miércoles


20 años no es nada

11 de Noviembre.- Querida sobrina: esta semana, anda toda Europa central revolucionada conmemorando los veinte años de la caida del muro de Berlín. Documentales plagaditos de gente vestida a la moda de los ochenta; ellos con pantalones pardos y jerseys grises de punto gordo y ellas con chaquetones y cardados a lo Bonnie Tyler, esos con los que las peluquerías del este embellecían a las pioneras del socialismo real.

Se muestran las heróicas manifestaciones pacíficas que derrocaron al régimen de la DDR (o RDA para nosotros) y salen hablando algunos de los que entonces eran enemigos del sistema y hoy surfean cómodamente en la corriente ideológica mayoritaria. Todos estos programas conmemorativos asumen que ahora estamos mejor (hombre: si uno mira las fotos de Angela Merkel en 1989 y las compara con cómo está ahora, la verdad es que no les falta razón) pero yo tengo toda la sensación de que el muro sólo cayó para unos cuantos y que el resto siguen más o menos lo mismo, sólo que ahora pagan un precio algo más razonable por los Levi´s y pueden machacarse libremente las arterias con las hamburguesas de McDonald´s.

Por el este de Alemania corre un chiste resignado. Dicen los llamados “Osis”: “Lo que nos contaron del socialismo era mentira, lo peor es que lo que nos contaron del capitalismo ha resultado ser verdad”.


La otra noche, viendo la retransmisión de la fiesta de la Reunificación desde la Puerta de Brandemburgo, me llamó mucho la atención que muchos de los ciudadanos de la antigua Alemania socialista, al ser preguntados por lo que les parecía el rumbo que habían tomado las cosas durante los últimos veinte años, torcían el morro y se declaraban desilusionados. La brecha entre las dos Alemanias sigue existiendo veinte años después y es, sobre todo, económica. El este sigue siendo la Sicilia de la que dice ser la locomotora de la Unión Europea. Los hacendosos ciudadanos de la Alemania hija del plan Marshall miran a sus vecinos un poco por encima del hombro. Los ven (aún) demasiado acostumbrados al plan quinquenal y a la comodidad de fiarlo todo a papá Estado. Por el contrario, da la sensación de que los alemanes del Este se sienten, aún hoy, un poco estafados por el rumbo de la historia. Parece que hoy empiezan a darse cuenta de que aquello no fue una reunificación, sino la absorción por parte de una empresa exitosa de una filial altamente deficitaria.


Uno de los retos de la especie humana, Ainara, ha sido elevar el nivel de vida general de la población. No te engañes: por ningún tipo de sentimiento fraternal sino porque sólo los sistemas que han mantenido un nivel de vida más o menos alto han conseguido sobrevivir a los vaivenes de la historia. El comunismo pareció hacerlo durante sus primeros años de existencia a costa de unos niveles brutales de represión de la opinión (incluyendo las purgas estalinistas o la revolución cultural china). Pero la represión de la opinión, generalmente, se lleva a los individuos más inteligentes de una sociedad y deja a los aparatchiks, que no saben qué hacer cuando el suelo se les mueve bajo los pies, precipitando (al final) la caída del régimen.

La Rusia del siglo XXI se llama Sudamérica y demuestra que no hemos aprendido nada. Los partidarios de los socialismos de nuevo cuño, con un vigor propio de los discípulos de una religión, esgrimen ante las voces críticas las reducciones de las tasas de analfabetismo (celebrables en todo caso) y justifican los recortes de las libertades civiles y la existencia de presos políticos bajo el tranquilizador mantra del “algo habrán hecho” (tranquilizador para ellos, claro, que están convencidos de creer en la religión que lava más blanco los pecados del obrero). Entretanto, el viejo capitalismo parece varado en un impasse, como el microprocesador de un ordenador que tiene que manejar aplicaciones demasiado pesadas para las que no fue concebido.
Así están las cosas veinte años después. Aquellos muros y estos.
Besos de tu tío.

martes


Penélope ensayando para convertirse en la próxima Sofia Loren (detalle de la campaña de Mango del año pasado)
¿Italian? !No! Spanish



10 de Noviembre.- Como aquí todo llega con bastante retraso, hoy he visto por primera vez las fotos de Penélope Cruz en Nine y, cuando he conseguido volver a encajar las mandíbulas, sólo he podido decir una cosa: jo-é.

Inmediatamente después me han venido a la cabeza dos cosas: primera: el domingo pasado estuve comiendo el tradicional ganso en casa de unos amigos (austriacos) amabilísimos. No sé por qué salió el tema Penélope (¿Por los Abrazos Rotos/Zerrisene Umarmungen?) y alguien enunció lo que, pronto, se convirtió en la opinión unánime en la mesa:

-Penélope Cruz es la mujer más guapa –variedad maggiorata, por supuesto- que ha aparecido en una pantalla desde Sofia Loren.


(Luego, claro, todos pusimos el modo malignidad y salió el tema del juego tan mono de neceseres que Sofía se ha hecho con toda la piel que se ha quitado con sus sucesivos estiramientos. Pero eso no le quita mérito a la de San Sebastián de los Reyes).


Tras esto, como un fogonazo, me ha venido a la memoria una cosa que hablábamos el otro día L., M., mi primo N. y yo, sentados en el Cafe Drexel.

Es curioso cómo los españoles tiramos por tierra a aquellos de nuestros compatriotas que en el resto del mundo son instituciones.

Por veinticinco pesetas (de las de agujero) ejemplos de esto: Pedro Almodóvar, la misma Penélope o Antonio Banderas. Por citar famosos actuales que se han convertido en parte del Star System planetario. Como antes lo fueron Julio Iglesias, Raphael o Rocío Durcal, por cierto.

Para esto, los austriacos son muchísimo más chovinistas. Si el famoso no pierde el oremus y se dedica a firmar sentencias de muerte (caso Chuache) en su país le veneran (Romy Schneider zum beispiel).

Y por si fuera poco el orgullo de que un paisano promocione el nombre del país de uno, está el argumento crematístico. Por poner sólo un ejemplo: según publica hoy el diario El País, Kate Winslet ha generado ella solita 67 millones de euros que han ido a parar al tesoro británico.

En España tenemos la sensación de que todo lo que los medios dicen sobre nuestros famosos en el exterior es mentira, pero Penélope, por ejemplo, ha sido considerada por L´Oreal una líder de opinión lo suficientemente importante como para utilizarla como prescriptora de sus productos cosméticos. Y esos anuncios no sólo se emiten en España: están por todo el mundo.


Otro motivo para desear que haya españoles mundialmente famosos es la industria cultural, dentro de la cual está la enseñanza de idiomas. Cada año, el Trinity College o la Universidad de Oxford, por poner dos ejemplos conocidos de todos, se embolsan miles de millones en derechos de exámenes y publicaciones. Indiscutiblemente, presentar la cultura española (hispanoparlante) como algo atractivo a través de personajes conocidos anima a la gente a aprender idiomas (y a pagar por aprenderlos, claro). En Austria es así.

Por estas cosas creo que es de justicia reconocerles a Almodóvar, a Penélope, a Alejandro Amenábar y a tantos otros el papel que hacen como representantes en el exterior de un país que, en estos momentos, los necesita tanto.

lunes


Detalle del anuncio publicado hoy por Heute (texto: Solo el FPÖ- Strache dice: la cruz debe quedarse donde está!)
Lo verdaderamente importante


9 de Noviembre.- Esta mañana me he levantado temprano y me he llevado una agradable sorpresa al ver que, tímidamente, con esfuerzo, el sol se abría paso entre las nubes. Al llegar al metro, una voz ha anunciado por la megafonía que mi línea estaba cortada y nos ha rogado a los viajeros que acudiésemos a otros medios de transporte. Total: que me he subido a un autobús y, en el asiento de al lado, reposaba un Heute. Lo he cogido, lo he hojeado y casi se me cae de las manos cuando he visto un anuncio a toda página en el que Strache se revolvía contra la reciente decisión del tribunal de Estrasburgo para los derechos humanos que recomendaba que se quitasen los crucifijos de las aulas.

Como creyente, tengo que decir que la visión de semejante pájaro junto a un par de cruces de regular tamaño me ha resultado, como poco, desasosegante. Y lo cierto es que me ha  dado muchísimo que pensar.

Si tengo que decir la verdad, el hecho de que haya o no crucifijos en las clases me resulta completamente indiferente. Quizá porque, personalmente, me siento más movido al rezo por las imágenes a las que, al fin y al cabo, es mucho más fácil dirigirse de tú a tú. O también porque para mí, por pura costumbre visual, el signo de la cruz pasa completamente desapercibido.

Por otra parte, por lo menos en España, sólo hay crucifijos en las aulas de los colegios religiosos (corríjame el lector si me equivoco). De todas formas, entiendo que, cuando unos padres llevan a sus hijos a un colegio dirigido por alguna congregación deben de estar informados de que van a recibir determinada formación en esta dirección; por lo cual tiene todo el sentido que en las clases haya crucifijos o corazones de Jesús o lo que se tercie según la religión que profese la gente que dirige el colegio; y pretender que no estén es, en mi opinión, un poco contradictorio.

Tengo la suerte, por otra parte, de estar firmemente convencido de que Dios no es católico; por lo cual creo que Él, si es como yo creo que es, debe de estar bastante por encima de estas tonterías. 


Además, creo que los no creyentes no tienen nada que temer (en cuanto a perversas influencias iconográficas): pienso que la espiritualidad -o debería decir la religiosidad- es una llamada interior; o sea, que el creyente lo sería aún en una isla desierta y el no creyente, si no escucha esa llamada en su corazón, no creeria ni en El Vaticano (no lo digo porque El Vaticano me parezca un lugar que mueva especialmente a la piedad –más bien al contrario- sino por la acumulación de símbolos por metro cuadrado –de mármol-).

Además, y aunque resulta bastante arriesgado sacar conclusiones a propósito de lo que pensaría hoy un hebreo que murió hace casi dosmil años creo que, si Jesucristo viviese hoy, y se le plantease el caso de ofender a alguien de una manera tan imbécil, estaría totalmente de acuerdo con que se elminase el símbolo de la discordia y a otra cosa (o sea: a lo importante: a remediar a pobres y tristes, a resultar útil a los demás, a ser compasivo, etcétera etcétera).

Pues eso.

domingo


Los actores de la serie de televisión Aquí no hay quien viva, mucho menos agradables que mis vecinos (dónde va a parar)
Vecinos 

8 de Noviembre.- Este es el post de Viena Directo que más ha tardado en escribirse: concretamente, más de cuatro años. Es el tiempo que he tardado en reunir informaciones suficientes sobre mis vecinos como para rellenar un folio.

Este ha sido, sin duda, uno de los cambios fundamentales que noté al llegar a Austria. En Madrid, vivía en una casa de vecinos en la que la distancia máxima entre dos viviendas eran los tres metros cortos que tiene de ancho el patio al que daba nuestra sala de estar. Veintidós familias. Veintidós historias. Cero intimidad. Lo sabíamos todo más o menos todos de todos (también porque eran vecindades que se habían extendido a lo largo de las décadas) y también teníamos, por qué no, sistemas de contraespionaje. Por ejemplo: cada vez que hablábamos de algo que queríamos que permaneciese en el economato, cerrábamos las ventanas.

Al llegar aquí, sin embargo, todo ese bullicio se volatilizó. Pasé a tener sobre la existencia de mis vecinos la misma certeza que se tiene sobre la del átomo de hidrógeno. Nadie lo ha visto (¿Existen fotos de una cosa tan pequeña?) pero todo el mundo tiene una fe irreductible en que millones de ellos flotan por el ambiente.

Rumores me llegaron de que, pared con pared conmigo, duerme una señora mayor de carácter simpático (nunca la he visto). Sin embargo, tardé menos en conocer a mi vecino de descansillo. Un chaval muy simpático de  Tirol que, cuando se siente poseido por la influencia de las musas, practica sus solos de trompeta con una conmovedora constancia. 

Ahora que lo pienso, para mí, mis vecinos son sobre todo los ruidos que producen o que consumen. Por ejemplo, sé que en el primero o en el segundo vive una flautista (variedad travesera). Hasta hace un par de semanas sólo la escuchaba practicar. unas frases musicales que subían y bajaban mientras esperaba el ascensor. Pero la otra tarde descubrí que, además de flautista, es madre y canta muy bien. Sobre el llanto decreciente de un niño escuché como la flautista improvisaba, sobre unas frases que le había oido antes, una nana jazzística la mar de agradable. A propósito me paré un rato más en el descansillo, no sin dudar en unirme a la jam sesion, porque lo que la chica cantaba era de lo más estimulante.

Al lado del ascensor también vive una familia china con algunas peculiaridades. Padre, madre y suegra son muy pequeñitos y, en verano, dejan para secar los alféizares, en platos o en hojas de periódico,  las verduras más variadas. Antes de haberles visto en carne mortal ya sabía yo de su existencia porque, con matemática regularidad, los sábados entre las once y la una ponían un cd de quien, me supongo, es el Julio Iglesias oriental. Unos azucarados gorjeos que remiten a todo un mundo de niñas que se vuelven mujeres o que le comunican a la china ingrata que lo mejor de la vida de ella fue él.

La otra noche, volvía de darle clase a C. y S. cuando la madre china, una mujer sonriente que apenas sobrepasa el metro y medio, llegaba a casa con un carrito de bebé que, a su lado, parecía un buldozzer. Mi portal tiene un descansillo, en donde están los buzones y un leve tramo de escaleras que lleva a los pisos bajos y al ascensor. Cuando estaba cogiendo mis cartas (por cierto, preciosa la postal del País Vasco francés que recibí el otro día: gracias) me di cuenta de que la pobre china miraba al carrito y luego al tramo de escaleras; y al tramo de escaleras y luego al carrito.

-¿Necesita usted ayuda? –le pregunté en alemán.

Ella, me sonrió. Yo repetí la pregunta haciendo un gesto con la mano en dirección al carro. Ella me dijo, sonriendo, “Buenas noches, danke,danke, danke” y entonces comprendí que eran las únicas palabras que sabe en alemán. Así que, armado con una sonrisa tan amplia como la suya, cogí la parte baja del armatoste y, entre resoplidos, transportamos el bicho hasta el final del tramo de escaleras.

sábado


El actor teutón Henning Baum (foto: www.gaby-gerster.com)
(Este post debió publicarse ayer, pero otros agradables menesteres -una cena en cierto rincón literario de la capital- me lo impidieron. Conservo la fecha)




6 de Noviembre.- Puls 4 es la segunda tele privada de Austria y, la verdad, por presupuesto y tamaño de los platós, podría emitir perfectamente desde el salón de mi casa.  Hay veces sin embargo en las que, o bien el resto de las cadenas no echa nada interesante o bien me puede el sentido del deber (¡Este alemán que tengo que practicar!); paso entonces por Puls 4 a ver qué es lo que tienen.

Ayer fue una de esas ocasiones.

Me topé con el final de una película inglesa en la que salía este actor tan majo que era el protagonista de Full Monty –Robert Carlyle-. La peli era quite a tostón pero, como hablaban despacio (y poco) se podía seguir mientras uno realizaba las labores de su vivienda.


Terminado el flín empezó una ficción agradable de la que ya había visto un par de episodios y que es el tema principal de este post. Se trata de Mit Herz und Handschellen (Con Corazón y Esposas, aquí, su link en wikipedia).

La serie la estrenó SAT 1 en 2002, y estuvo en antena durante cuatro temporadas. Seguramente los compradores de ficción de Puls 4 la encontraron en algún saldo y se dedican a amortizarla con ahínco, del mismo modo que Antena 3 exprimió en su momento a Rex, el can vienés que aumentaba la seguridad ciudadana.


Cada episodio muestra, en la típica estructura de tres actos, un caso de una pareja de policías muniqueses (creo que era en Munich donde pasaba la acción pero, en cualquier caso, podría pasar en cualquier ciudad en donde vendan currywurst). Los episodios, normalmente, están montados sobre esa estructura que Hitchcock llamaba “whodunit” (¿Quien lo hizo?). Se trata de buscar, durante cincuenta minutos que transcurren con germánica precisión, al criminal que le descerrajó un tiro en la sién al propietario de un restaurante italiano.

Malo, muerto y, por supuesto, los detectives, están compuestos con desparpajo, eficiencia y los datos biográficos mínimos para que los personajes no hubieran podido ser creados por una máquina. Aún así, a pesar de que esta serie intenta ser atípica por lo que ahora diré, uno no puede librarse de la sensación de estar enfrentándose a una fotonovela protagonizada por figuras recortadas en cartón pluma.

Por supuesto, para que los héroes descansen entre persecución y persecución hay una segunda trama con pretensiones cómicas/sentimentales. Trama A y trama B se cierran en los últimos diez minutos de cada episodio y aquí no ha pasado nada.

¿Por qué digo que esta serie trata de ser original? Herz und Handschellen trata de romper el estereotipo de krimi al uso –o que sus espectadores crean que lo rompe lo cual para el caso es lo mismo- dándole una vuelta al famoso esquema chico-chica- intriga-tensión erótico-festiva haciendo que el chico sea gay. Pero claro, Alemania (particularmente el sur) es un país bastante conservador y la serie aspira a ser apta para todos los públicos, así que las referencias a la homosexualidad del personaje se reducen a que es un tipo que le da a su compañera consejos para que tenga más éxito con los hombres.

Por otra parte, para que la serie resulte también atractiva para aquellos telespectadores heterosexuales adictos a la Budweisser y al rascado inguinal, el personaje del gay está interpretado por un actor al que uno puede imaginarse perfectamente abriendo zanjas en las calles de Munich. Se trata de Henning Baum, un tipo rubicundo y machote, curtido en la industria del telefilm germanoparlante (sección muertes violentas). Un actor competente que corre detrás de los malos pero que, con su sola presencia, hace que la opción sexual de su personaje se convierta en un dato anecdótico incluso cuando los guionistas no tienen más remedio que hacer referencia a ella (momentos Trama B). Esta misma neutralidad general es también la responsable de que los espectadores gays tampoco tengan ocasión de sentirse ofendidos (quien poco habla peca poco) por todo lo cual la serie es como un gran vaso de agua: tan facilmente como entra en el cuerpo sale de él  sin dejar tampoco ningún poso.

Ideal para pasar el rato. Como todos los krimis alemanes.

jueves


(foto: www.foto-bebe.net)
El sistema de protección social español es una castaña (y quien no se lo crea, que siga leyendo)

5 de Noviembre.- Un país, como dice mi señor padre, es como una casa. En una casa entra un sueldo y se definen los gastos de acuerdo con las prioridades. En un país, todos pagamos impuestos y de eso, se decide qué hacer. En estas fechas se están decidiendo esas prioridades de cara a los presupuestos del año que viene. De momento, la ministra encargada de ese negociado explicaba el otro día que, con todo el dolor de su herz, los sueldos de los funcionarios sólo experimentarían una moderada actualización durante el ejercicio 2010.

Sin embargo, se pondrán en marcha otras medidas que el Estado austriaco lleva pensándose desde que el actual Gobierno empezó su tarea. La principal será que, a partir del 1 de Enero de 2010 y si el niño ha venido al mundo después del 1 de Octubre de 2010 las parejas que tengan niños podrán acogerse a una serie de incentivos que harán flipar a mis lectores españoles (sobre todo a mis lectoras). El Estado austriaco pagará un sueldo a las madres recientes (y a los padres en el caso de que decidan dejar de trabajar para cuidar de sus niños) que asciende al 80% del sueldo neto de los últimos 3 meses antes de la prohibición absoluta de trabajar (cuando yo digo que, en España, las mujeres trabajan hasta el día antes de parir, los austriacos se echan las manos a la cabeza: las austriacas no pueden trabajar durante los dos últimos meses de embarazo). El mínimo de esta retribución es de 1000 Euros y el máximo de 2000. Durante los 12 primeros meses de vida de la criatura. Si el otro progenitor se coge dos meses de excedencia, el plazo se amplía a 14 meses (para más información –y flipe- consultar la  página web de la Arbeiterkammer (www.arbeiterkammer.at).

Una vez nacido el niño, la guardería es gratis, así como los libros de texto. Y cuando digo gratis, quiero decir que no se paga un duro por ellos.

Yo me he enterado de todo esto no porque me esté planteando ser padre, sino porque el otro día recibí la gozosa noticia de que unos amigos austriacos están embarazados y salió la conversación. Casi los mato de risa cuando les conté que el máximo alarde de progresismo del gobierno de mi país ha sido dar un cheque de cuatrocientos eurillos por niño nacido (¿Uno solo? Preguntaron ellos).

Cuando se les pasó la risa, me dijeron:

-Pero Paco, esto no lo escribas en el blog. Austria se va a llenar de españoles.

miércoles


El periódico de pasado mañana (foto: www.laopinion.es)
Trabajar (gratis) cansa (más)

4 de Noviembre.-Querida sobrina: esta semana han saltado a los medios dos noticias que, a mi juicio, son muy simbólicas del momento que está viviendo la industria de la comunicación de masas. Un momento que podría compararse con la transición que el cine hizo a principios del siglo XX, cuando pasó de ser una pantomima técnicamente asistida al arte que conocemos hoy en día.

Las noticias han sido estas: por un lado, el primer medio español exclusivamente digital con vocación masiva se ha visto obligado a cerrar debido a la marcha de su accionista de referencia (un gran banco –en el sentido de grande-); por otro lado, la empresa editora de un diario tradicional administrado por un conglomerado empresarial afín al partido actualmente en el Gobierno (arf,arf), ha presentado sus cuentas en el Registro Mercantil. Los resultados reflejan que el diario pierde cada año una cifra mareante de millones de euros (la noticia, claro, ha sido aireada por la competencia). Si la editora, en vez de periódicos, produjese quesos de Cabrales, es probable que ya no existiese como compañía. Sin embargo, el diario es mantenido en las calles a pesar de unas pérdidas millonarias al ser una empresa de marcado carácter ideológico (léase propagandístico, adjetivo que en el caso español debe traducirse de manera mucho menos neutra). Sigo.

El medio digital y el tradicional ofrecen dos modelos radicalmente opuestos de suministrar información y, sin embargo, los dos están condenados al fracaso económico. El gafapastismo militante (¡Presente!) sigue defendiendo la prensa digital frente al papel –yo estoy seguro de que se terminará imponiendo- pero, como vivimos en un mundo capitalista y hasta Pravda se ha tenido que reconvertir, incluso los periódicos digitales tienen que ser viables como negocio para poder sobrevivir.


¿Cómo lo intentó el difunto periódico de bytes? Te lo cuento porque tengo experiencia de primera mano y quizá, en el futuro, mis palabras sirvan para documentar esta etapa en la que las empresas periodísticas van corriendo de un lado para otro como pollos sin cabeza.

Pues bien: cuando supe de la existencia de este medio me ofrecí como colaborador. Me respondió una chica muy amable. Le mandé textos, le gustaron y a vuelta de correo me indicó que mis colaboraciones tendrían que ser forzosamente al mejor precio posible (para los dueños del periódico,claro). Como dice el refrán que water that you don´t have to drink leave it run, yo hice uso de mi derecho a declinar la oferta; no sin quedarme con las ganas de sugerirle a la señorita que se acercase a su panadería habitual y probase a pedir un par de barras utilizando el mismo sistema y que luego me contase los resultados. Quizá otros fueron más directos que yo porque, al cabo del tiempo, me llegó un correo que indicaba que el periódico había empezado a ofrecer un incentivo de veinte euros por artículo publicado –o sea: tú mandabas el artículo y ellos decidían si te lo publicaban o no y si ganabas las pelas: así que, en el fondo, había un tanto por ciento de posibilidades bastante alto de que siguieras trabajando gratis-.

Supongo que el mismo sistema se utilizó para reducir costes en otras áreas de la empresa (especialmente porque en España hay licenciados en periodismo a patadas que, o trabajan gratis de lo suyo, o se ganan las habichuelas de teleoperadores de LoMonaco). Para compensar esta manera tan poco ortodoxa de interpretar las relaciones laborales, el medio digital ofrecía una cultura corporativa parecida a las de las ONGs, difundiendo entre sus huestes la idea de que pertenecían al grupo de elegidos que estaban llamados a fundar el nuevo periodismo: un oficio ejercido a tiempo parcial y de manera altruista.


No quiero que me entiendas mal: rechacé colaborar con este medio no por una cuestión de dinero (si no, no escribiría este blog) sino porque me dolió el morro (de cemento Portland) con el que me ofrecieron trabajar gratis.

Quizá subyace debajo de esto el poco aprecio que se tiene por los actores cómicos y por las letras. Las dos cosas tienen en común que, quienes no las ejercen, piensan que los escritores y los cómicos (he sido las dos cosas en mi vida) pertenecemos a lo que yo llamo la “Meseocurre Corporeision”. O sea que, cuando nos sentamos al ordenador, las palabras fluyen y cuando subimos al escenario los chistes brotan con la misma facilidad que en una tarde de amigos y cañas.

Y no es así.

Besos de tu tío.