4 de Abril.- Hasta el viernes pasado, Paul Verhoeven era para mí, como supongo que para la mayoría de mis lectores, el cineasta holandés que pasará a la historia del cine por haber demostrado, con un famoso plano de Instinto Básico, que Sharon Stone es rubia natural.
Mostrando entradas con la etiqueta misterios por resolver. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta misterios por resolver. Mostrar todas las entradas
Magda Goebbels con sus hijos (amárrame esos pavos)
No somos nadie
4 de Octubre.- Estos días, los ancianos (presuntos y en carne amojamada) han sido noticia en Austria.
Por lo pronto, el otro día, tras su dimisión motivada por la debacle electoral, al presidente de los socialistas de Oberösterreich le echaban en cara en el telediario que sólo le habían votado los viejos.
El pobre señor (al Zeit Im Bild se va a sufrir, principalmente) ponía cara de estar pasando por un amargo trance intestinal. No sólo se había tenido que comer el marrón de perder las elecciones y quedarse al nivel del FPÖ (Strache, para mis lectores de fuera de Austria) sino que, además, le acusaban de que los votos que había conseguido eran votos de segunda por venir de la tercera edad.
Hay que decir que el señor, curiosamente llamado Haider, salió de la cosa con bastante elegancia diciendo que los ancianos, aunque algo deteriorados por el baqueteo de la vida, son unos votantes tan buenos como los otros.
-Si no, fíjese usted en Udo Jürdgens. Que ha cumplido 75 –antes de ayer como quien dice- y sigue por esos escenarios cantando lo de que nunca ha estado en Nueva York.
Tras esto, la presentadora del telediario pasó a preguntarle a Herr Haider qué le parecía que, desde su morrón/marrón electoral, su partido hubiera endurecido considerablemente su posición política en relación a la inmigración.
(Aquí, Herr Haider puso esa cara de posmireusté que ponía Aznar cuando cogía carrerilla para dar algún argumento que ni él se creía). Suspiró y, como era previsible, repuso:
-Posmireusté: mi partido no ha endurecido su posición. Es la de antes –y luego, como más por lo bajinis, añadió: nuestra política no se ha hecho más dura, se ha racionalizado.
Ejem.
Otro anciano austriaco que ha sido noticia por algo mucho menos agradable que lo de Herr Jürdgens ha sido Peter Alexander. El pobre fue ingresado de urgencia debido a una deshidratación severa. El pobre Alexander, huérfano de su hija (que se mató en mayo en Tailandia, en un accidente de coche) y viudo de su señora, languidece en unas condiciones algo penosas. Aunque una enfermera se ocupa de él (no muy bien, porque le dejó deshidratarse) y, según la prensa, sus vecinos, como a Chus Lampreave en Volver, le traigan una barra de pan todos los días, parece ser que la soledad está pudiendo con él.
Hacemos votos por su recuperación, ponemos cero al cociente y pasamos al anciano siguiente:
Otro viejo que ha sido noticia estos días ha sido el paisano más (tristemente) famoso de Braunau: el tito Adolfo; más conocido en el mundo como Adolf Hitler.
Los que creen que el salzburgués sobrevivió a la claustrofobia del búnker de Berlín y jugó un torneo de mus con Elvis en alguna isla perdida del Pacífico, están de enhorabuena. Según un equipo de biólogos reclutado por el History Channel, el cachito de hueso que hasta ayer se suponía el único remanente de tan satánico personaje ha resultado pertenecer a una mujer (¿Eva Braun? Los científicos no pueden asegurarlo, ya que Frau Braun, o Frau Hitler en el momento de morir, no tuvo descendencia y las esquirlas de hueso conservadas en Moscú están aún más baqueteadas que los votantes de Herr Haider).
Gracias a esta noticia salen a la luz pública algunos datos curiosos. Por ejemplo que, en un recóndito archivo moscovita –sin duda con un parecido a aquel almacén en donde se guardaba el arca perdida - se conservan diversas reliquias del régimen nacionalsocialista que, seguramente, alcanzarían un precio muy apañado en Sotheby´s o en E-Bay en el caso de que Putin anduviera corto de fondos. Por ejemplo, el sofá en donde Hitler y su fugaz esposa se quitaron la vida. Sin embargo, en los sesenta, y con muy buen sentido, los jerarcas del Polit Buró ordenaron incinerar y después esparcir lo que había quedado de Goebbels y su mujer Magda –la que se cepilló a sus siete hijos para que no conocieran un mundo sin nazis. Amárrame esos pavos, que diría mi Rosa Belmonte-. No somos nadie.
Etiquetas:
misterios por resolver,
mundo singular,
Obituarios
Jörg Haider en sus últimos tiempos (he cambiado la ilustración de este post porque me ha parecido feo hablar mal de un muerto). En fin.
Todo es posible en Carintia
24 de Septiembre.- 11 de Octubre de 2008. Exterior. Noche. Zona de copas pija situada en una zona semiboscosa de algún lugar de Austria. Un famoso político, que acaba de protagonizar un regreso triunfal a la política nacional, mantiene una acalorada discusión con su lebensmensch (o viceversa). Suenan de fondo, en sordina, las frecuencias más graves de un tema de DJ Ötzi con un estribillo machacón (pongamos que hablo de Ein Stern dr Deine Namen Trägt). Bajo la fosca luz de las farolas, los dos hombres tienen una conversación de la que no hay testigos. Dicha conversación sube de tono hasta que el político se cisca en todo lo que verdeguea y se va a grandes zancadas hacia su coche –una berlina del tamaño de un transatlántico- aparcado en las cercanías. El lebensmensch, contrito, abre la puerta del local más próximo dispuesto a ahogar sus penas al estilo Piquer (ante una copa de aguardiente/ de mostrador en mostrador).
Lo que no puede ver es que, en una zona de sombra, dos tipos fornidos, malencarados, con gafas de sol a pesar de la oscuridad reinante y con las manos protegidas por guantes de suave piel de becerro, están esperando al político. Cuando el hombre está abriendo la puerta del conductor, lo agarran por la espalda, lo silencian, lo inmovilizan y le vacían en las entrañas un litro de vodka de garrafón (no está la cosa para tirar). Poco a poco, el alcohol entra en la sangre del político que, primero, entra en visión túnel y después, se dirige hacia la muerte en un estado parecido al que nos acomete en nuestros sueños más turbios. Los dos hombres con gafas de sol tiran al guiñapo en el asiento trasero de la berlina, sacan el coche del aparcamiento haciendo gemir los neumáticos, conducen unas cuantas decenas de kilómetros por carreteras secundarias y luego lo preparan todo cuidadosamente: lanzan el vehículo a toda velocidad en una curva que, si se toma recta, conduce directamente a una pared de hormigón que garantiza un pasaje sin vuelta a la teoría conspiranoica más delirante.
A primeras horas de la mañana, alguien despierta al lebensmensch con la noticia más amarga de su vida. Resacoso, haciendo todo lo posible por contener el llanto aparece al mediodía dando la noticia de que Jörg Haider ha muerto en un accidente de coche.
Esta es la versión que, hasta hoy, sostenía, extraoficialmente, la familia del malogrado político, así como un par de escritorzuelos que han parido sendas biografías en las que se aseguraba que la muerte de Haider se había producido debido a un complot político. Sin embargo, la revista News, que sale hoy, ha publicado el informe de la autopsia de Jörg Haider (una información, en principio, confidencial) pero que no deja lugar a dudas sobre las causas de la muerte y no deja tampoco ningún tipo de espacio a ninguna teoría extraña (aunque, como con la Sábana Santa de Turín o los polvos interestelares de los que hablaba antes de ayer, seguirá habiendo gentes inasequibles al desaliento que compensen con imaginación lo que la realidad les niega). Parece ser que, según las pruebas médicas practicadas al occiso –gracias, Teo-, el político había estado pimplando durante todo el día y tenía alcohol en la sangre, en el estómago y en el cerebro en unas tasas que hubieran bastado para tumbar a un cachalote. O sea que, como se dice llanamente en lengua vernácula, el pobre estaba vollkommen besoffen.
La familia, lógicamente, ha reaccionado con la indignación esperable. Es poco probable, sin embargo que en Carintia, feudo político del difuntiño, cambie algo de lo que ya se ha convertido en el negocio más lucrativo desde que los arruinados herederos de Elvis decidieron convertir Graceland en un museo. Por lo pronto, y coincidiendo con el primer aniversario de la piña automovilística de Haider, el lugar del accidente va a ser acondicionado para que los admiradores del muerto puedan dejar sus muestras de condolencia (una especie de Celtiberia Show, pero en Austria). Gracias a donaciones privadas se van a construir tres plazas de aparcamiento y un monumento permanente. Se habla también de construir una casa museo en la que se conservarán reliquias del muerto. Todo es posible en Carintia.
Imagine el lector español lo que hubiera pasado si Cecilia o Nino Bravo hubieran nacido en ese bonito (aunque friki) rincón de Austria.
Etiquetas:
japi miusic,
misterios por resolver,
Obituarios,
Politica
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

