulatino viraje hacia posiciones menos propias del rojerío en temas que en Austria preocupan mucho, como por ejemplo, la llegada de los extranjeros procedentes de la Europa del este.
Carnet de viaje (Segunda parte)

8 de Marzo.- Sigue el relato del viaje a Alemania (ver post anterior)

4.3.2008.- El Recki´s bar está cerca del hotel. Nos lo recomendaron antes de venir porque parece que se come bien. Pero es que, aparte de esto, el ambiente es acogedor, hogareño y, como descubrimos pronto, invita a la confidencia.
Da la casualidad además de que nuestro amigo, el hombre sonrosadito, al que llamaremos a partir de ahora Frank, vive también en un hotel cercano. Esto hace que terminemos mi compañero, el llamado Frank y yo, sentados en la barra del Recki´s bar, frente a sendas cervezas.
Delante de la suya, una de a litro, mucho más grande que las nuestras, Frank se va soltando y va desgranando los pormenores de su vida. Resulta ser un ex soldado (veterano de Afganistán, de la primera guerra del Golfo, de la guerra yugoslava), divorciado y con una hija. Nos lo cuenta todo como si nos conocieramos de toda la vida, como si, en vez de tres desconocidos reunidos por el azar, fuéramos camaradas de armas, compadres de alguna hermandad.
Venimos de una fiesta institucional, celebrada en el palacio de congresos que nos acoge, en la que el presidente de la Comunidad Autónoma (que, naturalmente, no se llama así, y cuyo cargo se conoce como Landesvater –o sea, padre de la patria-) el presidente, decía, ha estado contando cuán importante es la tecnología para sus gobernados y para él mismo. Esto de que se le conozca con este apelativo tan estalinista, igual que la actitud del político, tan estirada, tan típicamente democristiana, ha dado ocasión a que mi compañero y yo nos hayamos pasado de cachondeo la mitad de la cena, utilizando como puente el idioma inglés que nos une, y el alemán que yo chapurreo.
Con llamémosle Frank, sin embargo, hablamos de otras cosas. De la creciente corrupción y violencia del mundo, de la necesidad de dejar de fumar (Frank ha sobrevivido a dos embolias pulmonares causadas por el tabaquismo). Frank se muere de risa cuando le cuento que no tengo carnet de conducir –cosa que en Alemania es rara- y se ríe más cuando yo le explico mis razones. Pienso que los coches son un arma y que, como tales, deben ser manejados por gente que no tenga miedo de poder ser la causa de cepillarse a un semejante por accidente.
Frank se despide antes de las diez, de manera un poco extraña, y mi compañero y yo nos quedamos en el Recki´s bar, apurando nuestras últimas cervezas del día (pequeñas), un poco sorprendidos porque, en la noche, se ha abierto una ventana de sinceridad.
Una película cojonuda
7 de Marzo.- Tiene más trucos que el baúl de un mago de circo barato, es más sentimental que una película de Cantinflas, pero el montaje es modélico, los personajes son honrados (más o menos) y, dejando aparte algunas concesiones a lo políticamente correcto, todo el mundo que sale en la peli te cae fenomenal.
La están echando ahora por la ORF y, en alemán y todo, es la p...(rima con cebolla).

Una habitación de hotel en algún lugar de Alemania
Carnet de viaje (Primera parte)

7 de Marzo.- Tengo intención de publicar, durante estos días, las notas de viaje que fui tomando sobre la marcha a lo largo de la última semana. Empiezo hoy, pero no sé cuándo acabaré, porque, según las voy revisando, se me van ocurriendo cosas, voy recordando detalles...

3.3.2008.- Volando hacia algún lugar de Alemania. Avión de la AUA. Bimotor. Casi treinta hombres. Dos mujeres. Ellos obesos, los más, por la mitad de la cuarentena. Leen periódicos económicos, revistas de información general, revistas que ayudan a mejorar los balances alicaidos.
Soy el único que va casi de esport. El resto, sellos de oro, corbatas de estampado muy discreto. Ropa cara, cortes de pelo diseñados por un equipo de maniáticos de la exactitud milimétrica. Muestrarios comerciales.
Comer sin tener hambre. Beber sin tener sed.
Los más jóvenes parecen asumir sin rechistar esta vida que, si te descuidas un poco, te termina convirtiendo en un ser borroso de zapatos negros (con o sin cordones) y calcetine arrugados alrededor de los tobillos hinchados.

Hora de la cena. Un comercial. Irrumpe en el restaurante mientras mi compañero y yo estamos cenando, rodeados de apacibles artilugios de inocente antigüedad.
Por lo que se ve, los alemanes trabajan a todas horas.
El comercial anda por los cuarenta y cinco, es sonrosadito, con ese buen color que sólo se ven en las buenas pinturas de burgueses del siglo XIX. Bigote con las puntas enhiestas, inglés de niño emigrado al Reino Unido en los setenta, siguiendo a un padre que se asentó en Wales.
Mientras mi compañero y yo damos cuenta de un trozo de carne asada con cebollita, cocinada al estilo local, el alemán se mete un litro de cerveza entre pecho y espalda (el primero). Aumenta el tono sonrosado de su piel, se relaja y empieza a hablar de lo mucho que le quieren sus jefes.
No puede uno dejar de pensar que existe un punto deliciosamente patético en estos hombres transhumantes, que mantienen conversaciones que toman las formas engañosas de la amistad, y la sinceridad a tumba abierta de los desconocidos que tienen serias dudas de ir a volver a verse.

4.3.2008.-
Algún lugar de Alemania. Habitación de hotel. Luz azul entrando por las ventanas. Tele encendida porque el ruido acompaña y calienta un poco la habitación de hotel. Primer pensamiento del día: Milagro de los cantantes de la MTV. Conseguir infinitas canciones combinando las mismas cadenas de caracteres: “Baby, what you do to me”, “I love you”, “I don´t wanna loose you”, “back for good”...
En el país de los viejos el tuerto es el rey
Tal vez herido voy sin ir sangriento/ por uno de los rayos de tu vida

2 de Febrero.- Huyendo de los estragos de la tormenta Emma, que ha provocado numerosos destrozos en todo el país y diez víctimas, entro en el Gartenbaukino a ver “No country for old men”.
El GBK es un cine que, como reza en su vestíbulo, fue construido en 1960. En el diccionario, al lado de la palabra “gafapasta” sale este lugar maravilloso, que es como una burbuja temporal en donde Marisol y el chic de la guerra fría se abrazan calurosamente.
El público, como no podía ser de otra manera, tiene, en su mayoría, problemas de astigmatismo y miopía. Gafas de pasta por doquier, chicas vestidas de “soy asexual como las amebas”, chicos vestidos de evangelistas de Greenpeace, incluso, señoras orondas con el pelo teñido de un color imposible y esos chándales que se pusieron de moda a principios de los ochenta como propuesta de moda unisex.
Entrando en materia: la película.
Yo no había visto antes nada de los hermanos Cohen, así que “su personal estilo” me era algo desconocido. Tampoco tenía más referencia de la peli que el Oscar de Bardem.
¿Y cómo está él? Se pregunta en este momento mi sufrido lector.
Antes de decirlo, le haré sufrir un poco más, contándole la circunstancia personal de que Javier Bardem se parece a una persona a la que conocí un día y con quien comparte, sospecho, muchos rasgos de carácter.
Por eso, me resulta difícil a) desprender a Javier Bardem de una cierta simpatía que me provoca y b) desprenderle de la memoria de esta persona que conocí.
Dicho lo cual: Bardem se ha llevado el Oscar porque la peli funciona bien como obra orgánica y hace que su papel resalte. Pero ni está especialmente bien (de hecho, su expresividad consiste en ser inexpresivo) y el mérito que su interpretación tiene es que es correctísima, en el sentido de que encaja en la película como la pieza del puzle ideal para hacer resaltar las otras. O sea, que el chico se lo curra y, siguiendo las instrucciones de los directores (peinado incluido) hace de personaje de Los Simpson. Con un cierto humor macabro que hace que la película resulte mucho más agradable de ver de lo normal.
La película en sí: la primera mitad es perfecta. Ni le sobra ni le falta nada, se sigue con muchísimo interés y transmite esa enloquecida realidad que, en los momentos buenos, transmite Almodóvar. Pero (siempre lo hay) los hermanos Cohen abren una serie de historias que luego tienen que cerrar en la segunda parte (también muy buena, pero no tan brillante) con lo cual, el ritmo de la cosa queda un poquitín lastrado.
Los actores están todos estupendos y se nota que disfrutan haciendo unos papeles que no son usuales en el cine americano de hoy. Tommy Lee Jones transmite gran humanidad y Josh Brolin también resulta muy creible (si uno piensa que su padre era el director del Hotel Saint Gregory en la serie aquella con Connie Selleca el milagro se vuelve parecido al que une a Eloy Azorín con Eloy Arenas). El personaje femenino que cierra la trama de alguna forma también es muy interesante.
En fin: una película muy buena. Unos euros que uno se ha alegrado de gastar.
Por cierto: y aunque sé que no está de actualidad ni nada. El viernes por la tarde me compré “Supermán” (la primera, la de Christopher Reeve) y, dejando aparte la voz de borracha de Margot Kidder (alcoholismo que parece confirmarse en las entrevistas que salen en los extras) volví a mi infancia con placer.
También disfruté de “Los Increibles” y me reí como un niño más.
Como lo que nunca deberíamos dejar de ser.
Y vosotros, ¿Habéis visto la película? Si es así ¿Qué os pareció? ¿Coincidimos?

NOTA: Queridos lectores: VD descansará durante cuatro días. No habrá post de lunes a jueves de esta semana, porque tengo que salir de Viena y no sé si dispondré de conexión a Internet (en todo caso, no dispondré de tiempo). A la vuelta, contaré mi viaje y enseñaré algunas fotos. A pasarlo bien durante esta semana.
Haus des Meeres

1 de Marzo.- La Haus des Meeres es un zoo privado que se encuentra en lo que fue un bunker antiaéreo de la Segunda Guerra Mundial, en lo que, a su vez, fue el parque del desaparecido palacio Estherhazy. Es muy curioso comprobar cómo esta construcción militar ha sido aprovechada para uso civil. En el complejo, además, hay otros curiosos museos. Uno dedicado a la tortura (!) en el que la finalidad reivindicativa no cuela mucho por la sangre que hay en los muñecos expuestos y otro que explica cómo eran las condiciones de la población civil durante los bombardeos de los aliados.
Yo he estado viendo a los animalitos y a los peces mientras afuera, el huracán bramaba y desgajaba las ramas de los árboles.
Como anécdota curiosa, decir que Haus des Meeres fue una de las primeras cosas que yo aprendí a decir en alemán, porque la locución del autobús que me lleva a casa lo decía con esa pronunciación para retrasados mentales que yo, aún entonces, casi no entendía.
El búnker por fuera: las baterías antiaéreas iban en las cosas circulares. Mide como un edificio de nueve planas, por cierto.
Uno de los acuarios interiores


Un tití que andaba por allí de liana en liana


Pájaros tropicales de brillante color

Y Nemo, claro