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El director de la Ópera de Viena, Herr Ioan Holender en una rueda de prensa reciente. Algo hace pensar en sus últimas declaraciones que no era el dedo índice precisamente el que le apetecía levantar (foto: www.wienweb.at)
Dudas de perro antiguo
25 de Enero.- Todos los años, por estas fechas, empieza la campaña para publicitar el baile de la ópera. Se trata de buscar algún escándalo con morbo que anime un poco la algo raída costumbre de ver bailar el vals a esas filas de niñas que aún quieren ser princesas.



La cosa viene a ser como en los combates de Wrestling: esas peleas en las que tipos en calzoncillos de colores fluorescentes se dan golpes que parecen titánicos y que luego no son para tanto.


El año pasado, como recordarán mis lectores, la cosa fue que Dominic Heinzl fue y se puso que Alfons Haider cobraba un pastón por presentar el evento (aquí se llama a eso “moderar” como si el presentador tuviera que mediar en una discusión entre cocodrilos sedientos de hemoglobina).


Mi Alfons Haider no dijo está mund es mía y, como viene haciendo durante los últimos catorce años, se puso el traje de faena (el chaqué reglamentario), empuñó el micro, entrevistó a la invitada de Lugner -¿Una mujer desesperada?-, al presidente de la República (acompañado de su charmante Gattin), se echó un baile con la encantadora Barbara Rett(qué me gusta a mí cómo modera esa mujer) y luego se fue a su casa en el distrito siete con varias decenas de miles de Euros en el bolsillo.


Pues bien: este año, Dominic Heinzl no puede protestar porque está en la ORF aunque, en un país tan amante de las jerarquías como es este, tendrá que conformarse con ser el lugarteniente de Haider.


Para caldear el ambiente, nos hubiera quedado la organizadora, esa mujer cuyos apellidos soy incapaz de recordar porque son un amasijo informe de consonantes (de rancio abolengo, eso sí). Pero, la verdad, una vez superado el estrés del primer año, la buena señora parece que ha aprendido a nadar y guardar el bañador de Chanel, por lo cual no se puede esperar de ella ninguna declaración más alta que otra.


Así pues, los caldeadores de ambiente de guardia de esta edición del Baile de la Ópera han sido Alfons Haider y Ioan Holender, el director del augusto coliseo del Ring que, a su edad provecta, setenta y cuatro castañas, puede decir casi lo que sea sin que llegue la sangre al río (los que estén de acuerdo con él, le vitorearán como al toreador de Bizet y los que no, pensarán que está chocheando como viejo de una ópera italiana).


Así pues, pónganse a cubierto mis lectores que empieza el tiroteo:


Alfons Haider en Wilkommen Österreich, sobre poco más o menos: “Qué alegría que por fin se retira el viejo profesor rumano de tenis” (por Holender que emigró de Rumanía en los años cincuenta: unos años antes que Valerio Lazarov ¡Qué grandes nombres ha dado la intelectualidad rumana al entretretenimiento internacional!).


Holender en el semanario de aparición dominical Profil: “No puedo con Haider; a mí me gustaría que el baile de la Ópera lo retransmitiese alguien de la calidad de Armin Wolf” (una especie de Iñaki Gabilondo local) y ya metidos en harina “La ORF hace una transmisión aburrida del baile”, “No cambian los emplazamientos de cámara desde hace quince años”.


Lo malo de todo esto es que, salvo la evidencia de que los que lo organizan están más vivos de lo que podrían hacer pensar las poses estereotipadas que exhiben ante los fotógrafos, a la gente normal el baile de la ópera le importa bastante poco una vez se desvela quién será la starlet que traerá Lugner. Bueno, salvo a la pandilla de activistas algo trasnochados que hoy como ayer y como siempre, intentarán atascar la Ringstrasse y reventar el acto haciéndose polvo las cuerdas vocales a base de gritar que otro mundo es posible.


Uno, que ya es perro viejo (bueno, maduro) tiene sus dudas.

La identidad de Zettel

Es que la ley nunca duerme...

19 de Enero.- Zettel es un chaval de treinta y tantos años al que nadie le echaría una segunda mirada por la calle o en el metro. Una de esas personas ni delgadas ni corpulentas, ni altas ni bajas, que no destacan por nada en particular. Trabaja en una empresa de alta tecnología que fabrica proyectos a medida para otras del ramo automovilístico. Su vida personal también es de lo más normal: vive en Graz y tiene una novia cuyo único rasgo destacable es cierta tendencia a machacarse el pelo con esos tintes rubios que son un poco salvajes.



Cuando, hace algunos días, al final de una cruel madrugada invernal, Zettel salió de su casa, llegó hasta el aeropuerto y cogió un avión que le llevó primero a Frankfurt y luego a un punto de Estados Unidos, nada hacía presagiar que el chaval iba a vivir una aventura digna de una película de Hitchcock. Al pisar territorio estadounidense y someterse a los controles rutinarios algo no funcionó como en otras ocasiones. Zettel fue apartado de sus compañeros de pasaje y conducido a un lugar aislado en donde le indicaron que le iban a someter a un interrogatorio más exhaustivo. Zettel se lo tomó con paciencia pues, salvo cierto sobrepeso de equipaje, no tenía nada que ocultar. Seguramente pensó que se trataba de uno de esos estudios aleatorios, un simulacro o algo así. Le sentaron en una habitación sin ventanas, frente a un escritorio metálico. Tras él había un hombre trajeado con cara de tener muy pocos amigos o de acabar de enterarse de que su esposa se lo hacía con el butanero –o su equivalente estadounidense-; Zettel empezó a sentir cierto malestar en el estómago cuando el tipo sacó su pasaporte y empezó a preguntarle datos sobre su vida. Su nombre, su procedencia, la de sus padres y lo que había ido a hacer en territorio estadounidense.



Tras explicarlo en su inglés fluido pero con indudables resonancias centroeuropeas, el tipo trajeado le dijo a Zettel:



-No me lo creo.



Y le preguntó, sin paños calientes, en qué lugar de los Estados Unidos se proponía cometer un atentado ¿Quizá en algún edificio público? ¿Una escuela llena de niños inocentes? ¿Una planta química?



La nuez de Zettel subió y bajó, empezó a sudar y, al hacerlo, fue consciente también de que la culpabilidad se le pintaba en la cara. Su inglés trastabilló un poco, intentó defenderse y entonces el tipo dio un puñetazo en la mesa, le dio un par de gritos feroces y le dijo que, a partir de aquel momento, estaba detenido y se le prohibía cualquier contacto con el exterior. Zettel sintió como el mundo se le venía encima. Se hizo un largo silencio durante el cual el hombre empezó a sentir unas incontenibles ganas de orinar. Así se lo hizo saber al agente del FBI que le dejó ir al baño escoltado por otro policía no menos fornido, no menos ceñudo y no menos amenazador. Dentro del estrechísimo cubículo, Zettel consiguió mandar un SMS a su novia (la peliteñida) en el que le decía lacónicamente que no iba a llegar a su destino. Al salir, los policías le quitaron el móvil.



La novia lo recibió en Graz de madrugada y pasó la noche insomne, sin atreverse a llamar a nadie; sin saber siquiera si Zettel estaba en peligro. Llegada la mañana, se armó de valor y llamó al jefe de Zettel para explicarle lo que había pasado.



Mientras tanto, el detenido fue trasladado a otra dependencia del aeropuerto. Encadenado como el Gran Houdini antes de uno de sus números de escapismo, con un armario ropero a cada lado, fue paseado por toda la terminal del aeropuerto y depositado en una habitación sumida en la semioscuridad en donde le tuvieron sin comer y sin beber durante dieciseis horas.



Al cabo de las cuales, la puerta se abrió ante el deslumbrado Zettel que se temió lo peor. Pero no hubo tal: sin decirle esta boca es mía, lo montaron en un avión que lo devolvió a Frankfurt , desde donde pudo tranquilizar a su novia y darle a su jefe una explicación (o algo así).



Ni que decir tiene que, aún comprendiendo que no están los tiempos para andarse con chiquitas, el Ministerio de Asuntos Exteriores austriaco está que trina.

El bonito obsequio que ha ganado uno de mis lectores: un Buch en el que se muestran muchas fotos de este país que tiene tanto que ofrecer

Ventanas a Viena

3 de Octubre.- Tal día como hoy, fiesta de la reunificación de Alemania, en un ático del Höher Markt -lugar en donde se encontraba la empresa en donde estaba trabajando,más castizo imposible- nació Viena Directo.
Este blog, en el que tanto trabajo (pero que me da TANTÍSIMAS alegrías) nació, en principio, de la pereza.
Me pasaba la vida escribiendo correos a diferente gente contándoles más o menos las mismas cosas, así que, como idea inicial, pensé que sería bueno poner lo que contaba en un sitio en donde pudiera leerlo todo el mundo y así, darle menos a la tecla.
Pero las cosas, como suelen suceder, salieron un poco de otra forma. Seguí escribiendo correos y, ya que estaba, continué redactando el blog.
A través de él, se puede ver cómo ha evolucionado la persona que escribe estos textos todos los días. Sobre todo, porque durante los primeros meses, hay una alta proporción de entradas que tratan de política internacional (española). Un tema que, en el Viena Directo actual, ha cedido su protagonismo a otros asuntos de la realidad local.
Pero lo mejor que Viena Directo me ha traido es que he conocido a mucha gente que, en otras circunstancias, me hubiera perdido.
Esa es la razón de esta entrada: homenajear a todas las personas que, principalmente desde Europa, aunque también desde hispanoamérica, dedican dos minutos a escuchar (a leer) lo que tengo que decir.
A todos vosotros, MUCHÍSIMAS GRACIAS. Es imposible decir con palabras lo agradecido que me siento y lo mucho que me dáis.
Y ahora, las fotos: la primera es de Te de Llimona, comentarista habitual, desde Barcelona (España)



Desde mucho más cerca (la misma Viena) me escribe Pyro, que me envía esta foto de la mesa desde donde lee Viena Directo. Ich freue mich schon auf esos vinos en el SQ :-) a ver cuándo sacamos un ratillo.


Noema, desde Berlín, me envía esa foto del lugar desde donde me lee y desde donde también redacta su sabroso blog, intercultura y cocina, que recomiendo a todos mis lectores.

m., una de mis comentaristas más antiguas, me envía esto desde Cataluña (España). Una mesa de trabajo llena de libros y de música.

Y Mar y Toni, desde Salzburg, redactores también de un blog estupendo,me mandan esta foto que, en mis actuales circunstancias (tengo un catarrazo brutal) me conforta: una imagen con infusión calentita y luz otoñal.
( Por cierto, y ahora que hablamos de infusiones: he descubierto por casualidad que hay una infusión para embarazadas (un Kräuter Tee de estos) que está de muerte. Lo que es equivocarse en el supermercado. Si la encontráis por ahí los que vivís en Ausria compradla. Con miel, resucita a los muertos).

María, directamente desde Donosti (España) me manda una foto de su mesa de trabajo que es, como puede verse, la de una mujer atareada a la que, además, le gusta la fotografía -doy fe de que hace fotos muy buenas-

Mi señora madre, bloguera ella también, me manda una infrecuente imagen de mi ciudad natal, San Sebastián de los Reyes, bajo la nieve. El edificio que se ve es el ayuntamiento y la calle que se abre a la izquierda, después del edificio rojo, se llama Calle del Viento -qué frío hacía cuando éramos niños y teníamos que pasar por ella-

Desde La Coruña (España) Maite me envía esta imagen de su mesa de trabajo con la portada de Viena Directo bien visible. Por cierto, y aunque te contestaré a tu correo, te diré que no sabía yo que los móviles hicieran fotos así de buenas. Mi ladrillo, te puedo asegurar que no jajaja. Saludetes.

Emilio, desde Granada, me envía una foto del Patio de los Arrayanes de la Alhambra de , esa joya única en el mundo. Emilio, también es de allí y estuvo en Viena hace algún tiempo.


Y ahora, llegamos al momento que todos mis lectores han estado esperando durante estos días. La mano inocente ha sacado un papelito y en él estaba escrito el nombre de Maria, de Donosti, a la que pido que me envíe un correo con una dirección postal para poder hacerle llegar el obsequio.
Yo, entretanto, voy a celebrar este gozoso aniversario planchando (porque la situación se ha hecho insostenible y estoy a punto de la catástrofe textil). Me veré unos cuantos episodios de Roma, para consolarme.
Saludos mil a todos y, como siempre, HASTA MAÑANA.
Gracias por estar ahí.

PRIMERA ACTUALIZACIÓN: Mi hermano, el padre de Ainara, también ha querido unirse a esta celebración y me ha enviado esta foto del lugar desde el que me lee todos los días y desde el cual, también, levanta la economía de España :-). Muchas gracias, hermano. Cuidate mucho.

1969: un año transcendental en mi vida (y eso que no había nacido todavía)
De Viena a la Luna
para mi abuela María, in memoriam

13 de Julio.- Hasta el momento en que dejó de preocuparle, mi abuela nunca creyó que el hombre hubiera llegado a la luna. Le parecía increible que aquellos tres americanos, protegidos de las radiaciones exteriores por trajes blancos, y montados en un rudimentario trasto que provocó un incalculable derroche de energía, hubieran alcanzado esa pelota polvorienta que vemos todas las noches.
A mi hermano, que es un guasón, le gustaba irle con el cuento:

-Abuela, abuela.
-Qué, hijo.
-Mira lo que dicen, que el hombre ha llegao a la luna.

Mi abuela chasqueaba la lengua y, si era verano, se daba golpecitos con el abanico en la falda del vestido negro y movía la cabeza antes de decir:

-Poco modorros que estáis vosotros.

Mi hermano sabía que mi abuela había entrado al trapo y, por oirla, le preguntaba:

-¿Y eso?

Mi abuela, cargada de razón:

-Pues porque a la luna no se puede llegar. Cuanto más te acercas tú, más se aleja ella.

La noche del 20 de Julio de 1969, Televisión Española emitió la película Pillow Talk, que diez años antes habían protagonizado Doris Day (por cierto, de ascendecia vienesa) y Rock Hudson. Un peliculón para la época y el digno prólogo de un acontecimiento histórico. En un momento dado, TVE interrumpió las tontunas intrascendentes del film para conectar con la señal de la NASA. Jesús Hermida, entonces corresponsal de TVE en los Estados Unidos, comentó para la boquiabierta nación aquellas imágenes borrosas de lo que entonces parecía la mayor gesta de la Humanidad desde que un genovés ambicioso había cruzado el Atlántico en tres barcos de cabotaje.
Mi abuela seguramente no vio las imágenes hasta mucho tiempo después. No tenía tele. Hacía cosa de un año que se había quedado viuda. Eran tiempos duros. Mi padre acababa de volver también del servicio militar y se estaba planteando emigrar a Madrid. En el pueblo no había futuro. La industria local se reducía a una fábrica de fideos (hoy un bonito hotel, que visité años más tarde) y, fuera de eso, quedaba el campo; lo cual, para quien no era dueño de las tierras, sólo significaba una vida al límite de la subsistencia para morir viejo, gastado, y con unos ahorros míseros en una cartilla.
Probablemente, mi abuela escuchó la transmisión del acontecimiento en una radio con coraza de bakelita color vainilla y negra (el dial es rojo escarlata) que yo tengo en Madrid. A la luz de una bombilla cubierta por una pantalla de tela, rodeada por el denso silencio de la noche veraniega, sólo roto por el canto de los grillos (unos animalitos que están presentes en la literatura desde Homero).
¿Qué pensó? Con el miedo que tenía a todo lo que se moviese a más de diez kilómetros por hora, debió de estremecerse. Sin el fondo visual que tenemos nosotros, ¿Cómo se imaginó el cohete? ¿Estaría mi padre con ella? Es un periodo de su vida que conozco mal. Sé que, antes de asentarse en Madrid definitivamente (en 1970, lo sé porque estuvo presente en el nacimiento de su sobrina mayor, mi prima Y.) hizo un primer intento, durante el cual trabajó, en condiciones inhumanas, en una fábrica de productos de caucho. Debió de ser por aquella época.
Hoy, rememorando estas cosas, he pensado que, si mi padre no hubiese decidido mudarse a Madrid durante aquel incierto año de 1969, quizá mi vida hubiera sido totalmente distinta. En cualquier caso, hubiera sido mucho menos probable que yo, su hijo, hubiera terminado viviendo en Viena. Así es: somos rehenes y producto de decisiones tomadas en nuestro nombre cuando ni siquiera somos un proyecto (mis padres no se conocieron hasta 1973).
Así visto, quizá mi viaje a Viena comenzó al mismo tiempo que la conquista del espacio.
Tía, tía, tía
(Opernball 2009)

27 de Febrero.- Todos los años, cuando uno lee los periódicos o las revistas, o delante de la tele, se pregunta: con el hambre que hay en el mundo, ¿Para qué necesita nadie una cosa tan aparatosa y objetivamente tan inútil como el baile de la Ópera? Pues a pesar de lo que pueda parecer a primera vista, el baile de la Ópera junto con el concierto de Año Nuevo, hace que los japoneses (entre otros) con sus yenes y sus camaritas y sus ojitos rasgaos, acudan como moscas con la esperanza de captar, aunque sea de lejos, el resplandor de ese mundo eternamente decadente que, sobra decirlo, nunca existió.
Este año la inversión en marketing ha sido una versión con pajarita de Kill Bill. Varias guerras. De un lado, el director de la Ópera (un hombre cuya salud mental está cada día más en entredicho) contra el maestro de baile que ha confeccionado durante los últimos años la coreografía de esa especie de paseillo que, teóricamente, es la razón de ser de la cosa (“el baile de las debutantes”, ataviadas con castos modelitos blancos y diadema de miss de república socialista tropical). En medio, la organizadora, cuya actitud de “tía, tía, tía, todo el mundo está en contra mía” no parece exactamente la mejor para encarar un reto de este estilo.
Otra guerra: un duelo de divas: nuestro Alfons Haider, presentador tradicional del evento para la ORF, contra Dominic Heinzl, de la ATV (bueno, más bien al revés, porque Haider, elegantemente, no ha dicho esta Mund es mía). Esta batalla sí que ha sido a sangre, sudor, talonario y tacones de aguja. Heinzl, incluso ha aireado los emolumentos que Haider ha percibido por entrevistar a la pareja presidencial (el cejas y señora), a la invitada de Lugner (que esa ha sido otra fuente de tinta) y por decir cuatro frases sobre el maravilloso marco incomparable y la belleza de las debutantes.
Debido al putiferio (ya se sabe que la alta sociedad es asustadiza) muchos famosos han declinado este año la invitación (un motivo más de quebraderos de cabeza para la organizadora). Entre los que han renunciado este año a calzarse el frac ha estado el alcalde de Viena, señor Häupl, un jocoso señor que ha debido de pensar que es difícil predicar austeridad delante de los desempleados y luego irse al baile de la ópera sin que se le caiga a uno el rostro de oprobio.
Tras la batall, que de momento sólo se ha cobrado como víctima al coreógrafo del que hablábamos, la organizadora de la cosa ha concedido una escocida interviú al semanario amarillista News en la que se confesaba dolidísima por las críticas vertidas (según ella, por pura maldad, y sin ningún fundamento); y manifestaba que ella, aparte de organizar el dichoso bailoteo, tiene otras cosas que hacer en este valle de lágrimas (a saber: sus fincas, sus caballos, sus vacaciones en paraisos fiscales...Estos trabajitos que siembran de pedruscos la vida de los ricos); protestaba la señora porque la gente le preguntaba sólo por su opinión sobre la estrelluela con la que Lugner iba a acudir a la cuchipanda, en vez de por los arreglos florales u otros detalles más dentro de su jurisdicción.
Ella, de la misma estirpe de Fiona (Swarovsky) y de Maria Antonieta, sólo era capaz de echar pestes de la plebe.
El simpático Alfons Haider nos sonríe, todo naturalidad, desde la portada de uno de sus últimos discos


Maribel y las lenguas de gato

29 de Agosto.- La campaña electoral arrecia y el verano va muriendo, poco a poco.
Por debajo de la realidad, a veces, se transparenta España.
Son pequeños detalles. Por ejemplo: ayer, en el semanario alemán “Bunte” –el equivalente al Hola español y a sus diferentes retoños internacionales- aparecía un utilísimo artículo destinado a las damas teutonas en el que se explicaban unos rudimentos de protocolo a la hora de tratar con testas coronadas. Estoy seguro de que las amas de casa de Dresde ensayaron, en la intimidad de sus salas de estar, la reverencia que el articulista recomendaba. También debieron de copiar (ahí voy yo) la de la mujer cuya foto ilustraba el artículo: nada más y nada menos que Esperanza Aguirre y Gil de Biedma, Presidenta de la Comunidad de Madrid que, enfundada en un restallante tailleur verde lima, se inclinaba graciosamente ante una sonriente Doña Sofía.
El artículo venía a cuento de que la novia del príncipe Alberto de Mónaco -ese ser- tuvo ocasión de confraternizar con las Reales Personas (de la Monarquía Española) en cierto palco de los juegos olímpicos de Pekín y, sin duda influida por el ambiente más bien rojales que se respira en la capital china, se había saltado el protocolo –el famoso spanisches Hofzeremoniel que traía de cabeza a la suegra de Sissi- y le había palmeado a nuestra reina las regias espaldas; campechano gesto que nuestra soberana apreció en su justa medida, mostrándose correcta y sonriente con la novia del que nos chafó la oportunidad de celebrar los juegos de 2012.
Unas páginas más adelante, el simpático “Bunte” se hacía eco de una polémica con enorme alcance internacional, un problemón que amenaza con enturbiar nuestras relaciones con la república presidida por la canciller Merkel: bajo un retrato de tita Cervera (el “Bunte”, con un poco de mala leche, aclaraba que la viuda de Heini Thyssen, “se hace llamar “baronesa””) se encontraba un texto que explicaba que, la ex lady España, y ex esposa de Lex Barker (que también tiene que ver con Austria, pero lo contaré otro día) se halla peleada con su consuegra, a cuenta de la nieta que comparten. Y es que, señoras y señores, hasta en las dinastías museísticas cuecen habas.
La revista tomaba partido, cómo no, por su paisana. Porque la consuegra de Tita Cervera, la protectora más enjoyada del arbolado madrileño, es alemana, aunque resida en Barcelona.
Más ecos: resulta que, el otro día, fui a tomarme unos chatitos de vino a un heuriger; tras unos cuantos spritzer, salió la conversación de “La jaula de las locas”, cuya versión austriaca está interpretando con gran éxito Alfons Haider (recuérdese: en lo que se convertirá Jesús Vázquez cuando descubra la cirugía estética). Haider es un actor bastante competente que, con germánica eficacia, parece ser que está haciendo una versión bastante aceptable del clásico francés que Broadway adoptó (La calle of folles, a Sain-Tropez tradition ¡Cage of folles! You loose each inhibition). Esto trajo a la memoria de los circunstantes –algunos con las piernas tapaditas con una manta para caballos debido al fresquito reinante- una obra de teatro que se llama, si yo no lo escribo mal “Katzenzungen” (o sea, lenguas de gato) que se transmitió por la ORF en los sesenta y que (ahora lo sé) se puede adquirir al nada módico precio de 24 eurazos.

-Y, aunque parezca mentira –dijo uno, que se las da de cultureta- el autor de la obra es español.

Amilagréme, sorprendíme, y preguntéle, pero, evidentemente, no me supieron dar las señas de este ignoto dramaturgo celtíbero. Así que pedí que me explicaran el argumento de la obra –lo cual hicieron con un estilo algo deslavazado- pero los detalles fueron suficientes para caer en la cuenta de que, aquí, en Austria, Maribel y la extraña familia, de Miguel Mihura, es un pequeño éxito de la cultura pop.
Quién lo iba a decir.

A por ellos, weise von Hortaleza

Manolo el del bombo esta tarde en la estación de Stephansplatz


26 de Junio.- A pesar de ir vestidos de amarillo (aunque bueno, técnicamente era color gualda) les hemos ganado a los rusos. La foto que ilustra estas líneas está tomada esta tarde, Manolo el del bombo (Yes, he is Manolo, the spanish guy with the drum: juro que he oído a unos chavales decir esto). Yes, he is Manolo, with his boina, with his pitorro in his boina, and with the bombo, como no podia ser de otra manera.
Para los que hayan seguido desde aquí la transmisión del partido por la ORF y hayan podido entender el locutor, la cosa ha tenido una gracia añadida: el locutor de nuestra cadena pública, tan seriecito él, ha traducido todos esos motes que el Marca le pone a la gente, al alemán. Así, Luis Aragónes –acentuado así- ha sido llamado por el locutor austriaco, Der Weiseman von Hortaleza (El sabio de Hortaleza) y Torres, el inefable Tores, ha sido conocido como Das Kind. Un primor.
En fin: Oé oé oé (y van cuatro). Ya estoy al pelo de un calvo de llevarme los cuartos de la porra de mi empresa. A ver si es verdad.
El autor haciendo patria en el metro vienés
Cantame un pasodoble español

23 de Junio.- Olé, olé, olé (y ya van tres). La verdad es que ayer no vi el partido (¡Hereje, hereje! Grita el público enardecido). Pero no, queridos lectores, andaba demasiado ocupado en otros menesteres. Eso sí: fui siguiendo los resultados por internet y me alegré de que nuestros representantes mandasen a los italianos con los espaghetis a otra parte.
Por suerte, la colonia española en Viena no es tan numerosa como la turca y pudimos dormir tranquilos. El viernes, tras el partido, se celebró en Viena el día del orgullo sarraceno (que, en algunos lugares, acabó a sopapos debido a que los croatas también tienen su pundonor). Música atronadora a las tantas de la madrugada, cláxones. Los hinchas de la patria de Ataturk no se dieron ocasión para el descanso. Eso después del partido. Antes, una muchedumbre vestida de rojo y blanco ya había tomado los transportes públicos.
Hoy, por cierto, se han visto las primeras banderitas españolas en los coches –porque el triunfo inmediatamente genera adhesiones- e, incluso, ayer a las once y media de la noche, mi amigo H.,aborigen él, poseido por la furia Roja, me llamó para cantarme Qué viva España desde la fanzone (ya que la sofisticadísima coplilla “A por ellos, oé/A por ellos, oé” aún no se la sabe, el angelico).
Naturlich, somos los namber guán de la prensa gratuita, que nos llama toreros y cosas peores. Los rotativos locales también se hacen eco de la desgraciada circunstancia de que en la fanzone la cerveza está al prohibitivo precio de 5,50 euros (incluso, para mayor escándalo, hacen la traducción a Schillings, aunque, gracias a Dios, no dicen eso de “los antiguos Schillings” que, en el periodismo español, es un auténtico cáncer). También hay que decir que las criaturas de la fanzone han tenido que pagar el alquiler de los puestos de birras a unos precios que ponen la piel de pollo, y que la carestía del sector inmobiliario está protegiendo indirectamente el hígado del paisanaje.
Esto del fúmbol tiene además sus consecuencias imprevistas y es que, gracias a Iker Casillas y sus compañeros de equipo, yo he sido una persona un poquito más popular durante el fin de semana. El viernes, desenterré una camiseta de los colores de la bandera nacional, con un ESPAÑA orgulloso en la pechera . Me la había comprado con ocasión del último mundial, en unas rebajas de New Yorker, y me costó como tres jEur o algo así. Ahí ya la gente me miraba raro, porque, como llevo perilla, pensaban que era turco y la cosa no les acababa de encajar (incluso, algún aborigen valiente, me preguntó para saber a qué atenerse). Pero el sábado también me la llevé al Lobau cuando fui a correr y aquello ya fue un no parar de aborígenes saludándome al grito de “Que viva España” , “Olé,olé, olé” u “Hola, hola”. Igual los corredores con los que me cruzaba que los que iban a paso normal. A los camareros de los bares se les ponía una sonrisa de sandía y el público asistente –la mayoría en bolas, porque el Lobau es zona FKK- también prorrumpía de vez en cuando en vítores de lo más racial.
Las sucesivas victorias de los nuestros en esta Copa de la Vida han venido aumentar el peso de lo que yo llamo “el factor país” porque, si ya en principio, los españoles somos para los austriacos esas personas Feurig (fogosas) que yo digo siempre, y la tierra del toro de Osbore, un paraíso de sol, siesta, sangría y olé, esto del fútbol ya hace que seamos para ellos la repanocha. O sea, que parecen decir:
-No sólo es que sean simpáticos, que lo son más que unas castañuelas es que, además, los jodíos, hasta juegan bien al fúmbol.
Y es que ya lo decían las folklóricas, con inspiradísima letra de Toni Leblanc, por cierto:

Si comparas un alegre pasodoble
Con canciones de cualquier otra nación
Verás que en el mundo entero,
Lo que vale es lo español.

(Diga usted que sí).

NOTA: Pido perdón a mis amables lectores porque, últimamente, no he tenido tiempo de contestar los comentarios. Otras ocupaciones urgentes me lo han impedido. Intentaré hacerlo esta noche y, si no, mañana. Lo digo sobre todo por mi amiga montrealense y por Mar, las pobres. Gracias a las dos.
Día de la banderita

16 de Junio.- En estos momentos, la selección austriaca y la selección Piefke (también conocida como selección alemana) están de los nervios esperando el partido que decidirá la eliminación de una de las dos -todo apunta que el modesto fúmbol austriaco tiene todas las de perder-; los corazones saltan en los pechos henchidos de ardor futbolero, y esta agitación cardiaca tiene su manifestación más visible en las calles, que están llenas de banderas. Sin duda, los fabricantes de flamígeras telas con los colores nacionales de cada país participante, SE ESTÁN FORRANDO. Porque, allá donde vayas, sólo ves banderitas y banderolas, particularmente en los coches, como si la ciudad estuviera tomada por el cuerpo diplomático. He aquí algunas istantánias que he hecho estos días. Para empezar, estos gentiles aficionados suecos utilizando la bandera de su patria como audaz complemento estético
Asimismo, también ha estado la variante ventanera. En la foto, un audaz ciudadano alemán que ha decidido salir del armario de su alemanidad poniendo la bandera de su tierra en la ventana de su apartamento.
Pero también, como comentaba hace unos cuantos posts, los ha habido que han decidido adornar sus balcones con flores de los colores patrios, cortejando a la bandera del país de los valses. Esta vez, una bandera hasta con su aguilucho y todo. Que parece que no, pero impone mil.
Clásico modelo de bandera croata en auto...
La bandera griega...
La bandera austriaca, eso sí: esta vez sin aguilucho...
Y, por último, una bandera austriaca al ladito de una italiana. Porque Viena es un sitio en donde no se priva nadie de nada.
El partido está en sus previos, a punto de empezar. Y yo, naturalmente, voy con los pobres austriacos. Porque es de caballeros tomar siempre el partido del más débil.
Que Gott reparta suerte.

Olé, olé, olé (2)
14 de Junio.- Pues parece que España ha vuelto a ganar. Con algunos apuros, pero ha vuelto a hacerlo. Y Viena Directo, más directo que nunca, te lleva la victoria a la pantalla misma de tu ordenador.
El ayuntamiento viení ha cerrado una parte del Ring y ha creado una zona para fans con el objetivo, presumible, de tener contenidos a los hooligans meones en el caso de que les dé por hacer picardías.
Antes de llegar a la zona propiamente dicha, hay otra zona entre los dos museos, a los pies de la estatua de Maritere, que tiene este aspecto tan extraño cortejada por las rojas sombrillas de la Coca-cola.

La entrada a la fanzone es gratuita. Eso sí, hay que pasar por un registro, para que nadie introduzca en el recinto ni puños americanos ni otros adminículos destinados a estrellarse repetidamente contra la caja craneana de ningún fan del equipo contrario.

En la foto, una donosa aficionada sueca -bueno, se supone, porque había muchas aficionadas aparentemente españolas, nacidas en Spitelau-
Frente al Burgteather, templo de la lengua alemana, la pantalla gigante de la ORF, en donde los aficionados de Europa entera, seguían las evoluciones de los equipos enfrentados.

Como también puede verse en este bonito vídeo.



Un aspecto de la multitud frente al ayuntamiento de Viena.

Y como lo cortés no quita lo cabal, estos aborígenes con sus pantalones de cuero, olvidada un momento la lid futbolística, le tiraban los tejos a las mocicas al más tradicional estilo transalpino.
Parece ser que estos dos muchachos se han hecho muy famosos en el universo mundo (salieron hasta en los informativos de Cuatro). Eso sí: por lo menos en Viena han partido el bacalao. Miembros y miembras de la hinchada de todos los países se morían por hacerse fotos con ellos.
(También hay que decir que eran los únicos que iban disfrazados).
Tras algunos apuros (sobre todo del locutor, que no podía decir la r doble de Torres, y siempre decía Tores), la selección española, también conocida como combinado nacional o "La Roja" o Spanische auswahl, en lengua vernácula, ha conseguido encajarle el segundo gol a la sueca. La repetición puede verse en este video.


Lo que yo decía antes: a pesar de las apariencias, esta criatura no es natural de Valladolid, sino de algún punto indeterminado de Centroeuropa.

Una de las piezas de merchandising que ha salido debido a la Eurocopa: una rodaja de choped con la figura de un fumbolista (watching for believing)

Fúmbol y Choped

4 de Junio.- A un día de que empiece la Copa de la Vida -más conocida como Eurocopa- saltan esas cosas que a veces tienen los austriacos en general y los vieneses en particular. Ese orgullito de país canijo pero matón que te devuelve, aunque tú no lo quieras, al siglo XIX.
Por ejemplo: ayer leía yo en un Heute que alguien se había dejado en el metro que un humorista había dicho que, juntar los conceptos Austria y Fútbol era como juntar el esquí Alpino con Namibia.
Juás, juás -se reía secamente el articulista- muy gracioso. Pero ahora lo que toca no es hacer bromitas, sino ser patriotas. Que somos nosotros los que organizamos (y pagamos) la fiesta. ¿Es que no ha visto el humorista -se preguntaba el plumillas- las banderitas en los coches y en los balcones? Y yo lo flipaba, pensando en qué pasaría si a un periodista español se le hubiera ocurrido lanzar semejante soflama desde el 20 minutos -ese panfleto astroso- o el Qué! -otro que tal.
Los periódicos gratuitos se han convertido en un vademecum de opiniones y valores sobados. O mejor: de un único valor y de una única opinión: una especie de bobalicón "To er mundo é güeno" en donde todo tiene cabida hasta el límite del analfabetismo funcional. Un conjunto de pensamientos superficial y ágrafo, un mar movedizo en el que ningún punto de vista se mantiene lo suficiente como para resultar agresivo y que bordea cualquier análisis profundo de las cosas. Por no hablar de la menesterosidad expresiva con la que están redactadas las noticias -en alemán es igual-. Los periódicos gratuitos, que huelen por anticipado a papel grasiento para el forro de cajones, se han convertido en el refugio de la más baja estofa de los obreros del lenguaje.
En Austria, por ejemplo, uno de esos tópicos de uso común es la rivalidad austro-alemana. Ayer, en el mismo Heute: los redactores del periódico le afeaban a la ZDF la emisión, el domingo, de una peli de catástrofes en la que miles de personas encontraban la muerte en un estadio de fútbol con curioso parecido al de Viena. Poseidos por la paranoia, se preguntaban si es que los "mardito roedore" habían intentado boicotear la fiesta (y la pasta potencial, porque esta Copa de la Vida se organiza sobre todo por trincar) de los austriacos.
El mensaje era el de siempre: "Estos alemanes o piefkes siempre j*diendo".
Mientras tanto, el Ring está ya preparado para la invasión de los bárbaros meones -hooligans de todo pelaje-: las estatuas protegidas por vigas de hierro (!), los hermosos jardines y parterres de flores dispuestos para el sacrificio.
Aunque, por supuesto, las hordas invasoras estarán vacunadas contra la mordedura de la pérfida garrapata centroeuropea: lo habrán leido en el 20 minutos.
Periodistas frente a la casa de los Fritzl (foto: REUTERS)
La dosificación de la información como una de las bellas artes

5 de Mayo.- Durante los últimos días, el crimen de Amstetten ha ido perdiendo gas y como el hambre de novedad de la prensa es insaciable, se buscan noticias que ayuden a cubrir el hueco dejado por el ogro, que ya está en la prisión de Sankt Polten con una bola de hierro atada al tobillo.
Sin embargo, la noticia de Amstetten permite observar la dinámica que siguen estos fenómenos y que es interesante por sí misma, como puro fenómeno de la comunicación.
En un primer momento,”salta la noticia”.
El domingo en Austria y el lunes a primeras horas a nivel mundial. Los primeros detalles son confusos y cualquier pequeño trozo de información obtiene un enorme eco. Normalmente, estas informaciones son meramente textuales. Cadenas alfanuméricas. Palabras y hechos. Puede haber un primer espacio para el análisis pero; en general, en esta primera etapa, la primacía es del titular. A ciegas, los periódicos extranjeros tantean en la prensa local. Los traductores de Google funcionan a toda pastilla. Primeras ruedas de prensa con tendencia a la histeria.
Poco después, vienen los elementos gráficos. Generalmente también escasos. En el caso que nos ocupa fueron las fotos del llamado “sótano de los horrores”. Siete fotografías, ocho. La imagen de la ficha policial de Fritzl.
Las ruedas de prensa son en esta fase un poco más sosegadas, expositivas. Se lucha contra dos tendencias: la de la policía, empeñada en establecer una versión oficial más o menos desapasionada, y la de los periodistas, que intentan a toda costa rebañar detalles más jugosos, enfocar los datos disponibles para prolongar tanto como se pueda la fase uno, en la que el orgasmo informativo, debido a la novedad y a la “unicidad” del caso producen una alta utilidad en el receptor (nuestro cerebro funciona como los algoritmos de compresión: premia la información nueva y obvia la ya conocida).
Pocos testimonios secundarios.
Si algo ha caracterizado a este caso ha sido la tardía aparición del amigo de la familia o de la infancia, del vecino, del pariente. Hasta muy avanzada la semana (el miércoles, si no recuerdo mal) no empezaron a filtrarse testimonios de conocidos de Fritzl. Testimonios, me refiero, diferentes a la monolítica verdad oficial repetida hasta la saciedad: Fritzl era un hombre normal, nadie en el pueblo había notado nada, Amstetten es una ciudad tranquila.
El primer testimonio es el de la cuñada del criminal. Primero, imágenes fijas en la prensa. Después imágenes de vídeo. En la cocina de su casa con un calendario horroroso de Heidi de fondo, por cierto. Lo que en la jerga televisiva española se llama un total. En este momento, los afectados de cerca o de lejos por el crímen intentan establecer para sí mismos una versión oficial exculpatoria. Esta mujer comenta el carácter despótico del criminal y dice lo que se suele decir en estos casos: “A mí nunca me gustó”.
Al llegar a esta fase, el revuelo mediático ya es un veinte por ciento de novedad, un veinte por ciento de recapitulación de elementos conocidos y el restante sesenta por ciento de análisis y archivos. Esta es la fase en la que suelen entrar en escena los eruditos oficiales que crean “doctrina” a propósito de lo sucedido. Psicólogos con más o menos tendencia al desempleo, escritores, actores, todo tipo de personajes son solicitados para que opinen sobre un caso que ya está empezando a morir como interés informativo. Es el momento también en que se tira del recuerdo. Los servicios de documentación se desperezan y empiezan a rememorar casos espeluznantes, fijados ya en la memoria colectiva por los creadores de doctrina de hace una semana, un mes, cinco años. Se empieza establecer una versión oficial de los hechos. Un conjunto mínimo de informaciones de las que se tirará cuando el caso deba ser reciclado por la aparición de crímenes futuros. Se vincula a las víctimas con otras víctimas. Se aprovecha para comentar un poco la degeneración del mundo moderno.
En el caso de Fritzl, aparece el elemento peculiar de un realquilado resentido que comenta, ingenuamente, que su perro ladraba cada vez que pasaba por la puerta del sótano. Es el típico deseoso de notoriedad. Alguien que, una vez que ha pasado el desfile, quiere volver a subirse a las carrozas para gozar de una atención de segunda mano.
El único que ignora que, detrás de los desfiles, sólo hay charcos y papeles rotos.
Adolf Hitler es saludado por sus paisanos en su pueblo natal, recién proclamada la anexión en Marzo de 1938

Conversaciones en el Café Atlántico

11 de Marzo.- Ayer quedé con mi amigo P. para tomar unas estupendas croquetas de bacalao en el Café Atlántico.
Delante de sendas copas de vinho verde estuvimos comentando los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa.
Es un gusto quedar con P. porque, aunque no nos veamos a menudo (la última vez fue en junio del año pasado) a los cinco minutos de estar sentados frente a frente es como si nos viéramos todos los días. Tiene una curiosidad infinita por todas las cosas, y energía suficiente como para satisfacerla. Es un lector constante y cariñoso con sus autores favoritos, y tiene la fina inteligencia de verlo todo con un sano sentido del humor. Le traigo a colación porque ayer, en los recovecos de nuestra conversación, salió la fulanita de la que yo hablaba días atrás, la de nuestro pais para nuestros hijos. La fulanita en cuestión ha sacado muchos votos en las elecciones de Niederösterreich, hasta llegar a un temible diez por ciento. Me contó P. que la mujer esta es madre de diez chiquillos, todos con nombres estrictamente germánicos (lo cual, en principio, no es ningún delito, aunque da idea de una manera de ser) y está casada con un hombre que tiene prohibida su participación en la vida política porque, a mediados de los noventa, parece ser que encabezó un grupo de los que niegan el holocausto y lo califican de patraña urdida por la judeidad internacional . Este tipo de declaraciones están penadas en Austria, como en Alemania, de la misma forma que en España está penada la apología del terrorismo. La fulanita misma también estuvo en la picota, o candelabro, porque se le ocurrió defender a su santo diciendo que aquello de negar la existencia de los campos de concentración no era más que “un problema de libertad de expresión”.
Hablando de esto, durante este mes de marzo se conmemora que sólo hace 70 años que Austria fue anexionada a la Alemania nazi, mediante un tocomocho muy característico de la forma hitleriana de hacer política.
Los austriacos modernos tienen una actitud de monolítica repulsa frente al nazismo (aunque parte de ellos voten a gente como la fulani esta de la que hablo) y han conseguido venderle al mundo eso de que “nosotros fuimos la primera víctima” (aunque, a juzgar por las imágenes de Hitler desfilando frente a la ópera de Viena,o de la peña en la Heldenplatz, uno no se lo cree mucho, más que nada porque los austriacos de entonces que salen en las fotos estaban locos de contentos). De hecho, observadores imparciales de la época le contaban al mundo que, durante su primera noche en Viena, el tito Adolfo no podía dormir debido a los vítores de la multitud apostada en el Ring con la intención de verle. Los austriacos de 1938 veían en Hitler, supongo, el milagro económico alemán, una garantía de orden (esa pasión tan germánica),y también la oportunidad de volver a contar en la política mundial (un deseo muy propio de mentalidades estrechas que también llevó a Aznar a dar conferencias de prensa como si se hubiera bebido un litro de anís).
También es cierto que Austria fue el primer lugar en el que surgió un movimiento organizado de resistencia (no hay que olvidar la fuerte polarización política de la época) y que muchos austriacos perecieron intentando combatir el nazismo. Que durante el nazismo, Austria perdió su identidad nacional (por perder, hasta perdió su nombre, que se transformó en Ostmark).
Hoy, setenta años después de aquellos hechos contra los que sólo México protestó (decíamos ayer) se suceden las conmemoraciones, cuando aún hay testigos oculares de que en el Rabenhoff, en el distrito tres, se hacía a los judíos fregar las calles o de que, la oficina donde yo me empadroné (en el distrito quinto) era la utilizada para extender los visados de los judíos.
¿Qué pasaría si pasara algo así hoy? Es más: ¿Sería posible algo así hoy?
Viena y Méjico (Nota al margen)
8 de Febrero.- Mientras redactaba el post que va debajo de este (cuya lectura recomiendo, porque me ha quedado superbién, las cosas como son) me he acordado de que, siendo yo apenas una criatura andante, mis padres, animados por cierto nosequé sádico (los pobres) me llevaron a ver mi primera película en un cine. Y fue, nada más y nada menos, que un dramón mejicano llamado "La de la mochila azul" con una niña con el curioso nombre de "La Raulito" (con menos ha hecho Almodóvar alguna peli) y un niño cantor que destripaba una ranchera del mismo título. Como en el tutubo está todo, he aquí este pedazo de mi infancia que ofrezco a mis desocupados lectores. No poner el volumen del ordenador muy alto que el chamaquito satura un poquillo.



Pero es que también me ha venido a la memoria este otro trozo de mi infancia. La simpar Verónica Castro (esa mujer que se arrastraba por los pajares de Televisa como nadie, y si no, vease la muestra)...Ays, Los Ricos También Lloran....Qué guapa era Verónica. Y qué desgraciada, la pobre. Y las perrerías que le hacía la mujer mala mientras yo me bebía el colacao caliente de los catarros...Los principios de la tele mañanera en España. Ese serial en donde aprendimos a amar con ternura los tabiques de cartón piedra que vibraban cuando el galán (patilludo y con camisa con cuello XXXXL) cerraba de un portazo o esas escaleras espectaculares diseñadas para que la mala hiciera su aparición justo en el momento en que la pobre Verónica Castro paraba de limpiar la plata para soñar con su amor con los ojos puestos en el techo...


Maximilian I de Méjico en una foto de la época
Viena y Méjico: un viaje hin und retour (Segunda parte)
Y aunque la vida murió,/nos dejó harto consuelo/su memoria.

Habíamos dejado al segundo emperador de Méjico realizando labores de desarrollo social para mejorar la vida de sus súbditos. Pronto, las reformas de SuperMaximilian en ayuda de los desfavorecidos fueron más de lo que los conservadores (que habían propiciado su reinado) pudieron soportar. Entre calada y calada a sus gruesos cigarros puros, aquellos señores de levita y reloj de leontina, decían:

-Nos salió blandengue el austriaquito

La gota que colmó el vaso de la paciencia de los sectores más conservadores del país fue que el bueno de Maximiliano, imbuido por unos principios que a su hermano Franzl le hubieran dado urticaria, rechazó suprimir la libertad religiosa y devolver a la Iglesia católica los bienes nacionalizados por los partidarios de Juarez (por cierto, el primer presidente indígena de América). Abandonado por los franceses, que tanto le habían ayudado, y combatido abiertamente por los estadounidenses (que estaban a favor de la opción republicana capitaneada por Juarez y que estaban en condiciones de apoyarla después de haber afrontado su propia guerra civil) el hermano de Franz Joseph, con un heroismo que le honra, abandonó ciudad de Méjico el 13 de Febrero de 1867 y se trasladó a Querétaro dispuesto a ofrecer una desesperada resistencia. Pronto fue acorralado por el ejército enemigo. Un tal coronel Miguel López lo entregó a los juaristas que, tras un juicio con las garantías esperables, le fusilaron.
Cuenta la historia que Maximilian, como buen Habsburgo, y buen vienés, aceptó la muerte con resignación. Eso sí, pidió ver a sus ejecutores uno por uno, y les entregó una moneda de oro por barba, después de que le prometieran no dispararle a la cabeza, al objeto de que su madre, la Archiduquesa Sofía, pudiera reconocer su cadáver (*)

(*)Sí:esta señora es la misma que traía de cabeza a la emperatriz Sissi en las pelis de Romy Schneider.

El emperador de Méjico retratado por nuestro amigo Winterhalter

Momentos antes de ser ejecutado, cuenta la historia que Maximiliano I de Méjico, dijo para la Historia:

-Mexicanos! Muero por una causa justa, la de la independencia y libertad de México. Ojalá que mi sangre ponga fin para siempre a las desgracias de mi nueva patria. ¡Viva México!

Y chimpún.
Los miembros del pelotón de ejcución, por cierto, no cumplieron su promesa, y le dispararon al pobre Maximilian a la augusta testa.
La peor parte de esta historia se la llevó, como siempre, la señora de Maximilian (con esta se había casado por amor y no por los doblones, como con su primera esposa). La noticia del fusilamiento de su santo le pilló en Europa, intentando recabar apoyos para una causa que a nadie le importaba un pimiento (en aquellos días, ¿Qué se le había perdido a un europeo de bien en el polvoriento Méjico? Vamos, eso se decían todas las testas coronadas europeas).
La pobre Carlota no se daba cuenta de que los perdedores tienen muy mal marketing y cuando vio que todo estaba perdido, se volvió loca. Murió al principio del siglo veinte (más de cincuenta años de suplicio) sin poder superar la muerte de su esposo. El cadáver de Maximilian fue repatriado (cosas de la vida) en el Novara y hoy por hoy sus restos reposan en la cripta de los capuchinos de Viena, junto con otros restos mortales regios. Sobre su tumba hay siempre una bandera de Méjico.
En el próximo capítulo de esta verdadera historia contaremos la actuación de los mejicanos (que les honra, by the way) durante la anexión austriaca por parte de la Alemania nazi.
Así que nada, continuará...
La Mexicaner Kirche en las márgenes del Danubio (F. del A.)

ÁNDALE, MEIN CUATEEE! OBEN, OBEEEEN!!!! *
MÉXICO Y VIENA : un viaje hin und retour (Primera Parte)

«¡El Toqui, el Toqui!» clama la conmovida casta. /Anduvo, anduvo, anduvo. La aurora dijo: «Basta»,/ e irguióse la alta frente del gran Caupolicán.

7 de febrero.- La historia está llena de aventuras curiosas. Los pueblos, como las personas, a veces pasan por épocas en las que no saben que hacer con su vida. Como decía Marguerite Duras (q.e.p.d., la pobre) no hay errores, sólo decisiones extrañas.
Una de estas fue la que tomó, a mediados del siglo XIX, el partido conservador mexicano (paletos hay peninsulares que siguen diciendo este gentilicio “mecsicanamente” lo mismo que a la patria de J.R. Ewing le siguen llamando “Tecsas”) ¿Dónde estaba? ¡Ah! En el partido conservador mejicano. Decía que estos señores tomaron la decisión, en uno de los periodos más convulsos que sucedió a la independencia de la corona española, de darse un emperador.
Hicieron un casting de candidatos disponibles (como los españoles cuando elegimos a Amadeo de Saboya )y, tras consultar con la emperatriz Eugenia de Montijo (una lianta) averiguaron que el hermano de Franz Joseph, Maximilian, estaba tranquilamente en el castillo de Miramar dedicado a esos placeres cotidianos a los que se entregan los príncipes en paro. Que si mis barcos, que si mis colecciones de arte...En fin.

-¡Un Habsburgo!- se dijeron- justo lo que nos hace falta. Órale: Mano dura católica para domesticar el meritito lado salvaje mexicano.

Y así fue que estos señores le escribieron una carta a este curioso personaje en cuya biografía figura una boda por dinero y varias exploraciones alrededor del mundo.
Parece ser que Maximilian se lo pensó poco (era un hombre que tenía el corazón aventurero) y sólo puso una condición:

-Serré emperrador si me rreclama la mayorría de los mejicanos.
Los poco escrupulosos políticos conservadores dijeron de nuevo:

-Ahí le dió ¿Quiere usted un referendum? Pues se lo organizamos de a poco.

Y los señores estos organizaron un referendum en Ciudad de Méjico que la opción “Emperador de importación” ganó por mayoría.
Así que Maximilian renunció a todos sus títulos europeos, cubrió con sábanas blancas el lujoso mobiliario de Miramar (en Trieste, por cierto) y partió en barco (el Novara) rumbo a México, en donde fue recibido por una población jubilosa.
El nuevo emperador que, al contrario que su hermano Franzl era un hombre liberal, romántico y un algo tarambana, estaba acostumbrado a la tranquila prosperidad de Europa y, una vez terminados los fastos de su coronación, se dio de bruces con la realidad al observar que las finanzas del joven estado mejicano estaban en un estado caótico y que los ricos, como siempre, vivían muy bien en sus haciendas y los pobres vivían fatal. Hay que decir que tampoco él colaboró mucho para mejorar las cosas. Porque, después de Miramar, su residencia mejicana le pareció tosca, así que gastó enormes cantidades de dinero en embellecer el castillo de Chapultepec. También compró una casa de campo en Cuernavaca.
Eso sí, dispuesto a hacer bien los deberes, se enamoró de México perdidamente. País que, es de suponer, conmovió su corazón centroeuropeo por lo feurig (fogoso) de sus gentes .
Como emperador, le pasó un poco como a Don Quijote cuando desfacía entuertos. O sea: que fue un progresista que hacía esto y aquello, pero sin mucha coherencia. Dispuesto a mejorar la vida de sus súbditos, restringió las horas de trabajo y abolió el trabajo de los menores de edad (bien), canceló todas las deudas de los campesinos más altas de diez pesos y prohibió todas las formas de castigo corporal. Pero entonces...
* Las citas pretendidamente mejicanas que se citan en este post, son, como las citas pretendidamente centroeuropeas, broma inocente y cariñosa. A uno, el acento de Mesoamérica le gusta mucho. Y de Méjico en particular, admira a Jorge Negrete, a Dolores del Rio, a Diego Rivera, a Maria Felix y todo su inmenso patrimonio musical.