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Spanish revolution (3): Volver


23 de Mayo.- En la ciudad donde nací, los colegios electorales están en la misma calle que el cementerio municipal. Como he venido votado de casa, aprovecho la soleada mañana dominical para visitar, como siempre hago, la tumba de mi abuela.

Spanish revolution (2): Jornada de Reflexión


22 de Mayo.- Tras una comida familiar cuya sobremesa se prolonga hasta las nueve de la noche, decido salir a pasear. Evito las calles principales y camino, despacio, las manos a la espalda, por las que fueron el escenario de mi infancia y de mi adolescencia.

In espanis, plís


11 de Marzo.- Esta vez, el trámite de llegar al aeropuerto ha sido h sido muy tranquilo. Un asmático autobús nos ha puesto a mi madre y a mí, en escasos veinte minutos, en la populosa T-4 de Barajas. Hemos tenido tiempo de hacer, en vivo y en directo, lo que normalmente hacemos por teléfono. Esto es: charlar mucho a propósito de los incidentes de estos últimos días, que no han sido pocos.

Como hemos llegado con casi tres horas -¡Hala, exageraos! Grita el coro- hemos tenido hasta nuestro momento cafelete, en uno de los establecimientos del aeropuerto. Un local decorado con esa especie de lujo sin clase que se ha puesto de moda en España en los últimos años (aquí, abrimos paréntesis: los italianos rozan siempre la vulgaridad en su lujo; pero nosotros aún no hemos aprendido a incorporar alma, personalidad, a según qué cosas).

El local en cuestión se trataba en fin de una cafetería opulenta pero con vocación industrial. La atendían dos camareros, chico y chica. Él debía de ser el encargado, porque en el comportamiento de ella se notaba una clara actitud subordinada.

Mientras yo estaba esperando –mucho, añado- a que me atendiesen, se ha acercado un caballero yanqui de la edad de Alonso Quijano, el cual ha pedido un bocata y un limón. A pesar de que el señor hablaba un español que muchos ya quisieran, ha sido inevitable que le surgieran algunas questions que la muchacha, dada su ignorancia de la lengua de Mickey Mouse, no ha sabido contestarle. Así que uno, que nació servicial pero que desde que vive por esos mundos se ha hecho más, largo y activo (o sea, ni corto ni perezoso) se ha lanzado a traducir para alivio de todos.

Ido el caballero, ha llegado una pareja que, cuando ha conseguido atraer la atención de la camarera, ha hecho señas con las manos y ha dicho: No español. La muchacha ha puesto cara de “Gensanta, vaya cruz de día que llevamos hoy” y ha preguntado:

-Nada? –azorada respuesta gestual de la pareja- pero, cero?

“Patatero”, he pensado yo. Y me he vuelto a lanzar:

-Hola, mei ai transleti samcing for yú?

Y la señora, aliviada:

-Zenk iú.

Y yo:

-Francés, a que yes?

Y ella:

-Uí, uí.

Así que nada, le hemos estado explicando verdades tan incontrovertibles como que la tortilla de patatas no representaba ninguna ocasión de pecado para ella –era musulmana, la mujer, no la tortilla- porque al conocido estandarte de la cocina española le es ajena la carne de gorrinete; también se ha interesado la señora por la rica empanada de bonito y por una artística ensalada de marisquete que había expuesta.

Cuando la francesa ha marchado con su marido tras pagar las provisiones, la camarera me ha servido a mí y, al cobrarme, me ha preguntado:

-Qué, ha hecho usted el día, eh?

La mujer.
Los Estopa, marcando tendencia (foto:www.krawitz.wordpress.com)
Don de lenguas
9 de Marzo.- Yo tengo un amigo austriaco que, las pocas veces que le ha echado la vista encima a un noticiero español, se ha puesto del hígado.

No entiende a santo de qué, por ejemplo, ante el típico reportaje sobre la nevada morrocotuda, los periodistas le preguntan su opinión a la gente por la calle. El lado germánico de la mentalidad austríaca es incapaz de comprender qué tiene que aportar el pueblo soberano a la desnuda verdad de este tipo de noticias.

Estoy seguro de que, si a él le preguntaran qué le parecían las nevadas o qué opinión le suscita la subida de los tipos de interés, mi amigo, como el setenta por cierto de los austriacos, no sabría qué contestar sin pensar de sí mismo qué es un imbécil. Porque resulta de Perogrullo para cualquier ciudadano de allende los Alpes que la nieve, si arrea, fastidia; y, en el caso improbable de que conozca los inconvenientes de un hipotecón, cualquier subida del Euribor les hará polvo.

A los austriacos, señoras y señores, no les gusta contestar a preguntas evidentes. Lo consideran cháchara ociosa.

Así que ante cualquier reportaje semejante, mi amigo me mira y pone cara de ?

De poco sirve indicarle a esta amistad mía que, a los celtíberos, esa raza extraña llena de contradicciones, nos encanta comentar la jugada. Cualquier jugada.

Y así, cualquiera de nuestras modalidades televisivas (desde los programas de testimonios a los informativos) se compone en un veinte por ciento de información y en un ochenta de opinión. Este vicio de marear la perdiz, de comentar lo que pasa hasta que todo el mundo termina teniendo una idea imprecisa de lo que ha sucedido, si bien nos ayuda a mantener nuestra salud mental y no sucumbir a la depresión –ya decía San Sigmund Freud que lo mejor para remediar los traumas es verbalizarlos- resulta enormemente paralizante a todos los niveles.

(Aunque, bien mirado, casi a Dios gracias; porque con la facilidad que hemos demostrado en los últimos doscientos años para organizar zapatiestas civiles casi es mejor que nos quedemos en la lengua y no pasemos a las manos).

En España se habla mucho (y mira que yo rajo en todos los idiomas en que puedo decir más de dos palabras) pero uno, francamente, ya no está acostumbrado. Me pasa igual con esto que con los chándales, francamente. En Austria, el chándal, y toda esa zona de la semántica vestimentaria (sudaderas con capucha, etcétera) está reservada a los miembros del lumpen. A esa juventú inquieta que frecuenta los locales de rayos UVA. Sin embargo, en España, se ha puesto de moda el ir vestido del hermano pobre de los Estopa (ellos, que ellas van vestidas de Amy Winehouse) y resulta lo más normal del mundo.

Viena, si bien se mira, aceptemoslo, es una residencia de ancianos con dos millones de plazas. Y eso hace que, una vez te desintoxicas, la efervescencia de la vida española, el griterío constante (al cual no son ajenos, claro que no, los cortes publicitarios de la tele ¡Veinte minutos seguidos de anuncios, por Dios y por todos los santos!), los colorinchis, etcétera, te hagan preguntarte si es que te estás haciendo viejo y te preguntes, al oír ciertos testimonios en los riálitis chóus, si no tendrás alucinaciones auditivas.

Para que mis lectores se hagan una idea. Ejemplo sacado de la realidad de esta misma tarde. Una señora rubia –teñida- con los párpados pintados de violeta y cara de circunstancias ha ido a la tele y, acongojada, cargada de razón, ha afirmado:

-Mi suegra sigue haciéndome la vida imposible hasta después de muerta. Me manda moscas gigantescas que invaden mi casa.

Pues eso.
El Sr. Vicente del Bosque, seleccionador español de fútbol, y que guarda cierto parecido con el caballero al que se alude en este post (foto: www.nosolodeportes.com)
Conversaciones en la antesala del Mundo Perdido
8 de Marzo.- Aprovecho un hueco para hacer una visita a Mundo Perdido, la cadena de televisión en donde estuve trabajando muchos años. La puerta principal, revestida de mármol sigue igual que cuando, alrededor del edificio, todo eran descampados y resecos pinares. La misma bomba antiincendios pintada de rojo junto a la que jugué tantas veces de pequeño mientras esperaba que mi padre saliese de trabajar.

Tras el arco de seguridad, me recibe un guardia vestido con una cazadora azul de vago aspecto paramilitar. Gafas. Nariz aguileña. Sonrisa protocolaria, aunque agradable.

-Buenas tardes. Quería saber si X está en la casa.

-Lo siento, pero esa información no se la puedo dar.

-¿No puede tampoco llamarla? –intento darle pena, pongo cara de Marco buscando a su madre; me falta solo el mono Amedio en el hombro- es que mire, hace muchos años que no vivo en España y me gustaría saludarla…

El hombre se apiada de mí.

- Quién le digo que la busca.

-Dígale que soy Paco. Paco Bernal.

El vigilante apunta mi nombre en un trozo de papel. Marca la extensión. Pronto cuelga.

-Está comunicando –me sonríe- buena señal.

Tras un corto momento, volvemos a intentarlo.

-Hola...¿La señora X? Sí. Hay aquí una persona que dice llamarse señor Paco Bernal, que quiere verla. Sí. Muy bien. Gracias.

El vigilante cuelga.

-Que ahora mismo baja, que le espere en esa salita –me indica una habitación algo separada de la batería de monitores que vomita, en catarata sin fin, las imágenes mudas de los canales que se gestionan desde el edificio de Mundo Perdido -Sepa que no va a poder acceder al edificio. Las visitas están muy restringidas.

-Es que yo trabajé aquí muchos años y me gustaría…

-No, si le he reconocido, pero tenemos órdenes terminantes de no dejar pasar a nadie ajeno a la casa –instintivamente, el vigilante pone mayúsculas detrás de las dos últimas palabras. La Casa. Así debían hablar los judíos del Sancta Sanctorum del Templo de Jerusalén.

Obediente, entro en la salita.

Un señor de mediana edad, vestido de entrenador de equipo de fútbol de primera división, espera también a que alguien le recoja. El caballero mira con evidente desdén lo que aparece en el monitor de plasma que preside el espacio.

En ese momento, aparece el hijo de una conocida folklórica vestido por un enemigo suyo –o de su madre- que quisiera hacer ver lo poco el muchacho se parece a Justin Timberlake.

El hijo de la folklórica se esfuerza en aparecer natural y gracioso vestido de ídolo fondón para consumo de jovencitas con acné. El hombre, incapaz de soportar el espectáculo, rompe su silencio. Señala a la tele:

-Ahora que no nos oye nadie, esto es cultura –el hijo de la folklórica toma al abordaje un vehículo de tracción a las cuatro ruedas que sería el sueño dorado de cualquier traficante colombiano de estupefacientes.

-Pero es lo que la gente ve –le digo al hombre. Aún le tengo cierto cariño a Mundo Perdido, aunque no a su programación, aunque no me dejen “acceder a La Casa”.

El hombre me mira como si el equipo que dirige acabara de perder la Intertoto.

-Lo peor es que luego los jóvenes ven esto y…Vaya ejemplo que les estamos dando.

-Eso sí, contesto yo.

Me imagino la cara que pondría el hombre si leyese mi post sobre el Wetten Dass de Gottschalk con la momia de Sofía Loren.

Decido dejarlo estar.
Una de las calles del centro de San Sebastián de los Reyes
Vecinas
Con todo cariño y agradecimiento para todas las personas, hombres y mujeres, que durante estos días nos han acompañado a mí y a mi familia, aunque no lean este blog

7 de Marzo.- Hace escasamente una semana, en el curso de una conversación entre amigos, uno muy cercano hizo una observación sobre mí que no me molestó pero que, la verdad, tuve algunas dudas de que me dejara en buen lugar. Decía esta persona, que me conoce muy bien, que yo soy una persona que necesito de la gente y que no sería capaz, llegado el caso, de vivir solo. Hoy, yendo con mi padre a comprar el pan, en esta lluviosa mañana de domingo que ha amanecido en Madrid, no sólo me he dado cuenta de que esta persona tenía razón sino que, además, me gustaba que tuviera razón.

Cuando te vas de tu país son muchas cosas las que sacrificas (para ganar otras, de todas formas) pero la más importante bajo mi punto de vista es que pierdes esa red de personas que te conocieron en la infancia, que te vieron crecer, que comparten contigo unos códigos de conducta, unas maneras de hablar, unas reacciones espontáneas.

Por ejemplo: ayer, durante el duelo, me acordaba de C. y S., mis alumnos vieneses. Hace algunos meses les regalé Volver y, después de verla, me preguntaron si las mujeres españolas, las señoras mayores en particular, besaban como besan las mujeres del pueblo a Lola Dueñas cuando va al duelo del personaje de Chus Lampreave. Esos besos rápidos, sonoros, en fila, que se dan mientras se tiene a la persona abrazada. Es un beso típico de vecina.

En España, me doy cuenta cada vez que vengo, son muy importantes las vecinas. Vecinas de mis abuelos, arrastrando a sus maridos, han estado acompañando a la familia, han rezado junto a los rezadores, han tratado de confortar al triste; vecinas de mis padres han pasado por mi casa o se han acercado al tanatorio a dejar una palabra cariñosa a quien, en esos momentos, las necesita tanto. Las mujeres, solidarias como son por naturaleza, no sólo han aparecido durante lo que podría llamarse la parte más pública de una muerte, sino que han llamado después para preguntar. Incluso, una, acaba de dejar en mi casa un Tupper con dulce de membrillo. Se lo hemos agradecido en e alma.

En todas partes hemos encontrado gestos de condolencia, la inmensa mayoría sinceros. Y eso es una cosa que consuela muchísimo, que ayuda a llevar la pérdida de un ser querido con otra tranquilidad. Otra cosa que me ha llamado mucho la atención es que estas personas, la mayoría en los últimos cincuenta o en los sesenta, hablan de todo lo que rodea a la muerte de una manera muy pacífica, muy austera, que ayuda en cierto modo a mitigar el miedo que siempre inspira este trance final.

Como hombre, siempre estaré ajeno a lo que conlleva traer un hijo al mundo, pero siempre me ha gustado mucho, me ha tranquilizado, la manera en que las mujeres que son madres hablan del hecho de ponernos en circulación. De la misma forma, estas mujeres hablan de hechos como el golpe que supone para la viuda entrar en la casa que compartió con el difunto; esa prueba sobreentendida de valor que saben que la esposa tendrá que sobrellevar sola en algún momento; de la misma manera en que, a pesar de los cambios médicos, se sigue sobrellevando un parto; como ha de hacerse frente, en soledad, a los trances menos agradables de la vida.

Alguna vez he dicho en este blog que soy un gran fan de la cultura maruja, pero quizá debería haber escrito que soy fan de la Cultura Vecina en donde reside lo mejor de nosotros los españoles como pueblo. Lo más solidario, lo más desinteresado, lo más humano.

Sacrificada vida del escritor
27 de Diciembre.- El escritor, después de haber pasado la noche en blanco con una gastroenteritis caballar, intenta pergeñar unas líneas para su blog…


“Hace algunos días recibí un amable correo de un lector amante de los libros. En él me explicaba que él nunca los subrayaba (costumbre que, por cierto, compartimos). El mensaje se prestaba a ser leído entre líneas y creí reconocer en él ese amor casi supersticioso que sentimos todos aquellos para quienes ven el momento de aprender a leer como una de las cumbres de su infancia.

Cuando vuelvo a España, a la casa de mis padres, duermo en la que fue mi alcoba de niño, de adolescente y aún de joven, y me reencuentro con mis libros. Vuelvo a repetir el ritual pulido durante tantos años y que me une como un trazo limpio, familiar y preciso con miles, millones de lectores que me han precedido. Esas largas horas dialogando en silencio con lo mejor que la humanidad ha producido son sin duda uno de los botines que un hombre puede llevarse de la vida.”



El escritor intenta releer lo que ha escrito, concentrándose en ver si el texto tiene tensión suficiente para que el lector no se dé cuenta de que está débil, mareado, en cualquier caso, muy fuera de forma…

 
“Leo vigilado por dos imágenes. La de mi abuelo S., guapo, vestido de recluta allá en los años veinte del siglo pasado, discretamente elegante sin saberlo. A su lado, una tarjeta grande de Las Meninas, que compré en el Museo de El Prado hace ya veinte años. En un tamaño menor, Audrey Hepburn en Desayuno con Diamantes, Marlene Dietrich en Deseo y una imagen de Fred Astaire que una asociación vienesa ha utilizado para una campaña publicitaria que aspira a recaudar fondos para los damnificados por una modalidad armamentística siniestra.”



Al escritor le gustaría poder escribir un texto con algún que otro chiste, pero el sentido del humor no te sale cuando estás enfermo…



“De vez en cuando, levanto los ojos de la página y veo libros, mis libros. Revueltos, como a mí me gusta. Atlas, biografías, novelas que me unen, pero al mismo tiempo me separan, de la persona que fui. Cuatro años no son nada en el tiempo, pero espiritualmente valen por una eternidad.

En cada viaje, selecciono un par de volúmenes –nunca más de cinco- que llevarme “



El escritor se rinde. Piensa que sus lectores le comprenderán si deja la escritura hasta mañana…

El matrimonio presidencial francés a su llegada al aeropuerto madrileño de Barajas
Carla la muda y otros cuentos

27 de Abril.- (Un largo paréntesis: ayer estuve viendo en las noticias de TVE(i) un reportaje sobre la visita de estado a madrid del presidente francés, M. Nicolas Sarkozy y su esposa. No me pude reir más. Lo que los medios llaman la elegancia de Carla Bruni no es más, en mi opinión, que una cursilería espantosa ¡Qué manera de colocarse las manos delante del regazo! ¡Cómo anda con el culillo sacao! Es lo más artificial del mundo. Porque señores, hay posturas, miradas, expresiones, que sólo se aguantan en una foto fija para Vogue. En la “vida real” resultan de lo más cursi. La elegancia, si es algo, es naturalidad.
Por otra parte, el hecho de vestir diseños de Dior no convierte a una mujer a la secreta religión de la elegancia. Está claro que tiene que hacerlo –vestirlos- porque el primer deber de la primera dama de Francia es el de promocionar la industria textil local; pero yo estoy seguro de que si en Mme. Sarkozy queda un átomo de auténtica distinción -y no hay que dudarlo-, debe de estar retorciéndose al verse fotografiada con esas galas de nueva rica de provincias.
Mientras me despepitaba con el arrobado aire de la Bruni ante Las Meninas de Velazquez –se ha operado tanto que el aire arrobado consiste en ella en entrecerrar un poco los ojillos- y escuchaba con incredulidad que el matrimonio presidencial francés había visitado el Prado en el increible lapso de media hora (!) me vino a la cabeza que Mme. Sarkozy es una de esas famosas sin voz.
Me rebatirá algún lector astuto que Carla Bruni canta, y yo le responderé que fuera del espacio brillante de un compacto yo no la he oido decir esta boca es mía. Ahora bien: suele suceder con este tipo de damas de alta cuna y de baja cama que, en cuanto hablan, es para que suba el pan.
Ahí está, sin más que cruzar el Canal de la Mancha, el caso de Lady Diana Spencer, princesa difunta de Gales. Una chica alta y también muda, que tenía más o menos el mismo repertorio gestual que Bruni ha exhibido en Madrid. A saber: sonrisa desmayada, mirada directa, mirada seria y, para casos de emergencia, ojos húmedos fijos en el techo. Todo combinado con sendas poses sentadas de piernas en diagonal con rodillas juntas o carterita camuflando la postura protectora de las manos cruzadas sobre el regazo. Combínese como se quiera et voilá!
Como Bruni, Lady Diana también emitía mensajes controlados. Fueron años leyendo con átona voz escolar discursos que alguien le escribía. Hasta que decidió hablar con su voz y proporcionarle titulares a los medios. Aquello tan bonito de “en mi matrimonio éramos tres”, ya se sabe.
Para que no se me acuse de machista, incluiré también en esta lista a otra criatura muda de sexo masculino esta vez: Mario Conde. Antes de su caida, ¿Había escuchado antes la voz del chico de oro? Él era también esa foto fija, ese rostro pétreo, esa peculiar contracción de mandíbula, esa mirada anclada a un punto de fuga más allá de las cabezas del público. Y aún después, la cárcel, la mochila de la libertad condicional, el cuello abierto y descorbatado de los campeones caidos en desgracia. Todo en silencio. Un sombra fugitiva recorriendo los escenarios de una vida. El despacho o la cárcel.
Últimamente, Mario Conde va a televisión a hablar de su revolución interior. Lee poesías. Comenta textos religiosos ¿Será que el poder está rodeado, por definición, de silencio?
Se cierra paréntesis.)
Madrid Photoremember

11 de Abril.- De vuelta en Viena, algunas instantáneas de estos pocos días en Madrid. Empezamos con la Cuesta de Mollano. Ese lugar que es el paraíso de todo bibliófilo.
La Plaza de Castilla, Puerta de Europa, Puerta del Norte: lugar perpetuamente en obras que, cuando esté terminado, será la digna entrada de Madrid.
Un bloque de pisos tradicional de la Calle Argumosa, en Lavapiés, meca del tapeo alternativo.

Una gitana leyéndole a una guiri incauta la buena ventura. Poco después de esto, la zigeunerin pidió sus honorarios. La guiri flipó un poco, pero terminó dándole unas monedas.

Una tortuga del jardín tropical de Atocha.

El antiguo hotel Reina Victoria de la Plaza de Santa Ana, hoy exclusivo bloque de apartamentos.

La Terminal 4 de Barajas, de donde ha salido el avión hoy a una hora intempestiva.
PD: Mañana contestaré comentarios: hoy la lavadora me llama.

Parroquia de Nuestra Sra. de Valvanera en San Sebastián de los Reyes
Gran Vía

10 de Abril.- Viernes Santo. Llevo un par de días en Madrid. Esta vez, como siempre, ha sido una visita relámpago (lo justo para darle un beso a Ainara, comerme una torrija y salir corriendo). Mañana vuelvo a casa.
Por el camino, ha habido unos cuantos momentos especiales, como de costumbre (los hermanos Bernal cortándose juntos el pelo, codo a codo, después de tantos años). Y algún espacio, también como siempre, para la melancolía. Todo muy habitual.
Ayer paseé por la Gran Vía de Madrid y fui haciendo recuento de los cambios: de los restaurantes que han abierto, de los cines que ya no existen, en donde vi películas en compañía de amores que hoy parecen tan remotos y entrañables como los programas de televisión de la infancia.
Hoy he dado un paseo por mi pueblo (como todo el mundo sabe, también el de Penélope Kreuz) y he entrado en la parroquia en donde hice la primera comunión y ella también debió de hacerla. Una iglesia de cemento desarrollista, de los años setenta, pintada de blanco. He llegado al final de la misa de doce. El sacerdote estaba impartiendo las últimas bendiciones a sus ovejas, vestidas con el trapillo de la crisis y en las que había un alto porcentaje que habían sido bautizadas al otro lado del Atlántico. Algunas novedades: la puerta que daba acceso a la capilla del Santísimo, en cuyos bancos escuché el catecismo de labios de una exmonja de pronunciación repulida, está hoy en otro sitio; también el Don Miguel de mi infancia, muerto hace muchos años, ha sido sustituido por un sacerdote mayor que intentaba disolver el pequeño jaleo del final de la misa recordando por la megafonía que “era santo, bueno y saludable no hablar en el templo”, poniendo en la palabra Templo una unción antigua y ligeramente ridícula. Una raída alfombra persa da algo de prestancia a una pila bautismal que no existía cuando yo era pequeño. Me acerco al cepillo de la iglesia, en donde parpadean unas cuantas bombillas de plástico. Echo un par de euros, que serán una gota en el mar de la decorosa modestia que lo envuelve todo.
No creo que haya tantos chiquillos ahora en la misa de once del domingo, no creo que se forme el barullo de antes al darnos la paz, y no estoy seguro de que los pecados que los críos confiesen en aquella primera confesión infantil, sean hoy tan inocuos como aquellos nuestros. Tengo que confesar que se me ha hecho un nudo en la garganta.
Inmaculada Galván (foto: EL PAIS)
Inmaculate Connection

10 de Abril.- Hoy hay una segunda entrada en VD, principalmente because I worth it, que va dedicada, especialmente, a mis lectores madrileños (perdón el resto). Y es que he leido en la edición digital de EL PAÍS que (tía,tía,tía) ¡Inmaculada Galván se va de Madrid Directo! Tras quince años en antena, diciendo cosas como :

-Tenemos a Tábata en Las Barranquillas, ese supermercado de la droga.

para pasar sin despeinarse al :

-¿Su hija hace la primera comunión? En Madrid Directo le contamos como ahorrarse unas pesetillas.

Inmaculada se da el piro porque una nueva dirección ha decidido guiar los contenidos del programa hacia una línea más acorde con el Mundo Feliz de Esperanza (Aguirre).
A tomar viento los contenidos denuncia, a la porra los supermercados de la droga ¿Quién quiere hablar de propietarios abusadores? ¿A quién c*ño le interesan las ancianas timadas? ¡Eso no pasa en el Madrid del PP! ¡Viva el espíritu lúdico!
Ay, lo que te voy a echar de menos, Inmaculada, amor de mis amores, dueña mía, qué me hiciste. Las tardes que me has alegrado mientras yo planchaba en la oscuridad del invierno viení y tú le sacabas lustre hasta al reportaje más ratonero sobre la semana gastronómica de La Rioja en Villanueva del Pardillo. Ese rollito amor/odio que tenían contigo esos reporteros echados a las calles matritenses, de los que tú te burlabas sin piedad, pillastra, más que pillastra. Porque, si reporteros había muchos, Inmaculada solo hay una: la Galván.
Dicen que eres un bicho, Inma,amor, cariño mío, pero yo creo que tú, como las grandes, eres una profesional que vives para no perder la calma, porque esa es la esencia del Directo, del buen Madrid Directo: no pestañear así se venga el mundo abajo.
Taxistas improvisando una partidita de cartas en la estación de Chamartín (foto del autor)

Canto de amor a España
fue más divina cuanto más humana/ y más humana cuanto más divina.

3 de Enero.- Bueno, pues ya se me acaba esta semana en España. Justo en el momento en el que empiezo a disfrutar.
Siempre me pasa igual. Los primeros días ando muy agobiado, porque tengo muy presente que vengo por un tiempo limitado, y eso me hace estar nervioso y verlo todo negro. Que si ya no conozco mi país, que hay que ver lo que ha cambiado todo, que la gente habla alto, que si la bachata infinita, que si la conversación duradera, que si todo me molesta, que si me siento un marciano…O sea, que me vuelvo un pupas. La sensación se me va pasando gracias a la oleada de afecto que me envuelve; a los encuentros con la gente que me hace el favor de no olvidarse de mí. A la familia, que está ahí pase lo que pase (ahora, aumentada en un miembro más, cuya presencia lo hace todo más burbujeante). Lo que sí es cierto, y tengo que aceptarlo, es que, cada vez más, soy un ser mixto, aunque eso de que “no se es de ningún sitio” es una trola. Yo soy, he sido y seré siempre español. Con lo bueno y lo malo que eso conlleva. La misión nuestra es procurar que lo bueno prevalezca sobre lo malo, aunque no siempre sea así.
Me fastidia, sin embargo que, debido a este vínculo tan profundo que me une a mi tierra, sea incapaz de tener la mirada fresca sobre ella que tengo sobre Austria y que podría resumirse como que la realidad pesa más aquí que allí. Es una sensación curiosa (que tengo comprobado que asalta a otros expatriados) de que la realidad austriaca es más ligera. Como hecha de madera de balsa. Los golpes son menos golpes (un poco como los porrazos que se dan las marionetas en los teatrillos con los garrotes de corcho) y todo es más fácil porque uno se siente más ligero.
Ayer, un amigo muy querido me preguntaba por cosas que me habían gustado al llegar a España. Y la verdad es que no me extendí demasiado en la enumeración. Porque una cosa es el país que yo quisiera encontrar (y que, cada vez, se parece más a Austria) y otra el que es. En relación a mi país se me ha borrado de la mente una de las ideas que yo repito con más insistencia a otros: para querer a alguien hay que quererle, sobre todo, por sus defectos.
Por eso quiero terminar este post haciendo un canto de amor a mi país a través de imágenes hermosas que he visto: el cielo de mi tierra, tan azul, tan puro y tan limpio. La risa espontánea de la gente. La fineza constante de las personas que se paran por la calle y que tratan de aliviarse las durezas de vivir a través de una expresión de solidaridad constante, que se manifiesta en un interés sincero por las cosas que les pasan a los otros. Me alegro mucho cuando noto que, a pesar de todos los pesares, la gente sigue tocándose espontáneamente cuando se ve por la calle. Me emociono con los niños que juegan, con la alegría de vivir que se respira, con la efervescencia intelectual que hace que la gente esté maquinando siempre cómo llegar al día siguiente. Me encanta cierto senequismo que se respira y que hace que los españoles seamos más conscientes que otros pueblos de que todo esto es falso, de que “hay que batallar mucho para llegar a viejo y que, al final, para qué: para morirse”. Me encanta la curiosidad de mis paisanos, la cantidad de parejas mixtas que veo por la calle. Me gusta lo acogedores que somos los españoles. Me gustan las marujas. Me emociona la gente que canta espontáneamente. Las parejas que, en la escalera mecánica del supermercado se gastan bromas y bailan al ritmo de los villancicos. Todas esas cosas, y más, me alegran la vida. Y hacen, sobre todo, que merezca la pena volver.




Sanse

¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día, las tristes azucenas letales de tus noches?
2 de Enero.- Sendas imágenes del pueblo que me vio nacer. La calidad no es muy buena porque el programa de retoque del que dispongo en España no es muy allá (Ay, mi Corel amado...Ay, mi Corel perdido...). En cualquier caso, ahí van.

Nochevieja


31 de Diciembre.- Última entrada del año 2007. Frontera del año 2008. SMS. Felicitaciones. Amistades. Propósitos. Alcohol. Confidencias de viejos amigos. Alcohol. Risas. Anécdotas a propósito de Austria. Alcohol. Un brindis. Otro brindis. Risas. Coca-cola (para compensar el alcohol). Niños que nacerán con el año. Niños que han nacido con el año. Risas. Descubrimientos. Sorpresas (no: ya hemos parado de beber alcohol). Enigmas. Cuadernos en blanco. Buenos deseos. Ingenuidad. Inocencia. Brillo. Nostalgia. Huecos que llenar (Ah pero, ¿Es que hay más alcohol?). Doce campanadas. Amor. Amor. Amor. Paz. Amor (y alcohol).
Ah, y mañana, por cierto, concierto de año nuevo, desde Viena. A las once y cuarto. Que no falte nadie, eh?
Besos y un 2008 feliz y risueño.
Ay, qué desarraigao estoy
Porque yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa

29 de Diciembre.- Una de las primeras manifestaciones del desarraigo es que te quedas sordo. O sea, que los sonidos que te acompañaron ya no te acompañan, y que los nuevos que han venido a sustituirlos te son absolutamente desconocidos. En otras palabras: no tengo ni puta idea de quiénes son esos individuos de voces melosas (¿Por qué todos los grupos suenan tan empalagosos como La Oreja que les parió?) que salen en los anuncios de la tele ofreciéndome la posibilidad de comprar sus últimos conciertos en ediciones de lujo (¡).
Dispuesto a documentarme, me he ido a la página web de los cuarenta principales, que siempre es cosa que reconforta y alimenta. Y me he encontrado con un fenómeno que me ha aliviado mucho: los Tokio Hotel están en quinto lugar. Oye, por lo menos les conocía.
También ha sido un alivio comprobar que Juanes y Maná ocupaban primero y segundo puesto, respectivamente.
El resto…Puff.
Recuerdo que, cuando era pequeño, había una serie que me encantaba y que mi hermano, conociendo mi espíritu necrofílico, me ha regalado últimamente. Se llamaba Fama. Pues bien, había un simpático profesor de esa serie (viéndola me he dado cuenta hasta qué punto UPA fue un plagio de los de libro) que se llamaba Sorovski. Era el profesor de música. Cuando Dani Amatulo (qué jugosas rimas hicimos en el cole con ese apellido) venía a tocarle alguna cosilla con su sintetizador antediluviano, Sorovski ponía cara de “Qué he hecho yo etc” y, si alguien se metía con ello, acudía a su socorrida frase. Poco más o menos:
-La primera vez que escuché a los Beatles me parecieron el colmo de lo jevi, y ahora, hasta me gustan.
Los protagonistas de la serie Fama. Dani Amatulo es el primero por la izquierda de la fila superior y el profesor Sorovski el gentil barbas que está mirando el escote de Debbie Allen (¿Te pensabas que no te habíamos visto, eh, jodío?)
Pues sí: qué perezón el panorama musical español. Esas cosas como “La quinta estación”, “El sueño de Morfeo”, Chenoa…!Chenoa! con ese peinado nuevo que intenta disimular una calvicie ya de por sí indisimulable.Y luego, la tele. Ayer, mientras cenaba con mis padres, pusimos en la tele un concurso Made in La Trinca (ahora la Binca porque uno murió) que se llama “Al pie de la letra”. Consiste en que los concursantes deben acertar la continuación de coplas conocidas (de “Camarera de mi amor” a las rumbas perfumadas de costo de Melendi). Acostumbrado a las frialdades centroeuropeas, al humor amable de mi Armin Assinger (Millionen Show) me costó comprar a aquel presentador anfetamínico embutido en un modelo negro de gigoló nocturno (vamos, el tiro de los pantalones estaba pensado para provocarle problemas de fertilidad a aquel hombre).


El presentador de "Al pie de la letra" (foto: Antena 3)

Armin Assinger, espejo de presentadores (foto ORF)

Pero es que después, y ya en Antena 3, apareció el simpar Ximo Rovira recordando sus tiempos de Tómbola y haciendo de presentador sustituto de Jaime Cantizano (que ya es caer bajo).
Cómo será la cosa que hasta Carmen Sevilla me ha empezado a caer mal…
Entre este servidor y la cultura popular española se ha abierto un abismo y, asustado, he comprobado que empiezo a entender a cierta persona que, cuando ve cómo van vestidas las mujeres del tiempo de Canal Sur (talmente como de gogós del Bar Coyote) mueve la cabeza y dice:
-Si es que van como schlampen (no lo traduzco esto por no herir sensibilidades).
Yo antes defendía a los estilistas del Canal Sur, pero ahora…Ays, por Dios, qué perezón.
Penélope Cruz en Volver

Diálogo de Marujitas
La de sus hijos fiel prenda/ y amorosa educadora;/ la sabia administradora/ de su casa y de su hacienda.

28 de Diciembre.- Es una cosa rara volver a escribir en un teclado con la ñ en su sitio, sin tener que hacer nada para cambiar la configuración. Sí: queridos amiguitos. Estoy en Madrid, disfrutando por una semana de la maravillosa sensación de entrar en un bar y poder pedir un pincho de tortilla (o, en su defecto, la tortilla entre pan y pan, que también es una sabrosa alternativa).
Llegué ayer, tras un viaje algo accidentado en un vuelo de Iberia en el que el azafato (o aeromozo, como sugiere la Academia) encargado de comentarnos a los pasajeros lo que teníamos que hacer en el caso de que el aparato se escoñara, no tenía ni puñetera idea de lo que tenía que decir (falló la grabación). También Iberia tuvo la gentileza de machacarnos con unos cuantos villancicos de María Ostiz (y no es coña); todo españolísimo. Reliquias, supongo, de aquellos momentos en que Ana Botella era inquilina de la Moncloa y la Ostiz la madrina oficiosa de la revolución cultural.
Tras dos años en la Viena de mis amores, ahora hay cosas españolas que me parecen de un costumbrismo entrañable y que, por lo mismo, me llaman la atención. Por ejemplo, que la gente habla y habla y habla y habla (o sea, y yo les entiendo). Pero no es la comprensión lo que me llama la atención, sino que la gente no para de contarse cosas los unos a los otros, de intercambiar información, o sea. Hoy por ejemplo, he estado en el hospital acompañando a un familiar enfermo. Y en el autobús una señora, y no es exageración ninguna, ha hecho corrillo contándole a quien quisiera oirla las aventuras de sus hijos.
Me hacen mucha gracia esas frases que escucho como de peli de Almodóvar. Ejemplo sacado de la conversación de esta señora:
-Pues me llama una vecina, hija, y me dice: te llamo para decirte una cosa de tu hijo. Y yo, ¿De cual? Del alto con rastas. Y yo, chica: Mi Manolo
Y así.
Esas cosas, que me hacen ilusión porque yo soy muy marujo y fan total de la Subcultura Maruja, que me parece la última reserva de la españolidad.
También me hace mucha gracia lo que el lenguaje televisivo ha contaminado el habla normal de la gente. Por ejemplo, una de las que estaban escuchando a la de “Mi Manolo” le decía, seria, como comentando un caso de malos tratos a una famosa:
-Es que tú la suerte que has tenido es no tener hijos conflictivos.
Y la madre de las criaturas:
-No, si conflictivos no, claro. Aunque no te creas: todos tenemos nuestras cosas.
Nos hemos enterado, por supuesto, de que la señora, para obrar como Elsa Anka todos los días, desayuna por orden médica sus dos piezas de fruta y sus cereales (o galletas de cereal, ha puntualizado cargada de razón) y, asimismo, nos hemos enterado de sus hábitos de ingestión de bebidas alcohólicas durante estas fiestas.
Se me ha olvidado decir que, al fondo del autocar, un señor ha llamado a otro para explicarle que a) se encontraba en el autobús y b) que había comprado no sé qué artículo. Después se ha extendido en otras consideraciones domésticas que, los demás, nos hemos tenido que tragar sin poder hacer nada.
Entiende uno que el sistema austríaco y su obsesión por la intimidad, es un poquito un exceso. Pero de ahí a lo de las galletas de cereal, va un abismo, claro. Un abismo entrañable, pero abismo al fin y al cabo.
Por cierto, en España, una maravillosa temperatura tropical. Fantásticos cinco grados. Yo, voy casi en mangas de camisa.
Qué primor.
Desde dentro de la bombilla (y 2)
Siendo tu voz la que el sentido arrulla/la más suave y dulce mantequilla/con que si llora Amor Venus le acalla
(Notas sin fecha tomadas en un autobús)

Acostumbrado a la eficacia austríaca, la manera española de hacer las cosas empieza a atacarme los nervios.
Supongo que los españoles tenemos un talento especial para hacernos la vida más difícil a base de no sentarnos dos minutos a pensar por qué hacemos las cosas. Curiosa sensación de verme del otro lado del espejo.
Pensamiento de que cierta exigencia propia, cierto amor por el trabajo bien hecho, nace del interior, pero también es incentivado por el cuerpo social. Como si todos formásemos parte de una malla que está más tensa en Austria que aquí.
Por otro lado, la observación de esto mismo hace que sienta súbitos accesos de ternura por mis compatriotas, como la que se siente a veces por las chicas que insisten en enamorarse del hombre que menos les conviene. Porque los españoles son impuntuales, malquedas, la pesadilla de cualquier lógico, y se adaptan fatal a cualquier patrón organizado, pero al mismo tiempo tienen la misma nobleza básica de los niños. Esa nobleza que también puede transformarse en crueldad demasiado facilmente.
TAbién demostramos gran paciencia al aceptar los sufirmientos que nos provocamos a nosotros mismos (o por interpósita persona a través de los políticos). Y quizá esta paciencia fundamental sea también otra de nuestras mejores bazas. Quizá la única que, salvo escasos paréntesis de cordura, lleva sin levantar cabeza desde el siglo XVII.
En nuestro escudo, el PLUS ULTRA debería ser sustituido por un toreno "Dejarme solo!". Y ya se sabe:cuando un hombre solo tiene éxito, lo tiene de verdad. Cuando la caga, el desastre es de proporciones bíblicas.
Desde dentro de la bombilla
(Cuaderno de notas de un viaje a Madrid, I)
Madrid, castillo famoso que al rey moro alivia el miedo, arde en fiestas en su coso

16.10.07- Seguridad. Aeropuerto de Barajas. T4. Una mujer pequeña, me pide de muy mala leche el resguardo de mi maleta. Pregunto el motivo. "Control de seguridad". La misma mujer va deteniendo, a como dé lugar, a diversas personas. A gritos. De muy mal humor.
17.10.07.- Pza de Castilla. 11 de la mañana. Un retén de seguridad privada, compuesto de siete u ocho hombres de apariencia matonesca y vestimenta paramilitar están situados detrás de los torniquetes con una evidente finalidad disuasoria (pregunta: a las once de la mañana, disuasoria, de qué?). Uno se pregunta si la obsesión por la seguridad no creará también los motivos para la inseguridad.
Diferencia evidente (afortunadamente) entre la realidad de todos los días y la que se refleja en los medios de comunicación. Entre la España política y la España de la calle hay un abismo (¿Insalvable?). Por la noche, debate en A3 acerca de la ley de la Memoria Histórica. Como siempre, opiniones extremas que buscan un combate entre gladiadores. Recuerdo a los tertulianos de la radio del taxi que me trajo del aeropuerto. Se esforzaban en envenenar (aún más) este ambiente ficticio y restringidísimo en el que se ha convertido la política del país. Ante la incapacidad real de los políticos para resolver los problemas de la gente, hay que rellenar el tiempo con horas de conversación fantasmagórica.
Todo está carísimo. Viene a visitarme un pariente y hablamos de sueldos. La flipo bastante.
Los españoles hacen economías (se nota en cómo va vestida la gente por la calle). Aunque aún guardan dinero para divertirsse.
Las amas de casa se saludan por la calle. Los vecinos me saludan en el portal. La gente se para porla calle. Hay una solidaridad en la salud y en la enfermedad que es nuestra mejor virtud, y la que más necesidad tiene de ser exportada.
Uno no puede evitar la sensación de que los políticos (algunos) se equivocan al intentar convertirnos en europeos del norte. Los españoles no somos así (y con nuestro sistema educativo menesteroso agrandamos cada vez más la brecha).
En España se siente lo que significa la expresión "capitalismo salvaje". Se intenta mantener la economía en marcha a base de venderle frigoríficos a los esquimales. CAsi se escucha el ruido que hacen los huesos al ser triturados por el dinero. Bancos. Bancos. Bancos por todas partes. Un chiringuito financiero se anuncia ofreciendo "unificación de pagos" para "casos difíciles (sic) y !.
Súbita sensación de falta de esfuerzo al entender los mensajes escritos. Las palabras. Vuelvo a ser una gota en el mar. Los tonos de las voces también son diferentes. Más cálidos.

La patria del requiebro y del chotís
1 de Julio.- Algunas imágenes de mi Madrid

Antiguo patio de mi colegio, hoy parque público. Las ventanas que se ven a la izquierda, eran las de mi clase de tercero de EGB
Falleció mi suegro, me operé del quiste, ¿No me ves más triste?...

Parada del autobús, uno de los centros neurálgicos del Mundo Bakala

Metro de Madrid...Vuela (aunque no tanto)

Pedazo de la España en que nací

28 de Junio.- Lo sé, lo sé. Estáis todos deseando saber qué me ha parecido Madrid después de más de un año de ausencia. Exactamente un año y casi un mes. La última vez que estuve aquí, acababa de fallecer LMG (La mah grandeh).
Pues bien: en primer lugar, y comparando con mi recuerdo, debo decir que he encontrado Madrid hecho un mosaico multicultural y colorido, muy colorido. Por la calle se oyen todos los idiomas. También tengo que decir que España está hecha un bosque de grúas. Que en un año, han crecido los barrios de una manera insostenible y que ahora, entre Madrid y mi pueblo -antaño un desierto- una ardilla podría ir de balcón en balcón -o de cosa raquítica enrejada a cosa raquítica enrejada- sin tocar jamás el suelo (podría encaramarse también en algunos arbolitos esquemáticos, recién llegados, como si dijeramos, al mundo vegetal).
También he encontrado entrañable el hecho de que los españoles (nuevos y antiguos) somos de tamaño más recogidito que la media europea. Por consiguiente, aquí, todo, desde los cuartos de baño a la altura de los escaparates de las tiendas, es más bajito. O sea, como para hobbits. Los autobuses también me han parecido modernísimos y, en general, todo lo que sirve para ganar elecciones (y aquí las ha habido recientes) es de una insultante y cromada novedad (por cierto, casi todo pintado en azul PP, o por lo menos en lo que antes era su azul distintivo). Asimismo, he empezado a darme cuenta de que estaba en España cuando el conductor del autobús ha sido brusco conmigo, cuando he visto pintadas en todas las superficies expuestas a la intemperie graffitera (algunas, extrañas, como una que decía "Castilla entona canciones de guerra"), cuando, al pasar, chicas jóvenes de aspecto hosco y vestidas en Bershka de profesionales del sexo de pago, me han echado el humo de los cigarros a la cara. Ays, cómo me ha emocionado esa proverbial hospitalidad del pueblo soberano. Esos piercings en todas las ternillas susceptibles de ser taladradas. Esos tía, macha, etcétera, que me ponen la carne de gallina, porque son parte de mi infancia. Ese "Pronto", en una de cuyas portadas se afirma, sin temor a equivocación posible, que Rocío Jurado ahora descansa más tranquila puesto que se ha hecho justicia con su herencia.
Mañana quizá, si me acuerdo de traerme el cable USB a la vera de este compiuter que me sirve de hilo con el mundo, pondré fotos, que he hecho y muchas, siguiendo mi costumbre. Hoy de momento, quiero que os quedéis con esta imagen de la fealdad entrañable de Madrid, del suburbio en el que cada día multitudes de Juanis y de Borjas, y de Yonathans, luchan por su vida, para luego, gastarse los novecientos euros mensuales en uno de los enormes centros comerciales.
Ays....