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| Las calles de Rouen (Archivo Viena Directo) |
BÚNKERES. Lo primero que llama la atención de los búnkeres alemanes que todavía quedan es que son indudablemente bonitos. Las formas del hormigón reforzado se integran admirablemente en las pequeñas lomas cubiertas de cesped que las cobijan.
Se podría decir que son una especie de metáfora arquitectónica de lo que, para muchos, fue el nacionalsocialismo: por fuera, una sofisticada utopía art-decó (el nazismo fue quizá la primera dictadura pop de la historia) por dentro, una madriguera oscura, asfixiante, en la que malvivir.
