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Una taza de Melange (café típico vienés) con el logo de Julius Meinl
Toma el dinero y corre

3 de Abril.- No recuerdo quien propuso una vez elaborar una antología de versos malos de poetas ilustres. Yo, desde mi humildad, propongo esta rima de Machado que se cae de tonta: “La primavera ha venido/y nadie sabe como ha sido”. Supongo que, tras escribir tamaña pollez, el Don Antonio (q.e.p.d.) se debió de echar un poco, más que nada para recuperarse y después, se subió los pantalones hasta el sobaco, que es un gesto de lo más masculino para denotar los logros importantes.
Lo que no cambia, eso sí, es el milagro siempre repetido y siempre sorprendente de la llegada de la primavera. Un día de sol (ayer) y es increible la prisa que nos hemos dado todos para ponernos las mangas cortas como para sujetar el milagro y animar a la primavera a que se quede, a que nos traiga flores, sol y cantos de pajaritos.
Uno que no va a recordar esta eclosión primaveral lo que se dice con alegría será el quinto de los Julius Meinl, vástago de la ilustre familia de banqueros y tratantes de café austriacos (si bien se mira, dos negocios típicamente vieneses). Antes de ayer, Herr Meinl fue detenido en su lujosa residencia y enchironado sin más dilación. Mientras le daban la vuelta a la llave que cerró su trena, le informaron de que, dado el peligro existente de que pusiera pies en polvorosa, la juez había fijado una fianza de 100 millones de eurazos.
Los chicos del Österreich, periódico que entontece bajo el pretexto de ilustrar (más o menos como el Marca) se han entretenido en calcular que la pila de billetes necesaria para cubrir el importe de la fianza alcanzaría 120 metros (la torre de la catedral de Viena, que ponían a guisa de ejemplo mide 136,7).
Por supuesto, Herr Meinl no ha tenido mayores problemas en allegar esto que para él es argent de poche y, al medio día de hoy, entre flashes, ha salido de la trena (sin corbata, por cierto).
Pocos datos han trascendido aparte de que se le acusa de diversos delitos contra la propiedad de los accionistas del emporio Meinl (en plata: se le acusa de robo y estafa) pero lo que sí que se ha sabido es que el dinero que ha pagado su fianza no ha venido de su propio bolsillo, sino de piadosas manos privadas que han querido librarlo de la estrechez de su celda de 12 metros cuadrados.
El imperio Meinl que agrupa aeropuertos, una cadena de delikatessen, bancos y demás, fue fundado en el siglo diecinueve por el primer Julius Meinl y su logo es uno de los productos pop más austriacos. El recién enchironado tiene 49 años y era el jefe del imperio familiar desde 1983. Por cierto que, gracias a la prensa también me he enterado de que el señor Meinl tiene un lujoso palacio en las cercanías de mi trabajo (yo es que me codeo con la jet set nada más) aunque no lo usa porque desde que se separó de su mujer Franziska, vive en Londres (para huir del acoso de los masa media). La fortuna del indivíduo este ronda, según estimaciones, los 2000 millones de Euros y ocupa el lugar número 12 dentro de la lista de austriacos con el riñón mejor cubierto.
Ayer, sin embargo, quedó demostrado que los ricos también lloran.
Celine Dion: un anuncio andante de Lacas Nelly

Cortando trajes (*)
(*)Expresión -y actividad- típicamente española que equivale a murmurar en perjuicio de alguien

4 de Julio.- El presunto sigue sin aparecer y los Cobra (los GEOS de Austria) siguen buscándole como locos “fuertemente armados”. Mientras tanto, el planeta se alegra de la liberación de Ingrid Betancourt y se come las uñas pendiente de si Angelina Jolie, la mujer, pare o no pare a sus gemelos en la clínica francesa en la que está ingresada.
Aquí, ayer, Celine Dion dio un concierto ante, suponemos, un público entregado. A mí, me cae bien Celine porque me parece que es una chica que, excepción hecha del potosí que tiene en la garganta, no lo ha debido de tener fácil. Con esa cara, que es tan difícil de combinar con cualquier cosa. Pero, sobre todo, Celine Dion a mí me cae bien porque es una chica que, como cantaba La Lupe, “es muy sumirde”. Igualita que Bisbal (salvando las distancias) o sea: una jornalera de las tablas. Recuerdo que, con ocasión del lanzamiento de su último CD,Taking Chances, Dion fue invitada a ese programa-mamotreto-concurso-cosa llamado “Wetten Das...?” (Qué apostamos, en lengua vernácula) y ella, como todos los famosos, tuvo que hacer una apuesta, que perdió. El castigo fue cantar el tema de Titanic haciendo gárgaras. Y oye: la tía lo hizo, y nos reimos todos mucho. Porque Dion transmite que, fuera de las intensidades musicales, ella es muy de andar por casa.
Por diferentes razones, durante una época de mi vida profesional, tuve contacto asiduamente con personas conocidas del cine y la televisión y tengo que decir que, cuanto más famosos eran, y de más tiempo, más normales (aunque hay gente muy imbécil, como cierto famoso actor de teatro que dejó tras de sí un reguero de malas pulgas). La regla general es, como hubiera dicho Santa Teresa,“Cuanto más famosos, más conversables”.
Por ejemplo, los presentadores de televisión que venían de la cadena pública – un poner: el que presenta hoy los telediarios más vistos de Mundo Perdido- eran (y son) el colmo de la buena educación. En cambio, había gente que, en cuanto les reconocían dos veces en un Corte Inglés a temperatura polar, se echaban a perder sin remisión. Recuerdo particularmente la bronca mefistofélica que montó en el aeropuerto de Barajas un julijustris de estos que comentan el trasiego ginecológico de las famosas. Un indivíduo del que no recuerdo el nombre pero que ni siquiera trabajaba –en aquellos entonces, hoy no sé- en una cadena nacional, sino en una emisora que sólo se veía en Madrid. Pretendía el andóba que, por su bello rostro, le pasaran de turista a primera. La sufrida azafata intentaba explicarle que, con los puntos que tenía, aquello no sólo no podía ser, sino que además era imposible. Llegados a un punto de la conversación especialmente encrespado, el muy ofidio dio un golpecito en el mostrador, puso morritos, y soltó el inevitable:

-Pero tú, señorita (sic) ¡No sabes con quién estás hablando! –acto seguido, los circunstantes rezamos un sentido padrenuestro por sus buenos modales difuntos(no lo rezamos por su formación académica porque la intuimos inexistente).

Se contaban también anécdotas chuscas mil a propósito de la estolidez, codicia, y absoluta falta de maneras de cierto telepredicador autonómico que ascendió a las glorias de la cobertura nacional. Durante un tiempo, fue la gran esperanza blanca de los presentadores de magazines de a perra chica el kilo, y hoy, sic transit gloria mundi, ni siquiera anuncia colchones Lo Mónaco, ni anillacos de la Galería del Coleccionista con pedruscos certificados por el Instituto Gemológico Gemacit.
La tele y la vida, queridos y queridas,son así. Hoy estamos aquí, y mañana...al rico colchón de látex natura. Los cementerios están a reventar de gente que se creía insustituible y nosotros, como diría Alaska, vemos la vida pasar.