miércoles

vieneses en el Museums Quartier

Hombres y mujeres de buena voluntad



30 de Abril.- Un impulso natural del ser humano es intentar entender por qué pasan las cosas, y está claro que, después de haberse descubierto el caso del llamado “monstruo de Amstetten”, los austriacos se están estrujando las neuronas preguntándose cómo ha podido ser posible algo así.
Los menos templados, o aquellos que producen opinión para vivir (periodistas, psicólogos, políticos de la más variada catadura), se han apresurado a mesarse los cabellos al grito de:


-¿Qué nos pasa? ¿Estamos enfermos?


Actitud que, pensándolo bien, les honra.
En España, la lacra de la violencia contra las mujeres lleva ya un sinfín de víctimas (desgraciadamente lo de sinfín en este caso es literal) y aún no hay, en mi modestísima opinión, una actitud de autocrítica seria de la sociedad a propósito del tema. Sí: a todos nos parece muy mal que se pegue a las mujeres, y peor aún que los psicópatas que viven con ellas procedan a su eliminación, pero todavía hay mucha gente que considera los episodios de malos tratos como cosas que pasan en la esfera privada de las parejas. “Ya se arreglarán”, dicen. Y miran para otro sitio.
Como opinar es gratis, este cronista también va a dar la suya sobre Fritzl. Que es la siguiente: pensar que lo sucedido es producto de algún defecto cultural de la población austriaca es, no sólo burdo, sino una estupidez mayúscula. Locos hay en todas partes. Ahora bien, el caso de Amstetten ha puesto de manifiesto cosas que yo ya había dicho en este blog más de una vez, generalmente en tono de broma. Es el lado menos bueno de lo que ha hecho de este país lo que es: una de las primeras potencias económicas mundiales, un paraíso del orden y el concierto, el nirvana de todos los amantes de la simetría y del charme.
A los austriacos se les educa desde niños para ser correctos componentes de cuerpo social. Tienen fobia a destacar (por algo malo, se entiende). Sienten sobre sí el ojo del mundo, ese superyo, juzgándoles y condenándoles. Un “ojo social” que les hace ser enormemente conscientes de sí y, por lo tanto, amantes de guardar las apariencias para no despertar al monstruo.
A la gente que venimos del Mediterráneo (aún cuando la meseta castellana, mi lugar de origen, está a casi seiscientos kilómetros del mar) nos sorprenden siempre los violentos accesos de rubor de los aborígenes cuando, por ejemplo, tiran inadvertidamente un vaso de agua en la mesa.
Aunque siempre es peligroso generalizar, es verdad que les cuesta relajarse un poco más que a nosotros, aceptar que la vida es sucia, borrosa e imperfecta. Les cuesta desinhibirse, cuando lo que el cuerpo les pide es hacerle caso a su parte más carnal (porque los austriacos tienen un lado sensual muy acusado). El lado bueno de esto produce que Austria sea un país hermoso y limpio como un pensil; el lado malo es que individuos como el de Amstetten se convierten en maniáticos del control al intentar reprimir toda esa energía carnal (en el más amplio sentido del término) que no utilizan de otras maneras.
En cuanto a porqué nadie notó nada :el nazismo supuso para Austria un trauma nacional enorme. Que fue exorcizado como mejor se pudo, pero que dejó su huella, sucria y cruel, en el subconsciente colectivo. Las delaciones, las desapariciones, la existencia de campos de trabajo, como Mauthaussen, cerca de núcleos habitados. La participación de los propios habitantes del lugar en la caza y captura de los prisioneros. El hábito de guardar secreto sobre aquellos días. El olvido forzado del que los españoles sabemos tanto, por nuestra última guerra civil. Todo eso, hizo que los austriacos sientan un asco instintivo hacia todo lo que huela a espiar al vecino (o a ser espiados).
Para cada austriaco, su casa es su castillo. Hasta un punto que la gente del sur, que vivimos con las puertas abiertas a la calle, no podemos entender. Los trapos sucios se lavan en casa y al exterior siempre se le da la cara mejor. Es una regla de urbanidad que todo el mundo respeta.
Mi amigo T., que es español como yo, siempre dice que la austriaca es una cultura brutal. Yo creo que este país montañoso y pobre desarrolló una hosquedad hacia determinadas cuestiones que nos parece brutal a los del sur. Aunque en España somos brutales con otras cosas. Por ejemplo con la vinculación que nuestra cultura tiene con la muerte y el carácter bárbaro y cruel que tienen algunas de nuestras formas más atávicas de ver la vida. No hay más que examinar con un ojo critico medio abierto El Quijote, por ejemplo, que es la historia de una cadena de crueldades llevadas a cabo por los llamados “sanos” contra un enfermo mental indefenso. Una novela que, durante siglos, ha pasado por ser un libro de humor (!).En cualquier caso, pensar que, porque existan individuos como Fritzl todo un país está enfermo es, aparte de bobo, injustísimo, en mi opinión, para los millones de buenas personas que viven en Austria y que, por supuesto, no encierran a sus parientes en sótanos electrificados en contra de su voluntad.

Aunque, claro, como siempre, de aquí a que las aguas vuelvan a su cauce se dirán muchas tonterías...(y alguna cosa sensata también, por qué no).
ACTUALIZACIÓN: Por su interés, recomiendo la lectura de este articulo de EL PAíS que aporta una mirada inteligentísima sobre el caso.

El último hombre sobre la tierra

30 de Abril.- Querida sobrina: una de las cosas que más echo de menos de ser niño es la capacidad de imaginar impunemente. Cuando llegues a ser una adulta, comprobarás que la fantasía tiene muy mala reputación en el serio mundo de los mayores. Sin embargo, es una de las potencias del alma que más ayudan a vivir.
Cuando era un niño, Ainara, imaginé todo lo que pude y un poco más. Y aún de mayor sospecho que la literatura es una excusa para poder seguir haciéndolo sin que la gente me mire con cara extraña. Inventar cuentos se ha convertido para mí en algo necesario, sin lo cual la vida tendría menos gracia.
Venga, va: te voy a contar una cosa que no le he contado a nadie todavía.
Cuando empecé a ir al colegio, yo que, aunque no lo parezca, soy una persona muy lógica, necesité una motivación para aprender todas aquellas cosas que, seamos realistas, no me interesaban lo más mínimo. Siempre he sido una persona tirando a distraida y, la verdad, las matemáticas eran para mí el trago más amargo después de las clases de gimnasia (que ninguno de mis profesores supo hacerme agradables, por cierto).
Para lo siguiente, también tienes que tener en cuenta el ambiente apocalíptico que existía en mi infancia, y que se repite hoy.
Bueno, sigo: un día, a los seis años, yendo por la calle de la mano de tu abuela, imaginé que existía la posibilidad de que la Guerra Mundial llegase a mi ciudad en algún momento. Y que, debido a un cataclismo de los que anunciaban todos los días los periódicos y la televisión, hubiese un colapso generalizado de la civilización. Mientras sentía un escalofrío de terror (agridulce) corriéndome por la espalda, mi mente de niño empezó a enumerar: no habría edificios, no había coches, no habría fábricas, la luz eléctrica dejaría de ser un bien en apariencia inagotable. Por supuesto, las personas morirían (aún se me hacía bastante lejana la posibilidad de la muerte de mis seres queridos, pero claro: pensaba, en todo caso, que morirían las personas que sabían manejar los aparatos que nos hacen la vida más fácil). Aquello significaba que morirían los panaderos, los conductores de autobús, las cajeras de los supermercados, los farmacéuticos...(Bueno, no te aburro más).
Entonces, pensaba yo, cabe la posibilidad de que yo sea el único superviviente (¿Cómo? Ni idea). Yo, y un pequeño grupo de personas que, quizá, no habrían tomado la precaución que yo me dispuse a tomar a partir de aquel momento con una ingenuidad que sólo un niño puede sostener.
¿Y cual era esa precaución? Pues lo has adivinado: aprenderlo todo, saberlo todo. Interesarme por el funcionamiento de todas las cosas. Y deprisa. Porque, en cualquier momento, a alguien en el Kremlin o en la Casa Blanca podía darle por apretar el botón rojo y buenas noches, choza.
Y cuando, ante las divisiones por cuatro cifras me flaqueaba el ánimo, no tenía más que imaginarme mi barrio convertido en un montón de cascotes humeantes y a los cuatro harapientos supervivientes preguntándose en medio de la desolación:
-¿Y cómo reconstruiremos esto?
Tu padre y yo eramos tan estudiosos, que tu bisabuela venía de vez en cuando y, mirándonos hacer los deberes, siempre decía:
-Pues yo tenía un vecino que estudiaba como vosotros y al final le salió un tumor cerebral y se murió.
Ni que decir tiene que nosotros no la escuchábamos y que, gracias a ignorar sus bienintencionados cantos de sirena, conseguimos terminar la universidad sin mayores secuelas.
En fin, Ainara, la imaginación ayuda a sobrevivir , porque ayuda a buscar otros ángulos para abordar las cuestiones que te preocupan, o que te angustian o, simplemente, ayuda a encontar maneras de mejorar tus pasos por el mundo. Cuida la tuya, Ainara. No dejes que sea una planta que se muera con tu niñez. Un adulto privado de imaginación no es apenas nada: una concha vacía.
Besos de tu tío.

martes

La policía austriaca inspecciona la casa de Fritzl (Foto: EL MUNDO)
Austria, tierra de sótanos

29 de Abril.- Continúan apareciendo nuevos (y más horrorosos) detalles a propósito del crimen de Amstetten.
Como siempre que suceden estas cosas –últimamente con molesta frecuencia- todo el mundo que ha tenido algo que ver de cerca o de lejos con la desgracia siente de pronto el prurito de largar por su boca todo lo que sabe. Y es que el ser humano, señoras y señores, no tiene freno y, aquí en Austria y allá en Madagascar, el objetivo de una cámara es el mejor soltador de lenguas.
En el heute, entrevistaban hoy a una excompañera de colegio de la prisionera más famosa de Austria, con permiso de Natascha Kampusch. Comentaba la chica el curioso estilo educativo del herr Fritzl. Lo raro que parecía que la chavala, Elisabeth Fritzl, nunca pudiera recibir visitas de los amigos.
A pesar de que, cuando se trataban ya habían empezado los abusos sexuales, la excompañera de clase (hoy en día una cuarentona con gafas y mechas) no recordaba a la hija de los Fritzl como una muchacha triste.

-Veníamos las dos de hogares regidos con autoridad, y por eso nos entendíamos bien.

Otros vecinos de los Fritzl se han apresurado a contarle a los periodistas que estaban al tanto de las idas y venidas del patriarca al sudeste asiático. Viajes a Tailandia que los medios españoles han aprovechado para sugerir que, a los crímenes ya conocidos, el herr Fritzl añadía el de devorador de niñas tailandesas. En fin: pasamos palabra.
En Amstetten, en cambio, han podido escucharse frases sobre este asunto parecidas a esta:

-Claro, es que nosotros estábamos al corriente de lo de Tailandia, pero esto...

Que se podría traducir:

-Al fin y al cabo, hay muchos tíos que van a Tailandia a la caza de la menor, pero total, es allí en esos países que nadie ha visto, subdesarrollados y eso. Pero aquí, cerca de nuestra casa...Esto pasa de castaño oscuro.

En fin...
(Por cierto, ¿Quién ha filtrado las fotos de Fritzl lustrosamente moreno y con bañador slip marcapack? ¿La familia? No creo).
Incluso, El Mundo, periódico español, citaba a un iracundo vecino de Amstetten que había expresado su deseo de que castraran al herr Fritzl y lo colgaran en la plaza del pueblo. O sea, el viejo procedimiento de “ponerle fuego do más pecado había”. La ley de Lynch.
Los aborígenes se toman la cosa con filosofía, devoran ávidamente los periódicos y los programas informativos especiales capitaneados por la simpar Ingrid Thurnher, que se pone el puñito debajo de la barbilla cuando escucha hablar a los expertos; y el primoroso Feuerstein al que ya debe estarsele haciendo la boca agua al pensar en repetir la jugada Kampusch y entrevistar, no ya a una muchacha escapada de las garras del ogro, sino a toda una familia de reclusos. Con el agravante de que, en el caso Kampusch, como se ha sabido ahora, los detalles sexuales se cubrieron pudorosamente pero en este que nos ocupa, el horror sexual es tan atroz que no hay forma de taparlo.
En una cosa, eso sí, se diferencian Austria y España (a Dios gracias). La ministra de justicia austriaca, señora Marie Berger, ha dejado bien clarito que al periodista que se le ocurra filmar a las víctimas, se le cascará una multa de 20.000 Eurazos. Porque esa gente ha sufrido ya bastante y hay que protegerles.
Igualito que en España, vamos. Que las hienas están esperando el olor de la sangre fresca para lanzarse sobre ella cámara en mano.
Mientras corría yo hoy en la cinta del gimnasio, pensaba yo en la cantidad de sótanos que hay en Austria y que, en Viena, por ejemplo, hay edificios que tienen más niveles por debajo de la tierra que a la luz del sol. En Austria, el sótano es una institución cultural. No es extraño que fuera un vienés el que descubriera el subconsciente que, al fin y al cabo, no deja de ser un sótano de la mente. Allí donde se guarda lo que no debe ser visto.

lunes

Fritzl, al que ya empiezan a llamar "El carcelero" (Foto: EL MUNDO)
El infierno de la casa de al lado

28 de Abril.- Amstetten es un pueblecito normal y tirando a soso que está en Niederösterreich (Baja Austria) a unos ciento treinta kilómetros al oeste de Viena. Durante mi segundo año austriaco lo conocí bien, porque tuve cuatro alumnos de español que nacieron allí. En mi mente, Amstetten estaba asociado con abuelas que hacían galletas, apacibles tardes parroquiales, fiestas familiares y un sinnúmero de estampas risueñas.
Desde ayer, a este catálogo de imagenes dulces hay que añadirle una terrible: la de un tal Herr Fritzl, ingeniero jubilado, otrora respetable ciudadano de la localidad, que ha mantenido veinticuatro años encerrada a su hija Elisabeth, con la que ha tenido seis hijos (uno de ellos muerto debido a la falta de asistencia médica e incinerado por su abuelo y padre en un horno).
El Herr Fritzl, en las fotos, es un señor que tiene pinta de patriarca de culebrón sudamericano de los setenta. O sea, traje gris con la americana abierta debido a la próspera panza, corbata de rayas de nudo grueso, patillas canosas, bigotazo...en fin, como dicen aquí, volles programm.
La cosa se ha descubierto, y con esto no hago más que repetir lo quehan dicho los periódicos, cuando, en el hospital de Amstetten, apareció una chica de diecinueve años que parecía haber caido del planeta Marte, aquejada de una grave enfermedad de origen genético. No figuraba en ningún sitio. No tenía ninguna tarjeta sanitaria, no tenía nombre. El herr Fritzl aducía que se la había encontrado en el umbral de su casa. Exactamente como si hubiera llevado a un perro perdido a la protectora de animales.
Los médicos de Amstetten que, además de beber fantas en las fiestas de la activa parroquia local, deben de haber asistido a entretenimientos más adultos, inmediatamente sospecharon que algo más pasaba y, después de hacerle a la chica las pruebas necesarias, descubrieron que el herr Fritzl y ella estaban emparentados: no sólo era su abuelo, sino que también era su padre.
A partir de ahí, y después de poner al monstruo a buen recaudo, se destapó el drama. El patriarca del clan Fritzl se reveló como un formidable minotauro que guardaba en el sótano de su casa a su hija y a tres de las criaturas que ella había concebido, fruto de sucesivas violaciones . Los chicos nunca habían visto la luz del día. Los otros dos hermanos convivían con el matrimonio Fritzl haciendo una vida “normal” e incluso sacaban buenas notas. Había cartas que probaban que la hija los “había cedido” al abuelo. En este momento están todos en manos de psicólogos. El viejo ogro tenía encerrado su secreto en un sótano de una altura máxima de 1,70 equipado con las últimas medidas de seguridad (puertas que se abrían con códigos, espacios electrificados, habitaciones acolchadas, sistema de ventilación). Desde 1984, la interpol había tomado cartas en el asunto. Sospechaba que Elisabeth Fritzl, la hija,había caido en manos de una secta.
Como siempre, ningún ciudadano de Amstetten notó nada. Tampoco la mujer de Fritzl ni el hermano de Elisabeth encontraron ninguna cosa extraña en su vida.
Lo de los vecinos es más explicable. Supongo que, pasado el momento de la desaparición de la chica, los habitantes de Amstetten pensaron que preguntarle a esa familia era como remover el dolor de la pérdida. Incluso, quiero pensar que pudieron disculpar que todo el mundo en casa de los Fritzl se hubiera vuelto un poco hosco, quizás más reservado de lo normal. Al fin y al cabo, la desaparición de un miembro de una familia es un acontecimiento dramático. En todas las familias hay cosas de las que es mejor no hablar por no hacer daño. Los años pasaron y, poco a poco, el asunto de las rarezas de los Fritzl debió de pasar a formar parte del paisaje mental de sus convecinos hasta convertirse en un runrún imperceptible; algo tan sabido como la floración anual de las hortensias o la situación exacta del estanco del pueblo.

-¿Que quienes son esos? Los Fritzl. Sí: un poco raros. Pero es que no es para menos, les desapareció una hija hace más de veinte años. Una secta. Cosas de la modernidad...¿Esos? No, no son nietos. Los adoptaron. Yo creo que por compensar lo de la hija. Ya ves. Pobre gente.

Ayer, mientras veía en el Zeit im Bild el reportaje sobre la noticia, me vinieron a la mente mis vecinos.
Curiosamente, el otro día, en una cena, me reía yo del tema. Comenté, en son de alabanza, una caracteristica austriaca que ha podido hacer posible que el herr Fritzl haya hecho lo que ha hecho. Decía yo que, desde que vivo en Austria, mis vecinos son para mí poco más que una certeza intelectual. Como la existencia del átomo, o la radiación ultravioleta. Sé que existen porque alguien me ha dicho que existen. Pero no porque les escuche, ni tenga pruebas de primera mano de su existencia. Por ejemplo: pared con pared con mi dormitorio sé que duerme una mujer mayor. En los casi tres años que vivo aquí, ni la he visto ni la he escuchado. No sé nada de ella.
Qué diferente la casa de mis padres en España, en donde no había (casi) vida privada. Todo el mundo vivía en un (no siempre armonioso) totum revolutum y, si querías hablar de algo importante, tenías que cerrar las ventanas para que no te oyese la vecina de enfrente.
No teníamos sótano ni trastero tampoco pero, aunque lo hubiéramos tenido, alguien como el Herr Fritzl no hubiera podido ocultar ni un alfiler durante casi un cuarto de siglo.

domingo

Stadtmarathon 2008

27 de Abril.- Hoy, 30.000 personas se han reunido para celebrar que la primavera ha llegado ¿Y cómo? Pues corriendo como los gamos por las calles de Viena. Y ahí ha estado Viena Directo (o sea, yo) cámara en mano, fotografiando a los corredores, al público. Transmitiendo para toda la esfera planetaria el ambiente festivo y primaveral que, hoy, se podía vivir en las calles de Viena.
¿Me acompañas?
Primera parada: la ópera: aquí estaba el puesto de control de la media Maratón (21 Km. si la memoria no me falla) patrocinada por Anker (la de los panes, no los seguros).
Cómo no: cualquier evento de esta clase se transforma en un festín para los fotógrafos aficionados (como uno mismo): en la instantánea, uno mejor pertrechado que el que esto escribe, fotografiando a la gente.

Un vienés adolescente, boquiabierto ante el espectáculo del Ring lleno de corredores y de público.
La Heldenplatz, perejil de todas las salsas, lugar de reunión de todos los vieneses, llena de público asistiendo a los esfuerzos de los deportistas.

No muy lejos, en la esquina del Ring con Mariahilferstrasse, los deportistas tomaban la última curva antes de la recta final.
Ya va faltando menos. La gente vitoreaba a los corredores y los animaba con los sistemas más variados: carracas, panderetas (!), la viva voz humana...Todo valía para intentar aliviar un poco el cansancio de los aguerridos participantes en la maratón (por cierto, un gran porcenaje eran aguerridas participantes).

El vencedor de la maratón ha sido un africano. Un señor pequeño pero matón al que Kenia vió nacer. Seguro que esta noche va a dormir como un bendito.

viernes

Ven y dime como vives

26 de Abril.- Hojeando números atrasados del callejón de los gatos, he encontrado el cuestionario de Proust, que Luisru contestó en su día. Para agradecerle los ratos de entretenimiento que me ha proporcionado (Luisru, no Proust) aquí dejo colgados el cuestionario y mis respuestas.

CUESTIONARIO DE PROUST

-¿Cuál es su característica más destacada?
Tengo una habilidad para encontrarle el lado placentero a casi cualquier situación que puede resultar hasta peligrosa (y, en todo caso, incomprensible para mucha gente).
- ¿Qué cualidad admira más en un hombre?
Un sentido del humor agudo y una inteligencia penetrante.
- ¿Qué cualidad admira más en una mujer?
Una inteligencia penetrante y un sentido del humor agudo.
- ¿Qué es lo que más admira en sus amigos?
Que lo saben todo de mí y, a pesar de eso, me quieren.
- ¿Cuál es su principal defecto?
Soy anémico de imaginación y no puedo inventar casi nada que no haya visto antes.
- ¿Cuál es su ocupación favorita?
Estar enamorado.
- ¿Cuál es su idea de la felicidad?
Estar enamorado. Soy incansable.
- ¿Cuál sería según su opinión la peor de las suertes?
La vida ya se encarga: no es cuestión de darle ideas.
- ¿Qué le gustaría ser?
Longevo
- ¿En qué país le gustaría vivir?
En uno que se pareciera lo más posible a un musical de Hollywood.
- ¿Cuál es su color favorito?
Depende de para qué.
- ¿Cuáles son sus novelistas favoritos?
Entre otros: Juan Marsé, Truman Capote, Mika Waltari, Eduardo Mendoza, Giusseppe Tomasi di Lampedusa, Lorenzo Villalonga ,Teo García y Paco Bernal (un chaval joven, pero que promete mucho).
- ¿Cuáles son sus poetas favoritos?
García Lorca y Walt Whitman (traducido por Borges).
- ¿Cuál es su héroe favorito en la ficción?
El Príncipe de Salina, Sinhué, Don Antonio de Bearn, El Pijoaparte, Indiana Jones...
- ¿Cuál es su heroína favorita en la ficción?
Maddeleine Hays, el personaje que interpretaba Cybill Sheperd en Luz de Luna. Katharine Hepburn en "La Reina de África".
- ¿Cuáles son sus compositores favoritos?
Mozart, Cole Porter, Quintero y Quiroga, Augusto Algueró...
- ¿Cuáles son sus pintores favoritos?
Picasso y Schiele. Pero tengo que reconocer que soy más de fotógrafos (Ahí la lista es más larga).
- ¿Cuáles son sus héroes en la vida real?
Desconfío de que existan héroes en la vida real. Están muy manipulados por quienes cuentan sus heroicidades.
- ¿Quiénes son sus heroínas en la historia?
Lo que vale para los héroes, vale para las heroínas. Aunque quizá nombraría a Santa Teresa que fue una mujer cabezota, cualidad con la que me identifico bastante.
- ¿Cuáles son sus nombres favoritos?
Soy, en general, amante de los sustantivos comunes (aunque, con lo que flipo de verdad, si tengo que ser sincero, es con los adjetivos).
- ¿Qué figuras históricas desprecia más?
Qué pereza despreciar a nadie. Aunque hay un discreto puñado de personas que me parecen insoportables.
- ¿Qué evento militar histórico admira más?
Por “militar” no me viene nada parecido a la admiración.
- ¿Qué don natural le gustaría poseer ante todo?
El cuerpo de Javier Bardem, aunque un poco más alto.
- ¿Cómo le gustaría morir?
¿Morir? ¡Yo no me voy a morir nunca!
- ¿Cuál es su estado actual?
Sólido
- ¿Cuál es su lema?
Ven, y dime cómo vives.
¿Te animas a contestarlo tú también?

jueves

Tarde de vinos en Karmeliter Markt

24 de Abril.- Algunas fotillos que he hecho de camino al karmeliter Martk y de vuelta, en donde he estado tomándome unos chatillos en un bar semi-español que se llama Contor.





Incluso hemos encontrado por el camino un estupendo Tapas Bar con el castizo nombre de Cádiz.

El interior del Contor.

Un par de señoras vienesas marujean animadamente en Karlsplatz.

miércoles

Foto:artegami
Otra mujer
23 de Abril- Querida sobrina: hoy es el día de un artilugio que, no sólo resulta abiertamente dañino para el medio ambiente (para fabricarlo hay que reducir a pulpa el arbolado, y la pasta resultante se blanquea con un cloro que contamina mil) sino que, además, es rudimentario, trabajoso de utilizar, perjudicial para la vista si se usa inapropiadamente;e incluso, paradojicamente, si tiene calidad, te quita el sueño.
Y sin embargo, ¿Qué sería la vida sin libros?
Para los que, antiguos de nosotros, los hemos conocido bien y aprendido a quererlos, los libros han sido (y son) huellas siempre frescas en el suelo de nuestros afectos.
Cuando me vine a vivir a Austria fueron lo primero que eché de menos. Y quizá lo que más, junto con el pan de Montes –panificadora del pueblo de tus abuelos-.
Sólo traje cinco o seis volúmenes en mi maleta, que entretuvieron mis primeros meses aquí. Fueron un frágil refugio contra las inclemencias de un idioma que me maltrataba y que se dejaba querer demasiado poco. Yo creo que, por eso, durante aquellos meses me dediqué a escribir con un gusto que no me había acompañado antes.
No te diré, sobrina, que tienes que leer. Porque el amor por la página impresa es una ventana que se abre en los primeros años de la vida o se cierra para siempre. De nada sirven los consejos machacones. Yo recuerdo perfectamente que tu abuela me enseñó a leer en una cartilla y que aquello fue un amor a primera vista. Desde el principio, el hambre de juntar letras me poseyó hasta extremos poco naturales en un niño. Para bien y para mal.
Si pasa esa ventana de oportunidad, no te conviertes en lectora, y te dedicas a hacer cosas más relacionadas con una infancia normal, sufrirás durante toda tu vida campañas del ministerio de cultura (o como se llame en cada momento) recomendándote que metas las narices en volúmenes que no te interesarán lo más mínimo.
Te sonarán a esas campañas de fomento de la alimentación saludable en las que salen retratadas las verduras crujientes y suculentas.
Los vegetarianos convencidos las miran ensalivando como el perro de Paulov, mientras los carnívoros se encogen escépticos de hombros, recordando las delicias de un filete jugoso. La lectura será para ti esa cosa saludable pero aburrida. Exactamente como un plato de acelgas hervidas.
(Y, además, te perderás estas cartas tan chachis que, aunque no se note por lo grácil de mi estilo, me cuesta un güevo escribirte, amor)
Pero, ay querida mía, si consigues que leer te guste; si tu frente lleva la marca de Caín de los que le roban horas al sueño para saber la continuación de una historia. Si la comida deja de importarte y te ves en la situación de pedirle a Dios que se encarne en este mundo tu personaje favorito para poder charlar con él (en mi caso, el personaje deseado ha ido variando con las épocas). Si consigues que tu imaginación se despegue de la grisácea realidad y salga disparada hacia posibilidades de la existencia que nunca se te hubieran planteado. Si por tus venas corre el talento de mantener un diálogo fluido con las inteligencias más potentes de los siglos pasados. Si eres capaz de aprovecharte del inmenso caudal de experiencia humana que está en los libros (no hay ninguno tan malo del que no se pueda sacar provecho). Entonces, sobrina, serás otra mujer.
Besos (literarios hoy) de tu tío.

martes

Evangelina Carrozo mostrando la firmeza de sus carnes durante la última cumbre euro-latinoamericana de Viena (atención a la sonrisilla picarona del guardaespaldas)
Sensual
NOTA: Alguno de los vínculos de este post contiene imagenes no adecuadas para menores. Si eres demasiado joven, o estas imagenes ofenden tu sensibilidad, te sugerimos que te dirigas a otros sitios web más adecuados.
22 de Abril.- Ayer, mientras volvía a casa y pensaba en lo que escribiría hoy (estación de metro de Margarettengürtel) caí en una carencia que me dispongo a reparar.
Después de casi cuatrocientas cincuenta entradas (un porrón) este blog no ha tocado todavía ese delicioso picorcillo en las palmas de las manos, esa sensación de mariposas en el estómago, esa alegría que provoca la necesidad irreprimible de darse cabezazos contra las paredes: o sea, que no he hablado aún de sexo.
No he mencionado , por ejemplo, que Viena está llena de Sexshops muy bien surtidos y muy frecuentados por los aborigenes. Concretamente hay uno manifiestamente elegante enfrente mismo del Saturn, a pocos pasos de la iglesia de Mariahilferstrasse y al ladito del durchgang (pasadizo) que lleva a la Wienzeile y al Naschmarkt.
Los vieneses son unas personas muy desinhibidas para estas cuestiones (vaya usted a saber warum) y se ve entrar a la gente en este comercio, que se llama Sexworld, a comprar todo tipo de adminículos, peras y aparatos electrónicos que te producen gustillo a ritmos diferentes si los conectas a tu reproductor de mp3 –una posibilidad que, por lo visto, hace furor entre los clientes de este establecimiento-.
Parejas y curiosos de todas las edades se complacen con los productos que la industria del caucho crea para el gozo solitario o compartido, y ponderan expertamente su flexibilidad, su tamaño o el realismo de su modelado. Ellas y ellos se prueban por encima prendas interiores de las que despojarse en la intimidad de las alcobas, y se dan suaves zurriagazos con fustas negras para poner coloradilla la parte de su cuerpo que más les suliveye.
Publicidad de los hormigones Moosleitner. Juego de palabras de dificil tradución. El texto dice "Nuestra mejor parte es azul...y lleva GPS" (el slogan juega con el doble sentido de stück como parte, pieza...)

Pero no sólo en este establecimiento puede encontrar solaz el que lo busque. Nada menos que tres negocios dedicados al ramo erótico hay en las cercanías de mi trabajo (y yo curro en un barrio normal).
En mi mismo edificio hay un local que ofrece jugosos entretenimientos al público homosexual, en forma de oscuridades sin sabor a culpa y material audiovisual variado. Frente por frente a mi oficina, hay un local especializado en placeres orientales donde te manosean utilizando técnicas perfeccionadas durante milenios y, cruzando la calle, un garito en el que jacarandosas odaliscas bálticas se dedican al descorche.
En mi barrio (que de particular no tiene nada, y cuando llueve se moja como los demás) hay dos clubes de apariencia más bien farmacéutica y un bar leather en el que, según opiniones autorizadas, llegada la navidad se sirven las galletitas más dulces de los contornos (porque el cuero negro no está reñido con la hospitalidad navideña ,y lo cortés no quita lo carnal).
Aunque siempre es peligroso generalizar, los aborígenes hablan de los placeres venereos con una naturalidad que hace que los españoles nos sintamos Torquemada. En ese sentido yo creo que los austriacos tienen una relación con su cuerpo mucho más desinhibida que los íberos y, a este que escribe, le ha sucedido ir paseando por las orillas del Danubio una tarde cualquiera de domingo y haberse encontrado a dos individuos en plenas maniobras orquestales ante la mirada más o menos disimulada de los transeúntes –ancianas, vendedores de helados con Radio Arabella a todo meter, perros cocker de alegre trotecillo, ciclistas de expresión frígida, patinadores, damas orondas haciendo jogging, etc-.
Uno de los típicos carteles de Palmers: parafraseando el viejo slogan de Abanderado: "Las mujeres usan Palmers porque los hombres compran Palmers"

Eso sí: verbos que empiezan por f los conjugan en todas las posturas, pero es muy raro ver a parejas besándose en el metro (a no ser que vengan de países que no hayan suscrito el tratado de Schengen). En ese sentido los vieneses son muy circunspectos.
Para muestra de la alta temperatura erótica que viven estas calles, aquí dejo una selección de lo más granado de la publicidad pecaminosa que inunda los espacios urbanos. Destacan por méritos propios los anuncios de Palmers (cadena de tiendas de lencería culpable de muchos accidentes en las calles vienesas) y los pimpantes traseros de los integrantes del equipo austriaco de esquí en esta publicidad de la marca Iglo, consagrada al loable fin de que los aborígenes coman más pescadito (aunque sea congelado).
Y la versión inversa: "Los hombres usan Huber porque las mujeres compran Huber".

Los chicos del equipo de esquí austriaco demostrando que nada como el deporte blanco y el pescado para tener unas asentaderas duras y redondas. Por cierto, el jueves, si la vista no me engaña, es Herminator, conocido de mis lectores más atentos por haber hecho de Don Quijote en un anuncio.
Sobran las palabras
Publicidad de los gayumbos Huber aprovechando términos futbolísticos

lunes

Billete de 5 Reichsmark
Predicar Vs. Dar trigo (Die Fälscher)

21 de abril.- El sábado por la noche, un poco por casualidad, terminé viendo “Die Fälscher” (o sea, los falsificadores) la película por la cual Austria se llevó el último Oscar a la mejor película de habla no inglesa.
Los falsificadores es una película histórica hasta cierto punto (se precisa en los créditos). O sea, que aprovecha como pretexto una situación real para producir una especie de parábola con múltiples interpretaciones.
En la última fase de la guerra mundial, uno de los ditirámbicos planes del tito Adolfo fue fundir las economías aliadas inundándolas de billetes falsos. Por el camino, el reich obtenía divisas con las que comprar materias primas, que se habían vuelto tan escasas debido al avance enemigo. Con este fin, se reclutó a los mejores falsificadores de Alemania –judíos, muchos de ellos- y se les encerró en una división especial del campo de trabajo de Mauthausen para que perpetrasen sus fechorías, esta vez, con todas las bendiciones del Estado.
La peli está construida basicamente sobre la relación que existe entre el jefe de los falsificadores (un tipo que prefiere el nivel micro al macro, o sea, hacer lo que el nazi malo quiere para conseguir medicinas para un compañero enfermo, sin importarle que eso signifique colaborar a favor del nazismo) y otro de los reclusos cuya tendencia es completamente contraria (o sea:¿Por qué ayudamos a Alemania en su esfuerzo de guerra? ¡Podemos hundirla saboteando sus planes! Aunque nos maten, el precio habrá merecido la pena).
El guión toma partido, clarisimamente, por la primera opción. Es el signo de los tiempos.
Desde el principio, se nos enseña que la actitud posibilista del jefe de los falsificadores ayuda a sobrevivir, y que sólo el que sobrevive es capaz de ayudar a quienes lo necesitan.
En cuanto al otro personaje, el que quiere ganar la guerra a base de sabotear los planes de los nazis, pronto nos damos cuenta de que su rebeldía se reduce, básicamente, a gestos y palabras. Bonitos gestos. Bonitas palabras. Pero sólo eso.
Por ejemplo, cuando los nazis deciden darles un traje a los falsificadores para distinguirlos de los otros prisioneros, “humanizándolos”, nuestro amigo el resistente rechaza el traje. Pero no rechaza la sopa, ni la buena cama (aunque proteste mucho) y no cesa de decir aquello de “Sí, esto es mejor, pero no deja de ser un campo de concentración”, mientras engulle su condumio sin importarle que, más allá de las paredes de su refugio dorado, los otros prisioneros pasen hambre.
¿Es un hipócrita? -parece decirnos el guionista- No: solamente un ser humano. Es mucho más fácil predicar la justicia universal cuando se tiene la barriga llena.
Inteligentemente, el director nos enseña que el personaje, de alguna forma, intuye esta contradicción de la cual el jefe de los falsificadores es plenamente consciente. De resultas de esto, el resistente se prostituye por un plato de lentejas, protestando mucho, haciendo muchos remilgos, pero se prostituye. El otro, amargamente,no pone ninguna resistencia a la maldad. Total, que al final el resultado es el mismo y, como dice mi padre, teniendo razón, van los dos a la cárcel, aunque por diferente camino.
Los dos, claro, tienen momentos de rebeldía a propósito de su actitud (muy inteligentemente expuestos, por cierto). Pero sus posiciones básicas quedan establecidas desde el principio del metraje.
Técnicamente, Die Fälscher es una película sumamente eficiente. Con muy poco (prácticamente tres decorados) está contada la historia. La ambientación “de época” está hecha con pequeños detalles. Y la guerra, perfectamente presente en toda la película, está conseguida casi totalmente con sonido.
Con lo que ha costado Los Falsificadores, Indiana Jones no hubiera tenido ni para mondadientes, vaya.
El guión es elegantísimo, sencillo, de estructura limpia y airosa, y muy agradable por su absoluta falta de pretensiones moralizantes.
Sólo un problema desde el punto de vista de un espectador de lengua extranjera. Yo vi la peli con austriacos (aborigenes cuyo idioma materno es el alemán) y, a ratos, tuvieron dificultades para seguirla por lo cerrado del dialecto. Les estorbaba hasta la música. Este que escribe, como un jabato, vio el flin sin subtitulos (no fue decisión propia: el DVD no los traía).
Resumiendo: Los Falsificadores es una película que funciona más como parábola moral que como narración cinematográfica pura. Esa es su virtud: poner de manifiesto las distintas actitudes que el ser humano puede tomar frente a la maldad.

PS: Ayer el Rapid Wien ganó la Bundesliga (T-Mobile-Bundesliga) frente al Altach por 3:0 a su favor. Hirvieron las gradas de entusiasmo verdiblanco –porque el equipo local va vestido como er Beti- y hoy la prensa saluda a los nuevos héroes.

domingo

Domingo, fotoremember

20 de Abril.-Cada primavera, mi amor por Austria se hace más fuerte. Qué alegría cuando todo reverdece y se pone reventón de vida. Para compartir un poco esta pasión que embarga mi víscera cardíaca, aquí dejo algunas fotos que he hecho durante este domingo, de excursión. Para empezar, una jugosa mata de bärlauch en el Wiener Wald.

En en Wiener Wald hay cerezos salvajes que están, en este momento, en flor.
Se ve mal -pero se ve, si se amplía la foto- en último término está Viena. Otra instantanea del Wiener Wald.
Estos rotundos tulipanes pertenecen a la tienda de Starkel que hay en Tuln, que hoy estaba abierta y en la que hemos comprado flores para el balcón.
Preciosa mata de nomeolvides, gentileza también de Starkl.
Más florecillas, prestas a decorar los balcones austriacos.
Dispuestos a empaparnos de sol, a emborracharnos de luz, nos hemos acercado al centro de Tuln, que está frente al Danubio (azul, hoy, como luego se verá)
En un barco anclado a la orilla del Danubio, y frente al escenario flotante que le sirve a Tuln de salón de actos veraniego, nos hemos tomado un café.
Bajo estas líneas, el monumento que conmemora que Krimilde y Sigfrido se encontraron en Tuln antes de unir sus destinos vía boda, en el cantar de los Nibelungos.

De camino a Viena la hermosa, también hemos parado en Kloster Neuburg, ese Escorial austriaco, en donde hemos estado admirando la sólida fábrica barroca, y el especial reflejo del sol de Austria sobre esas piedras venerables. Helas:
Más piedras venerables bajo estas líneas.

p.s. Para aquell@s interesados, paso a contestar ahora mismo los comentarios de estos últimos días, trabajo que tengo muy atrasado.

viernes




Vamos, si es que, como dos gotas de agua (Enrique VIII y el actor Eric Bana)
Putiferio en la Corte (del Rey Enrique VIII)

18 de Abril.- Ayer, mientras estaba en el cine, me di cuenta de que quizá, el problema que tiene la industria cinematográfica española es el doblaje. Me explico: a lo largo de los años, los actores de doblaje han instalado en la mente del espectador una noción de naturalidad “más perfecta” que la realidad. Y así, cuando los españolitos nos enfrentamos a las voces naturales de los actores nacionales, nuestro inconsciente, acostumbrado a la melodiosa voz de Ramón Langa –el actor que tradicionalmente ha doblado en España a Bruce Willis, y que tiene un vozarrón de dos orejas y vuelta al ruedo- pues decimos: “es que los americanos lo hacen mejor, y las películas españolas son una cutrez”.
A este respecto, recuerdo la primera vez que yo escuché a Kevin Costner tal como habla en su vida cotidiana cuando va a comprar el pan. Tiene una voz de pito, nasal, insoportable. Por no hablar de la legendaria mala dicción de Humphrey Bogart, o de la voz de borracha de Margot Kidder –la novia de supermán- que comentaba yo una vez en este espacio.
Reflexionaba yo ayer sobre este asunto viendo una película que, a pesar de ser anglo-americana hasta los tuétanos, tiene todos los defectos (y alguno más) que suelen asociarse al cine español. Se trata de “La hermana de la reina” (supongo que en español habrán elegido también este título tan espantoso). Una peli que da el repaso número n a la vida de Ana Bolena, una de las mujeres de Enrique VIII, cuya historia fue inmortalizada también en otra película no muy buena, pero de excelente título, “Ana de los mil días”.
La situación histórica es de sobra conocida: Enrique VIII, casado con Catalina de Aragón (espléndida Ana Torrent, por cierto) no consigue engendrar más que hijas. Los nobles de la corte (especialmente uno muy malvado) deciden utilizar el mismo sistema que con el torito bravo, de El Fary, y cambiarle al torito –en este caso Enrique VIII- la vaca, a ver si la nueva matriz engendra varón. Le preparan una cita a ciegas con Ana Bolena, pero el rey se encapricha de su hermana, la casta, la santísima, la muy sumisa, Mary Bolena. Y ahí estalla el conflicto, porque Ana, al sentirse postergada, se vuelve loca y no para hasta conseguir el amor del rey (lo del amor es un eufemismo en este caso, por supuesto). De camino, Enrique VIII se inventa la iglesia anglicana para poder divorciarse de Catalina de Aragón (tampoco se explica mucho, porque a esta peli le interesa sobre todo el historial ginecológico de las hermanas Bolena).
Hasta ahí, bien. Pasemos a la chicha: “La hermana de la reina” es una película “de época” como se suele decir. Pues bien, haciendo honor a la acrisolada tradición teatral inglesa, todo el mundo va vestido de Cornejo –célebre sastrería teatral del centro de Madrid-; como hubiera dicho el vate Zorrilla “desde la altiva princesa a la que pesca en ruin barca”.
Y así se da la situación de que, no sólo Enrique VIII sale inmaculado hasta el ridículo (las chicas, Johanson y Portman, también salen monísimas de la muerte), sino que los pobres de pedir (pocos) que salen en el film salen también con la ropa de mendigar los domingos.
Por otra parte, argumentalmente, el enfoque de esta peli es enormemente machista. Groseramente machista. Enrique VIII que, durante su paso por este valle de lágrimas, debió de ser un tipo bastante desagradable, es aquí mostrado como un seductor de musculatura pétrea y bronceado californiano (Eric Bana) por el que las dos hermanas se tiran de las trenzas. Un galán al estilo de las novelas de Rosamunde Pilcher. Le faltan sólo las sienes plateadas. No sólo eso, sino que las dos hermanas son caracterizadas como los dos prototipos de mujer que han existido desde que la literatura ha sido un negocio controlado por hombres: a) La santa, representada por Mary, que traga con todo y no tiene más ambición que ser una criatura en la sombra y b)El pendón desorejado, representado por Ana Bolena, una criatura que por el poder pierde el oremus y que utiliza todas sus armas de mantis religiosa para cazar a los incautos. Y a la que, finalmente, el destino castiga por su iniquidad.
Por supuesto, Enrique VIII es incapaz de controlar el cacharrito que tiene entre las piernas (hay hombres así, es verdad también) y está indefenso ante los encantos de la mantis, lo cual le deja también en una posición bastante poco airosa.
Ante esta situación, Scarlett Johanson consigue hacer una santa que no es del todo tonta (lo cual, dado el guión, es un considerable mérito), Natalie Portman se entrega a todos los excesos de Aurora Bautista (famosa actriz española de los cuarenta del siglo pasado especializada en pasar de rosca cualquier epopeya histórica), Eric Bana hace de follarín de la pradera (como hubiera dicho mi amigo N.) y Ana Torrent de española dignísima (el doblaje alemán era divertidísimo, por cierto).
La única que se salva es Kirstin Scott Thomas, una señora que, en la vida real, debe tener mucho sentido del humor.
Le tuvo que hacer falta para interpretar según qué escenas de esta peli.

jueves


LIST
17 de Abril.- El otro día, en uno de mis trayectos en transporte público, se me hizo evidente que llevo ya tres años viviendo en Austria.
Quiero decir que los (casi) tres años que llevo viviendo aquí adquirieron un volumen. Y, de pronto, sentí mi vida española lejanísima. Como si le hubiera ocurrido a otra persona. Era como ver la propia biografía a vista de pájaro.
A veces me pasa que, de pronto, fragmentos de esa otra vida me saltan a la conciencia, y veo imágenes que hace mucho que dejé de ver.
Por ejemplo: el otro día, en el metro, vino a mi mente la palabra LIST.
LIST era un comando de aquel primitivísimo lenguaje de programación que se llamó BASIC. Servía para ver todas las líneas de aquellos programas que valían para sumar dos números, o para hacer juegos de preguntas de verdadero y falso (IF X=10 THEN GOTO...); incluso para hacer dibujos a base de x, ceros y guiones. El Atapuerca de mi relación con los ordenadores.
Empecé a aprender informática en sexto de EGB, más o menos a los once años (hace ya veintidós de eso). Los ordenadores estaban en un sótano con las ventanas muy altas (hoy es una tienda de muebles, antes fue una frutería). Las ventanas daban a un jardín que, en primavera, a las tres de la tarde, cuando entrábamos al colegio, daba frescor y olía a flores y a cemento recién regado. Las paredes estaban pintadas hasta la mitad de verde manzana, hasta el techo, de blanco.
Aquellos ordenadores (no recuerdo la marca, pero probablemente fuera IBM) estaban en unos armarios de madera clara, como ídolos negros. Porque eran de color negro antracita, eso lo recuerdo bien. Nos acercábamos a ellos con muchísimo respeto, porque eran carísimos y nos habían advertido seriamente sobre la posibilidad de cargarnoslos. Las clases de informática eran después del colegio, y después de mi clase de inglés, a las seis, dos veces por semana.
Aquel primer curso nos lo dio una chica muy guapa que había nacido en Venezuela, según nos explicó cuando nos conocímos (en aquella época era conveniente especificar este tipo de cosas para que nosotros venciéramos la extrañeza que nos provocaba su acento). Recuerdo todavía su aseada letra en la pizarra, y el hábito que tenía de hacer una raya en los ceros para distinguirlos de las oes.
Mis padres pagaban por aquellas clases, en las que aprendíamos los primeros rudimentos de lo que hoy me sirve para escribir este texto, unas 7.500 pesetas mensuales de mil novecientos ochenta y seis (cuarenta y ocho euros). Una fortuna. Un precio prohibitivo. Sobre todo teniendo en cuenta los párvulos conocimientos que adquiríamos (también es verdad que aquello, en aquel momento, era lo más de lo más).
Mi profesora, que probablemente llegó a la informática a través de sus estudios de lógica en Filosofía y Letras, sólo duró un año. Después, desapareció de mi vida.
¿Qué habrá sido de ella? Mientras el metro entraba en Meidlinghauptstrasse hice muchos esfuerzos por recordar cómo era la cara de aquella chica que hoy andará, seguramente, rondando los cincuenta años. No lo conseguí.
¿Por qué se fue de mi colegio? ¿Encontró trabajo en IBM, calle corazón de María, metro Alfonso XIII? ¿Volvió a Venezuela? Durante nueve meses, el niño de once años que fui, aquel chaval rellenito con la cazadora azul clarito y blanca, fue guiado a través de los misterios del Basic por una persona de voz agradable, caligrafía pulcra y legible, y acento poco corriente. Una persona que, después, desapareció para siempre.
¿En cuántas personas (compañeros de clase, de academias, de viajes, de teatros, de emigración) habré dejado yo una huella similar? ¿Para cuánta gente no seré más que una nota al margen, una cara, una voz, una noche o una hora o un café o una coincidencia, apenas el recuerdo borroso de una música o de un chiste?
Esta vida es un constante llamamiento a la humildad.

PS: Un programa de BASIC sencillito (suma de dos números) era así –he tenido que pensar un poco para recordarlo todo, si hay algún sintax error ruego se me comunique-
10 REM SUMA DE NUMEROS
20 INPUT “ESCRIBE UN NUMERO”,X
30 INPUT “ESCRIBE OTRO NUMERO”,Y
40 Z=X+Y
50 PRINT X “+” Y “=” Z
60 INPUT “QUIERES SUMAR MÁS NUMEROS?”;R$
70 IF R$=SI THEN GOTO 90
80 IF R$=SI THEN GOTO 20
90 PRINT “CHAU PESCAU”
100 END

miércoles


Si hay que ir, se va
16 de Abril.- Querida sobrina: la otra noche, sábado, estaba en una fiesta. Una persona supersimpática, de una cierta edad, empezó a hacer comentarios a propósito de la educación que, actualmente, se da a los jóvenes. Tema que es recurrente, por cierto, cuando se dobla el cabo de los treinta y cinco. En fin, lo de siempre: que si qué devergüenza, que si qué culto al éxito y al dinero, etcétera. Los mismos reproches ya se oían en mi época y, supongo, también cuando la primera generación de cazadores/recolectores se pasó a la agricultura, al principio del neolítico. Esta mujer abogaba por una acción integral “desde el kindergarten”; había que educar en valores, decía ella, cargada de razón.
A mí, este tipo de discursos, sobrina, aún cuando los vea bienintencionados y aún cuando, en la mayoría de los casos, esté de acuerdo con ellos, me cortan el rollo bastante, la verdad. Porque, si bien pienso que el modelo que proyectamos (o sea, cómo la sociedad se piensa a sí misma y los objetivos que quiere conseguir) está equivocado en muchas cosas, también me doy cuenta de que los esfuerzos por cambiar ese modelo, hasta ahora, han tropezado con la tozudez de la realidad de la condición humana. No damos para más. Dudo mucho que la historia sea lo más parecido al avance feliz de una flecha cortando el aire en una bonita parábola.
Por eso, a los diez minutos de escuchar a esta mujer predicar un mundo feliz en el que todos fueramos hermanos (viva la gente, la hay donde quiera que vas), la corté lo más suavemente que pude, diciéndole que el temita me parecía muy bien, pero también que ir pa ná es tontería, las cosas como son.
Principalmente por algo que he observado cuando te escribo estas cartas: muchas veces, cuando le doy vueltas a determinada cuestión, no consigo ponerme de acuerdo ni conmigo mismo. Conque para poner de acuerdo a todo el mundo en lo que se considera bueno, o hermoso, o deseable. Llevamos miles de años como especie intentándolo, y aún seguimos a leches (y lo que te rondaré). Porque sobrina, para educar en valores, hay un paso previo: decidir qué valores son los buenos, los fetén, los guays del Paraguay. Los indiscutibles, vaya: como el metro de platino iridiado que se guarda en París.
No, no me entiendas mal: no soy un nihilista. Pienso(y parece ser que hay cierto consenso al respecto) que hay un conjunto de cosas que sí que son, teóricamente, no sólo respetables, sino también defendibles. Un conjunto de conductas “prosociales” podríamos decir, que están fuera de toda duda. No matar al prójimo, por ejemplo, o intentar tratar a la gente como quisieras que te trataran a ti. El problema se presenta cuando se manifiesta la habilidad del hombre para encontrar la trampa que toda ley esconde.
El ejemplo literario más famoso es cuando los cerdos de la granja rebelde escriben en la pared del granero eso de que “todos los animales son iguales (pero unos más iguales que otros)”, transformando un valor alrededor del cual hay consenso universal en un símbolo de los privilegios más viles.
Soy consciente de que este pesimismo mío, si es que se entiende, plantea en sí mismo otras contradicciones : por ejemplo: que el cambio, a la larga, no vaya a servir para nada, ¿Implica también que no haya que rebelarse ante una situación injusta? ¿Debemos dejar el mundo como está porque las conductas que van en contra de sus semejantes son algo innato en el hombre? ¿Debemos tolerar la injusticia porque intentar eliminarla es como intentar vaciar el mar con una cucharilla de café? Y de ahí: ¿Debemos tolerar las arbitrariedades, caprichos, tonterías de nuestros políticos favoritos sólo porque los consideramos un mal menor? ¿Debemos hacer la vista gorda y actuar como si no existiesen, con la esperanza de que nuestros competidores no se den cuenta de que existen?
Otra cosa que me fastidia mucho de estas tentativas de arreglar el mundo es que, por debajo de las frases hermosas, subyace una suposición que no comparto: esto es: que todo el mundo es bueno. Y no, sobrina. Desgraciadamente, la observación de mi propia conducta diaria me confirma que la gente no es buena, aunque tampoco sea mala del todo.
Al escucharme hablar tan seriamente de aquello, la mujer se me quedó un poco cortada, y yo me sentí igual que si le hubiera robado un caramelo a un niño.
Pero todo sería terrible si fueramos inocentes para siempre, ¿No? Aunque quizá fuera lo más deseable.
Besos de tu tío, que hoy se siente contradictorio.

martes

Telma Ortiz y su abuela Menchu Alvarez (Foto: Korpa)
La vida de Telma

15 de Abril.- Como uno no aspira a ser Jiménez Losantos o Pumares, que lo mismo te opinan de la posibilidad de que Raúl vuelva a la selección, que de quién debe ser el próximo presidente de la caja de ahorros de Cuenca, normalmente en este blog no se comentan según qué cosas.
Pero dado que m., fiel lectora y frecuente comentarista, me pidió ayer mi opinión sobre una noticia concreta (de muy escasa importancia desde el punto de vista de un residente en Austria, todo hay que decirlo) nos saltaremos la regla.
Según el confidencial.com, la hermana de la Princesa de Asturias, Sra. Telma Ortiz, interpuso ayer en un juzgado de Madrid una demanda por la cual solicitaba de los jueces amparo para que no se informase sobre su vida privada ni sobre la de su novio (un señor particular también) así como sobre la vida de su hija pequeña (asunto menos importante porque la ley la protege especialmente, por ser menor de edad).
Citaba en la demanda a una serie de medios y pedía que sólo se informase a propósito de su vida cuando esta se cruzase con la de la Familia Real en actos oficiales y protocolarios (esto es, y por lo que a ella respecta, “públicos”).
A mí, en principio, la demanda me parece enteramente lógica y para mí cae por su peso, aunque sólo sea por esto:
Yo tengo un hermano también. Imaginemos que mi hermano, en vez de haberse casado con una persona normal, como es el caso, se hubiera casado con Rosario Flores, o con la hija de Raphael, o con Penélope Cruz ¿Qué necesidad tendría yo de tener las cámaras de televisión de día y de noche delante de mi casa? Es más, siendo como yo soy un ciudadano silvestre, corriente y moliente ¿Qué interés podría tener para nadie mi vida normal, fuera de que yo fuera hermano de quien soy?
La Princesa de Asturias, aunque sólo fuera por lo que implica su trabajo, tiene obligación de dar el pego y de aparentar que es una señora perfecta, sin más sentimientos que los protocolarios. Pero ¿Telma Ortiz? ¿Por qué tiene que estar sometida Telma Ortiz a la misma presión sólo por ser su hermana? Es más, repito: ¿La vida de Telma Ortiz tiene algún interés para alguien?
Yo conozco la tele por dentro –aunque ese conocimiento previo no hace falta: basta con sentarse delante de la caja imbécil- y sé la presión brutal a la que están sometidas las personas cuya vida llega a ser pública. Una presión que, en el caso de los Ortiz, ha costado ya una vida. La hermana de Letizia Ortiz, la pobre chica, se suicidó porque, simplemente, no pudo aguantar sentirse todo el santo día en el punto de mira. Y aunque hay gente que necesita salir en la tele como el respirar, hay otras personas que sólo quieren que las dejen en paz. Letizia Ortiz puede haberse casado con el hijo del rey, pero el resto de su familia no.
Contra esta pretensión (justísima, a mi juicio) habrá varios argumentos, a cual más torticero. Tendremos el:

-Es que lo que ella quiere es establecer la censura, vulnerar el derecho a la información –igual que si un cazador furtivo de linces ibéricos criticara a los organismos protectores de la naturaleza.

O el muchísimo más malintencionado (si eso es posible) argumento de la vecina mala:

-Pero y esta, ¿Quién se cree que es? Que apechugue con lo que le ha tocado porque hay cosas peores.

Pero yo estoy con Telma Ortiz. Porque, en cualquier caso, los medios de comunicación están para informar sobre cosas que puedan ser interesantes para la gente, que les formen y les enriquezcan. Y la situación a la que hemos llegado en España es perversa en ese aspecto. Convertir la propia vida en objeto de comercio es, bajo mi punto de vista, éticamente reprobable, pero legítimo si uno lo hace por propia decisión. Pero si uno se ve lanzado a esa vorágine –o “al aborígen” como decía un jefe mío - por causas ajenas a su voluntad, la ley debe protegerle de alguna forma.
Porque la ley tiene, como una de sus funciones, arbitrar entre los desiguales. Y está claro que Telma Ortiz está en situación de desventaja frente al poder fagocitador de los medios de comunicación.

lunes

Se ha muerto Chema (joé, pobre hombre)

14 de Abril.- Informa el mundo de que el actor Juan Ramón Sánchez, que intepretaba a Chema, el panadero del barrio, se ha muerto el sábado a los 51 años de una enfermedad fulminante. Pobre hombre, joé.

Una pareja de krochern (foto: www.dorian-gray.at)
Loca juventú

14 de Abril.- Por fin, Viena ha entrado la modernidad. Este fin de semana hemos sabido que los vieneses contamos, finalmente, con una tribu urbana propia. Qué alegría más grande, Dios mío. Apenas puedo contener el alborozo.
La nueva tribu urbana son los Krachern (pronúnciese “Kroja’n” aproximadamente) ¿Y qué son? La verdad es que las definiciones, de momento, son un poco nebulosas. Digamos que los Krachern se distinguen por su vestimenta, por el estrato social del que proceden y por la música que escuchan.
Atendiendo a estos tres criterios, el Kracher prototípico va vestido con un pantalón vaquero de pitillo, una camiseta (preferiblemente de rayas horizontales) y una sudadera por encima, de estas de cremallera y capucha, también de rayas o con calaveras. Zapatillas tipo Converse y chatarra, mucha chatarra, de esa que se puede encontrar en los expositores más baratujos del H&M.El conjunto Kracher se completa con una gorra –generalmente de color fosforito- puesta al desgaire sobre la coronilla.
Ellas, llevan la versión femenina de este atuendo, que no se diferencia del de los chicos más que por la gorra (la Kracher fetén carece), y porque los vaqueros son de cadera baja para mostrar el piercing o, directamente, la lorza. Ambos sexos lucen un bronceado púrpura de rayos UVA, precursor de las formas más malignas del melanoma y, en algunos casos, audaces estilismos, como por ejemplo, mechones de rubio oxigenado sobre paisaje azabache, producidos por aplicación de tinte de los chinos sobre las crines.
Si te apetece seguir esta atrevida tendencia estética, puedes encontrar más información aquí, en la página oficial del movimiento.
Los krachern son muy jovenes, de clase social media baja y habitan en los barrios más populares de la ciudad (Simmering y esos distritos en los que Dagmar Koller jamás se atrevería a poner el pie), reivindican el uso del dialecto vienés más proletario (particularmente la palabra “oida”, que es una palabra más antigua que el tebeo, corrupción de la muy germánica y muy hochdeutsch “alter” o sea, viejo, en el sentido de Bugs Bunny de “Qué hay de nuevo, viejo”). Y les gusta el Techno, que bailan con un estilo a años luz de los correctos movimientos sincopados que pueden verse en las discotecas pijas de moda (Passage) o en las academias de baile (en Viena, el fenómeno academia de baile está tan absurdamente extendido que no sólo enseñan el llamado “baile agarrao” en sus diferentes variedades, sino también los más desmelenados estilos de la música pós).
Los Krachern son la versión austro de la subcultura bakala española. Esa corriente nocturna, ágrafa y vacía que surgió alrededor de la música techno en los noventa. Son los jóvenes que han crecido mandando SMS, cuya forma de expresión más sofisticada es el emoticono, que se comunican por internet, que no se rigen por ninguna ideología clara (salvo ese nebuloso conjunto de valores que flota sobre los artículos más superficiales de los periódicos gratuitos). Personas que viven en ese punto de fricción que son los estratos más humildes de la sociedad, en donde la inmigración es un fenómeno amenazador con el que hay que convivir, la política es un eslogan, y la vida se mide por las temporadas del reality show de moda y se articula en las formas más adolescentes de relación. El universo es la pandilla. Su curriculum educativo es básico y su porvenir laboral no future, directamente.
El sábado estuve en una fiesta y me reí mucho porque una mujer algo más joven que mi madre (un poco mayor de cuarenta y cinco) contaba que había ido a Saturn –una tienda grande de aparatos electrónicos que hay en Mariahilferstrasse- y le preguntó a la dependienta, seguramente una Kracher de estas, en donde estaban los casettes. Utilizó en la pregunta las siglas MC, de lo más ochentera ella, y luego le aclaró “Musicasettes”. La chica la miró con la misma cara que si mi amiga le hubiera preguntado por las tarjetas perforadas o los discos de pizarra para gramola.
Está claro que todas las culturas Kracher caducan algún día.

domingo

Como los champiñones

13 de Abril.- Queridos lectores: debido a la bonanza meteorológica, los vieneses hemos salido a cargar nuestras baterías de energía solar.
Ya lo decía Rosario: si el cuerpo te pide marcha...
Las dos fotos que dejo son de la Prater Hauptallee en donde daban ganas de ponerse a correr, de la superpoblación que había de gente haciendo jogging o montando en bicicleta.

viernes

matanza de la cerda en Benafigos (fuente:www.pibenafigos.com/matansa-cs.php)
Allegro bárbaro

11 de Abril.- Tengo la quijada dolorida, queridas y queridos lectores, debido al venga y ven que se traen los medios de comunicación españoles a propósito de la terrible “garrapata centroeuropea”. Es que do puedo pas, de verdad. Quién nos iba a decir que los futbolistas, esos seres, nos iban a salir tan pusilánimes. La noticia, en sí, tiene pinta de ser esas tonterías de relleno con las que a veces se contentan las rotativas anoréxicas. No para de salir en los periódicos gente con bata