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Señores, el pescado está vendido

El actor Ron Perlman caracterizado como Salvatore en El Nombre de la Rosa

23 de Abril.- ¡Penitenciagite! Decía un personaje de El Nombre de la Rosa. Penitenciagite que el fin del mundo está cerca. Hale, hale, ya pueden mis lectores ir sacando el cilicio y el flagelo para atizarse en el nalgatorio porque, si hay que hacerle caso a los periódicos austriacos (ala salvaje) nos quedan en este planeta cruel dos telediarios.

Antológica la foto que ponía el Österreich en páginas interiores ayer. Una vista aérea del volcán islandés al que le ha dado por despertar. Con sus tres cráteres, alineados como la máscara de Scary Movie y un titular que debería estar en todas las escuelas de periodismo (putrefacto): ¿Es esta la cara del fin del mundo?

En el cuerpo de la noticia, el Österreich daba espacio a todas estas personas a las que nadie escucha, a los sabios de lo paranormal, a los profetas. Ellos quizá sean los únicos que tengan la clave de los males que están afligiendo a la sociedad occidental desde hace algunos años. No sólo se citaba la irremediable cuarteta de Nostradamus que indicaba, con fidelidad asombrosa, la fecha de la erupción de un volcán cercano al círculo polar; sino que una astróloga comentaba la impajaritable influencia de los planetas conjuntados en el ceniciento desastre que flagela a la aviación europea. Además, otros colgad...Digo, sabios de lo oculto, explicaban que el volcán islandés que trae a los pilotos por la calle de la amargura era, en realidad,un lugar de aterrizaje de extraterrestres. También se aventuraba que la nube de cenizas se ha debido a un experimento fallido con un superarma secreta. Quién da más.

Así pues, penitenciagite.

A la que sin duda le va a tocar afrontar estas prácticas expiatorias es a Barbara Rosenkranz. El semanario Profil, que no puede ni verla (a la pobre, ¿Por qué será?) ha aprovechado que hoy es el último día de campaña electoral para la presidencia austriaca y ha publicado en su saloncito de youtube un video en que se ve inequívocamente a Frau Rosenkranz.

El clip fue grabado en 2008 y muestra a la “valiente madre de diez hijos” cantando un himno de las SS. Se dirá la pobre Rosenkranz que ya le había podido por cantar algo más animado. La Chatunga, de Luis Aguilé, un poner.

La aguerrida madre de diez criaturas ya tuvo que enfrentarse a las insidias de sus detractores cuando, en un programa de televisión parecido al formato “Tengo una pregunta para usted”, un mocoso le preguntó si sabía inglés. Yo, desafortunadamente, me perdí este momentazo de las ondas herzianas transalpinas, pero aseguran los que lo vieron que a la Sra. Rosenkranz una color se le iba y otra se le venía; y que, hablando inglés parece (aún más) una feroz guardiana de Auswitz escapada de una película de hebreos aperreados por la solución final.

Lo dicho: penitenciagite.

Viernes de ceniza

Los aviones en el aeropuerto de Schwechat esperando a que amaine el temporal (foto:www.kurier.at)

16 de Abril.- Eramos pocos y la abuela decidió aumentar la tasa de natalidad. Según informa la radio austríaca, los principales aeropuertos del país están cerrados debido a la densa nieve de cenizas y polvo que se desplaza lentamente hacia el sur, procedente de un volcán islandés.


Y no sólo eso: debido a la densidad de la nube y a sus proporciones varios miles de pasajeros han tenido ocasión de ciscarse en la conocida feracidad de la actividad volcánica islandesa . Entre ellos su Majestad y su Majestada, que acudían pizpiretos a celebrar el septuagésimo cumpleaños de la reina Margarita de Dinamarca (la pobre) y se han quedado en tierra.


También se piensa que la nube podría deslucir los actos del funeral por los políticos polacos fallecidos en Smolensk, porque ni Barack Obama ni otros jefes de Estado podrían desplazarse hasta Varsovia.


(Parece que la cosa va para largo y que el aeropuerto de Viena estará cerrado, por lo menos, hasta el domingo).


Para colmo de males, un científico de la Universidad de Viena, en declaraciones a la ORF  ,ha expuesto la posibilidad de que, debido a la inoportuna eyección de materiales realizada por el volcán islandés, durante varios años el tiempo pueda ser más nublado, más frío y más húmedo.


Y no sería la primera vez. De estos enfriamientos, nublados y churrascos tormentosos hay precedentes. Y no me refiero a la extinción de los dinosaurios o a la llamada “pequeña edad de hielo” del siglo XVII. Sino a la erupción del volcán filipino Pinatubo a principios de los noventa. La polvareda que lanzó a la atmósfera hizo que las temperaturas bajasen medio grado a nivel mundial. Pero claro: como estas cosas siempre pasan fuera de Europa, tierra de infieles, carne de telediario, pues los ciudadanos de la Unión no habíamos tenido tiempo de percatamos.


Mientras la presentadora del telediario de máxima audiencia contaba esto, a todas las señoras que hacían calceta en sus casas les han empezado a temblar las prótesis de menisco. Sin embargo, la presentadora se ha encargado de tranqulizarlas ¿Hay que tener miedo? No. Las cenizas del volcán sobrevolarán Europa sin que se note y sin que representen ningún peligro. Es más, probablemente no nos hubiéramos enterado de no haberse suspendido el tráfico aéreo. Eso sí: Islandia está hecha una porquería. Como cuando, en España, entra aire procedente del Sáhara y llueve la famosa Kalima, que es un maná (nunca mejor dicho) para los lavaderos de coches.


Debido al cierre de los aeropuertos, las estaciones de tren se han visto asaltadas por un auténtico ejército de pasajeros que buscan como sea una manera de hacer por tierra el camino que no pueden hacer por aire. Como Willis Fogges redivivos que buscasen el camino de vuelta al Reform Club, se agolpan ante las taquillas y se acuerdan de la profesión de la madre de los pobres funcionarios de los ferrocarriles austriacos, que no tienen culpa de que a la Madre Naturaleza, desde que ha empezado el año, se le haya terminado el instinto maternal y se esté comportando como la bruja de Blancanieves.


La ORF ha mostrado a todos los turistas americanos que habían acudido desde America the beautiful para hacer el consabido tour de Sonrisas y Lágrimas, más cabreados que indios porque el fin del mundo había pillado a la ÖBB completamente en bragas (cosa rara, aunque qué esperaban, que apareciese Will Smith montado en un monstruo verde y desbloquease el tráfico aéreo or what). En fin.


FUcking

Una simpática turista de las muchas que se dejan fotografiar junto al cartelito de Fucking

1 de Abril.- Parece cosa de los Santos Inocentes, que son hoy en Austria, por cierto. Pero en la Alta Austria, cerca de Braunau am Inn, existe un lugarejo que se llama Fucking. Se trata de una aldehuela pequeña y tranquila (en 2001 tenía 91 habitantes). Se tiene constancia de su existencia desde 1070 y en su origen, probablemente, fue un asentamiento humano que correspondería al clan de alguien llamado Focko.

Los habitantes de esta idílica zona austriaca deben de pensar, los pobres, que tienen la negra. No sólo son paisanos del tito Adolf –en algún lugar tenía que nacer, y eligió Braunau- sino que desde que su pueblo salió en un rialiti chou americano (alguien colgó el vídeo en youtube) toda una patulea de gente se pasea por las callecitas en chanclas con calcetines, cámara en ristre y se hacen fotos, particularmente junto al letrero anunciador del principio del término municipal, que ya han robado varias veces, para desesperación del pobre alcalde de Fucking, que no puede con la vida a causa de este hecho (es que, claro, una aldea de apenas una centena de almas no puede permitirse andar cambiando el letrero a cada rato).

El pueblo de Fucking, pronúnciese fUcking a la alemana, con esa U en medio que suene como la U de Unicornio, debe su celebridad a que su nombre ese escribe como el gerundio del verbo ingläes to fuck (follar, en castellano viejo, vaya). Y esto, a los gringos –y a muchos europeos que dominan la lengua de Paris Hilton- les hace mogollón de gracia.

Para aprovechar esta corriente de simpatía hacia el pueblo más sensual de toda Austria, un avispado emprendedor ha decidido abrir una cervecera. Negocio que, no lo dudamos, redundará en la economía local y permitirá, Dios mediante, financiar no pocos letreros robados por desaprensivos turistas forasteros (dada, sobre todo, la afición de los austriacos por el zumo de cebada).

El problema surgió cuando el empresario en cuestión quiso registrar la marca de su cerveza. En Austria, la cerveza lleva por costumbre la marca del sitio donde se hace. Por ejemplo, si se hace en Murau (paraiso del lúpulo) la bebida en cuestión se llama Murauer Bier, la de Schwechat, pues con su nombre. Y asín, sucesivamente.

El problema era que la marca propuesta para la cerveza de Fucking, Fucking Hell suena igual de mal en alemán que en inglés. Digamos que “molto bruta per cantare”. O sea, muy bestia. Porque si se traduce al inglés, Fucking Hell, es “jodido infierno” (un taco bastante verde en la lengua de Madonna) y en alemán, la cosa queda como “Rubia de Fucking” que tampoco es que sea el sueño de cualquier feminista.

El organismo europeo encargado del asunto denegó la solicitud de la marca, el empresario la recurrió alegando que, obviamente, si el pueblo se llamaba Fucking poco más se podía hacer. Y, al final, el organismo de marcas y patentes ha tenido que ceder. Y la cerveza de Fucking, si se llega a fabricar, se llamará, como está mandado, “Fucking Hell”.

Gracias a mi amable lectora Amelche, no sólo me enteré de esta historia, sino que, además, caí en lista de localidades españolas que llevan un nombre pensado por algún enemigo procedente de un pueblo rival. Recuerdo, así a bote pronto, Alcantarilla (en Murcia), Asquerosa, Guarromán...Amelche citaba también a Cullera, que en valenciano (nunca te acostarás etcétera) significa cuchara. En Madrid tenemos nuestra Villanueva del Pardillo, capital de los inocentes.

Perfectamente a tono con el día que es hoy.


El director de la Ópera de Viena, Herr Ioan Holender en una rueda de prensa reciente. Algo hace pensar en sus últimas declaraciones que no era el dedo índice precisamente el que le apetecía levantar (foto: www.wienweb.at)
Dudas de perro antiguo
25 de Enero.- Todos los años, por estas fechas, empieza la campaña para publicitar el baile de la ópera. Se trata de buscar algún escándalo con morbo que anime un poco la algo raída costumbre de ver bailar el vals a esas filas de niñas que aún quieren ser princesas.



La cosa viene a ser como en los combates de Wrestling: esas peleas en las que tipos en calzoncillos de colores fluorescentes se dan golpes que parecen titánicos y que luego no son para tanto.


El año pasado, como recordarán mis lectores, la cosa fue que Dominic Heinzl fue y se puso que Alfons Haider cobraba un pastón por presentar el evento (aquí se llama a eso “moderar” como si el presentador tuviera que mediar en una discusión entre cocodrilos sedientos de hemoglobina).


Mi Alfons Haider no dijo está mund es mía y, como viene haciendo durante los últimos catorce años, se puso el traje de faena (el chaqué reglamentario), empuñó el micro, entrevistó a la invitada de Lugner -¿Una mujer desesperada?-, al presidente de la República (acompañado de su charmante Gattin), se echó un baile con la encantadora Barbara Rett(qué me gusta a mí cómo modera esa mujer) y luego se fue a su casa en el distrito siete con varias decenas de miles de Euros en el bolsillo.


Pues bien: este año, Dominic Heinzl no puede protestar porque está en la ORF aunque, en un país tan amante de las jerarquías como es este, tendrá que conformarse con ser el lugarteniente de Haider.


Para caldear el ambiente, nos hubiera quedado la organizadora, esa mujer cuyos apellidos soy incapaz de recordar porque son un amasijo informe de consonantes (de rancio abolengo, eso sí). Pero, la verdad, una vez superado el estrés del primer año, la buena señora parece que ha aprendido a nadar y guardar el bañador de Chanel, por lo cual no se puede esperar de ella ninguna declaración más alta que otra.


Así pues, los caldeadores de ambiente de guardia de esta edición del Baile de la Ópera han sido Alfons Haider y Ioan Holender, el director del augusto coliseo del Ring que, a su edad provecta, setenta y cuatro castañas, puede decir casi lo que sea sin que llegue la sangre al río (los que estén de acuerdo con él, le vitorearán como al toreador de Bizet y los que no, pensarán que está chocheando como viejo de una ópera italiana).


Así pues, pónganse a cubierto mis lectores que empieza el tiroteo:


Alfons Haider en Wilkommen Österreich, sobre poco más o menos: “Qué alegría que por fin se retira el viejo profesor rumano de tenis” (por Holender que emigró de Rumanía en los años cincuenta: unos años antes que Valerio Lazarov ¡Qué grandes nombres ha dado la intelectualidad rumana al entretretenimiento internacional!).


Holender en el semanario de aparición dominical Profil: “No puedo con Haider; a mí me gustaría que el baile de la Ópera lo retransmitiese alguien de la calidad de Armin Wolf” (una especie de Iñaki Gabilondo local) y ya metidos en harina “La ORF hace una transmisión aburrida del baile”, “No cambian los emplazamientos de cámara desde hace quince años”.


Lo malo de todo esto es que, salvo la evidencia de que los que lo organizan están más vivos de lo que podrían hacer pensar las poses estereotipadas que exhiben ante los fotógrafos, a la gente normal el baile de la ópera le importa bastante poco una vez se desvela quién será la starlet que traerá Lugner. Bueno, salvo a la pandilla de activistas algo trasnochados que hoy como ayer y como siempre, intentarán atascar la Ringstrasse y reventar el acto haciéndose polvo las cuerdas vocales a base de gritar que otro mundo es posible.


Uno, que ya es perro viejo (bueno, maduro) tiene sus dudas.

Los músicos originales que tocaban con Elvis Presley y el imitador, en primer plano que, por razones obvias, pone hoy la voz a los éxitos de El Rey
18 de Enero.- La floreciente cinematografía austriaca vive una pequeña edad de oro: el director Michael Haneke y el vienés Christoph Waltz han ganado sendos globos de oro. El primero, por su película La Cinta Blanca, y el segundo por su magistral interpretación de un oficial austriaco de las SS en la última obra de Tarantino, Inglorious Basterds . En cambio, nuestra Penélope se ha ido de vacío –injustamente, no hay que dudarlo-.


La noche del viernes me acordaba yo de un conocido, bellísima persona por otro lado, que una vez me contó una historia de esas que parecen mentira, pero son verdad.

Este chico era artista. Dado que corrían malos tiempos para la lírica en el Madrid de finales de siglo pasado y principios de este, decidió aceptar un trabajo que, a primera vista, tenía una pinta muy atractiva. Consistía en pasar todo un año en Japón, en una isla (grandecita), con un sólo fin de semana libre al mes ¿Y haciendo qué? Se preguntarán mis lectores. Muy sencillo: mi amigo tenía que hacer de español a cambio de una paga jugosísima.

Según sus explicaciones, un grupo de emprendedores japoneses había construido un parque temático en el que habían recreado diferentes destinos exóticos (para los del sol naciente, España es un lugar tremendamente exótico, claro). Dos veces al día, los españoles, pertrechados con todos los atavíos de una arcadia imaginada por Juanito Valderrama, tenían que desfilar al estilo Disneyworld dejando patente, ellos, que eran lo más de lo más de lo racial (mostrando, si era posible, pelambrera pectoral). Y ellas, que eran hembras de rompe y rasga, Cármenes de España auténticas y no copias pirata de Merimée.

Contaba mi amigo que fue en aquel extraño contexto en donde vio los primeros teléfonos móviles con cámara que, al principio, tomó por desconocidos artilugios grabadores.

Sin embargo, lo que al principio había parecido un regalo, pronto se reveló como una reclusión casi intolerable. El ambiente entre la corta centena de españoles encerrados en la isla y que, por lo que parece, no tenían ningún contacto con otras nacionalidades (pongamos los escoceses o los habitantes francoparlantes del Africa ecuatorial) empezó a enrarecerse.

Después del primer mes de fiestas rotatorias en las habitaciones, transcurrido otro de sexo según todas las posibilidades que ofrece la combinatoria (y que el ambiente artístico, por otra parte, favorece), los españoles suspiraban por el fin de semana libre mensual que mi amigo aprovechaba para pasar en Tokio, durmiendo a veces en unos hoteles baratos (aunque horriblemente limpios) que ofrecían unas camitas minúsculas parecidas a asfixiantes ataúdes. Lo que fuera en vez de permanecer en aquella isla que a él se le hacía peor que Alcatraz.

Una vez cumplido el contrato, un par de valientes sin mayores ataduras decidieron renovar. Mi amigo aborreció para siempre el sushi.

Me acordaba yo de esto el viernes en un concierto al que fui. Tocaban los músicos originales que habían acompañado a Elvis Presley. Cada dos o tres canciones salía al escenario un tal Mr. Esposito que, por lo visto, había sido algo parecido a un manager de El Rey y contaba unas anécdotas en las que Elvis aparecía como un ser de una perfección fuera de este mundo. No sé por qué me dio por pensar en aquellos abuelos agarrados a sus bajos, a sus teclados ¿Qué sentirian cuando todo su valor profesional se basaba en haber servido de apoyo musical a la voz más conocida del siglo XX? ¿Qué ambiente habría entre aquellos señores octogenarios que, si querían comer, se veían forzados a peregrinar por esas carreteras juntos, como el último residuo de un pelotón de soldados confederados, cercados por el paso implacable de los años?

Lo que sí me quedó claro fue que tenían claro la regla fundamental del mundo del espectáculo: vivimos del público. Cuando firmaban autógrafos todos sonreían enseñando sus perfectos piños postizos.

Magda Goebbels con sus hijos (amárrame esos pavos)

No somos nadie

4 de Octubre.- Estos días, los ancianos (presuntos y en carne amojamada) han sido noticia en Austria.


Por lo pronto, el otro día, tras su dimisión motivada por la debacle electoral, al presidente de los socialistas de Oberösterreich le echaban en cara en el telediario que sólo le habían votado los viejos.

El pobre señor (al Zeit Im Bild se va a sufrir, principalmente) ponía cara de estar pasando por un amargo trance intestinal. No sólo se había tenido que comer el marrón de perder las elecciones y quedarse al nivel del FPÖ (Strache, para mis lectores de fuera de Austria) sino que, además, le acusaban de que los votos que había conseguido eran votos de segunda por venir de la tercera edad.

Hay que decir que el señor, curiosamente llamado Haider, salió de la cosa con bastante elegancia diciendo que los ancianos, aunque algo deteriorados por el baqueteo de la vida, son unos votantes tan buenos como los otros.

-Si no, fíjese usted en Udo Jürdgens. Que ha cumplido 75 –antes de ayer como quien dice- y sigue por esos escenarios cantando lo de que nunca ha estado en Nueva York.

Tras esto, la presentadora del telediario pasó a preguntarle a Herr Haider qué le parecía que, desde su morrón/marrón electoral, su partido hubiera endurecido considerablemente su posición política en relación a la inmigración.

(Aquí, Herr Haider puso esa cara de posmireusté que ponía Aznar cuando cogía carrerilla para dar algún argumento que ni él se creía). Suspiró y, como era previsible, repuso:

-Posmireusté: mi partido no ha endurecido su posición. Es la de antes –y luego, como más por lo bajinis, añadió: nuestra política no se ha hecho más dura, se ha racionalizado.

Ejem.

Otro anciano austriaco que ha sido noticia por algo mucho menos agradable que lo de Herr Jürdgens ha sido Peter Alexander. El pobre fue ingresado de urgencia debido a una deshidratación severa. El pobre Alexander, huérfano de su hija (que se mató en mayo en Tailandia, en un accidente de coche) y viudo de su señora, languidece en unas condiciones algo penosas. Aunque una enfermera se ocupa de él (no muy bien, porque le dejó deshidratarse) y, según la prensa, sus vecinos, como a Chus Lampreave en Volver, le traigan una barra de pan todos los días, parece ser que la soledad está pudiendo con él.

Hacemos votos por su recuperación, ponemos cero al cociente y pasamos al anciano siguiente:

Otro viejo que ha sido noticia estos días ha sido el paisano más (tristemente) famoso de Braunau: el tito Adolfo; más conocido en el mundo como Adolf Hitler.

Los que creen que el salzburgués sobrevivió a la claustrofobia del búnker de Berlín y jugó un torneo de mus con Elvis en alguna isla perdida del Pacífico, están de enhorabuena. Según un equipo de biólogos reclutado por el History Channel, el cachito de hueso que hasta ayer se suponía el único remanente de tan satánico personaje ha resultado pertenecer a una mujer (¿Eva Braun? Los científicos no pueden asegurarlo, ya que Frau Braun, o Frau Hitler en el momento de morir, no tuvo descendencia y las esquirlas de hueso conservadas en Moscú están aún más baqueteadas que los votantes de Herr Haider).

Gracias a esta noticia salen a la luz pública algunos datos curiosos. Por ejemplo que, en un recóndito archivo moscovita –sin duda con un parecido a aquel almacén en donde se guardaba el arca perdida - se conservan diversas reliquias del régimen nacionalsocialista que, seguramente, alcanzarían un precio muy apañado en Sotheby´s o en E-Bay en el caso de que Putin anduviera corto de fondos. Por ejemplo, el sofá en donde Hitler y su fugaz esposa se quitaron la vida. Sin embargo, en los sesenta, y con muy buen sentido, los jerarcas del Polit Buró ordenaron incinerar y después esparcir lo que había quedado de Goebbels y su mujer Magda –la que se cepilló a sus siete hijos para que no conocieran un mundo sin nazis. Amárrame esos pavos, que diría mi Rosa Belmonte-. No somos nadie.

Paquito, tienes un e-mail

El caso de la esposa preocupada y otras historias de servicio público

1 de Octubre.- Todas las mañanas, nada más levantarme, mientras hierve el agua para el té, enciendo el ordenador, entro en Viena Directo, miro las estadísticas y después abro el correo para ver si he recibido algo. Cuando hay algún mensaje, me pongo muy contento.



Los correos que recibo no sólo me sirven para pulsar la opinión de mis lectores a propósito del blog (generalmente buena, gracias a Dios) sino que, además, me son útiles para enterarme de cosas que yo, motu proprio, nunca hubiera investigado.


Asimismo, detrás de cada correo hay una historia personal. Todo el mundo sabe que a mí me gusta mucho la gente (viva la gente, la hay donde quiera que vas) y estos pequeños trozos de vida cotidiana, la verdad es que me apasionan.


Por ejemplo, hoy, al abrir el correo me he encontrado con un mensaje de socorro. La esposa de un especialista centroamericano me pedía por favor que le entregase un recado a su marido, de viaje en Viena, al que no era capaz de localizar por teléfono. Si me entero de cómo ha terminado la historia, se la explicaré a mis lectores.


Otra vez, por ejemplo, una señora del cono sur me escribió un conmovedor correo explicándome que un familiar suyo había muerto recientemente tras una larga enfermedad. Parece ser que este familiar había sido muy feliz en la ciudad de los valses y, antes de fallecer, había expresado su voluntad de que sus cenizas fueran esparcidas en algún punto de la capital austriaca. La pregunta :¿Algo así era posible? ¿Contravenía alguna ley? Mi primera reacción al leer un correo así fue rascarme la coronilla, pero inmediatamente después, me puse a investigar para descubrir que la ley austriaca es tremendamente estricta en estos casos y que está terminantemente prohibido depositar cualquier tipo de restos fuera de los espacios acondicionados para ello. Ni de personas ni, por supuesto, de animales, cuyos dueños están obligados, por ley, a incinerarlos. La persona que me asesoró sobre este tema me explicó que determinados componentes nuestros que sobreviven a la cremación (toquemos madera, qué temita, por Dios) bueno: que determinados componentes son enormemente contaminantes. Por ejemplo, el plomo de nuestros empastes o los componentes de algunas medicinas. Con todo el dolor de mi corazón, le comuniqué a mi corresponsal que si se decidía a emprender viaje, tendría que cumplir la voluntad de su ser querido de manera clandestina.


No todas las historias son así de melancólicas, por supuesto. Hace algunos meses me escribió un aguerrido paisano de Maradona preguntándome por el nivel medio de los sueldos austriacos. Para contestarle convenientemente, porque yo estas cosas me las tomo muy en serio, le hice algunas preguntas a propósito de su capacitación profesional y de su experiencia laboral, y terminé preguntándole por sus conocimientos de la jerigonza que hablan aquí. Ninguna de las respuestas fue muy esperanzadora. Eso sí: mi corresponsal me expresó su completa seguridad de que conseguiría encontrar, sin contactos, sin idiomas y en el breve plazo de quince días, un trabajo que le permitiría ganar una cifra de euros de cuatro dígitos más que abultada (y en todo caso, muy superior a mi sueldo). Le deseé suerte (en el ramo del crímen, claro). No he vuelto a saber más de él.


También me han hecho preguntas que unían lo entrañable con lo logístico. Por ejemplo, una chica española me preguntó cuánto cuesta aproximadamente un taxi desde el aeropuerto de Schwechat hasta la ciudad, al objeto de que no timaran a sus ancianos padres, que celebraban sus aniversario de bodas. El capítulo de curiosidades se llenó durante el Europeo de Fúmbol. Aprovechando que internet permite una comunicación casi instantánea y que yo estoy de guardia la mayor parte del tiempo, varios aficionados al deporte del cuero blanquinegro me preguntaron por establecimientos con tele donde ver el partido del equipo de sus amores.


Yo contesto siempre (a veces, tardo un poco, pero contesto siempre). Porque me parece que estas preguntas son finezas que mis lectores me hacen. Y les agradezco mucho la atención que me prestan.


Al fin y al cabo un blog es un medio de comunicación (pequeño, pero medio) y un medio siempre es un servicio público.
Aspecto que presentaba la Sofien Saal en su época de esplendor, en 1900 (foto: Wikipedia)

Sombras nada más
30 de Agosto.- Viena es una ciudad famosa por su inmenso patrimonio histórico-artístico pero es muy poco conocido el hecho de que el Estado Austriaco se las ve y se las desea para mantener muchos de los edificios que forman parte de él. Sin ir más lejos, el palacio de Schönbrunn, por ejemplo, hace tiempo que es gestionado por una fundación privada. También hay lugares a los que los fondos del Estado no llegan y hoy hablaremos de uno de ellos: la Sofien Saal. Un monumento cuyo destino es más que incierto –sobre todo a raíz de los últimos episodios de su historia-.
Según fuentes Wikipédicas, en el emplazamiento que hoy ocupa la Sofien Saal hubo, desde 1838 un baño de vapor ruso. Entre 1845 y 1849, siguiendo los planos de Eduard van der Nüll (el que se suicidó por que su edifico para la Ópera de Viena no le gustó al emperador) y de August Sicard von Sicardsburg (que también proyectó la Ópera vienesa y que palmó poco después de que su compañero se suicidara, de tuberculosis), bueno: pues en estas fechas y siguiendo los planos de estos dos, se levantó el edificio que hoy nos ocupa. Con la curiosidad de que, en invierno, se utilizaba como edificio de baños y en verano como sala de conciertos, baile y local de reuniones.
El edificio sufrió varias modificaciones en los años siguientes, la principal de las cuales fue una reforma de la fachada en el año 1899, para adaptarla al estilo modernista imperante.
Debido a su dilatada historia, en la Sofien Saal ha pasado de todo: por ejemplo, en 1912 Karl May, el famoso escritor alemán de novelas del Oeste (saga Winnetou) dio su última lectura pública; en 1913, se presentó en Viena en la Sofien Saal la primera forma de cine sonoro (patentada por Edison) que fracasó, por cierto. Pero también hubo capítulos menos gloriosos: por ejemplo, en 1926, un tal Richard Suchenwirth fundó en una reunión en la Sofien Saal el partido Nacional Socialista Austriaco; y en 1938 se usaron los grandes locales de baile para reunir a los judíos que se iban a deportar hacia el Este.
Tras la guerra, el edificio se restauró y en los cincuenta, la compañía DECCA instaló en él el estudio de grabación más moderno de Europa que se usó con profusión hasta los años setenta para inmortalizar las piezas que tocaba la Filarmónica de Viena.
Ya en fecha tan temprana como 1986 se presentó un proyecto para derribar la Sofien Saal y construir un hotel en el solar (la localización es golosa, junto al Ring) pero el destino se encargó de rematar la faena: en 2006 un incendio fortuito destruyó la sala principal y la llamada Sala Azul y sólo se salvó el vestíbulo. Desde entonces, se escucha de vez en cuando la noticia de la próxima demolición de las ruinas para transformarlas en apartamentos.
Yo, por si acaso, me he pasado hoy por allí y he hecho algunas fotos. Por lo que pueda pasar.
Aspecto actual de la ruina de la Sofien Saal, cerca de la estación de Landstrasse

Los edificios de enfrente se reflejan en los espejos que anteriormente estaban a cubierto y hoy a la ntemperie.

Un detalle de la fachada modernista, con motivos alegóricos musicales

Una vista lateral, parecida a la de la postal que encabeza este post.


Watching for believing
30 de Mayo.- Algunas cosas que se me han escapado últimamente:

-Austria arrasa en Cannes. A pesar de las informaciones erróneas que publicaban diversos medios españoles (entre ellos El País), Michael Haneke no es alemán, sino Austriaco. A pesar de haber nacido en Munich, Herr Haneke creció en la localidad austriaca de Wiener Neustadt (vamos, como quien dice, aquí al ladito). Otro que también se ha llevado un premio es el actor Christoph Walz, interpretando a un nazi en la última de Tarantino, Inglorious Basterds (lo de Basterds, y no Bastards, parece ser por la manera de pronunciar que tienen en Boston).

-Otro austriaco que también se ha llevado premio, esta vez el Büchner, el más importante en lengua alemana, es Walter Kappacher. El escritor Salzburgués, que vive en Obertrum, es también miembro del PEN club.

Ni que decir tiene que las dos distinciones han llenado al pueblo austriaco del moderado orgullo que les caracteriza.

-A vueltas con el idioma. Una historia personal. Como todos los lectores de este blog saben yo voy al gimnasio, sobre todo, para culturizarme. Di que estaba el otro día entre serie y serie de pesas leyendo la edición dominical de Die Presse cuando llegué a un suelto la mar de curioso. En su afán de acercar a la muchedumbre de sus lectores las realidades más variopintas, un redactor de la plantilla del diario se sintió en la obligación de explicar a sus lectores la idea del mandatario venezolano Hugo Chávez de lanzar un teléfono móvil para el pueblo con tecnología china. El presidente de la República Bolivariana ha tenido la brillante idea de bautizar el chismecillo como “Vergatario” nombre a su parecer muy músico y significativo (Cervantes dixit) y no dudó en probarlo en la penútilma edición del programa de televisión que conduce, Aló, Presidente –un título que hace competiciones en dadaísmo con Sin Tetas no Hay Paraíso-; pues bien: el redactor de Die Presse, consciente de que no muchos de sus lectores hablan español, buscó una manera de aclararles el versallesco significado del vocablo elegido por el líder venezolano y no hayó mejor sustituto en la lengua de Goethe que “Schwanzofon” (o sea, y con perdón, Polláfono). Cuando lo leí, me tuve que sentar. Las carcajadas no me dejaban estar de pie.
Otra cosa: el mismo mandatario que, no contento con bautizar teléfonos al bolivariano modo, ha revolucionado también el mundo de las telecomunicaciones (Fidel Castro dixit), va a celebrar (de hecho, lo está haciendo ya) el décimo aniversario de su emisión televisada semanal con un megamaratón de cuatro horas. Por lo que se lee en la prensa (capitalista, intoxicada y eso) el Aló, Presidente de cuatro horas (*) estará salpimentado no sólo con los educativos discursos del mandatario, sino también con actuaciones musicales. Lo cual le dará una bonita similitud con los programas de Jose Luis Moreno en España. Me corroen las dudas:¿Habrá descubierto ya Chávez las matrimoniadas?

-Puede ser que para ver el programa de Chávez no baste con contar con un sólido espíritu revolucionario y hagan falta algunos apoyos orgánicos. En cualquier caso, es muy probable que se acuda a una marca austriaca: Red Bull. Si se hace, cuidado. En Alemania primero y en Austria ahora, se han encontrazo trazas de cocaína en la variedad Red Bull cola. Los valores son bajísmos (0,4 microgramos el litro) pero sin duda explican el éxito del producto y el éxtasis que provoca en sus consumidores –casi tanto como el de respirar el aire de Madrid y Barcelona, en donde también se han encontrado niveles de estupefacientes parecidos a los de otros contaminantes en suspensión.

En fin, watching for believing.
(*) Días, naturalmente, quería decir días.
Tía, tía, tía
(Opernball 2009)

27 de Febrero.- Todos los años, cuando uno lee los periódicos o las revistas, o delante de la tele, se pregunta: con el hambre que hay en el mundo, ¿Para qué necesita nadie una cosa tan aparatosa y objetivamente tan inútil como el baile de la Ópera? Pues a pesar de lo que pueda parecer a primera vista, el baile de la Ópera junto con el concierto de Año Nuevo, hace que los japoneses (entre otros) con sus yenes y sus camaritas y sus ojitos rasgaos, acudan como moscas con la esperanza de captar, aunque sea de lejos, el resplandor de ese mundo eternamente decadente que, sobra decirlo, nunca existió.
Este año la inversión en marketing ha sido una versión con pajarita de Kill Bill. Varias guerras. De un lado, el director de la Ópera (un hombre cuya salud mental está cada día más en entredicho) contra el maestro de baile que ha confeccionado durante los últimos años la coreografía de esa especie de paseillo que, teóricamente, es la razón de ser de la cosa (“el baile de las debutantes”, ataviadas con castos modelitos blancos y diadema de miss de república socialista tropical). En medio, la organizadora, cuya actitud de “tía, tía, tía, todo el mundo está en contra mía” no parece exactamente la mejor para encarar un reto de este estilo.
Otra guerra: un duelo de divas: nuestro Alfons Haider, presentador tradicional del evento para la ORF, contra Dominic Heinzl, de la ATV (bueno, más bien al revés, porque Haider, elegantemente, no ha dicho esta Mund es mía). Esta batalla sí que ha sido a sangre, sudor, talonario y tacones de aguja. Heinzl, incluso ha aireado los emolumentos que Haider ha percibido por entrevistar a la pareja presidencial (el cejas y señora), a la invitada de Lugner (que esa ha sido otra fuente de tinta) y por decir cuatro frases sobre el maravilloso marco incomparable y la belleza de las debutantes.
Debido al putiferio (ya se sabe que la alta sociedad es asustadiza) muchos famosos han declinado este año la invitación (un motivo más de quebraderos de cabeza para la organizadora). Entre los que han renunciado este año a calzarse el frac ha estado el alcalde de Viena, señor Häupl, un jocoso señor que ha debido de pensar que es difícil predicar austeridad delante de los desempleados y luego irse al baile de la ópera sin que se le caiga a uno el rostro de oprobio.
Tras la batall, que de momento sólo se ha cobrado como víctima al coreógrafo del que hablábamos, la organizadora de la cosa ha concedido una escocida interviú al semanario amarillista News en la que se confesaba dolidísima por las críticas vertidas (según ella, por pura maldad, y sin ningún fundamento); y manifestaba que ella, aparte de organizar el dichoso bailoteo, tiene otras cosas que hacer en este valle de lágrimas (a saber: sus fincas, sus caballos, sus vacaciones en paraisos fiscales...Estos trabajitos que siembran de pedruscos la vida de los ricos); protestaba la señora porque la gente le preguntaba sólo por su opinión sobre la estrelluela con la que Lugner iba a acudir a la cuchipanda, en vez de por los arreglos florales u otros detalles más dentro de su jurisdicción.
Ella, de la misma estirpe de Fiona (Swarovsky) y de Maria Antonieta, sólo era capaz de echar pestes de la plebe.
Roland Kickinger haciendo gala de sus jechuras apolíneas (foto: forum.moscroatia.com)
Sayonara, Chuache

19 de Enero.- En su decidida voluntad de hacer de este mundo un lugar más lleno (si cabe) de gracia y de glaomur, la pequeña república austriaca no ha parado en los últimos cincuenta años de exportar talento y belleza allende sus fronteras. Con los nombres basta para dar una idea de la relevancia de este fenómeno: los hermanos Schell (Maria y Maximilian), Klaus Maria Brandauer, Romy Schneider y , por antonomasia, Arnold Schwarzenegger, el exconductor de tanques más famoso del mundo.
Como ya recordábamos cuando le propuse para Mister Austria, Schwarzenneger, a pesar de su picasiano apellido (impronunciable en buena parte de las lenguas civilizadas) y a pesar de un repertorio interpretativo más corto que el de ET, logró triunfar en ese edén del talento que es Hollywood, explotando su ventaja competitiva más visible: unos bíceps como mi cabeza y unos pectorales curtidos a golpe de press de banca y, por qué no, de sus sopitas de esteroides. Sin embargo (y como diría Antonio Gala, Ay) los años pasan incluso para los dioses de los platós. En los noventa, las carnes de Arnold no eran ya tan prietas como solían así que, para huir del famoso dicho que mi abuela repetía cada vez que le echaba el ojo encima a Ana Obregón (“a las putas y a los toreros a la vejez los espero”), Chuache dejó huérfanas las pantallas y dolientes a los fans de la carne de ternera engordada con clembuterol. Casó bien, mejoró su nivel de inglés, e inició una prometedora carrera política. De termineitor a goberneitor. Como dirían en Austria, zac zac.
En su país de origen, las opiniones sobre él son ambidiextras. Los hay que admian su férrea naturaleza, de indudable índole germánica, que le ha hecho abrirse camino en esta vida hasta alcanzar el olimpo de los diesel; los hay sin embargo que consideran ofensiva su propensión a estampar su firma al pie de sentencias de muerte. Esto ha hecho que se le retiren los honores en Graz, su ciudad natal, que ha decidido rebautizar su más grande recinto deportivo (Ay, otra vez).
Los magnates del cine (que son hoy en día contumaces ejecutivos japoneses con gafitas) han encontrado un recambio para Chuache en la persona de otro austriaco (Roland Kickinger) no menos dotado que su paisano como puede verse en las pruebas gráficas adjuntas a este post. Será él quien, si Dios quiere, nos disipará próximamente la nostalgia que sentimos por Terminator, se mito trash comparable a figuras de la talla de Hulk Hogan o Pancho, el morenete de Verano Azul.
Kickinger empezó con esto de la mancuerna a los quince años y, para pagarse la mensualidad del gimnasio (aquí en Viena, y lo digo por experiencia, un pico) desempeñó todo tipo de oficios hasta que decidió emigrar a América –USA- . Allí se ganó la vida en las playas californianas posando para los turistas a cambio de unas monedillas que empleaba en sufragarse su dósis diaria de proteínas y nandrolonas. Hasta que alguien se fijó en aquellos los sus brazos, que amenazaban la integridad de todas las camisetas; y en aquellos los sus hombros, que parecían pensados para enderezar obeliscos, y en aquel su aguerrido acento, que recordaba otras resonancias centroeuropeas, y decidió hacer de él una nueva y rutilante estrella en el firmamento del cinema.
Sic transit gloria mundi. Sayonara, Chuache.

Que estaba tomando cañas (leré lerel-le)

21 de Noviembre.- El muerto sigue sin dar señales de vida (perdón, sin aparecer). A mí, que he leido unas cuantas novelas, me pega que la clave de este misterio está, o bien en el propiomuerto, o bien en el ataud.
Una tercera posibilidad sería que el caso obedeciera a una motivación aleatoria. Pongamos que un par de Kracher (hasta seis, porque el ataud pesaba más de doscientos kilos) se paran a media noche frente a la tapia del cementerio y se establece el siguiente diálogo:


-Oye, oida –así se llaman entre ellos- ¿Qué te parece si cogemos a una chica, la secuestramos y la metemos en un sótano durante quince años?
Pero qué pasado de moda estás, coleguita! Eso molaba en los noventa, igual que abrir blogs ¿No se te ocurre algo mejor?
-Joé, pues no sé ¿Y si robamos un muerto?
-Venga, va.


Soy consciente de que esta teoría no se tiene porque abrir un mausoleo no es abrir una lata de atún Calvo. O sea, que se necesita una infraestructura (su pico, su maza o su algo). Lo cual nos lleva de nuevo a la casilla de salida: que la clave esté en el objeto robado.
¿Para qué quiere nadie hacer desaparecer un muerto? ¿Por qué querría nadie robar un ataud? En las películas, los muertos se hacen desaparecer porque en ellos quedan señales de asesinato.
Imaginemos que alguno de los herederos del difunto aceleró su fallecimiento administrándole lo que, en el siglo de oro, se llamaban “los polvos de la herencia” (eran seis millones de eurazos, o sea, que el riesgo merecía la pena). Supongamos que este heredero impaciente necesitó un cómplice y que esta hipotética pareja en el crimen ha tenido sus más y sus menos, y que uno de los dos ha amenazado al otro con tirar de la manta. Acongojado, el otro piensa que las situaciones desesperadas piden medidas que no lo sean menos. Si no hay muerto no hay autopsia, y por lo tanto no hay delito. Abrir una tumba no debe de ser agradable, pero total es un rato. Mejor eso que no unos cuantos lustros en la cárcel de un presidio de un penal.
Total, que contrata a una banda de albano-kosovares sin escrúpulos (los primos, por ejemplo, de los que intentaron partirle el coco a Jose Luis Moreno) y se dirige al pacífico camposanto para en la heure dangereuse du petit matin, perpetrar su fechoría.
Pero también pudiera ser –como digo, el asunto es estimulante- que el anciano herr Flick se hubiera llevado, literalmente, algún secreto a la tumba. Por ejemplo, la combinación de la caja fuerte de su mansión (en la que guardaría pruebas comprometedoras del pasado nazi de un par de rivales comerciales) o los planos de un motor de agua que hubiera terminado para siempre con la perniciosa dependencia que el mundo tiene del petróleo.
O quizá el ataud estaba vacío y herr Flick, en realidad, está ahora mismo compartiendo cervecitas y braguero con Elvis. Tomando cañas, vaya.

Aquí no se tira nada (que la cosa está muy mala)

25 de Octubre.- Una de las constantes de la manera de ser austriaca es su amor por las cosas antiguas, y su disposición a conservarlas siempre y cuando no molesten (porque nunca se sabe lo que puede pasar). En Viena, los búnkeres antiaéreos de la Segunda Guerra Mundial se usan hoy para otras cosas (la Haus des Meeres, el acuario de Viena, por ejemplo) y, como estas grandes (y horrorosas, por cierto) edificaciones, se conservan otras cosas. Al visitar una casa austriaca de una cierta antigüedad, siempre hay espacio para la sorpresa.
Por ejemplo: hoy he ido a ayudar a mi amigo H. a transportar algunos muebles. Como al que madruga Dios le apoya, hemos quedado a las nueve y cuarto de la mañana. Al llegar, le he pillado en el tendedero de su casa (en el desván del edificio) y, mientras él tendía sus trapillos, yo he curioseado por los recovecos polvorientos y, tras de un muro de carga, he aquí lo que me he encontrado. A primera vista, he pensado que era una cocina económica, de aquellas en las que aún cocinaban nuestras abuelas. Pero H. me ha aclarado que se trataba de una lavadora. O, mejor dicho, de un lavadero. Las dos tapaderas de arriba esconden dos cubas de cinc y las puertas de metal servían para meter leña o carbón en el caso de que se quisiera lavar con agua caliente (que, en invierno, seguro que se agradecía).
H. también me ha explicado que, en el campo, estas tinas también servían para contener la sangre de la matanza del cerdo y para hacer todo tipo de labores relacionadas con la confección de embutidos.
Cuando he preguntado que por qué seguía aquello allí, otro aborigen presente se ha sorprendido y ha argumentado que aquello no molestaba nada.

-Además, nunca se sabe cuándo se va poder volver a necesitar.

Como diciendo ¡Cualquiera sabe a dónde nos va a llevar la crisis esta!

El cantante español Falete recreando uno de los grandes éxitos de Rocío Jurado en el personal estilo que le es propio

Mundo singular

20 de Octubre.- Hay días en que uno entra en internet a mirar el periódico y tiene que chequear dos veces la dirección, no vaya a ser que le hayan dado ip por liebre. Ejemplos: aunque parezca increible, a algunos directores de periódico españoles les ha parecido una noticia que D. José Blanco –conocido con chufla entre sus adversarios políticos como Pepiño Blanco- haya expresado su rechazo a un equipo de fútbol. Es cierto que lo ha hecho del modo contundente y gráfico que le es característico pero yo me pregunto ¿Quita o pone algo a la economía del país que el Sr. Blanco no sea fanático del Real Madrid? ¿Mejoraría la crisis internacional si este señor se declarase devoto de la Casa Blanca -la del Bernabéu, no la otra-? ¿Por qué quienes citan las palabras del Sr. Blanco lo hacen como si fueran en desdoro de su imagen pública –ya de por sí bastante vapuleada-, o como si lanzasen el torpedo definitivo a la línea de flotación de este político que, como todos, pasará? Yo, francamente lo flipo.
Noticia número dos que me ha llamado la atención: el novio de Falete (cantante español famoso por sus audaces conceptos de la estética igual que por su cariño por la canción española más racial) ha sido detenido en la ciudad de Sevilla tras haber denunciado (falsamente) su propio secuestro. A mí, el hecho me parece misterioso ¿Por qué va alguien a comisaría a denunciar que le han raptado si no es verdad? Yo es una cosa que no haría nunca, la verdad, si no fuera por una buena razón ¿Habrá influido en la decisión del novio de Falete la escucha continuada de los grandes éxitos de Doña Concha (Piquer), de Rocío (Jurado), y de Marifé (de Triana) que probablemente serán la banda sonora del hogar del tonadillero? ¿Debería prohibirse la copla en dosis más allá de un límite, si se demuestra que “No me quieras tanto”, “Tatuaje” o “Y sin embargo te quiero” pueden llegar a producir trastornos mentales?
En Austria la verdad es que, poco a poco, se va asentando el polvo producido por el funeral de Haider y en los periódicos se hacen cábalas a propósito de lo que pasará o dejará de pasar. Las hipótesis son tan retorcidas como la historia del novio de Falete (¿Fingirá alguien aquí también su propio secuestro? ¿Cantará alguien “No me quieras tanto”? ). El presidente de Austria, Herr Fischer, eso sí, lo tiene claro: “Se dará por contento –ha dicho- si la pequeña república transalpina tiene nuevo gobierno para antes de Navidad”. Teniendo en cuenta que quedan dos meses todavía para que nazca el niño Dios, la verdad es que los tratos para formar el nuevo ejecutivo austriaco van a hacerse como si se pisaran huevos.
Aunque también, como dijo Mar ayer, muy agudamente:
-Eso demuestra que este país puede funcionar hasta sin gobierno.