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La huelga desde Austria (2/2): Dos mundos

Trabajadores en la Donauinselfest




30 de Septiembre.- Los comités de empresa, en contra de lo que muchos trabajadores piensan, no están para convencer al empresario de que debe mantener al trabajador bajo contrato (qué más quisieran ellos). Sólo pueden velar porque la ley se cumpla, a veces en unos entornos de enorme tensión. Y las leyes españolas, es cierto, propician la existencia de dos clases de trabajadores. Los A, fijos, cubiertos, prácticamente intocables (por tanto sin ninguna motivación ni para formarse ni para ser productivos) y los B que vagan de empresa en empresa, de contrato en contrato, de precario en precario y de turbio en turbio, hasta que se vuelven demasiado caros para que los empleadores quieran tener nada que ver con ellos y pasan a engrosar las filas de los parados de larga duración (eso, si no han conseguido antes hacerse funcionarios para salir del círculo vicioso).


La huelga desde Austria (1/2): Sombras nada más

Un mensajero frente a la Puerta de San Miguel



28 de Septiembre.- Soy muy fan de Elvira Lindo. La sigo como escritora (recuerdo como una de las tardes más luminosas de mi vida aquella en la que me compré el primer Manolito Gafotas) y soy muy “fósforo” de ella como opinadora porque, aunque no coincidamos en algunos casos, siempre suele decir cosas muy sensatas.

En una de sus colecciones de artículos veraniegos para El País, Elvira Lindo contaba, de coña, que ella tenía un problema y era que no podía ir a mítines porque, instantáneamente, se ponía del lado de quien “los echaba” (utilizo el verbo que utiliza ella, que me parece de lo más gráfico). A mí, me pasa un poco igual. No por falta de personalidad, sino por mi reconocida incapacidad para tomar partido en cuestiones que impliquen un bit de información, o sea, o sí o no.