Ya no estoy cachondo
(un post totalmente apto para menores)

30 de Septiembre.- Querida sobrina: quien ayer me viera pudo pensar que le había dado a alguna sustancia. Iba yo por una de las zonas más concurridas de Viena, pensativo, seguramente algo cariacontecido cuando, de un minuto para otro, estallé en carcajadas. Cuando me di cuenta de que la gente me miraba, me paré delante de un escaparate e hice lo posible por contenerme, pero la verdad es que no fue fácil.
¿En qué estaba pensando? Verás:

Últimamente, y debido a unas molestias sin importancia, he estado de médicos. Me han hecho diferentes pruebas que, gracias a Dios, estaban inmaculadas. Sin embargo, en una de ellas, había un valor que estaba un pelín alto (normal, pero alto). El médico me lo hizo notar: ¿Sabe usted que tiene el valor X un poquito alto para su edad? Y yo: pues no, no lo sabía ¿Y qué consecuencias tiene esto? Pues hombre: ahora ninguna, pero dentro de veinte o treinta años quizá desarrolle usted ... Y yo de nuevo: ¿Y qué puedo hacer, doctor? ¿Como menos de alguna cosa? ¿Hay alguna medicación? Y el médico, encogiéndose de hombros: nada: no puede usted hacer nada. Este valor es así de nacimiento.

Desde hace días no hago más que darle vueltas a esta conversación y ayer, mientras caminaba por esta zona comercial, me di cuenta de por qué. El ingénuo de tu tío, Ainara, tenía la esperanza insensata de no morirse nunca. Verás: hago varias horas de deporte a la semana, no fumo, hago una dieta de asceta hindú (en el caso de que los ascetas hindúes pudieran comerse un Big Mac y un plato de callos de vez en cuando), bebo alcohol en dosis moderadas, el estrés no lo conozco...En fin: que me preocupo por hacer los deberes todos los días. De esta forma, pensaba que podría mantener mi estado actual de salud de manera indefinida. Pero no había contado con que, a pesar de todo lo que yo haga, el tiempo pasa. Mis células se replican peor, la piel pierde colágeno (me acordaba de Lina Morgan, cuando decía que tenía los codos “como un culo´pollo”) y luego está la genética, ese número de lotería que jugamos y que lo mismo nos da un premio gordo de vida centenaria que nos lleva a la tumba en plena juventud -toquemos madera-. Todos estos pensamientos, Ainara, me deprimieron mogollón.
En estas estaba cuando, de pronto, como un flash salvador, me vino la imágen de tu bisabuela a la mente. La vi pequeña, vestida de negro, sentada en la silla baja desde la que oteaba los culebrones de la televisión y devoraba, curiosa, los telediarios (“el parte”, como ella decía). Alguna vecina de visita por mi casa le preguntaba:

 
-Señá María, ¿Cómo está usté hoy?


Y tu bisabuela, meneaba la cabeza y, como si anunciara una tragedia inevitable, decía:


-Cachonda perdía hija, cachonda perdía.


Y fue aquí donde estallé en carcajadas de risa y de ternura.

El tocho académico define el término “cachondo” en su segunda acepción como “Dicho de una persona: dominada por el apetito venéreo”. Dado que era nonagenaria cuando decía esto y que, en su vida, siempre tuvo una enorme aversión (católica, apostólica y romana hasta el final) al sexo, mi abuela no usó nunca la palabra en esta acepción. Quería decir simplemente que estaba revuelta, enferma, que no había dormido bien o, simplemente, que los años la habían convertido en un campo de batalla de los achaques de la vejez.

Tu padre y yo siempre lo entendimos así y no dudo en afirmar que, para nosotros, el significado extraño es el académico. Sólo nos dimos cuenta de que éramos conductores suicidas de la autopista de la semántica cuando, siendo ya mayorcitos, otros amigos nuestros subieron a casa y tuvieron que contener las carcajadas al oir a tu bisabuela decir que, a sus noventa, estaba “dominada por el apetito venéreo”.

Desde entonces, cuando estamos malos, como broma familiar, nos lo decimos. La última vez que hablé con tu padre, lo primero que me preguntó fue:


-Me han dicho que has estado de médicos ¿Qué pasa, estás cachondo?


Pero no, Ainara: desde que conseguí reirme, ya no estoy cachondo.

Hasta la próxima vez, claro.

Besos de tu tío.


Roma, de la HBO. Desde Norte y Sur no encontraba yo algo tan emocionante.

Los suspiros de una plancha

29 de Septiembre.- Queridos lectores: estoy muy contento porque ya han empezado a llegar las primeras fotos para el especial del día tres. Muchísimas gracias, aunque contestaré a todos los correos.
En fin.
Lo mío con la plancha, como mis lectores saben, se parece bastante a lo de los cigarreros cubanos, que pagaban a alguien que les leyera mientras estaban haciendo el monótono trabajo de liar el tabaco. De esta feliz asociación salieron los puros Montecristo, por ejemplo. Los obreros estaban tan agradecidos a Monsieur Dumas por las horas felices que les había hecho pasar su relato de las andanzas de Edmundo Dantés que le escribieron una emocionante carta pidiéndole ponerle a uno de sus puros el apellido del héroe de la novela.
Mi último descubrimiento es una serie de la HBO que se llama Roma, la cual devoro mientras plancho y también cuando dejo de alisar mis camisas. Cuenta la historia del imperio desde los últimos estertores de la República y resulta instructiva, interesante y entretenidísima. O sea: ideal.
El caso es que, con mi manía de asociar cosas que, en principio, no tienen nada que ver, pensaba yo que la política, después de todo, no ha cambiado tanto desde Cátulo para acá. Sigue resolviéndose en lugares pequeños y escondidos, lejos de esa tramoya que llamamos Historia y que, normalmente, se escribe a posteriori.
Los poderosos siguen haciendose fotografías juntos para ponerlas en la mesita del comedor y, de cara a la galería, las cosas se escenifican como si las relaciones entre los países se llevaran con un criterio profesional. También en Roma pasaba que las vidas de miles de personas se decidían por simpatías y antipatías personales. Luego, venían los cronistas (Tito Livio, por ejemplo, que Suetonio parece el Hola) y decían que tal o cual revuelta se había producido por las malas cosechas pero, en realidad, lo de Pompeyo y César, como tantas otras cosas, fue el pleito de dos carneros por ver quién tenía la cornamenta mejor surtida.
O sea, que ni hemos aprendido ni hemos inventado nada nuevo.
Lo mismo con los impuestos.
Es una ley infalible de la Historia que, cuando un gobierno perdía la imaginación, la baraka o, simplemente, empezaba a boquear, subía los impuestos.
Esto cabreaba a los paganos (generalmente, los pobres, los que no se pueden defender ni evadir sus nóminas a paraísos fiscales como Austria, por ejemplo). Si la cosa era muy extrema, los paganos acudían al castillo armados con horcas, teas y diversos instrumentos cortantes y, si el gobernante no tenía labia suficiente, se liquidaba el tema, se pinchaba su triste testa en una pica y a otra cosa –por suerte, la modernidad ha traido otros métodos menos expeditivos de retirar gobernantes inservibles-.
Cuando un gobierno lo hace mal (y hay muchas maneras de hacerlo mal y muchos son los pecados que se pagan tirando del erario) sube los impuestos. Luego, como con los desconchones de una pared o los bollos de un coche o las malas notas del colegio, hay que vender la burra lo mejor que se puede. Se les dice a los paganos que el profe les tiene manía (póngase en el lugar del profe cualquier malvado ad hoc). Tanto da. Los ordeñados hacemos como que nos lo creemos porque, entre otras cosas, no tenemos otra .
Lo que no ha cambiado tanto desde Roma a la Unión Europea del año 2009 es que las subidas de impuestos son pan para hoy y hambre para mañana. A corto plazo, le dan algo de alegría al famélico capítulo de los ingresos pero, a medio y largo, erosionan la economía porque desincentivan de manera perniciosa que la gente compre cosas. Es la ley de la oferta y la demanda en estado puro. De la primera clase de microeconomía de la Universidad sabemos que, cuando sube el precio de un bien (y los impuestos repercuten siempre en el precio) baja la demanda de ese bien. Si baja la demanda, baja la producción, se necesitan menos trabajadores, se produce más paro y, para asegurar los subsidios tiene uno que volver a subir los impuestos. Con lo cual la cosa se convierte en un círculo vicioso del que es complicado salir.
Es lo que uno aprende mientras plancha viendo la televisión.











El jefe del Partido Socialista Austriaco de Oberösterreich, Herr Erich Haider, perdedor en las elecciones de ayer

No está de moda ser socialista (en la Alta Austria)

28 de Septiembre.- Ayer, mientras yo me echaba unas risas en el Sportplatz de Stadlau viendo a unos tipos en falda tirando troncos de árboles (ver fotos en la cuenta de flickr) los ciudadanos de Oberösterreich –Alta Austria- y de Alemania se dedicaban a cumplir su deber cívico y a depositar su voto en la urna correspondiente.
No sucedió nada que no estuviera previsto: Angela Merkel “volvió a salir” (como decía mi abuela) y en la Alta Austria los socialistas se dieron la piña que se les auguraba. Los alemanes, ayer por la tarde, ya reconocieron la “amarga derrota” sufrida y anunciaron su intención de "dejarse la piel en el pellejo” (Mazagatos dixit) en una rectilínea labor de oposición. En Austria, a estas horas, los del partido socialista se lamen las heridas mientras que en el banquillo conservador hacen zapatetas.

Yo me enteré de todo esto anoche durante una sobremesa muy interesante en casa de un amigo que, con el celo que antaño desplegaban nuestros abuelos para seguir los resultados de los partidos de fútbol, consultaba su chisme electrónico al objeto de conocer cómo había votado la Alta Austria.

Naturalmente, cuando trascendieron los resultados, llegó la hora de hacer balance. Mi pregunta fue:

¿Por qué los socialistas austriacos llevan varias elecciones perdiendo terreno pese a haber sido el partido más votado en las últimas elecciones?

En la mesa, a la que se sentaban profesionales procedentes de diferentes sectores y de varias opciones políticas, la respuesta fue unánime: el Partido Socialista Austriaco está teniendo una política demasiado indecisa (fofa, vaya) con respecto a los extranjeros y a la cuestión de la inmigración. Digamos que ha quedado atrapado entre dos fuegos: entre la posición de los verdes, partido que ha hecho de la defensa de cierta idea de la integración una bandera (hacen ostentación, por ejemplo, de presentar a candidatos de raíces turcas a casi todas las elecciones y su líder, Frau Vassiliakou, es ella misma de ascendencia austro-griega) y la posición conservadora (la moderada de los Populares Austriacos y la extrema de los chicos de Strache) que propugna controles más severos con relación a los extranjeros y medidas que garanticen que no se admita más que a aquellos que la sociedad austriaca pueda absorver.

(Una precisión semántica: cuando digo extranjeros, me refiero a turcos y paisanos de ese totum revolutum que los austriacos consideran a la antigua Europa comunista).

La política, en esta revuelta del siglo XXI, se ha convertido en una cuestión de clases medias que, al fin y al cabo, son las que pagan la fiesta (véanse si no las últimas medidas tributarias del apurado Gobierno español). Y las austriacas son las que están sufriendo lo que consideran un sindiós migratorio. Como me explicaban los tertuliantes ayer por la tarde con varios ejemplos sacados de la realidad austriaca de todos los días: si una familia media quiere que sus hijos vayan a un colegio pasable (y aquí la educación es importante, como saben mis lectores) tiene que desembolsar una cantidad de dinero que resulta cada vez más gravosa para la economía doméstica. De lo contrario, los hijos se arriesgan a terminar en una escuela pública en la que, con más probabilidad que menos, se encontrará en clases con un cincuenta por ciento de niños cuyos padres no han nacido en Austria. La mayoría de estos chicos no hablan alemán correctamente y lastran a sus compañeros, con el consiguiente deterioro del rendimiento académico. Por otra parte, aquellos austriacos que ejercen profesiones de cualificación media (por ejemplo trabajadores sanitarios que ejercen la atención a domicilio) están viendo cómo, desde que el mercado de trabajo austriaco se abrió a los países del este (aunque todavía no esté abierto del todo), hay multitud de checos, polacos y demás (ese  Totum Revolutum del que hablaba antes, que los austriacos temen tanto) que están ocupando a precios mucho más baratos los mismos puestos de trabajo.

Por último, dijo uno:



-En mi empresa, por ejemplo, los que se ocupan del mantenimiento son dos albaneses y los que limpian las ventanas, dos turcos.



Y todos se encogieron de hombros.

Toda esa masa descontenta, que pide controles más severos, pruebas de idiomas, contratos cívicos, periodos de prueba, deportaciones en caso de comisión de delitos, son los votantes que se fugan del partido socialista y que se inclinan por opciones más conservadoras.


NOTA: Para aquellos que accedeis al blog por RSS y Feeds: estoy organizando el tercer aniversario de Viena Directo. Si os pasáis por la página, veréis en qué estoy pensando exactamente ... :-)

Escrivá de Balaguer y Quentin Tarantino: dos vidas marcadas por la misma tragedia

El padre ha pedido una Coca-cola (Inglorious Basterds)

27 de Septiembre.- Ser un director de culto debe de ser duro si eres de esas personas que tienen cierto apego por la realidad.




Una situación surrealista (a medias prisión dorada, a medias inyección de ego constante) que debe de ser como una que narra el periodista español Luis Carandell (q.e.p.d.) en su estupenda (y desternillante) biografía de Jose María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei.



Cuenta el periodista que como los miembros de la Obra, con muy buen ojo clínico, estaban convencidos de que convivían con un santo (o con alguien, que en algún momento, lo sería) tenían siempre a dos tipos con una libreta detrás del sacerdote barbastrino apuntando aquellas frases que decía por si los exégetas futuros podían sacar algo espiritual de ellas. Pues bien: según el zumbón volúmen de Carandell, un día estaba el beatífico cura aragonés en Torreciudad cuando, en mitad de un acto a cielo abierto, en pleno verano, sintió sed y pidió una Coca-cola. Inmediatamente, los alrededores del orador se llenaron de susurros jubilosos y de ojos en blanco:



-¡Una coca-cola! !El Padre ha pedido una coca-cola!



Se le pasó la botellita y se apuntó que, también los santos futuribles, gustan de las bebidas caudadas (o sea, con cola).



Me vino esto a la cabeza viendo Inglorious Basterds, de Quentin Tarantino. Una película muy estimable pero lastrada, en mi opinión, porque no hay nadie que le diga a Quentin que tirar folios a la papelera sólo es un pecado para los chicos de Greenpeace y que, en cualquier caso, si el bosque tropical te duele en el alma, el reciclaje (de ideas y de papel) también existe.



Porque, lo mismo que las flores demasiado apretujadas en un jardín, muchas ideas juntas (aunque sean brillantísimas, como en este caso) en poco sitio también se asfixian.



Pero claro: Almodóvar, Jim Jarmusch, los hermanos Cohen –a quienes IB debe bastantes cosas- y Tarantino, pertenecen ya por derecho a ese grupo de intocables que te tienen que gustar para poder presumir de no ser de esos que le dan al cine de Van Damme o de Chuck Norris (si llevas gafas de pasta, como es mi caso, además de gustarte estás en la obligación de besar el suelo que pisan y de incluirlos en tus oraciones todas las noches detrás del “cuatro esquinitas tiene mi cama y cuadro directores creativos y originales me la guardan”).



Dicho lo cual: IB  tiene un par de momentos de quitarse el sombrero (o las gafas de pasta). Incluso, algo infrecuente en el cine de hoy en día, secuencias enteras brillantísimas. Pero es una película que comete lo que para mí es un pecado: las partes están claramente privilegiadas sobre el conjunto, por lo cual el ritmo se escachifolla con cierta frecuencia. Tarantino confía en que, como los que van a ver sus pelis ya están al tanto de “su personal estilo”, todo se le perdonará. Pero si uno mira su película con un poco de sentido práctico tiene que convenir en que además de ofrecer unas buenas interpretaciones (que las ofrece), cinefilia de la buena (que la ofrece), y momentos de humor bruto (que los ofrece) el resultado final ganaría muchísimo si se cortasen algunos meandros innecesarios que hacen que el respetable remueva el culete en las butacas con más frecuencia de la que sería deseable (sobre todo a partir de la segunda hora de película).


El actor austriaco Christoph Walz

Ahora bien: el descubrimiento de esta peli se llama Christoph Walz (por eso hablo yo de ella). Herr Walz es un actor austriaco (vienés) que, hasta que Tarantino llamó a su puerta, se dedicaba sobre todo a ser malo en series de televisión de esas que pirran al público germanoparlante. Curiosamente, Herr Walz y yo, según internet, tenemos por lo menos tres cosas en común: ambos somos libra, ambos medimos lo mismo (1,74) y ambos hablamos inglés, francés y alemán. En fin: el malo de la peli es, con muchísima diferencia, lo mejor de ella. La interpretación de Walz le pone a la altura de lo mejor del Hollywood clásico. Plano en el que sale, plano que roba. Esperemos que, para él, no llegue tarde el descubrimiento como para otro excelente actor alemán formado en las galeras de la tele: el enorme (y fallecido) Ulrich Mühe (La vida de los otros).

Como el lector verá, estas cosas también pasan en Austria y forman parte de los sacrificios que han de hacer "los que mandatan"

El Afoto (*)

(*)Este post debió publicarse ayer, pero otros deberes me lo impidieron. Allá va

25 Septiembre.- Un simpático lector, cuyo nombre mantendremos en el economato, me pide que comente la noticia del día en España (o, por lo menos, la noticia a la que los medios han prestado mayor atención).
Como soy débil, no he sabido negarme, a pesar de que la noticia en cuestión, en principio, tiene poco que ver con la temática de este blog; aunque sí con algunas de las cuestiones que, durante estos casi tres años, he tratado de vez en cuando. He aquí los hechos:

Durante un viaje oficial a los Estados Unidos con motivo de la cumbre del G-20, el presidente del Gobierno español, Sr. D. Jose Luis Rodríguez Zapatero y su esposa, Sra.Da Sonsoles Espinosa, acudieron, parece ser que a título personal, a una representación en el Metropolitan Opera Hause, en donde coincidieron con el matrimonio Obama.

Parece ser también que, como el presidente español es hombre abierto y simpático, que en todo caso admira al presidente del Gobierno americano, se las arregló para comunicarle (por señas: no habla inglés) que era su deseo y el de su mujer hacerse una foto de grupo para que quedase testimonio gráfico de la concordia que reina entre los mandatarios de ambas naciones (y sus santas).

Hasta aquí, todo normal.

Pero es que a la imagen también se unieron las hijas del matrimonio Zapatero-Espinosa, de 13 y 16 primaveras.

La foto fue realizada por un profesional de la Agencia EFE que, con la inmediatez que caracteriza a los tiempos de internet, remitió la fotografía a sus jefes (que se frotaron las manos). En esto que la agencia española recibió un telefonazo procedente de las alturas para que se impidese la difusión a los medios de la instantánea; porque es bien sabido que, tanto el Sr. Zapatero como su esposa han intentado desde siempre mantener a sus hijas alejadas del torbellino mediático en el que ellos, por causa del trabajo del cabeza de familia, no tienen más remedio que vivir.

La difusión de la foto se paró lo antes posible pero (Ay, que diría Antonio Gala) la influencia del gabinete de prensa de Moncloa no llega hasta la web americana que publicó la foto en origen, y de ahí ha saltado a los medios españoles que, cumpliendo la ley, han publicado la instantánea con las caras de las niñas distorsionadas (aunque de una de ellas se puede decir sin temor a equivocarse que tiene una sonrisa –califíquela cada uno como quiera- clavadita a la de su padre).

Lo que ha causado la polémica (y los malintencionados y crueles comentarios) de los periodistas y del pueblo soberano, ha sido la indumentaria que lucían las hijas del matrimonio presidencial español.

Las dos chicas acudieron al Metropolitan vestidas de negro al gótico modo y con botorros militares (no quiero que se vea en este aumentativo ningún ánimo despreciativo: es una descripción gráfica). Esta coartada ha servido para que, los que antesdeayer se hacían lenguas de lo bien que le sentaba el pareo playero a la señora de Aznar o de lo fina que posaba su hija con la cara de becerrilla feliz que se te pone cuando tienes un marido con varios miles de millones en el banco, hayan atacado ferozmente la elección (valiente, audaz, poco ortodoxa, para qué que negarlo) de las hijas de Jose Luis Rodríguez Zapatero.

Dejando aparte que es bastante sucio (y dudosamente ético) atacar al santo por la peana y cebarse con Zapatero a través de sus hijas; esta foto plantea otras preguntas de más calado como por ejemplo: de la imagen se deduce que tanto Zapatero como Espinosa han inculcado a sus hijas un espartano concepto de la estética, un desprecio por todas las convenciones burguesas (¿A la ópera? ¿Por qué hay que arreglarse para ir a la Ópera?), un personal concepto de la expresión corporal, y un aprecio por los valores interiores de las personas muy acorde con la ideología progresista que (teóricamente) profesan.

Pero, ¿Esas niñas no estudian? ¿Pueden permitirse hacer una semana de pellas porque sus padres vayan a NY? Yo no podía ¿Ha de deducirse de ello que su padre, de forma muy consecuente por otra parte, siente el mismo aprecio por el porvenir académico de sus hijas que el que parece sentir por el del resto de los chiquillos españoles? ¿Piensa que por ser quien son podrán dedicarse sin problemas en el futuro a las profesiones más populares entre la juventú modelna? (a saber: concursante de Gran Hermano o Tertuliana en un programa de higadillos/corazón).

En Austria, país que brilla, como saben mis lectores, por el respeto a la vida privada, trascendió hace meses una foto de la hija del canciller Gussembauer en la que posaba con cara de tocinilla inocente y se supo también que, a pesar de que su padre ocupaba el segundo puesto de trabajo más cotizado de la República Austriaca, ella no es que brillase en las aulas precisamente (que estuviera gordita escandalizó menos que esto). Ipsofactamente, se le aplicó un severo programa de reeducación para dejarla a) como una sílfide y b) para que recuperase las asignaturas suspensas.

¿Sufrirán la misma terapia de choque las hijas de Zapatero? ¿Marcarán una tendencia? ¿Impondrán el negro, las pulseras de cuero y los botorros en los acontecimientos operísticos? ¿Se relajará el serio mundo del protocolo? Una nueva era se ha abierto.

Jörg Haider en sus últimos tiempos (he cambiado la ilustración de este post porque me ha parecido feo hablar mal de un muerto). En fin.

Todo es posible en Carintia

24 de Septiembre.- 11 de Octubre de 2008. Exterior. Noche. Zona de copas pija situada en una zona semiboscosa de algún lugar de Austria. Un famoso político, que acaba de protagonizar un regreso triunfal a la política nacional, mantiene una acalorada discusión con su lebensmensch (o viceversa). Suenan de fondo, en sordina, las frecuencias más graves de un tema de DJ Ötzi con un estribillo machacón (pongamos que hablo de Ein Stern dr Deine Namen Trägt). Bajo la fosca luz de las farolas, los dos hombres tienen una conversación de la que no hay testigos. Dicha conversación sube de tono hasta que el político se cisca en todo lo que verdeguea y se va a grandes zancadas hacia su coche –una berlina del tamaño de un transatlántico- aparcado en las cercanías. El lebensmensch, contrito, abre la puerta del local más próximo dispuesto a ahogar sus penas al estilo Piquer (ante una copa de aguardiente/ de mostrador en mostrador).
Lo que no puede ver es que, en una zona de sombra, dos tipos fornidos, malencarados, con gafas de sol a pesar de la oscuridad reinante y con las manos protegidas por guantes de suave piel de becerro, están esperando al político. Cuando el hombre está abriendo la puerta del conductor, lo agarran por la espalda, lo silencian, lo inmovilizan y le vacían en las entrañas un litro de vodka de garrafón (no está la cosa para tirar). Poco a poco, el alcohol entra en la sangre del político que, primero, entra en visión túnel y después, se dirige hacia la muerte en un estado parecido al que nos acomete en nuestros sueños más turbios. Los dos hombres con gafas de sol tiran al guiñapo en el asiento trasero de la berlina, sacan el coche del aparcamiento haciendo gemir los neumáticos, conducen unas cuantas decenas de kilómetros por carreteras secundarias y luego lo preparan todo cuidadosamente: lanzan el vehículo a toda velocidad en una curva que, si se toma recta, conduce directamente a una pared de hormigón que garantiza un pasaje sin vuelta a la teoría conspiranoica más delirante.

A primeras horas de la mañana, alguien despierta al lebensmensch con la noticia más amarga de su vida. Resacoso, haciendo todo lo posible por contener el llanto aparece al mediodía dando la noticia de que Jörg Haider ha muerto en un accidente de coche.

Esta es la versión que, hasta hoy, sostenía, extraoficialmente, la familia del malogrado político, así como un par de escritorzuelos que han parido sendas biografías en las que se aseguraba que la muerte de Haider se había producido debido a un complot político. Sin embargo, la revista News, que sale hoy, ha publicado el informe de la autopsia de Jörg Haider (una información, en principio, confidencial) pero que no deja lugar a dudas sobre las causas de la muerte y no deja tampoco ningún tipo de espacio a ninguna teoría extraña (aunque, como con la Sábana Santa de Turín o los polvos interestelares de los que hablaba antes de ayer, seguirá habiendo gentes inasequibles al desaliento que compensen con imaginación lo que la realidad les niega). Parece ser que, según las pruebas médicas practicadas al occiso –gracias, Teo-, el político había estado pimplando durante todo el día y tenía alcohol en la sangre, en el estómago y en el cerebro en unas tasas que hubieran bastado para tumbar a un cachalote. O sea que, como se dice llanamente en lengua vernácula, el pobre estaba vollkommen besoffen.

La familia, lógicamente, ha reaccionado con la indignación esperable. Es poco probable, sin embargo que en Carintia, feudo político del difuntiño, cambie algo de lo que ya se ha convertido en el negocio más lucrativo desde que los arruinados herederos de Elvis decidieron convertir Graceland en un museo. Por lo pronto, y coincidiendo con el primer aniversario de la piña automovilística de Haider, el lugar del accidente va a ser acondicionado para que los admiradores del muerto puedan dejar sus muestras de condolencia (una especie de Celtiberia Show, pero en Austria). Gracias a donaciones privadas se van a construir tres plazas de aparcamiento y un monumento permanente. Se habla también de construir una casa museo en la que se conservarán reliquias del muerto. Todo es posible en Carintia.

Imagine el lector español lo que hubiera pasado si Cecilia o Nino Bravo hubieran nacido en ese bonito (aunque friki) rincón de Austria.





Foto de la playa de Maou,en Mykonos, donde fueron hechas las reflexiones que siguen

La mala educación

23 de Septiembre.- Querida Ainara: durante los últimos quince días he estado de vacaciones en Grecia. Un país que, como todos los de la cuenca mediterránea, se parece tanto al nuestro. Uno de esos días, mientras botaba sobre los baches de una mísera pista de tierra a bordo de un ciclomotor pensaba yo en la Unión Europea. Ya sé que es un tema un poco extraño para que te venga a la cabeza mientras un ciclomotor anciano te está baldando los riñones, pero si sigues leyendo, inmediatamente te darás cuenta del hilo de mi razonamiento: porque carretera mísera es igual a infraestructura mejorable, e infraestructura mejorable es igual a fondo de cohesión y fondo de cohesión es igual a Unión Europea.
Pensaba yo que la Unión es una de las cosas más importantes que han pasado no ya en Europa, sino en el mundo entero, durante los últimos treinta años. El Euro, un logro titánico (empezando por que todos los países se pusieran de acuerdo en cómo milks llamar a la moneda común) y la posibilidad de que yo pudiera estar moliéndome los huesos en Grecia solo con ir, comprar un billete y montarme en un avión, una maravilla para un territorio canijo en comparación con, por ejemplo, los Estados Unidos, pero asolado sólo hace setenta años por la mayor guerra que ha conocido la Humanidad (toquemos madera). En el transcurso de mi vida, se ha conseguido todo esto a partir de un núcleo primitivo que fue un acuerdo para comerciar con hierro y carbón entre los países que, aún hoy, forman el núcleo duro de la Unión. Y, lo más importante: se ha conseguido de una forma que, a los griegos antiguos, les hubiera llenado de orgullo: por la palabra, de una forma pacífica, llegando a acuerdos (imperfectos, mejorables) pero sin un solo tiro.
Ahora bien (y aquí viene lo que yo pensaba) esta impresionante realidad también tiene sus déficits y, ahora que la crisis económica acecha y que cada uno barre para su casa, sus amenazas. Empezando porque la inversión común en mejorar las infraestructuras sin atender a otro tipo de homogeinizaciones ha provocado quizá que en los paises más pobres de la UE suceda algo cuyo caso paradigmático es el español.
La entrada en la Unión hizo que llegaran, como caídos del cielo, fondos para hacer diferentes obras públicas (y semipúblicas) que, naturalmente, engordaron a las empresas patrias y fueron cómplices del principio del llamado Milagro Económico Español (más conocido luego por Burbuja Inmobiliaria). Durante años, bancos y constructoras dieron beneficios record. La facilidad para la obtención de crédito y el aumento del consumo privado hicieron que el nivel de vida de la población se elevase artificialmente. Entre ciertas clases medias pasaron a ser normales la interna sudamericana, el verano en el extranjero y los cursos de ingles en Londres para los niños (que los tiernos infantes dedicaban, cómo no, a practicar la sana costumbre del botellón por Hyde Park).
Ni los fondos europeos ni los beneficios que generaron se dedicaron a acometer las reformas profundas que el país necesitaba con plena complicidad del(os) Gobierno(s), de los grandes remansos de dinero y de los medios de comunicación controlados por ellos (todos) que no dijeron ni mú. El sistema educativo, con diferentes leyes a cual más zarrapastrosa, fue convirtiéndose en una máquina de amaestrar chimpancés (por decirlo con cariño y siempre co perdón de los primates). De resultas de esto, la fuerza de trabajo española es cara, ineficiente, perezosa para formarse y con una productividad que daría risa si no diera pena (a pesar de que, en España, el deporte nacional es echar horas extraordinarias gratis).
Esta semana, Ainara, ha sucedido una triste noticia que ha pasado inadvertida en la mayoría de los periódicos (preocupados como estaban de hablar de tontiloqueces): todos los partidos políticos del parlamento menos el gobernante y el nacionalista que le apoya (hoy, que mañana Dios dirá) consiguieron ponerse de acuerdo para intentar que se organizase un pleno extraordinario con el único tema de la educación. Naturalmente, la iniciativa no llegó a buen fin. Sin escuelas de calidad, Ainara, quizá tú también estés destinada a ser una inmigrante. Por otra parte, en una política de austeridad mal entendida, el Gobierno pretende reducir un 37% el presupuesto de I+D para el año que viene lo cual significará que uno de los pocos sectores que podría sacar a España de la crisis (de hecho, el Gobierno dice que sacará a España de la crisis) se va a ir a tomar...En fin. Mejor dejarlo.

Besos de tu tío.






El compositor Franz Schubert

Polvos y Lodos (o viceversa)

22 de Septiembre.- De camino al metro, paso todos los días delante de una iglesia del siglo XIX en la que, según una placa que el municipio colocó en los años veinte del siglo pasado, fue velado el cadáver del bueno de Richard Schubert (por cierto, antepasado de un amigo mío).
La iglesia es humilde y está rodeada por una serie de estatuas absolutamente horrorosas –del estilo de las de la Plaza de Oriente de Madrid- entre las que destacan por méritos propios un San Sebastián deforme retorciéndose por el dolor que le causan dos flechas de latón y una Santa Margarita que pisotea con aire constipado una serpiente que, incluso siendo de piedra, parece de goma. A mí me gusta entrar en esta iglesia sobre todo en invierno, cuando quiero pensar tranquilamente. Reina dentro de ella una suave y húmeda penumbra, un poco parecida a la del acuario del zoo. Durante las misas, a veces alguien toca el órgano, y las señoras mayores van a comulgar envueltas en esos abrigos con cuello de peluche que huelen (aunque no se huela) a naftalina y a museo con poco trajín.
Pues bien: di que iba yo esta mañana camino del suburbano cotidiano (y de mi primer día de curro postgrecia, ay qué dolor) cuando me he fijado en que, durante mi ausencia, la loca juventú modelna ha dejado unas pintadas en la fachada de esta iglesia. No me ha gustado porque a)las pintadas me parecen una guarrería y una antigüedad; ahora se puede mandar todo tipo de mensajes subversivos por internet sin ensuciar el entorno urbano (aunque también: si no se enguarrina el entorno urbano ¿Qué gracia tiene protestar?) y b)porque le tengo cariño al edificio como se quiere a un animal viejo que ya no está para muchos trotes.
En cualquier caso, lo que me ha hecho gracia es que las pintadas remitían al ala dura de ese grupo de ateos –decíamos ayer- que habían puesto su campaña –más cívicamente, cieratamente- por el distrito uno en forma de cartelería.
Los anónimos autores de las pintadas pedían a los viandantes que se dedicasen a fornicar como locos “antes del matrimonio” (a ver, señores: salvo los miembros del Opus y los gilidoors de los Jonas Brothers, en estos tiempos del cuplé ¿Llega alguien normal virgencito a la noche de bodas? Bueno, sí: los loosers de Schwigetochter Gesucht (Se Busca Nuera): un rialitichou de la RTL al que me he aficionado en Grecia y del que hablaré un día de estos).
Pero la mejor era una que exhortaba a la población a pecar sin tasa, a troche y moche, a calzón quitao, con un imperativo que, en alemán, suena aún más llameante. Los ateos de la rama moderada protestaban contra el hecho de que las religiones se hubieran hecho con el monopolio de la bondad. Los del ala mensajera, en cambio, piden a la peña que se deje de gaitas y sea mala por todos los métodos que se les ocurra.
En fin.
Llega uno de esas Grecias y ¿Qué se encuentra? ¿Eh? Qué se encuentra. Pues se encuentra que Lugner (que hace varias décadas que cometió el subversivo acto de dejar de ser virgen: aunque la subversiva quizá fuese la contrincante: qué valor) Pues eso, que Lugner se separa de su última (Bambi) que también, por lo que parece, y a pesar de la abismal diferencia de edad, debió de echar su primer coito hace algún tiempo. Necesité una dosis en vena de la basura más patética (ese chou de Richard Lugner en la ATV) para recuperarme de un programa de la N-24 (una cadena alemana de todo noticias) en el que se daba vueltas insistentemente –formato teletienda- a la posibilidad de que el ser humano actual fuera el producto de la coyunda entre un homo sapiens peludo y una extraterrestre con cara de batracio. Para apoyar esta aseveración, salían unos cuantos pseudocientíficos (modelo J.J. Benítez) que, con craneos con malformaciones en la mano encontrados por niñas inocentes en las soledades del desierto de Nuevo México (arf,arf), pretendían estar en posesión de las pruebas definitivas para demostrar que de aquellos polvos vienen estos lodos (con perdón).
Aunque claro, cosas más descabelladas se han sostenido (y se sostienen) por esos mundos de Dios: a pesar de que el abuelo Darwin descubrio la clave de nuestra necesidad periodica de afeitado, en Estados Unidos hay muchas escuelas en las que se enseña aún que somos el fruto de un rato perdido sabatino de Yaveh. Y se quedan tan anchos.








El alcalde de Viena, Herr Michael Häupl


21 de Septiembre.- De nuevo en Viena. Así que, sin más retrasos, vamos a ponernos un poco al día.
¿Qué ha sucedido aquí durante mi ausencia? En principio, que el señor alcalde de esta ciudad, Sr. Häupl ha doblado la esquina de sus sesenta años con una gran fiesta que se ha celebrado, no podía ser de otra manera, en el patio del edificio neogótico junto a la Ringstrasse. El Sr. Häupl se presenta a una reelección que, en su partido, no piensan que sea tan fácil ni tan holgada como lo fue la última vez. Más que nada por causa de la crisis económica que está desgastando, de manera constante, al Partido Socialista Austriaco (SPÖ) mucho más que a sus colegas de gobierno, los populares (ÖVP). Parece sin embargo que Viena, a pesar de todo, seguirá siendo roja y que Heinz Christian Strache no se hará con la alcaldía de la capital. Se presenta con una de esas ruidosas campañas a las que ya nos tiene acostumbrados: con mucho blanco, mucho azul, mucho rojo, mucha bandera austriaca y mucho “busque, compare, y si encuentra algo mejor: vótelo”. Una campaña, por cierto, que lleva dando la brasa desde hace por lo menos un año. Strache debe de pensar que, el que resiste, termina ganando más tarde o más temprano.

Estos dos personajes han estado ligados indirectamente por un acontecimiento que ha estado de actualidad también durante las últimas dos semanas: el concierto que se iba a celebrar en memoria de Michael Jackson en los jardines de Schönbrunn el día 7, si la memoria no me falla, pero que, estando yo en Grecia, se aplazó en parece que para siempre. De momento, su principal impulsor, Germaine Jackson, ha visto frustradas sus aspiraciones de realizar una reaparición gloriosa como el hermano doliente que (Oh, sorpresa) también canta bien. Ni su nombre ni el del promotor austriaco de la cosa –parece ser que un amigo personal del fallecido ídolo de plástico- han conseguido reunir artistas de relumbrón para una ocasión que, o era magna, o no era. Sólo se han prestado a actuar músicos autriacos que, sobra decirlo, son desconocidos a nivel internacional. Esto, y los precios de las entradas –barbaridades de trescientos euros para arriba- han hecho que el famoso conciertazo haya terminado en agua de borrajas.

En una reacción que ha sido (parece ser) universalmente respaldada, el alcalde de esta ciudad –reciente sexagenario- ha dicho que de la municipalidad vienesa no iba a salir un jEur para ninguna aventura, que no están los tiempos para tirar. Y Strache ha aplaudido la reacción de su rival político diciéndole que no le parecía de diez, sino que él, le daba un once. Qué enternecedor.

Más cosas no tan agradables. Parece ser que tras cinco semanas de huelga de hambre, un inmigrante indio que permanecía retenido en una dependencia policial ha muerto por razones que, en principio, se desconocen. El hombre, Gagendeep S., trabajaba como muchos de sus compatriotas como vendedor de periódicos y repartidor de pizzas ocasional. Como suele suceder en estos casos, la historia es dramática y hubiera sido digna de un final mejor. Gagendeep S. llegó a Austria escondido en un camión, endeudado hasta las orejas con una banda dedicada a colar en Europa inmigrantes ilegales. Pretendía trabajar en Austria para mandarle dinero a su hermana que está estudiando en la India. Ya no podrá ser.

Las políticas de inmigración van a ser objeto de un intenso debate durante los próximos meses, por lo que parece. De momento, los ministros competentes de la Unión, a sugerencia de Francia –Sarkozy, siempre él- van a reunirse para acordar una postura común frente a la inmigración ilegal. El marido de Carla Bruni, pretende que se unifiquen los modelos de actuación para adaptarlos a la Berlusconi´s Way. O sea, que se destinen fuerzas a localizar las embarcaciones de inmigrantes cuando aún están en el mar y que, ab sofort, sean enviadas a sus países de origen –o lo que sea, porque, con la pobre gente del Africa subsahariana, cualquiera sabe de dónde vienen-. De momento, ya se ha acuñado un concepto con el que la Unión se blindará en los próximos meses –ya se sabe que las palabras crean realidades-; se trata del “inmigrante económico”. Veremos lo que viene después.

Ultimas noticias: Grecia ha vencido a Turquia y jugara contra Espanya la final del Eurobasket (en fin, lo se: a mi me ha importado exactamente lo mismo)

La sonrisa del Pelicano

18 de Septiembre.- Les da lo mismo el fumbol que el baloncesto: los griegos, es ver a alguien con una pelota en la mano y pierden la nocion.
Ahora mismo, mientras la seleccion nacional griega jugaba contra la turca -claro, la rivalidad de los vecinos que se odian- estaba Mykonos paralizado. Los bares echaban chispas y los griegos estaban todos transfigurados en bestias pardas que se acordaban (en griego) de la madre del arbitro. Bueno: quien podia paralizarse estaba paralizado. La mentalidad comercial griega no descansa nunca, asi que, con un ojo en las canastas, los vendedores de souvenirs seguian mostrandole a las parejitas paradas delante de los puestos que la mascara sonriente es la de la comedia y la otra, la de la tragedia.
Es admirable la sincronia, por cierto, que tienen estos griegos para lo del turismo. Todo esta estupendamente organizado. Un poner: yo, por ejemplo, me he comprado en Viena una guia de la marca Merian para conocer todo lo interesante que puede ofrecer esta (pequenya) isla. Pues bien: en esta guia, aparece asi, como quien no quiere la cosa que el animalito mas tipico de Mykonos es el pelicano  (retener este dato) y se incluye una fotografia ad hoc de dicho pajaro. Cuando uno va en el aeroplano de camino a las islas griegas, uno se imagina que esto del pelicano es una soplagaitez como otra cualquiera. Hasta que, en un momento dado, tambien como al descuido, se encuentra uno en la plaza de los taxis con el bicho en cuestion y con un senyor, sospechosamente sentado detras del bicho con un palo en la mano !Que encantador! Se dice uno, cautivado por el prodigio de que lo que dicen las guias, por una vez, sea verdad. Y saca la camara y le echa fotos al animalico al cual, sospechosamente tambien, los fogonazos de los flash le chupan un pie palmipedo.
Se suceden las invasiones procedentes de los barcos que atracan en la bocana del puerto (ayer espanyoles, hoy me temo que franceses) y, de pronto, uno se da cuenta de que el prodigio aviar se repite una y otra vez con el mismo senyor del palo siempre detras y en el mismo sitio. Y, por supuesto, uno se patea la isla para arriba y para abajo y no aparecen mas pelicanos en estado salvaje. Con lo cual, uno llega a la conclusion (lo se: uno es un poco lento) de que ha visto AL PELICANO de Mykonos que es el que fotografio el pardi que escribio la guia Merian pero el que tambien redacto la guia Eckermann (famosa casa productora de guias turisticas para consumo de los Piefkes o alemanes).
Otra ley del turismo es que, si uno tiene una cosa en su casa la cual, aunque mas pequenya, sea parecida a otra mas prestigiosa, hay que buscar como sea la manera de apropiarse del encanto que transmite el modelo original.
Me explico: aqui hay cuatro casas construidas en condiciones infrahumanas (hoy albergan sendas discotecas de chunda chunda y chaca chaca) justito al borde del mar. Aguas+Casas= Venecia. Con lo cual, los avispados guias locales han llamado a semejante cumulo de tabernuchas "La pequenya Venecia". Y ahi me tienes a los turistas (espanyoles) de ayer, con su mapa en la mano, orientandose por las callejas y manteniendo conversaciones as follows:

-Neus, Nena, vamos a comernos una pita que estoy muerto de hambre.
-Ay, Josep no. Vamos a esto que nos ha dicho la guia. Como era? Lo de la pequenya Venecia.

En casos potencialmente mas patologicos, Neus le hara una foto a Josep (y viceversa) para escarmiento de sus amistades espanyolas, que jamas contrataran los servicios del teleoperador que tuvo quince dias a la pareja en cuestion con la lengua fuera por el Mediterraneo.
Abro aqui un parentesis indumentario. A los americanos se les conoce porque, como decia la copla "vienen a Grecia guapos y sanos" . Esto es: ellos, particularmente los gays, van uniformados con una camiseta de manga corta blanca, afeitado de stripper histerico, vaqueros y ese peinadico con raya al lado que mis lectores podran ver inmediatamente si, hojeando en su archivo fotografico mental, buscan a Kennedy; los italianos, si son jovenes y prometen, van vestidos con unos pantalones cortos por medio muslo, una camiseta de manga larga y un foulard para jirafas arrollado al cuello (todo, impecablemente conjuntado en colores vivos). Los casos mas salvajes de italianos incluso llevan las cejas depiladas (canta opera y para un ojo espanyol es un poco pasote, las cosas como son) o, directamente, se les notan las huellas de las intervenciones (al botox me refiero). Los mas mayores llevan la barba que, por comodidad me he dejado yo: una barba entera recortada por abajo hasta la quijada y con las mejillas rasuradas. Para ir arreglao pero informal por la noche Mykonesa.
Pero a lo que yo iba: a los espanyoles se nos conoce porque este anyo Carrefour ha debido de poner de moda unas bermudas (unos pantalones por media espinilla) que ni son largos ni son cortos, ni deben ser comodos y, por supuesto en mi opinion, son horrorosos. Es ver a alguien con semejante cosa puesta y poder asumir sin ningun tipo de posibilidad de equivocarse que ese alguien es de la Madre Patria. Por cierto, que los espanyoles (y a esta practica costumbre si que me he adherido) tambien nos distinguimos por llevar bolsito colgado en bandolera, que es muy practico cuando tienes que llevar cuatro cosas: que si las llaves, que si la carterita que si patatin que si patatan (en mi caso patatin y patatan es una pedazo de camara reflex que no se separa de mi en ningun momento pero que discreta no es).
En fin: esto son apuntes nocturnos. Yo, los dias me los paso en una cala semidesierta que he descubierto a base de subir y bajar en ciclomotor por esas carreteras de Dios (procurando no ver los gatos muertos, claro); banyandome en el mar como la senyora Isabel (mi madre) me puso en este valle de fabricas de tristeza y, por supuesto, tratando de no quemarme con el sol griego en los sitios mas inhospitos (es lo que tiene el nudismo). Aunque de esto quiza hablare otro dia.
Una buena mujer tumbada al sol de Mykonos en la bocana del puerto
Pipol
16 de Septiembre.- Antes de contar un nuevo capitulo de mis aventuras en Grecia, quisiera empezar con una noticia: el portal Maravillage me ha enlazado como blog especializado en Austria y Viena (ole con ole y ola, aunque, durante estos dias estamos un poquito Off Topic, pero bueno).
En fin: los turistas que nos alojamos en mi hotel confluimos todos a la hora de desayunar. En la terraza (los mas centroeuropeos desayunan en el interior, porque parece que le tengan alergia al aire salino) reina un ambiente cosmopolita y mundano parecido al de las novelas de Agatha Christie.
Principalmente porque la gente, mientras esta comiendose los huevos revueltos (los del Norte y Centro de Europa) o mientras se come las tostadas con aceite de oliva (los que conocemos los beneficios del oro verde) se observa mucho y trata de sacar conclusiones. No me extranyaria nada que, el dia menos pensado, apareciera algun huesped fallecido de muerte violenta por un medio sofisticado (por ejemplo, una aguja impregnada de curare) y que, de pronto, diera la casualidad de que, entre los huespedes, apareciese un tipo regordete parecido a Peter Ustinov que, en ingles con acento de maitre de restaurante caro, nos preguntase que estabamos haciendo ayer por la noche a las nueve cuarenta y dos.
No nos falta ningun personaje para la intriga policial: miren mis queridos lectores a esa parejita joven que esta de jonimun en Grecia (la otra manyana le felicitaron el cumpleanyos a ella, que soplo una velita con un gozo infinito). Miren a ese otro matrimonio mayor de Zurich que, acompanyado de sus hijos, celebra unas bodas metalicas; observen enternecidos a esa pareja de administrativos, presumiblemente milaneses, que se hacen las carantonyas solicitas que se hacen los matrimonios heterosexuales cuando han cumplido las dos decadas de relacion; reparen en ese grupo de mujeres que charla animadamente en retorromano (esa forma suiza de destrozar timpanos) como si se tratase de uno de esos grupos falsos de consumidores que cantan las ventajas de un yogur antiestrenymiento.
Paco ocupa siempre una de las esquinas para poder echarle un ojo al personal. Como uno es de habitos tan regulares como los de sus vecinos, coincide casi siempre con la misma gente por lo cual ha descubierto, por ejemplo, que los suizos (mayoria en mi hotel) podrian hacer honor a esa frase de Machado que dice que, al escuchar a alguien hablar de su pais, si habla mal, es espanyol. Pues los suizos, un tanto de lo mismo entre ellos. No se pueden ver. Resulta que el otro dia, estabamos toda la troupe de la obra de Agatha Christie sentada en disciplinado silencio mirando el ir y venir de esos ferrys que, segun costumbre griega, zarpan cuando al capitan le sale de las cariatides y no cuando los horarios dicen, cuando el grupo de senyoras cuarentonas del que hablaba mas arriba, se puso a charlar en alta voz.
El matrimonio mayor, con la nariz levantada, miro hacia donde provenia el escandalo. Yo, tambien. Porque vi como la anciana centroeuropea se tapaba la boca y rezongaba con evidente disgusto. Aguce el oido para ver de que se escandalizaba la mujer (el hombre habia seguido desayunando sin dar grandes muestras de tener ningun problema) y, a traves de un bosque aleman lleno de jotas -el acento suizo es criminal- logre descifrar que las senyoras eran todas lesbianas que se habian conocido la noche anterior en una fiesta (de lesbianas, presumiblemente) y que habian averiguado que se alojaban todas en el mismo hotel. Estaban hablando de sus conquistas y de sus proezas alcoholicas. Y no solo esto, sino que habian decidido mudarse a habitaciones mas cercanas para tenerse mas a mano -parece ser que en todos los sentidos-. Esto era lo que a la senyora suiza le habia escandalizado tanto. A los demas, como nos parecio logico que cada cual intente poner la tentacion lo mas a mano posible para poder caer en ella, nos chupo un pie la cuestion.
Sin embargo, esta anecdota tiene su continuacion. Porque mis vecinos, hasta ayer, eran una pareja de gays muy simpaticos, suizos tambien, que, haciendo gala de una gran generosidad, me regalaron sus sobras de comida y bebida -lo cual no es moco de pavo, porque aqui la comida cuesta un potosi-; al hacerles notar que el hotel estaba lleno de paisanas suyas (lesbis y tal) los dos suizos pusieron la cara que ponia mi companyera la cocinera dominicana cuando decia que en la Republica del mismo nombre no habia senyoras que gustasen de encamarse con otras, porque todas las dominicanas eran del tipo que le gusta a Aznar (y a Berlusconi): la mujer mujer.
Mis generosos vecinos, sin embargo, ante el hecho fehaciente de que las lesbianas del hotel eran paisanas, pusieron el grito en el himmel. Lo que parecia molestarles es que las mujeres hubieran hablado de un tema tan intimo (!) delante de toda la clientela del hotel. Les parecia una especie de desdoro para la reputacion de la Confederacion Helvetica. Por lo demas, los senyores, ya digo, cumplidos y ceremoniosos como ejecutivos japoneses. Lo que me llamo la atencion fue que se tomaran esta nimiedad tan a pecho. Claro, en el resto de Europa nos hemos matado regularmente los unos a los otros durante los ultimos dosmil anyos y esto ayuda a descargar cierta adrenalina mala. Y ellos...A lo mas que han llegado es a disparar flechas contra manzanas y a hacer relojes de cuco (lo se, es una cita encubierta de El Tercer Hombre, pero es que este blog se llama Viena Directo por algo, no?)
Se me estan acabando las vistas gratuitas de Mikonos del Google...
Pensamientos sueltos
14 de Septiembre.- Hoy hace una semana que estoy aqui, prolongando el verano. De camino al local en el que estoy escribiendo, rodeado de otras gentes que, casualmente, solo consultan su cuenta de Feisbuk (que plaga, Jesus) venia yo pensando que Mikonos mola mucho y que pintorescas sus calles laberinticas para defenderse de las invasiones piratas, pero es que no hay quien encuentre nada. Orientarse por esta ciudad (y es un pueblo de cabras) es una hazanya digna de Miguel de la Cuadra Salcedo (mis lectores mas talluditos se acordaran de aquel A la Caza del Tesoro, con Isabel Tenaille, todo el santo dia gritando Plis plis plis). En fin.
Para alegria (y sorpresa, supongo) de los que me conocen en carne mortal, os dire que, por primera vez en muchisimos anyos ESTOY MORENO. O sea, que se me ve la linea del banyador. Yo no se que tiene el sol de Mikonos, si sera tan milagroso como contaba el otro dia la guia de la excursion a Delos (se tiro un rollo con que lo habian confirmado unos meteorologos de Michigan, que no se yo que tenia de cientifico), pero que yo me ponga moreno es complicado, muy complicado. Estoy que no quepo en mi de gozo.
Por lo demas, he aqui algunos pensamientos sueltos que le han asaltado a uno mientras estaba tostandose vuelta y vuelta en una paradisiaca cala con vistas a un espejeante mar de color aguamarina -no es exageracion literaria: tras mucho deambular en ciclomotor, la he encontrado-; alla vamos:
-No me extranya nada que los quisquillosos vecinos comunitarios del norte, a Espanya, Portugal, Italia y Grecia nos llamen los PIGS (por nuestras iniciales en ingles). No puedo hablar de Portugal, porque no he estado nunca. Pero en Grecia el campo esta, literalmente, que da asco. Mi alumno S. se acuerda siempre de su primera excursion a la Costa Brava. El taxista se quedo sin gasolina en mitad de ningun sitio, peregrino hasta una estacion de servicio, trajo un bidon lleno del octanico elemento y, cuando lleno el deposito, para estupefaccion de los ninyos austriacos, lanzo el bidon de lata al santisimo campo para que los elementos dieran cuenta de el (durante los proximos cientos de anyos). Por la pinta, en Grecia hay una legion de taxistas despreocupados como el que atendio a mi alumno en su infancia. Hay chatarra por todas partes, muebles desventrados, latas, paquetes de tabaco, botellas rotas... las playas, si no tienen un gran chiringuito al lado, tienen restos industriales de gran tamanyo en donde, ignorantes, se posan las gaviotas. Un guarreria, vaya.
-Los griegos son muy simpaticos pero no sabe uno que pensar de ellos por lo que dire: Mikonos esta llena de gatos callejeros a los que los aborigenes tratan absolutamente a patadas. Los animalitos viven de lo que recogen de los restaurantes, pero los duenyos de los figones los apartan a puntapies sin el menor miramiento y no es extranyo ver, en las margenes de las carreteras, el cadaver hinchado de algun pobre bicho cuyo cuerpo ha dicho ahi te quedas mundo amargo. Un pueblo que trata tan mal a los animales -no creo que con las cuatro cabras que comen la hierba reseca que produce la isla sean mucho mas simpaticos- resulta, por lo menos para mi, gente de poca confianza. Aunque creo que esto es una cosa tipica tambien, una vez mas, del caracter Mediterraneo. Basta bucear un poco en nuestra literatura para darse cuenta de que, pasada la linea imaginaria que marcan los Pirineos, los animales lo han tenido siempre crudo. Hay que esperar a fecha tan tardia como principios del siglo XX para encontrar algo compasivo con los bichos (Platero y yo, de Juan Ramon) y aun asi, es una cursilada como un piano de cola. Una cosa que esta escrita mas para que el poeta se luzca, que porque le saliera de un autentico amor por los animales. Platero es, si se me permite, un burro abstracto.
-La tele, siempre la tele. No hace falta inventar la clonacion, pa que: en la tele la han conseguido sin tener que acudir a ningun tipo de ingenieria genetica. Por cop...Digo, por clonar, hasta clonan los colores corporativos. Eskai, del que hablaba en mi ultima entrada, es una copia de la espanyola Tele 5. Ayer, di un bote de la cama del hotel al comprobar que hay una tipa en la tele griega que es enterita (en gestos, genio y figura) a Nuria Roca; las tertulias politicas -una plaga en este pais que se encamina a las elecciones, son copiadas de las que hacian Maria Teresa Campos y Ana Rosa Quintana (tanto monta). Los politicos, por cierto, como en Espana: declaraciones vacias, grandes gestos, pero poco chimichurri.
-Mas tele: en Austria, Alemania y lo que les cuelga, los aborigenes de mueren por los Krimis (un muerto, un detective, unos testigos, y cincuenta minutos aprovechados con mas o menos gracia). Estan todos cortados por el mismo patron e, incluso, ante la elevada demanda local, tienen que importarlos (ayer estuve viendo en la RTL un Krimi de estos finlandes que era una shit pinchada en un stick, pero bueno...). Pues bien: en los paises mediterraneos, los dramaticos son todo comedias. La tele griega con un formato como de aquellos sketches de los payasos de la tele -hoy me estoy pasando con las referencias generacionales- incluso creo, ay, queridos lectores que he cazado !La version griega de Ana y los Siete!; las comedias de la RAI son todas Medico de Familia pero tienen partes que se desarrollan en exteriores y siempre hay una abuela. Y todo el episodio Nonna para arriba y Nonna para abajo; y ninyos que se llaman Ciccio o Luigino. Un dolor. La diferencia fue una cosa que me dio bastante que pensar.
En fin, queridos y queridas, pasadas las tormentas, aqui hay unos paradisiacos treinta grados. Miedito me da pensar en la temperatura que me encontrare cuando vuelva a Viena dentro de una semana (si Dios quiere).
Seguiremos informando...
Otra vista del puerto viejo de Mikonos
Cuestion de tablas
12 de Septiembre.- Aqui estoy otra vez, desde la tierra sin tildes. Eskai es uno de los canales privados griegos que se ven desde mi hotel. Hay otro que, segun mis primitivos conocimientos del alfabeto local, se llama Alter, aunque no estoy demasiado seguro. En fin: Eskai parece ser una muestra bastante representativa de la tele griega que, como dije ayer, tiene pinta de ser (aun) mas calamitosa que la espanyola.
Para muestra, pondre el boton de la escaleta del telediario de ayer por la tarde: abrieron con una conferencia de prensa de Konstantinos Karamanlis (o uno de sus adlateres). Comentario: treinta segundos. Siguiente noticia en importancia de todo lo que habia pasado en el mundo: un gran hermano para actrices porno -o aspirantes- tres minutos de tias neumaticas en biquini, mas un total del organizador del cotarro (!), tercera noticia en importancia: un partido de futbol de un equipo que no reconoci por la camiseta, declaraciones del entrenador del equipo, glosa, comentario, corolario del locutor deportivo de la cadena, todo ello bajo la atenta mirada de una presentadora con cara de cariatide y rizos oxigenados. No repuesto del asombro, veo que sale Berlusconi, mas estirado, mas tenydo y mas sobrao que nunca, al lado del presidente del Gobierno de mi pais, Sr. D. Jose Luis Rodriguez Zapatero. Como aqui todo lo ponen subtitulado, me entero de que el primer ministro italiano se marca una de las suyas diciendo que el no ha dado dinero a ninguna profesional del sexo, porque el de toda la vida ha sido un machote y no hay alegria mayor para un machote que conquistar a una senora (toma jeroma, pastillas de goma que son pa' la tos, como diria el castizo). A todo esto, el premier espanyol con la sonrisa que uno pone cuando esta perfectamente al corriente de que sobra en una situacion pero no puede salir por piernas. Incluso, se le cae el pinganillo de la traduccion -momento videos de primera del que la tele griega se hace eco, en el telediario, una y otra vez-. Tras una serie de imagenes de archivo de las damas recauchutadas que le gustan al primer ministro italiano, se pasa a comentar las noticias del mundo en general.
Y aqui, lectores mios, el mundo en general empieza en Turquia. Resulta de lo mas particular que los griegos hayan decidido ignorar que la capital de Turquia, desde 1492, se llama Estambul. Aqui, la metropoli sarracena se sigue llamando, bonitamente, por cierto, Konstantinopolis. Se habla de las inundaciones, de los negros nubarrones que, ya ayer por la tarde, habian oscurecido el cielo griego, y que tuvieron no poca influencia en lo que fue el resto de la noche para mi, como luego se vera.
Total: que despues de verme la version de la RTL suiza de Quiere ser Millonario, me puse un pantalon largo y me eche al laberinto que son las calles de Mikonos pueblo.
Di que pase por un piano bar del que salian, sincopadas y elegantes, las notas de una vieja cancion de Irving Berlin. A la luz de unas velas cuidadosamente colocadas, bajo un foco de luz ambarina, una americana con cuerpo de cantante de opera (de las de antes, porque desde que llego Netrebko la vida ha cambiado) entonaba con una voz preciosa la cancion que yo habia oido. El publico, compuesto principalmente por turistas americanos bajados de un transatlantico gigantesco que reposaba en el puerto como una disciplinada ballena blanca, escuchaba arrobado, con la sonrisa en los labios.
El local era pequeno, la sala estaba de bote en bote -todos los sitios disponibles ocupados por sillitas de enea y minusculos veladores- el mar se mecia, magicamente, bajo las ventanas . El metre, un tipo bastante renegrido poseido de su propia importancia de Deux Ex Machina de aquel lugar, se paseaba entre las mesas. Me pregunto si queria beber algo y, al ratito, mando a un camarero vestido de disc jockey muerto de hambre con una cerveza de la marca local -Mythos-. Fue coger la botella verde y abrirse las compuertas del cielo en una imitacion bastante convincente del diluvio universal. La cantante, americana de nacion, tarareo The weather is frightening, the thunders and lightnings seem to be having their way, but as long that I'm with you, is a lovely day. Los americanos, entre los cuales habia varias senoras de corazon tierno, rugieron de placer y, en el momento en que la cantante estaba anunciando que daria proximamente un concierto en Londres y que esperaba nuestra asistencia, se fue la luz.
Ni el pianista podia ver las partituras ni, obviamente, funcionaba el micro. Con el talento para la improvisacion que solo se mama en el Mediterraneo, aparecio el camarero famelico con un gigantesco candelabro y la cantante pidio silencio "porque yo solo tengo dos cuerdas vocales y vosotros sois muchos". Cuando se hizo una tranquilidad relativa, la maestra de ceremonias dijo que ibamos a intentar hacer algo parecido a un sing-along. Los americanos se revolvieron en las sillitas de enea y yo escuche espectante como la simpatica gorda, con la voz de jazz mas calida que yo haya oido nunca, atacaba las primeras estrofas de una de las canciones de Sonrisas y Lagrimas (The Sound of Music) que, por cierto, todos los americanos se sabian de memoria (y yo).
Cuando escampo y me marche, tuve valor para olvidarme de que soy pobre como las ratas, y deje una propina a la cantante y al pianista que aun hace que me de vueltas la cabeza.