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El que Flick creía que sería el lugar de su último reposo en Carintia (foto: www.bild.de)
Que estaba tomando cañas (en Budapest)

1 de Diciembre.-  Mis lectores más memoriosos lo recordarán: en Noviembre del año pasado, durante unos días, no se habló de otra cosa: el fastuoso mausoleo del millonario Flickr en un cementerio de Carintia –lugar de Austria en el que todo lo descomunal tiene su acomodo- había aparecido vacío.

¿Por qué? Nadie lo sabía ¿Cómo había sido posible? Un misterio.

Dado, sobre todo, que abrir un mausoleo (y más si es fastuoso) no es abrir una lata de atún Calvo. Hace falta una cierta infraestructura (técnica y humana, porque parece ser que el féretro pesaba unos cuantos cientos de kilos).

Por fin, el enigma se ha resuelto. Los seis componentes de la banda que robó el féretro del millonario fallecido fueron detenidos el sábado en la capital húngara. Se trata de media docena de indivíduos rumanos y búlgaros, especializados presuntamente en golpes semejantes.

Los méritos, sin embargo, no se los ha llevado la policía austriaca, sino una empresa de seguridad privada contratada por la doliente viuda. La compañía ha utilizado, parece ser, procedimientos que le están vedados a la pasma alpina porque atentan contra la intimidad de las personas.

El modus operandi de los profanadores fue el siguiente: de noche, abrieron el sepulcro y cargaron con el féretro: un lujoso ataud guarnecido de oro puro. Después, cruzaron la frontera y se plantaron en Budapest. Dejaron que la familia ofreciese una recompensa jugosa (un millón de Eurazos, según algunas fuentes) y empezaron a enviar cartas pidiendo rescate por los despojos de Flick. Cometieron el error, sin embargo, de enviarlas a la dirección de correo electrónico de la viuda la cual, seguramente bien asesorada, acudió a los detectives privados que, con los correos de respuesta, enviaron unos troyanos (casi como en Tron) que ayudaron a ubicar la dirección IP desde la que se estaban enviando los mensajes.

El sábado fue el día D.

Localizado el ataud se montó una operación por la cual se apresó a los ladrones y se organizó la repatriación de los restos de Flick.

Con menos, hay gente que hace películas.

El actor austríaco Ottfried Fischer (foto:www.komoediedresden.de)



La calle de la amargura

20 de Octubre.- Dentro de la información referente a los personajes populares, el subgénero “soy-famoso-y-tengo-problemas-con-la-ley” es un clásico.

No hay nada más atractivo para un lector morboso (todos lo somos en algún grado) que ver cómo los ídolos se enfrentan a la vara de medir de la justicia. En estas apreturas es cuando los personajes dan la talla. Me viene a la memoria, por ejemplo, el sonado proceso de Lola Flores por evasión fiscal. Si Lola era ya una estrella desde que su madre la puso en este mundo, fue en aquel banquillo donde pasó (con muchísimo éxito) la reválida y en donde empezó a ganarse las colas de admiradores que le rindieron homenaje a su muerte en el teatro de las fuentes de Colón.

Nunca se me olvidará la imagen de Lola con aquellos tacones de aguja, aquellas medias negras, aquella falda de cuero por encima de la rodilla y, sobre todo, aquel chaquetón como de estanquera rica. Era el outfit perfecto para enfrentarse a un Juicio Final que podía haber hundido su carrera.

(Me van a perdonar mis lectores pero es que siempre he querido escribir un post que contuviera la palabra outfit ¡Ana Rosa, tiembla, que voy! En fin).

En Austria, durante estos días, dos famosos están pasando por problemas con los de la toga. Y lo están haciendo, a mi juicio, con una actitud a años luz del desparpajo con el que Lola pidió a cada español un óbolo con el que saldar sus deudas con el fisco.

El primero es Reinhard Fendrich, conocido de mis lectores por ser el autor de, entre otras, I am From Austria. Nuestro amigo Reinhard, aparte de ser un compositor de pop muy competente, ha tenido una trayectoria vital  en la que ha cabido “ esa gente sin alma/que pierde la calma/con la cocaína” (Sabina dixit) pero también un retiro a la  recoleta paz del claustro de un convento para componerle un disco al papa Benedicto XVI  (!). Actualmente, Herr Feindrich trabaja en Mallorca –pronúnciese “Malorca”- alegrándole las pajarillas a los turistas teutones que están comprándose a plazos la isla.

Precisamente pasa Herr Feindrich por los juzgados a causa de esta presunta afición a imitar a Michael Jackson en sun búsqueda incansable del tabique nasal de platino. Y no es nuevo este paso. Este segundo juicio amenaza, según informa la prensa local, con convertirle en integrante de “El coro de mi cárcel”. Por reincidente.

Otro que está pasando estrecheces es el actor Ottfried Fischer, conocido protagonista de “Der Bulle von Tölz” (El poli de Tölz) uno de los grandes éxitos de la tele germanoparlante entre el sector más maduro de la población. Morigerados pensionistas que, últimamente, no ganan para sustos. La serie se terminó  cuando falleció su otra protagonista: la actriz Ruth Drexel (ver post “Desgracias personales”); el mismo Fischer también anda pachucho y hace poco se ha sabido que sufre Parkinson. Por si estas desgracias fueran pocas, también ha trascendido que, presuntamente, el Fischer real tiene poco que ver con el hijo un poco edípico y algo asexuado que interpretaba en la ficción de detectives.

Hace unos meses cuatro prostitutas le denunciaron por no haber querido abonarles los honorarios que se habían ganado sacrificadamente (Herr Fischer no es precisamente un adonis). Era la segunda vez que sucedía. La primera, las hetairas se fueron a su casa enrabietadas pero impotentes. La segunda ocasión, sin embargo, no las pilló desprevenidas y grabaron un bonito flín con todos los buenos momentos compartidos con Herr Fischer. Uno es un ignorante en estos menesteres, pero parece claro que los gustos de Herr Fischer en el cuadrilátero amoroso no deben de ser muy estándar. Dejó a deber a las profesionales una cifra que, si la memoria no me engaña, asciende a varios miles de euros.

Antes de seguir, quizá convenga aclarar que en Austria, siguiendo la línea de local de echarle entusiasmo a lo inevitable , la prostitución es una actividad perfectamente regulada. Las obreras de la horizontalidad pagan su seguridad social y están obligadas por ley a someterse a reconocimientos médicos periódicos para tranquilidad de ellas mismas y de su clientela. Por eso, a los ojos de la ley, el caso Fischer es igual que si este se hubiera marcado un “simpa” en un restaurante caro. Un marrón, en cualquier caso.
Los actores de la serie Soko Donau preparados para cazar malhechores y otros pájaros de cuenta

Apatrullando Burgenland
17 de Agosto.- Cuando yo llegué a Austria, una de las cosas que más me sorprendió fue que Viena era una ciudad enormemente segura (vaya: sigue siendo). De una manera que, a una persona que creció en plena efervescencia de la era de la heroína (los tiempos del Vaquilla y el Torete) le parecía graciosa e, incluso, ligeramente ridícula.
En Viena, sigues pudiéndote dejar el coche abierto sin que pase nada y, salvo en lugares turísticos, uno no tiene mucho que temer de los carteristas. Por ejemplo, el otro día, volviendo del gimnasio, vi yo un Rolls Royce descapotable abierto, sin dueño a la vista, aparcado delante de un bar.
Esta situación sin embargo empeoró un poco (no mucho, aunque los aborígenes anden algo despavoridos) desde que, en 2007, si no recuerdo mal, se abrieron las fronteras a los países del este recién incorporados a la Unión. En aquellos entonces, los choris que surgían del frío, dispuestos a darle argumentos a la derecha populista (o sea, a la ultraderecha: llamémos a las cosas por su nombre) patentaron un método de trinque que se podría llamar “toma el dinero y corre”. Esto es: venían de países ignaros, cometían la fechoría y luego, aprovechándose de la libre circulación de personas y mercancías, se llamaban andana y venme a buscar con la INTERPOL pero trae la ropa de invierno.
Con la apertura fronteriza también aparecieron en Viena otros fenómenos que, hasta aquel momento, eran poco conocidos. Por ejemplo, la mendicidad.
Hasta entonces los pedigüeños vieneses eran aseados caballeros ligeramente borrachines, vestidos a la moda de los ochenta, que vendían el Augustin (La Farola vienesa) y cuyo éxito empresarial dependía de lo enrollados que fueran (y lo pesados) comiéndole la oreja a losaborígenes y a los turistas. Sin embargo, a partir de la apertura de las fronteras las zonas comerciales se llenaron de personas que, en la mejor tradición de Calcuta, sufrían alguna mutilación espeluznante, y que pedían por amor de Dios un óbolo con el que remediarse; aparecieron madres jóvenes con criaturas soñolientas que decían lo de “Bitte, bitte, alles Gute” con voz monótona; o avispados abuelos que vigilaban a sus nietos desde lejos mientras intentaban venderte un reloj afanado la víspera.
Sin embargo, una vez se estabilizó la cosa, Viena volvió a su estado inicial de seguridad edénica.
Donde las cosas no volvieron a ser como antes fue en las zonas fronterizas de Austria (Burgenland) en donde los delitos, debido sobre todo de la proverbial inocencia de las gentes y a lo apartado y solitario de algunas casas, subieron de manera brutal (hasta un 295% en algunos lugares según el Kurier). Los Burgenlandeses pidieron ayuda al gobierno central y este respondió con la creación de una unidad de policía especial, la SOKO Ost la cual, hasta el momento, no ha servido para disuadir a los manguis de que dejen de entrar en los hogares a llevarse hasta la dentadura postiza de la abuela.
Esta unidad, la SOKO Ost ha servido de polémica porque, como todos los parches (España NO tiene el monopolio de la chapuza, aunque nos esforcemos tanto en que lo parezca) se implementó deprisa y corriendo, con las consecuencias previsibles. La risa fue que, cuando se creó, y ante las críticas que sostenían que la SOKO Ost era un proyecto que nacía muerto por falta de personal, la autoridad competente anunció que las críticas le chupaban un pie, por la siguiente razón: los empleados de Correos (!) que se vieran afectados por los recortes en el organismo postal serían transformados ipsofactamente en policemans y policeguomans al objeto de reforzar el grupo de los que luchan contra los golfos apandadores.

Hoy, el Partido Socialista de Burgenland clama (sospechamos que al objeto de ganarse las simpatías de la mayoría conservadora) por que se recluten 400 policías profesionales (nada de especialistas en procesar cartas certificadas) al objeto de atajar la inseguridad que crece por estas fechas veraniegas.
¿Lo conseguirán?
Una taza de Melange (café típico vienés) con el logo de Julius Meinl
Toma el dinero y corre

3 de Abril.- No recuerdo quien propuso una vez elaborar una antología de versos malos de poetas ilustres. Yo, desde mi humildad, propongo esta rima de Machado que se cae de tonta: “La primavera ha venido/y nadie sabe como ha sido”. Supongo que, tras escribir tamaña pollez, el Don Antonio (q.e.p.d.) se debió de echar un poco, más que nada para recuperarse y después, se subió los pantalones hasta el sobaco, que es un gesto de lo más masculino para denotar los logros importantes.
Lo que no cambia, eso sí, es el milagro siempre repetido y siempre sorprendente de la llegada de la primavera. Un día de sol (ayer) y es increible la prisa que nos hemos dado todos para ponernos las mangas cortas como para sujetar el milagro y animar a la primavera a que se quede, a que nos traiga flores, sol y cantos de pajaritos.
Uno que no va a recordar esta eclosión primaveral lo que se dice con alegría será el quinto de los Julius Meinl, vástago de la ilustre familia de banqueros y tratantes de café austriacos (si bien se mira, dos negocios típicamente vieneses). Antes de ayer, Herr Meinl fue detenido en su lujosa residencia y enchironado sin más dilación. Mientras le daban la vuelta a la llave que cerró su trena, le informaron de que, dado el peligro existente de que pusiera pies en polvorosa, la juez había fijado una fianza de 100 millones de eurazos.
Los chicos del Österreich, periódico que entontece bajo el pretexto de ilustrar (más o menos como el Marca) se han entretenido en calcular que la pila de billetes necesaria para cubrir el importe de la fianza alcanzaría 120 metros (la torre de la catedral de Viena, que ponían a guisa de ejemplo mide 136,7).
Por supuesto, Herr Meinl no ha tenido mayores problemas en allegar esto que para él es argent de poche y, al medio día de hoy, entre flashes, ha salido de la trena (sin corbata, por cierto).
Pocos datos han trascendido aparte de que se le acusa de diversos delitos contra la propiedad de los accionistas del emporio Meinl (en plata: se le acusa de robo y estafa) pero lo que sí que se ha sabido es que el dinero que ha pagado su fianza no ha venido de su propio bolsillo, sino de piadosas manos privadas que han querido librarlo de la estrechez de su celda de 12 metros cuadrados.
El imperio Meinl que agrupa aeropuertos, una cadena de delikatessen, bancos y demás, fue fundado en el siglo diecinueve por el primer Julius Meinl y su logo es uno de los productos pop más austriacos. El recién enchironado tiene 49 años y era el jefe del imperio familiar desde 1983. Por cierto que, gracias a la prensa también me he enterado de que el señor Meinl tiene un lujoso palacio en las cercanías de mi trabajo (yo es que me codeo con la jet set nada más) aunque no lo usa porque desde que se separó de su mujer Franziska, vive en Londres (para huir del acoso de los masa media). La fortuna del indivíduo este ronda, según estimaciones, los 2000 millones de Euros y ocupa el lugar número 12 dentro de la lista de austriacos con el riñón mejor cubierto.
Ayer, sin embargo, quedó demostrado que los ricos también lloran.
Celine Dion: un anuncio andante de Lacas Nelly

Cortando trajes (*)
(*)Expresión -y actividad- típicamente española que equivale a murmurar en perjuicio de alguien

4 de Julio.- El presunto sigue sin aparecer y los Cobra (los GEOS de Austria) siguen buscándole como locos “fuertemente armados”. Mientras tanto, el planeta se alegra de la liberación de Ingrid Betancourt y se come las uñas pendiente de si Angelina Jolie, la mujer, pare o no pare a sus gemelos en la clínica francesa en la que está ingresada.
Aquí, ayer, Celine Dion dio un concierto ante, suponemos, un público entregado. A mí, me cae bien Celine porque me parece que es una chica que, excepción hecha del potosí que tiene en la garganta, no lo ha debido de tener fácil. Con esa cara, que es tan difícil de combinar con cualquier cosa. Pero, sobre todo, Celine Dion a mí me cae bien porque es una chica que, como cantaba La Lupe, “es muy sumirde”. Igualita que Bisbal (salvando las distancias) o sea: una jornalera de las tablas. Recuerdo que, con ocasión del lanzamiento de su último CD,Taking Chances, Dion fue invitada a ese programa-mamotreto-concurso-cosa llamado “Wetten Das...?” (Qué apostamos, en lengua vernácula) y ella, como todos los famosos, tuvo que hacer una apuesta, que perdió. El castigo fue cantar el tema de Titanic haciendo gárgaras. Y oye: la tía lo hizo, y nos reimos todos mucho. Porque Dion transmite que, fuera de las intensidades musicales, ella es muy de andar por casa.
Por diferentes razones, durante una época de mi vida profesional, tuve contacto asiduamente con personas conocidas del cine y la televisión y tengo que decir que, cuanto más famosos eran, y de más tiempo, más normales (aunque hay gente muy imbécil, como cierto famoso actor de teatro que dejó tras de sí un reguero de malas pulgas). La regla general es, como hubiera dicho Santa Teresa,“Cuanto más famosos, más conversables”.
Por ejemplo, los presentadores de televisión que venían de la cadena pública – un poner: el que presenta hoy los telediarios más vistos de Mundo Perdido- eran (y son) el colmo de la buena educación. En cambio, había gente que, en cuanto les reconocían dos veces en un Corte Inglés a temperatura polar, se echaban a perder sin remisión. Recuerdo particularmente la bronca mefistofélica que montó en el aeropuerto de Barajas un julijustris de estos que comentan el trasiego ginecológico de las famosas. Un indivíduo del que no recuerdo el nombre pero que ni siquiera trabajaba –en aquellos entonces, hoy no sé- en una cadena nacional, sino en una emisora que sólo se veía en Madrid. Pretendía el andóba que, por su bello rostro, le pasaran de turista a primera. La sufrida azafata intentaba explicarle que, con los puntos que tenía, aquello no sólo no podía ser, sino que además era imposible. Llegados a un punto de la conversación especialmente encrespado, el muy ofidio dio un golpecito en el mostrador, puso morritos, y soltó el inevitable:

-Pero tú, señorita (sic) ¡No sabes con quién estás hablando! –acto seguido, los circunstantes rezamos un sentido padrenuestro por sus buenos modales difuntos(no lo rezamos por su formación académica porque la intuimos inexistente).

Se contaban también anécdotas chuscas mil a propósito de la estolidez, codicia, y absoluta falta de maneras de cierto telepredicador autonómico que ascendió a las glorias de la cobertura nacional. Durante un tiempo, fue la gran esperanza blanca de los presentadores de magazines de a perra chica el kilo, y hoy, sic transit gloria mundi, ni siquiera anuncia colchones Lo Mónaco, ni anillacos de la Galería del Coleccionista con pedruscos certificados por el Instituto Gemológico Gemacit.
La tele y la vida, queridos y queridas,son así. Hoy estamos aquí, y mañana...al rico colchón de látex natura. Los cementerios están a reventar de gente que se creía insustituible y nosotros, como diría Alaska, vemos la vida pasar.