31 de Mayo.- Me habrán perdonado mis lectores que ayer faltase a nuestra citapero es que el día de la vuelta suele ser ajetreado.
El aterrizaje, eso sí, fue estupendo. El avión describió una suave curva sobre la ciudad de Viena durante la cual uno pudo jugar, como si estuviera viendo una maqueta gigante, a identificar los sitios familiares; el ordenado tapiz de los jardines del Belvedere, la gigantesca refinería petrolífera que, al pasar, por la noche, parece una espejeante ciudad submarina.
