Como un toro



20 de Abril.- Recordarán mis lectores que, hace días, hablábamos de la retirada del vicecanciller Pröll debido a problemas de salud. Rápidamente, les pongo al día de lo que ha sucedido entre medias, que es la comidilla en esta capital.


Por lo pronto, el elegido para reemplazar a Pröll si no en todas, por lo menos en las más importantes de sus funciones, ha sido el Ministro de Exteriores, Sr. Spindelegger. Los que no le quieren bien, dicen que es un Faymann de derechas, y con ello quieren decir que, como el actual canciller de la República de Austria, el Sr. Spindelegger es un señor que habla poco, se ríe mucho (demasiado para el gusto de algunos de sus serios correligionarios) y tiene un currículum más bien translúcido. Los que le miran con buenos ojos, utilizan el equivalente alemán de una expresión que a muchos españoles les empezó a producir urticaria hace algún tiempo: dicen que tiene “talante”.

(Por cierto, un apunte para Hablando de Bestias: cuando todos éramos pequeños y convivíamos con unos medios de comunicación alfabetizados, no se podía tener “talante” así, a palo seco; se tenía buen o mal talante, o talante negociador; esos tiempos pasaron ya hace mucho tiempo, desde que se puede llegar a ser ministro sin haber terminado la enseñanza secundaria o con un precario bagaje académico y claro, así nos va).

Spindelegger, nada más acceder a su cargo, se ha lanzado a tumba abierta a una profundísima remodelación ministerial en aquellas carteras que competen a la parte conservadora de la coalición que gobierna el país. La crisis estaba anunciada y, dados los nombres elegidos, está claro que el propósito que animaba a Spindelegger era doble: por un lado, devolver cierta confianza a una parroquia conservadora algo alicaída; por el otro, dar un golpe de relaciones públicas que le sacudiera un poco el polvo a la amojamada imágen del partido conservador austriaco.

En lo segundo, a lo mejor se le ha ido un pelín la mano, por lo que ahora verán mis lectores. Los medios de comunicación austriacos han acogido, divididos entre la perplejidad, la expectación y el puro cachondeo, el nombramiento de Herr Sebastian Kurz como Secretario de Estado de Integración ¿Que qué tiene de particular el Sr. Kurz? Pues que es, como hubiera dicho Chiquito de la Calzada, un bambino sessuarl. O sea: que tiene 24 años y, si el propio Spindelegger tiene un curriculum de lo más marengo a ojos de sus enemigos, la trayectoria de Kurz es una completa incógnita porque, aparte de su rápido progreso en las filas del partido conservador, tiene menos oficio que un concursante de Gran Hermano.

Hasta ayer a las tres de la tarde, Kurz era el jefe de las juventudes del Partido Conservador y, como era de esperar en una persona de su edad, su biografía está jalonada por una serie de anécdotas a las que los medios (incluso los más conservadores, ojo) se han apresurado a sacar jugo. De Kurz, conocido en los ambientes nocturnos de la capital, fue la iniciativa de promover una consulta popular para que el metro funcionase veinticuatro horas (éxito) pero de él también fue la de moverse por la ciudad en un cuatro por cuatro bautizado como el “geil-o-mobil” (buenorromóvil?) creativa propuesta cuya cutrez garantizó mucho ruido mediático para las filas conservadoras pero no exactamente el ruido mediático que las filas conservadoras buscaban.

Asimismo, nuestro amigo Sebastian también conminó a los imames de las mezquitas de la capital a que predicasen en la lengua de Hansi Hinterseer al tiempo que abominaba de la construcción de alminares en los centros islámicos de nueva creación. Muchos antecedentes de mano izquierda no ha dado el muchacho, pero quizá era esto lo que buscaba quien le ha puesto ahí. Mandar una señal.

En mi opinión, habría que interpretar así las declaraciones del vicecanciller Spindelegger a cierto medio austriaco que se maravillaba de la extrema juventud del nuevo Secretario de Estado. “Es joven y habla el lenguaje de los jóvenes”. Vamos: blanco y en botella.

Otro que también ha sentido temblar su trono de macho alfa de la política austriaca ha sido el ínclito (y ubérrimo) HC Strache. En declaraciones concedidas al no menos ínclito y no menos ubérrimo Österreich, el jefe de los liberales ha juzgado la elección del que ya ha sido bautizado como “el político más joven y más buenorro de Austria” como un giro a la izquierda del Partido Conservador. El cual a los siempre autorizados ojos de Strache ha quedado convertido en una peligrosa formación revolucionaria de corte maoista.

En este asunto, del que el tiempo lo dirá todo, lo único claro que el nuevo Secretario de Estado se echará al bolsillo la cifra de 14.800 Euros mensuales.

A los veinticuatro, ese pastizal da para pagarse unas cuantas copas, ¿Verdad?

Foto: Sebastian Kurz, nuevo Secretario de Estado de Integración (foto: www.kleinezeitung.at)