20 de Abril.- Recordarán mis lectores que, hace días, hablábamos de la retirada del vicecanciller Pröll debido a problemas de salud. Rápidamente, les pongo al día de lo que ha sucedido entre medias, que es la comidilla en esta capital.
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Turco para principiantes
5 de Abril.- Es curioso cómo, cuando uno tiene cierto conocimiento de las alternativas políticas que funcionan en un país, puede predecir con un margen de error bastante escaso lo que dirán los políticos de cada bando si se ventila un tema determinado.
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Ea ea ea Niki Lauda se cabrea
Vadim Garbuzov y su novia, dándolo todo
8 de Febrero.- Seguimos con los bailes: ayer se presentó en la sede de la televisión pública austriaca, ORF, la nueva temporada de Dancing Stars. Mis lectores españoles conocen el formato porque lo estrenó la tele pública española TVE con el título de Mira Quién Baila y, más tarde, dados los presuntos costes, incompatibles con la austeridad de la nueva etapa de la cadena pública, le vendió los derechos de uso del formato a Tele 5, en donde aún se emite bajo el título Más que Baile.
Amor vs. Guerra
3 de Febrero.- Iba a seguir hoy con mis impresiones sobre las Canarias pero, como no puede ser de otra manera en un blog como Viena Directo, la actualidad manda. Hacía ya tiempo que quería escribir sobre dos temas que tienen los mentideros de la capital de esta república zumbando como colmenas.
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Quo Vadis
Iglesia de San Carlos Borromeo en Viena
14 de Enero.- En mis primeros tiempos en Austria, una de las cosas a las que tuve que acostumbrarme fue a la profusa presencia mediática de la Iglesia Católica. No era raro poner la televisión y que apareciese una entrevista a un eclesiástico o abrir un periódico y encontrarse con un artículo escrito por un páter en el que se informaba a la feligresía de la opinión oficial de la Iglesia sobre tal o cual asunto. No es extraño, naturalmente, porque dos tercios de los austriacos se consideran católicos –y no sólo se consideran, sino que ponen su óbolo, con la inestimable colaboración del Estado, para que la máquina eclesial siga funcionando-.
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Elecciones en Estiria
Herr Kurzmann, candidato del FPÖ a la presidencia del land de Estiria (foto: http://www.kleinezeitung.at/)
26 de Septiembre.- Hoy, domingo, ha habido elecciones en el estado(Land) de Estiria. Unos comicios que se presentaban emocionantes debido al cara a cara entre los socialistas (que en las últimas elecciones le arrebataron el estado a los populares después de seis décadas de gobierno conservador) y los populares que querían recuperar el cetro perdido.
Los ganadores (por poco) han sido los socialistas, que han obtenido, según los últimos recuentos un 38,43 por ciento de los sufragios. Los pretendientes conservadores se han quedado a algo más de un punto del empate a falta del voto por correo (37,14%) y los que han doblado su participación en el parlamento regional han sido nuestros amigos los azules del FPÖ (Strache y sus boys para quienes no estén versados en la política austriaca) que han doblado su representación en el parlamento regional hasta alcanzar un diez por ciento de los votos, lo que les deja con seis diputados de un total de 56.
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El amor en los tiempos del Facebook
20 de Septiembre.- Una de las cuestiones que plantea tener un blog de las características de Viena Directo es que, más o menos intencionadamente, la vida de uno se hace pública. Yo digo mucho que la mía es tan conocida (o casi) como la de Belén Esteban. Con lo peligroso que es eso.
Por suerte, mi manía de no decir nada malo de nadie siempre que pueda evitarlo, unida a ciertos mecanismos que he ido desarrollando con el tiempo, han limitado los disgustos que me ha dado este blog en ese sentido al mínimo imprescindible.
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El rincón de Strache (y sus boys): A la ultraderecha le caen bien los gays
Herr Ebinger (FPÖ) un político, moderno, desprejuiciado, al que le da igual la vida privada de sus jefes (foto:www.kurier.at)
16 de Septiembre.- Estoy muy contento porque, antes de ayer, recibí la prueba definitiva de que soy un auténtico vienés: la municipalidad me mandó una carta que confirma mi inscripción en el censo y la posibilidad que tengo de votar en las elecciones municipales del día diez de octubre.
Con la carta, es obvio, me pusieron también en un compromiso porque ¿A quien voto? La verdad es que la cosa está muy complicada. Sobre todo porque la presentación de la candidatura de Strache ha tenido unas consecuencias catastróficas (también en los otros partidos).
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El rincón de Strache
Herr Strache intenta hacer funcionar el micrófono ayer en el centro comercial Lugner City (foto:www.kurier.at)
3 de Septiembre.- Estoy pensando, como me sugería un amable lector el otro día, en inaugurar una sección que podría llamarse “El rincón de Strache”. Extensible a “El rincón de Strache y sus boys”. Se debe esta decisión a que el amigo de los niños (arios) como mis lectores saben, presentó hace tiempo su candidatura a la alcaldía vienesa y ayer empezó su campaña electoral. Debido a este hecho y a que, como es sabido también, cuando habla este señor suele subir el precio del pan, es muy probable que, en el próximo mes, su nombre salga bastante por aquí.
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Aspectos de una comunicación política
Strache en el plató de la ORF ayer por la noche
24 de Agosto.- Ayer, en el programa de entrevistas que, tradicionalmente, Ingrid Turnher conduce en la ORF, tocó Heinz Christian Strache.
Se presentó a la cita vestido de neopijo que se toma sus aperol en el nuevo Motto –un bar de moda que ha abierto este año en el primer distrito y que aspira a convertirse en punto de encuentro para la sociedad guay vienesa-; o sea, trajecito, sin corbata, y mocasín.
Acompañaba a Frau Turnher una señora llamada Alexandra Izdebska, polaca, que reside en Viena. La Sra. Izdebska llegó a Viena con 16 años sin hablar una palabra de alemán, estudió una carrera universitaria y fundó, junto a su santo, la empresa DiTech.
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Sangre vienesa
19 de Agosto.- Sin duda, una de las manías más irritantes de los publicistas austriacos es cantar con ripios las bondades de su producto. Le ahorraré al lector la urticaria que le producirían algunos ejemplos, pero me creerá si afirmo que, cuando se oye una cuña en la radio más allá de una centena de veces, a uno le alcanzan unas ganas incontenibles de dejarle al poetastro el cuello como un lápiz.
Pues bien: uno de los rimadores más conspícuos del panorama transalpino es HC Strache, el amigo de los niños (arios) el cual, desde su insular retiro vacacional ha dictado un nuevo lema para la cartelería de su campaña electoral a la alcaldía vienesa.
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De la estirpe de Cachuli
El Sr. D. Julián Muñoz de insospechada relación con Austria
5 de Agosto.- Para mis lectores de fuera de España, Cachuli es el hipocorístico con el que se conocía al Sr. D. Julián Muñoz, ex alcalde de Marbella, el cual fue el protagonista de una red fenomenal de convolutos que han salpicado incluso a la que fue su pareja, Sra. Dña. Maria Isabel Pantoja (Martín), más conocida como Isabel Pantoja, la Pantoja o, entre sus íntimos, como simplemente Maribel.
D. Julián estuvo durante muchos años practicando diferentes estilos de natación en un río de billetes cuyo crecido caudal amenazó incluso con echarle de su vivienda (parece demostrado que su ex mujer, Sra.Dña Maite Zaldívar, para evitar los estragos que causaba en la armonía familiar esta extraña variante del síndrome de Diógenes, tuvo que sacar parte de ese dineral de su domicilio ayudándose de bolsas de basura).
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Archipiélago
Haider con Muhammar el Gadaffi (foto: www.kurier.at)
3 de Agosto.- Novedades: la justicia de Liechtenstein –pronunciado en España como Líchestein y por estos pagos algo así como Ligtenstáin- salió ayer al paso de las revelaciones de la revista Profil y negó que el difunto Jörg Haider tuviera cuentas bancarias a su nombre en aquel país repleto de cajas fuertes protegidas por estrictas leyes de secreto bancario.
Sin embargo, esto no quiere decir que Haider no tuviera cuentas sino sólo que no estaban a su nombre.
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Tango Corrupti (en 3 tiempos)
Jörg Haider poco antes de entregar el alma al creador
Primer movimiento: Un escándalo ha saltido y nadie sabe cómo ha sido
2 de Agosto.- En estas fechas, los periodistas sestean en las redacciones; internet languidece. En todo el hemisferio norte, la vida se detiene o gotea con lentitud.
Por eso, una noticia escandalosa resulta, en estas fechas, una bomba informativa doblemente apetecible. Y eso ha ocurrido en Austria este fin de semana.
Un semanario, tras una concienzuda labor de investigación, ha puesto al descubierto a) Que el difunto Jörg Haider tenía una cuenta secreta en el paraíso fiscal de Lichtenstein y b) que de la cuenta faltan 38 (!) millones de eurazos. Hoy, el Österreich, ese gran periódico, incluso apuntaba al culpable de la sisa: el exsecretario de Herr Haider, Sr. Miksa el cual, según parece, vive en Sudamérica, en algún lugar convenientemente alejado de las (algo perezosas) garras de la justicia transalpina.
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Un príncipe, un dentista
29 de Julio.- Estos días, en Austria, se habla mucho de los inmigrantes. Particularmente, de los temidos procedentes de los países del este de Europa: una gente que, sin saberlo, refresca los miedos ancestrales de los austriacos hacia esos presuntos bárbaros que vienen del frío a violar a las mujeres y a pasar a cuchillo a los hombres.
Hace unos días, el ministro de lo Social, Sr. Hundstorfer, levantó la liebre al asegurar algo que no se le escapa a cualquiera que tenga dos dedos de frente: Austria, lo mismo que todas las economías occidentales –la española incluida- necesita inmigrantes.
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Quien a los 20 años no es de izquierdas
20 de Julio.- Cuando yo era (más) jovencito (que ahora) tuve un profesor de Historia del Pensamiento Económico que, día sí y día también, nos miraba desde las alturas de su desprecio y citaba el famoso adagio:
-Quien a los veinte años no es de izquierdas no tiene corazón. Quien a los cuarenta años es de izquierdas no tiene cabeza.
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Un post que no va a gustarle a nadie
Jose Luis Lopez Vázquez, en el centro de la imagen, en un fotograma de la película Plácido, de Berlanga
8 de Junio.- Ayer, con el gesto eficiente a que nos tiene acostumbrados, la Doctora Merkel (es su título) y el señor Guido Westerwelle comparecieron ante la prensa para anunciar un ambicioso plan de ahorro en la administración de la República Federal vecina. La opinión de los dos máximos responsables del Gobierno alemán es que estas restricciones son la única manera de asegurar el bienestar futuro de los alemanes. No todos los economistas están de acuerdo y, como consecuencia de la desaceleración del gasto de nuestro vecino del norte, auguraron un futuro de estrechez no sólo para los infortunados piefkes, sino para todo el resto de los europeos.
En España era la víspera de la huelga de funcionarios que se desarrolla en el momento en el que se escribe este post. La ministra de economía, Sra. Dña. Elena Salgado, sabedora ya de la receta para reflotar las finanzas de una de las economías europeas más importantes, hizo unas declaraciones a la entrada de la reunión del ECOFIN durante las que se mostró muchísimo más relajada que en los días anteriores.
Salgado, diríase que con un puntín de orgullo, afirmó que el Gobierno del que forma parte está haciendo los deberes. No se mostró (era su misión) demasiado afectada por la huelga de hoy. Sin duda, un trance molesto para un Gobierno que ha hecho de la buena relación con los sindicatos uno de sus caballos de batalla.
Sobre la huelga, me gustaría hacer algunas consideraciones que se salen, ya lo advierto, del ámbito normal de este blog.
Cuando se habla de funcionarios, al magín colectivo acude un señor con la cara de Jose Luis López Vázquez que sestea en una oficina polvorienta, mientras lee un ejemplar del ABC o El País –según- que tiene escondido en un cajón del escritorio.
Fruto de esta imagen colectiva, los funcionarios, aceptémoslo, tienen una mala fama que justifica que el alto porcentaje de españoles que no lo son se alegre en secreto –o no tanto- de que les bajen el sueldo. Y se alegrarían aún más si les quitaran los días libres de los que disfrutan (los llamados Moscosos por el ministro de Franco que los instauró) y la alegría llegaría a una celebración copera, baños en las fuentes públicas incluidos, si les apearan de su estatuto y les pusieran bajo contrato como a cualquier repartidor de Telepizza.
¿Cuál es el problema? Como siempre, que las cosas no son tan fáciles en la realidad. A mí, por ejemplo, me parece indignante que le bajen el sueldo al doctor Juez, nuestro médico de cabecera de toda la vida. Un señor que nos conoce desde niños, que salvó la vida de mi madre a base de olfato profesional y que es un abnegado currante que todos los días ve un chorro de enfermos. Y me parece una vergüenza que le bajen el sueldo a los profesores que enseñan a los críos, a los policías que cuidan de nuestra seguridad en las calles y las carreteras, o a los militares que acuden en caso de catástrofe.
Por otro lado, sin embargo, resulta evidente que, si la administración del Estado fuese dirigida con criterios de empresa privada, mucha gente iría a engrosar las listas del INEM. O sea, que sobraría un gentío. Esto resulta particularmente palmario en las administraciones autonómicas. A mí se me revolvía el estómago, por ejemplo, cuando una conocida, empleada de un organismo autonómico, me explicaba que ella, en total, trabajaba tres meses al año (tirando por arriba) y que dedicaba el resto de sus jornadas laborales a hacer intersantísimos cursos a distancia que la habían hecho toda una autoridad en campos tan relacionados con su trabajo -es un decir- como la Historia del Arte. A costa, por supuesto, del dinero del contribuyente.
Por no hablar de esa frase que, junto con el “tú cómprate tu piso en propiedad, que de tu casa no te puede echar nadie”, forma parte del ADN nacional. Me refiero a eso de “tú sácate tu oposicioncita, que eso es la seguridad”. De manera que, convertirse en funcionario, ha devenido en algo parecido a ser religioso en la época de Santa Teresa. Una manera de vivir al abrigo de las crisis.
La cuestión es ¿Nos lo podemos permitir?
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Cómo acabar con los ojos como dos magdalenas de La Bella Easo
El campo de Mauhausen el día de su liberación
10 de Mayo.- Hoy, en un recuadrito del Heute,aparecía una foto de la vicepresidenta del Gobierno español (Sra. Maria Teresa Fernández de la Vega) junto al canciller Faymann y a otra señora cuyo nombre no recuerdo –quizá la esposa del canciller-. Fernández de la Vega aparecía con rostro serio, las facciones contraídas en una mueca que, aunque quería ser la máscara de la inexpresividad, traicionaban la sensación que invade a cualquiera que traspase los muros del campo de trabajo de Mauthausen.
La Sra. Fernández de la Vega, junto con una nutrida representación de políticos procedentes de toda Europa, estuvo ayer en Austria para conmemorar el aniversario de la liberación del campo por las tropas aliadas. Hacía un día soleado, y los informativos sacaron imágenes de los pocos ancianos sobrevivientes e, incluso, los reporteros tuvieron la ocasión de entrevistar a algunos señores mayores que nacieron en el campo o de camino a él y que, milagrosamente, sobrevivieron.
La única vez que yo he estado en Mauthausen, en 2006, el día no era, ni mucho menos, tan risueño.
Fui porque le insistí mucho a un amigo en que me llevara. Mi amigo, austriaco de nación, era incapaz de pensar por qué, entre todas los lugares hermosos que hay en este país (que las hay, como saben mis lectores, a cascoporro) yo quería ir precisamente a un sitio tétrico como es Mauthausen. Sin embargo, como le di la brasa muchísimo y los dos estábamos en una situación laboral que nos lo permitía (él disfrutaba entonces de una cómoda excedencia y yo estaba en el desempleo más miserable) un día nos subimos al coche y emprendimos el camino a Linz.
El invierno del 2006 fue especialmente duro y, aquel día de principios de febrero, el termómetro del automóvil marcaba varios grados bajo cero. Había estado nevando toda la noche y, por las ventanillas, desfilaban veloces extensiones blancas. El cielo, plomizo, parecía querer precipitarse sobre la tierra en una tempestad de copos.
Tomamos un desvío y llegamos a Mauthausen pueblo, que no se diferencia en nada de otras ciudades pequeñas de este país. Sobre una pequeña elevación del terreno, apenas una loma, está la mole del campo. Un edificio de piedra gris parecido a un castillo bajo y macizo.
Quizá para preservar mejor ese templo del horror o quizá por una involuntaria propensión a la teatralidad de los administradores actuales del monumento, no se puede ir en coche nada más que hasta un determinado punto. Un aparcamiento en el cual, aquel día, había solo un par de coches y un autobús de pasajeros de apariencia inocente.
Cuando empecé a subir la cuesta que llega hasta la puerta del campo había empezado a nevar mansamente, y lo blanco ofrecía un silencio denso y esponjoso. Al pasar por el dintel de aquella puerta, sentí que dejaba atrás toda esperanza y una mano invisible me estrujó el estómago. Conseguimos una audioguía en la que una voz de mujer, con un feísimo acento extranjero empezó a contar en español las atrocidades sufridas por los prisioneros. Al entrar en los barracones desiertos, oscuros y silenciosos, yo empecé a llorar. Al principio, disimuladamente. Luego, atravesamos la ancha calle que lleva hasta donde estuvieron las duchas y la cámara de gas. Hacía un frío helador y yo ya era incapaz de contener el llanto (por suerte, estábamos bastante solos). Empecé a sollozar de un modo que incluso a mí me dio vergüenza cuando aprendí algo que no sabía: muchísimos muertos de Mauthausen, casi ochomil personas, habían sido españoles. Sus pertenencias, sus fotos, cartulinas con sus datos escritas a máquina, estaban expuestas por las cercanías de la cámara de gas; la cual, por otra parte, no pasaba de ser un cuchitril dificilmente preservado de goteras, pintado de gris ceniza hasta media pared. Quisiera decir que encontré fuerzas para decir una oración, pero la verdad es que el lugar me agredió tanto, con su frialdad, con su pequeñez, con su insoportable cutrez, que no recuerdo si encontré fuerzas para rezar por nadie. Recuerdo haber llorado mucho, hasta que se me hincharon los ojos, pero no fue un llanto liberador, sino unas lágrimas opresivas que no me dejaron más tranquilo.
Cuando devolvimos las audioguías, como mi amigo me vio impresionadísimo y tembloroso, me dijo:
-Hale Paco, vámonos a Linz y nos tomamos un café. Que nos lo hemos ganado.
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Agent Provocateur
Dejo el reportaje en cuestión para que mis lectores juzguen
26 de Marzo.- Ayer se emitió por segunda vez una edición del programa Am Schauplatz que se dedicaba a mostrar la vida y milagros de dos skinheads; y no por un motivo exactamente agradable, por cierto (sobre todo para la ORF).
Retrocedamos un poco: durante la grabación del espacio, los reporteros habían acompañado a los protagonistas a un mitin de HC Strache.
Dicho acto se celebraba en el barrio vienés de Favoriten –una conocida zona peatonal que queda detrás de la Südbahnhof y que conoció mejores días allá por los setenta-. Epicentro pues de la Viena proletaria. El mitin en cuestión, como todas las apariciones de Strache, fue bastante movidito. Varios cientos de militantes de izquierdas, separados de los asistentes por un cordón policial, increparon no sólo al político, sino al público congregado, mentándoles a su presunto abuelo nacionalsocialista.
La reacción de los del FPÖ no se hizo esperar: unos tipos con pinta de entrenador de equipo de alevines de barrio cogieron a varios de los simpatizantes que asistían a la reunión política y les dieron material para que confeccionaran carteles al objeto de que los mostraran a los militantes antifascistas. Querían así hacerles ver que, a los militantes ultras fetenes, lo que piensen de ellos los perroflautas les chupa un pie (por cierto que, al ver el reportaje, era inevitable sospechar que tanto los antifascistas como los skinheads no andaban muy sobrados de luces, pero bueno).
Un indivíduo del FPÖ se encargaba de supervisar que las consignas escritas por los skinheads se ajustaran a la ley austriaca (o sea, que no mencionaran nada relacionado con el nazismo). Pero como todos los tabúes engendran sus códigos secretos, la palabra Derecha (Rechts) aparecía con sospechosa profusión.
Se sucedían después diversos extractos de la arenga (me resisto a llamarla discurso) de HC Strache y, tras escucharle, el reportaje mostraba el contacto de El Líder con Su Público. O sea, Strache, hecho un gañán de cine, vestidito como para tomarse una copichuela de aperol spritzer en una terraza del distrito uno, firmándole autógrafos ora a la tradicional gorda teñida y tatuada con perro, ora al sufrido descargador de bultos en un almacén de las afueras. Sin embargo, lo que más le dolió al político ultra, es que también le hizo fiestas al par de skinheads que la ORF le coló por la escuadra.
Strache, ignorante en apariencia de que le estaban grabando, le firmó a uno de ellos en la cazadora y en agradecimiento, uno de los angelicos supuestamente dijo “Sieg heil!” al paso de la Belén Esteban de la política transalpina. Momento que las cámaras de la ORF recogieron escrupulosamente y, por supuesto, fue emitido después.
Strache sostiene que los reporteros de la ORF pagaron a los skinheads para que le provocaran (como si hiciera falta), basándose en el hecho de que los dos protagonistas del reportaje cobraron casi ochocientos euros por siete días de grabación (“del bolsillo del contribuyente”, añaden los medios afines al afectado).
Momentos más tarde, Strache se dio cuenta de que las cámaras de la ORF habían recogido el momento y habló con su personal para que se deshiciesen de los molestos reporteros. Acto seguido, Herr Strache le puso una querella a la tele pública austriaca que ha traido como consecuencia a) la reemisión del reportaje y un debate posterior en donde Strache pudo perfeccionar su papel en la película “Yo soy un mártir porque el mundo me ha hecho así” y b) Un registro policial en las instalaciones de la ORF en el que las fuerzas del orden pretendían hacerse con los brutos de grabación del programa (se llama brutos al material sin montar de un reportaje). Pretensión que, de momento, no ha dado frutos porque en la ORF se han negado a entregar el material amparándose en la libertad de un periodista a no poner al descubierto sus fuentes.
Quisiera terminar este post que ya es demasiado largo diciendo que a mí el reportaje me extrañó porque, en contra de lo que es tradicional en la ORF era tremendamente descarnado (por no decir amarillista) y abiertamente tendencioso –o sea, se notaba mucho que los reporteros trataban de que los skinheads se asociasen a HC Strache-. Es obvio creo que a mí el Herr Strache me parece una persona muy poquito recomendable que defiende cosas en las que jamás podré estar de acuerdo. Pero, por otra parte, creo que su zafiedad ideológica es tan evidente que no se necesitan este tipo de cosas para ponerla al descubierto.
Retrocedamos un poco: durante la grabación del espacio, los reporteros habían acompañado a los protagonistas a un mitin de HC Strache.
Dicho acto se celebraba en el barrio vienés de Favoriten –una conocida zona peatonal que queda detrás de la Südbahnhof y que conoció mejores días allá por los setenta-. Epicentro pues de la Viena proletaria. El mitin en cuestión, como todas las apariciones de Strache, fue bastante movidito. Varios cientos de militantes de izquierdas, separados de los asistentes por un cordón policial, increparon no sólo al político, sino al público congregado, mentándoles a su presunto abuelo nacionalsocialista.
La reacción de los del FPÖ no se hizo esperar: unos tipos con pinta de entrenador de equipo de alevines de barrio cogieron a varios de los simpatizantes que asistían a la reunión política y les dieron material para que confeccionaran carteles al objeto de que los mostraran a los militantes antifascistas. Querían así hacerles ver que, a los militantes ultras fetenes, lo que piensen de ellos los perroflautas les chupa un pie (por cierto que, al ver el reportaje, era inevitable sospechar que tanto los antifascistas como los skinheads no andaban muy sobrados de luces, pero bueno).
Un indivíduo del FPÖ se encargaba de supervisar que las consignas escritas por los skinheads se ajustaran a la ley austriaca (o sea, que no mencionaran nada relacionado con el nazismo). Pero como todos los tabúes engendran sus códigos secretos, la palabra Derecha (Rechts) aparecía con sospechosa profusión.
Se sucedían después diversos extractos de la arenga (me resisto a llamarla discurso) de HC Strache y, tras escucharle, el reportaje mostraba el contacto de El Líder con Su Público. O sea, Strache, hecho un gañán de cine, vestidito como para tomarse una copichuela de aperol spritzer en una terraza del distrito uno, firmándole autógrafos ora a la tradicional gorda teñida y tatuada con perro, ora al sufrido descargador de bultos en un almacén de las afueras. Sin embargo, lo que más le dolió al político ultra, es que también le hizo fiestas al par de skinheads que la ORF le coló por la escuadra.
Strache, ignorante en apariencia de que le estaban grabando, le firmó a uno de ellos en la cazadora y en agradecimiento, uno de los angelicos supuestamente dijo “Sieg heil!” al paso de la Belén Esteban de la política transalpina. Momento que las cámaras de la ORF recogieron escrupulosamente y, por supuesto, fue emitido después.
Strache sostiene que los reporteros de la ORF pagaron a los skinheads para que le provocaran (como si hiciera falta), basándose en el hecho de que los dos protagonistas del reportaje cobraron casi ochocientos euros por siete días de grabación (“del bolsillo del contribuyente”, añaden los medios afines al afectado).
Momentos más tarde, Strache se dio cuenta de que las cámaras de la ORF habían recogido el momento y habló con su personal para que se deshiciesen de los molestos reporteros. Acto seguido, Herr Strache le puso una querella a la tele pública austriaca que ha traido como consecuencia a) la reemisión del reportaje y un debate posterior en donde Strache pudo perfeccionar su papel en la película “Yo soy un mártir porque el mundo me ha hecho así” y b) Un registro policial en las instalaciones de la ORF en el que las fuerzas del orden pretendían hacerse con los brutos de grabación del programa (se llama brutos al material sin montar de un reportaje). Pretensión que, de momento, no ha dado frutos porque en la ORF se han negado a entregar el material amparándose en la libertad de un periodista a no poner al descubierto sus fuentes.
Quisiera terminar este post que ya es demasiado largo diciendo que a mí el reportaje me extrañó porque, en contra de lo que es tradicional en la ORF era tremendamente descarnado (por no decir amarillista) y abiertamente tendencioso –o sea, se notaba mucho que los reporteros trataban de que los skinheads se asociasen a HC Strache-. Es obvio creo que a mí el Herr Strache me parece una persona muy poquito recomendable que defiende cosas en las que jamás podré estar de acuerdo. Pero, por otra parte, creo que su zafiedad ideológica es tan evidente que no se necesitan este tipo de cosas para ponerla al descubierto.
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Cáspitas y caspitinas
18 de Marzo.- Desde que Abel, allá por el neolítico, se decidió a plantar nabos en Oriente Medio, en la cuenca del llamado Creciente Fértil, la Humanidad ha tenido que convivir con pleitos constantes a propósito de linderos y herencias. Fue probablemente una de estas disputas la que hizo que uno de los abuelos de Hitler, de nombre Schickelgruber decidiera cambiar el nombre familiar y sustituirlo por un apellido relativamente corriente en las feraces tierras regadas por el Salzbach. Un nombre que, a lo largo del siglo XIX tuvo una ortografía vacilante. Unos lo escribían Hütler , otros Hietler y otros utilizando la ortografía que se ha hecho tristemente famosa. Lo que no podía sospechar este buen hombre es que, con su decisión, contribuiría no poco al siniestro éxito de uno de sus descendientes. Porque claro, qué serían las pelis de alemanes si, al entrar en una habitación con un prisionero inglés agarrado por los sobacos, los oficiales de las SS levantaran el brazo a la romana y dijeran:
-¡Heil, Schickelgruber!
Ayer, en medio de una reunión de amabilísimos aborígenes, contaba yo la historia de esta decisión de mercadotecnia política que parece una pequeñez pero que fue tan importante para torcer la historia del difunto siglo pasado.
Salió la conversación porque, en uno de esos errores que hacen que los extranjeros, a veces, seamos tan cómicos, dije que un amigo que se dedica a culturizar turistas era un “führer” (en su sentido literal, guía, de zu führen, guiar). Palabra reservada para el malvado hijo de Braunau.
Correctamente, esta profesión que mi amigo desempeña con tanta brillantez se llama Reiseleiter. Cuando comenté que mi amigo era Führer, a los amables aborígenes les entró la risa nerviosa y se lanzaron a hacer convincentes imitaciones del tito Schickelgruber dirigiendo turistas japoneses con la aterciopelada voz que utilizaba en sus discursos para preconizar el exterminio de millones de personas.
Es curioso que aún teniendo políticos tan echados al monte, incluso admiradores confesos del del bigotillo, el nazismo sigue siendo un tabú en Austria; algo de lo que se habla a media voz. Y no sólo el nazismo, sino todo lo que le rodeó, como el asunto de las razas.
Hace unas semanas, por ejemplo, en distendida conversación con mi primo N. en casa de unas amistadas comunes, le comentaba yo, delante de su B., que tenía cara de castellano viejo (él es de la ciudad en donde los riscos son urbanizables) a lo que él me contestó que más que de castellano de lo que tenía cara era de judío. B., que habla perfectamente español, ya está acostumbrada a estas conversaciones, pero la otra pareja presente lo flipó bastante y más cuando yo, de coña, dije que no me había fijado en la nariz y esas cosas. La misma palabra “judío” está proscrita de las conversaciones aunque, domine el sentimiento entre la gente de cierta edad –con estudios, hijos de la prosperidad de la posguerra mundial- de que mejor haber vivido en el nazismo que haber tenido que soportar el comunismo.
La palabra nazi también está borrada completamente del mapa y aquí sería imposible comentar del jefe de uno que “es un nazi” (aunque de verdad lo sea). Aquí sí que se meaban de risa mis amigos, y no entendían cómo había podido pasar al lenguaje coloquial una palabra que ellos asocian, con toda la razón, con los siniestros experimentos de Mengele. Yo les expliqué que nuestra experiencia de los nazis se reduce a esos caballeros de abrigo de cuero que hablaban arrastrando la erre y cambiando los géneros en las películas americanas; unos indivíduos tontos, cabezas cuadradas y con una curiosa manía por el autoritarismo que, además, perdían siempre al final del film.
Como en la realidad, ¿Verdad?
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