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Karl Heinz Grasser habla (por fin)


Verde
Son los verdes, los que se la tienen jurada al pobre Grasser (A.V.D.)

27 de Noviembre.- Después de 25 meses sin decir “este convoluto es mío”, Karl Heinz Grasser, el artista de la supervivencia (fue ministro de economía en la etapa de Haider en el Gobierno, después se retiró al emporio Meinl, y más tarde, cuando el Sr. Meinl cayó en desgracia, consiguió poner pies en polvorosa sin que la caida del jefe le afectase) Grasser, en fin, concede una entrevista llena de amargura al único periódico al que podría concedersela: al Österreich. Continue reading


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Aquí Viena (reflexionando)


Electora depositando su voto
Instantánea que muestra a P. Díaz en el momento de depositar su voto (la foto es de ella misma)
19 de Noviembre.- En España hoy es jornada de reflexión aunque, según parece, los españoles ya hace bastante tiempo que se pensaron a quién van a votar mañana y la campaña, vista desde lejos, ha ofrecido pocas sorpresas y sí mucho aspecto de un paripé algo deprimente (sobre todo, nos tememos, para el candidato del partido en el Gobierno, que se ha mostrado todo lo aguerrido que requería su función de sparring, pero que, sin duda, debe de estar preparado para que la noche de mañana termine para él como el rosario de la aurora). Continue reading

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Como un toro



20 de Abril.- Recordarán mis lectores que, hace días, hablábamos de la retirada del vicecanciller Pröll debido a problemas de salud. Rápidamente, les pongo al día de lo que ha sucedido entre medias, que es la comidilla en esta capital.


Esta casa es una ruina



17 de Febrero.- Para no arriesgarse a sufrir un accidente como el que acabó con lo más granado de la clase política polaca, los diputados austriacos han acordado el saneamiento urgente del edificio del Parlamento, situado a la verita de la Ringstrasse y que ya carga sobre sus columnas con casi 130 años de antigüedad.


El bautizo de blancanieves

Frau Maria Vassiliakou, vicealcaldesa de Viena desde ayer, y su jefe, Herr Michael Häupl; alcalde de Viena y presidente del Land del mismo nombre.

26 de Noviembre.- Ya es oficial. Después de unas negociaciones tan semisecretas como aparentemente interminables, Viena ya es rojiverde. Ayer, en un pleno del ayuntamiento vienés (que, al mismo tiempo, es el parlamento de la Comunidad Autónoma de Viena, para entendernos) se realizó la votación ritual. Herr Michael Häupl es de nuevo alcalde y Frau Maria Vassiliakou es la vicealcaldesa. Ufana, la de ascendencia griega posaba para las fotos (no es para menos, ella cree que ha abierto el melón que puede llevar a los verdes, eternos aspirantes a todo, al Gobierno de la Nación) y, en declaraciones recogidas por la prensa local, aseguraba estar superorgullosa de los ciudadanos y ciudanas vieníes que votaron a su partido.


Sangre vienesa



19 de Agosto.- Sin duda, una de las manías más irritantes de los publicistas austriacos es cantar con ripios las bondades de su producto. Le ahorraré al lector la urticaria que le producirían algunos ejemplos, pero me creerá si afirmo que, cuando se oye una cuña en la radio más allá de una centena de veces, a uno le alcanzan unas ganas incontenibles de dejarle al poetastro el cuello como un lápiz.

Pues bien: uno de los rimadores más conspícuos del panorama transalpino es HC Strache, el amigo de los niños (arios) el cual, desde su insular retiro vacacional ha dictado un nuevo lema para la cartelería de su campaña electoral a la alcaldía vienesa.

Churrascos tormentosos

Este cartel del FPÖ fue muy criticado por su supuesto mensaje subliminal. Junto al mocetón vestido con la típica chaqueta de viejo austriaco puede leerse (sobre la vaca) "De pura raza y auténtico". Algo parecido pasa con Grecia como verá el lector más adelante.




Austria: país modelo


15 de Abril.- Según el periódico en que se lea, la situación es completamente diferente: los diarios conservadores explican que el Gobierno español, acosado por las dentelladas de la crisis, ayuno de ideas, con unos miembros que dilapidan el dinero en ideas de bombero (torero), se ha vuelto a desdecir y ha copiado vilmente de la oposición.

Los periódicos afectos al Gobierno sitúan la realidad en un “escenario” absolutamente opuesto e indican que los representantes del poder ejecutivo, capitaneados por un presidente noble y brillante, que soporta como un campeón las puñaladas traperas de una oposición corrupta y tontiloca, han decidido dar un valiente paso al frente y proponer un modelo que devolverá a España a la championslíg de los países desarrollados. Una revolución copernicana que hará que el porompompero se le haga pepsicola al presidente del Fondo Monetario Internacional. Que nos restituirá, en fin, el prestigio perdido y reducirá, Dios y Keynes mediante, la terrorífica tasa de desempleo que aflige a más de cuatro millones de contritos celtíberos.

Sí, pero ¿Cuál es este modelo? ¿En qué pequeño país centroeuropeo con forma de pipa se ha inspirado el equipo que gobierna (o destroza, según) el destino español? Acertaron mis lectores: en Austria. Este país en donde vivo y que, según datos de Eurostat, ha soportado la crisis de una manera modélica. Copio: una tasa de desempleo del cinco por ciento en febrero de 2010 y un aumento de tan sólo el 0,6 desde 2007. Ausencia casi absoluta de conflictos laborales (salvo las periódicas de los estudiantes, yo no he conocido una huelga desde que estoy aquí) y una fuerza de trabajo que va a su cartón y que se preocupa de levantar la economía del país.

Pero, ¿En qué consiste este modelo que está en vigor desde principios de siglo? (año 2003).

La cosa funciona del modo siguiente: a cada trabajador se le crea una hucha con dinero que se detrae de su sueldo (1,53% mensual si yo no estoy equivocado) de forma que se va constituyendo un fondo durante la vida laboral. Si al trabajador cambia de empresa motu proprio este fondo no se toca, pero si le despiden, el fondo acumulado sirve para indemnizarle.

Si, al final de la vida laboral, el saldo de este fondo es positivo, el dinero de su hucha pasa a completarle la pensión.

La ventaja fundamental del modelo austriaco es que incentiva la movilidad del trabajador que no se queda en una empresa que no le gusta por miedo a perder la indemnización por despido. Sin embargo, y en mi opinión, este modelo no sería exactamente la panacea para el caso español . Yo creo que este nuevo paradigma laboral, de trasladarse a la realidad española a capón (zum trockene stang´l que diría cierto duque, amigo mío; o sea, a palo seco) tropezaría con otros tozudos factores de la realidad laboral patria: en primer lugar, sería necesario que la economía española crease actividad, trabajo, que creciera (cosa que, en este momento, está lejos). En resumen, que crease trabajos para que los currantes pudieran saltar de empresa en empresa. Cosa que no sucede por la contracción brutal de la economía y por la zarrapastrosa inversión en I+D.

Por otra parte, habría que tocar también otro tema tabú: el cual serían las modalidades de contratación (que, en España, en muchos casos, son un sindiós) pero, fundamentalmente, habría que impulsar en España una cultura de la productividad que no existe (o que existe, pero poco).

Pero bueno: por algo se empieza. Igual si negocian, llegan a algo.

El presidente del Gobierno español, Sr. D. Jose Luis Rodríguez Zapatero, pensando
Copyright quiere decir copia bien
29 de Enero.- Se va Enero sin una mala polémica que echarse a los posts. Parece como si la actualidad se hubiera contagiado de la climatología porque con nieve, ya se sabe, incluso discutir da como perezón. Como tampoco (gracias a Dios y a las placas tectónicas) ha habido catástrofes recientes en Haití –en donde, albricias, gracias a los óbolos europeos y a la impagable presencia de los marines la gente fallece con muchos más medios materiales-, tampoco hay demasiado movimiento por ese lado.

Así que venga, vamos al último recurso que es unirse al coro de los que hablan mal de Gobierno (español). Aquí en Austria, los medios de comunicación se hacen eco (de cuando en cuando) de la amenaza que la pachucha economía española supone para la no menos pachucha Unión Europea. Visto el caso de Grecia que ha presentado un porvenir lleno de inquietantes posibilidades apocalípticas, las mentes pensantes de la economía se dedican a hacer cábalas a propósito de quién será la próxima pieza del dominó que se vaya a freir espárragos.

Por otra parte, la esperanza del Gobierno Español es que, cuando los países de nuestro entorno salgan de la crisis, descubrirán de nuevo, como lo hicieron en el pasado, ese territorio al sur de los Pirineos lleno de personas (un veinte por ciento más o menos) hartas de estar mano sobre mano.

Sin embargo, para que eso suceda, la economía española tiene que dar algunos visos de ser un sistema saludable y no uno con más agujeros que la red hidráulica cubana (lo de las tuberías cubanas no lo digo yo, lo dice Gramma). O sea, que ha pasado la época de decir “aquí no pasa nada” y ha empezado la dura tarea de ajustar, de recortar, y de adaptarnos a nuestro nuevo nivel de vida. Mucho más modesto (ay) que el anterior. O sea, que hemos dejado de ser de letras, para empezar (a la fuerza ahorcan) a ser de ciencias. Números es lo que quieren los odiosos premieres reunidos en Davos y no palabras. Ya lo dice el viejo refrán alemán: “Vertrauen ist gut, kontrolle ist besser” (la confianza es buena, el control es mejor).

En el Consejo de Ministros de hoy, el Gobierno de la Nación va a proponer un plan para ahorrar un cerro de millones de euros (sin recortar nada, dicen; ya veremos) pero, lo más doloroso –y, a mi juicio, lo más inútil- es que se va a subir la edad de jubilación.

Mi principal pero para esta medida es el siguiente: si todos sabemos que quedarse parado a los cuarenta y cinco te garantiza un puesto en PLD S.A. (Parados de Larga Duración, para servir a Dios y Usted.) ¿A qué clase de trabajos podrán optar las personas que, desdichas de la vida, se queden en paro a los sesenta? (O a los cincuenta, o a los cincuenta y cinco).

En Austria el Gobierno parece haber optado por otra modalidad que resulta un tanto gravosa para el sistema de protección social a medio plazo pero que, a largo, y si funciona bien, garantiza un crecimiento mucho más duradero y una política de población mucho más racional. Antes de tener a los viejecitos currando, el Gobierno Austriaco ha decidido implementar una política de incentivos a la natalidad. Sólo si nacen más niños el sistema es funciona desahogadamente. Para eso hay que ayudar a la gente a que se ponga a la tarea. Ya expliqué cómo lo ha hecho el Gobierno en Austria.

El nuestro no tendría más que coger la libreta y ponerse a copiar.

Como decía una jefa mía muy lista –una de las primeras ingenieros de Celtiberia- “Copyright quiere decir copia bien”.

Frau Doktor Maria Fekter, Ministra del Interior austriaca (foto: Ministerio del Interior Austriaco)
De nombre extranjero
12 de Enero.- Uno de los tópicos a propósito de este país es que, en Austria, los extranjeros no son bien recibidos. La realidad, desgraciadamente, se encarga de confirmarlo a cada tanto.


Y así se dan paradojas como la siguiente: la controversia que, en España, hubiera producido la edificación de una cárcel cerca de un núcleo de población, en Austria ha sido levantada por los planes del Gobierno de instalar en una localidad de Burgenland un centro de acogida de extranjeros asilados –que vendría a ser el tercero del país-. De lo cual se deduce que los austriacos tienen menos miedo de los convictos que de los extranjeros que acuden a su país en busca de ayuda.

Durante las últimas semanas, el tira y afloja ha sido incesante y ha provocado serios roces entre los miembros de la coalición social-conservadora que rige los destinos del país. Incluso se ha propuesto la organización de un referendum en la localidad elegida, al objeto de que sus habitantes se pronuncien sobre si les apetece que, en su término municipal, se edifique un centro de estas características.

Ayer, para intentar desbloquear la situación, se reunieron representantes de los socialistas y de los conservadores en un ambiente de intensa expectación mediática.

Como sucede siempre, los participantes en la reunión fueron invitados a las noticias de la noche para que le explicasen su postura al pueblo soberano. Ambos rechazaron la invitación, como se encargó de aclarar, con voz perfectamente neutra, la presentadora del informativo.

En su lugar, acudió al plató el director de Caritas Austria (“como reservista”, dijo él). Un señor mayor que, desde el principio, me cayó bien porque se vio que lo que quería era introducir un poco de sensatez en el debate.

Y su medio fue hacerle a los políticos implicados (y a la audiencia, claro) la siguiente pregunta: ¿Alguien se ha parado a pensar de verdad qué es un centro de acogida de asliados y qué aspecto tiene?

Este señor explicó que, en un centro así, se asesora a las personas que solicitan asilo en Austria y que no es más que un lugar en donde hay trabajadores sociales, además de traductores. A los aspirantes a asilados se les asesora sobre los complicados trámites jurídicos que implica el asilo, así como sobre otras cuestiones –no menores en su caso- que implica el vivir en un país que no es el de uno y cuya lengua, por razones obvias, no se domina.

El director de Caritas, haciendo gala de una enorme paciencia, explicó que, al principio, haberse parado en estas cuestiones de sentido común, no hubiera costado nada y hubiera evitado muchos sopitipandos; pero que, ahora, con el ambiente tan caldeado por dimes y diretes, la visceralidad se había adueñado de la cuestión y será muy difícil que las partes en conflicto alcancen un consenso que les pone en el brete de quedar en una posición desairada frente a su electorado.

Hasta aquí, los hechos. Pero, ¿Qué hay de fondo?

De fondo está, como siempre, esa desconfianza hacia el exterior que late bajo el inconsciente colectivo austriaco y que forma parte del carácter nacional. Una de los reproches que una parte importantísima del electorado le hace a los socialistas es el de tratar la cuestión migratoria de una manera demasiado blanda. Al objeto de combatir esta imagen, por ejemplo, el partido socialista le hizo una concesión a los conservadores implantando cursos obligatorios de alemán para los inmigrantes (extracomunitarios, se entiende).

Lo último que se oye a este respecto es, también de manera muy austriaca, introducir la realidad molesta pero de una manera que no se note. Sustituyendo el centro proyectado por unos cuantos más pequeños, y no tan llamativos, que cubran su capacidad.

Quizá para contrastar con esta imagen que no decía mucho de los austriacos, la ORF emitió en su programa Kulturmontag un reportaje sobre la Sra. Ute Bock: una abuela de carácter decidido que dirige una ONG que ayuda a todo tipo de inmigrantes a orientarse por la selva vienesa. Sin recibir un euro del Gobierno. Sólo por el placer de hacer lo que hay que hacer.

No todo el monte, por suerte, es orégano.

El cantante gafe, la fama y el sueño: un cuento político
8 de Enero.- Es curioso cómo funciona el pensamiento y son curiosos los puentes que se tienden de una neurona a otra.



Hace unos días, me acordé de que, cuando trabajaba en la tele, una redactora me contó que cierto cantante español –hoy prácticamente retirado- era considerado por sus compañeros de profesión como un gafe peligroso. Ningún músico se atrevía a trabajar con él. Se contaban escalofriantes leyendas de focos que caían sin que mediara mano humana, cúbitos y fémures fracturados, heridas inciso-contusas aparentemente accidentales, hospitalizaciones con pronóstico reservado y un largo rosario de desgracias.


A pesar de esto, el cantante en cuestión gozaba de gran predicamento entre las damas pre y post climatéricas. Largas colas de señoras maduras se formaban a la puerta de los auditorios y de las plazas de toros, para escucharle cantar melodías sentimentales y, por qué no, un poquito tontorronas.


Creí reconocer la misma expresión arrobada en la cara de una chica con la que me encontré estos días pasados. Una austríaca, treintañera, rubicunda y plácida. Estudios universitarios, un trabajo que le garantiza un sueldo más que respetable.


Como nuestro conocimiento es muy superficial, la conversación no tardó en deslizarse por los tranquilizadores linderos del tópico. Y, en Austria, uno de los tópicos a propósito de los españoles es que somos una tierra que ha parido más héroes que ninguna (los conquistadores y todo eso). La chica, deseando halagarme, supongo, me preguntó por los héroes españoles. Me eché a reir:


-¡Uy, en España hace mucho que no tenemos ningún héroe!


Ella puso la cara que ponían las sesentonas arrobadas de las que hablaba más arriba y nombró al presidente del Gobierno, Sr. D. Jose Luis Rodríguez Zapatero.


-Es curioso –dije yo- que el presidente español tiene mejor fama fuera de España que dentro.


Ella se echó las manos al pecho como para protegerse de la influencia maléfica de un sacrilegio:


-¡Pero cómo es esto! –me dijo- si Él es uno de los pocos socialdemócratas que nos quedan.


(“Madre mía, esta chica: como si los socialdemócratas fueran urogallos u okapis”, pensé yo). Pero como era bastante probable que mi interlocutora no supiera lo que era un urogallo, le contesté prudentemente:


-Ya: puede ser, pero en España hay cuatro millones de parados y eso erosiona la popularidad de cualquier político.


Ella, se quitó una mano del maternal seno e hizo ademán de espantar una mosca importuna:


-No hay que preocuparse: en España, que el paro sea tan alto, es tradicional...


-Ya: pero es que la gente tiene la sensación de que el presidente no sabe bien qué hacer para que eso deje de ser así.


Y ella:


-Pero Él es el presidente ¿No? Tampoco tiene que ver nada con el paro.


Y yo:


-Pero es que le pagan para que tenga que ver. Y, si no puede hacer nada, o no se le ocurre nada que hacer ¿Para qué es presidente?


Ella repuso, de manera algo incongruente, que Monsieur Sarkozy y Frau Merkel eran dos pájaros de cuenta (lo cual probablemente sea cierto) y me repitió lo de que el paro español era una cosa cíclica. Intenté devolverla a la tierra suavemente explicándole mi opinión, razonable, creo, de que el Presidente del Gobierno es un funcionario más y que le pagan porque haga bien su trabajo; el cual consiste, en último término, en garantizarle a sus administrados el mayor grado de bienestar posible. Asimismo, le relaté varias historias de amigos míos parados en la flor de su vida laboral y sin visos de encontrar nada, a ver si se convencía de que los tradicionales parados no eran tradicionales números abstractos, sino personas angustiadas por la tradicional recepción de facturas.


Ante mi cerrada defensa del sentido común contra el Amor que todo lo mueve pero que no alimenta, la chica desistió de su defensa de su político preferido, y tornó a atacar a su predecesor en el cargo que tampoco es que fuera como para entusiasmar a nadie, las cosas como son.


Al ver que la cosa tomaba un cariz futbolístico, dejé morir la conversación.

Herr Joseph Bucher (BZÖ) el amigo de los niños
Ejemplos de Real Politik

3 de Diciembre.- San Francisco Javier (o sea, mi santo). Una de las cosas que más mola de Austria es que, cuando los políticos van a la tele van “a dejarse la piel en el pellejo” (Mazagatos dixit).

La otra noche estuve viendo el programa Report, que emite la segunda cadena de la ORF y que es el equivalente (en riguroso) del Informe Semanal español.

Se hablaba en esta emisión del Bundesland de Carintia un año después de la muerte de su presidente más famoso: Jörg Haider. Se explicaba que no era extraño que los Carintios le hubieran querido tanto: Haider había pagado bastante caro por ese amor, llenando los bolsillos de mucha gente y organizando diferentes cuchipandas propagandísticas con él como protagonista, por lo cual la deuda del Bundesland ha alcanzado unos niveles récord (y subiendo).

Al objeto de obtener liquidez, las diferentes administraciones Haider enajenaron el patrimonio de Bundesland en una carrera que se ha revelado insensata. Incluso, se desprendieron del banco Hypo Alpe-Adria, la joya de la corona de Carintia, para obtener la inyección urgente de fondos que necesitaban para mantener el fastuoso nivel de gasto que mantenía turgentes los niveles de popularidad del difunto.

Lo malo es que, hoy por hoy, el banco vendido se encuentra con el agua al cuello –como muchos, por otra parte- y el Estado austriaco se verá en la obligación de inyectar fondos para enjugar unas pérdidas que amenazan no sólo la viabilidad de toda la región.

Y aquí es donde enlazo con el comienzo.

La presentadora de Report invitó al estudio a Herr Bucher, sucesor de Haider al frente del BZÖ (Alianza por el futuro de Austria) para que, como empresario y como político, explicara, “qué invento es este” de decir que vendes un banco para librar a la administración de un peso y, al cabo de dos años, pedir que la administración te dé unos eurillos por amor de Dios. Así: sin paños calientes.


Se reveló entonces que Herr Bucher se parece a aquel monstruo de dos cabezas que salía en Barrio Sésamo. Como un bicéfalo de peluche, la cabeza empresaria abogaba por la aplicación contundente de recetas neoliberales, mientras que la cabeza política defendía la dudosa gestión financiera de sus compañeros de partido al frente del gobierno de Carintia. Por supuesto: críticas a Haider verbotten.


Lo malo es que las dos cabezas no conseguían ponerse de acuerdo y, cuando la presentadora preguntaba, Bucher se afanaba en defender lo indefendible, como un bombero patoso que estuviera todo el rato pisándose la manguera.

Todo lo cual resultaba un espectáculo de lo más clarificador (aparte de involuntariamente cómico).

El Junco (dcha.): lo que Jörg Haider y Lola Flores tuvieron en común

Pavana para un cuñado difunto

12 de Octubre.- Hoy, mis lectores que vivan en España (o sea, la mayoría) estarán de vacaciones, disfrutando del último día de este fin de semana largo que consuela de la crisis y ayuda a remediar un poco la nostalgia del verano.


El el chiki chiki cauntri no hay fiesta que valga (la Nacional es dentro de un par de semanas) así que aquí estamos, atendiendo cada uno a nuestro juego, como Antón Pirulero.

Ayer, aposta, no hablé de la única noticia que a los medios austriacos parecía importarles: el primer aniversario de la muerte de Haider.

Como ya se preveía, sus correligionarios se concentraron en seguir chupando rueda del tirón popular del muerto, y escenificaron toda una serie de sentidos cuadros para convencer a quien se dejara de que, a despecho de lo que piense el resto del país, en Carintia, Haider era ayer el hermano perdido de cada hermana, el hijo ausente de cada madre y el malogrado cuñado de cada cuñada.

Tras inaugurar un monumento conmemorativo en el lugar en donde el destino le salió al encuentro (un Marterl, que se llama, con una imagen de San Cristóbal,nada más propio) la cabeza visible del BZÖ y nuestro amigo Petzner (más conocido como El Jarrón Chino, porque nadie sabe bien qué hacer con él) se personaron en el plató que la tele pública austriaca tiene en pleno centro de Viena para defender en un debate a cara de perro la memoria del difunto. Lo tuvieron chungo cubata, la verdad.

En el trozo que yo vi, una periodista de la revista alemana Spiegel les cantó las cuarenta en bastos y, con ese desparpajo que se gastan los piefkes cuando hablan de los nazismos ajenos la señora, pelo y sinhueso llameantes, dijo que ella había ido a aquel plató a hablar del lado oscuro de Haider. Y así, presentándolo como un Darth Vader ganado por el reverso tenebroso de La Fuerza se recochineó de la ideología del muerto diciendo de él que pertenecía “a la derecha populista” pero añadiéndole la venenosa coletilla “como ustedes la llaman aquí”.

Aquí la cabeza visible del BZÖ puso la misma cara de un patriarca bizantino enfrentado a una blasfemia nefanda y el lebensmensch enganchó los ojos semillorosos al techo del plató, como invocando la clemencia del semidiós en apoteósis en que sus seguidores han convertido a Haider durante estas trescientas sesenta y cinco jornadas transcurridas desde su fallecimiento. Gracias a su intercesión, la impía periodista alemana no pereció frita por un rayo y yo, harto de hipocresías prostibulares, decidí irme a la cama.

Lo cierto, sin embargo, es que la figura pública de Haider se ha demostrado inmune a la corrosión de toda la mierda (llamemos a las cosas por su nombre) que ha aflorado desde que murió. A sus seguidores les ha chupado un pie que se supiera que su ídolo había muerto borracho perdido, que su matrimonio fuera una farsa para tapar su homosexualidad y, estoy seguro de que, si se descubriera que Haider había robado el dinero del cepillo para la conversión de los niños filipinos, el cáliz y las vinajeras de la iglesia de su pueblo, se le seguiría recordándo como ese sonriente remedo del Sr. Spock vestido de trachten. Tal es la misteriosa materia de la que está hecha la memoria de los muertos.

El último y, en mi opinión, más bajo atentado contra la memoria del difunto ha sido la dizque exclusiva que publica el semanario alemán Bild en su último número. En el artículo, un tipo con pinta de ave nocturna deslumbrada por los faros de un coche dice haber mantenido una relación amorosa con Haider durante ocho años. Si es mentira, la verdad es que es una bajeza (sea cual sea la opinión que a uno le mereciese el muerto en vida que, en mi caso, creo que ha quedado clara). O sea: coleguita ¿Por qué has tardado un año en hablar? (al fin y al cabo, es el mismo sistema que el de El Junco: aquel gigoló aflamencado que intentó chantajear a la familia Flores con lo que Lola hacía con su bata de cola). Si es verdad, lo que está claro es que Haider tenía una gran habilidad para relacionarse con la gente menos adecuada.

El jefe del Partido Socialista Austriaco de Oberösterreich, Herr Erich Haider, perdedor en las elecciones de ayer

No está de moda ser socialista (en la Alta Austria)

28 de Septiembre.- Ayer, mientras yo me echaba unas risas en el Sportplatz de Stadlau viendo a unos tipos en falda tirando troncos de árboles (ver fotos en la cuenta de flickr) los ciudadanos de Oberösterreich –Alta Austria- y de Alemania se dedicaban a cumplir su deber cívico y a depositar su voto en la urna correspondiente.
No sucedió nada que no estuviera previsto: Angela Merkel “volvió a salir” (como decía mi abuela) y en la Alta Austria los socialistas se dieron la piña que se les auguraba. Los alemanes, ayer por la tarde, ya reconocieron la “amarga derrota” sufrida y anunciaron su intención de "dejarse la piel en el pellejo” (Mazagatos dixit) en una rectilínea labor de oposición. En Austria, a estas horas, los del partido socialista se lamen las heridas mientras que en el banquillo conservador hacen zapatetas.

Yo me enteré de todo esto anoche durante una sobremesa muy interesante en casa de un amigo que, con el celo que antaño desplegaban nuestros abuelos para seguir los resultados de los partidos de fútbol, consultaba su chisme electrónico al objeto de conocer cómo había votado la Alta Austria.

Naturalmente, cuando trascendieron los resultados, llegó la hora de hacer balance. Mi pregunta fue:

¿Por qué los socialistas austriacos llevan varias elecciones perdiendo terreno pese a haber sido el partido más votado en las últimas elecciones?

En la mesa, a la que se sentaban profesionales procedentes de diferentes sectores y de varias opciones políticas, la respuesta fue unánime: el Partido Socialista Austriaco está teniendo una política demasiado indecisa (fofa, vaya) con respecto a los extranjeros y a la cuestión de la inmigración. Digamos que ha quedado atrapado entre dos fuegos: entre la posición de los verdes, partido que ha hecho de la defensa de cierta idea de la integración una bandera (hacen ostentación, por ejemplo, de presentar a candidatos de raíces turcas a casi todas las elecciones y su líder, Frau Vassiliakou, es ella misma de ascendencia austro-griega) y la posición conservadora (la moderada de los Populares Austriacos y la extrema de los chicos de Strache) que propugna controles más severos con relación a los extranjeros y medidas que garanticen que no se admita más que a aquellos que la sociedad austriaca pueda absorver.

(Una precisión semántica: cuando digo extranjeros, me refiero a turcos y paisanos de ese totum revolutum que los austriacos consideran a la antigua Europa comunista).

La política, en esta revuelta del siglo XXI, se ha convertido en una cuestión de clases medias que, al fin y al cabo, son las que pagan la fiesta (véanse si no las últimas medidas tributarias del apurado Gobierno español). Y las austriacas son las que están sufriendo lo que consideran un sindiós migratorio. Como me explicaban los tertuliantes ayer por la tarde con varios ejemplos sacados de la realidad austriaca de todos los días: si una familia media quiere que sus hijos vayan a un colegio pasable (y aquí la educación es importante, como saben mis lectores) tiene que desembolsar una cantidad de dinero que resulta cada vez más gravosa para la economía doméstica. De lo contrario, los hijos se arriesgan a terminar en una escuela pública en la que, con más probabilidad que menos, se encontrará en clases con un cincuenta por ciento de niños cuyos padres no han nacido en Austria. La mayoría de estos chicos no hablan alemán correctamente y lastran a sus compañeros, con el consiguiente deterioro del rendimiento académico. Por otra parte, aquellos austriacos que ejercen profesiones de cualificación media (por ejemplo trabajadores sanitarios que ejercen la atención a domicilio) están viendo cómo, desde que el mercado de trabajo austriaco se abrió a los países del este (aunque todavía no esté abierto del todo), hay multitud de checos, polacos y demás (ese  Totum Revolutum del que hablaba antes, que los austriacos temen tanto) que están ocupando a precios mucho más baratos los mismos puestos de trabajo.

Por último, dijo uno:



-En mi empresa, por ejemplo, los que se ocupan del mantenimiento son dos albaneses y los que limpian las ventanas, dos turcos.



Y todos se encogieron de hombros.

Toda esa masa descontenta, que pide controles más severos, pruebas de idiomas, contratos cívicos, periodos de prueba, deportaciones en caso de comisión de delitos, son los votantes que se fugan del partido socialista y que se inclinan por opciones más conservadoras.


NOTA: Para aquellos que accedeis al blog por RSS y Feeds: estoy organizando el tercer aniversario de Viena Directo. Si os pasáis por la página, veréis en qué estoy pensando exactamente ... :-)

Como el lector verá, estas cosas también pasan en Austria y forman parte de los sacrificios que han de hacer "los que mandatan"

El Afoto (*)

(*)Este post debió publicarse ayer, pero otros deberes me lo impidieron. Allá va

25 Septiembre.- Un simpático lector, cuyo nombre mantendremos en el economato, me pide que comente la noticia del día en España (o, por lo menos, la noticia a la que los medios han prestado mayor atención).
Como soy débil, no he sabido negarme, a pesar de que la noticia en cuestión, en principio, tiene poco que ver con la temática de este blog; aunque sí con algunas de las cuestiones que, durante estos casi tres años, he tratado de vez en cuando. He aquí los hechos:

Durante un viaje oficial a los Estados Unidos con motivo de la cumbre del G-20, el presidente del Gobierno español, Sr. D. Jose Luis Rodríguez Zapatero y su esposa, Sra.Da Sonsoles Espinosa, acudieron, parece ser que a título personal, a una representación en el Metropolitan Opera Hause, en donde coincidieron con el matrimonio Obama.

Parece ser también que, como el presidente español es hombre abierto y simpático, que en todo caso admira al presidente del Gobierno americano, se las arregló para comunicarle (por señas: no habla inglés) que era su deseo y el de su mujer hacerse una foto de grupo para que quedase testimonio gráfico de la concordia que reina entre los mandatarios de ambas naciones (y sus santas).

Hasta aquí, todo normal.

Pero es que a la imagen también se unieron las hijas del matrimonio Zapatero-Espinosa, de 13 y 16 primaveras.

La foto fue realizada por un profesional de la Agencia EFE que, con la inmediatez que caracteriza a los tiempos de internet, remitió la fotografía a sus jefes (que se frotaron las manos). En esto que la agencia española recibió un telefonazo procedente de las alturas para que se impidese la difusión a los medios de la instantánea; porque es bien sabido que, tanto el Sr. Zapatero como su esposa han intentado desde siempre mantener a sus hijas alejadas del torbellino mediático en el que ellos, por causa del trabajo del cabeza de familia, no tienen más remedio que vivir.

La difusión de la foto se paró lo antes posible pero (Ay, que diría Antonio Gala) la influencia del gabinete de prensa de Moncloa no llega hasta la web americana que publicó la foto en origen, y de ahí ha saltado a los medios españoles que, cumpliendo la ley, han publicado la instantánea con las caras de las niñas distorsionadas (aunque de una de ellas se puede decir sin temor a equivocarse que tiene una sonrisa –califíquela cada uno como quiera- clavadita a la de su padre).

Lo que ha causado la polémica (y los malintencionados y crueles comentarios) de los periodistas y del pueblo soberano, ha sido la indumentaria que lucían las hijas del matrimonio presidencial español.

Las dos chicas acudieron al Metropolitan vestidas de negro al gótico modo y con botorros militares (no quiero que se vea en este aumentativo ningún ánimo despreciativo: es una descripción gráfica). Esta coartada ha servido para que, los que antesdeayer se hacían lenguas de lo bien que le sentaba el pareo playero a la señora de Aznar o de lo fina que posaba su hija con la cara de becerrilla feliz que se te pone cuando tienes un marido con varios miles de millones en el banco, hayan atacado ferozmente la elección (valiente, audaz, poco ortodoxa, para qué que negarlo) de las hijas de Jose Luis Rodríguez Zapatero.

Dejando aparte que es bastante sucio (y dudosamente ético) atacar al santo por la peana y cebarse con Zapatero a través de sus hijas; esta foto plantea otras preguntas de más calado como por ejemplo: de la imagen se deduce que tanto Zapatero como Espinosa han inculcado a sus hijas un espartano concepto de la estética, un desprecio por todas las convenciones burguesas (¿A la ópera? ¿Por qué hay que arreglarse para ir a la Ópera?), un personal concepto de la expresión corporal, y un aprecio por los valores interiores de las personas muy acorde con la ideología progresista que (teóricamente) profesan.

Pero, ¿Esas niñas no estudian? ¿Pueden permitirse hacer una semana de pellas porque sus padres vayan a NY? Yo no podía ¿Ha de deducirse de ello que su padre, de forma muy consecuente por otra parte, siente el mismo aprecio por el porvenir académico de sus hijas que el que parece sentir por el del resto de los chiquillos españoles? ¿Piensa que por ser quien son podrán dedicarse sin problemas en el futuro a las profesiones más populares entre la juventú modelna? (a saber: concursante de Gran Hermano o Tertuliana en un programa de higadillos/corazón).

En Austria, país que brilla, como saben mis lectores, por el respeto a la vida privada, trascendió hace meses una foto de la hija del canciller Gussembauer en la que posaba con cara de tocinilla inocente y se supo también que, a pesar de que su padre ocupaba el segundo puesto de trabajo más cotizado de la República Austriaca, ella no es que brillase en las aulas precisamente (que estuviera gordita escandalizó menos que esto). Ipsofactamente, se le aplicó un severo programa de reeducación para dejarla a) como una sílfide y b) para que recuperase las asignaturas suspensas.

¿Sufrirán la misma terapia de choque las hijas de Zapatero? ¿Marcarán una tendencia? ¿Impondrán el negro, las pulseras de cuero y los botorros en los acontecimientos operísticos? ¿Se relajará el serio mundo del protocolo? Una nueva era se ha abierto.

Jörg Haider en sus últimos tiempos (he cambiado la ilustración de este post porque me ha parecido feo hablar mal de un muerto). En fin.

Todo es posible en Carintia

24 de Septiembre.- 11 de Octubre de 2008. Exterior. Noche. Zona de copas pija situada en una zona semiboscosa de algún lugar de Austria. Un famoso político, que acaba de protagonizar un regreso triunfal a la política nacional, mantiene una acalorada discusión con su lebensmensch (o viceversa). Suenan de fondo, en sordina, las frecuencias más graves de un tema de DJ Ötzi con un estribillo machacón (pongamos que hablo de Ein Stern dr Deine Namen Trägt). Bajo la fosca luz de las farolas, los dos hombres tienen una conversación de la que no hay testigos. Dicha conversación sube de tono hasta que el político se cisca en todo lo que verdeguea y se va a grandes zancadas hacia su coche –una berlina del tamaño de un transatlántico- aparcado en las cercanías. El lebensmensch, contrito, abre la puerta del local más próximo dispuesto a ahogar sus penas al estilo Piquer (ante una copa de aguardiente/ de mostrador en mostrador).
Lo que no puede ver es que, en una zona de sombra, dos tipos fornidos, malencarados, con gafas de sol a pesar de la oscuridad reinante y con las manos protegidas por guantes de suave piel de becerro, están esperando al político. Cuando el hombre está abriendo la puerta del conductor, lo agarran por la espalda, lo silencian, lo inmovilizan y le vacían en las entrañas un litro de vodka de garrafón (no está la cosa para tirar). Poco a poco, el alcohol entra en la sangre del político que, primero, entra en visión túnel y después, se dirige hacia la muerte en un estado parecido al que nos acomete en nuestros sueños más turbios. Los dos hombres con gafas de sol tiran al guiñapo en el asiento trasero de la berlina, sacan el coche del aparcamiento haciendo gemir los neumáticos, conducen unas cuantas decenas de kilómetros por carreteras secundarias y luego lo preparan todo cuidadosamente: lanzan el vehículo a toda velocidad en una curva que, si se toma recta, conduce directamente a una pared de hormigón que garantiza un pasaje sin vuelta a la teoría conspiranoica más delirante.

A primeras horas de la mañana, alguien despierta al lebensmensch con la noticia más amarga de su vida. Resacoso, haciendo todo lo posible por contener el llanto aparece al mediodía dando la noticia de que Jörg Haider ha muerto en un accidente de coche.

Esta es la versión que, hasta hoy, sostenía, extraoficialmente, la familia del malogrado político, así como un par de escritorzuelos que han parido sendas biografías en las que se aseguraba que la muerte de Haider se había producido debido a un complot político. Sin embargo, la revista News, que sale hoy, ha publicado el informe de la autopsia de Jörg Haider (una información, en principio, confidencial) pero que no deja lugar a dudas sobre las causas de la muerte y no deja tampoco ningún tipo de espacio a ninguna teoría extraña (aunque, como con la Sábana Santa de Turín o los polvos interestelares de los que hablaba antes de ayer, seguirá habiendo gentes inasequibles al desaliento que compensen con imaginación lo que la realidad les niega). Parece ser que, según las pruebas médicas practicadas al occiso –gracias, Teo-, el político había estado pimplando durante todo el día y tenía alcohol en la sangre, en el estómago y en el cerebro en unas tasas que hubieran bastado para tumbar a un cachalote. O sea que, como se dice llanamente en lengua vernácula, el pobre estaba vollkommen besoffen.

La familia, lógicamente, ha reaccionado con la indignación esperable. Es poco probable, sin embargo que en Carintia, feudo político del difuntiño, cambie algo de lo que ya se ha convertido en el negocio más lucrativo desde que los arruinados herederos de Elvis decidieron convertir Graceland en un museo. Por lo pronto, y coincidiendo con el primer aniversario de la piña automovilística de Haider, el lugar del accidente va a ser acondicionado para que los admiradores del muerto puedan dejar sus muestras de condolencia (una especie de Celtiberia Show, pero en Austria). Gracias a donaciones privadas se van a construir tres plazas de aparcamiento y un monumento permanente. Se habla también de construir una casa museo en la que se conservarán reliquias del muerto. Todo es posible en Carintia.

Imagine el lector español lo que hubiera pasado si Cecilia o Nino Bravo hubieran nacido en ese bonito (aunque friki) rincón de Austria.





Mundo, demonio y carne
23 de Mayo.- La cultura austriaca es cíclica. Está en el alma aborígen el encontrar la paz en la repetición de ciertos ritos anuales. En Austria cobra todo su sentido ese verso en el que Shakespeare compara el año con el hilo en que están ensartadas las efemérides, como las perlas de un collar. Las fiestas temáticas (Navidad, el carnaval, la pascua), los pomposos bailes y también, por qué no, las manifestaciones.
Todos los años, por mayo, cuando hace la calor, los trigos encañan y están los prados en flor, se manifiestan los defensores de los derechos de los animales. Son una tropa de unas doscientas personas, soldados de una causa perdida en este mundo que devora sin pudor jugosos filetes o sabrosos huevos fritos con patatas. sin reparar en que existen sucedáneos para casi todo a base de soja. Unos sucedáneos cuyo consumo resulta más ético, qué duda cabe, pero que traen al alma esa ñoñería que caracteriza algunas buenas acciones y al pop que se hace en el País Vasco.
Los doscientos manifestantes, nunca los mismos, recorren todos los años parte de la Mariahilferstrasse con cara de pocos amigos, gritando sus consigas contra el holocausto animal. La policía avanza con ellos. Los agentes rodean a los pobres punkies, a los apergaminados veganos que tienen la fuerza justa para levantar una hoja de lechuga, como si fueran peligrosos delincuentes cuya sola visión bastase para subvertir el Orden Establecido.
Los transeúntes contemplan la movida con bastante sopresa y, por lo que uno ve, sin sentirse ni remotamente culpables de haberse comido una salchicha o de tener en sus armarios lujosas prendas de cuero.
Al ver las caras de molesta sorpresa de los viandantes uno se da cuenta también de que, aparte de cíclica, la cultura austriaca está encantada con lo predecible. Las caras de la gente son un puro signo de interrogación: ¿Quiénes son estos? Por Dios ¿Por qué no se callan?¿Es que no se pueden reivindicar las cosas pidiéndolas por favor? ¡Y qué pintas!
Los punkarrillas, los perroflautas, la famélica legión, en suma, se sienten rebeldes, apoyan todas las causas, abominan de todos los capitalismos. Aunque luego, eso sí, compran las botas de punta de acero de una marca X y, si la cosa se pone fea, no desdeñan la ayuda de mamá (entiéndase mamá por su progenitora o por los servicios sociales del odiado Estado burgués).
Las doscientas personas que claman contra la incesante matanza de reses son muy jóvenes. Ninguna (creo) en edad laboral.Mi cabeza también bulle de preguntas ¿En qué momento uno es capaz de sobreponerse al shock de comprender que todo es mentira? ¿A qué edad se mira uno al espejo, se ve las rastas y los pelos de colores, y se siente uno disfrazado de algo que no es? ¿Qué es lo que desencadena el desencanto? Uno busca en su memoria y, como nunca fue así (nació curado de todos los espantos) no encuenra nada. Ningún clic. Ninguna semejanza. Las utopías se emborronan, se confunden. Pasados los años, saben amargas en la boca.
Cuando los activistas doblan la esquina de la Neubaugasse, vuelve a adueñarse del espacio un denso silencio comercial. Las gentes vuelven a sus tranquilas conversaciones sabatinas. Dentro de la manifestación quizá alguno, más inteligente que el resto, empiece a verse desde fuera. De pronto, quizá, a pesar del adoctrinamiento, le entren unas ganas invencibles de zamparse un Big Mac.
La marcha del movimiento ciudadano "Moschee-Ade" (foto: www.kurier.at)
Singers in the morning

14 de Mayo.- Dice el viejo refrán que la inteligencia humana tiene sus límites pero que la tontería, desafortunadamente, no los conoce.
Mientras escribo, se desarrrolla bajo la lluvia la concentración organizada por los palmeros de Strache contra la construcción del centro cultural de Brigittenau en la Dammstrasse.
Según informa el Österreich (ese gran periódico) lo que sus detractores llaman mezquita es en realidad una ampliación de los ya preexistentes locales de la asociación Atib, que en alemán se llama Türkisch-Islamische Union für Kulturelle und Sozialle Zusammenarbeit.
Se prevé (y se teme) la asistencia a la marcha de cientos de militantes neonazis que forman la guardia de corps de Haienz Christian Strache, ese político al que votan las masas indocumentadas porque les ofrece pan, amor y fantasias arias de ayer y hoy.
Curiosamente, por ley, la exhibición de símbolos nacionalsocialistas o la predicación de su sangriento evangelio están prohibidos en Austria desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, la ideología de los eslóganes del FPÖ es claramente xenófoba, y nadie hace nada (desde el Estado, se entiende) para poner coto a esta vergüenza.
Dichos eslóganes, que empapelan las calles de toda Austria son primitivos ( a juego con el escaso mobiliario del caletre de los adeptos) y están basados en dicotomías de fácil digestión como por ejemplo “Christenland vs Abendland” (algo así como “Europa Cristiana en vez de Europa Occidental”) en donde la segunda parte siempre es el enemigo a batir.
El modelo de Strache es la agit-prop hitleriana despojada de toda la parafernalia militar. Una mezcla de diseño pop, presunta preocupación por los trabajadores y agresiva simpatía profident.
Contenido ideológico profundo: cero.
La utopía de estos ultras posmodernos es, obviamente, irrealizable en un mundo globalizado y está condenada, como todos los sistemas totalitarios, al fracaso . Pero siempre hay masas cerriles dispuestas a creer en la promesa de los duros a cuatro pesetas y en los móviles cuyos algoritmos pueden burlar a los pérfidos satélites americanos. La ideología de Strache, lo mismo que la de sus parientes iberoamericanos que dicen colocarse en sus antípodas, ofrece un mundo seguro y regulado, una panoplia de enemigos reconocibles y, lo que es más importante para su público, en su mayoría gente expulsada precipitadamente del sistema educativo, una comunidad a la que pertenecer. Zusammen ist man weniger allein, que decía aquel (Junto se está menos solo).
El pasado fin de semana, un grupo de estos jóvenes cuya única ideología es el bate en alto, lanzaron ataques verbales a unos pobres supervivientes del campo de exterminio de Auschwitz. Intentaban atacar la memoria viva del intento hitleriano de construir un mundo artificial, enloquecido y, bajo su aparente rigidez, anárquico y violento.
La serpiente pone sus huevos una vez cada generación, pero somos todos los que ayudamos a que nazcan las crías; dando la democracia por supuesta, alentando la existencia de políticos perezosos, bobos o inútiles, dejando languidecer el sistema educativo impidiendo que nuestros jóvenes desarrollen el espíritu crítico suficiente como para discernir la estafa en los cuentos de cualquier cantamañanas.
El matrimonio presidencial francés a su llegada al aeropuerto madrileño de Barajas
Carla la muda y otros cuentos

27 de Abril.- (Un largo paréntesis: ayer estuve viendo en las noticias de TVE(i) un reportaje sobre la visita de estado a madrid del presidente francés, M. Nicolas Sarkozy y su esposa. No me pude reir más. Lo que los medios llaman la elegancia de Carla Bruni no es más, en mi opinión, que una cursilería espantosa ¡Qué manera de colocarse las manos delante del regazo! ¡Cómo anda con el culillo sacao! Es lo más artificial del mundo. Porque señores, hay posturas, miradas, expresiones, que sólo se aguantan en una foto fija para Vogue. En la “vida real” resultan de lo más cursi. La elegancia, si es algo, es naturalidad.
Por otra parte, el hecho de vestir diseños de Dior no convierte a una mujer a la secreta religión de la elegancia. Está claro que tiene que hacerlo –vestirlos- porque el primer deber de la primera dama de Francia es el de promocionar la industria textil local; pero yo estoy seguro de que si en Mme. Sarkozy queda un átomo de auténtica distinción -y no hay que dudarlo-, debe de estar retorciéndose al verse fotografiada con esas galas de nueva rica de provincias.
Mientras me despepitaba con el arrobado aire de la Bruni ante Las Meninas de Velazquez –se ha operado tanto que el aire arrobado consiste en ella en entrecerrar un poco los ojillos- y escuchaba con incredulidad que el matrimonio presidencial francés había visitado el Prado en el increible lapso de media hora (!) me vino a la cabeza que Mme. Sarkozy es una de esas famosas sin voz.
Me rebatirá algún lector astuto que Carla Bruni canta, y yo le responderé que fuera del espacio brillante de un compacto yo no la he oido decir esta boca es mía. Ahora bien: suele suceder con este tipo de damas de alta cuna y de baja cama que, en cuanto hablan, es para que suba el pan.
Ahí está, sin más que cruzar el Canal de la Mancha, el caso de Lady Diana Spencer, princesa difunta de Gales. Una chica alta y también muda, que tenía más o menos el mismo repertorio gestual que Bruni ha exhibido en Madrid. A saber: sonrisa desmayada, mirada directa, mirada seria y, para casos de emergencia, ojos húmedos fijos en el techo. Todo combinado con sendas poses sentadas de piernas en diagonal con rodillas juntas o carterita camuflando la postura protectora de las manos cruzadas sobre el regazo. Combínese como se quiera et voilá!
Como Bruni, Lady Diana también emitía mensajes controlados. Fueron años leyendo con átona voz escolar discursos que alguien le escribía. Hasta que decidió hablar con su voz y proporcionarle titulares a los medios. Aquello tan bonito de “en mi matrimonio éramos tres”, ya se sabe.
Para que no se me acuse de machista, incluiré también en esta lista a otra criatura muda de sexo masculino esta vez: Mario Conde. Antes de su caida, ¿Había escuchado antes la voz del chico de oro? Él era también esa foto fija, ese rostro pétreo, esa peculiar contracción de mandíbula, esa mirada anclada a un punto de fuga más allá de las cabezas del público. Y aún después, la cárcel, la mochila de la libertad condicional, el cuello abierto y descorbatado de los campeones caidos en desgracia. Todo en silencio. Un sombra fugitiva recorriendo los escenarios de una vida. El despacho o la cárcel.
Últimamente, Mario Conde va a televisión a hablar de su revolución interior. Lee poesías. Comenta textos religiosos ¿Será que el poder está rodeado, por definición, de silencio?
Se cierra paréntesis.)