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Mi madre en una foto reciente
Mi madre

16 de Octubre.- A veces, hay personas tan importantes en la vida de uno, que uno habla poco de ellas. Para mí, una de esas personas importantes es mi madre. Todos la conocéis porque, de vez en cuando, sale en las entradas de este post. O bien me deja comentarios o bien la saco yo en mis recuerdos, como hace días, cuando la saqué aprendiendo por ella misma a hacer pantalones.
La mejor virtud de mi madre, entre las muchas que tiene, yo no soy objetivo para enumerarlas, es que es una mujer muy curiosa, a la que le encanta aprender. Y, a diferencia de su hijo mayor (yo) es muy lanzada y muy positiva.
Hace unos años, mi madre decidió que, ya que nosotros volábamos por nuestra cuenta, era un desperdicio gastar el tiempo en aburrirse en casa. Así que se fue a la Casa de la Mujer de nuestro pueblo y le dijo a la chica:
-Hola. Mira, reina: quiero aprender esto de los ordenadores.
Y la mujer le dijo:
-¿Y usted, qué sabe hacer?
-Pues yo nada, hija. Pero para eso vengo aquí. Para aprender.
Así que se hizo un cursillo del paquete Office y le dieron un título de experta, que ella enmarcó y que está en la salita de nuestra casa de Madrid.
Pero es que un día, estaba yo en la habitación del ordenador guarreando (retocando una foto o algo, no sé) y entonces ella me dijo:
-Francisco.
Y yo:
-Qué, mamá.
-¿La e esa grande que hay ahí en la pantalla, qué es?
-Internet.
A mi madre le brillaron los ojos:
-Ah. ¿Y podré yo usarlo?
Y yo:
-Pues hija: dándole doble click y ya está ¿No vas a poder?
Cuando ya estaba lanzada al ciberespacio, mi madre, que no pudo estudiar en su momento por las circunstancias de la vida, decidió sacarse la ESO. Y otra vez que fue a ver a su amiga de la casa de la mujer:
-Hola, reina –le dijo- que vengo, porque me quiero sacar la ESO.
Tengo que decir que esta decisión resultó polémica, porque mucha gente de nuestra familia no lo entendió:
-Pero Isa –le decían- Y tú, a tu edad, ¿Dónde vas a estudiar?
Pero ella no se amilanó ante las dificultades. Cada día durante dos años, fue al colegio con desechos de tienta del sistema educativo. Gente mucho más joven que ella, que no tenían ni la mitad de ganas que mi madre y que no se podían hacer a la idea de lo importante que es en esta vida el conocimiento. Y aprendió inglés, y matemáticas, y literatura (las peleas con su profe de matemáticas que, desde aquí lo digo, era un gilipoyas integral, fueron epopéyicas). Y se sacó el título, y ahí lo tenemos orgullosamente enmarcado en nuestra sala de estar, junto al del ordenador.
Y mi madre venció al cáncer, y ahora se ha propuesto ayudar a las personas que tengan su misma enfermedad contando su experiencia. Y ha abierto un blog. Y yo estoy muy orgulloso de mi madre. Y os pido que visitéis su blog y le dejéis comentarios. Porque mi madre tiene un mérito que te cagas.
Josep Pla en 1917, más o menos cuando empezó a escribir El Cuaderno Gris

Acogiendo a pobres huérfanos

31 de Mayo.- Durante mis últimas vacaciones en España, mi padre, que es un hombre muy práctico, me amenazó con hacer una buena hoguera con los libros (varios cientos) que tengo almacenados en su casa; idea que apoyó mi compañía en ese viaje, que ve con preocupación como mi casa de Viena va llenándose, en un lento goteo, de libros. Esta idea, de echar al fuego los volúmenes, como el Ama de Don Quijote, les viene a ellos porque no se dan cuenta de que, quemando un libro, queman el último vestigio de la memoria del que lo escribió. Un libro es una conversación. No entienden que, para un buen lector, un libro es algo más que un objeto útil; mi compañía se ríe de mí si me da pena ver un libro tirado por la calle, y lo quiero recoger -hoy mismo, al pasar por el Naschmarkt me ha tenido que agarrar del brazo para que no fuera a rebuscar en una caja de volúmenes viejos que alguien se había dejado abandonada-. A mí me duele que alguien abra un libro demasiado -la encuadernación sufre- y, si alguien tirase mi biblioteca -hoy dispersa en dos ciudades del mundo separadas por dosmil kilómetros- estarían matándome más de un poco. Porque cada libro es un momento de mi vida. Pues bien: hasta ayer, creía que yo era raro -una rareza más. Pero resulta que, ayer, me alegré muchísimo, porque, leyendo "El cuaderno gris", de Josep Pla, me topé con este párrafo escrito hace más de noventa años y que suscribo TOTALMENTE:
"Aprovechando un poco de frescura dejada atrás por la última tormenta, he ido al mas. He pasado dos o tres horas mirando papeles y revolviendo cajones. He confirmado lo que ya suponía: el poco afecto de mis antepasados por la letra impresa. He encontrado tres libros viejos: las "Fábulas" de Esopo en una edición con grabados al boj, violentos y burdos; la Gramática catalana de Ballot en la edición de 1814 y unos ejemplares de los Diálogos de Luis Vives.
He encontrado también unos libros de bachillerato y de la carrera de mi padre y de tío Martí, y unos cuarenta kilos de libros de misa que pertenecieron al señor Esteve Casadevall. Nada. Modestia aparte, es un hecho que yo, a mis veinte años, he comprado más libros de lectura que las diez o doce últimas generaciones de mi familia. No sé si este hecho es muy buen síntoma para la buena y sensata marcha de la propia institución familiar. Quizá tiene razón la tía Lluïsa cuando, viéndome llegar con "otro" libro, no puede dejar de decir:
-!Lástima de dinero...!"
Este párrafo me ha hecho particular gracia, porque la frase de la tía Lluïsa la he oído yo, dirigida a mí mismo, miles de veces. Y aún hoy, cuando compro un libro viejo -por ejemplo mi hermosa edición inglesa de "El Robinsón Suizo", un libro que me apasionó en mi niñez, y que debe ser no más nueva de 1910- resuenan en mis oídos las palabras de mi abuela María (q.e.p.d.) que, al verme llegar con libros de segunda mano, movía la cabeza, y decía siempre:
-Con los libros esos, un día, vas a terminar cogiendo el sidra...
Si alguien quiere leer el libro en el idioma que se escribió, puede consultar el link que he colgado en la lista de enlaces. Esto será particularmente placentero para mis lectores catalanoparlantes, que podrán disfrutar del mejor Pla en su versión original.
P.D.: Por cierto, gracias, amigo Pobre, por el link y por el día de hoy, que he pasado muy felizmente.
En el país de los viejos el tuerto es el rey
Tal vez herido voy sin ir sangriento/ por uno de los rayos de tu vida

2 de Febrero.- Huyendo de los estragos de la tormenta Emma, que ha provocado numerosos destrozos en todo el país y diez víctimas, entro en el Gartenbaukino a ver “No country for old men”.
El GBK es un cine que, como reza en su vestíbulo, fue construido en 1960. En el diccionario, al lado de la palabra “gafapasta” sale este lugar maravilloso, que es como una burbuja temporal en donde Marisol y el chic de la guerra fría se abrazan calurosamente.
El público, como no podía ser de otra manera, tiene, en su mayoría, problemas de astigmatismo y miopía. Gafas de pasta por doquier, chicas vestidas de “soy asexual como las amebas”, chicos vestidos de evangelistas de Greenpeace, incluso, señoras orondas con el pelo teñido de un color imposible y esos chándales que se pusieron de moda a principios de los ochenta como propuesta de moda unisex.
Entrando en materia: la película.
Yo no había visto antes nada de los hermanos Cohen, así que “su personal estilo” me era algo desconocido. Tampoco tenía más referencia de la peli que el Oscar de Bardem.
¿Y cómo está él? Se pregunta en este momento mi sufrido lector.
Antes de decirlo, le haré sufrir un poco más, contándole la circunstancia personal de que Javier Bardem se parece a una persona a la que conocí un día y con quien comparte, sospecho, muchos rasgos de carácter.
Por eso, me resulta difícil a) desprender a Javier Bardem de una cierta simpatía que me provoca y b) desprenderle de la memoria de esta persona que conocí.
Dicho lo cual: Bardem se ha llevado el Oscar porque la peli funciona bien como obra orgánica y hace que su papel resalte. Pero ni está especialmente bien (de hecho, su expresividad consiste en ser inexpresivo) y el mérito que su interpretación tiene es que es correctísima, en el sentido de que encaja en la película como la pieza del puzle ideal para hacer resaltar las otras. O sea, que el chico se lo curra y, siguiendo las instrucciones de los directores (peinado incluido) hace de personaje de Los Simpson. Con un cierto humor macabro que hace que la película resulte mucho más agradable de ver de lo normal.
La película en sí: la primera mitad es perfecta. Ni le sobra ni le falta nada, se sigue con muchísimo interés y transmite esa enloquecida realidad que, en los momentos buenos, transmite Almodóvar. Pero (siempre lo hay) los hermanos Cohen abren una serie de historias que luego tienen que cerrar en la segunda parte (también muy buena, pero no tan brillante) con lo cual, el ritmo de la cosa queda un poquitín lastrado.
Los actores están todos estupendos y se nota que disfrutan haciendo unos papeles que no son usuales en el cine americano de hoy. Tommy Lee Jones transmite gran humanidad y Josh Brolin también resulta muy creible (si uno piensa que su padre era el director del Hotel Saint Gregory en la serie aquella con Connie Selleca el milagro se vuelve parecido al que une a Eloy Azorín con Eloy Arenas). El personaje femenino que cierra la trama de alguna forma también es muy interesante.
En fin: una película muy buena. Unos euros que uno se ha alegrado de gastar.
Por cierto: y aunque sé que no está de actualidad ni nada. El viernes por la tarde me compré “Supermán” (la primera, la de Christopher Reeve) y, dejando aparte la voz de borracha de Margot Kidder (alcoholismo que parece confirmarse en las entrevistas que salen en los extras) volví a mi infancia con placer.
También disfruté de “Los Increibles” y me reí como un niño más.
Como lo que nunca deberíamos dejar de ser.
Y vosotros, ¿Habéis visto la película? Si es así ¿Qué os pareció? ¿Coincidimos?

NOTA: Queridos lectores: VD descansará durante cuatro días. No habrá post de lunes a jueves de esta semana, porque tengo que salir de Viena y no sé si dispondré de conexión a Internet (en todo caso, no dispondré de tiempo). A la vuelta, contaré mi viaje y enseñaré algunas fotos. A pasarlo bien durante esta semana.
Algún día, portada (foto: Roca Editorial)
Una novela cojonuda (y me quedo corto)

Tú sabes. No perdonas. Estás ardiendo vivo. /La llama que nos duele quería ser un ala. /Tú sabes y tu verso pone el grito en el cielo.

14 de Diciembre.- Escribir este post me llena de alegría por dos cosas: primera porque siempre es un placer recomendar un buen libro, y segunda, porque el placer aumenta cuando se recomienda el libro de un amigo.
Estoy no ya leyendo, sino bebiéndome, el último libro de Teo García, que se llama “Algún día”. Tengo que confesar (y espero que Teo no se enfade) que lo empecé con cierta prevención. Porque si hay dos cosas que me producen reparos son las películas del oeste y los libros que transcurren, en todo o en parte, durante una guerra. Sin embargo, a medida que avanzo (y ya llevo casi 300 páginas), he recuperado ese placer sólido y vivificante que me ha dado mis mejores horas como lector. He ido saltando todas las barreras, y me he tragado con el mayor de los gustos todos los anzuelos que Teo ha dispuesto habilmente por la trama. Tanto es así que hoy, en el metro, mientras devoraba las pocas páginas que me permite un trayecto tan corto, me he sorprendido con los ojos empañados. Porque “Algún día”, señoras y señores, es la obra de un escritor con toda la barba. La fuerza de los personajes, el interés de sus peripecias, la frescura de unas circunstancias históricas contadas con un realismo a veces brutal, pero siempre humanísimo. Unos personajes que son buenos sin ser tontos, unos malos sabrosos y elegantes. Figurones históricos, como el general Primo de Rivera, que saltan de las fotos amarillas para cobrar vida. Unos seres humanos, en suma, atrapados por un destino cruel y a veces paradójico. Mentiras deliciosas y complejas.
Hacía mucho, pero mucho tiempo, que un libro de ficción no me sugería tanto. Mucho tiempo que no recobraba esa diversión sanísima de las películas de Indiana Jones.
“Algún día” es una novela histórica, pero también es un equilibradísimo cuento de aventuras con el que uno ha vuelto a la primera inocencia del lector virgen, a ese milagro del escritor que saca en cada página un conejo diferente de la chistera ante un público que disfruta con los ojos brillantes de entusiasmo.
Siento decir que el libro , sin embargo, tiene un defecto: que como siga así se me va a acabar esta noche.
"La naranja mecánica" de Kubrick (no se me ocurría ninguna foto para ilustrar este post)

El blog de Serge

31 de Agosto.- Los lectores atentos de este blog –que los hay, pese a la impertinente estadística que tengo al lado- se habrán dado cuenta de que he añadido una recomendación. Se trata del blog de Serge, que descubrí ayer por casualidad a través del blog de Dalia, al que está enlazado. Un gran descubrimiento, by the way.
En el cine existe la expresión “verdad a 24 fotogramas por segundo”, aunque, como la palabra no tiene esa cadencia, habría que decir que el blog de Serge es exactamente eso, pero por escrito. Es fresco, divertido, decente y con personalidad. Los textos trasudan una inmediatez que ya quisiera yo para los domingos. Aparecen personajes definidos de un plumazo y con una economía absolutamente sofisticada. Uno tiene el placer del voyeur porque se asoma a la vida de este hombre pero, al mismo tiempo, hay una pose ante la vida, el ingrediente último de cualquier escritor de raza: la mirada. Una mirada personal sobre el mundo que lo recrea. Una mirada que, en el caso de Serge, también es moral.
Leer a Serge supone para mí una lección. Las personas que escribimos desde hace años terminamos viciándonos. Yo mismo, a veces, tengo la sensación de que, entre la realidad y yo, se interpone un muro de palabras. A veces, caemos en la tentación de, como se dice en Andalucía, “gustarnos”; y “gustándonos” perdemos el contacto con el suelo, amamos la fórmula, lo convencional. Perdemos la urgencia de contar para sucumbir a la urgencia de recrearnos. Y haciéndolo, perdemos de vista lo que tiene que ser la literatura sobre todas las cosas: comunicación, calor. Lector.
Cuando un escritor escribe para sí mismo y no para los que le leen, malo. En cualquier escritor debe de estar el espíritu del primitivo contador de cuentos que hacía las noches más cortas contando historias junto al fuego.
Recomendeision

8 de Febrero.- Por favor, pasarse por el blog:
Lo he encontrado casualmente (el aburrimiento, a veces, aviva la curiosidad) y me he reido mucho, especialmente con un post que se llama refranero.
Como profe amateur lo he encontrado muy estimulante. Visítese que merece la pena.