Archipiélago


Haider con Muhammar el Gadaffi (foto: www.kurier.at)


3 de Agosto.- Novedades: la justicia de Liechtenstein –pronunciado en España como Líchestein y por estos pagos algo así como Ligtenstáin- salió ayer al paso de las revelaciones de la revista Profil y negó que el difunto Jörg Haider tuviera cuentas bancarias a su nombre en aquel país repleto de cajas fuertes protegidas por estrictas leyes de secreto bancario.

Sin embargo, esto no quiere decir que Haider no tuviera cuentas sino sólo que no estaban a su nombre.


Esto lo sabemos los españoles porque tenemos, con perdón, el culo pelao de casos como este –bueno, algo más cutres-.

Han sido casi tres años desayunando todos los días con un trincamiento de la operación Malaya. O sea, que cualquier celtíbero, por muy descolgado de la actualidad que esté, lo sabe todo sobre tramas inmobiliarias, paraísos fiscales, islas Caimán y bolsas de basura llenas de billetes de quinientos machacantes. 

Así pues: cuentas no hay, pero sí que existe un entramado financiero.  Con una nota curiosa, a mi juicio.

Si los casos de corrupción que se ventilan en la actualidad formaran un archipiélago –imaginemos un grupo de islas formadas por los miles de folios de los sumarios- el caso de los millones de Haider vendría a ser una isla en ese archipiélago que está conectada con otras islas que, a su vez, están habitadas por personajes procedentes, en casi todos los casos, de la biografía del propio Haider.

A estos efectos, podría afirmarse sin temor a equivocarse mucho que, durante la presidencia de Haider y debido al chorro de millones que proporcionaba la bonanza económica mundial y, por qué no, gracias a la unanimidad que el político fallecido despertaba entre sus votantes, la región austriaca de Carintia se convirtió en una especie de laboratorio de Investigación y Desarrollo financiero en el que se inventaron todo tipo de experimentos .

Dichos experimentos parecían tener el único fin de ciscarse en las leyes tributarias y trasvasar fondos del erario público –en apariencia, sólo en apariencia, inagotable- a los bolsillos sin fondo de una serie de indivíduos que orbitaban alrededor del político fallecido.

Uno de estos personajes –que, según todos los indicios, ya ha dicho pies para qué os quiero- incluso se sintió en la necesidad de llevar un diario con las entradas y las salidas de fondos, para no ahogarse en el chorro de billetes morados que anegaba la vida de todo el que se acercase a Haider a la suficiente distancia.

La debacle del Hypo Alpe Adria –el banco de Carintia, que el Gobierno Austriaco se vio en la necesidad de privatizar velozmente- el caso Bawag, el caso de su filial de viviendas sociales Buwog, el caso de la privatización del Dorotheum –para mis lectores españoles, el Monte de Piedad austriaco- forman una tela de araña en la que Haider es el centro.

Mientras uno ve caer las cifras y sus procedencias (parece ser que las campañas electorales de Haider fueron financiadas incluso por Sadam Hussein), uno no tiene más remedio que pensar en lo que debieron sentir algunos va a hacer dos años, cuando les sobrecogió la noticia de la muerte en accidente de coche de Haider: un personaje contradictorio que se fue –como todos nos iremos- sin tener tiempo de poner en orden sus asuntos y dejando a gente (a muchísima gente) con las posaderas expuestas a los peligrosos vientos de la pasma.

2 comentarios:

sabinee dijo...

Es cosa rara ...
Unos dicen que Gadaffi y Hussein daban a Haider estos 45 millones euros. Para que? Quiero decir: Qué sería la ventaja para ellos? Nadie da a nadie tanto dinero por pura filantropía! Y que pudiera vender Haider que tenía un valor de 45 millones euros?
No sé lo que me parece ...

Paco Bernal dijo...

Hola Sabinee:

Mi opinión personal es que Haider vendía sonrisas. Esto es: él iba a Libia o a Bagdad y decía: "por cuarenta y cinco millones de euros, yo le sonreiré al industrial X para que invierta en Trípoli durante los próximos años".

Una persona como Haider debía de tener una agenda suficientemente repleta como para poder hacer esto.

Pero lo que tú dices: el caso es que algo debía de vender...

Saludos