Por qué muchas austriacas no llevan sujetador y otras 1616 historias sobre Viena
De Blogger a Wordpress: con la música a otra parte (en 15 días)
Viena Spricht
Soy el featured artist de hoy
Podcast Número 3: ahora le damos (también) al audiolibro
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Tu trozo de Viena cuesta 2,99 Euros
Feliz Aniversario: Un caso práctico
El jardín de los senderos que se bifurcan
Encerrado con un solo juguete
Cabesón, cabesón (en la cocina de VD)
Viena Directo mejora para ti
Por su composición, y aún estando a años luz del genio en el que, de alguna manera se inspira, esta foto se parece a otra de Alfred Eisenstaedt.

Las entradas se han puesto hoy a la venta pero, salvo Jermaine, hermano del finado, no se sabe (aún) quién va a interpretar en el concierto todos esos greintes jís que, a día de hoy, generan 1,2 millones de machacantes al día en concepto de derechos.
En fin. Yo sigo explorando la lista de los cincomil y pico blogs que se presentan al concurso del periódico 20 Minutos. Durante mis sesiones de escaneo he visto absolutamente de todo (y voy por la letra L). Desde el blog de un sacerdote especializado en exorcismos (que, afortunadamente, no cuenta nada de sus tiras y aflojas con Belcebú) al de una asociación –compuesta por una sola persona, me temo- que preconiza el contacto con los extraterrestres dado el presuntamente próximo final del mundo.
Por el camino, devotos hijos que escanean las poesías de su madre difunta y las publican, o blogs utilizados como regalo de primera comunión (!). También diarios electrónicos dedicados a personas con enfermedades raras (santísimo pretexto para entrar en contacto con otros afectados) o insufribles –pero insufribles, de verdad- bitácoras políticas.
Para lo que sí me ha servido lo que llevo leido (aparte de para encontrar unos cuantos blogs interesantísimos que enlazaré próximamente) es para preguntarme sobre mis métodos de escritura, y para cuestionar cosas que yo daba por supuestas.
Rascándome la coronilla, mirándome al espejo del cuarto de baño, he pensado: Paco ¿A qué se parece escribir un post? Y me he respondido: escribir un post se parece bastante a la labor de esos calígrafos japoneses que se ponen delante del papel con la brocha que utilizan, la mojan en tinta, meditan, meditan otro poco más y luego, pam: trazo. Para descubrir luego que, por algún motivo, se han alejado de la perfección que imaginaron. O como los saltadores de trampolín: lo intentan mil veces y siempre se quedan a unas décimas de la máxima calificación. En mi caso, y aunque no esté seguro de que mi opinión le interese a alguien, cada día intento que mis post tengan estas cosas (y, naturalmente, las busco en los posts de otros que leo):
1.- Un buen tema: es la columna vertebral de una buena entrada. Hay días en que no es fácil encontrarlo pero generalmente viene solo y lo da la actualidad (ya sea la de mi vida o la de Austria). Intento, y me gusta cuando soy yo el lector que, al terminar, quien haya tenido la paciencia que leerme sepa algo más que al principio de lo que quiero tratar.
2.- Una primera frase que mole (a mí, personalmente, me gusta empezar con un chiste). La primera frase es fundamental: establece el tono del post, engancha al lector, le hace querer leer más, crea una expectativa...En fin.
3.- Extensión: mi entrada ideal para mi lector ideal –alguie que dispone de entre tres y cinco minutos de tiempo- no debería sobrepasar un folio escrito con letra Times a tamaño 12. Desafortunadamente, a veces me emociono mis entradas son un pelín más largas. Pero procuro contenerme porque soy consciente de que un folio es el límite de lo razonable.
4.- Estilo: la entrada ideal debe ser para el lector tan fácil, cómoda y rápida de leer como un viaje por el tobogán del parque es para un niño. Este es el punto más difícil para mí porque, como a Fraga le pasa al hablar, yo pienso más rápido de lo que escribo y las ideas se me atropellan en los dedos. Así pues es muy importante para mí conseguir la sencillez en la expresión sin dejar de decir nada importante. Aquí no hay otra que tachar, tachar y tachar. Y, muchas veces, reformular.
5.- Humor: la risa es el humo que denuncia la existencia del fuego de la inteligencia. Por eso, aunque uno no es todo lo inteligente que querría, trata de disimularlo incluyendo en cada cosas graciosas que obliguen al lector a pensar, a ver las cosas desde otro ángulo.
Hoy, no sé si he conseguido que este post, tan técnico, tenga todo eso. A tí te toca juzgarlo.
Siempre escribo por la mañana, después de desayunar. Antes, en casa, y ahora en el tranvía, camino del trabajo. Antes en el ordenador (word, un folio). Ahora, a mano en un cuaderno que llevo siempre conmigo y que no dejo que nadie más toque –mis cuadernos de escribir son tan personales como mi cepillo de dientes-, escribo con bolígrafos baratos, de los publicitarios. Los mejores son los de la organización austriaca de donantes de sangre, que tienen la punta fina y duran mucho. Con ellos he escrito mis mejores páginas. Idealmente escribo sentado, con el cuaderno sobre las rodillas y, cuando no me sale una palabra (como me acaba de pasar) miro sin ver al pasajero más cercano –que, por lo general, me estaba mirando a mí antes-; es sólo un segundo, pero el choque de miradas me hace reaccionar y la palabra elusiva termina por aparecer. Soy un escritor itinerante y el estar rodeado de gente, subido a un vehículo semoviente, me inspira. Hay quien dice que ha visto a mucha gente en el metro como yo que luego han terminado en una institución (psiquiátrica) pero yo no hago caso porque es la misma persona (muy querida) que cada vez que compro un libro me pregunta si tengo el síndrome de Diógenes.
(Por cierto, esto me recuerda que mi abuela materna, cada vez que nos veía estudiar nos decía:
-¡Ay mis niños! No estudiéis tanto, leche. Yo tenía un vecino que, de tanto estudiar, le salió un tumor cerebral y se murió
Más manías: el tema suele venir solo y surgir al principio, pero sólo pongo el título cuando ya he terminado de escribir, porque me ha pasado más de una vez que he empezado hablando de una cosa y, línea a línea, he terminado en Úbeda, caminando por el lado más salvaje de sus famosos cerros.
Una vez he terminado el post diario, justo antes de llegar a la oficina, guardo el cuaderno en el mochilo que siempre llevo conmigo. Trabajo todo el día y luego dedico la vuelta en tranvía a pulir el texto, generalmente añadiendo explicaciones que, cuando converso conmigo mismo, yo no necesito, pero mis lectores sí.
Al llegar a casa, paso el texto a máquina (doy ahí los últimos toques); por fin publico el texto y espero con ansiedad a que la gente escriba comentarios como el que tú vas a escribir cuando llegues al punto final.
Al hilo de la pasarela Cibeles y retomando el hilo en donde lo habíamos dejado...¿Dónde era? !Ah! Las americanas:
-Hablando de ellas: en tu fondo de armario austríaco te sugerimos que figure por lo menos una. Si puede ser gris marengo mejor (porque va con todo); pero si dispones de una de raya diplomática y, si puede ser, un poquito entallada (cuidado de no pasarte en esto para no dar pie a cábalas sobre tu orientación sexual), estarás a la última moda austríaca en el vestir masculino y no te ganarán en elegancia ni Emidio Tucci ni Ramón García con su capa. La gris marengo constituye el complemento ideal para lo que Martirio llamaba ir “arreglao pero informal”. El kit ApI se completa con unos vaqueros –a ser posible, en varones de menos de cuarenta años, de cadera un poco baja y un tanto acampanados por el sur- camisa blanco nuclear de cuello generoso (la camisa puede ser de rayas, siempre verticales) y zapatos oscuros. El vaquero que sea de marca y la camisa buenecita. Así vestido, irás perfectamente camuflado de austríaco total y serás la alegría de tu suegra en todas las nochebuenas.
Qué coqueto voy de caza con mi sakko, mi Hemd y mis pantalones de cuero. Anda que no fardo nada de los pequeños detalles que hacen que mi vestuario sea lo más de lo más. Nada me falta: botones de hueso, escopeto, mano en el bolsillete...Un figurín.-Por último, si tienes arrestos o perteneces a esa raza montaraz de personas que se camuflan con el entorno a cualquier precio, no deberás hacerle ascos al traje típico. Y deberás adquirir al precio más razonable que puedas un trachten sakko, o chaqueta oficial homologada de viejo austríaco. Yo lo he hecho. Resulta ideal combinada con vaqueros, a la par que ligera y adaptada a las condiciones climatológicas del otoño centroeuropeo. El fieltro corta el aire y abriga. Si eres una persona amante de la naturaleza y no estás dispuesto a que un ciervo done su hueso para hacerte los botones del sakko, puedes adquirirlas con bonitos botones de baquelita, que dan el pego total sin necesidad de sacrificar a ningún bambi. También queda bien con corbata, como una americana normal.En casos extremos de audacia indumentaria, también puedes comprarte unos estupendos lederhosen (ver ilustración).
Acompañados por sus correspondientes medias hasta las corvas y su camisa de florecitas (acianos o edelweiss) te servirán para cualquier ocasión de mucho vestir, a la par que pondrás color local. Por ejemplo, ayer por la tarde, un señor de Graz concursó en “¿Quiere ser millonario?” vestido de esa guisa. Un consejo en bien de tu salud mental: no intentes pensar en qué pasaría si alguien fuera a “¿Sabes más que un niño de primaria?” vestido de corto como Ortega Cano cuando se casó con LMG (La Mah Grandeh), o de baturro en fiestas de la Pilarica. Para lo del traje típico España y Austria son mundos distintos.
Nada como unos lederhosen para segar los campos por el día y acudir a una heuriger a departir con las mozas a la caida de la nuit
Desde Salzburgo hasta Baden, vengo por toda la orilla, con la media remangada luciendo la pantorrilla.
Joven en graciosa actitud de abrir el picaporte de la puerta de su casa de campo, ataviado con una chaqueta homologada de viejo austríaco y unos pantalones largos de cuerete para luchar contra las inclemencias del invienno.PS: Todas estas notas sufren muchas variaciones si perteneces a una minoría étnica o eres parte de esa loca juventud que frecuenta la noche y se labra a brazo partido un futuro en la academia, la panadería ANKER o, directamente, en el agro ;en el caso de los jóvenes en edad de buscarse un porvenir sexual, resultan imperativos:
a)Peinado Yonatan de cresta mohicana
PS2: Todas las fotos proceden de http://www.trachtenstore.com/
-Si alguna vez pensaste que antes muerto que combinar una prenda azul con una prenda marrón, si eres de esos tan atrasados como Mario Conde, que piensa que esos colores son tan inmiscibles como el naranja y el azul, olvidate y pega la vuelta. Porque esta combinación de colores es lo más chic entre lo chic en Austria. Inclusive, los austríacos autóctonos la conciben como el rien ne va plus del estilo aristocrático.
-Hablando de aristocracia. Si no quieres pasar por miembro del Tercer Estado (también conocido como plebe o, citando a mi cuñada, como calaña) deberás desterrar el chandal de tu guardarropa y mandarlo al ostracismo en el que descansan en paz los chinitos de la suerte y los calcetines blancos de tenis. Se hace deporte con la salada indumentaria de fibras tecnológicas comercializada al efecto y en los espacios acondicionados para ello. El chandal, y más en días de diario o asueto dominical, sólo es apropiado si quieres pasar por un golfo apandador proveniente de alguno de los países de la desmembrada Yugoslavia.
Especialmente contraindicados están aquellos de colores lisos con el logotipo de Nike estampado a medio muslo (y el que avisa no traiciona).
-Item más: en algún momento de tu vida te harán otra pregunta que a un Español de clase media se le antoja propia de una serie de la BBC que transcurra en una mansión campestre llena de mayordomos satisfechos. Dicha pregunta será:¿Tienes esmóking? No temas: una contestación afirmativa no te pondrá a la altura de Jaime de Marichalar, pero el esmóking es prenda obligada para los bailes invernales. Nadie puede decir que ha vivido en este país sin haberse echado unos valses y unos foxtrots en un parket suavemente encerado. Normalmente, la contestación de un español será negativa. Los nacionales te echarán una mirada que significará: pues ah, se siente. Lo alquilas, majo.
-Si el célebre refrán del estilismo rezaba que “menos es más”, para Austria debe adaptarse y ser sustituido por “A lo mejor con eso no llegas”. Nunca tengas miedo de ir demasiado vestido para las ocasiones según el estándar español, porque es probable que, en Austria, te quedes corto. Aunque vayas a la sala alternativa más cochambrosa y te vayas a sentar en un taburete de baño rescatado de un contenedor, un austríaco lo considerará “ir al teatro”. Por lo tanto, será imperativa la americana.
Una música para leer esta entrada
Dos años contigo
3 de Octubre.- Querida lectora, querido lector: aquí estamos otra vez. Y van dos años. Tal día como hoy, empecé a escribir en este cuaderno.
Las razones para hacerlo fueron de índole práctica. En primer lugar, gastaba mucho tiempo escribiendo correos a mis amigos españoles y el blog era una manera de decirles a los de allá qué cosas estaba haciendo aquí de una sola vez. Entonces, no cabía en mi cabeza que nadie más pudiera estar interesado en mis aventuras. Por eso, en aquellas primeras entradas, hay muchísimas referencias a la realidad española de entonces. Unas referencias que, poco a poco, han ido desapareciendo. Para mí, España, es cada vez el país en donde paso mis vacaciones, en donde vive mi familia, en donde crece y abre los ojos a la realidad mi sobrina Ainara, tan presente en mi vida aunque estemos separados por miles de kilómetros.
En cuanto empecé a recibir comentarios y correos de gente desconocida, me di cuenta lentamente de que este blog lo leían personas cuya voz no he escuchado nunca. Esto dio origen a la segunda faceta –mucho más importante, en mi opinión- de este diario electrónico.
Cuando llegué aquí me encontraba muy solo. Nadie lo ha descrito mejor que mi compañero de curso de alemán, el mexicano, que, el otro día me dijo que, cuando llegó “sólo oía ruido”. Un ruido aislante, que no era solamente el desconocimiento del idioma, sino algo más. Era el no entender lo que estaba pasando a mi alrededor, el perder toda la red que cuando vives en tu país das por supuesta, y que te ancla a la realidad. No saber dónde tenía que ir para hacer tal o cual trámite burocrático (no saber ni siquiera que había que hacer tal o cual trámite burocrático), romper reglas no escritas, sutiles, sin darse uno cuenta; o tener que descifrar códigos que, por ser ligeramente diferentes a los españoles, eran tan inasibles.
Me di cuenta entonces de que este blog podía ser “una caja de la experiencia”.
-Paco-me dije- muy probablemente, quien se vea en tu situación tenga que pasar por las mismas cosas que tú pases. Si cuentas las soluciones que tú has encontrado, quizá le sirvan a alguien. Si son equivocadas, o engorrosas, o difíciles, quizá hasta les des la posibilidad de que, por eliminación, encuentren otras mejores.
No estoy seguro de haber hecho este blog tan útil como este programa sugiere, pero, día a día, y eso lo puedo asegurar, lo intento.
Por el camino, he aprendido a amar Austria que es, hoy por hoy, mi casa. Quiero a este país y a sus gentes. Y procuro hacerlo, siguiendo mi propio consejo, tal y como son, sin pedirles cosas que sé que no me pueden dar. Y, a causa de esto, el tercer motivo de escribir este blog es intentar establecer un puente de comprensión entre dos mentalidades que, siendo parecidas, están separadas por una barrera cultural más alta que los Alpes.
Me une a esta tierra un cordón umbilical de amor sin fisuras, y la visión de los campos austriacos, de sus ciudades, de sus gentes, de sus octogenarias férricas en bicicleta, me provoca una ternura que no puedo explicar. Poco a poco me he convertido en parte de estos valles, de este silencio, de esta manera de ver las cosas. También veo los defectos, pero trato de relativizarlos como se relativizan las faltas de nuestros familiares que son, quién lo duda, parte de nuestro corazón.
Desde el principio, tuve claro que, para integrarme, tenía que ser tan austriaco (o más) que los propios austriacos, y ese fue también (y es) uno de los objetivos de este blog: dar cuenta de mis investigaciones sobre “la austrianidad”; sobre qué piensan, qué comen y qué dicen los que yo aquí, con cariño no exento de ironía, llamo “los aborígenes”. El sentido del humor, como defensa, vino después. Integrarme no me ha supuesto, sin embargo, perder nada, sino enriquecerme con cosas. Una experiencia que, a ratos, ha sido dura, pero de cuyos resultados, y pidiendo de antemano perdón por la inmodestia, me siento más orgulloso cada día.
Quiero dejar para el final de esta carta de aniversario la mejor sorpresa que me ha traido este blog. La mencionaba un poco más arriba. Gracias a él he tramado relación con personas a las que, estoy seguro, nunca hubiera conocido de otra forma. Tú que me estás leyendo, por ejemplo. Y que quizá estés en España, en la misma Austria o al sur, en la cuenca del Mediterráneo, a lo mejor en las llanuras fértiles de Francia, en la efervescente América Latina, o en la boscosa América del Norte. Tus comentarios hacen que vea las mismas cosas desde otros puntos de vista, me hacen pensar y, en cualquier caso, saber qué estás ahí me llena de orgullo porque estoy convencido de que la altura y la anchura de un hombre se miden por sus amigos. Y mis lectores son todos amigos míos, puesto que con ellos comparto lo mejor de mí, que son estos textos que procuro limpiar y hacer presentables todos los días.
Por eso, por estar ahí y por leerme, te quiero dar las gracias por estar ahí, y quiero invitarte a que sigas pasándote por aquí de vez en cuando a ver qué se cuece en este rincón del centro de Europa.
Porque ahora, en este preciso momento, el futuro empieza a ponerse interesante.

















