El pájaro espino



19 de Abril.- Decía Gustav Mahler que, cuando se supiera que se iba a terminar el mundo, él vendría corriendo a Viena, porque aquí todo pasa cincuenta años después.


Este es el país en el que David Hasselhof, fondón y algo borrachín, es capaz todavía de provocar colapsos en el metro cuando viene a promocionar su último CD. Una ópera magna destinada a compartir con las casettes de Camela los expositores de las gasolineras del resto del planeta. Igualmente se vende (y se vende muy bien) la serie “El Pájaro Espino”, que fue un éxito mundial en mi infancia. Se acordarán mis lectores: el padre Ralph de Bricassard (interpretado por el, por lo demás, algo inexpresivo Richard Chamberlain) tenía que luchar contra los aguijonazos de la carne y del poder.

Por el lado carnal, la tentación la representaba la bella actriz anglo-australiana Rachel Ward (hoy, sic transit gloria mundi, una casi sexagenaria que oculta el declive de su esplendor tras enormes gafas de sol) y, agarrada firmemente al mango de la sartén, estaba la actriz americana Barbara Stanwick. Cuando yo veía la serie no lo sabía, claro, pero ahora resulta divertidísimo pensar que, Chamberlain, mientras fingía achicharrarse de pasión bajo su sotana, estaba (probablemente) poniéndole ojitos a cualquier técnico de sonido.

El padre Ralph de Bricassard, no sin muchos sudores , conseguía renunciar al cuerpo de la bella; sin embargo, la realidad no siempre es tan risueña y el bien (o así) no siempre triunfa.

Que se lo digan al párroco, de origen eslovaco, que terminó el viernes pasado sentado en el banquillo por un presunto delito de acoso sexual contra otro clérigo de Tirol y un estudiante de teología que, presuntamente también, formaba la hipotenusa de este triángulo amoroso que demuestra que la sotana no te hace inmune a las flechas de Cupido.

Según informan varios medios austriacos, presuntamente despechado por haber perdido los favores del estudiante, el párroco de origen eslovaco pero residente en Baviera se pasó desde Junio de 2010 hasta enero de este año (!) dándole la tabarra al nuevo amigo de su aprendiz de teología favorito. Le llamaba varias veces al día bajo números ocultos y le enviaba anónimos de contenido “sexual e insultante”. También el estudiante de teología tuvo ocasión de comprobar que del amor al odio no hay más que un paso, pues también fue objeto de llamadas en las que el eslovaco le ponía a caer de un semoviente, al tiempo que le reprochaba la inconstancia de sus afectos.

Las dos víctimas del acoso soportaron la persecución durante varios meses hasta que decidieron que ya estaba bien de poner la otra mejilla y acudieron a la policía.

El juez ha condenado al párroco acosador a pagarle a 1800 Euros a su compañero de ministerio y 500 al estudiante de teología ligero de cascos. Fuentes próximas al proceso relatan que el acosador se mostraba contrito y considerablemente arrepentido de haber sometido a los otros dos hombres a un marcaje tan severo, a los que pidió perdón.

Pensándolo bien, a lo mejor volvió a brillar la caridad cristiana. Hasta la próxima, claro. 


Foto: Amor Urbano (Archivo Viena Directo)