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El glaciar de Paco Pepe


Julius von Haast en una foto de época

21 de Enero.-  Julius von Haast fue un geólogo alemán que nació en la ciudad de Bonn en 1822. En la única foto que he visto de él, y que ahora mis lectores también ven, Herr Haast guarda un cierto parecido con Karl Marx. Barba blanca cayendo sobre el orgulloso pecho y tal. Hast debía de tener cierto prurito de nobleza y muchas ganas de que le tomasen en serio porque, según la entrada de la Wikipedia que le está dedicada, se hacía tratar por el título de Sir.


Revelaciones
9 de Septiembre.- Mientras planchaba (Sí: qué pasa, plancho mucho) acabo de tener una revelación. Supongo que una parecida a la que tienen los que encuentran un paquete de condonex Durex en el cajón de su hijo adolescentex (o de su hijax). Ejem.
Una de esas verdades que, no por menos sabidas, son menos chocantes. Y es que, queridos lectores, mientras estaba planchando una camisa y veía el primer disco de la tercera temporada de Will&Grace –que me gusta a mí reirme mientras plancho, mira tú- mi Pauli y mi Sofía (gatos) han dado muerte ante mis ojos a un incauto pajarillo que había cometido el fatal error de posarse en el balcón. Mordisco en el cuello, un par de píos y tente tieso.
Qué flash, colega.
La plancha se me ha quedado suspendida en el aire mientras veía en directo este capítulo de National Geographic y se me han representado todas las veces que les he echado comida seca a los animalitos. Esa comida seca que en el paquete pone que algún día fue pollo, o pescado, o vete tú a saber. Pero que se parece al pollo o al pescado original (gracias, pero gracias a Dios) como el dibujo de la caja.
(Espero que la agonía del animalillo haya sido corta)
¡Jolinetes, no todos los días cae uno en la cuenta de que convive con dos felinos sanguinarios!
Para mí ha sido un flash, coleguita. He perdido la inocencia (por vez número ene)
¡Y yo que quería hablar de mi profesora de curso, que es majísima! Quería hablar de esa tranquilidad que emana de ella, de su risa cantarina de excontable minuciosa (una risa realmente bonita, por cierto) del modo en que consigue hacerte críticas sin que sientas heridos tus sentimientos, de sus ojillos inteligentes y agudos detrás de las gafitas. Me cae fenomenal. Me encanta la gente razonable, práctica e inteligente.
Lo curioso de la Frau Lehrerin es que, cuando sale de las clases se transforma. El otro día, casualmente, mientras volvía del gimnasio (yo) se subió a mi mismo autobús (ella); yo le sonreí educadamente y le dije hola y ella hizo amago de huir (juro que me había duchado antes). La pobre señora estaba pálida. Comprendí inmediatamente lo que sucedía, así que le cedí mi asiento y me desplacé educadamente hasta la puerta más próxima. Fue otra revelación: la mujer que siempre lo tiene todo bajo control, resulta que, fuera del espacio de las clases, es timidísima.
A partir de entonces la he observado (en parte para descartar que me huela el aliento o algo) y he visto que, gracias a Dios, no es nada personal. Ella es tímida y, como a mí, no le cuesta hablar de ello. El otro día, en el transcurso de una clase, lo reconoció.
Por cierto, entre los consejos valiosísimos que nos ha dado, está exactamente ese: si te pasa algo, no trates de ocultarlo. Si estás nervioso, adviérteselo a tu interlocutor.
“Te hace ganar puntos, porque te hace más humano”
Por esa regla de tres, mis gatos también se meriendan pajaritos con la misma inocencia que sus primos, los guepardos, se cepillan antílopes. Todo esto los hace más...Más felinos ¿No?
Como diría George Clooney, What else?
Blumen para llevar

17 de Agosto.- Una de mis historias favoritas de Austria es el día en que yo vi por primera vez un cartel parecido a este: Un agricultor había tenido la genial idea de inventar el autoservicio de flores. Él plantaba los gladiolos, la gente se servía y pagaba. En aquel momento, exclamé lo que Dorothy cuando se dió de morros con el Technicolor del país de Oz: "Totó, me parece que no estamos en Kansas".
Pues sí: el mecanismo es exactamente ese: uno elige las flores (como estas personas de aquí abajo) y paga echando las monedillas (o los billetes) en una lata como la de ahí arriba. Tengo que decir que la primera vez que yo vi esto el cuchillo era mucho más lujoso que estos que se ven, y que no había ningún papel pidiendo honradez en los pagos. Será que la crisis también ha deteriorado la acrisolada honradez austriaca?

El caso es que uno puede hacerse con un bonito ramo de gladiolos de colores a muy buen precio.


Where have you gone, Indurain?

7 de Julio.- Me he pasado el fin de semana colgando fotos en flickr. Mientras lo hacía, me he dado cuenta de que, por esas fotos, se podría reconstruir mi vida de los últimos años. La pequeña Canon –semper fidelis- ha ido dejando constancia de mi aprecio por personas, lugares y cosas.
He hecho dos paréntesis en esta (ingente) labor archivera. El primero fue el sábado por la tarde, para dar un paseo por el Leinzer Tiergarten. El LT es una gigantesca reserva natural que engloba parte del Wienerwald y los terrenos de la Hermesvilla. Fue muy agradable subir por el bosque, vigilado de lejos por los pacíficos jabalíes, hasta uno de los lugares en donde se domina una de las mejores panorámicas de Viena. También me enteré el otro día de que, desde ese mismo lugar en el que está parte de mi corazón, el emperador Aki-Hito y su señora, la emperatriz Michiko, habían disfrutado también de la relajante visión del valle en el que la ciudad se asienta (año 2002, si no me falla la memoria). En el lugar, hay un monolito conmemorativo.
Me gusta esa colina en particular porque, primero, puedo jugar a descubrir edificios singulares (la Votiv Kirche, el Otto Wagner Spital, la ONU...) y, también, porque guarda para mí muy buenos recuerdos personales, una parte de los cuales no compartiré con mis lectores (espero que me perdonen). Sin embargo diré que, en esa parte del Wienerwald, entendí que la gente pudiera perderse en los bosques, circunstancia que quebraba muy seriamente la credibilidad de los cuentos de mi infancia. Hoy, que mi experiencia forestal es considerablemente más amplia, tengo que decir que el Winerwald es un bosque urbano –quizá parecido al Central Park de NY- que tiene poco que ver con las lujuriantes frondas que tapizan la parte más montañosa del país.

Ayer, fui al Neusiedler See a disfrutar de lujos prestados (que, por serlo, son los que saben mejor). Un barco de vela y la extensión refulgente del lago , poblada por surferos de los de tabla y de los de cometa, navegantes encaramados a la velocidad de los catamaranes,y nadadores surcando el frescor como esforzados proyectiles.Fue un hermoso día que hubiera podido dar para una amable comedia de Chejov. Una delicia beber champán gélido acodado en la borda del velero, viendo la propia cara sonriente reflejada en el profundo verde de la botella.
Como ayer había brisa, otros barcos acudieron a unirse a nuestra pequeña fiesta en la Isla de los Juncos (conocida por los indígenas como Die Insel, a secas: ocupa el centro del lago). Conocida la facilidad aborigen para el levantamiento de codo, los patrones de cada embarcación aportaron lo que tenían en las bodegas: este una botella de Riesling helado, aquel una botella de Ouzo –ese anís griego que, cuando se mezcla con agua, se vuelve blanco, y cuyo sabor se parece tanto al del (viejuno)Marie Brizard-; aquel otro, el rubio champán que queda dicho. El alcohol hizo que a todo el mundo le saliera el niño que llevaba dentro, y la trama de la comedia rusa se enriqueció con un buen número de refrescantes escaramuzas acuáticas, en las que rientes ninfas en biquini trataban de escapar de socarrones galanes en pantalón surfero; y hasta con interludios románticos durante los cuales, los enamorados, jóvenes y no tanto, “sirvieron al amor”.
Llegado el atardecer, llegó también el último ponche del año con las últimas guindas de los cerezos del jardín: más alcohol, más lánguida felicidad. Y los inevitables mosquitos trompeteros (#*!@), que devoraron a este seguro servidor de sus lectores. Hasta el punto de que, acosado, no tuve más remedio que volver a meterme en el agua. Esta vez de una piscina porque, aunque los mosquitos lacustres son porfiados y resistentes, con el agua, de momento, no pueden. Aún así, tengo picaduras en lugares inverosímiles, como la pantorrilla –ahí se ceban siempre, los c*brones- o la espalda.
A la vuelta, Radio Burgenland pinchó mi canción favorita de Simon y Garfunkel: Mrs. Robinson. Mi verso favorito está en la tercera estrofa, dice:

Where have you gone, Joe DiMaggio
A nation turns its lonely eyes to you
(Uh uh uh).

Cada vez que la oigo, no puedo remediar imaginarme el equivalente español. Algo así como:

Dónde te has ido, Indurain.
Una nación abandonada vuelve sus ojos hacia ti.

Y la sola idea de escuchar a Simon y Garfunkel, tan serios, cantando las mieles deportivas del as de la cronoescalada me mata de risa.
(Aún sin champán y sin ponche).
Ays...
Solsticio

21 de Junio.- Hoy ha sido el día más largo de 2008, y qué mejor manera de rendir homenaje al sol que disfrutando de él dándose una carrerita por el Lobau, dejando que los mosquitos trompeteros le chupen a uno la sangre, pero viendo también bellezas como esta.

O la hermosa claridad del cielo en el Lobau Museum.
Esta foto es una composición de varias tomadas en secuencia en el Danubio, al atardecer de hoy. Si pinchas en ella se ampliará.

Pfingsten

12 de Mayo.- Una de las cosas buenas que tiene vivir en un país extranjero, es que tienes fiestas diferentes de las españolas. Porque si bien este madrileño, por razón de su exilio (voluntario) ha renunciado a ese 2 de Mayo –día de la Comunidad- que viene tan bien para componerse un puente guapete a primeros de mes, como trabajador austriaco me he encontrado con este Pentecostés, o Pfingsten, auf deutsch, que oye, te alegra el cuerpecillo, las cosas como son.
Hoy, en Alemania, Suiza, Francia y Austria –por of course- se ha conmemorado ese momento de la Biblia en que el espíritu santo descendió sobre los apóstoles en forma de lenguas de fuego (en el cuadro de El Greco que refleja este momento, los doce parecen una tarta de cumpleaños un tanto extraña).
Aquí en Viena, aprovechando la bonanza de las temperaturas, la gente ha tomado los parques, los jardines, los senderos escondidos entre la maleza, los bancos públicos, las playas artificiales, en fin, cualquier superficie disponible para hacer la fotosíntesis. Yo mismo, he recorrido el Lobau a buen paso durante dos horas, haciendo fotos y disfrutando de la luz del astro rey.
Por ejemplo, la foto que encabeza estas líneas es la de la flor del membrillo. Está hecha en el museo del Lobau, que es un lugar de ese espacio verde dedicado a que los ciudadanos de Viena puedan aprender más cosas de la naturaleza. En otoño, los membrillos, amarillos y dulces, cuelgan de su árbol, a poca distancia de la reserva de los castores (cuyos movimientos espían los críos con curiosidad) y de los asustadizos cervatillos.
Cuando los pétalos de la flor se caen y su aparato reproductor ha sido fertilizado por obra y gracia de las diligentes abejitas, empieza el proceso de creación del membrillo. Más o menos en el estadio que encabeza estas líneas.

Estos son los cervatillos de los que hablaba más arriba.
Esta flor blanca es la flor de la Hollunder o saúco. Esta flor es muy apreciada por los aborígentes debido a sus múltiples aplicaciones. Aromáticas plantaciones de saúcos suministran la material prima para el Almdudler (una especie de coca-cola austriaca), o para hacer un sirope que es mi preferido (ya lo he dicho muchas veces); pero es que hoy me he enterado de que la flor se puede freir y hacer postres –freir una flor: die spinnen diese osterreichern ;-)-.
Tras la excursión por el Lobau, nos hemos acercado al parque Augarten, para reponer fuerzas, en un restaurante al pie del bunker que está en la fotografía. Uno de los bunques antiaréreos que quedan en Viena (mis lectores más atentos se acordarán de la famosa Haus des Meeres, también un bunker reutilizado). El parque de Augarten es famoso por dos cosas: a) porque en él está la fábrica de porcelana que suministra una loza fina (y un güevo de cara) a aquellos exquisitos que quieren comer en una vajilla clásica y elegante y b) Porque justo al lado de la fábrica se encuentra la residencia de los famosos Niños Cantores de Viena en donde estas criaturas de voz privilegiada ensayan y viven hasta que la progresión natural del nivel de testosterona en su sangre estropea su voz de infantes y los manda de cabeza al paro.

En el parque, no se podía tirar al suelo una moneda de un jEuro porque no hubiera caido. El cesped estaba materialmente cubierto de vieneses y vienesas de todas las edades. Todo el mundo y la munda, de todas las nacionalidades y nacionalidades, habían decidido tomar al asalto las superficies verdes a los pies del búnker.

Domingo, fotoremember

20 de Abril.-Cada primavera, mi amor por Austria se hace más fuerte. Qué alegría cuando todo reverdece y se pone reventón de vida. Para compartir un poco esta pasión que embarga mi víscera cardíaca, aquí dejo algunas fotos que he hecho durante este domingo, de excursión. Para empezar, una jugosa mata de bärlauch en el Wiener Wald.

En en Wiener Wald hay cerezos salvajes que están, en este momento, en flor.
Se ve mal -pero se ve, si se amplía la foto- en último término está Viena. Otra instantanea del Wiener Wald.
Estos rotundos tulipanes pertenecen a la tienda de Starkel que hay en Tuln, que hoy estaba abierta y en la que hemos comprado flores para el balcón.
Preciosa mata de nomeolvides, gentileza también de Starkl.
Más florecillas, prestas a decorar los balcones austriacos.
Dispuestos a empaparnos de sol, a emborracharnos de luz, nos hemos acercado al centro de Tuln, que está frente al Danubio (azul, hoy, como luego se verá)
En un barco anclado a la orilla del Danubio, y frente al escenario flotante que le sirve a Tuln de salón de actos veraniego, nos hemos tomado un café.
Bajo estas líneas, el monumento que conmemora que Krimilde y Sigfrido se encontraron en Tuln antes de unir sus destinos vía boda, en el cantar de los Nibelungos.

De camino a Viena la hermosa, también hemos parado en Kloster Neuburg, ese Escorial austriaco, en donde hemos estado admirando la sólida fábrica barroca, y el especial reflejo del sol de Austria sobre esas piedras venerables. Helas:
Más piedras venerables bajo estas líneas.

p.s. Para aquell@s interesados, paso a contestar ahora mismo los comentarios de estos últimos días, trabajo que tengo muy atrasado.

Como los champiñones

13 de Abril.- Queridos lectores: debido a la bonanza meteorológica, los vieneses hemos salido a cargar nuestras baterías de energía solar.
Ya lo decía Rosario: si el cuerpo te pide marcha...
Las dos fotos que dejo son de la Prater Hauptallee en donde daban ganas de ponerse a correr, de la superpoblación que había de gente haciendo jogging o montando en bicicleta.

matanza de la cerda en Benafigos (fuente:www.pibenafigos.com/matansa-cs.php)
Allegro bárbaro

11 de Abril.- Tengo la quijada dolorida, queridas y queridos lectores, debido al venga y ven que se traen los medios de comunicación españoles a propósito de la terrible “garrapata centroeuropea”. Es que do puedo pas, de verdad. Quién nos iba a decir que los futbolistas, esos seres, nos iban a salir tan pusilánimes. La noticia, en sí, tiene pinta de ser esas tonterías de relleno con las que a veces se contentan las rotativas anoréxicas. No para de salir en los periódicos gente con bata blanca, como doctor de Teletienda anunciando Age Breiker, explicando que, para defenderse de la terrible garrapata centroeuropea hay que evitar los lugares con hierba alta, llevar calzado cerrado, pantalón largo, tener bien encajado el yelmo de la armadura, y dejarse vacunar en “un centro de vacunación internacional” . A mí, que me vacunó mi amigo W. , que es enfermero raso, el el salón de su casa, tan cómodamente.
Vamos, que está bien tomar precauciones, pero ni calvo ni tres pelucas, jolinetes. Qué aprensión.
(Y esto lo dice un aprensivo convicto y confeso, que quede claro).
Si bien se mira, esta historia de la garrapata da una idea de la desertización del territorio nacional. Y es que los españoles hemos perdido la relación con el mundo verde. Nos hemos convertido en pisadores insistentes de hormigón, secarral y monte bajo. En paseantes de Carrefoures de horario liberalizado.
Para ilustrar esto, yo les explico a los incrédulos aborígenes que, cuando yo era chico, a mí me solían leer el cuento de “Hansel y Gretel” (ellos lo pronuncian Hans´l und Gret´l) o lo que es lo mismo: Juanito y Gretita.
Yo pasaba por lo de la casita de chocolate, pasaba por lo de la bruja (a la que me imaginaba en la carne mortal de una vecina cuya identidad mantendré en el economato), pasaba por el hueso de pollo que Hansel le daba a la vieja para hacerle creer que era su dedo (o sea, pasaba por que la vieja se tragara el embuste). Pasaba por todo, menos por que Hansel y Gretel se perdieran en el bosque. Porque para mí, un chaval madrileño de extrarradio, un bosque, señoras y señores, tenía cuarenta pinos ordenados en filas paralelas de a ocho (aquí los aborígenes se dan palmadas en los muslos de la risa). O sea, que si Hansel y Gretel se perdían ahí, todo lo que les pasase después se lo tenían merecido por meapilas. Ahora bien, cuando a mí me llevaron al Wienerwald por primera vez encontré yo explicación a este mito centroeuropeo del bosque tenebroso que se va cerrando detrás de uno. Sólo de pensar que me pudieran abandonar allí mis padres con un saquito de migas de pan como único equipaje, ya me ponía a mí los pelos como escarpias.
También sucede que, a diferencia de los austriacos, por ejemplo, las nuevas generaciones tenemos un conocimiento muy abstracto a propósito de la procedencia de la comida. De toda la violencia y suciedad que implica un filete, por ejemplo. Sea del animal que sea.
Otro cuento autobiográfico: yo soy una persona que lloro facilmente (a veces pienso que demasiado facilmente). Un telediario suficientemente cargadito (más si es español, porque se ven todas las vísceras) me hace tirar de clínex. Mi hermano, en cambio, es una persona que encara la vida de manera bastante más valiente.
Pues bien: mi cuñada, de la que he hablado aquí alguna vez, es de pueblo. De un pueblo castellano en el que se sigue celebrando la fiesta bárbara de la matanza como en tiempos de Atila, rey de los hunos (y de los hotros). Recuerdo como si fuera hoy que mi hermano, después de presenciar su primera muerte porcina, llegó a Madrid trastornadito perdido. No cesaba de decir:
-El pobre animal –al cochino, se refería, también conocido como puerco o guarro , mi amigo O. lo llama chancho o chanchito, porque es de Perú- era como escuchar llorar a un niño.
Vamos, que el pobre no lo pudo soportar y se tuvo que marchar.
Lo mismo me cuenta mi amigo T., gran aficionado a la tauromaquia, que explica con pelos y señales la eficaz labor de desmontaje -despiece-de la res muerta por parte de los matarifes en la Plaza de Las Ventas. Un espectáculo con el que no todo el mundo puede.
Por cierto, cuando T. me lo contó, me llamó la atención un detalle. Mencionó el olor. El olor de la carne cruda que aún está en los filetes de pollo del Carrefour, reposando en su bondadosa bandeja de corcho blanco, o en las jugosas chuletas de ternera. Y que debe de ser el olor de la sangre.
Un aroma al que la temible garrapata centroeuropea no se puede resistir.
(Juas, juas, juas).
Imagen de una garrapatilia en el microscopio electrónico
La garrapata asesina

10 de Abril.- Según fuentes de la ORF, y de cara a la Copa de la Vida/Campeonato de Europa de Fúmbol, que se va a celebrar en Austria y Suiza este verano, los integrantes de la selección nacional (española) de este deporte andan un poquito acongojados con el asunto de las garrapatas.
Y no es que teman que se las contagien otros integrantes de otras selecciones nacionales en el momento de pelear por el esférico. No: nuestros aguerridos buscadores del regate no consideran a sus oponentes cánidos sarnosos (por lo menos, oficialmente). Sino que han llegado hasta el sur ibérico las noticias de que un invierno “cálido” (¡ja!) en el centro de Europa ha hecho que las garrapatas estén mucho más activas y preparadas para el amor al primer mordisco, con el peligro consiguiente.
Lo que nuestros amigos del fúmbol no saben es que este peligro de la garrapata se conjura fácilmente con una vacuna que es muy barata y accesible en cualquier Apotheke o farmacia.
Recuerdo aún cuando yo le conté a mi señor padre por teléfono (un día de hace tres años) que me había vacunado:

-¿Y se puede saber de qué, hijo mío?

-De las garrapatas, papa.

Aquí, el co-autor de mis días puso el grito en el cielo y me conminó a volverme a España ipsofactamente. A mi país de mi alma en donde las picaduras de las garrapatas son una leyenda urbana, como los atragantamientos con trozos de chuleta. Una cosa que sólo les pasa a otros, vaya.
Las garrapatas son unos animalitos que viven de la sangre ajena, y que habitan en los pastos húmedos. En principio, su picadura es asquerosa, pero no mortal. Si la garrapata ha llevado una vida sana y no se ha dedicado a la promiscuidad del aquí te pillo aquí te muerdo, lo más que puede producirte es una infección (gorda, pero solucionable). Esta infección se la provoca la propia víctima de la succión garrapatiana cuando, al intentar librarse del molesto picor, se arranca el bicho, dejandose la cabeza dentro.
Si, en cambio, la garrapata ha llevado una vida promiscua y condenada por la Santa Madre Iglesia (que, como todo el mundo sabe, es radicalmente contraria a cualquier tipo de promiscuidad) y dicha garrapata ha picado a un semoviente –animal o persona- que tenga el virus de la meningitis, la garrapata puede contagiar, no sólo la meningitis, sino una variedad mortal que se llama rosácea, si no me acuerdo mal. Y que se reconoce porque, alrededor de la picadura, aparecen círculos rojos concéntricos. De esta variedad no se salva ni el gato si no se ha vacunado antes, pues la ciencia no dispone aún de remedios para atajarla.
Por eso, cuando llegan estas épocas, los organismos sanitarios austriacos se vuelcan en que la población conozca el peligro de la garrapata, y se vacune en consecuencia con una impfung (zecken impfung, se llama en lengua vernácula) para evitar contraer ninguna enfermedad mortal caso de ser inoculados con un bichito. Esta impfung hay que refrescarla cada cinco años.
Se insiste sobre todo en que deben vacunarse niños y ancianos, porque son los más vulnerables a la picadura ya que tienen las defensas más bajas. El año 2006, en que yo me vacuné por vez primera, el cartel era un abuelito y un nieto jugando en un prado, y a escala gigante una garrapata amenazante que avanzaba para chuparles los fluidos vitales. Como yo no entendía el idioma, la presencia de este bicho me hizo preguntar contra qué peligroso insecto tenía que vacunarme. Y he aquí la historia de por qué me vacuné.
Lo que tienen que hacer los jugadores de fúmbol, los muy hipocondriacos de ellos.
Un fin de semana en imágenes

30 de Marzo.- Fotografías de este fin de semana. Primero en el que la primavera ha empezado a merecerse que se la llame así. Aquí, los primeros brotes de los castaños del parque que fue coto de caza privado de la emperatriz Elisabeth, en las cercanías de la Hermes Villa.

Los enormes bosques en los que crece el bärlauch y los jabalíes hozan tranquilamente.
Y hoy, el lago Neusiedl, en el que los primeros surferos han jugado hoy con el viento. Incluso, algún jabato hasta se ha bañado pese a las temperaturas (10-15 gradetes, más o menos)

Los surferos navegan a vela, como puede verse en esta foto.

Mientras la gente tomaba el sol, y otras cosas con más alcohol en el megapijo muelle del club náutico.
Haus des Meeres

1 de Marzo.- La Haus des Meeres es un zoo privado que se encuentra en lo que fue un bunker antiaéreo de la Segunda Guerra Mundial, en lo que, a su vez, fue el parque del desaparecido palacio Estherhazy. Es muy curioso comprobar cómo esta construcción militar ha sido aprovechada para uso civil. En el complejo, además, hay otros curiosos museos. Uno dedicado a la tortura (!) en el que la finalidad reivindicativa no cuela mucho por la sangre que hay en los muñecos expuestos y otro que explica cómo eran las condiciones de la población civil durante los bombardeos de los aliados.
Yo he estado viendo a los animalitos y a los peces mientras afuera, el huracán bramaba y desgajaba las ramas de los árboles.
Como anécdota curiosa, decir que Haus des Meeres fue una de las primeras cosas que yo aprendí a decir en alemán, porque la locución del autobús que me lleva a casa lo decía con esa pronunciación para retrasados mentales que yo, aún entonces, casi no entendía.
El búnker por fuera: las baterías antiaéreas iban en las cosas circulares. Mide como un edificio de nueve planas, por cierto.
Uno de los acuarios interiores


Un tití que andaba por allí de liana en liana


Pájaros tropicales de brillante color

Y Nemo, claro

Oso de los Alpes (foto www.walderblog.de)
Elsa y el huracán
Cantan las hojas,/bailan las peras en el peral

29 de Enero.- Ayer me tomaba yo a broma el tema de la tormenta y hacía mal (por cierto, le han puesto nombre: se llama Paula).
Alguno de mis lectores seguro que se acuerda de que, allá por 2006, llegaron hasta Austria los restos de Kyril, aquel huracán que golpeó Francia y Gran Bretaña con desastrosas consecuencias.
Pues Paula ha sido incomparablemente peor. Por lo menos para Austria.
Ayer, en el ZIB (Zeit im Bild) mostraron las imágenes del paisaje que la tormenta había dejado tras su paso, y daban miedo.
Hectáreas, hectáreas, y más hectáreas de árboles derribados. Hasta tres millones de troncos se han ido al suelo.
Recordaba un poco a las imágenes del bosque de Tunguska, en Rusia. Como si los árboles hubieran sido tumbados por la onda expansiva de una bomba o por el impacto de un meteorito.
Bosque de la región de Niederösterreich (F.del A.)

Mientras Ingrid Turmher, la presentadora, le contaba a la audiencia lo que cubrían los seguros (ventanas y persianas descuajeringadas, coches aplastados, daños producidos por el agua) a mí me vino a la cabeza que en los bosques, y más en los austriacos, viven animalitos.
Y me acordé de Elsa.
-¿Y quién es Elsa?
Pues aquí va su historia:
El otro día leí en la edición digital de Le Monde que, a instancias del WWF o Fondo Mundial para la Conservación de la Naturaleza, la policía austriaca había iniciado una investigación.
Parece ser que, desde el fin de los años noventa, veinticinco osos han desaparecido de Steiermark y de Niederösterreich sin dejar rastro, lo cual representa cuatro quintas partes de la población total. Así que las existencias actuales, cuando apareció el artículo, se calculaban en media docena de ejemplares aproximadamente. Uno de los cuales, la única chica, se llama Elsa.
Las pesquisas empezaron en el año 2006 y, ya entonces, los investigadores manejaban tres teorías: a) que los osos hubieran emigrado por alguna razón b) la muerte natural y c) la mano malhechora del hombre.
La muerte natural parece descartada, porque los osos desaparecen sin dejar rastro;y la emigración resulta poco probable. Así que queda, como siempre, la mano puñetera del ser humano.
Le Monde informaba de que, hasta la fecha, los investigadores se encontraban a dos velas.
Sólo se han hallado dos cadáveres: el ADN dictaminó que uno de ellos correspondía a una osa rumana y el otro era, efectivamente, de un oso austriaco. Parece ser que el animalito había sido liquidado por un agricultor cabreado, en venganza por la invasión de su plantación de colza (planta que sustituye en Austria al olivo como fuente de aceite).
Sin embargo, para cuando los policías habían conseguido reunir pruebas contra el malandrín, éste había tenido el mal gusto de pasar a mejor vida, así que la ley se fue, en este caso, con las manos vacías.
Los portavoces del WWF explicaban que, si Elsa no quedaba embarazada pronto, los osos se extinguirían en el lado austriaco de los Alpes. Pero es que, además, hacían votos para que Elsa se diera una alegría con algún intrépido osete de Italia o Eslovenia, al objeto de darle un poco de vidilla a su patrimonio genético. No fuera a ser que, de tanto aparearse entre primos, salieran las crías con la misma cara que la duquesa de Alba (la pobre).
Y la pregunta es: ¿Dónde estarán Elsa y sus novios después del huracán que ha golpeado su hábitat?
Mejor ni pensarlo.