Maximilian I de Méjico en una foto de la época
Viena y Méjico: un viaje hin und retour (Segunda parte)
Y aunque la vida murió,/nos dejó harto consuelo/su memoria.

Habíamos dejado al segundo emperador de Méjico realizando labores de desarrollo social para mejorar la vida de sus súbditos. Pronto, las reformas de SuperMaximilian en ayuda de los desfavorecidos fueron más de lo que los conservadores (que habían propiciado su reinado) pudieron soportar. Entre calada y calada a sus gruesos cigarros puros, aquellos señores de levita y reloj de leontina, decían:

-Nos salió blandengue el austriaquito

La gota que colmó el vaso de la paciencia de los sectores más conservadores del país fue que el bueno de Maximiliano, imbuido por unos principios que a su hermano Franzl le hubieran dado urticaria, rechazó suprimir la libertad religiosa y devolver a la Iglesia católica los bienes nacionalizados por los partidarios de Juarez (por cierto, el primer presidente indígena de América). Abandonado por los franceses, que tanto le habían ayudado, y combatido abiertamente por los estadounidenses (que estaban a favor de la opción republicana capitaneada por Juarez y que estaban en condiciones de apoyarla después de haber afrontado su propia guerra civil) el hermano de Franz Joseph, con un heroismo que le honra, abandonó ciudad de Méjico el 13 de Febrero de 1867 y se trasladó a Querétaro dispuesto a ofrecer una desesperada resistencia. Pronto fue acorralado por el ejército enemigo. Un tal coronel Miguel López lo entregó a los juaristas que, tras un juicio con las garantías esperables, le fusilaron.
Cuenta la historia que Maximilian, como buen Habsburgo, y buen vienés, aceptó la muerte con resignación. Eso sí, pidió ver a sus ejecutores uno por uno, y les entregó una moneda de oro por barba, después de que le prometieran no dispararle a la cabeza, al objeto de que su madre, la Archiduquesa Sofía, pudiera reconocer su cadáver (*)

(*)Sí:esta señora es la misma que traía de cabeza a la emperatriz Sissi en las pelis de Romy Schneider.

El emperador de Méjico retratado por nuestro amigo Winterhalter

Momentos antes de ser ejecutado, cuenta la historia que Maximiliano I de Méjico, dijo para la Historia:

-Mexicanos! Muero por una causa justa, la de la independencia y libertad de México. Ojalá que mi sangre ponga fin para siempre a las desgracias de mi nueva patria. ¡Viva México!

Y chimpún.
Los miembros del pelotón de ejcución, por cierto, no cumplieron su promesa, y le dispararon al pobre Maximilian a la augusta testa.
La peor parte de esta historia se la llevó, como siempre, la señora de Maximilian (con esta se había casado por amor y no por los doblones, como con su primera esposa). La noticia del fusilamiento de su santo le pilló en Europa, intentando recabar apoyos para una causa que a nadie le importaba un pimiento (en aquellos días, ¿Qué se le había perdido a un europeo de bien en el polvoriento Méjico? Vamos, eso se decían todas las testas coronadas europeas).
La pobre Carlota no se daba cuenta de que los perdedores tienen muy mal marketing y cuando vio que todo estaba perdido, se volvió loca. Murió al principio del siglo veinte (más de cincuenta años de suplicio) sin poder superar la muerte de su esposo. El cadáver de Maximilian fue repatriado (cosas de la vida) en el Novara y hoy por hoy sus restos reposan en la cripta de los capuchinos de Viena, junto con otros restos mortales regios. Sobre su tumba hay siempre una bandera de Méjico.
En el próximo capítulo de esta verdadera historia contaremos la actuación de los mejicanos (que les honra, by the way) durante la anexión austriaca por parte de la Alemania nazi.
Así que nada, continuará...

2 comentarios:

Tonicito dijo...

El que fuera fotógrafo de la corte del desafortunado Maximiliano, François Aubert, hizo una famosa fotografía de la camisa del difunto, pocas horas después de la ejecución. Puedes verla en google.
De hecho, se dice que Edouard Manet se inspiró en fotografías de Aubert para algunas de sus pinturas.
Un abrazo!
T.

Paco Bernal dijo...

Hola tronx!
Como siempre, algo interesante. La verdad es que de camisas ensangrentadas estamos bien...¿Has visto la del Arsenal, la de Sarajevo? Es impresionante. A ver si encuentro las fotos y las pongo.
Un abrazo,
P.