Planchando con alegría

14 de Marzo.- Los viernes son un día especial. Como salgo pronto de trabajar, generalmente me voy al gimnasio directamente y, después de castigarme, me drogo. Sí, me drogo. Porque, para la mala fortuna de mi bolsillo, debajo justamente del gimnasio está la tienda de segunda mano de mis amores. Hoy he conseguido la primera temporada de los Soprano por la ridícula cantidad de diez jEur. La caja supercuidadita, los cds como nuevos. Esta tienda me está desangrando.

Así que nada, uno se ha cogido la nueva adquisición, ha montado el tenderete de la plancha y se ha puesto la serie. Confieso que, al principio, me ha costado cogerle el punto, pero luego, la verdad es que me lo he pasado muy bien. Los Soprano, para mis lectores que lo ignoren, trata de la existencia de Toni Soprano, un capo de la mafia, y su familia disfuncional (fantastica Lorraine Braco, la signora Carmela).

Mientras repasaba las camisas (lo que más me cuesta planchar) me ha venido a la cabeza que por qué no será posible en España una serie así. Porque tenemos nuestra versión de la mafia (¿Qué es al fin y al cabo ETA, sino un grupo de criminales que extorsionan y se cargan a pobres inocentes?). Se me ha ocurrido quizá que lo que el fenómeno etarra necesita para ser solucionado no es ni negociación ni zarandajas, sino una serie de televisión, al estilo de Los Soprano (o Los Serrano, directamente). En el momento en que la gente viera que el emperador está desnudo y que los etarras son gente que tienen familias, hijos problemáticos, que ellos mismos tienen crisis de identidad, y son seres humanos, con su aspecto risible y ridículo, se acababa la cosa en un pispás. Pero claro, ¿Quién le pone el cascabel al gato?

Se me ha ocurrido también que, en América, a lo mejor no hay Asociación de Víctimas de la Mafia o que,si la hay, el clima protestante no permite que se manifiesten pidiendo la retirada de una serie en la que uno casi se alegra de que la mafia se cepille a sus víctimas que, en realidad, son pobres gentes que no pueden pagar préstamos y cosas así.

No sé, estas herejías se me ocurren mientras plancho. A lo mejor, incluso debería dejar de planchar.

¿O no?

2 comentarios:

Miriam dijo...

Paco, me ha encantado el post. Divertido, hilarante, generoso.

No es que no debas planchar, es que si la musa viene cuando planchas, deberías hacerlo mucho mas!!

Paco Bernal dijo...

Hija mía, yo es que el tema de la plancha...Me cuesta, eh? Me cuesta. Por eso me pongo flines, porque si no, íbamos a tener catástrofes humanitarias por acumulación de ropa arrugada jajajaja.
Besos y gracias por el comentario